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cristoraul.orgEL VENCEDOR EDICIONES |
El que tenga oídos, que oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias. Al que venciere le daré del maná escondido y le daré una piedrecita blanca, y en ella escrito un nombre nuevo, que nadie conoce sino el que lo recibe. Yo le haré columna en el templo de mi Dios, y no saldrá ya jamás fuera de él, y sobre él escribiré el nombre de Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, de la nueva Jerusalén, la que desciende del cielo de mi Dios, y mi nombre nuevo.CRYS |
LA HISTORIA DIVINA DE JESUCRISTOLA BIBLIA DEL SIGLO XXIAPERTURA DEL TESTAMENTO UNIVERSAL DE CRISTO
PRÓLOGO
A LA HISTORIA DIVINA DE JESUCRISTO
LIBRO PRIMEROEL CORAZÓN DE MARÍAVIDA Y TIEMPOS DE LA SAGRADA FAMILIA
APERTURA UNIVERSAL DEL TESTAMENTO DE CRISTOLIBRO SEGUNDOEL EVANGELIKOMDOCTRINA DEL REINO DE LOS CIELOS
LIBRO TERCEROLA CREACIÓNDEL UNIVERSO SEGÚN EL GÉNESIS
LIBRO CUARTODOCTRINA DEL ESPÍRITU SANTO
LIBRO QUINTOHISTORIA DEL CRISTIANISMO Y FUNDACIÓN DEL REINO DE DIOSLIBRO SEXTOEL POLITIKOM . MANIFIESTO JESUCRISTIANOUNA INTRODUCCIÓN METAFÍSICA A LOS PRINCIPIOS PEDAGÓGICOS DE LA PLENITUD DE LAS NACIONES CRISTIANASUn hombre puede decirle a una montaña: “Apártate”, y la montaña se apartará, pero el Poder de hacer que se mueva una cordillera entera y deje paso a un Nuevo Mundo está en las manos de muchos hombres juntos (C.R.)
LA HISTORIA DIVINA DE JESUCRISTOww.cristoraul.org“EL VENCEDOR EDICIONES”
PRÓLOGO
A LA HISTORIA DIVINA DE JESUCRISTO
El viento se levantó, y me puso de pie
tras una enfermedad que me mantuvo el año 32 de mi vida en casa. Mi guitarra
regresó a mis manos, salí a respirar y recuperé mis fuerzas en las playas y
calles de Torremolinos, provincia de Málaga. Allí hizo amistad conmigo John, de
Cornualles, Inglaterra, que hacía su Tour por Europa. Formamos nuestra propia
banda y decidimos hacer el Tour de España y Francia, de camino a Londres.
En Paris John se unió a
otra banda y decidió continuar hasta Escandinavia. Yo decidí seguir mi camino a
Inglaterra.
En aquellos días París estaba de fiesta. Era el Bicentenario de la Revolución Francesa, año 1989. Yo había cumplido el año 33 de mi existencia. París vivía los últimos días de su Edad de Oro. La Ville plus belle du monde no lo sabía, pero a la vuelta de la esquina su gloria se desvanecería un día después del entierro del Siglo XX entre los escombros de las Torres Gemelas de Nueva York. Nadie vio venir el
Nuevo Milenio viviendo bajo la Ley que vivieron los siglos del Segundo. Todas
las naciones del Mundo Occidental Cristiano, aunque atacadas con violencia por
el Regreso de la Tumba del Fantasma del Comunismo, jamás pensó que con el
Socialismo del Siglo XXI el Sueño de una Sociedad fundada sobre la Lección de
las Guerras Mundiales se transformaría en Pesadilla. Helmut Hohl, Cratxi, Mitterrand, Felipe González y camaradas de la
Internacional Socialista arrasaron la era de la felicidad económica que Europa
y América gozaron durante los últimos 30
años; a la manera que Atila hundió la esperanza de una Civilización sin el
Imperio, el Siglo XX inició su cuesta abajo a la ruina de la mano de la Saga de
los años Ochenta. Como tras el Hundimiento del Imperio, la Sociedad que le
siguió no se correspondió con el sueño de una Era más abundante de Justicia y
Paz, aquella Saga Socialista hundió la Civilización Occidental en una Crisis
Económica de la que tardaría muchas décadas en liberarse.
