CRISTO
RAÚL DE YAVÉ Y SIÒN
EN EL
NOMBRE DEL SEÑOR REY JESUCRISTO:
APERTURA DEL TESTAMENTO UNIVERSAL DE CRISTO
DOCTRINA DEL REINO DE LOS CIELOS
LIBRO PRIMERO
EL HIJO DEL HOMBRE
Y
LA ESPERANZA DE SALVACIÓN UNIVERSAL DEL GÉNERO HUMANO
“Así que,
como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la
misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación
de vida. Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron
constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán
constituidos justos. Pero la ley se introdujo para que el pecado abundase; mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia; para
que así como el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la
justicia para vida eterna mediante Jesucristo, Señor nuestro.”
Se ve que
la glorificación de Jesucristo, prima. No podía, ni puede ser de otra forma.
Máxime en un Día cuya Noche caería sobre todos los beneficiarios de la
Redención de la manera conocida. ¿Quién osará levantar la voz para callar la
voz del Espíritu Santo? Con el niño que nace, para él el mundo nace ciertamente
con él; únicamente entiende su existencia como efecto de una existencia
anterior que extiende en el Tiempo de los Milenios sus alas cuando ese mundo
comienza a presentarle su verdadero rostro y se le hace visible su ley cuando
su propia existencia se encuentra en su punto de mira, y entiende que este
mundo es un campo de batalla, en el que ha nacido, cuya ley atenta a su
supervivencia. ¿Quién le pedirá explicaciones al Señor Des Padre de Jesucristo
por haber dejado correr tantos milenios desde la Promesa de redención hasta el
Nacimiento del hijo del Hombre? Conocemos sus razones, el Inmaculado Espíritu
de su Justicia, la Bondad sin límites de su Sabiduría se hicieron Hombre para
que desde el Amor entendiésemos lo que por el Amor a su Hijo hemos entendido. Y
desde el Amor hablemos con Justicia y Sabiduría al decir que la Fe nos trae la
Absolución de todos nuestros delitos y crímenes cometidos antes del Bautizo, a
todo el que cree. Pero el mundo anterior a la Venida del Redentor se encontró
como hijo abandonado en las tinieblas de la Muerte; privado de esta Justicia
que por la Fe de Cristo nos abre la Puerta del Paraíso de la Vida Eterna,
nuestros padres según la sangre no conocieron otra Realidad que la creada por
aquél Homicida que vemos en el Libro de Job presentarse ante el Creador del
Nuevo Cosmos con la desvergüenza del loco que se cree que ha puesto de rodillas
hasta a su mismo Creador. El Abandono de los pueblos nacidos del Delito del
Primer rey de la Tierra, Adán, hijo de Dios, padre de Cristo según la carne,
fue absoluto. Todas las familias de la Tierra se vieron desterradas de la
Presencia de su Creador, entregadas al infierno que el hijo de la Muerte
encendió matando a aquel hijo de Dios, formado por Dios en persona. “Dios
repartió las familias de los hombres entre sus hijos, pero la porción de Dios
es Adán” escribió Moisés en su cántico.
Conocemos
la Causa de la Rebelión de aquel hijo de Dios, “no de esta creación”, leemos en
la Carta del Espíritu Santo. La Envidia del Trono del Primogénito fue la causa
de su Homicidio. La Doctrina de nuestra Santa Madre la Iglesia Católica ha sido
la leche de la que nos hemos alimentado todos sus hijos. Pero al hacernos
hombres y heredar el espíritu de inteligencia a la imagen y semejanza del
espíritu de nuestro Padre, su Señor Jesús, Rey Nuestro Jesucristo, comprendemos
por qué nos habla su Señor Nuestro Rey de la Segunda Muerte. Lo que nos lleva a
preguntarnos: ¿Qué nos hizo mejores a nosotros que a nuestros padres? ¿Hicimos
algo para merecernos la Gracia del Bautismo Católico por el que nuestra alma
queda limpia como la de una criatura nueva? ¿Cómo conquistamos nosotros lo que
nuestros padres, antes de Cristo, no pudieron? ¿Qué méritos hicieron los
Visigodos, los Galo, los Romanos, los Francos, los Sajones, los Vikingos, para
merecer la Fe que no les fue concedida a sus padres, nacidos antes de Cristo?
Un Antes
y un Después. Al Mundo nacido Después de Cristo le abrió Dios la Puerta a su
Reino; el mundo que vivió Antes de Cristo conoció y vivió con toda su dureza la
Condena debida al Pecado de un solo hombre. No se sufre con la misma dureza una
condena sin redención que una condena con fecha abierta a la Libertad. El Mundo
Antiguo, los pueblos nacidos Antes de Cristo, nacieron en la cárcel de las
tinieblas que proceden del Destierro de la Vida de Dios. La Ley Universal de
aquel Mundo se escribía con una espada mojada en la sangre de los vecinos. Cada
espada escribía su propia ley. Desterrados de Dios, entregada la Corona de Adán
a su Asesino, Satán, aquel mundo era un infierno con una única ley: Mata o
muere. ¿Cómo esperar que tras miles de años esclavizados a semejante ley
aquellos pueblos pudiesen escribir una Historia diferente a la que escribieron
sus reyes, sus héroes, sus emperadores, sus profetas, sus santos y sus dioses?
El Juicio contra el Delito de un solo hombre fue una Condenación contra todas las
familias del mundo. ¿Uno se pregunta: ¿Cómo juzgar a aquellos pueblos, nacidos
y crecidos en el infierno de la ley de la Guerra del hermano contra el hermano,
del hijo contra el padre, del vecino contra el vecino, del todo contra todos,
en definitiva, acorde a la ley de la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad
Cristiana?
Pero el
Juicio contra aquel mundo tenía fecha. Y Juez. El propio YAVÉ DIOS, Padre de
Jesucristo llamaría a todos los pueblos antiguos a presentarse ante su Tribunal
a conocer su Sentencia. Y así fue.
Pero el
Juicio contra el Mundo Antiguo no fue Final. Por esto dice Dios en su Hijo que
quienes le aman no deben tener miedo de la Segunda Muerte, es decir, de la
Sentencia Final contra el Mundo antes de Cristo y el Mundo Después de Cristo.
De donde
se ve que Dioos Padre ha glorificado a su Hijo dejando en su Palabra esta
Sentencia. “Le glorifiqué y le volveré a glorificar” leemos en Su Libro.
Nosotros
miramos la Encarnación desde la dimensión de Nuestra Redención. Mas ¡qué duda
cabe!, era necesario que aquel que ha de juzgar a vivos y muertos, de todos los
tiempos y naciones, fuese puesto en el lugar de los hombres, de manera que
viviendo en sus carnes el peso de la Ley del infierno en su propio ser su
Misericordia hallase en su Justicia una Columna Maravillosa. Y del otro sitio
que asistiendo al Juicio de su Padre contra el Mundo Antiguo, “porque el Hijo
hace lo que ve hacer al Padre”, en la Misericordia de su Padre para aquel
Mundo, desterrado de su Presencia y entregado al príncipe del infierno, hallase
la suya su Fuente. Porque de ser Dios Padre un Juez Cruel que no mira la raíz
del Mal no hubiese puesto ese Mundo en las manos de Su Hijo. Pues quien mira
desde el externo la naturaleza fratricida del aquel mundo antiguo por fuerza
mayor no puede encontrar argumento de exculpación. Así que era necesario llevar
a la Perfección a ese Hijo en cuyos labios había dispuesto su Padre la
Sentencia Final contra un Mundo que de haber conocido la Verdad Plena sobre el
porqué de la Sentencia lapidaria a la Transgresión de su hijo Adán, condenando
a todo un mundo por el pecado de un solo hijo de Dios, nacido de hombre,
hubiese tenido la Libertad que nace de la Verdad, y disfrutando de esta
Libertad antes muerto que arrodillarse ante Satán.
Que
nuestros padres antiguos no estaban perdidos para nuestro Creador lo pone sobre
la mesa el habernos dado por Campeón al Hijo de sus entrañas. ¿Por qué iba a
someter a su Hijo Amado a vivir la condición del Hombre de haber dado por
perdida el alma de los pueblos arrojados de su Presencia por el Delito de un
homicida, hijo de Dios en su origen, una bestia inmunda por final el suyo? ¿De
no haber creído el Creador en su Creación a qué dejar la Sentencia Final en las
manos de su Hijo? ¿De no creer Dios que el Hombre se alzaría para pedirle
Misericordia al Juez Todopoderoso por Él elegido, qué necesidad hubiese tenido
de sentarle en su Trono de no ser por el Amor a Hijo el Mundo Nuevo encuentra
en su Corazón brazos abiertos a la Absolución y la Regeneración del alma del
Género Humano, en nuestra Fe Invencible de tener Él en su Padre la Plenitud del
Poder y la Gloria de quien es Dios Hijo Unigénito, Dios Verdadero de Dios
Verdadero, engendrado en las entrañas increadas del YAVÉ DIOS PADRE, Creador de
la Luz del Nuevo Cosmos y de las Tinieblas que llenan la Faz del Abismo, de
todo lo visible y lo invisible, Señor del Infinito y de la Eternidad, Padre de
toda vida en el Universo? Hijo de tal Padre, ¡cómo no poner en Él Nuestra
Esperanza, que es la Suya, de justificar con nuestras obras nuestra creencia de
que de no haber sido desterrados de la Vida de Dios Nuestro Creador nunca
hubieran sido diferentes sus obras a las nuestras.
Recordemos
la Historia de la Redención.
La razón
que llevó a Dios a elegir para el “Dia de Yavé” a su Unigénito, asumiendo, por
su Encarnación, la Sentencia contra el asesino de su padre, Adán; la razón, se
abre a la Necesidad del Creador tanto de pasar la página de las guerras del
Pasado cuanto de levantar una muralla indestructible e impenetrable contra cuya
solidez se estrelle la repetición de una Caída de su Creación en el abismo de
la Guerra.
El Amor
del Creador por su Creación, el Amor de Dios por sus hijos, fue el talón de
Aquiles contra el que la Serpiente de la Muerte hincó sus colmillos, inyectando
en el cuerpo de los hijos de Dios, no de nuestro mundo, el veneno de la envidia
hacia el Rey de reyes y Señor de señores del Imperio de Dios. En su demencia
suicido-homicida concibieron la locura absoluta de creer que podrían tentar al
mismísimo Rey de reyes con la Fruta Prohibida de la Ciencia del Bien y del Mal:
la Guerra.
Dios, en
su Amor por su Creación y sus hijos, creyó que la Duda sobre la Divinidad de su
Primogénito había quedado enterrada una vez descubierto el Poder de su Palabra,
Natural al Verbo de Dios, su Padre. Todos los hijos de Dios, creados antes de
la Creación de nuestros Cielos y de nuestra Tierra, fueron invitados a gozar
del Acto Creador, primero como espectadores de lujo, viendo con sus ojos y
oyendo con sus oídos la Naturaleza Todopoderosa y Omnisciente del Unigénito, al
sonido de cuya Voz las estrellas de los cielos corrieron a ocupar sus lugares
en el Árbol de las Constelaciones. Y fue a ellos a quienes este Hermano
Todopoderoso llamó Dios a formar al Hombre a su imagen y semejanza.
El
acontecimiento de la Caída del Hombre nos descubre que el Tentador Maligno
encubó el veneno de la Traición en la cloaca de su Envidia hacia JESÚS, el
Unigénito. Impensable para el Señor Dios YAVÉ, como Padre, una rebelión contra
la Coronación de su hijo Adán, dejó Dios el Futuro de la Historia del Reino de
la Tierra en el Hombre sobre cuya cabeza hizo descender la Corona del Cielo,
según está escrito en los textos no bíblicos, con lo que quiso decir Dios que
la Corona del Hombre era levantada entre las naciones a la imagen y a la
semejanza de la naturaleza de las coronas de los hijos de Dios, que gobernaron
el Imperio del Rey de reyes y Señor de señores : JESÚS.
