CARTA
MAGNA DEL REINO DE DIOS
DE LOS
DERECHOS Y DEBERES DIVINOS DEL HOMBRE
CRYS
Declaración
de Principios
Antes de
Nicea la Declaración de Fe bajo pena de muerte confesada por todas las iglesias
podemos resumirla en las siguientes palabras: Sólo hay un Dios Verdadero, su
nombre es YAVÉ, el Señor de los ejércitos de las Sagradas Escrituras de los
Hebreos, Dios del Patriarca Abraham, del Profeta Moisés, del rey David.
YAVÉ Dios
es Padre, su Hijo Primogénito se llama Jesús. Este Primogénito de Dios se hizo
hombre y nació en Belén de Judá durante el imperio del César Octavio Augusto,
al final del reinado de Herodes Ben Antípater, en el año primero del Siglo de
Cristo. El Hijo de Dios vino al mundo para comprar nuestra alma al precio de su
sangre.
Estando
en el mundo nos descubrió que el Hombre que al principio Dios creara a su
Imagen y Semejanza, ese Hombre es Cristo. Y que ese Hombre está en todos
nosotros.
Este
Hombre es el que confiesa con el corazón rebosante de eternidad y el espíritu
abierto al infinito que el Primogénito de Dios, Jesús, es el Cristo, el Modelo
sempiterno a cuya Imagen y Semejanza ha creado Dios al Hombre. Aquel Jesús que
vino al mundo para ofrecernos la vida eterna, ese Jesús es el Hijo Unigénito de
Dios, engendrado, no creado, principio y fin de la Creación, alfa y omega de la
actividad Divina, el primero y el último de su Naturaleza: Dios Hijo Unigénito,
nuestro Rey y Señor, nuestro Maestro y Salvador.
Respecto
a esta Fe se cumple la Palabra de Dios, que dice: El justo vivirá de la fe.
Esta
Confesión sencilla y elemental donde las haya, esta elemental y sencilla
declaración de Fe, al igual que hoy en día les sigue costando la vida a muchos
hombres y mujeres, también ayer, antes de Nicea, significaba la muerte.
Nosotros, Hoy, con independencia de la reacción de quien la oye o la oiga,
seguimos confesando la Declaración Universal que toda la Creación confiesa con
la boca y vive con el corazón:
Artículo
Uno: Dios es Amor
Dios,
voluntaria y libremente, ha fundado el Reino de los Cielos. Ninguna fuerza otra
que el Amor a la Vida está en el origen del impulso que ha conducido a Dios a
crear este Reino Sempiterno, espacio donde la Plenitud de las Naciones del
Universo comparten una misma Vida y se relacionan con su Creador a la luz de su
Infinita Sabiduría Eterna.
Artículo
Dos: Dios es Padre
Dios es
la fuente de la que emana la Constitución de su Reino, por la que todas las
Civilizaciones de los Pueblos del Universo se rigen y la Plenitud de sus
Naciones se articula. Esta Constitución Universal tiene en la Paternidad Divina
su Origen y su Principio. Desde esta Paternidad y por ella Dios legisla desde
su Omnisciencia y juzga desde su Presciencia, la Verdad como principio, medio y
fin de su acción. Hijos de Dios, Ciudadanos de su Reino, corremos hacia El
espontáneamente y nos echamos en sus brazos clamando con todo nuestro ser
¡Padre Nuestro!
Artículo
Tres: YAVÉ es Dios
YAVÉ es
el nombre del Ser que creó el campo de las galaxias y el océano de las
estrellas del Universo. EL es el Creador del Cosmos y de todo cuanto existe en
el Universo. EL es la fuente de la que mana el Futuro de todas las cosas, a las
que con su Ser sustenta y con su Palabra mueve hasta el horizonte que jamás se
alcanza y tiene en el Infinito su Orto. YAVÉ es la fuente del río de la Vida,
EL es quien mantiene el Futuro de la Plenitud de las Naciones en crecimiento
eterno y alegre y hace desembocar su caudal en el océano de su Omnisciencia.
Todo lo que existe, en el Cosmos como en el Universo, tiene en ÉL su causa
física y la fuente de energía que le permite crecer por la Eternidad.
Artículo
Cuatro: Dios es Señor
Por
derecho de Creación todo lo pertenece a YAVÉ Dios. EL tiene todos los derechos
de propiedad sobre toda su Creación. Todas las cosas, las del Cosmos como las
del Universo, las del Cielo como las de la Tierra, todas le pertenecen, y ÉL
las gobierna según su Infinita Sabiduría. Desde esta Verdad Eterna ÉL le ha
dado la Corona de su Reino a su Hijo Primogénito. Jesucristo es el Nombre de su
Hijo, Jesucristo es el Nombre del Rey de la Plenitud de las Naciones.
Artículo
Cinco: El Rey es Hijo Unigénito
Sólo hay
un Rey, universal y sempiterno. Su Padre es Dios. Al Padre es la adoración de
todas las criaturas del Universo y al Hijo la Obediencia de todos los
Ciudadanos del Reino de los Cielos. El Rey es Hijo Unigénito; Hijo Amado, Él es
la causa metafísica de la Creación de Dios. Como Rey Él es el Jefe de todos los
ejércitos del Reino de Dios, Él es el Brazo de YAVÉ, su Padre. Él es el
Príncipe de los príncipes del Cielo, el Primogénito de los hijos de Dios.
Artículo
Seis: El Señor de los ejércitos
YAVÉ es
el Señor de los ejércitos de su Reino. A la cabeza de todos los ejércitos de la
Plenitud de las Naciones del Universo EL ha puesto a su Primogénito, nuestro
Rey, su Hijo Amado. Todos los ejércitos de su Reino obedecen única y
exclusivamente a su Rey sempiterno, y sólo a la Orden de su Voz se mueven.
Ningún poder ejecutivo exterior a su Corona tiene el Poder de la Guerra y la
Paz. Todas las Naciones del Reino de Dios ponen sus ejércitos a los pies del
Rey, cuyo Consejo tiene el Poder de la Guerra y la Paz. Este Consejo tiene en
el Padre, YAVÉ Dios, su Cabeza Todopoderosa y Omnisciente. Todos los ejércitos
de la Plenitud de las Naciones se gobiernan por esta Ley de Obediencia al
Consejo del Rey de los Cielos. Ningún Gobierno tiene el Poder sobre los ejércitos
de la Nación a la que pertenecen. Al Rey, efectivamente, y sólo al Rey le ha
dado su Padre, Dios, este Poder. Su Hijo, nuestro Rey, es su Brazo, el Brazo
derecho de YAVÉ, Señor de los ejércitos.
Artículo
Siete: El Sumo Pontífice
El Rey es
el Único Sumo Pontífice de la Plenitud de las Naciones. La Plenitud de las
Naciones de la Creación tienen sólo una Religión, un Único Dios y un Único Sumo
Pontífice, alrededor del cual todos los Pueblos del Universo se unen para
adorar al Único Dios Verdadero, YAVÉ Dios, el Padre, Creador de todas las
cosas, del Cielo como de la Tierra, cuyo Espíritu Santo lo anima todo y lo
mantiene todo en crecimiento sano y alegre. El, el Sumo Pontífice, es el Único
Viviente que se mantiene de pie delante del Dios de la Eternidad y el Infinito;
Su Nombre es Jesucristo.
Artículo
Ocho: La Iglesia
El Sumo
Pontífice, Jesucristo, el Hijo Unigénito, es la Única Cabeza, Suprema y Divina,
y por Divina: Visible, de todos los Obispos y de todos los sacerdotes y
pastores de la Plenitud de las Naciones. Sólo a Él le deben Obediencia
Sempiterna todos los Obispos y los sacerdotes y pastores que con Él y en Él
forman un sólo y único Cuerpo, sagrado y sempiterno, la Iglesia. Esta Iglesia,
su Cuerpo, tiene por Casa todo el Reino de Dios y en sus carnes en medio de la
Plenitud de las Naciones mantiene viva la Doctrina de la Eternidad y el
Infinito: YAVÉ es Dios y Padre.
Artículo
Nueve: Dios es Juez
Creador y
Fundador del Reino de los Cielos, cuya Corona le pertenece a EL y EL la
comparte en vida con su Hijo, pues siendo Dios no puede morir, heredando su
Hijo en vida la Corona que por Derecho de Primogenitura le pertenece; siendo su
Creador y Fundador, YAVÉ Dios reservó para el Rey la Presidencia del Tribunal
Supremo de Justicia, cuya Jurisdicción comprende la Plenitud de las Naciones de
su Reino, poniendo así Dios en las manos del Rey el Poder sin límites para
Juzgar de quien preside la Corte Suprema de Justicia de su Reino. Al heredar el
Hijo en vida la Corona que debía heredar tras la muerte del Padre, siendo el
Padre Dios abrió su testamento en vida para que en vida, siendo el Hijo de su
misma Naturaleza Divina, disfrute de lo que de otro modo jamás podría. Lo
glorificó al Nacer, aboliendo toda corona y elevando la Suya hasta el Trono de
Dios, su Padre; y volvió a glorificarlo al Morir, sentándolo en el Trono del
Presidente de la Corte de Justicia de su Reino, con poder sin límites para
dictar sentencia, a la medida del propio Dios, Absolución Universal
comprendida.
Artículo
Diez: La Ley de la Igualdad
Todos los
Ciudadanos del Reino de los Cielos, en tanto en cuanto hijos de Dios,
independientemente de la Nación de Origen, todos disfrutan de la misma Igualdad
ante la Ley. Todos los Ciudadanos del Reino de Dios, sin excepción, desde el
Rey que se sienta a la Derecha del Padre hasta el más pequeño de sus hijos,
todos los Ciudadanos de la Plenitud de las Naciones son responsables de sus
actos ante la Justicia, todos están sometidos a la Ley Universal de Igualdad en
la Responsabilidad.
Artículo
Once: La Ley de la Libertad
Dios es
el Señor y a EL le pertenece el suelo donde moran la Plenitud de las Naciones.
Heredero de su Padre, partícipe de todos Sus bienes, el Rey es el Señor del
suelo donde pisan todas las Naciones. Las fronteras de su Reino se extienden
alrededor de la Plenitud de las Naciones. Los Ciudadanos de la Plenitud de las
Naciones de su Reino son libres y disfrutan de la Libertad de Movimiento de
quienes tienen a Dios por Padre y por Hermano al Rey del Cielo.
Artículo
Doce: La Ley de la Fraternidad
Todos los
bienes y riquezas de la Plenitud de las Naciones, del suelo como de las
personas, le pertenecen a Dios. Todos los Ciudadanos de su Reino,
independientemente de su Nación, poseen por nacimiento el Derecho de uso y
disfrute de todos los bienes y riquezas del Universo. Dios es el que multiplica
los bienes y riquezas de su Reino, sea a través de la Naturaleza, sea a través
de sus hijos, mirando a la felicidad de la Plenitud de las Naciones.
Artículo
Trece: La Ley de la Inteligencia
Dios crea
a sus hijos inteligentes a su imagen y semejanza para el enriquecimiento de la
Plenitud de las Naciones en toda clase de ciencias y tecnologías. Siendo EL el Origen de todo Conocimiento todos los beneficios vienen
de su Omnisciencia y están sujetos a la Ley de la Fraternidad sempiterna. Pues
Dios actúa en todos para el enriquecimiento y crecimiento de todos en el
Conocimiento de todas las cosas.
Porque la
Sabiduría Divina es la fuente de la Inteligencia de todas las Naciones, el
Derecho Natural Divino establece:
Artículo
Catorce: La Ley de la Paz
Los hijos
de Dios tenemos el Deber de hacer que la Plenitud de las Naciones tenga acceso
gratuito y libre a la Biblioteca del Conocimiento Universal para la
satisfacción y felicidad de sus Pueblos en todo lo que concierne a las
necesidades de estructuras e infraestructuras relativas a las Tecnologías y
Ciencias de la Paz y la Salud. La Plenitud de las Naciones, bien a través de
los Hijos de Dios y sus Fundaciones desde proyectos privados o internacionales,
bien a través de su Consejo, tienen el deber de poner todos los medios
financieros y económicos necesarios para que esta Norma de Sabiduría se cumpla,
y las naciones más alejadas del Modelo Social de Civilización se acerquen al
centro universal sin sufrir el largo y estrecho camino recorrido por las naciones
que componen su núcleo. Ningún Mundo ni ningún Sistema de Civilización pueden
subsistir en el tiempo y el espacio sujeto a una diferencia crónica invencible
entre sus Naciones. La desigualdad imbatible a través de la destrucción
constante de los modelos temporales conduce a los Mundos a su desaparición de
la faz del Universo mediante el progresivo desgaste de los recursos naturales y
el incremento cíclico de las armas de combate entre quienes imponen la
desigualdad como medio de subsistencia. ¿Si el que siembra vientos recoge
tormentas los que siembran tormentas qué recogerán? Ofrecer libre y
gratuitamente a todos los Pueblos los frutos de la Civilización es ofrecerles a
todas las Naciones el fruto del árbol de la vida: que es la Paz.