París no lo sabía, ni lo
presentía. París vivía sus últimos días de gloria. Y yo estaba allí para gozar aquellos días.
Desde la Puerta de Clignancourt a la Puerta de Orleans los ríos de hombres y
mujeres de todas las edades dirigieron sus pasos a los Campos Elíseos, al Barrio
Latino, a la Tour Eifffel, Montmartre, Louvre, Centro Charles de Gaulle, Châtelet…
La Ville plus Belle du Monde fue en aquellos días el Corazón del Planeta
Tierra.
La Plaza de la Torre Saint
Jacques, conocida universalmente como el Jardín de Châtelet,
era por aquellos días mi lugar preferido. El firmamento lucía su mejor color
veraniego. El 14 de Julio del 1989, mientras contemplaba su azul perfecto, el
Espíritu vino a mí. ¿Quién fue Napoleón? ¿Quién fue Carlo Magno? ¿Qué hombre
nacido de mujer puede gloriarse de haber creado una Civilización Invencible,
atacada por el Mundo, el Infierno y la Muerte siglo tras siglos durante dos
milenios? ¿Al lado de la Obra de Jesucristo qué son las de Napoleón? Y sin
embargo Jesuccristo seguía siendo “Ese Desconocido” contra el que las
editoriales occidentales arrojaban toda la basura a su alcance… mientras produjesen dinero…
“Yo escribiré Tu Historia:
LA HISTORIA DIVINA DE JESUCRISTO”. Fue la Respuesta de mi alma. “El mundo te
conocerá como yo te conozco, Padre mío que estás en los Cielos”.
Esa Noche el Espíritu extendió
su Mano sobre mí y dormí en los brazos de Nuestra Señora de Paris. Al amanecer donde estuvo mi guitarra
descubrí un papel con una dirección. El viento se levantó, me alzó en sus
brazos, y me depositó en casa. ¡Manos a la obra! Sin dar explicaciones a nadie,
me encerré en la Biblioteca Pública y
comencé a devorar libros. Historia del Cristianismo, Historia de la Reforma,
Historia De Europa, Historia Universal, Ciencias y Filosofía, Teología y
Psicología, Ensayos y Enciclopedias. Al
término del año mis manos querían dar cuerpo al Primer Manuscrito. Necesitaba
un lugar lejos de todo, todo el tiempo del mundo para darle vida a LA HISTORIA
DIVINA DE JESUCRISTO.
Entonces aquel papel con
una dirección escrita apareció en mi mochila:
Londres, West Knightsbridge, 12.
Agarré mi nueva guitarra,
mi vieja máquina de escribir, me subí en el caballo de hierro hasta Calais,
Francia, navegué hasta Dover, Inglaterra, y me presenté en Londres.
El número 12 de West Knightsbridge era un hospital antiguo okupado por tres
amigos. David, Paul y François. David era el compositor, Paul era el bajista y
François era el Pianista. Entraron en esta Historia aquella noche del 14 de
Julio en Paris. Hacía mi camino desde el Jardin de Châtelet a Notre Dame cuando una voz se empleó potente a
llamarme. “Sir, sir” decía. Volví la cabeza, y los ví.
A los tres. David, Paul y François. A primera mirada debían ser veinteañeros. Me hizo gracia la forma de dirigirse a mí,
“Sir”. Me detuve, los dejé avanzar hacia mí, y les dejé que se explicasen.
Habló David en nombre de la Banda. David era de mi estatura, Paul era más
bajito, y François llenaba el intermedio. Mirando directo en los ojos se ve el
alma; David era el Frontman, Paul era el risueño, muy
limpia su sonrisa, y François era el genio que dejaba en las manos de sus dos
amigos el tema. “Sir, necesito su guitarra, tenemos un concierto en un pub y la
mía la tengo en Londres. Please”. Aquella forma de
abarcarme me recordó a René, el Alemán de Stuttgart que me entró en el Puerto
de Tesalónica, Grecia, suplicándome le dejara acariciar mi Eko Ranger, mi
primera guitarra. Le miré directo a los
ojos y ví la inocencia de un ángel. David tenía esta
misma mirada, limpia como el corazón de un niño. No escondía ninguna tiniebla
tras sus ojos. “OK, pero al acabar vuestro concierto sigo mi camino”. Compartimos
unas cervezas, nos conocimos, y al
despedirnos me metieron en el bolsillo aquel papel con la dirección en cuya
puerta estaba ahora pegando.