La
Obediencia debida de los hijos hacia su Padre Divino durante las edades
mitológicas, dejando en las leyendas de los antiguos la existencia de los
dioses que bajaron del Cielo para introducir a las primeras familias humanas en
las artes y las ciencias naturales debidas a la fundación de una sociedad de
ciudades abierta a una civilización de naciones; esa Obediencia, materializada
en la fundación del Reino Mesopotámico de Adán, satisfecho su Amor de Padre,
Dios descansó. Sus hijos habían comprendido que el Amor del Creador por su
Creación es tan infinito como el Odio que genera en su Alma la abominable fruta
de la Semilla de la Mentira: la Guerra.
La
Tercera Guerra de Rebelión contra la Ley del Rey de reyes y Señor de señores,
JESÚS, Dios Hijo Unigénito y Primogénito, se desató. (En La Vida e Historia del
Señor Dios YAVÉ he descrito la secuencia de los acontecimientos que arrastraron
a su Mundo a las dos Guerras Civiles entre los Reinos que, para entonces, antes
de la Creación de nuestros Cielos y de nuestra Tierra, encontraron Morada en el
Paraíso de la Vida, sobre cuya dimensión eterna e infinita nos habló su Hijo
diciendo: “En la Casa de mi Padre hay muchas Moradas”, afirmando enseguida que
se iba para prepararle a nuestro Mundo la Morada en la que encontraremos
nuestro Hogar Eterno); en definitiva, la Guerra Fratricida entre los hijos de
Dios se desató de nuevo, con el agravante que esta Tercera Guerra Universal
hizo de la Tierra su Campo de Batalla, y Guerra a Muerte. Guerra de locos tanto
más suicida cuanto Dios Padre acababa de escribir su Sentencia ad eternum et ad infinitum contra la Guerra. Y digo “con el
agravante” por en cuanto el ser humano había sido formado “Desnudo” en todo lo
que concierne al Conocimiento del Mal.
La
Primera Generación de los hijos de Dios, nacidos en la Tierra, cuya cabeza
social fue Adán, en términos de Ontogenia de la Civilización: se hallaba en su
Infancia. Tanto más abominable esta Guerra Final entre Dios y la Muerte cuanto
más frágil era la defensa del Primer Hombre ante la Maldad de unos hijos de
Dios cuya edad se mide por millones de años, y su conocimiento de la Ciencia
del Bien y del Mal era ya una realidad consumada. Y tanto más suicida aquella
Declaración Final de Guerra a la Ley Divina cuanto más inmenso era el Amor que
como Padre le tenía Dios a su hijo pequeño, Adán. Así que si la sola Idea de
retar al Señor Dios YAVÉ a un Duelo es locura absoluta, hacerlo lanzándole al
rostro la sangre de su hijo pequeño fue signo irreversible de demencia: ¡Una
criatura engendrada a partir del polvo del Cosmos retando al Creador del
Cosmos! ¿Qué nombre le pondremos a esta demencia suicida?
Perpetrado
el Acontecimiento de la Caída no había sino que mirar el horizonte que ese
acontecimiento desencadenó. Fue en ese momento que tuvo su Nacimiento el hijo
del Hombre. Es decir: el hijo de Eva que recogería la maza con la que el hijo
de Adán le aplastaría la cabeza al asesino de su padre.
La
Necesidad impuso su Ley.
¿A quién
sino al Hermano Mayor de aquel Adán, el menor de los hijos de Dios, le
correspondía, con todo el Derecho, a ejecutar la Sentencia firmada por su Padre
contra el Traidor y Fratricida, de nombre Satán, la Serpiente del Edén? Pues si
“Dios de la sangre derramada de un hombre puede llamar a cualquier hombre para
hacer justicia”, de la sangre de un hijo de Dios cualquiera de los hijos de
Dios podía ser llamado a la ejecución de la sentencia contra el fratricida.
Respondidas
estas cuestiones en la Historia Divina de Jesucristo nos incumbe aquí entender
que el Conflicto desatado en el Reino del Edén, capital del Primer Reino
Mesopotámico, extendió sus ondas apocalípticas sobre la Creación entera. No
exclusivamente nuestro Mundo fue atacado por la Muerte; también los Mundos
creados antes de nuestros Cielos y de nuestra Tierra.
Desde la
Ignorancia no se entiende porqué Dios, que puede curar todas las heridas y
resucitar a los muertos, Poder que su Hijo nos mostró en vivo para que
siguiésemos buscando más allá de la letra la Razón de no haberlo hecho
entonces; no se entiende, por qué Dios no lo hizo entonces. Esta razón, por la
que Dios no hizo borrón y cuenta nueva sobre la tumba de su hijo pequeño, esa
razón estaba en su propio Espíritu.
El
sentimiento de Abominación hacia la Ciencia del Bien y del Mal que vive en el
Creador del Cosmos y Mundos que habitan su Paraíso, es Invencible.
El
Rebelde, Homicida y Traidor, buscó con su Guerra Final contra el Espíritu Santo
de la Ley Divina la legitimación de su concepción del Reino de Dios como un
Estado Supremo gobernado por Príncipes, todos ellos dioses, blindados contra la
Ley, así obligando al Creador a bendecir el Cambio progresista de la Relación
entre Dios y sus hijos mediante la transformación de su Reino de Justicia,
Fraternidad y Paz: en un Olimpo de dioses todos y cada uno investido de
Impunidad Absoluta y blindados contra la Ley en razón de ser Él, YAVÉ, el Dios
de los dioses. La reclamación de los hijos rebeldes, sobre la sangre de Adán,
era: la Regencia y Gobierno del Imperio de Dios, abandonando el Creador su
Creación en las manos de sus hijos, los dioses.
Contra
aquel Pensamiento, que Dios sabía que bullía en el ser de algunos de sus hijos,
liderados por Satán, Él levantó la Sentencia de Destierro Eterno de su Creación
contra cualquiera que no desterrase de su ser semejante demencia. Los términos
de la Ley fueron y siguen siendo claros por la eternidad de la eternidades: “NO
comas, porque morirás”.
La
Serpiente que la Muerte había engendrado en Satán, aunque parezca redundante
repetirlo lo repetiré, eligió al Paraíso de la Paz y la Fraternidad el Infierno
del Odio y la Guerra eterna. Vistiéndose de ángel de luz, máscara que los
siervos de Satán han usado desde entonces contra el Hombre y la Iglesia
Católica, aquella “generación de hijos rebeldes” selló con la sangre de Adán su
Destierro Eterno de la Creación.
Así pues,
con la Transgresión del Primer Rey de la Tierra, la Bestia Rebelde usó la
sangre del Hombre como Declaración de Guerra contra el Espíritu Santo del Señor
Dios YAVÉ, muro contra el que se había estrellado hasta entonces aquella
concepción maligna, que a Dios le resultó abominable: La transformación de su
Reino en un Estado Federal gobernado por barones viviendo al margen de la Ley,
blindados por ley contra la responsabilidad de sus actos, bendecidos para hacer
de todos los pueblos su esclavos, sus soldaditos de plomo con los que matar el
tiempo jugando al Deporte de la Guerra.
Esto es
lo que sucedió en el Edén: con la Caída del Primer Rey de Mesopotamia se firmó
una declaración de Guerra su Creador, por una generación de hijos de Dios, no
de nuestra mundo, no nacidos en nuestra Tierra, quienes en su demencia
concibieron una Federación Imperial en tanto en cuanto el Modelo Natural de
convivencia entre Dios y los dioses. ¡Desde ese momento fue todo o nada!
La
Decisión fue tomada por los hijos rebeldes de Dios antes de hacer de la Mentira
los cuernos con los que sería acorneado y dado por muerto el Primer Hombre; a
saber, la decisión suicida contenía este término: antes el Destierro que vivir
como simples Ciudadanos del Reino de Dios, sujetos al Imperio de la Ley.
La Ley no
les permitía vivir como verdaderos dioses. Un verdadero dios no puede ser
llevado ante tribunal alguno, ni obligado a responder de sus acciones ante
nadie.
No eran
ellos quienes debían aceptar la Verdad, la Justicia y la Paz en tanto en cuanto
los pilares de la Civilización de civilizaciones creada por Dios, Padre de
todos, y gobernada por su Primogénito en calidad de Rey de reyes y Señor de
señores: “NO, era Dios quien debía escuchar la voz de sus hijos, aceptar su
condición de dioses, y bendecir el Modelo de Imperio que con ellos venía a
beneficiar la estabilidad y el progreso de la Federación de los Pueblos de la
Creación”.
La Guerra
había sido declarada. La Tercera Guerra Universal entre los Pueblos de su
Paraíso se trasladó del Cielo a la Tierra. El Hombre no era nada, un hacha de
guerra, solo eso, un hacha de guerra ensangrentada con la que los hijos
rebeldes de Dios retaban a Dios Padre buscando desterrar de su Ser su Espíritu
Santo.
La
Necesidad impuso su Ley. NO habría Imperio; ni tampoco Federación de Príncipes
gobernando la Plenitud de las naciones de la Creación. El Fin de los Rebeldes
había sido dictado por ellos mismos.
El
Imperio había muerto, y su Rey de reyes y Señor de señores debía morir con
él... Para Renacer en el Rey Universal, Sumo Pontífice Sagrado, Cabeza divina
de la Religión Católica, Señor del cuerpo de Sacerdotes, la Iglesia, Templo de
la verdad Divina sempiterna, Padre sempiterno de una Generación de hijos de
Dios animados por el Espíritu de la Verdad, Juez Todopoderoso cuyo Palabra es
Ley, cuyo Verbo es Dios.
La
Necesidad de la Revolución Cristiana trajo su Ley. Moría el Rey de reyes y
Señor de señores, nacía el Rey.
El
Espíritu Santo contra el que la Muerte lanzó su Serpiente se mostró en carne y
sangre para que la Creación entera viéramos su Naturaleza, su Personalidad, y
entendamos porqué el Señor Dios YAVÉ no puede admitir en su Creación la
existencia del Árbol de la ciencia del bien y del mal, cuya ley Abominable
levanta a unos Ciudadanos sobre el resto, blindando sus actos criminales tras
el muro de la Discapacidad Intelectual natural a quien padece enfermedad
mental.
La
Necesidad de fundar esta Revolución Divina implicó el abandono de los pueblos
de la Tierra en las manos de aquella Serpiente que, más tarde, se presentó
delante del Elegido de Dios, en los montes de Judea, para su ruina eterna en
“el Día de Yavé, día de Venganza”: el Hijo del Hombre había nacido. Duelo a
muerte. El hijo del Hombre llevaba en su puño la maza con la que le aplastaría
la cabeza al asesino de Adán.
Este es,
pues, el origen del título que el Hijo de Dios asume con su Encarnación:
Cristo, el hijo del Hombre, el hijo de Eva que sobre el cadáver de su padre
Adán, invoca a Dios, llama a la Vida y hereda la Maza con la que le aplasta la
cabeza a aquel Satán que en su demencia infernal fue a ofrecerle todos los
reinos del mundo si de rodillas lo adoraba, a ÉL, el Hijo Amado del Señor y
Dios del Infinito y la Eternidad en cuyas manos ha puesto su Padre su Creación
entera.
En
efecto, el hijo del Hombre recoge la Corona perdida de David, que deposita, en
cuanto legítimo heredero de David, a los pies del Trono de Dios, en obediencia
debida a la Sabiduría Salvadora de su Padre, quien ha establecido el Fin del
Imperio y el Principio del Reino de su Hijo JESÚS, a quien en cumplimiento de
su Decreto: ‘Yo te he engendrado Hoy, pongo a tus pies todos los pueblos de mi
Creación, sobre los que eres Señor Universal y Rey Sempiterno”, sienta a su
Diestra como quien hereda en vida la Corona de un Padre que es Eterno.