Artículo
Quince: La Ley de la Guerra
El fruto
del árbol prohibido es la Guerra. El Derecho Natural Divino establece que los
accesos y la participación en el crecimiento de las ciencias del árbol de las
Tecnologías de Defensa le estén prohibidos a todo agente externo al Cuerpo de
los Ejércitos de la Plenitud de las Naciones. El Derecho Natural Divino
establece que el fruto del árbol de las Tecnologías de Defensa esté bajo la
Administración del Consejo de los hijos de Dios, y en consecuencia establece
expresa prohibición de venta de producto e información bajo pena de delito
contra la Seguridad de la Humanidad. Nadie puede vender a un tercero a través
de un segundo tecnología e información sin ocasionar en la Comunidad
Internacional grietas bélicas y en las nacionales terremotos dictatoriales. Para
el cumplimiento de este Ley por la Paz y la Seguridad de la Humanidad los hijos
de Dios tienen el Deber de promover y edificar la formación de un Consejo de
Estados Mayores como responsable y garante del cumplimiento de esta Ley, y la
sujeción de este Consejo al Consejo de la Plenitud de las Naciones del Reino de
Dios en la Tierra. La Historia ha demostrado con ejemplos tremendos cómo las
tecnologías de Defensa en manos de grupos privados se convierten en el origen
de terremotos bélicos que arrasan el progreso de las naciones en vías de
desarrollo en nombre de los beneficios de ese grupo de producción, y cómo
semejantes grupos son los enemigos de la Paz Mundial a todos los niveles, pues
debiendo vivir a toda costa de la venta de sus Productos la obligación los
arrastra a crear nuevas guerras, sembrando el odio entre las naciones como
medio de hacer ventas. Aunque al Principio Dios no quiso introducirnos por el
método de la experiencia en el conocimiento de la Ciencia del bien y del mal,
una vez provocado el conflicto cósmico en el que el Género Humano está aún
atrapado, dispuso Dios en su Omnisciencia llevarnos al conocimiento de todas
las leyes en el menor tiempo posible aún a costa de la tragedia tan inmensa que
este espectáculo supone. Hecho, el Conocimiento de las leyes de esta Ciencia es
la plataforma desde la que articular la estructura del Futuro sobre la Roca de
nuestra experiencia. Sabiendo que el destino de todo mundo sujeto a las leyes
de la Ciencia del bien y del mal es su desaparición apocalíptica, en palabras
de Dios: su regreso al polvo cósmico, la experiencia se suma a la Ciencia para
poner sobre la mesa las bases de una Arquitectura Biopolítica acorde a cuyos
axiomas y espíritu: el bien de todos a través de la participación de todos en
todo, articular el Edificio de la Plenitud de las Naciones. En este terreno,
sin violencias pero sin concesiones, todos los hijos de Dios tenemos el Deber
de aportar cada uno su grano, sabiendo que la cantera de la que aportamos cada
uno nuestro grano tiene en nuestro Creador su origen. Por consiguiente: Las
Tecnologías de Defensa sirven a la Paz y el proceso de producción estará sujeto
a esta Norma de Paz y Seguridad.
Artículo
Dieciséis: La Ley de la Seguridad
El fruto
del árbol de la Vida es la Paz. Las Naciones no pueden tener acceso vallado a
La Paz en razón del interés privado de ciertos grupos financieros de carácter
internacional; ni los hijos de Dios podemos aceptar la sujeción del disfrute de
la Libertad a los objetivos de esos grupos de presión, extranjeros o locales,
cuyas metas y fines tienen en la desestabilización de los Gobiernos la puerta
por la que entrar a saco y asaltar las riquezas de las naciones. El Consejo de
la Plenitud de las Naciones no puede garantizar la Paz y la Libertad
Internacional sin el Poder para enfrentarse a esos grupos, someterlos a las
leyes y declararlos fuera de la Ley en caso de persistir en sus actuaciones
contra la Seguridad. Mirando a este horizonte el Derecho Natural Divino
establece que el Consejo de los hijos de Dios esté facultado de todo el Poder
para decretar la expropiación de los bienes de cualquier asociación financiera
internacional que tenga en la desestabilización de los Gobiernos Nacionales su
medio de lucro. El Derecho Natural Divino establece que el Consejo de los hijos
de Dios tiene el Poder para decretar la desintegración de las asociaciones
financieras internacionales que operan bajo una ley de la legalidad imperial,
sin curso legal en este Nueva Era, y llevar ante la Corte de Justicia
Internacional a sus jefes y colaboradores locales, cabeza y cola. La
intervención en la Economía de una nación por un grupo de intereses, físico o
jurídico, externo al cuerpo legislativo de la nación afectada supone su invasión
por un Estado sin Patria, cuya actividad, aunque enmascarada en la legitimidad
de operaciones financieras, tiene por fin una actividad terrorista
internacional, cual es la desestabilización del gobierno de un pueblo en razón
de los intereses del grupo financiero invasor. Así pues, cualquier intervención
de un grupo de intereses financieros contra la legalidad de un Gobierno de Derecho
es un atentado contra la Seguridad, del que se hace responsable la nación y
Estado que respalda los intereses de ese grupo poniendo a su disposición sus
recursos nacionales, bien militares bien logísticos, sufriendo las
consecuencias como se ha visto en los últimos tiempos. De donde se entiende que
todo grupo financiero que desde la Libertad Internacional actúe en la economía
de una Nación para desestabilizar su Gobierno pierde todos sus derechos
internacionales desde el momento que usa la Libertad como medio de
empobrecimiento del Pueblo, y el empobrecimiento como medio de
desestabilización de la Paz. La Historia de las Naciones ha demostrado ya con
amplios ejemplos cómo el terrorismo de tales grupos financieros sobre un
Gobierno legítimamente establecido conduce a los Pueblos a las profundidades de
infiernos hacia los que para nada labraron sus víctimas semejante destino. El
Futuro de la Humanidad y de un Reino que mire a un Horizonte que no se acaba:
únicamente puede permitirse la alegría y la felicidad de avanzar bajo un cielo
sin nubes desde el Poder de un Consejo Mundial para la defensa de la
legitimidad de los Gobiernos de los Pueblos.
En
consecuencia el Derecho Natural Divino establece:
Artículo
Diecisiete: Ley del Pan
La
Propiedad de todas las cosas del Universo, de los Cielos como de la Tierra, le
pertenece a Dios, su Creador. Todas las Criaturas somos alimentadas por nuestro
Creador a través de su Creación. Cualquier límite de producción o destrucción
de los bienes de la tierra de cultivo en razón de intereses privados o
comunitarios es un delito contra la Humanidad. Ninguna razón justifica la
muerte por hambre de las naciones del Tercer Mundo en nombre de un Mercado que
ordena la destrucción de millones de toneladas por año de productos vitales
para la vida y crecimiento alegre y sano de las naciones. La capacidad de ese
Mercado y de las Comunidades para ordenar la destrucción y limitar la
productividad de la tierra para producir alimentos es un delito contra la Humanidad.
Los hijos de Dios tenemos el Deber de abolir esa capacidad delictiva del
Mercado para asesinar por hambre a muchedumbres enteras en nombre del Concepto
criminal de estabilidad de los precios. Ningún precio justifica el asesinato en
masa de los pueblos de la Humanidad. Los hijos de Dios tenemos el Deber de
abolir este sistema de Cuotas de producción y liberar la tierra de las cadenas
que sobre ella echaron los intereses de los líderes de todos los tiempos.
Artículo
Dieciocho: La Ley de la tierra
La
Propiedad Legal de la tierra es del Dios que la creó para alimentar con el
fruto de la tierra a todas sus criaturas. Este Derecho Divino establece para el
Consejo de la Plenitud de las Naciones de su Reino poder ilimitado para la
Distribución del fruto de la tierra entre los pueblos de su Reino en Hora de
Necesidad. En esta Hora todos los excedentes almacenados y todas las cosechas
en su fruto estarán a disposición del Consejo de los hijos de Dios para
socorrer la necesidad de los pueblos hermanos.
Artículo
Diecinueve: La Ley de la Propiedad
Todas las
criaturas somos hermanos en Dios, nuestro Creador. Nuestro Creador y Padre
dispuso que la capacidad de la tierra para alimentar a sus hijos sea ilimitada.
Pero las guerras entre los que se rebelaron, en su ignorancia, contra esta
Disposición Divina por la que todos los recursos son propiedad de todos los
hombres y están sujetos a su Distribución Internacional según la necesidad,
esas guerras, como la marea borra de la costa la escritura en la playa,
deshicieron lo que Dios hizo y le entregaron el derecho de propiedad de la
tierra a la criatura, desheredando al Creador de su Creación. Origen esta
locura de las hambres que han devorado a muchedumbres enteras delante de
nuestros ojos, habiendo asistido impotentes al espectáculo inhumano de la
destrucción de los alimentos excedentes, mediante el fuego y las cuotas, el
Derecho Natural Divino establece que el abandono de la tierra de cultivo por
sus propietarios temporales implique la reversión a este Derecho de Creación
del título de propiedad, que le será concedido libre y gratuitamente a quien le
dé a la tierra lo que la tierra quiere, y mediante esta satisfacción el hombre
sacie la Necesidad de los suyos y de todos los demás seres humanos.
Artículo
Veinte: La Ley de la Humanidad
La
Propiedad Legal de la tierra de cultivo, de la que depende la vida de sus
hijos, le pertenece a Dios de manera inalienable. Su propiedad temporal le es
concedida a quien la labra y está dispuesto en el Derecho Natural Divino que
permanezca en su familia mientras haya manos que la trabajen. Perteneciendo en
usufructo a quien la labra la tierra no puede ser vendida ni comprada, sino que
al término del trabajo, por ausencia de manos familiares, la tierra revertirá a
su Creador, entrando en ella quien continúe dándole a la tierra lo que la
tierra pide, las manos del hombre. De este trabajo, no de la tecnología y las
ciencias del ocio, depende la vida de la Humanidad. De aquí que cuando Dios
creara al Hombre y entre ellos fuera a elegir al que sería el más grande de
entre ellos, tomó para sí un hortelano, un campesino, un labrador. Heredero de
su Padre, perteneciéndole a su Padre todas las cosas, heredando la propiedad de
la Tierra la preservaba su Padre del saqueo y la esclavitud a que luego, contra
su Voluntad, la Tierra fue sometida, encontrándose la que fue creada con
capacidad ilimitada en la contradicción de ver a sus hijos morirse de hambre.
Esta Propiedad revierte, pues, a las manos de la Humanidad, cuya Cabeza fue
Adán, y al presente Jesucristo, el Legítimo Dueño y Señor de todas las cosas,
del Cielo como de la Tierra.
Artículo
Veintiuno: La Ley del Futuro
El
Derecho Natural Divino establece que las manos que expropiaron al Señor de su
Creación reduciendo a esclavitud a los hijos de la tierra no tienen ningún
derecho sobre la tierra. Son manos de delito. La historia universal es larga en
ejemplos sin nombres y generosa en lecciones sin títulos. El Latifundismo es un
delito contra la Humanidad cuyo fruto ha demostrado ser la ignorancia, la
miseria y la guerra civil. La tierra pertenece a los que la habitan y de ella
viven manteniendo con el fruto de su trabajo a la Humanidad, empezando por sí
mismos y sus casas. Los hijos de Dios tenemos el Deber de abolir esta forma de
delincuencia, heredada del Pasado, por la que los hijos de la tierra eran
enajenados del medio que el Creador les diera para vivir y con el que
participar en la Sociedad mediante la producción de los frutos de la tierra,
sin los cuales no puede vivir la Humanidad. La abolición de esta forma criminal
de administración de la tierra será abolida por la Plenitud de las Naciones del
Reino. Como está abolida en el Cielo así en la Tierra.
