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CRY&S
PREHISTORIA DEL CRISTIANISMO Y FUNDACION DEL REINO DE DIOS
EN EL NOMBRE
DE JESUCRISTO
PRÓLOGO
YO SOY LA PUERTA
CAPÍTULO
1 ORÍGENES
CAPÍTULO
2 CREACIÓN DE LOS CIELOS
CAPÍTULO
3 DE NOÉ A ABRAHAM
CAPÍTULO
4 DE ABRAHAM A DAVID
CAPÍTULO
5 DE DAVID A CIRO EL GRANDE
CAPÍTULO
6 CIRO EL GRANDE
CAPÍTULO
7 DE CIRO A CRISTO
EPÍLOGO
PRÓLOGO
YO SOY LAPUERTA
La
Memoria del Hombre formado a la imagen y semejanza de su Creador remonta su
Historia a la Fundación del Cristianismo por el Hijo de Dios; es desde la
Memoria del Género Humano el Libro escrito por su Padre que nuestra
Inteligencia alza nuestros ojos a la Creación de los Cielos y de la Tierra,
nuestro Universo, en cuya Historia descubrimos la Existencia de su Creador, sin
cuyo Conocimiento no puede el Hombre por sí solo penetrar en el Conocimiento de
la Historia del Cosmos. Cerrada esta Puerta por el Acontecimiento descrito en
el Génesis, los hombres, desterrados del Conocimiento de todas las cosas, a que
fue llamado por el Verbo “Hagamos al Hombre a nuestra imagen y a nuestra
semejanza”, pero activa en el Alma Humana la inteligencia, la incapacidad para
cruzar esa Puerta condujo a los hombres a inventarse un dios personal desde el
que visualizar el Cosmos y el Universo, religiones que impusieron sus dioses a
espada y fuego, como se ve leyendo la Historia del Origen del Hinduismo y del
Islamismo. La imposibilidad de dar con esa Puerta que abre el Conocimiento de
Dios y su Creación a la inteligencia humana hizo que Dios la encarnase en la
Persona de su Hijo, a fin de que los hombres buscasen en ÉL la Sabiduría.
Quienes la cruzaron se levantaron entre los hombres para ser los Padres de la
Doctrina de la Iglesia, con sus libros alejando a los pueblos cristianos de las
religiones inventadas por los hombres, a imagen y semejanza de cuyos dioses
fueron criados sus padres, ellos y sus hijos, religiones sangrientas, de cuyas
entrañas no podían nacer sino hombres a imagen y semejanza de sus dioses.
La
Memoria del Hombre Cristiano tiene en la Venida del Hijo de Dios la plataforma
Histórica desde la que levantar sus ojos a Dios, nuestro Padre, y desde Dios y
su Hijo entrar en la Historia de nuestro Universo. Fue por la Fundación del
Cristianismo que la Civilización comenzó a dejar atrás la Ley del más Fuerte,
del más Sanguinario, del más Mentiroso, del más Corrupto y Traidor a su pueblo
y sus hermanos, y se abrió camino desde la Barbarie hasta las Primeras
Universidades del Mundo, en la Europa Cristiana, la Iglesia Católica por
mecenas de las Letras, el Derecho, las Ciencias y las Artes. Siendo el origen
de toda alma un mundo durante milenios esclavizado a la ley de la Guerra a
Muerte entre hermanos, nadie podía esperar que de la Noche a la Mañana todos los
cristianos, sacerdotes y reyes, se despertasen santos. La Historia de la
Cristiandad Medieval defiende mejor que mil volúmenes de esta realidad. El
espíritu de la profecía que vivió en los Apóstoles lo dejó por escrito: “La fe,
que se corrompe”. La Fundación de la Casa de Dios en el Género Humano quedó
sujeta desde su Origen a un Fututo abierto a tempestades, terremotos,
maremotos, diluvios y todo género de ataque y asedios naturales a una guerra
abierta entre el Mundo Pagano y el Mudeo Cristiano. El Mundo Pagano sería
sucedido por nuevos ejércitos al servicio de la Muerte, por horizonte de
victoria la destrucción de la Casa de Dios en la Tierra. El Imperio Romano tuvo
su sucesor en el Imperio Islámico. Dos fuerzas distintas, una misma meta
histórica. Sin embargo, el Hijo de Dios vio venir al Anticristo, la fuerza
interna fratricida que naciendo en el Cristianismo heredaría el espíritu de
Caín. Arrio fue el primero de todos los que habiendo nacido en el seno del
Cristianismo se alzó contra el pueblo Católico, declarándole la guerra a su
Madre, la Iglesia Católica, de cuya destrucción fue liberada por Constantino,
siervo de Dios. La Palabra de Dios no miente: “Las puertas del infierno no
prevalecerán contra la Esposa del Señor”. Quince siglos más tarde el Anticristo
emergió de la tumba: primero vestido un traje de fraile, para después coronarse
sobre las naciones europeas que, aborreciendo la Corona del Rey de los Cielos,
se proclamaron la cabezas de las iglesias nacionales, de esta manera sumando a
un crimen civil un delito contra el Dios hizo de su Hijo la Cabeza Universal de
todas las iglesias. La Guerra de los Treinta Años estaba servida. El mismo fin
que tuvieron el Imperio Romano y el Imperio Islámico, la destrucción del
Cristianismo, lo heredaron quienes tentados por el Diablo no pudieron
resistirse a su Tentación: “Arrodíllate y te daré todos los reinos del mundo”.