Sabiduría
predestinada a los Apóstoles, que de haberla conocido los príncipes de Israel
no hubiesen puesto sobre el Rey un solo dedo. Pero esto consumado, la
Revolución Cosmológica ya sentada en el Trono de JESUCRISTO, certificada en su
Libro la fuerza del sentimiento de abominación del Padre de la Vida hacia la
presencia de la Muerte en su Paraíso, quedaba por establecer la Salvación
Futura de la Plenitud de las naciones de nuestro Mundo.
Esperanza
de Salvación Universal que, debiendo extender su Gracia a la Plenitud de las
naciones, primero debería nuestro Mundo caminar al encuentro de dicha Plenitud.
Camino largo y estrecho que los pueblos de la Tierra deberían hacer, por el
camino diluyéndose en las brumas de los siglos la Verdadera Faz del hijo del
Hombre, en la que se muestra el resplandor del Rostro de Dios.
Llamados
a la Vida a la Imagen y Semejanza de quien dijo : “Hagamos al Hombre a nuestra
imagen y a nuestra semejanza”, perdidos en las tinieblas de los Milenios,
teníamos Necesidad de ver a ese Hombre cuyo Principio está en la Mente de Dios
y cuyo Origen está en la Boca de su Hijo. ¿Qué hombre engendró Dios en su
Sabiduría y su Hijo Creó en la Tierra? ¿Era el Romano, era el Judío, era el
Griego, era el Persa ... el Chino, el Hindú, el Egipcio, el Maya, el Azteca?
La
Respuesta se perdió en la tela de araña de las religiones antiguas.
Inalcanzable
la Verdadera Imagen de Dios cada pueblo se dio unos dioses en los que
justificar sus pasiones y legalizar las guerras de exterminio de sus vecinos.
De pronto
aquel espíritu concebido por Dios al Principio, se hizo Hombre.
En el
hijo del Hombre nos presentó Dios a su Hijo, y en Cristo al Hombre que Él llamó
a la Vida. Ese hombre que vieron y tocaron y oyeron los Apóstoles es el Hombre
que Dios engendró en su Sabiduría, y llamó hijo. Ese es el Hombre que Dios ama.
Ese es el Hombre que vive en Dios y tiene en el Rey su Vida eterna.
Su
Personalidad está escrita. Pan bendito para el Bien, es Zarza Ardiente contra
el Mal. Es Amor a sus semejantes hasta entregar por amor la vida. Es Hijo de
Dios : templo, castillo y palacio vivo de la Paz.
Todo le
pertenece a Dios, todos los hombres compartimos lo que tenemos sin guardarse
nada para uno, porque todos somos hijos de Dios y Ciudadanos de Su Reino.
En fin,
el Retrato de ese Hombre, encarnado por el Hijo de Dios, a cuya Imagen y
Semejanza el Hombre Nuevo venimos a la Vida, está en los labios de su Esposa,
Nuestra Santa Madre la Iglesia Católica.
Ese es el
hijo del Hombre quien vendrá a juzgar a vivos y muertos. Él es un pan bendito
para quien adora la Ley; Él es un fuego todopoderoso y omnipotente que descarga
su Brazo sobre los enemigos de la Ley. Cada cual elige la Sentencia que caerá
sobre su cabeza.
El Amor
de Dios por los hombres está en habernos dado por Juez a este Hijo; nos lo
mostró tal cual es, vestido de hombre, para engendrar en nosotros el Amor a su
Persona, no como Rey ni como Dios, sino como Persona Maravillosa en la que el
concepto de la Mentira, la Guerra, la Traición, la Corrupción, el Mal en
cualquiera de sus formas es una abominación.
De tal
padre tal hijo; de tal Hijo, tal Padre.
La Unidad
entre Dios y su Hijo, buscada para desterrar el Espíritu Santo del Ser del
Creador, no sólo se hundió en el Abismo sino que se elevó al Trono del Rey
Dios. Padre e Hijo, dos Personas en las que vive un Único y solo Espíritu: que
se nos reveló en Cristo, encarnación Visible del Espíritu Santo que vive en el
Padre y en el Hijo.
El Padre
es el Señor Dios YAVÉ, el Hijo es el Señor Rey JESUCRISTO.
La
Justicia de Dios es la Justicia del Rey. La Unidad Indivisible entre Dios y su
Hijo es Invencible. Dos Personas Divinas, un Único Espíritu Eterno. De donde se
ve que a la vez Dios que nos ofrece una Esperanza de Salvación Universal al
darnos por Juez a su Hijo Amado, cuya Adoración vive en nuestras almas, nos
recuerda que en ese Hijo vive el Fuego incombustible que arde en YAVÉ DIOS
contra la Ley de la Ciencia del bien y del mal. En el Amor a la Ley y a la
Voluntad de Dios tenemos las naciones la Puerta a la Absolución Universal del
Género Humano.
Sin
embargo, nadie se equivoque. La Defensa de nuestro Mundo, depositada en
nuestras manos, tiene su Argumento en la naturaleza de los Acontecimientos por
los que la Plenitud de las naciones, unidas en un Árbol de Vida, vivirán por la
Ley de la Fraternidad Natural a todos los hijos de Dios.
Crear
esta Civilización de la Plenitud de las naciones gobernada por el Espíritu del
Rey es nuestro Deber, el Horizonte hacia el que comenzamos a caminar desde este
Siglo, camino que recorrerán las generaciones que nos sigan hasta el Día en que
el hijo del Hombre se aparezca sobre las nubes, y se haga visible a los ojos de
la generación por Dios dispuesta a vivir este acontecimiento, cuya Fecha
únicamente el Señor Dios YAVÉ conoce.
Vanos son
los argumentos de quienes esperan que el Hijo de Dios se haga de nuevo hombre e
instaure su Reino sobre una porción de fieles, sólo ellos puestos a salvo del
apocalipsis destructor que según ellos ha de caer sobre el resto de la
humanidad.
No menos
vano es el argumento de quienes esperan que el Mesías venga para darle el
Imperio a la Jerusalén de los Israelíes.
No somos
los hombres quienes escribimos la Historia y disponemos de los siglos para
imponer nuestra ley en las naciones. El Día de la gloria de la libertad de los
hijos de Dios anuncia la aurora de la libertad gloriosa del Hijo de Dios, quien
siendo Rey Todopoderoso y Omnisciente, dando Dios por terminado el Decreto que
le ha mantenido sentado como quien debe aún esperar a que su Padre considere
bueno que se levante, una vez de pie, sus piernas a los dos lados del océanos,
extiende su Corona sobre todas las naciones.
Vanos son
los frescos que en la pared del futuro pintan los poderes de este siglo. NO
habrá Guerra Mundial, no habrá Gobierno Global de unos poderes establecidos más
allá de las leyes, dictando ellos mismos las leyes tras las que sus miembros
blindarían la Inmunidad contras las consecuencias judiciales a pagar por sus
crímenes y delitos. Esa casta de dioses a la imagen y semejanza de la que Satán
quiso imponerle a Dios ... jamás alcanzarán la meta hacia la que corren.
La Gloria
de la Libertad de los hijos de Dios se derrama en todos desde quien es el
Primogénito de todos. Todos somos en Él y con Él una sola cosa, su Acción en la
Tierra. El mismo que entregó su Vida para que naciésemos: el que era, es el que
es.
Quien ama
a Dios sobre todas las cosas ama a su prójimo como a sí mismo. El prójimo de
los hombres somos todos los hombres. Imagen y semejanza del hijo del Hombre, en
quien hemos hallado nuestro Ser, somos hermanos, ciudadanos de un Reino en cuyo
Rey tenemos la Alegría de quien vive en el Paraíso, y en cuyo Gobierno tenemos
la Garantía de que la Cizaña Maligna de la división entre hermanos no volverá a
encontrar tierra en el nuestro Mundo.
La
Eternidad comienza Hoy. La vida eterna se vive Aquí. El Mañana es únicamente el
camino al encuentro del hijo del Hombre por la Presciencia de Dios dispuesta
para una generación futura, el número de cuyo siglo le es vedado a todo hombre.
Nuestra
Fe reside en creer que esa generación doblará la rodilla ante su Rey, en la
Esperanza de habiendo conquistado su Corazón el Argumento de Dios, a saber, que
de no haber mediado la Traición de Satán el Hombre nunca hubiese transgredido
la Ley. El Valor de este Argumento da vida a la Palabra de Absolución Universal
de quien tiene el Poder de regenerar las almas sin causar en la Eternidad una
fractura, invisible pero cierta, que haga regresar de su Destierro al Infierno
al que la Muerte quiso arrastrar la Creación de Dios.
PRIMERA PARTE
EL PENSAMIENTO DE DIOS
El Amor
del Señor Dios YAVÉ por su Creación es sin límites. El Espíritu del Creador que
en Él vive es la fuente de una Pasión de naturaleza infinita por la Vida. El
Hecho de haber elegido al Hijo de sus Entrañas para encarnar al hijo del Hombre
nos revela cuánto ama Dios a su Creación. Escrito está: “Tanto amó Dios al
mundo que nos dio su propio Hijo para quienes crean en Él vivan eternamente”.
Un amor por la Vida que tiene en la Pasión del Creador por su Creación su
Fuente Inagotable de Acción.
Yo lo sé,
todos lo sabemos, la abominación cometida por la Rebelión Protestante Anglicana
al afirmar que “Dios no siente pasión” también está escrita, y aunque firmada
por un criminal y una asociación de criminales, cuya pasión fue aceptar caer en
la tentación de heredar todos los reinos del mundo a cambio de ponerse de
rodillas y adorar al Maligno, todos sabemos que, creados a su Imagen y
Semejanza, el espíritu del Creador vive en nosotros, y por esta vida
entendemos, contra la Declaración IMPERIAL ANTICRISTIANA de las iglesias
nacidas de la Reforma, que la Creación es “un acto de pasión”, cual bien todo
creador puede afirmar con su sangre. “Acto de pasión” en el que el Creador y su
Creación quedamos unidos inmortalmente.
El Hecho
de haber elegido YAVÉ Dios al Hijo de sus entrañas increadas para ser ofrecido
como Cordero, por cuya Sangre nos vendría a todas las naciones la Redención,
elección firmada en el monte Moría por Abraham, este Hecho nos descubre la
naturaleza del Amor del Creador por su Creación.
En
efecto, habiéndole descubierto a Abraham la existencia de su Unigénito,
habiéndole abierto su Corazón a la Redención, la pregunta de Dios a su Amigo
fue clara: ¿Qué me ofreces por esta Elección, garantía de la Victoria del Hijo
del Hombre sobre el enemigo de tu Casa y de tu Mundo? ¿Qué estás dispuesto a
ofrecerme por la Encarnación de mi Hijo Unigénito?
La
respuesta de Abraham fue firme: La vida de mi unigénito.
El
Acontecimiento está escrito.
El Señor
Dios YAVÉ le pidió que lo hiciese.
Y sin
dudarlo Abraham levantó el brazo contra el cuello de su unigénito Isaac.
Trasportado
por el amor de su Creación hacia su Creador el Señor Dios YAVÉ detuvo el
sacrificio y le juró por su Nombre que en su Descendencia serían bendecidas
todas las familias de la Tierra.
Sobre la
Fe de Abraham en la Bondad y Justicia de su Amigo, quedó establecido el
Acontecimiento de la Encarnación y Resurrección del hijo del Hombre.
De aquí
que todos entendamos que una vez cumplido el Sacrificio del Cordero de Dios, de
esta Gracia quedaron privadas todas las generaciones que por el Delito de un
único hombre fueron condenadas a ser arrojadas en los fuegos del infierno que
la Muerte encendió en la Tierra. Y, sin embargo, nada hizo merecedor a las
generaciones futuras para que la Redención, por la que se hereda la vida eterna
en la Fe en Jesucristo, lloviese sobre nosotros su Gracia.