Por ellos
establecemos en el Presente:
Artículo
Veintidós: La Ley de la Salud
Declarar
delito contra la Humanidad la guardia y protección de todas las puertas que
prohíben el acceso de todos los pueblos del Reino de Dios a las tecnologías de
la Salud, Física y Mental, de los seres humanos, cuya protección y guardia, en
nombre de no importa qué tipo de sistema y legalidad, es la condena a muerte de
muchedumbres de criaturas. Los hijos de Dios tenemos el Deber de dotar al
Consejo de la Plenitud de las Naciones de un Comité de Urgencia facultado de
todo Poder sobre las empresas públicas y privadas de las Naciones del Reino de
Dios dedicadas a la producción médica, en todas sus formas, en orden a la
Distribución, libre y gratuita, de sus productos entre las naciones pobres
según la Necesidad. Las medicinas son el arma con el que una criatura lucha por
su vida contra la Muerte. Si se le priva de ellas se le arroja al circo de los
leones a que se ceben las fieras. Pero el Creador ha dispuesto todos los
recursos de su Creación en las manos de sus hijos para la Victoria de sus
criaturas.
Artículo
Veintitrés: La Ley de la Sabiduría
Los hijos
de Dios tenemos el Deber de financiar y articular todos los esfuerzos de los
sabios de la Plenitud de las Naciones, liberando la Ciencia de las ciencias, la
de la Salud, de todos los intereses privados, estatales e individuales, creando
una Comunidad Científica congregada y consagrada en vida a la Victoria de la
Humanidad contra todas las enfermedades, hereditarias y seculares, que
parasitan en el ser humano desde los días de la Caída de Adán. Los frutos de
esta Comunidad serán Patrimonio de la Humanidad y puestos en las manos de las
Naciones, gratuita y libremente, para la alegría de todos los seres humanos.
Esta
Justicia Divina establece:
Artículo
Veinticuatro: La Ley de la Verdad
Todos los
hijos de Dios, sin excepción, somos responsables de nuestros actos delictivos
contra nuestros semejantes ante la Justicia. Los hijos de Dios tenemos el Deber
de liberar la Justicia de cualquier tipo de sumisión al Poder Político y
Religioso a fin de que se cumpla, desde la Libertad, los principios de la
Verdad, entre los que la Igualdad de todas las criaturas a los ojos de la
Justicia Divina de nuestro Creador es la Roca sobre la que levanta sus ojos a
la eternidad su Reino. Y tenemos el Deber de dotar a la Justicia de todo el
Poder Jurisdiccional para hacer que esta Ley se cumpla para todos los
Ciudadanos sin excepción. Cualquier desviación de este Principio Eterno y
cualquier excepción a esta Regla Divina es una puerta que conduce al terrorismo
de la Ciencia del bien y del mal, de cuyos fuegos y horrores estamos saciados
hasta el vómito y ebrios hasta la ira.
Artículo
Veinticinco: La Batalla Final
En su
Omnisciencia para articular su Civilización mirando a la vida eterna ha
establecido Dios que su Reino tenga por columna maestra de su Edificio un
Cuerpo Judicial con Poder Legislativo ilimitado para combatir el crimen, la
delincuencia, el terrorismo... el Mal en todas sus formas. Habiendo elevado a
la Cabeza de este Cuerpo a su Hijo, nuestro Rey sempiterno, los hijos de Dios
tenemos el Deber de articular el Cuerpo de la Justicia de nuestra Civilización
a imagen y semejanza del modelo divino, cuyo Principio es la Verdad y cuyo Fin
es la Paz. Siendo el ejército de los jueces la vanguardia de choque en la
Batalla de la Humanidad contra el Crimen, en todas sus formas, al Cuerpo
Judicial le corresponde legislar todas las medidas sin las cuales la Batalla está
perdida y mediante la aplicación de las cuales la Victoria es nuestra. Es
nuestro Deber abolir esa facultad del Cuerpo Político para alienar a la
Justicia del Poder Legislativo Anticriminal sin el que la batalla contra el
Crimen Organizado, Nacional e Internacional, crece y extiende sus tentáculos
hasta el núcleo duro de los gobiernos democráticos.
Artículo
Veintiséis: El Modelo Divino
En su
lucha por conducirnos de las tinieblas a la luz de la Verdad ha querido Dios
que nuestra Civilización contenga en su cuerpo la semilla de los valores que la
Suya contiene en árboles maduros de cuyo fruto, la Paz, se alimentan la
Plenitud de las Naciones de su Reino. Es nuestro Deber articular nuestra
Civilización a la imagen y semejanza de la Divina. Por esto los hijos de Dios
de la Plenitud de las Naciones tenemos el Deber de firmar la Carta de Adhesión
al Tribunal Penal Internacional y dotar a su Cuerpo de Plenos Poderes
Ejecutivos para hacer que sus órdenes de detención contra los hallados
culpables de delitos contra la Humanidad sean entregados sin ninguna
disposición contraria por parte de los Gobiernos a quienes se dirija la orden
de captura y entrega. Cualquier negación por parte de un Gobierno a someterse a
la Justicia Internacional sea considerada rebelión contra la Humanidad, y, en
consecuencia, quede sujeto ese Gobierno a la investigación por colaboración y
complicidad en los delitos contra la Humanidad perpetrados por el sujeto contra
el que el Tribunal firmara orden de Detención y Entrega.
Artículo
Veintisiete: Defensa y Libertad
En la
lucha común Creador-Criatura, Dios-Hombre, contra los sistemas y males
heredados del Pasado y naturales a la Ciencia del bien y del mal, y mirando a
cerrarles el paso al Futuro a tales sistemas y organizaciones criminales que
bajo la bandera de ideologías y religiones se elevan al poder para desde el
Poder arrasar a los pueblos, propios y vecinos, los hijos de Dios de la
Plenitud de las Naciones tenemos el Deber de fundar una Corte de Apelación
Universal ante cuya Mesa los pueblos, víctimas de tales monstruos, puedan pedir
Defensa y Libertad. La Corte de Apelación Universal defenderá la Causa ante el
Tribunal Penal Internacional y ante el Consejo de la Plenitud de las Naciones,
movilizando a ambos para la Libertad y la Defensa de los pueblos atrapados bajo
las ruedas de la Tiranía. El Tribunal decretará orden Internacional de
detención y el Consejo moverá las fuerzas de Captura necesarias. Todos los
Gobiernos de la Plenitud de las Naciones trabajarán con la Corte para la
Defensa de los Pueblos poniendo a su disposición todos los medios necesarios
para el desarrollo de la Victoria de todos contra los tiranos y los dictadores
cuyo alimento es la carne humana y cuya bebida es la sangre humana. El Consejo
entregará tales monstruos al Tribunal para que sean juzgados por sus delitos
contra la Humanidad.
Artículo
Veintiocho: La Ley de la Vida
El
Derecho Natural Divino establece que los extranjeros que huyen buscando refugio
de las guerras civiles, y hambrientos y sedientos de Justicia y Libertad, y
temiendo por sus vidas peregrinan hacia una tierra de promisión en busca de la
naturaleza humana que se les niega en sus lugares de origen: sean acogidos como
hermanos y vivan bajo la protección del Derecho, estableciendo como delito
contra la Humanidad cualquier forma de esclavitud de quien manipula su
situación para enriquecerse, sea a través del salario sea a través de la
prostitución. Fundando su Creación sobre una Nueva Roca contra cuyos átomos se
desintegre cualquier posibilidad de rebrote de la Ciencia del bien y del mal en
el Universo, Dios maldijo la esclavitud y decretó sentencia de Destierro de su
Reino contra el esclavista. De aquí que el Derecho Natural Divino establezca
que los hijos de Dios tenemos el Deber de sujetar todas las cosas a la Ley de
la Igualdad, de manera que dos personas que hacen la misma cosa no puedan
recibir la una miseria, por ser extranjero, y la otra gloria, por ser hijo del
país. El extranjero como los nativos todos somos hijos de la misma Tierra,
todos tenemos derecho al mismo salario por el mismo trabajo.
Artículo
Veintinueve: La Ley de la Misericordia
No hay
más que una clase de Misericordia. "Estaba hambriento y me disteis de
comer, sedientos y me disteis de beber, desnudo y me vestisteis, enfermo y me
curasteis, en la cárcel y me liberasteis". Cuando estando en la mano
impedirlo se deja morir a Cristo en el hombre el Derecho Natural Divino
establece que la sangre de los inocentes caiga tanto sobre la cabeza del que
promueve cuanto sobre la del que permite. Los hijos de Dios tenemos el Deber de
romper fronteras y pasar por lo alto de gobiernos cuya política asesina es la
firma de la condena a muerte de cientos de miles de criaturas víctimas de las
locuras de sus gobiernos, locura alimentada por los intereses financieros de
los monstruos internacionales que tienen en la guerra civil controlada una
fuente de lucro y poder. La inactividad del que ve cómo sucede el crimen y la
del que promovió el crimen son las dos caras de la misma moneda, ambas tienen
por castigo la misma sentencia: “Iros al Infierno a castañear dientes”. La
Misericordia, en efecto, no se riñe con la Justicia, pero la Justicia sí lo
hace con la dureza de corazón. Hubo una vez otro rey que habiendo batido al
enemigo con un número netamente inferior de soldados a la hora de la victoria
se encontró con miles de vencidos y heridos. Su decisión salomónica fue
asesinarlos a todos para no tener que alimentar ni curar a ninguno. Era rey y
era cristiano, era el rey de los ingleses. La memoria de Dios es infinita y
eterna, a la hora de dar retribuirá con Misericordia, al cristiano como al que
no, ofreciendo Misericordia a quien la tuvo de su prójimo, amigo o enemigo,
conocido o desconocido, y con Justicia, cristiano o no, a quien pisó la
Justicia. Pues el que crea que confesando Jesús es el Señor ya está salvado ay
de él cuando el Hijo del Hombre se levante para Juzgar según la Ley y no según
la Esperanza, ese día se verá que Dios juzga a cada cual por las obras y no por
las misas ni por los aleluyas cantados en una mañana de glorias al Señor que
nos perdona todos nuestros crímenes. La Misericordia es para el que la da no
para el que la guarda. Pero si no se ama al extranjero que está en medio de
nosotros y se le esclaviza sin misericordia a la vista de todos, reteniéndole
su salario, ¿cómo nos preocupará el que se muere en un campo de refugio a miles
de kilómetros de distancia? ¿Si no nos preocupa el que está en la cárcel a la
vuelta de la esquina cómo nos preocupará el que se muere en la cárcel de un
tirano por amor a la libertad? El que tiene el poder y no hace nada es tan
culpable como el que no le arranca ese poder y se lo entrega a otro que sí haga
lo que debe ser hecho. La Fe sin las obras es un suicidio, y matar a Cristo por
la fe un crimen. ¿Qué castigo se merecerá el que mata al hombre que Dios creó a
su imagen y semejanza, que está en nosotros, y engendró en nosotros al precio
de la crucifixión de su Hijo?
Desde la
Inocencia de Dios y de Adán en la tragedia del Edén, origen del drama del
Género Humano, el derecho Natural Divino establece:
Artículo
Treinta: El Día de Yavé
Todas las
Naciones fuimos abandonadas en las manos de una generación de hijos de Dios,
todos malvados, rebeldes a su Padre, contra el que se alzaron y a cuyo Reino le
declararon la Guerra, prefiriendo la eternidad en el Destierro a un día más en
un Universo gobernado por una Justicia que no diferencia entre el siervo y el
hijo, entre el príncipe y el ciudadano, sobre todos estableciendo la Igualdad
Eterna. No creyendo Dios que la criatura se atreviese a retar a su Creador
mediante la política de hechos consumados, atravesado su corazón por la lanza
de la Traición, Dios, Indestructible, abrió los ojos y, levantándose, en su
dolor alzó su Voz y poniendo su cabeza por testigo juró aplastar a su enemigo,
diciendo: “Yo alzo mi mano al Cielo y juro por mi eterna vida: cuando yo afile
el rayo de mi espada y tome en mis manos el juicio, yo retribuiré con venganza
a mis enemigos y daré su merecido a los que me aborrecen, emborracharé de
sangre mis saetas y mi espada se hartará de carne, de la sangre de los muertos
y de los cautivos, de las cabezas de los jefes enemigos”. Alegría en el Cielo,
tristeza en la Tierra. Alegría Arriba porque Dios había recogido el guante y
con ese mismo guante, guardando ahora un puño de hierro, devolvía el reto;
tristeza Abajo porque la Batalla Final tendría por campo de batalla la Tierra.