Nunca fui el tipo del que
la gente se olvida a la vuelta de la esquina. Paul me abrió la puerta. Sonrió.
Giró el cuello y gritó. “El Español de Paris está aquí”. Salieron David y
François a recibirme con los brazos abiertos. Les expliqué mi movida. Necesitaba
un lugar donde exiliarme para escribir un libro. “Recordé vuestra dirección, y aquí estoy”. David me
explicó la situación. El edificio que okupaban lo descubrieron en ruinas. Inteligentes como un Inglés solo puede serlo,
le dedicaron el primer día a una sesión fotográfica de todas las plantas, las
habitaciones... Enseguida pusieron manos a la obra y dejaron maqueado el lugar,
hasta que lo convirtieron en el estudio que necesitaban para crear sus
canciones. Después enviaron las fotos
del Antes y del Después al Ayuntamiento, les dieron permiso para habitar el
edificio hasta que se decidiese su destrucción, que podía tardar, como tardó,
algunos años. Me dieron un tour por las plantas, cocina, salones, sala de
piano, sala de creaciones. “Ok, Raúl,
elige donde quieres exiliarte” Esta expresión mía les hizo gracia. “Nuestra
casa es tu casa”.
Yo, Raúl, para todo el
mundo, me ganaba el pan de cada día saliendo un par de veces a la semana a dar
mis conciertos al aire libre, Covent Garden,
Leicester Square, y calles peatonales por los alrededores. Hice amigos y con
ellos bajaba alguna vez al Underground, donde conocí
a Anne, la mujer que sería mi compañera de viaje el verano próximo.
Durante aquel invierno del
1990 y la primavera del 1991 llené entre 800 y 900 páginas del Primer
Manuscrito de la HISTORIA DIVINA. Desde el punto de vista de un escritor aquel
fue un trabajo digno de un descanso. Pero yo no soy solo Raúl. Quien me encargó
el trabajo de escribir Su Historia, mi Padre que está en los Cielos, no parecía
tan satisfecho como yo. Yo ya Le conocía. Mi ser estaba en sus Manos. Él movía
el viento y cuando se alzaba toda resistencia por mi parte se deshacía en la
nada como se deshace una pérdida de tiempo. Aprendí a bajar la cabeza y a
aceptar su Consejo. Yo comprendí dónde había errado; así que destruí aquel
Primer Manuscrito y me puse en marcha hacia Jerusalén. Anne se vino de viaje
conmigo.
Poéticamente hablando, cruzamos
Europa a la luz de una estrella brillante, y atravesamos el Mar Grande sobre
las alas de una Paloma de Plata.
Al fondo del Mar Grande,
atrás Creta, Rodas y Chipre, una Torre
brillaba al alba como el faro más potente del mundo. Era Haifa. Tierra Santa.
De Haifa saltamos a Nazaret. Visitamos el Templo de la
Anunciación. Tras una breve parada en Tel Aviv seguimos hacia la Ciudad Santa.
Cuando alcanzamos
Jerusalén, vimos que la Ciudad estaba en estado de alarma bélica. Irak acababa
de invadir Kuwait. Era el año 1991. El discurso antisionista del nuevo héroe
del Islam, usando el odio universal del mundo musulmán contra los judíos como
hipervínculo de unión a su causa de todos los fundamentalistas del mundo árabe,
exigía -según periódicos paramilitares israelíes- el uso de armas nucleares,
especialmente la bomba de neutrones, contra cualquier invasión de las fronteras
de Israel.
Mientras Irak levantaba
oleadas de vítores en los territorios palestinos, entre la muchedumbre que
paseaba por la Calle David un hombre anuncio vestido de profeta caminaba con un
cartel muy grande, que decía: El fin del mundo se acerca, venid a tomaros una
cerveza. “Pub, el Profeta”. Nos instalamos en la Ciudad Vieja, entre las
Murallas de Jerusalén la Santa. La convivencia entre israelíes y árabes era
todo lo normal que suele serlo entre ciudadanos pacíficos. La tensión se
notaba en el trayecto Jerusalén- Belén.