Ningún
hombre de los tiempos del propio Cristo fue mejor que aquellos hombres
anteriores a su Nacimiento. Lo profetizó Dios: “No hay hombre bueno, no hay
ninguno que haga el bien... ”
¡Y cómo
podía haberlo tras miles de años con el cuello bajo las botas de quien le robó
la corona al Hombre, y, levantándose como el dios de los siglos, condujo a
todos los pueblos de la Tierra a aquel punto en el que se cumplió la palabra de
Dios: “No hay ningún hombre que haga el bien, todos tienen en el mal su
gloria...”!
¡Así que,
cómo podía Dios declararse Justo cuando a unos, sin ser mejores, les abrió la
Puerta de la Vida, y a los otros, no siendo peores, les cerró el acceso a la
Gracia engendrada en la Fe!
¡La
Resurrección levantó un Antes y un Después : el mundo de Antes quedó sin
Derecho a Gracia, el mundo Después recibe la plenitud de la Alegría de quien no
es llamado a Juicio sino que por la Fe en el Nombre de Jesucristo pasa de la
Tierra al Paraíso de la vida eterna!
¿Acaso
fue insensible a este Antes y Después el Hijo del Creador, Aquel quien con su
Todopoderosa Palabra: dijo Haya Luz y hubo Luz?
Fue este
Hijo Todopoderoso y Omnisciente quien llamando a todos los hijos de Dios, dijo:
“Hagamos al Hombre a nuestra imagen y a nuestra semejanza”.
En
efecto, la pregunta pide la palabra : aquel Caín fratricida que encontró en el
crimen una pasión sin límites por el Poder, ¿ese fue el hombre que al Principio
nació en el Espíritu del Creador?
¡Cómo
llamar Justo a Dios si a unos los priva de la Gracia y a otros, sin haber hecho
nada que no hubiesen hechos los primeros, les abre sus brazos eternos!
¡Cómo
creer que el Hijo de Dios no vivió este desencuentro! ¡Cómo podría el hijo del
Hombre juzgar un Mundo a la luz de una Justicia que abandona el Pasado a su
Condenación, y le abre al Futuro la Puerta de su Reino sin más condición que el
Amor a su Nombre!
Dice el
Espíritu Santo que Dios perfeccionó a su Hijo en el hijo del Hombre.
Y así
fue. Contemplar un mundo envuelto en llamas inextinguibles de destrucción
apocalíptica, pero cuyos fuegos no te tocan, no es lo mismo que estar en el
centro de esas llamas infernales que todo lo devora reduciendo a cenizas
imperio tras imperio, reino tras reino, pueblo tras pueblo, generaciones de las
que el futuro se olvida, de las que no se tienen más memoria que leyendas sobre
ruinas que dejaron de existir.
¡Cómo
entender los resortes de ese hombre caminando entre el humo y la sangre ...
cuando el humo no te toca, ni tus zapatillas se manchan de sangre!
¿Quién
conmoverá el Corazón de Dios y hará nacer en su pecho una Justicia a la que
todas las generaciones puedan acogerse?
Lloras en
la cumbre, derramas lágrimas que no se agotan, tu voz cruza el firmamento,
recorre los cielos, penetra en la Ciudad de Dios, conmueven el Corazón de tu
Padre.
Tú, Hijo
Vivo del Dios Altísimo, eres ese Juez. Tu Padre te ha vuelto a glorificar.
Te
glorificó sentándote a su Diestra como Señor y Rey de su Creación entera. Ha
puesto a tus pies todo Su Poder, toda Su Gloria, tu Palabra es Dios, tu Corona
gobierna los Mundos creados por tu Padre.
Y te
ha vuelto a glorificar sentándote en el Trono del Juez Universal. TÚ eres Dios
Verdadero de Dios Verdadero, como heredaste en vida el Reino de tu Padre,
heredas también la Gloria del Juez Universal.
En tu
Boca está la Vida y la Muerte de la Plenitud de las naciones del Género Humano.
Tú eres la Esperanza del Mundo al que fuiste enviado para comprar su Salvación
al precio de tu Sangre y la Sangre de tus hermanos, generación consagrada a tu
Corazón y desde tu Corazón rogándole a tu Alma que tenga Misericordia del Mundo
al que Tú llamaste a la vida eterna.
Tu Gloria
no tiene límites, tanto te ama tu PADRE que ha dejado en tus labios el Juicio
sobre la plenitud de las naciones del Género Humano. En Tu Corazón ha levantado
una Esperanza de Salvación Universal para el Hombre que creaste; una Palabra
tuya y la Regeneración del Hombre será un Hecho.
Tu Poder
de Absolución es Todopoderoso porque tu PADRE conoce tu Corazón. Te envió a la
Tierra que creaste y al Hombre al que llamaste a la vida eterna. Abandonado en
las tinieblas, asediado por un Homicida Universal, ¡cómo esperar que reducida a
la condición de las bestias salvajes, ese Hombre pueda concebir obra buena
alguna!
Si aun
viviendo en tu Fe, tus siervos se corrompen, ¡cómo pedirle cuenta a quienes no
tuvieron la Gracia de vivir tu Fe!
¿No hay
Gracia para quienes fueron arrojados al abismo de la Ignorancia y la Mentira?
He aquí
que por eso tu PADRE te envió a la Tierra, para que siendo Hombre tu Juicio se
haga desde quien conoce el efecto de “ese haber sido abandonado por Dios, su
Creador”.
¿No te
sentiste Tú mismo abandonado cuando el hierro se cebó en tus carnes? Y sin
embargo Tú eres Todopoderoso. Te hubiese bastado una Palabra para que quienes
vinieron a buscarte se hubiesen desvanecido en el polvo, allí mismo, delante de
tus discípulos.
Fuiste
hombre hasta las últimas consecuencias, cuando tu humanidad fue abandonada bajo
el hierro y el fuego, ¡hasta tu corazón reventó!
Por el
Delito de un único hombre fue todo un mundo condenado; por la Misericordia de
un único hombre el mundo entero fue llamado a la Gracia. ¿Cómo olvidar ese
mundo antes de tu Redención? ¡Cuántas lágrimas no derramaste viviendo el dolor
de un mundo llamado a Juicio sin haber conocido la Gracia que viene de la Fe en
tu Nombre?
No sólo
compraste con tu Sangre un Futuro a la Plenitud de las naciones sino que con
tus Lágrimas conmoviste el Corazón de tu Dios hasta convertirte en la Esperanza
de Salvación de nuestro Mundo: Pasado y Futuro. Por Amor a Ti el Señor Dios
YAVÉ puso en tus Labios el Poder de Absolución Universal del Género Humano.
Señor,
Sumo Pontífice Universal, Rey Padre sempiterno, JUEZ todopoderoso, tu Palabra
es Dios. Tuyo es el Poder, tuya es la Gloria, Tú eres JESUCRISTO, nuestro Dios
y Rey, nuestro Creador y Padre que está en los Cielos. En tus labios reposa la
Vida de un Mundo abandonado en las tinieblas por un Delito cometido en la
Ignorancia.
Durante
Milenios las generaciones sufrieron en sus carnes el látigo de la Guerra
Fratricida, ¡cómo creer y esperar que en el Día de tu Venida sus hijos creyesen
en el Hijo del Dios al que ya no amaban! En tus labios posó Tu Padre nuestra
Esperanza de Salvación Universal. Por tu Sangre fueron redimidos todos los
pecados del mundo y un Hombre Nuevo vino a luz; por tu Obediencia nos
conquistaste esta Esperanza de Salvación Universal, Herencia de tu
Descendencia, llamada a conquistar el Corazón de los hombres, pues el Corazón
de Dios lo ganaste Tú para todos nosotros.
Gloria en
los Cielos, Alegría en la Tierra. Así lo dispuso el Señor Dios YAVÉ, Creador
del Cosmos y del Universo, Tu Padre Amado, poniendo delante de Tí un
Testamento, que Tú firmaste con tu Sangre, por el que en Unidad con su Padre tu
Descendencia brillará en medio de las tinieblas, abriéndole el camino a las
naciones hacia fuera del campo de la Guerra y dentro de tu Reino.
Desaparecerán
de la Tierra los dictadores y los tiranos, serán conquistadas todas las
enfermedades que la Muerte sembró en el cuerpo del Género Humano, le será
edificada a la Paz un Cuerpo Invencible contra el que se estrellarán las olas
de la Guerra.
Tu
Justicia extenderá su Gracia desde un rincón al otro del Mundo, no habrá quien
pueda hacer de la Mentira su caballo al Poder, porque la Verdad será la Raíz
del Pensamiento del Hombre. Los pueblos adorarán tu Corona y tendrán su vida en
tu Trono. No habrá entre los hombres quien conciba el Mal y busque el Poder
sobre la ruina de su pueblo.
Se
hartarán de Justicia los hambrientos, de Paz los sedientos de vida. El Género
Humano correrá a Tu Encuentro para vivir en el Paraíso de tu PADRE en
Fraternidad con todos los Pueblos de Vuestra Creación.
Tuyo es
el Poder de Regeneración de los seres que fueron arrojados a las tinieblas,
animales salvajes, bestias fratricidas, condenados a luchar, sobrevivir o
morir. No volverá el Hombre alzar su mano contra su hermano, ni a privar a sus
semejantes de pan, vestido y techo.
El Hombre
que Tú nos descubriste vivirá por siempre en tu Descendencia.
Tú viste
este Hombre Nuevo y ofreciste tu Cabeza a la Espada pidiendo a tu Dios darle
Nacimiento a tu Descendencia. Gloria a TU Padre Eterno, el Señor Dios YAVÉ, su
Verbo regresa a sus Brazos para la Alegría de quienes condenados a ser
destruidos se levantan como ave fénix de las cenizas a las que fueron
arrojados, para llamar a todas las naciones al Reino de Su Hijo Amado. Por Amor
a nuestro Pueblo lucharemos, y al Rey le dedicaremos nuestra Victoria.
¿Quién
puede salir vivo contra la Muerte si Tú no lo rodeas con tu brazo? ¿Quién le
tiene miedo al enemigo teniendo por escudo el Brazo de Dios?
¡Cómo
puede amar al Dios que no ve, quien odia a su semejante que ve!
El Amor
de Dios y del Rey al Hombre viene atestiguado por quienes pusieron por testigo
su Sangre; por amor a la Salvación Universal del Género Humano, el Maestro y
sus Discípulos pusieron libre y voluntariamente la cabeza sobre la piedra en la
que Abraham posó la de su unigénito. Isaac no supo adónde iba, ni por qué. Los
Discípulos lo supieron todo. No se acobardaron, ni se amedrentaron ante una
espada que no sería detenida por brazo de ángel alguno. ¡Cómo no sentirse
glorificado en tu Creación!
La
Criatura le correspondió a su Creador con Amor sin límites hacia su Creación.
La Sangre de los Santos llenó el Corazón de Dios, su clamor por Misericordia
para el Género Humano subió al Trono de la Gloria. Un tiempo aún y Dios le
suscitaría a la Esposa del Rey esa Descendencia por la que firmó con su sangre
el Nuevo Testamento, y quedó escrito: “La creación entera espera con corazón
encogido el nacimiento del día de la gloria de la libertad de los hijos de
Dios”.
Alegría
en los Cielos, Gloria en la Tierra, porque el Señor Dios del Infinito y la
Eternidad, Creador del Cosmos y del Universo, YAVÉ, Padre de Jesucristo, no
olvida, ni le da la espalda a su Creación. La Necesidad impuso su ley. Mas una
vez llegado el Día de la Libertad es el Omnisciente y Todopoderoso Padre del
Cielo quien abre la Suya para que todos los pueblos de la Tierra vivan la
gloria de la libertad de sus hijos.