Pero regocijo tras el sufrimiento: “Regocijaos, gentes, por su pueblo, porque
ha sido vengada la sangre de sus siervos, le ha vengado de sus enemigos, y hará
la expiación de la tierra y su pueblo”. Como grande fue el dolor, así sería
grande la Esperanza; si el dolor fue infinito la Esperanza sería eterna, y en
ella la Victoria, firme: “Se apoderará tu Descendencia de la puertas de sus
enemigos”. Reducidos a esclavitud los hijos de Abraham, en sus cadenas Dios
descubría que no era a Isaac a quien miraba, sino a Cristo.
Artículo
Treinta y uno: El Derecho a la Verdad
El
argumento supremo sobre el que un testigo puede establecer delante de un
tribunal la veracidad de su testimonio es su vida, su sangre. Sobre su propia
sangre Cristo estableció la Inocencia de Dios respecto a cualquier
participación, ni por activa ni por pasiva, en la Muerte de Adán, de un sitio,
y la Ignorancia de Adán respecto a las intenciones criminales del ángel rebelde
por antonomasia, el llamado Satán, cabeza de la Serpiente, del otro sitio.
Porque hubo Ignorancia Dios abrió la puerta de la Redención, Sacrificio
Expiatorio por el pecado mediante. La Ley de la Expiación -por el pecado del
pueblo y de su príncipe- exigía como condición sine qua non la ignorancia del
trasgresor. La corrupción del Judaísmo y la Ruptura de la Alianza entre Dios y
los hijos de Abraham según la carne vino cuando el Sacrificio se convirtió en
demonismo al pagar primero el trasgresor el precio del crimen y pasar enseguida
a cometerlo, demonismo salvaje y monstruoso instaurado por costumbre sagrada
que Dios nos descubrió en el Caso de Judas el Iscariote. Es decir, habiendo
premeditación para el crimen no hay ignorancia, y sin ignorancia no hay perdón,
razón por la cual Dios no podía perdonar a los judíos su crimen, aunque se lo
pidiera su Hijo desde la Cruz, pues cometido con premeditación, pervirtiendo la
Alianza de Moisés y transformando la Ley en Templo del Pecado, no podía tener
lugar la expiación, y sin expiación no podía procederse al perdón. Con aquella
transformación del sacerdocio aaronita en un negocio, tanto vale el crimen
tanto pago y paso a cometerlo con el perdón en el bolsillo, el judaísmo, en su
ignorancia, hizo una defensa del Infierno y su ideología, esa misma que en el
Edén puso en práctica su filosofía maligna bajo el presupuesto del perdón
divino en base a la Paternidad del Juez del Cielo sobre el criminal. Hijo de
Dios, por el hecho de serlo se le debía permitir todo crimen y delito, así que
en nombre de Dios por aquí te apuñalo y por aquí te maldigo. Los judíos,
teniendo un precio por el delito, y olvidándose de la condición sagrada para el
perdón, la ignorancia, transformaron el Templo en un negocio lucrativo cuando
los propios sacerdotes depositaban con antelación las monedas de plata en el
tesoro contra el crimen que se disponían a cometer, fuera adulterio, robo,
asesinato, falso testimonio, etcétera. Filosofía maligna en la que cayera la
iglesia romana y de la que fuera salvada la Iglesia Católica por la iglesia
alemana en los días de Lutero, cuando sin darse cuenta en su ignorancia la
iglesia católica fue arrastrada por la iglesia romana a la transformación del
pecado en un negocio lucrativo, llamémoslo "el escándalo de las
indulgencias". Dios se rebeló contra la Filosofía del Infierno. Ni
defendida por un hijo suyo, caso Satán, ni defendida por un siervo suyo, caso
Aarón, aceptaría jamás la transformación de su Corona en la corte pagana de un
dios de dioses a cuya salud los príncipes de su Reino podían contar con su
bendición a la hora de matar el tiempo jugando con las vidas humanas a diablos
y ángeles, policías y ladrones, malos y buenos, héroes y monstruos. Dios alzó
su mano al Cielo contra un hijo suyo, Satán, que osó llevar a la cruz a su hijo
pequeño, Adán, ¿y no iba a alzar su Puño contra un siervo, Aarón, que se
atrevió a clavar en la Cruz a su Hijo Primogénito? Y como no hay tres sin dos
¿qué le hizo pensar a la iglesia romana que a su obispo y a su corte de
cardenales le iba a permitir Dios lo que no le permitiera ni a su siervo ni a
su hijo, a saber, que le llenaran la copa con la sangre de sus delitos?
Artículo
Treinta y dos: El Derecho a la Misericordia
Judíos y
romanos todos fueron atrapados en la misma Ignorancia. Sobre Cristiano y gentil
sobre todos permaneció el Velo que les impidiera a los judíos ver a Dios. Los
que le vieron le amaron con una fuerza más poderosa que la Muerte. Pero cuando
se fueron los que le sucedieron vivieron de la Fe, permaneciendo entre ellos
las palabras proféticas de los que sí vieron a Dios como antorchas en las
tinieblas. Ahora bien, la Fe sin el Conocimiento perfecto de Dios se corrompe.
Declaración que los Apóstoles se encargaron de establecer en sus Epístolas y
que más tarde los siglos se encargaron de demostrar, "el escándalo de las
indulgencias" la cabeza del iceberg. Misericordia pues para con todos,
judíos y romanos, cristianos y gentiles porque en su Omnisciencia había establecido
Dios que el velo del Conocimiento perfecto de la Divinidad no cayera de los
ojos de su criatura humana hasta que le naciera a Cristo Descendencia, esa
Descendencia nacida para vencer y conquistar las puertas del Infierno.
Así,
porque el fin de la Guerra Civil perpetua es la extinción total del Género
Humano, el Derecho Natural Divino establece:
Artículo
Treinta y tres: El Derecho a la Paz
Todos los
ejércitos del Reino de Dios están bajo el Mando del Rey del Cielo, Cabeza
Suprema del Consejo de los hijos de Dios, a cuya Voz y sólo a cuya Voz se
mueven los ejércitos de la Alianza de la Plenitud de las Naciones del Universo.
Como en el Cielo en la Tierra, los hijos de Dios tenemos el Deber de separar
los gobiernos políticos de las naciones miembros del Consejo de la Plenitud de
las Naciones, en cuyos Miembros reside el Poder de la Guerra y la Paz y ante
cuyo Cuerpo y sólo a su Consejo los ejércitos de la Alianza de la Plenitud de
las Naciones deben Obediencia. Siendo la Paz el bien supremo por excelencia de
la Creación, Dios ha dispuesto que este Poder resida sólo en la Corona de su
Hijo, Cabeza Suprema del Consejo de la Alianza de la Plenitud de las Naciones
de su Reino. El Consejo de los hijos de Dios y el Consejo de los Estados
Mayores de los ejércitos de la Alianza de la Plenitud de las Naciones del Reino
de Dios forman, como cabeza y brazo, parte del mismo Cuerpo y únicamente este
Cuerpo, cuya Cabeza es el Rey, Jesucristo, tiene el Poder de la Guerra y la
Paz.
Artículo
Treinta y cuatro: La Ley del Rey
La
experiencia es la madre de la Ciencia. Pero la Ciencia al servicio del hombre
en tanto que animal político se convierte en arma de destrucción en las manos
de una bestia, con apariencia humana, nacida de hombre pero inhumana, con un
sólo propósito en mente: Imponer su infierno en el mundo. Sobre esta Ley de la
Ciencia ha establecido Dios el núcleo duro de su Reino, prohibiendo el acceso
de todo gobierno ajeno a la Alianza de sus ejércitos a las Tecnologías de
Defensa. Las leyes que se derivan, la prohibición de venta de información y
material fuera de la Alianza del Rey, y la adquisición de la propiedad de las
industrias de Defensa, para su transformación en Patrimonio para la Paz
Universal, sujeto al Consejo de los hijos de Dios, tienen por fundamento la
necesidad de establecer los pilares de su Reino acorde a las dimensiones de
infinitud y eternidad de la Creación. Habiendo aprendido Dios de la experiencia
que la sujeción de los ejércitos nacionales e internacionales a la voluntad
temporal y a los intereses pasajeros de los gobiernos políticos está en la
causa de la guerra, puso sobre la mesa una Nueva Alianza por la que todos los
Gobiernos ponen sus ejércitos en sus Manos. Anticipando esta Revolución
Universal Sempiterna se presentó ante nosotros en su Libro como YAVE de los
ejércitos. Que el Hombre la firme o se niegue a poner en las manos de su
Creador lo que le pertenece por Derecho de Creación es un tema diferente.
También Satán se negó a firmar la Alianza que Dios y su Hijo nos pusieron
delante de los ojos, a todos, hombres y no hombres, por la que Yavé de los
ejércitos es el Dios de todos y su Hijo, Jesús, el Rey Universal y Sempiterno
de la Creación. Unigénito y Primogénito, el Brazo de Yavé, el Rey de sus ejércitos,
Jesús, nuestro Jesucristo, Origen de nuestra Luz, Nuestro Maestro y Salvador,
Señor y Rey, las dos condiciones que el Infinito y la Eternidad ponen sobre la
mesa para el crecimiento y la perpetuación de una Civilización en el espacio y
el tiempo, Universalidad y Sempiternidad, estas dos
condiciones cumplidas en su Naturaleza de Hijo, sujetando todo el Poder a su
Corona su Padre estableció la Ley del Rey contra la voluntad temporal y los
intereses pasajeros de los Gobiernos Nacionales e Internacionales en el origen
de las guerras, civiles y mundiales, que hasta el presente ha sufrido la
creación entera. Por esta Ley cualquiera que no firme la Nueva Alianza sobre la
que Dios volvió a crear de nuevo su Reino firma contra su cabeza, sea hijo o
siervo de Dios, la pena de destierro de la Creación.
Por ello
el Derecho Natural Divino establece:
Artículo
Treinta y cinco: La Ley de la Civilización
Que
ningún hombre ni grupo humano alguno sea objeto de persecución por sus ideales
de justicia. En razón de lo cual los hijos de Dios tenemos el Deber de abolir
cualquier potestad del Estado para atentar, reprimir, demonizar o controlar las
fuerzas que la Imagen Divina que está en el Hombre pone en movimiento para
sacudir de la Sociedad la Inercia natural a cualquier etapa posterior a una
gran victoria.
Todo
movimiento del Estado que extralimite sus funciones administrativas es un
delito contra la Sociedad. La Sociedad ha nacido libre y ha sido dotada por su
Creador de todas las fuerzas necesarias para sin la Violencia del Estado ser
capaz por sí sola de abrirse paso hacia las fronteras tras las que se halla la
tierra prometida de la Verdad, la Justicia y la Paz. Esta Idea de la Justicia
es irrenunciable porque es Divina y, cualquier acción del Estado en contra,
como ya la Historia se ha encargado de demostrarlo, es objeto de ruina. En
consecuencia los hijos de Dios tenemos el Deber de cortar todos los hilos por
los que el Estado se arma para combatir la Justicia Divina que se descubre en
quienes esa Imagen es más fuerte que su propia vida. Como en su día la
Separación Estado-Iglesia demostró ser uno de los pilares de la Civilización,
en el nuestro la Separación Estado-Ejército es, a la vista los hechos, una
Necesidad de Justicia: revolucionaria e irreversible, es decir, el Derecho
Natural Divino establece:
Artículo
Treinta y seis: La Ley de la Justicia
Que todo
sacerdote que haga apología del crimen ordenando cárcel o muerte contra quienes
sus ideas disientan de las suyas sean llevados ante la justicia humana para
responder de su delito de incitación al crimen. Los hijos de Dios tenemos el
Deber de expulsar de la Iglesia de nuestro Padre a todos los siervos que,
contra el Espíritu de la Justicia Divina, se alzan en inquisidores y
ejecutores, sea directa o indirectamente, de quienes, según su entendimiento,
han errado el camino. La Palabra de inteligencia y
sabiduría es la única arma que alzó Cristo contra quienes querían crucificarle,
y esta, la palabra, es la única arma que hemos heredado, hijos y siervos de
Dios. Por esto dice la Escritura que al principio Dios creó al hombre desnudo.
Pero aquellos que se armaron para combatir la palabra del hombre con fuego no
son de Dios, aunque entrasen en la Casa de Dios y, usando sus medios se
elevasen hasta lo más alto en la escala de sus siervos, ésos no fueron nunca de
Dios.
LAS
BIENAVENTURANZAS: LA FUENTE DE LA VIDA
I
La
semilla que el Hijo de Dios vino a plantar en el ser humano ha dado su fruto.
¿Qué somos? lo sabemos. ¿Qué fuimos? también. ¿Qué seremos? lo que nunca
dejamos de ser, hijos de Dios.