Yo no estaba en Israel para juzgar a nadie, vine para sentir la tierra en cuya
Historia vino al mundo el Hijo de Dios. Movido por el Espíritu, como el
viento arranca de un árbol las hojas
muertas, mi Padre que está en los Cielos sacudió de mis manos el error al que
le di campo en mis manos. Libre de los errores del mundo, me subí en las alas de la Paloma de Plata y
navegué por las aguas del Mar Grande de vuelta a casa.
Tras otro tiempo devorando
libros, el viento se levantó; ya estaba yo preparado para escribir el Segundo
Manuscrito de la HISTORIA DIVINA DE JESUCRISTO. Despedí a la mujer con la que
Dios me dio un hijo, porque su familia no tendrá parte en mi casa, y regresé a
Londres. Alquilé un estudio en Finsbury Park. Me hice con una máquina de
escribir, cerré la puerta, y me senté dispuesto a no salir del estudio hasta terminar
la HISTORIA por la que estuve corriendo los últimos años.
Mi conocimiento del Mundo
Antiguo era por entonces mi asignatura pendiente. Por los alrededores del Museo
Británico descubrí tiendas de libros de segunda mano, entre cuyas joyas
descubrí la Historia Antigua de la Cambridge de J.B. Bury. A través de su
Bibliografía viajé por el Mundo Antiguo anterior a Israel antes del Nacimiento
de Cristo. Hice de mi estudio una biblioteca riquísima, desde la que viajé de
la mano de los maestros de la Historia Antigua, Ingleses, Franceses y Alemanes,
hasta las profundidades de la mente de aquellos tiempos, sus reinos y sus
imperios. En términos de estudio, aquel verano y su otoño fue un periodo
intelectual muy fructífero. Y sin embargo había algo que me impedía encajar
toda ese conocimiento en La HISTORIA DIVINA. Había una puerta que nadie había
cruzado nunca y yo debía cruzar.
El Hombre es una esperanza
existencial de Vida Inmortal a imagen y semejanza de la Vida del Hijo de Dios.
El Cansancio es parte de nuestra naturaleza. Pero no hay por qué tirar la
toalla. También Dios necesita un Descanso. Lo natural y humano es cerrar los
ojos, bajar las manos y descansar.
Es lo que hice aquella
noche de Noviembre del 1994. Un sueño invencible se apoderó de mí. Caí sin
fuerzas sobre la mesa de estudio, la máquina de escribir hizo de almohada; si
roca o hierro hubiese sido lo mismo. No tenía fuerzas para seguir. Si en aquel
momento una bomba hubiese caído en Londres no me habría despertado en absoluto.
Me habrían podido apuñalar y no me hubiese enterado. Estaba fuera de este
mundo.
Con el alba, abrí los
ojos. La ventana de mi estudio estaba abierta. El árbol del patio se había
vestido de blanco. Mi alma se despertó. La Puerta ante la que había estado
esperando, se había abierto. Como una Madre le abre a un hijo su Corazón, la
Madre de mi Padre que está en los Cielos me abrió el Suyo. Sin saberlo estuve corriendo todos esos años
tras el Tesoro que la Madre se llevó consigo al Cielo, ese Tesoro que María
“guardó en su Corazón”
Cómo María conoció a José,
quiénes fueron Zacarías e Isabel, quiénes fueron en realidad los famosos
hermanos y hermanas de Jesús. Todo, absolutamente todo, Ella lo conocía todo
sobre su Hijo. ¿Quién mejor que la madre de uno para saber quién es su hijo, su
padre, su esposo, su familia, su historia? El Corazón de esa Madre era el
Joyero en el que María había guardado todo este Conocimiento que Hoy yo, un
hijo de Dios, de la Casa de Cristo abro,, por la Voluntad de Dios, a todo el mundo.
Lo que yo, Cristo Raúl, ví en
el Corazón de la Madre es lo que vais a leer a continuación.
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El Propietario de los DERECHOS de AUTOR :RAÚL PALMA GALLARDO(RPI . Z-229-20 )info@cristoraul.org
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