¿Mas cómo
podrá absolver el Juez a quien no quiere la Regeneración de su Alma y rechaza
el espíritu de Dios? Por esto escribió el Espíritu Santo: “Esperanza que se ve,
no es Esperanza”.
En
efecto, la Victoria se conquista en el campo de la Historia.
El Hijo
de Dios creyó con todo su ser que el Hombre, una vez libre de la Mentira, se
acogerá a la Ley de su Reino con la fuerza de quien ha vencido al Infierno, y
su Regeneración será la Defensa de este Mundo sin Cristo que no tuvo la
oportunidad de recibir el Bautismo de la Gracia.
En esta
Fe se entregó el Todopoderoso Hijo de Dios a la Cruz; movidos por esta
Esperanza sus Discípulos y su generación de corderos inmaculados se dirigieron
al altar del Sacrificio. Conquistaron el Corazón de Dios en la Fe de la
Victoria de esta Esperanza de Salvación Universal, Herencia de la Descendencia
sobre la que Dios dijo: “Tu Descendencia se apoderará de las puertas de sus
enemigos”.
Nacidos
para ser Invencible luchamos por quienes no pueden luchar por sí mismos, cuya
condenación o absolución en el Día del Juicio depende de la Defensa establecida
sobre el Acontecimiento de la Regeneración de la plenitud de las naciones.
Tanto más
poderosa nuestra Esperanza por tanto en cuanto quien tiene el Juicio es el
mismo Rey que por esta Salvación ofreció su Vida y la de sus Discípulos,
corderos inmaculados, gloria de su Casa, conquistadores a su imagen y semejanza
del Corazón del Creador del Cielo y de la Tierra, cuyo Espíritu de Sabiduría e
Inteligencia legó a la Descendencia de su Hijo para Bien de todos las naciones
y Salvación Universal del Género Humano.
¿Quiénes
se resistirán entonces a este Espíritu? ¿Quién se plantará delante del Rey y su
Dios!?
¡Quien no
ama a su semejante que ve, cómo amará a Dios, que no ve! ¡O que dará a cambio
el hombre por su alma! ¿Y de que servirá salvar el mundo entero si pierde el
alma?
La
Naturaleza del Fin requiere su naturaleza en los Medios. No se apaga el fuego
con fuego. Ni se sacia el hambre con la muerte del
hambriento. La santidad del Fin invoca la santidad del Camino. No es con el oro
ni con el hierro, sino con el espíritu de YAVÉ que los pies se acercan a la
Victoria.
El Hijo
de Dios que vive en su Esposa, la Santa Madre Iglesia Católica, es quien
engendra en nosotros el Hombre a su imagen y semejanza. Y este Hombre y
únicamente este Hombre puede avanzar hacia la Victoria de la Esperanza de
Salvación Universal por la que aquella Generación Divina se ofreció
espontáneamente y siguió a su Pastor al Altar de los corderos. Él mismo el
Cordero de Dios, el valor infinito de su Ser conquistó para todos la Gracia de
la Fe.
Nuestro
enemigo es el padre de la Mentira, aquella Serpiente que le inyectó su veneno
homicida al Primer Hombre. Tal es la abominación que nuestro Creador sintió
hacia aquel hijo de Dios, de nombre Satán, que no queriendo ni recordar su
nombre abominable nos lo dio a conocer en la imagen de una serpiente, la
Serpiente que llevaba dentro en su pecho. La razón de ser de esa Serpiente era
y es la destrucción de toda vida en la Tierra.
¡Como lo
hará si no destruye primero el Nombre de Dios en el hombre!
¡Cómo
lucharán los hombres por su mundo si aboliendo la Ley de Dios destierran de sus
almas la Fuerza Innata del Amor por sus semejantes!
“Amarás a
Dios sobre todas las cosas y a tu semejante como a ti mismo”.
¿Cómo
destruir este Camino?
Simple,
se dijo Satán: Se hace de la existencia de Dios una Abominación para el ateísmo
Científico....
.... se
le entrega el poder de la formación de la inteligencia mundial a la religión
del ateísmo científico ...
.... y el
amor del hombre hacia sus semejantes saltará por los aires.
Arrastradas
las naciones al abismo por el Poder y las Riquezas: tirando el Ateísmo
Científico del carro de la Historia : bueyes, carreta y naciones, ¡victoria!,
se estrellarán en el abismo de la destrucción apocalíptica.
¡No hay
dos sin tres!
Estando
en la Ley del “amarás a Dios sobre todas las cosas y a tu prójimo como a tí
mismo” la Vida, cuando se niega la existencia de Dios se destierra de todos los
corazones el amor a sus semejantes, y los hombres correrán al campo de las
guerras mundiales.
Primera
... Segunda ... y... ¿ Tercera?
Ley
inevitable.
El loco
cree que su locura es sabiduría reservada a su altísima inteligencia; los locos
son los otros, discapacitados intelectuales incapaces de ver siquiera la cima
sobre cuyo monte se mueven sus pensamientos, sentimientos y razones. Enemigo de
la Existencia de Dios, él se crea un universo sin Dios hecho a la medida de su
camisa de fuerza. Primera Guerra Mundial, Segunda Guerra Mundial....
¡No hay
Dos sin Tres! Lo que no pudo la Serpiente lo conseguirá la Ciencia.
Discurso
de Satán a sus hermanos rebeldes.
Y en eso
está la Ciencia.
La
Serpiente ha hallado en Estocolmo su Roma, desde donde sus sabios-sacerdotes
imponen su religión sobre todas las universidades, institutos, colegios y
guarderías del planeta. Negada la primera parte de la Ley, “Adorarás a Dios con
todo tu ser”, se sigue la anulación de su Lógica: "... y a tu prójimo como
a tí mismo”.
Nuestro
enemigo se esconde en los libros.
SEGUNDA PARTE
EL REY ES DIOS
JESUCRISTO ES EL REY
JESUCRISTO ES DIOS
Acción de
gracias
Bendito
sea Dios, porque el amor no le detuvo y puso la Justicia sobre el Amor,
fundando de esta manera, a los ojos de toda su Creación, su Reino en una
Justicia Universal cuyos principios no hacen acepción de persona y cuya Ley no
conoce la excepción.
Comencemos
entonces por el principio.
Remontémonos
a los días antes de la Creación de nuestra Tierra.
Es verdad
que en su demencia institucionalizada los padres del Ateísmo Científico
abolieron el Principio con el que Dios abre su Libro y da Origen a la Historia
de nuestro Mundo. Nada excepcional. A la Bestia le es natural devastarlo
absolutamente todo hasta quedar sola para finalmente comerse a sí misma,
comenzando por la cola. ¿Hay demencia más espectacular, suicida y criminal, que
la de la Bestia que se niega a reconocer su destierro de la sabiduría, y hace
de la Ciencia del Exterminio de su Mundo la gloria de su Orgullo?
Tuvo un
Principio la Creación de la Historia del Género Humano, pero antes de este
Principio existió la Eternidad, y después del Fin de la Historia del Hombre en
la Tierra existirá la Eternidad. No querer ver que la Historia es un Camino en
el tiempo de la Eternidad es el origen de todos los males de este Mundo. Este
es un Camino por el que venían andando otros Mundos, creados por el mismo Dios
antes del Principio de nuestra Historia. Historia Universal abierta a la
Eternidad, pero que por causas sorprendentes condujo a esos Mundos a un estado
de Guerra inquietante cuyo motor desarrolló una dialéctica irracional.
Los
Poderes de los Pueblos y aquellos Mundos creados antes del Principio del
nuestro se enfrentaron en Guerra sin cuartel. Por dos veces. La razón: una
parte de esos Poderes dieron un paso adelante reclamando de Dios un status quo
excepcional que les situase más allá de la Ley, a la par que les invistiese del
poder de administrar sus Mundos acorde a leyes creadas por ellos mismos.
Reclamaron ser dioses verdaderos en medio de sus pueblos. ¡NO les bastó ser hijos
de Dios, y acorde a esa divinidad protagonizar la Historia de la Eternidad!
¡NO! Quisieron reducir la Presencia de Dios en su Creación a la de un mero
ídolo, un cuerpo sin cuerpo, sin partes ni pasiones, vacío de emociones, de
sentimientos y de Poder de juicio para con los actos y acciones de sus hijos.
La
Respuesta de Dios Padre a la reclamación de sus hijos fue levantar la Ley hasta
SU misma Naturaleza Divina, de manera que quien volviese a levantarse contra la
Ley le declararía la Guerra al propio Dios Creador del Cosmos, de todo lo
visible y lo invisible: “NO comas, porque el día que comieres, morirás”, desde
la Tierra alzó Dios la Ley al Cielo.
II
La Ley es
Dios
La
Palabra de Dios, Todopoderosa y Omnipotente, esencia y sustancia visible de la
propia Naturaleza del Creador, fue oída y entendida en toda su dimensión por
todos los hijos de Dios protagonistas de la Caída del Mundo de Adán.
Dios y su
Palabra son una sola Realidad indivisible, incorruptible, omnisciente,
todopoderosa, omnipotente. La Palabra de Dios es Dios. Enfrentarse a la Palabra
de YAVÉ DIOS es declararle la Guerra al Creador del Cosmos y Señor del Infinito
y de la Eternidad.
NO puede
concebirse mayor locura: una criatura por las MANOS DIVINAS creada del polvo de
estrellas retando a su Creador a Guerra Total, declarándole la Guerra a SU
VERBO.
La
Inmunidad para sus actos que una parte de los hijos de Dios venía de un tiempo
atrás, antes de la creación del Hombre, pidiéndole al Señor de la Eternidad y
del Infinito, reclamación que devino pública cuando con una sola voz usaron a
Eva como beso de Judas, y a Adán como lanza contra el pecho de Dios; a voces
limpias reclamándole al Señor del Cosmos y los espacios infinitos que la Casa
de Yavé y Sión, -dioses e hijos de Dios, príncipes
del Imperio del Paraíso de Dios-, devinieran la excepción a la Ley, excepción
obligatoria ante la cual la Justicia Divina se plegase y concediese libertad
eterna y todopoderosa para obrar a voluntad sin responder ante ninguna Justicia
por sus pensamientos, palabras y obras; esa Inmunidad infernal, demoníaca y
maligna que pretendía hacer de las Naciones del Universo ejércitos de
soldaditos de plomo para diversión de dioses, y porque Dios ama sobre todas las
cosas la Justicia, Dios, sobre el cadáver de su hijo pequeño, nuestro Adán, la
negó de una vez y para siempre por la eternidad de las eternidades, jurando por
su Cabeza Omnisciente y Todopoderosa que todos los enemigos de Su Ley serían
desterrados de su Reino y Creación para siempre.
En
efecto, retratado Su dolor en la Pasión de Cristo, enorme y profundo fue el
dolor de aquel Padre a quien, mientras disfrutaba del Descanso, le mataron a su
hijo pequeño sin darle ocasión de defenderle. Y terrible el grito de dolor que
contra la casa rebelde se dejó oír a lo largo y ancho de los Cielos.
La locura
se había hecho carne. Criaturas de origen animal, levantadas hasta las alturas
más hermosas jamás soñadas por ninguna especie viva del Cosmos: ser hijos de
Dios, participar por la Eternidad de la Vida del Creador, tuvieron a poco esta
Gloria, e increíble pero cierto: le reclamaron al Señor de la Sabiduría, DIOS
INCREADO, vivir de tú a tú.
La
Posibilidad de la Rebelión existía, mas ¡cómo concebir que una simple mota de
polvo de estrellas se atreviese a creerse capaz de sentarse en el trono del
Creador de las estrellas que llenan el Cosmos! La LEY fue elevada a la
Naturaleza de DIOS a fin de que lo que no se pudo conseguir por el AMOR se
obtuviese por el TEMOR.