Muchas
fases ha dejado atrás la Vida, a través de muchos saltos dimensionales la
evolución de la Vida en la Tierra ha realizado su viaje en el Tiempo; su meta
estaba al otro lado del último salto evolutivo a cuyo borde se colocó el Género
Humano un día, hace unos seis mil años atrás. Entrábamos en la última recta,
nos habíamos puesto de rodillas para coger el impulso que había de conducirnos
a la última dimensión: la naturaleza de los hijos de Dios, cuando un pie
maligno nos puso la zancadilla y un puño asesino aprovechó la ocasión para
molernos a golpes.
La
Serpiente que en su odio al espíritu de Dios lanzó contra el Hombre la lanza de
la traición, aunque nos dejó en el suelo como muertos no pudo arrebatarnos la
venganza. Moribundos, pero no muertos. Este fue el gran error de la Bestia. Nos
dejó sin conocimiento, sin fuerzas, aturdidos por los palos, sin
conciencia...pero aún vivos. Para su eterna desgracia y nuestra maravillosa
suerte sobre nuestro cuerpo caído juró un Dios por su Gloria que así se vería
nuestro enemigo, con una diferencia, EL no dejaría moribundo a aquel sobre el
que caería como una maza su puño. El Guerrero que bulle en el Gran Espíritu
Divino al Cielo levantó su Voz y desde su cólera profética juró por su gloria
bendita gozarse sobre los cadáveres de sus enemigos:
“Ciertamente yo alzo mi al cielo mi mano y
juro por mi eterna vida: Cuando yo afile el rayo de mi espada y tome en mis
manos el juicio, yo retribuiré con mi venganza a mis enemigos y daré su
merecido a los que me aborrecen, emborracharé de sangre mis saetas y mi espada
se hartará de carne, de la sangre de los muertos y de los cautivos, de las
cabezas de los jefes enemigos. Regocijaos gentes, por su pueblo, porque ha sido
vengada la sangre de sus siervos, y hará la expiación de la tierra y de su
pueblo”, palabra de Dios.
¡Guerreros!
hoy es día de fiesta, la hoguera arde, sus chispas saltan alegres al son de los
tambores de la victoria. Venid y sumaos a la danza de los valientes, venid a
celebrar la Victoria saltando alrededor de las llamas, cantando “¿dónde está el
fantasma de Gog y dónde los colmillos de Magog el fuerte?”.
Saltad
alegres, regocijaos a pleno pulmón, batid brazos al viento de las alegrías
perpetuas. Recordad lo que fuisteis, rebaños masacrados por el príncipe de las
tinieblas, pasto de sus ejércitos; quien devoraba la más rolliza, quien la más
tierna. Treinta monedas de plata por el pastor, ni tres céntimos por oveja.
El César
de turno haciendo de su estrella espada afiló la hoja contra las cabezas de
nuestros padres. Huérfanos, no teníamos a nadie que nos defendiese. Éramos como
niños abandonados en la selva en tiempo de hambruna, pasto para bestias. ¿El
horizonte...? ¿Qué futuro había después del César?
Entre las
constelaciones del universo la luz de la Tierra se apagaba en la oscuridad bajo
un velo de lágrimas nebulares: Ay mi corazón que se me parte -se lamentaban las
Pléyades, mi núcleo que se me muere de frío -lloraba Orión.
Guerreros,
no éramos nada, éramos todavía menos. Éramos lo que no había, un calvario de
pueblos crucificados a los dioses del siglo. No crucificaron a Cristo. Nos
crucificaron a todos nosotros. Que nos matasen los judíos o los romanos ¡qué
importancia tiene!
Guerreros,
hermanos en el Gran Espíritu que un día para la eternidad se cernió sobre las
Aguas de nuestro Universo, hoy es día de victoria, hoy es día de fiesta.
Aquella criatura que Dios creara desnuda, sin conocimiento de la Guerra, está
al presente vestida de guerra hasta los dientes. Oíd su Voz, la Voz del Jefe de
los ejércitos, el Verbo del Dios del Infinito y la Eternidad. Su Voz es como un
torrente manso que alivia las tierras de una sequía de setenta años, como el
canto de la leche de la vaca después de los siete años de escasez y plaga, como
el beso del Sol a una Tierra desesperada por la muerte de sus hijos, como el
coro de los pajarillos en el naranjo de mi jardín.
Guerreros,
hijos de la Tierra, imagen y semejanza de vuestro Creador, firmad conmigo esta
promesa para la eternidad: A Dios todopoderoso nuestro Creador levantamos
nuestra voz y por nuestra vida juramos delante de las estrellas y sus hijos
que, como Ayer, Hoy estamos a sus pies para labrar su Paraíso y por la
eternidad atrapar al vuelo la espora de la Cizaña maldita, antes que llegue al
suelo, antes que encuentre seno en la tierra, antes que eche raíces, mientras
planea buscando pensamiento donde poner sus infernales huevos. Este es el
Juramento de Cristo y de toda su Casa. Sellémoslo bailando al son de los yambés de la Paz.
Esta es
la historia del drama de la Humanidad. A esta historia se reduce el drama del
Género Humano. Una palabra lo define mejor que ninguna: Ignorancia.
Ignorancia
es la palabra que define la Historia de la Humanidad desde Adán hasta
Jesucristo, y desde Jesucristo a nuestros días. Y sin embargo porque hubo
Ignorancia hubo Redención, y porque hay Ignorancia hay Esperanza. A la
Ignorancia debemos remitirle nuestros terribles errores, nuestras horribles
guerras civiles, nuestros crímenes sin número y nuestro comportamiento a imagen
y semejanza de la Bestia que soñó poner a Dios de rodillas.
Sólo
fuimos un peón en la partida de ajedrez de otros, el escenario para una guerra
que pilló a todo el mundo por sorpresa y a nuestro mundo por carne de cañón.
¿La estrategia del Diablo? Sus fines, principios y sus medios eran simples y
claros como el agua. Supuesto el caso que al comprometerse a crear al Hombre a
su imagen y semejanza Dios se hubiera metido en un agujero negro del que sólo
podría salir abandonándonos a nuestra suerte, y abandonándonos Dios declararía
su imposibilidad para cumplir su Palabra, desde esta renuncia, por aquel
supuesto abandono y con toda la razón del mundo, el Verbo no podría imponer su
status de “Palabra de Dios”.
Si Dios
dijera y no hiciera, los fundamentos de este status divino de su Verbo perdería
toda consistencia y no habiendo podido demostrar su Omnipotencia la Palabra de
Dios tendría que aceptar el status de relatividad que pretendía darle el
Diablo. Una vez esto asumido, que Dios es Dios, pero que a veces también se le
tuercen las cosas y no siempre su Voluntad se cumple, el paso siguiente, efecto
inmediato de la inconsecuencia antes destacada, sería la abolición de la
relación entre el Espíritu Santo y Dios, paso por el que la Creación, estando
sujeto su Creador al error, no podría ser juzgada en base al error innato que
por esta falla teológica heredarían las criaturas. El Cielo -concluyendo- no
podría darle la espalda a la vocación eterna del Diablo: la transformación del
Universo en un Olimpo de dioses todos más allá del Bien y del Mal.
El
argumento del Diablo, sistema de pensamiento maligno que lo condujo a
intervenir en el Edén, primero, y en Jerusalén, después, no se sostuvo delante
del Tribunal de los hijos de Dios porque carecía de peso.
¡Dios es
Infalible!
En verdad
todas las criaturas del Universo, del Cielo como de la Tierra, estamos sujetas
a error y de aquí que necesitemos un código de conducta que nos señalice el
peligro y nos aleje de la equivocación.
Deducir
de esta afirmación de falibilidad de todas las criaturas la falibilidad del
Creador es una hipótesis maligna condenada a la basura, primero por no basarse
en los hechos, ya que la Caída no demuestra la Falibilidad Divina sino la
locura del que se atrevió a poner en práctica su teoría infernal. Y segundo
porque para sostener este argumento sobre una base firme que pueda ser aceptada
delante de un tribunal se debe primero, ante todo y sobre todo, demostrar la
Igualdad entre las dos partes sujetas a deducción.
Cualquier
inteligencia mínimamente formada en los principios del pensamiento lógico sabe
que lo creado no puede ser jamás igual a su creador. Pretender sin esta
Igualdad ontológica sostener el argumento anterior es pasar por alto los
principios básicos de la inteligencia universal, y aboliendo sus fundamentos
ejecutar una acción vírica de sustitución de sus leyes internas, esas leyes por
las que se rige la constitución del mismo cuerpo cósmico. Ninguna criatura
inteligente, hijo, hermano, amigo, o siervo de Dios puede aceptar la
Falibilidad del Creador partiendo de la falibilidad de la criatura, ni la
Infalibilidad de la criatura tomando como punto de referencia la Infalibilidad
del Creador.
Su propia
infalibilidad, contra la Falibilidad de Dios, era el punto adonde quería llevar
el Diablo su argumento. Así que si locura es creerse Infalible tomando como
referencia la participación en el espíritu del que sí lo es, locura que a la
Ignorancia debemos remitir, la ejecución maligna de un programa de implantación
infernal de la Infalibilidad personal sobre la Falibilidad Divina, acción que
el Diablo llevara adelante en el Edén primero y en Jerusalén después, ¿qué
sentencia se merece de nuestra parte?
Esto
sería Teología -supongo. Pero yo no soy teólogo. Así que difícilmente puedo
hacer teología. La respuesta está en el hombre que un día, en la cima de un
monte esperó al Bestia que asesinara a su hermano pequeño, Adán, y mirándole a
los ojos, le dijo: “Apártate, pero no te vayas muy lejos que tengo que
aplastarte el cráneo”.
Por esto
digo que Hoy es día de fiesta, día de aleluyas. Desde la distancia de los
milenios, como quien aparta una montaña del camino de una generación que viene,
el Hijo de Dios nos contempló en las entrañas de la Historia y nos llamó a la
Vida. Dos mil años después estamos aquí, nuestras piernas sobre las dos orillas
del océano, abriendo una Nueva Era, caminando una Nueva Fase del Camino,
haciendo el camino golpe a golpe, como los buenos, como los de siempre, cada
día un poco más cerca del Monte de la Sabiduría.
Viendo a
la muchedumbre, subió a un monte, y cuando se hubo sentado, se le acercaron los
discípulos, y abriendo El su boca, les enseñaba, diciendo:
“Bienaventurados
los pobres de espíritu porque de ellos es el reino de los cielos”.
Nosotros,
criaturas de barro, que un día chapoteamos en las entrañas de las aguas del
océano, al otro hicimos el camino a los árboles, al siguiente nos pusimos de
pie imponiendo nuestra ley en la selva, y al otro nos vimos desheredados de
nuestro mundo, extranjeros en nuestra tierra, perseguidos como alienígenas en
nuestro propio planeta, expulsados de nuestro paraíso como quien es desterrado
de un universo ajeno, desde entonces a la búsqueda del camino de regreso,
nómadas del espíritu, nosotros que perdidos en las tinieblas no encontrábamos
el camino vimos brillar en lo alto de un Monte la Luz y corrimos como locos al
encuentro de nuestro Rey. No venía EL a nosotros con espada y escudo, lanza y
hacha dispuesto a cortar cabezas y miembros; la cabeza para los perros, los
miembros para las ratas. Si así hubiera venido no lo hubieran crucificado. Lo
despreciaron por lo que Le amamos, lo odiaron por lo que Le adoramos, por venir
desnudo, sin armaduras ni ejércitos, como aquel Adán cuya desnudez le costó la
corona, y a nosotros la ruina. ¿Qué haréis conmigo? “¿Qué haremos con nuestra
hermana cuando un día se trate de ella?”.
¿Y sin
embargo qué es la pobreza de espíritu? ¿Ser pobre de espíritu es ser
analfabeto? ¿Ser pobre de espíritu es no tener conocimiento de ninguna clase?
Cuando nuestro Maestro le dio por herencia su reino a los pobres de espíritu
¿de quiénes estaba hablando? ¿De Einstein? ¿De Newton? ¿De Darwin? ¿De Marx?
¿Qué será la pobreza de espíritu?
¿Será la
infalibilidad y el todopoder de quien tiene a sus
pies el Cuerpo de Cristo y no puede errar ni ser juzgado? ¡Qué modelo de
pobreza de espíritu para todos los siervos de Cristo! ¿O será la pobreza de
espíritu la del Sócrates que sólo sabía que no sabía nada pero siempre estaba
abierto a conocer cada día más?
¿Será la
pobreza de espíritu esa cualidad natural de la Creación por la que las
criaturas se mantienen, como los Discípulos alrededor de Jesús, alrededor de la
Omnisciencia de su Creador para continuamente crecer en inteligencia y
entendimiento? ¿Será una declaración formal por la que la creación y sus
criaturas nos reconocemos eternamente Discípulos de Dios, a la luz de cuya
Infinita Sabiduría crece por la eternidad el árbol de nuestra Inteligencia?
Siempre aprendiendo, siempre creciendo en toda clase de ciencias, siempre
deudores de la Luz que alimenta con sus rayos las ramas del árbol de nuestro
Conocimiento.
Si somos
inteligentes será porque Él nos ha hecho, si somos sabios será porque Él le ha
sumado conocimiento al conocimiento. Seamos lo que seamos somos lo que nuestro
Creador ha querido que seamos. Y eso somos. Ni más ni menos. ¿Será “la pobreza
de espíritu” esa cualidad que nos permite sentarnos alrededor del fuego para
mediante el diálogo entre todos enriquecernos a todos?
Hermano,
amigo, ¿lo has entendido?
Si no,
ven, siéntate a mi lado y escucha palabras de Sabiduría.
II
Contra el
orgullo, Humildad. Entre las raíces del mal el orgullo figura en primer lugar
junto a la envidia, y tal vez como causa de la envidia en las páginas de la
Biblia. ¿Quién no ha sido orgulloso alguna vez y se ha encerrado en su postura
no admitiéndole “ni a dios” cosa alguna? Pero esta postura de encabezonamiento
no sería el orgullo propiamente dicho. El orgullo sería más bien aquella
postura del Diablo por la que se negó a aceptar que el Hombre, “aquel mono
desnudo”, fuese a heredar de su Creador sabiduría sin límites para gobernar
todas las almas. ¿No se merecía ese poder y gloria él, un hijo de Dios, sangre
de dioses, casta divina? Y la envidia lo condujo al crimen.
El ciclo
evolutivo del orgullo no podía ser más abominable a los ojos de un Padre cuyo
hijo había sido asesinado por el fruto de ese árbol maldito.
La
Historia de la Humanidad está cargada de los crímenes innumerables cometidos
por los hijos de las castas elegidas, las sangres azules, las razas superiores,
perfectas, nacidas para recibir el poder de las alturas. Sea el sistema de
castas occidental, con sus jerarquías aristocráticas, o el oriental, con su
sistema de castas sagradas, el orgullo y no la verdad es la raíz de tales
estructuras antinaturales.
La Humildad, por tanto, esa pobreza de
espíritu a la que se refiere Nuestro
Cristo en su Doctrina, es la riqueza del universo, el principio de su garantía
de subsistencia ad eternum. Siendo la Humildad
administradora de todo en nombre del Creador de todos para el enriquecimiento
de todos, la Humildad ofrece su fruto, la vida, mucha vida, vida en abundancia,
sin envidia de nada ni de nadie, pues al Creador de todos le debemos hasta el
último pelo que tenemos, cuánto más el Conocimiento. No siendo nada nuestro
sino que todo lo administramos en bien de todos ¿cómo se podrá envidiar lo que
está fuera del alcance de todos? La doctrina contraria presupone que lo que
Dios da le pertenece a quien lo recibe y desde este derecho de propiedad se
puede hacer uso de lo que se tiene de acuerdo a la voluntad propia. De manera
que si Dios da en propiedad, y no para su administración, ¿el que tiene menos
por qué no va a envidiar al que en su opinión tiene más? Lamentablemente por
este camino aquél que un día fuera hijo de Dios acabó envidiando al Hijo de
Dios. Lamentable pero irremediablemente tal es el fin natural de ese camino, lo
extraño sería que andándolo se acabase en otro lugar diferente al Infierno. En
cuanto a nosotros hablando sobre la naturaleza administradora de la Fe, la
doctrina apostólica abunda en textos, así que no voy a cargar demasiado sobre
el hecho de la naturaleza participativa del espíritu del Verbo aunque, a tenor
de los hechos históricos, ninguna carga parezca demasiada pesada.
Bienaventurados
los mansos porque ellos poseerán la tierra
¿Qué es
la Mansedumbre según Jesucristo? ¿Será una cualidad semejante o parecida a ese
idiotismo por el que el rebaño -llamémoslo la masa- sigue hasta el mismo
precipicio a sus pastores -llamémoslos sus líderes? ¿Será la mansedumbre
jesucristiana la renuncia a la inteligencia que ilumina nuestro pensamiento y
nos hace libre a imagen y semejanza de nuestro Creador? ¿Qué será esa
Mansedumbre? En el caso positivo (caso rebaño-masa, pastores-líderes)
Jesucristo no fue precisamente un modelo de Mansedumbre. A nadie se sometió en
razón de la autoridad que viene de la tradición ni aceptó ser la oveja de
ningún líder en razón de los hábitos sagrados. Desde esta plataforma
contemplado el Maestro fue todo lo contrario de una de esas ovejas que los
líderes conducen a los verdes prados del paraíso de la felicidad
revolucionaria. ¡Gracias a Dios, que somos todo lo contrario! La historia
universal es generosa en pruebas, demostraciones, argumentos y hechos; generosa
hasta la saciedad incluso. Sus lecciones no tienen flecos. Sus conclusiones
tampoco. Todos los líderes revolucionarios que la humanidad ha conocido, sin
excepción, acabaron conduciendo al infierno a los rebaños que pusieron en sus
manos sus almas. Y es que si es malo vender a Cristo, que está en nosotros, no
menos bueno es vender el alma al Diablo.
No seamos
entonces revolucionarios por moda ni utópicos por romanticismo.
¿Qué será
pues la mansedumbre jesucristiana? ¿Cómo llegaremos a sus entrañas, cómo nos
internaremos en su núcleo para ver el pálpito del corazón del Maestro bombeando
vida eterna? ¿Le entramos por el método de los contrarios aprovechando que
estamos en los intestinos de la Ciencia del bien y del mal? ¿Así pues, qué
cualidad será la contraria de la mansedumbre jesucristiana?
Mansos
como los corderos que se alimentan de la tierra sin negarles a los demás el uso
y disfrute de lo que la tierra ofrece libre y generosamente.
¿Habremos
dado con el núcleo sin necesidad de hacer el peligroso y largo viaje al centro
de la Tierra? ¿No será la mansedumbre jesucristiana esta propiedad del espíritu
por la que se le reconoce la Propiedad sobre todas las cosas a su Creador y el
Derecho del uso y disfrute de los bienes de la Creación a todas sus Criaturas?
¿Qué ser inteligente de este mundo o de cualquier otro se negaría a firmar esta
definición de la mansedumbre divina? “¡¡Todo para todos, todo de todos, y Todo
de Dios!!” ¿Por bonito será mentira? ¿Entonces la belleza y la verdad caminan
por caminos diferentes en el universo? ¿Si así fuera o fuese cómo será que la
admiración, el acto de maravillarse, estuvo en el origen de la Ciencia una vez
que la belleza y la Verdad no son las dos caras de la misma moneda? ¿Acaso el
título de Señor que la Creación le atribuye a su Creador no representa una
Mansedumbre Positiva frente a esa mansedumbre negativa transformadora de la
Libertad de los hijos de Dios en un sistema de pensamiento encadenado a los
intereses jerárquicos y de castas de quienes tienen por gloria la doctrina de
la Bestia?
¿Y qué
fin y principio tendrá la doctrina de la Bestia sino convertirnos a todos en
animales y bestias, ecce homo político?
Y sin embargo ¿cómo puede renunciar Dios, Creador de todas las cosas, a su
propiedad en beneficio de una parte de sus criaturas y en perjuicio de la otra?
Concluyendo: Es natural que esos individuos para quienes el Derecho de
Propiedad de Dios sobre toda su Creación acaba donde empieza el de ellos
estimen que la Mansedumbre Jesucristiana es la esclavitud a sus doctrinas
privadas, cuyas leyes tienen un fin: privar a las demás criaturas del uso y
disfrute de la parte que les pertenece. Apuntillando: “Todo esto te ofreceré si
de rodillas me adoras”.
III
Bienaventurados
los que lloran porque ellos serán consolados
La
pregunta es obvia y nunca será nimia. Desde que venimos al mundo el llanto es
nuestra primera palabra. Así que ¿hemos nacido para llorar? ¿Fuimos creados
para arrancarle al universo una lluvia de lágrimas?
El
argumento de la creación no es más radical ni menos exigente porque no se le
pueden pedir peras al olmo. Pero la verdad está de la parte de quien la tiene:
difícilmente hacen falta dos cucharas para un plato vacío. Las lágrimas en el
río no dejan huellas, ni los pies del fugitivo en el fondo del mar. ¿Qué
pañuelo hará falta para secarle las lágrimas a un universo entero? ¿Quién
ignora que en la ignorancia está la felicidad? Mientras menos sabe el hombre
sobre lo que pasa en su mundo, más es como las bestias, y menos como un hijo de
Dios. Tal vez por esto había que transformar el medio de comunicación por
excelencia, la televisión, en la famosa caja tonta: Contra las lágrimas ríase
con la desgracia ajena. Mal consuelo contra el SIDA inventaron sus creadores.
Había otro medio para combatir lo que ellos crearon, pero era mejor
exorcizarlos, convertirlos en herejes, sujetos de anatema, los caídos bajo el
cuarto caballo del apocalipsis, la peste de las pestes.
No
miremos sin embargo atrás para criticar lo que se hizo.
El mundo
del siglo XX, como aquella ciudad sujeta a olvido, perece, y correr el riesgo
de convertirse en estatua de sal no merece la pena, menos aún Hoy que por fin
se ha consumado “la expectación de la creación entera” y en el horizonte se ha
abierta la puerta del mundo al que caminábamos.
¡¡La
entrada es ya un hecho invencible!!
Lo
cierto, de todas maneras, es que si el destino de la Humanidad que un día un
hombre con su Caída escribió en las páginas de la historia universal es conocer
la Ciencia del bien y del mal, ese destino ya se ha cumplido.
Quien no
se ha enterado de las leyes de esa Ciencia y sigue ignorando sus principios y
sus fines, como el dinosaurio condenado a perecer por su incapacidad para
seguir evolucionando, se condena a quedarse atrás mientras los hijos de Dios
hacemos nuestro camino lejos de este infierno maldito. Las leyes contra el
Derecho Natural Divino son las que establecieron el mundo tal como lo hemos
conocido. Que el mundo de los hijos de nuestros hijos esté establecido sobre el
Derecho Natural Divino depende sólo de nosotros.
Y quiera
Dios, Nuestro Padre que está en los
Cielos, que las únicas lagrimas que broten de las generaciones que nos seguirán
sean lágrimas de alegría, felicidad y júbilo. Porque Bienaventurados son los
que lloran; pero ay, de los que hacen llorar, y no se detienen a la hora de
ponerse de rodillas ante Satán, se lavan las manos en la sangre de los pueblos
y venden su alma al diablo por ser dios por un día.
Como
detener las lágrimas de los que lloran es cosa de todos, detener a quienes las
hacen brotar es un Deber Universal en el que todas las generaciones del Género
Humano necesitan recibir Formación Intelectual a la imagen y semejanza del
Autor de estas Bienaventuranzas: JESUCRISTO.
La Paz no
es una concesión de una organización criminal, sea política o religiosa, la Paz
es el Fruto del Árbol de la Vida, y la Vida tienen un Nombre: JESUCRISTO.
Que Su
Imagen viva en El Ser del Hombre, Sí es un Milagro. El hombre que rechaza abrirle su Ser, rechaza al Hombre creado por
Dios; y nadie que no tenga en su Ser la Imagen del Primogénito de Dios es
llamado hijo de Dios. Unos son templo para Su Imagen, otros somos Castillo y
Fortaleza; otros un simple Hogar en el que el fuego es el calor de quien se nos
dio a conocer con su Nuevo Nombre : JESUCRISTO.
IV
Bienaventurados
los que tienen hambre y sed de justicia porque ellos serán hartos
¿Qué es
la Justicia? ¡Justicia! aquí tenemos una buena palabra.
Posiblemente
no sea la primera palabra que el hombre aprendió a pronunciar cuando su
lenguaje dio el salto evolutivo del gutureo animal a
la vocalización netamente humana.