LA
PALABRA DE DIOS ES LEY
LA
PALABRA ES DIOS;
LA LEY ES
DIOS
Creyó
YAVÉ DIOS PADRE que ante la Elevación de la Ley, por Temor a Dios sus hijos
abandonarían aquella Reclamación demencial.
Dios es
Increado, Dios no puede ser creado. Querer ser Dios es la negación de esta
Realidad Cosmológica. El Vínculo entre el Creador y su Creación es el AMOR. En
el AMOR del Creador por su Creación sus criaturas lo tienen todo: Vida eterna,
la puerta abierta al tesoro de su Omnisciencia, la Sabiduría Creadora por
Maestra : ¡Dios es Padre Verdadero!
III
El Espíritu Santo es Dios
La
Traición se consumó. Los hijos rebeldes no cesaron de reclamar aquel status quo
por el que se levantaron en guerra durante los días antes de la Creación de
nuestros Cielos y de nuestra Tierra. El TEMOR no les detuvo. Creyeron que
podrían vencer a Dios, poner de rodillas al Creador del Cosmos: obligarle a
abolir la Ley, extirpar de su Ser el Espíritu Santo de la Justicia.
NO se
detuvieron ante el Crimen contra Adán, el menor de los hijos de Dios.
Inmunda
Bestia homicida ideó hacer del Hombre el hacha de guerra con la que el Dragón
Satánico escribiría su última palabra: Antes el Infierno que vivir en un Mundo
gobernado por el Espíritu Santo de la Ley: Incorruptible, inmarcesible,
omnisciente, todopoderoso, la Paz por Alma, el Amor a la Vida por Corazón,
expresión visible del Ser Divino: TÚ, YAVÉ DIOS, PADRE DE JESUCRISTO.
Caiga
sobre los enemigos de tu Reino tu Sentencia y tu Pueblo conozca la Libertad de
quien no tiene que temer nada por la eternidad: porque tu Espíritu Santo es
Dios.
IV
El Juicio de Dios
Pero aun
estando traspasado Su pecho por la lanza de la Traición el Todopoderoso y
Omnisciente Creador del Cosmos tenía sus manos y sus pies clavados a la Cruz de
su Justicia; porque si se bajaba de esa Cruz sería el Espíritu Santo de la
Justicia quien bajaría al Infierno, y no cabiéndole en su Cabeza semejante
Futuro para su Reino, Dios Padre abandonó a la Muerte a su hijo pequeño, y con
él a la Plenitud de las naciones del Género Humano.
Terrible
sería la acusación de quienes levantarían contra Su Justicia el argumento de
haber predestinado al Infierno a un mundo entero por el pecado de un sólo
hombre. Pero infinita su Bondad porque puso la Justicia sobre el Amor a fin de
que la Verdad reinase por siempre jamás.
Bendito
sea Dios Todopoderoso, porque pudiendo resucitar a su hijo Adán, al precio de
quedar expuesta la creación entera a la corrupción que nace de la Inmunidad
Absoluta a favor de quienes la gobiernan, arrojó lejos de sí una felicidad
pasajera y eligió un dolor presente, cuna de la gloria futura, arrojando al
Infierno, lejos de sí aquella Reclamación Maligna al infierno que tras el
perdón escondía su fuego.
V
La Ley: Universal y Eterna
El Caso
era simple. Por una parte estaba Dios, Creador de toda vida, la que ha
florecido en la Tierra como la que floreció antes en otras partes de su
Creación, y florecerá por su Voluntad durante la Eternidad por todo el
universo.
Mirando a
la existencia pacífica de todos los Pueblos de su Reino estableció Dios una Ley
Eterna, que impera sobre las leyes particulares y es el núcleo desde el que
surgen esas leyes particulares cual ramas de un mismo tronco. Esta Ley no tiene
excepción, no concede Inmunidad a ninguna criatura.
Hermano,
Hijo, o Siervo de Dios, todo viviente, desde el que se sienta a la Derecha del
Trono de Dios hasta el ser más humilde del Paraíso, todos estamos sujetos a
esta Ley por la que cada cual es responsable de sus actos ante una Justicia
Universal que no hace excepción de Hermano, Hijo o Siervo, y ante su Tribunal
todas las criaturas se presentan desnudas para ser juzgadas según sus
pensamientos, palabras y obras. No ha lugar a invocación a la Paternidad
Divina. Y la raíz de esta Justicia es la Verdad; su fruto, la Paz. Que por esto
escribió Dios, a fin de que nadie se crea blindado ante la Ley en razón de su
posición en su Reino: Creó Dios al hombre desnudo.
Del otro
lado tenemos una parte de los hijos de Dios, que no pudiendo aceptar esta
desnudez, reclamaron esa inmunidad natural a dioses nacidos de un Dios
Todopoderoso y Eterno a quien nadie puede juzgar. Y como hijos de ese Dios
reclamaron el Todopoder que le era natural al Dios de dioses, por este poder
dando luz a la excepción, que no concede la Ley.
La
cuestión que estuvo en el Origen de la Traición de aquellos malvados hijos
Dios, traición consumada con el Homicidio de Adán, estuvo en cómo arrancarle a
Dios esa Inmunidad. Pues Dios no sólo no estuvo, ni lo está, ni lo estará por
la Eternidad dispuesto a dar luz verde a la transformación de su Casa en un
Olimpo de dioses más allá de la Ley, sino que, para zanjar la cuestión,
públicamente y delante de toda su Casa, personificada en su hijo menor Adán,
dio a conocer su última Palabra: “El que coma de ese fruto, morirá; sin
excepción”. Y no quería volver a oír hablar del asunto, ¡jamás!
La Ley es
Universal y permanecerá así por la Eternidad.
VI
La Astucia de la Serpiente
El
pensamiento de quienes no podían concebir la vida eterna en el seno de una Paz
Universal fundada en una Justicia Divina ante cuyo Tribunal todas las
criaturas, independientemente de su posición social, somos iguales ante la Ley;
el pensamiento de los tales, digo, y aun habiendo dado Dios su Última Palabra,
y precisamente porque la había dado, no sólo no se sujetó a la Necesidad, por
no hablar de la Bondad Infinita que el Verbo derramaba sobre el Futuro de la
Creación, sino que se dejó arrastrar a la Rebelión abierta en base a esta
Decisión Final manifestada: “El día que de él comieres, ciertamente morirás”.
En su
astucia maligna el cabecilla y príncipe de los Rebeldes puso sobre la mesa de
los Conjurados, bajo el Signo de la Serpiente, la respuesta a su problema. Es
evidente que la Ley es todopoderosa mientras tiene en el Ser de Dios su Fuerza,
¿pero y si Dios quedase esclavizado a su propia Palabra y por amor a su
Libertad Él mismo debiera romperla? En este caso hipotético, ¿no quedaría en
entredicho que el Verbo sea Dios? Me explico:
La Ley es
Todopoderosa y no hace excepción. Adán come, Adán muere. Por el pecado de un
sólo hombre, Cabeza de su Mundo, pues “creó Dios al hombre a su imagen y
semejanza”, todo el Mundo muere. Ahora bien, la Ley ata a Dios al Verbo, a su
Palabra, esclavizándole a consumar su Proyecto de Formación del Género Humano.
De manera que siendo el Verbo la palabra de Dios, la Ley ata a Dios al Mundo
hasta que su Palabra se cumpla. Pero si esta Palabra no se realizase jamás y
por tanto el Género Humano no alcanzase nunca la condición de los hijos de
Dios, Dios se vería obligado a renunciar a su Ley, con lo cual a fin de quedar libre
de su Palabra tendría que ser por Él mismo abolida su Divinidad. O,... obligado
por su Palabra..., Dios tendría que intentarlo una vez y otra hasta que su
Voluntad se cumpliese- pero ¿y si no pudiera cumplirse... por no haber...
materia?
Luego
todo lo que había que hacer era usar a Adán como lanza contra el Verbo,
hincarle la lanza en el pecho a Dios, y a partir de ahí entregarse a la
Destrucción del Género Humano, de manera que no existiendo materia se viera
Dios obligado a reconocer que había sido vencido, y en consecuencia tendría que
imponerle a su Justicia dicha Excepcionalidad. Es decir, el Monte de Dios, Sión, tendría que evolucionar y transformarse en un Olimpo
de dioses. La Creación entera tendría que ajustarse a esta nueva Ley... y todos
los Pueblos del Universo- estarían a merced... de los Nuevos Dioses.
VII
LA BATALLA FINAL
Dios,
Padre de Adán, se sintió herido hasta lo más profundo de su corazón.
Cual
padre que al regresar de un viaje se encuentra con el cadáver de su hijo en el
jardín de su casa, Dios entró en cólera infinita al descubrir que el asesino de
su hijo había sido aquél mismo a quien le confiara su custodia mientras estuvo
de viaje.
Dios,
como Juez incorruptible, dictó sentencia contra todas las partes con la
severidad que le reclamaba la Justicia, imponiendo castigo sin mirar el origen
y condición social de los delincuentes.
Dios, en
tanto que Creador, se quedó maravillado ante la locura infinita que era a sus
ojos la declaración de guerra que le lanzaba en pleno rostro una criatura que
Él mismo había sacado del polvo, cuya existencia la podía borrar de la faz del
Tiempo y del Espacio con un simple soplo.
Dios, en
cuanto Dios, no podía dejar de ver tras el movimiento en el Tablero de la
Eternidad de estos peones el rostro de su Verdadero Enemigo: la Muerte.
Durante
muchas eternidades, desde el mismo Día que Él se lanzara a la conquista de la
vida eterna para todos los seres, la Muerte había estado siguiéndole a Dios los
pasos a fin de obligarle a aceptarla Coexistencia sempiterna, como había sido
desde el principio sin principio de la Increación, de la Vida y la Muerte en el
seno de la Creación.
Dios se
había limitado a ignorar la existencia de la Muerte en tanto en cuanto Ente
Increado, la había considerado un fenómeno inherente a la Vida.
La
Alegría de Dios Padre en el Hijo, la Alegría de la Creación del Universo y sus
primeros Mundos, la Alegría del crecimiento de su Paraíso en un Imperio
Maravilloso lleno de vitalidad, fueron alegrías que se vieron empañadas por las
Guerras del Cielo; sin embargo y pues que Él ya había conocido la Ciencia del
Bien y del Mal, se dispuso a extirpar de su Creación este Árbol maldito
mediante la Ley, a fin de que la Guerra, su Fruto, no extendiera su fuego sobre
el Universo y el Infierno se llevara su Obra a las tinieblas del olvido.
De
pronto, con el Espíritu en vilo y aunque sabía Dios que “aquel toro ya había
acorneado antes”, le pone a todos sus hijos, sin excepción, la Ley como yugo a
fin de sujetarlos a todos a Obediencia, pero “aquel toro”, que ya había
acorneado antes, se suelta y se lanza contra un Adán sin conocimiento ninguno
de la naturaleza del fruto de la ciencia del bien y del mal, de aquí la
Ignorancia como Fundamento de la Redención; un Adán sin ningún conocimiento del
instinto asesino de la Bestia, es acorneado por la Bestia hasta matarlo.
Dios se
dice a sí mismo: “Imposible”; alza la mirada y ve a su verdadero enemigo, la
Muerte. Y en su Dolor planta cara, acepta la declaración de guerra y se lanza a
la Batalla Final.
VIII
Fundamentos de la Batalla Final
Hubo
Redención porque hubo Ignorancia; de manera que si por la Ignorancia vino la
maldición: por esa misma Ignorancia, porque la hubo, y de no haberla habido la
Redención no hubiera sido posible por Ley, tuvo lugar la Redención recogida en
la ley del Sacrificio Expiatorio por los pecados.
Ahora
bien, la Ley de Moisés miraba al individuo, y en su faceta más abierta al
sacrificio por los pecados del pueblo hebreo y judío. Mas habiendo pecado todo
el mundo y viviendo en el pecado a causa de la Ignorancia de Adán, cuyo pecado
lo sufrimos en nuestras carnes la Plenitud de las Naciones del Género Humano,
esta Ley era símbolo y anuncio del Sacrificio Expiatorio de todos los pecados
del Mundo que preparaba Dios. La respuesta a la cuestión: ¿qué Cordero podía
valer a los ojos de Dios tanto como para quedar lavados en su Sangre los
pecados de todo un Mundo?, y preguntas derivadas, forman parte de la Doctrina
de la Santa Madre Iglesia Católica desde los días de los Apóstoles.
Lo
importante para nosotros es que Dios asumió nuestra Causa por propia y se
responsabilizó de la Caída en tanto en cuanto “sabiendo que aquel toro
acorneaba” expuso nuestro Futuro y el de la Creación entera.
Asumida
nuestra Causa, el Dilema en el que los discípulos del Maligno quisieron atrapar
a Dios y entre los nudos de cuyo imposible laberinto gordiano quisieron
despojarlo de su Espíritu Santo, reduciendo la Divinidad al Poder, en virtud de
cuya nueva Realidad quedarían marginadas la Verdad, la Justicia y la Paz de la
estructura del Cosmos, ese Dilema pasaba por el Cómo separar del espíritu de
Dios y el Espíritu Santo del Creador.
¡Era solo
natural! Era esta Propiedad del Serla que se oponía a un salto de tal
naturaleza que, dejando atrás la Verdad como raíz de la Justicia, pondría el
Futuro sobre un Campo de Guerra Perpetua, cuya conclusión final sería la
Destrucción Absoluta de la Creación por su Creador. Y de aquí que Dios se
negase en rotundo a acceder a la transformación de su reino en un Olimpo de
dioses, todos más allá de la Ley.
Pero
desde la óptica de la escuela maligna que defendía este nuevo status este
Dilema podría ser resuelto dándole a probar al Hijo de Dios la fruta del Árbol
de la Ciencia del Bien y del Mal, es decir, la Guerra. La Astucia del Maligno
alcanzaría su clímax al seducir al Único que podría lograr que Dios abriese en
el cuerpo de la Ley una excepción, englobando en su Olimpo a los dioses, o sea,
a toda la Casa de Dios.
¿Qué
pasaría si el Hijo de Dios encontrase satisfacción en la Guerra? ¿Cómo podía
saber Dios si a su Hijo Unigénito le gustaba o no la Ciencia del Bien y del Mal
si aún no había probado su fruto?
¿Ante una
supuesta elección terminal del Hijo de Dios a favor de la escuela del Diablo...
no perdería el Espíritu Santo la Batalla?
Este era
el esquema para locos que el Maligno alzó como sabiduría mediante la cual
separar Dios y Espíritu Santo.
Cuando
Dios descubrió su efecto y se vio ante los hechos consumados, le vio por
primera vez la cara a su Verdadero Enemigo.
Estaba
claro que Allí había estado actuando una Fuerza no Creada; no podía Dios seguir
excusando el comportamiento de sus hijos en esto y aquello, ni seguir
culpándose a sí mismo por haber minusvalorado el valor de su propia Victoria
contra la Muerte, a saber, la creación de vida a su imagen y semejanza.
La
Muerte, esa realidad que en su día Él definiera por la ausencia de vida eterna,
se le descubría en toda su Realidad Increada en la Locura de la escuela de la
Serpiente, cuya cabeza Satán, pretendía destruir al Espíritu Santo utilizando
al Hijo contra el Padre.
La
Batalla pasó a ser Cósmica. Era la Creación entera la que se vio amenazada por
aquella Fuerza Increada contra la que se alzara Dios con un Universo en el que
la Vida hereda la Inmortalidad de su Creador y se hace un Árbol cuyas ramas
cubren de Mundos la Eternidad y el Infinito.
Era este
Nuevo Universo el que la Muerte tenía que echar abajo.
Únicamente
Dios en persona podía alzarse contra esa Fuerza y Desterrarla de su Creación.
¡Era la Hora de la Batalla Final de aquella Guerra que le declarara Dios a la
Muerte cuando por su Todopoder y Omnisciencia la Vida devino Inmortal! Si hasta
entonces Dios no había visto cara a cara al verdadero enemigo de su Creación,
una vez que la locura desplegada en el Edén se consumó, abrió Dios los ojos y
le vio el Rostro a su Enemigo.
Toda
cuestión quedó desde ese momento en suspense.
IX
La expectación de la “creación entera”
Es
evidente que Aquel que una vez abriera en el Infinito la Fuente de la que mana
toda la energía creadora del Cosmos, Este mismo Dios podía destruir todo lo
creado, abrir un agujero negro en el Infinito y arrojar a su Enemigo dentro,
sellando esa fosa por la Eternidad. Pero esto se supone en un Dios que está
solo y actúa acorde a su soledad.
Pero Dios
no está solo. ¡Cómo explicarle a su Hijo la destrucción masiva de todo un
Cosmos sin fundar su Poder en el capricho de un Dios que puede permitirse hacer
y deshacer a su antojo!
La Muerte
había atacado por donde creyó que su flecha pondría de rodillas a Dios.
No se
crea un Cosmos y se decide de la noche a la mañana borrarlo del mapa. Esto lo
hacen los matemáticos y los locos. Nadie trabaja de sol a sol durante un verano
entero para dejar que la fruta se caiga al suelo una vez que madura.
El Hijo
de Dios lo primero que haría es preguntarse por qué. ¿No podía Dios limitarse a
coger del cuello a su Enemigo y arrojarlo al Infierno?
Y lo que
es más importante: ¿Cómo saber la Respuesta de su Unigénito a la cuestión en el
origen de la Caída de Adán y la Rebelión contra el Espíritu Santo si no era
expuesto a la tentación Él mismo?
La
Creación entera permaneció en suspense desde Adán hasta Cristo. Pues se hizo
evidente para todos los hijos de Dios que la Inmortalidad y la Ciencia del Bien
y del Mal son incompatibles, que si llevado al extremo de elegir entre su Hijo
y el Universo, Dios destruiría todo la Obra de sus manos, reduciría el Cosmos a
polvo, y, como ya lo hiciera antes, volvería a empezar de nuevo, cuidando ésa
próxima vez de no dejar ninguna puerta abierta a la Semilla de la Muerte.
El Futuro
de la Creación entera, tal cual existe, estuvo, pues, en las manos del Hijo de
Dios. Y únicamente había una forma de cerrar la Duda: que el Hijo de Dios
hablase por sí mismo.
Para Dios
la cuestión estaba fuera de toda Duda, pero pues que la Duda había encontrado
su camino y exigía oír del propio Hijo de Dios su Palabra Final al respecto: SÍ
a la excepción a la Ley para los hijos de Dios, o NO a la misma, así sería.
Todo el
Antiguo Testamento no es más que la Preparación del Escenario desde el que el
Hijo de Dios daría a conocer su respuesta “a la creación entera” su Posición
respecto a la Ciencia del Bien y del Mal: ¿Excepción en la Ley para los hijos
de Dios, o Reino de la Justicia sobre todo ser sin acepción de persona?
Los hijos
de Dios que se hicieron cuerpo de la Serpiente Antigua, haciendo de Satán su
cabeza, dieron a conocer su decisión bailando sobre la tumba de Adán,
demostrando que por nada del mundo estaban dispuestos a vivir bajo el Imperio
de una Ley que no diferencie entre Gobernante y Gobernado.
Firmada
la Declaración de Guerra contra el Espíritu Santo sobre la sangre de Adán, la
creación entera, escandalizada por el Fin que se dibujaba en su horizonte,
permaneció con el pecho en vilo, el corazón encogido a la espera de la Decisión
del Único que podía obtener de Dios semejante transformación de su Imperio en
un Olimpo de dioses, todos más allá del Bien y del Mal.
Imperio o Cruz
Hay dos
cosas con las que no se juega: la sangre y el fuego. ¿Pero y cuándo sangre y
fuego se hacen una sola cosa?
Se
llamaba JESÚS. Tal era el Nombre del Hijo de Dios de cuyos labios dependió el
Futuro de la Creación entera. Por amor a su Hijo no hubiera dudado Dios en
borrar las galaxias del mapa del cosmos, borrar el mismo cosmos y empezar una
Creación Nueva. Suya era la Decisión.
Se hizo
hombre a fin de que la creación entera escuchase con palabras la Respuesta del
Hijo de Dios a la cuestión en pugna: Sí o No al Espíritu Santo de una Ley que
no admite excepción y se expone como Roca sobre la que el Edificio de la
Justicia se mantiene indestructible durante el paso del Tiempo.
Suya era
la Última Palabra.
Si su
respuesta era un No a la Igualdad de todas las personas ante la Ley, Jesús sólo
tenía que escribir su No encarnando la visión del Mesías que el Judaísmo se
había formado. Él era el Hijo de Dios, suyo era el Poder. Una vez la decisión
final tomada, si acorde al Judaísmo, nada ni nadie podría cortarle el paso al
hijo de David hacia el Imperio Universal de Jerusalén; .... Roma sucedería a
Atenas, el viaje del “testigo del imperio” desde Uruk a Atenas acabaría en
Jerusalén ... si la decisión final del Hijo de David era un No a la Ley del
Espíritu Santo.
Si la
Respuesta de Jesús era un Sí a la LEY DE YAVÉ, sólo debía doblar las rodillas y
subir a la Cruz, firmando así su Declaración Final con la sangre de Cristo.
Dos
puertas. La una daba a la gloria efímera del imperio; la otra... a la Gloria
sempiterna del Reino de Dios. La Decisión era suya. El Futuro de la Creación
entera estaba en sus manos. Si el Hijo quería ver con sus propios ojos en qué
experiencia tuvo origen la Ley del Padre contra la Ciencia del Bien y del Mal,
esta experiencia llevaría a la creación entera a su destrucción total.
Tendríamos alegría para Hoy y Tristeza de muerte para Mañana... aunque este
Mañana alborease a una eternidad al otro lado de la Noche de los tiempos.
XI
La doctrina del Diablo
El Hijo
es Dios, se podía permitir el lujo de vivir un Apocalipsis cósmico al otro lado
del libro de la Historia . ¿Y qué? ¿No es todo viviente barro sobre el que Dios
sopla su aliento de vida, y si lo retira, expira y vuelve al polvo? ¿Por qué no
vivir la experiencia? Al fin y al cabo una criatura no puede soportar la
existencia eterna. Tarde o temprano necesita la Muerte, la pide, la suplica, es
el sueño del descanso eterno, el sueño de la paz final, polvo al polvo, ceniza
a las cenizas. ¿Por qué no hacer de ese tiempo entre el Hoy y el Mañana un
paseo por los campos de una Guerra de dioses?
Dios no
tiene nada que perder, es indestructible, y siendo el Hijo de la misma
Naturaleza que su Padre ¿dónde está el miedo? ¿No es la Creación un
Espectáculo? Unas veces: tragedia; otras, comedia; ahora un circo, luego una
boda, un funeral, una lágrima, una risa... ¿dónde está el mal en divertirse?
¿Qué bien
hay en una Ley que no admite excepciones y se parece a una máquina siguiendo
las pautas de un programa virtual?
Al fin y
al cabo, a Dios le basta querer para convertir las piedras en pan, abrir la
boca para apagar un fuego y resucitar los ejércitos caídos durante una Guerra
de Mundos. ¿Qué hay de malo en la gloria de un dios que pasea su Poder por las
estrellas movilizando mundos como rebaños que corren al matadero para alimentar
las barrigas de los dioses?
La
Libertad, la Paz, ¿qué es todo eso si no existe el Poder de liberar esclavos y
acabar guerras?