“Antes de
la Ciencia fue la Religión”. Nada nuevo bajo el sol. Dios fue la primera
palabra pero no la última. En esta bendición Jesucristo compara la Justicia a
un alimento, a la lluvia que nutre árboles y plantas. ¿Se come la Justicia? ¿La
Justicia engorda? ¿Se bebe? ¿De qué Justicia semejante a la luz para las
plantas, al aire para los pájaros y al pan para el hombre está hablando nuestro
Maestro? ¿La Justicia sacia? ¿Pero la Justicia no es esa Madame con la venda en
los ojos y el platillo en la mano sopesando por el color del dinero sobre quién
descargará el rayo de su ira? ¿Qué será lo que sacia la Justicia? ¿Puede un
hombre quedarse esquelético y hasta morirse de hambre y sed de justicia?
De nuevo,
¿qué es la Justicia? Hubo una vez un emperador que sorprendió a uno de los
jueces de su Corte vendiendo sus sentencias y en castigo le hizo arrancar la
piel a tiras, luego cubrió con ella el sillón que profanó e hizo que ocupara su
lugar el hijo de semejante bandido de la peor especie. ¿Hizo ese rey un acto de
justicia? Al ladrón le cortaba la mano, al asesino le cortaba la cabeza, pero a
aquél siervo de su corona le aplicó un castigo infinitamente más duro, ¿por qué
sería? ¿Por qué quien mataba sin mancharse las manos y permanecía como
inmaculado a los ojos de todos se mereció un castigo infinitamente más grande
que el que fue encontrado con las manos llenas de sangre?
¿Es ante
la Justicia Divina infinitamente más culpable la cabeza que planea el asesinato
que la mano que aprieta el gatillo?
¿Es ante
la Sabiduría Divina infinitamente más infernal quien se esconde detrás de ritos
sagrados para cometer sus crímenes y lava sus monstruosidades en la Túnica de
Cristo que quien es sorprendido en su delito a la luz del día y no mancha la
gloria de Dios con la sangre que derramó?
San Pablo
dijo una vez que sus verdades se verían el día que Dios juzgase a cada cual por
sus delitos. Lo mismo digo, el día del Juicio se verá quien es siervo y quien
hereje, Savonarola o Alejandro VI. Pero como el juicio de la Casa de Dios
empieza por los de Casa no nos privemos de defender la verdad contra la
mentira.
Hay pues
dos tipos de Justicia. La primera es animal y forma parte del esqueleto de la
Ciencia del bien y del mal. Este tipo de justicia se compra y se vende. Y hay
una Justicia Divina, cuyo cuerpo articula la columna maestra sobre la que Dios
levantó todo el edificio de su Reino.
Nadie
piense que puede comprarse o venderse la Sentencia del Juez Divino. Cada cual
es juzgado por sus obras, palabras y pensamientos. “YO no he venido a juzgar a
nadie; las obras que cada uno hace serán su juez”
Quien
hace sus obras a imagen y semejanza del Hijo de Dios, tendrán al Hijo de Dios
por Hermano, Padre y Señor. La vida eterna en el Paraíso de Dios es su Destino.
Quien las
hacen a imagen y semejanza de aquel hijo de Dios que quiso ser un dios más allá
del bien y del mal, Satanás, tal que si
fuese un dios más allá del bien y del mal, su Gloria en la Guerra, tendrá a
Satanás por rey y señor en el Infierno del Destierro eterno de la Creación.
JESUCRISTO
vino a darnos a elegir y a enseñarnos a elegir lo mejor, lo mejor es EL, pues a
SU Imagen y semejanza creó Dios al Hombre.
Quien no
tiene en su Ser Su Imagen no es Hombre, es una bestia. O pega el último salto
evolutivo: De la vida animal a la vida a imagen y semejanza de JESUCRISTO; o
perecerá como perecen las bestias, regresan al polvo y no conocen resurrección.
V
Bienaventurados
los misericordiosos porque ellos alcanzarán misericordia
La Verdad
no está reñida con la Justicia; al contrario, sin la Verdad no hay Justicia. Por esto a la hora
de dar testimonio el testigo declara ante el tribunal decir “la verdad, toda la
verdad y nada más que la verdad”.
Llegar al
conocimiento de la verdad es ser tan importante para la Justicia como en su día
lo fuera para la Ciencia descubrir la verdad, punto de encuentro donde ambas se
miran en el espejo de la Realidad Universal y adquieren conciencia de ser
ambas, Ciencia y Justicia, las dos caras del mismo rostro, el espíritu del
Hombre.
Teniendo
misericordia con ella, la Justicia sin la Verdad es una gran farsa; sin tener
misericordia de ella, la Justicia que vive en la Mentira es una gran ramera, la
peor de todas ,una vez visto cómo se acuesta con no importa qué sistema.
E
igualmente, hablando misericordiosamente, la Ciencia sin la Verdad no es más
que la magia del todopoderoso Merlín puesta al servicio de reyes e imperios;
yendo a saco, sin misericordia, la Ciencia sin la Verdad es madre de monstruos
infernales sin más bandera que el homicidio ideológico de la evolución natural,
en nombre de cuya sacra Biblia de Satán la Ciencia se acostó lo mismo con
Stalin que con Hitler. Como la ramera que sin amor vende sexo, tanto la Ciencia
como la Justicia sin la Verdad son enemigas de la Humanidad, y tienden a su
destrucción.
Pero si
misericordia es callar la Verdad Universal, mantener el Sello de la Ignorancia
en la Puerta de la Sabiduría, entonces
el primero que no fue misericordioso sería el propio Jesucristo; razonamiento
absurdo suicida que por ser científico no es menos genocida.
¿Así que,
de qué Misericordia se está hablando? Dicho de otra manera, misericordiosos:
¿hasta qué punto? ¿Y con quién? Aún más ¿qué es la Misericordia? ¿Qué cualidad
propia de la Ciencia del bien y del mal le corresponde por contrario? ¿Cuándo
se debe ejercer o se ejerce la misericordia? O sobre quién se extiende en toda
su propiedad: ¿sobre la criatura inocente que sin defensas se muere a la vista
de quien puede darle la vida? ¿Sobre el hombre cuyas espaldas los palos le están
llevando al total martirio y se pide piedad, porque la dureza del castigo
sobrepasa el tamaño de su delito?
Pero si
no hemos descubierto qué sea la misericordia sí hemos visto la cualidad
contraria que impide su ejercicio: la crueldad, la dureza de corazón.
¿Misericordia para quien nada en la abundancia o para quien sólo pide vivir de las
migajas que se le caen al rico Epulón de la mesa y llenan las bocas de sus
perros? ¿Misericordia para el rico Epulón o para el pobre Lázaro? ¿Misericordia
para el Tercer Mundo o para el Primer Mundo? ¿Misericordia para los decenas de
miles de víctimas de las dictaduras impuestas por las superpotencias o para las
víctimas que cayeron en respuesta? ¿Misericordia para el Hombre o para el
Diablo? ¿Misericordia para el pobre que cogió un pan para sobrevivir o
misericordia para el poderoso que robó riquezas y sorprendido se esconde en los
Palacios y los Congresos de los Diputados? ¿Tuvo la Revolución Francesa
misericordia de los reyes de París? ¿Tuvo la revolución Comunista misericordia
de los emperadores de Pekín y Moscú? Y sin embargo ambas Revoluciones
ejercieron Justicia. Ambas triunfaron gracias al derecho de la Verdad. De manera
que ¿qué es la Misericordia?
¿Será más
misericordioso el hombre que da una segunda oportunidad, que quien a la primera
deja caer todo el peso de la ley? ¿Por qué es menos misericordioso quien pasa
de largo ante el perro que se muere? ¿Quién acorta la agonía es más
misericordioso que quien la sufre? ¿Es misericordia amar al extranjero y odiar
al prójimo?
“Padre,
perdónalos porque no saben lo que hacen”. Aquí está la Misericordia.
Perdonarnos los unos a los otros, las naciones a las naciones, cerrar el Pasado
y abrir el Futuro en una Unidad Invencible fundada en un mismo Espíritu, que vive en el Alma Universal de todos para hacer de cada hombre una hoja
del mismo árbol, un racimo de la misma Viña, una célula del mismo Ser Vivo.
Luchar contra esta Unidad Divina del Ser Humano Universal es declararle la
Guerra a Fios, arrodillarse ante Satanás y condenar a JESUCRISTO.
Cada cual
será juzgado por sus obras. Dios no nos envió a su Hijo para juzgarnos, sino
para enseñarnos a elegir entre el Bien y el Mal.
VI
Bienaventurados
los limpios de corazón porque ellos verán a Dios
Lo más
contrario, o simplemente lo contrario a esta condición para ver a Dios es el
dicho popular: Piensa mal y acertarás.
O aquel
otro: el ladrón piensa que todo el mundo es igual a él.
Bajo el
gobierno de una mentalidad semejante el destino de todos sería la locura
paranoica del que se identifica con el Estado o con la Iglesia o con la
Democracia y tiene en la demonización de la oposición el método estructural de
conducta.
Cuando
Dios creó al hombre la Idea que proyectó sobre el Universo fue la de una
criatura inmunizada contra cualquier tipo de manipulación bidireccional, o
transversal, inmune por su inteligencia
a la manipulación por el pensamiento de un tercero, e incapaz, por su
sabiduría, de manipular a su prójimo, en suma: limpio de corazón a imagen y
semejanza de JESUCRISTO.
Esta
limpieza de corazón, por la que Dios no podía creer que un hijo suyo se
atreviera a declararle la guerra a su Reino fue nuestra Cruz, que su Hijo en
persona vino a cargar sobre sus hombros, contra el Judaísmo declarando locura
la creencia de los judíos de ser el Diablo, la Serpiente antigua, Satán, el
enemigo de Dios y la Humanidad, un siervo de Dios, y contra el Diablo al
declarar contra su Cabeza sentencia de Destierro eterno del Reino de Dios por
el crimen de Rebelión Invencible contra el Espíritu Santo.
VII
Bienaventurados
los pacíficos porque ellos serán llamados hijos de Dios
La
experiencia manda. Los hechos obligan. Las circunstancias exponen. Dios
dispone. Y el hombre hace lo que puede. Poco más se puede decir sobre las cosas
que han tenido lugar en la Tierra durante los últimos seis mil años. El Género
Humano lleva en guerra civil una semana de mil años por día. ¿No es hora de que
también nosotros descansemos al séptimo día? ¿O llevaremos las cosas hasta la
guerra civil total, esa tercera guerra mundial a la que hasta hoy le hemos dado
el esquinazo pero que en cualquier momento puede llamar a filas?
Vistos
los resultados de la Caída de Adán y su Mundo pocas dudas caben al respecto, el
fruto prohibido era, es la Guerra.
La
Guerra, sin ningún género de duda, es el resultado del choque entre formas
distintas de concebir la vida. Y el origen de esta diferenciación asesina nos
ha sido descubierto en la negación de individuos aislados a aceptar la
Estructura de la Realidad Universal acorde a los fundamentos establecidos por la
Sabiduría del Creador del Universo. Por alguna misteriosa operación
psicopatológica algunos individuos sufren la locura de querer crearse su propio
universo, y, en su demencia asesina, se lanzan a la destrucción del existente
como vía de satisfacción del que nunca tendrán porque sólo existe en su locura,
pues es el producto de su patogénesis intelectual. En semejantes brazos nos
arrojó a todos la Caída de Adán, bajo las botas de semejante demencia nos
colocó a todos la Duda del Mundo Moderno.
¿Cuál es
el número exacto del soldado desconocido? Conocemos el de la Bestia, también el
de Cristo, pero curiosamente no conocemos el número que más nos incumbe, el de
los caídos bajo la guerra civil que asola nuestro planeta desde Abel a nuestros
días. Si es verdad que en el cielo hay más estrellas que hombres ¿esta cuenta
incluye a los muertos? En definitiva, ¿fue justo Dios al retirarse de la
dirección del Futuro de la Humanidad cuando por la Desobediencia a su Mandato
de un sólo hombre nos abandonó a todas las naciones al Imperio de la Guerra
Perpetua? ¿Por qué miles de millones de criaturas humanas tuvieron que sufrir
el castigo contra el pecado de un sólo hombre? ¿No hubiera sido más natural que
el pecador hubiera cargado con su castigo y su corona se le hubiera dado a
otro? ¿Qué impulsó a Dios a hacer gala de una crueldad sin límites? ¿Se puede
por el crimen de un sólo hombre arrasar una nación entera? ¿Qué justicia sería
una que ordenase la muerte de toda una familia por el crimen de un único
miembro de su casa?
Y sin
embargo Dios extendió el castigo por el delito cometido por un sólo hombre a
todas las naciones de la Tierra. La Corona de la Paz con la que la Tierra
esperaba ver al Género Humano ensalzado a la condición natural de los hijos de
su Creador, le fue arrancada de las manos y, en lugar de arrancársela Dios al
ladrón y devolvérsela a su legítimo dueño, el Hombre, se la dejó al ladrón,
que, coronado rey de la Tierra, convirtió a las naciones de nuestro mundo en
ejércitos de soldaditos de plomo para la diversión y entretenimiento de
criaturas nacidas en otros mundos. ¿Por qué? ¿Acaso era tan necesario que aquél
Niño del Edén aprendiera las artes y las ciencias de la Guerra y se convirtiese
con el tiempo en el guerrero más terrible jamás concebido, armado hasta los
dientes, en su mano la Vara Atómica del Poder Destructor más grande jamás
concedido? ¿Era necesario un camino tan largo para llegar a este punto?
¿Cuántas naciones ha visto la Tierra reducidas a polvo, con sus civilizaciones
y sus pueblos?
Y aún se
escucha el grito de la guerra, el aullido de los perros de la guerra aún
resuenan en el horizonte, los ecos de los tambores de la guerra aún hacen
bailar brazos y piernas. ¿Hasta cuándo? ¿Hasta que no quede ni un sólo indio?
¿Hasta que no quede ni un sólo cristiano? ¿Hasta que no quede ni un sólo judío?
¿Hasta que no quede ni un sólo ser humano?
VIII
Bienaventurados
los que padecen persecución por la justicia porque de ellos es el reino de los
cielos
Al
Principio Dios creó los Cielos y la Tierra. La Tierra estaba confusa y vacía y
las Tinieblas cubrían la faz del Abismo. Dijo Dios “Haya Luz”, y la Luz se
hizo... Esto es algo que hemos aprendido todos con el tiempo. Creo recordar que
un poco más adelante sigue diciendo la Biblia: “Este es el libro de la
descendencia de Adán. Cuando Dios creó al hombre, lo hizo a Imagen suya”. Dos
cosas entendemos de esta declaración. La primera el anuncio que hizo Dios sobre
el Libro que empezaba a escribir. No había escrito sino dos hojas y ya
anunciaba su intención de escribir un Libro. Como era el Autor sería el Libro. Ese
Libro a la vista de todos, todos podemos ver por la Obra a su Autor. La segunda
cosa que notamos es la naturaleza de la imagen a la que fue creado el Hombre.
No creó el hombre a la imagen de un demonio ni de un ángel, creó el hombre a la
imagen y semejanza de su Hijo.
Las
derivaciones de esta Declaración de Creación son revolucionarias e
irrenunciables. Revolucionarias porque teniendo Dios una Idea formada de la
Justicia la imagen de la Justicia que llevamos dentro, siendo Divina, es una de
las fuerzas motrices de la Historia, que encontramos, independientemente de sus
símbolos, en el núcleo de las revoluciones sobre las que nuestra Civilización
ha hecho su camino. Creados a la Imagen de nuestro Creador la impronta de su
Idea sobre la Justicia forma parte de nuestra herencia genética. Ahora bien, la
Idea de la Justicia Divina ha estado de siempre en conflicto cósmico con las
ideas particulares de los grupos de individuos que, desechando la Divina, la
suplantan por la suya en beneficio de ellos y los suyos. Así que, por lógica,
quienes corren detrás de esa Idea Divina, Innata en el Hombre, tienen que ser
perseguidos por la justicia de los que despreciando la de Dios, aunque buscaron
de siempre la forma de bendecir la suya y sus persecuciones por los sacerdotes
de Dios, tienen que ser perseguidos por ésos mismos contra los que nuestra
Civilización ha tenido que andar a base de revoluciones por su negativa a dar
un paso más adelante en la dirección de la fusión entre la Justicia Humana y la
Justicia Divina como núcleo de la Historia de las Naciones.
No hay pues
otro Camino para cerrar esa dinámica de guerras, revoluciones sangrientas,
genocidios, tiranías y dictaduras que volver los ojos hacia Dios nuestro
Creador y hacer del Espíritu de su Justicia la Fuente sempiterna de la Justicia
entre las naciones y los pueblos de la Creación. Visto que cada cual se inventa
una justicia, a la manera que los Antiguos se creaban dioses para justificar
sus guerras y sus delitos, el Futuro de nuestro mundo y el de la Creación entera
se halla en esta Fuente Divina, de la que surge la Vida a la Imagen y Semejanza
de nuestro Creador, vida intelectual cuya existencia tiene en el Espíritu de La
Sabiduría Social Divna su Fuente. Pues el Primer Ser Social que vive es el
propio Creador. El Acontecimiento de la creación de vida a su imagen y
semejanza nos descubre la Naturaleza Social de su Espíritu, que se hizo Hombre
en su Hijo para que no andemos perdiéndonos en imaginaciones sobre esa Naturaleza
Social Divina por la que el propio Creador gobierna su Ser. JESUCRISTO es la
Encarnación Viva de la Naturaleza Social de nuestro Creador: de aquí que su Ministro le dijera a la Madre: “Concebirás
por obra y gracia del Espíritu Santo”. Y la Esposa de CRISTO JESÚS sellara con
su Sangre: “DOS PERSONAS; UN ÚNICO DIOS”. Y Dios es Espíritu. Dos Personas, un
mismo Espíritu. Una misma Naturaleza Social Universal Sempiterna, sobre la que
finalmente dice el Espíritu Santo en sus Hijos: DIOS ES AMOR.
Y
cualquier palabra que le quite o le añada a este Declaración viene de la Muerte:
DIOS ES AMOR DE PADRE, el Amor más grande y fuerte que existe-
IX
Bienaventurados
seréis cuando os insulten y persigan y con mentira digan contra vosotros todo
género de mal por mí. Alegraos y regocijaos porque grande será en los cielos
vuestra recompensa, pues así persiguieron a los profetas que hubo antes de
vosotros
En efecto
cuando Dios se dispuso revolucionar la estructura de su Creación Viva trazó un
Plan Estratégico. A efectos prácticos digamos que Dios fabricó una bomba de
tiempo. Nadie sabía cuándo la Hora sonaría, cuándo la bomba explotaría y quién
en concreto sería el enemigo a reventar. Poco a poco estas respuestas se fueron
materializando, y a medida que más próxima se fue haciendo la Hora los efectos
de s”u explosión se fueron haciendo cada vez más
palpables. Dios lo había anunciado: Decretada está la destrucción de este pueblo”,
hablando de los judíos. Pero los judíos no podían creer que Dios fuera a
permitir que la bomba dirigida contra el Infierno fuese a destruir a su pueblo.
Faltos de Conocimiento sobre las causas del Conflicto Cósmico en el origen de
la Caída de Adán, los judíos no comprendieron que la bomba que habría de hacer
saltar por los aires el Mundo Antiguo y dar nacimiento a un Mundo Nuevo estaba
en lo más profundo del Templo, en el propio Tabernáculo. Fabricada por Dios
explotaría a su tiempo. La Revolución Madre de todas las revoluciones del
Futuro, el Cristianismo, era ya una realidad cósmica irreversible.
Siendo El
quien pusiera en movimiento el reloj del tiempo era natural que, siendo Moisés
su siervo y sus Leyes la antesala de la Revolución Cristiana, le enviara un
Ministro Suyo para hablar con él cara a cara. Pero cuando la Hora de la
Revolución Divina sonó, para hacernos comprender a todos, a los vivientes del
Cielo como de la Tierra, que aquella Revolución era y es por toda la eternidad,
nos envió a su Hijo, cuya Palabra a imagen de la de su Padre, es Dios.
Por la
Ley anterior era lógico que siendo el Estado y la Iglesia de los judíos una
sola cosa el Templo usase la fuerza de su ejército de santos criminales para
demonizar la Justicia Divina, que se manifiesta en los hombres para llevarnos a
todos al término de la Historia Universal: la fusión de la Justicia Humana en
el núcleo de la Divina, por este medio perfeccionándose por su Idea nuestra
Civilización.
Sí
sabemos cómo pero no entendemos en razón de qué misteriosa operación maligna
las iglesias metropolitanas nacidas de aquella Revolución Divina, violando la
Ley Sagrada del Amor y la Libertad, se convirtieron en fieras persiguiendo a
muerte, tal como hiciera el Infierno con ellas, a nuevas generaciones e
individuos, hombres y mujeres, por el sólo hecho de tener el Poder.
El Señor
es el Juez de todos ellas. La Voluntad Unificadora Divina está siendo
proclamada a todas las iglesias. Por la Obediencia el Pasado servirá de lección
al Futuro; en la Desobediencia el Futuro
hallará en el Presente lo que no se debe repetir jamás: Creerse el hombre superior
a su Creador, el Siervo a su Señor, el Discípulo a su Maestro.
CONCLUSIONES
FINALES
Cuando
Dios creó el Hombre proyectó sobre nuestro ser la Naturaleza Social de su Ser.
Sociales por naturaleza quiso Dios seguir acercándonos a su Naturaleza
proyectando sobre nuestro ser la Inteligencia de su Ser. Inteligentes por
naturaleza quiso Dios acercarnos aún más a su Ser proyectando su Paternidad
sobre nuestro ser. Finalmente, amándonos con todas sus fuerzas, y viendo que no
encontrábamos el Modelo Divino nos envió a su Hijo Primogénito para que en su
Naturaleza encontrásemos la naturaleza de Hijo que nos fue dada al Principio.
Hijos de
Dios, sea de la descendencia de Abraham, por la carne o por el espíritu, sea de
la Descendencia de Cristo, nuestra naturaleza inteligente nos pone delante del
Hecho de la Sociedad del Reino en el que Dios ha transformado su Relación con
su Creación. Sobre la cual entendemos lo que en la Declaración de Principios se
expusiera, que la Libertad y el Amor son las dos columnas eternas sobre las que
Dios ha levantado el Edificio de esta Sociedad Creador-Criatura. Y nos pone
delante de la situación que nuestro Dios se encontró al tener que salir del
Conflicto Cósmico en que una parte de sus hijos le obligó a caer. El Modelo
Antiguo anterior a la Caída, habiendo provocado esa situación, tenía que
desaparecer y ser sustituido por uno Nuevo, éste fundado sobre una Roca
Inconmovible cuyo horizonte se abriese al Infinito y cuyo cuerpo social
estuviese inmunizado contra cualquier conato de Guerra por la Eternidad.
Enfrentado a esta Situación de Revolución, Dios tenía que adoptar las medidas
necesarias en la matriz de su Victoria poniendo en primer lugar la Fundación de
ese Nuevo Modelo Social, a cuyo Nacimiento debería quedar supeditado todo lo
demás, incluso el Género Humano, incluso el Dolor de su Hijo si era necesario.
La
Necesidad impuso su Ley. El Género Humano tendría que seguir sufriendo los
golpes del látigo de la Guerra Civil perpetua hasta que la Nueva Estructura que
su Creación había de recibir quedase definitivamente configurada. Con todo el
dolor de su Corazón así debía de ser. La Necesidad le impuso beber el Cáliz de
la Pasión de su Hijo Unigénito. Esa misma Necesidad tenía que alcanzar su meta
y, sufriendo el dolor pasajero de los siglos venideros, depositando la creación
entera su expectación en el bien que el futuro nos reservaba a todos, llenarle
a Dios la Copa con las lágrimas que el dolor de dos mil años había de servirle
en abundancia. ¿Quién podía sino EL, el Dios de la Eternidad y el Infinito, el
Amado de la Sabiduría Increada y Creadora, darle la vuelta a la tortilla y
convertir la Tragedia del Género Humano en una Epopeya con final feliz?
Aliviada su alma con la Obediencia de su Hijo, que al precio de su sangre nos
engendró a todos, en sus Manos puso nuestras vidas, depositando en su Juicio la
Esperanza de Salvación Universal en la que la Creación entera, conociéndola,
halló el alivio que los desgarros de nuestra tragedia habrían de ocasionarle a
su corazón.
Un Reino
Universal y Sempiterno, formado por muchos Mundos, cada uno con su Origen en
Tiempos y Estrellas distintas, creciendo sin límites, extendiendo sin término
sus fronteras y sus naciones. Una Iglesia Universal y Sempiterna, a la imagen y
semejanza de su Señor, depositaria de las verdades eternas para la alegría de
todas las Naciones y gloria de nuestro Rey. Un Pueblo, el Humano, formado por
muchas naciones, Nación entre otras Naciones, cada uno un Mundo, todos unidos
al mismo tronco, la Corona de Dios, como las ramas al mismo árbol, el Árbol de
la Vida.