XII
La doctrina del reino de los cielos
Se
llamaba Jesús, y era el Cristo: “Apártate de mí, Satanás”. Ese fue el momento
en que el corazón de la creación entera se soltó, el pecho que estaba encogido
se ensanchó, y en el gozo de tantos hijos las lágrimas se le saltaron a Dios de
los ojos. Y un grito se oyó en el Infinito: ¡Victoria!
El Padre,
el Hijo y el Espíritu Santo, un solo Dios, una sola Realidad Espiritual Eterna.
Ahora a
firmar la Respuesta ahogando la pluma en la sangre del Cordero de Dios. Ahora a
ser el Primero en certificar el No a la Excepción a la Ley.
Dios,
exaltado ante su Casa entera por la Obediencia de su Hijo Amado, abolió el
Imperio de los hijos de Dios y elevó la Corona de su Unigénito al Reino
Universal. No hay reyes, sólo príncipes, todos sujetos a la Corona Universal y
sempiterna del Hijo de Dios. Un solo Rey, un solo Señor y Salvador.
XIII
La Esperanza de Salvación Universal
Pero Dios
hizo más. Lo puso todo a los pies de su Hijo, lo mismo el Trono del Reino ante
el que responde todo Poder, como el Trono del Juicio Universal, ante cuyo
Tribunal responde toda criatura. Y poniendo en sus manos el Juicio Final,
invistió Dios a su Hijo de la Gloria que Dios se había reservado para sí mismo:
la Gloria de quien tiene el Poder de Firmar Absolución Universal o Sentencia
Condenatoria ad eternum, siendo su Sentencia
Inapelable y Final.
Recogiendo,
pues, la Justicia por la que la ignorancia de nuestros padres nos hizo dignos
de Redención, quiso Dios darnos por Juez al mismo que al Principio dijera:
“Haya Luz”, de manera que encontrásemos en el Juez a nuestro mismo Creador,
Aquel que sufrió en su ser la Muerte, y conociendo su Poder nos juzgue de
acuerdo a nuestra naturaleza y no en relación a la Suya.
Desde la
más tierna Adolescencia entregados al Imperio de la Muerte, monstruo
todopoderoso que le preparó mesa de banquete a sus príncipes, sirviendo nuestra
carne por manjar de reyes y nuestra sangre por ambrosía para dioses, las
naciones humanas tuvimos el odio y la venganza por tutores y maestros, la
crueldad y el terror fueron nuestra escuela y academia, hicimos el camino por
los milenios como las bestias que reptan a cuatro patas por desiertos
inhóspitos en los que la ley es devorar o ser devorados. ¡La Ciencia del bien y
del mal fue nuestra suerte! ¿Quién se apiadará de crímenes cometidos en las
tinieblas de una batalla en la que la tregua y el cuartel fueron para los
muertos?
¿Cómo iba
el Dios del Amor a entregarnos desnudos, forjada nuestra alma original entre
nubes de algodones ingrávidos como sueños felices, a un Tribunal ajeno a la
Misericordia?
¿Iba el
Dios de todos los pueblos a permitir que un Juez que no conoció nunca la
fragilidad de esta carne nuestra encadenada al muro de los infiernos crueles
del hambre y sed de justicia levantara su puño contra nosotros?
¿Cómo
juzgar al barro por no resistir el ímpetu de la corriente que baja de las
montañas arrastrando piedras y troncos?
¿Por qué
ley puede ser juzgado el bocado que el cachorro abandonado en la selva da
contra la pierna del que duerme en su tienda?
¿Qué
Derecho ha de ser abandonado para juzgarnos por nuestros actos sin tener en
cuenta la fuerza todopoderosa que desde núcleos incógnitos lanza sus rayos
contra mentes sorprendidas en plena fiesta?
¿Aquel
que soñó nuestra Liberación en el espacio no había de llevarse consigo nuestra
liberación en el tiempo?
Dios,
amantísimo de su creación entera, quiso abrirle horizontes al Poder de su Hijo
y mostrarle cómo con una sola Palabra puede hacer que un Mundo entero nazca de
nuevo y su Alma no se acuerde del dolor y la pena, sino que como quien tiene un
mal sueño se levante y se olvide para siempre de la pesadilla en que fuera
atrapado por una Traición abominable.
He aquí
la Gloria de nuestro Juez, no está en nuestra Condena, sino en nuestra
Absolución.
Y como en
el espíritu de la profecía está la Absolución para el que se convierte, fue en
este Espíritu que nos vino la Doctrina del reino de los cielos, a fin de que
por nuestra Conversión alcanzásemos Gracia para todas las naciones de nuestro
Género, de manera que si por un hombre todos fuimos hechos pecadores, y por
otro solo muchos fueron hechos justos, por los que creemos sean justificados
los que no conocieron ni vieron al Hijo de Dios. Pues justificada por la
sabiduría de nuestras obras el argumento de haber procedido el pecado de las
naciones de su ignorancia sobre la ciencia del bien y del mal, puerta por la
que entró el Diablo en nuestro mundo, por nuestras obras, alzadas como
argumento de defensa de las obras cometidas en la ignorancia, vea el Juez
Universal que una vez instalados en su Sabiduría el Pecado no puede ya tener
Poder sobre el Hombre, desde Hoy y por la Eternidad.
EL CRISTIANO, HIJO DE DIOS, CIUDADANO DE SU REINO
“Hagamos
al Hombre a nuestra imagen y a nuestra semejanza”. No sabíamos cuál era esa
Imagen a cuya Semejanza fuimos creados hasta que quien habló se hizo Hombre.
El hombre
no es Dios. Dios no es hombre. La Respuesta a esta Cuestión la dio engendrando
a Cristo: “He aquí el Hombre”. En quien no vive esta Imagen del Hijo de Dios no
es Cristiano ni es Hombre. El Hombre es aquel Ser en el que vive la Imagen del
Hijo de Dios, de cuyo Espíritu heredamos el ser de los hijos de Dios y la
Ciudadanía de su Reino. La Encarnación de JESÚS es el Discurso del Creador
sobre la Naturaleza del Hombre que Él llamó a la Vida eterna. Abandonados en
las tinieblas ese Hombre murió en los hombres, fue enterrado en los abismos del
odio y las guerras de los milenios. El Hijo de Dios vino a resucitarlo. En Su
Resurrección ese Hombre, que fuera arrojado a la fosa, resucitó.
Con su
Encarnación JESÚS levantó al Hombre de entre las tinieblas en las que fue
enterrado por le avalancha de miles de años viviendo un infierno.
El
Cristiano es ante todo un Ciudadano del Reino de JESUCRISTO, adorador de la Ley
de su Espíritu, por la que hereda el Derecho Divino de todos los hijos de Dios
a la Verdad, la Justicia, la Paz, la Libertad, a la Inteligencia a la imagen y
semejanza de la de su Creador, y sobre todas las cosas su tesoro más
irrenunciable: El Amor de su Creador, nuestro Padre que está en los Cielos.
Pero el
Amor a Dios, nuestro Padre, se manifiesta en la Obediencia a su Palabra, de
manera que quien no obedece su Voluntad y permanece ajeno a la Naturaleza de su
Palabra no tiene justificación para su conducta. La Fe, en verdad, es la Llave
que abre la Puerta del Paraíso: nadie debe olvidar que la Fe no es simplemente
el conocimiento de ser JESUCRISTO el Hijo de Dios acorde a la Declaración
Universal Eterna de Nuestra Madre la Santa Iglesia Católica. Si a este
Conocimiento procedente de la Razón se redujese la Fe, el más grande de todos
los cristianos sería aquel Satán que se levantó para darle muerte a Cristo.
¿Acaso no estuvo Satán entre los llamados a formar al Hombre a la imagen y
semejanza de los hijos de Dios? Luego se ve que el Conocimiento sin la gloria
que procede de las Obras hechas a la imagen y semejanza de Cristo Jesús es fe
muerta. Por sus obras, no por su conocimiento, han sido sentenciados a
Destierro Eterno quienes creyeron que podrían desterrar de Dios el Espíritu
Santo.
Quien
separa las Obras de la Fe a la imagen y semejanza de Cristo comete el mismo
delito que quien separa a Jesús del Hijo del Señor Dios YAVÉ. Por sus obras se
conoce quien es quien.
Las leyes
humanas al proceder a una Guerra Abierta entre del Derecho Civil y el Derecho
Natural comete un Delito contra Dios y la Humanidad. El Hombre y la Mujer no se
han creados a sí mismos. Romper y anatematizar las leyes que dieron lugar a la
Creación del Hombre y la Mujer es querer crear una abominación a los ojos del
Creador de la Vida en la Tierra.
Separarse
de la Ley del Espíritu de Cristo es abolir la Ley Natural escrita en piedra en
el Sinaí, escrita después por JESUCRISTO en el Alma Cristiana con el fuego que
nace del Espíritu.
Las Ley
del Creador es Firme: Creados libres y dotados de Inteligencia a su imagen y
semejanza, todos los Ciudadanos del Universo estamos desnudos ante los ojos de
su Justicia.
No hay
Poder que pueda comprar el Juicio de un Juez cuya Justicia tiene en el Brazo
del Creador del Universo su Gloria.
La Ley no
nos ha sido dada para esclavizar a los Pueblos a los intereses de un grupo de
familias, clanes o tribus. La Ley es la Garantía de la Paz entre todas las
naciones de la Creación. En la Paz hallamos todos la Libertad, la Alegría y el
Horizonte abierto a una Vida cuyos días no se acaban jamás.
La
Creación de un Mundo abierto a Pueblos con Origen en distintos Espacios y
Tiempos únicamente puede tener Garantía de Vida Eterna en la Adhesión de todos
a una Ciudadanía Universal que hace de todos Ramas de un mismo Árbol Divino: El
Árbol de la Vida Eterna.
La
Eternidad no comienza Mañana. Vivimos en la Eternidad. Nos acostamos con ella y
despertamos a ella cada día. Quien aquí no vive en la luz de la Ley de la
Eternidad ¡cómo podrá ser admitido en un Mundo la Ley de cuyo Reino despreció
en su mundo de origen!
JESÚS fue
el Primer Cristiano, el hijo del Hombre que nos enseñó la Naturaleza de la Ley
por la que permaneciendo desnudos ante la Justicia encuentra la Civilización la
Libertad y la Paz. Quienes se visten de Inmunidades y se blindan con
Impunidades, comprando y vendiendo sentencia, y haciendo leyes contra la
Naturaleza del Universo, son hombres y mujeres que han renunciado a la imagen y
semejanza del Hombre según el Hijo de Dios, y han entregado sus almas a Satán a
cambio del Poder sobre las naciones de la Tierra.
De
nosotros depende Hoy levantar el Edificio de la Plenitud de las Naciones de la
Tierra, y de las generaciones de nuestro Mañana dependerá mantenerlo, ampliarlo
y desarrollarlo, siempre teniendo en la Ley del REY la Roca y Fundamento de la
Verdad, la Justicia y la Paz entre todas las naciones y los pueblos del Género
Humano.
Darle
vida al Argumento de Cristo : El Hombre, de no haber sido engañado por la
Serpiente jamás hubiese comido del fruto del Árbol de la Ciencia del bien y del
mal; la vida de este argumento no está en los discursos de teólogos y
dictadores de la palabra, esa vida está en las obras de todos hechas a la
imagen y semejanza de las obras de Jesucristo: Amarás a Dios sobre todas las
cosas y a tu prójimo como a ti mismo, su resumen:
La
salvación no está en la Letra, está en el Espíritu, y el espíritu está en las
Palabras y en las Obras, de manera que quien habla y no obra es un muerto, una
tumba en la que la Muerte despierta un hijo para su infierno a la imagen y
semejanza de Satán, su primogénito.
CRY&S
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