Así la vara del Imperio pasó de Oriente a Occidente, volvió de regreso al
Oriente, y retornó a Occidente para unidos ambos imperios en el mismo Odio al
Mundo Católico, Protestantes y Otomanos alcanzarían la victoria que se les negó
a Romanos y Musulmanes. ¿Dónde yacen al día de hoy ambos imperios? El verbo es
Dios: “Las puertas del infierno no prevalecerán contra TU Casa”. Por esto se
habla del Antiguo Testamento, porque hubo una Nuevo, firmado con la sangre del
Testador: “Tu Descendencia se apoderará de las puertas de sus enemigos”. Así
que si en el Antiguo le invistió Dios de Indestructibilidad a la Esposa de su
Hijo, en el Nuevo le dala Invencibilidad a su Descendencia nacida de este
Esposa y su Señor, Nuestro Padre Jesucristo.
La
Memoria del Género Humano es la Historia de la Creación del Hombre en cuanto
hijo de Dios: “a la imagen y semejanza del Primogénito de Dios”, que se hizo
Hombre para que lo que por nosotros solos no pudimos, ni hubiésemos podido
alcanzar jamás, lo tuviésemos “con nosotros”, la Memoria de cuyo Acontecimiento
es la Roca, la Columna sobre la que se funda nuestra Vida.
Nuestra
Historia comienza en otro Mundo, se remonta a la Creación del Cosmos, y entra
en el Ser de Dios, su Creador, de la mano de su Unigénito, sin el cual, como en
los días antiguos, nadie pudo entender el Origen del Cosmos, y para satisfacer
la necesidad de conocimiento universal para la que el Hombre fue creado, se
inventaron cosmologías y dioses en cuya imagen y semejanza justificar sus
genocidios, sus crímenes y sus pasiones fratricidas. Una vez rechazada por el
Anticristianismo la Mano del Hijo de Dios, vino a imponerse entre las naciones
modernas la misma ley antigua, cerrada la Puerta a la Sabiduría Divina los
hombre se inventaron un Universo a la medida de sus reyes, un universo sujeto a
la Ley del Más fuerte, a cuyos pies la vida y la existencia de los Débiles debe
ser aplastada en aras de la Supervivencia de su clase y estirpe. El Anticristo,
el mismo que antes vino oculto en una sotana de fiarle, vino inmediatamente
después de la Primera Güera Mundial Verdadera, las Guerra de los Treinta Años,
oculto en el traje del científico. Imposibilitado el Ateísmo Científico para
abrir la Puerta de la Sabiduría, cuya Llave está en la mano de quien dijo: ‘YO
soy El que abre y nadie puede cerrar, el que cierra y nadie puede abrir”, en su
Orgullo Animal la Ciencia abrió sus entrañas a la versión moderna de Caín y
Abel, Stalin y Hitler, sus hijos, ambos hijos del mismo padre, el Diablo,
Satanás, la Serpiente Antigua. Bajo el Odio del uno al otro, la destrucción del
Mundo Cristiano la meta de ambos, por la que lucharon ante los ojos de su padre
Maligno para heredar la Vara del Imperio, el Siglo XX fue arrojado a los campos
del infierno de las Guerras Mundiales.
Esta es
nuestra Historia, la Historia de todos los cristianos de la Plenitud de las
Naciones. Nuestros pueblos han sobrevivido a terremotos, maremotos, diluvios,
asedios infernales, guerras de genocidio, calamidades letales de necesidad. NO
es obra nuestra, la Victoria es de quien fundó su Casa sobre Roca: esa Roca es
el Verbo de su Padre, YAVÉ DIOS, Creador de la Luz del Cosmo y de las Tinieblas
que rodean lo rodean. En la Palabra de su Padre puso su Hijo, su Confianza. En
esa Palabra ponemos su Descendencia nuestra Confianza, a su imagen y semejanza,
Confianza todopoderosa e indestructible, desde la que sabemos que no importa
las Alianzas de Civilizaciones que se renueven para echar abajo las Casa de
nuestro Parte, todos sus ataques se estrellarán contra sus Muros, por lo que
quien tenga inteligencia entre sus enemigos entienda que el ataque final que
están llevando a cabo levantando una Ideología cuya Semilla tiene en la Muerte
su Origen, está llamada a ser arrancada y echada al fuego. Apártese todo el que
tenga inteligencia de esa Alianza de Civilizaciones bajo cuya Fuerza
Anticientífica y Anticristiana espera esa Ideología de Género extirpar el
Hombre y la Mujer la Imagen del Hijo de Dios.
Sírvale
de lección la Indestructibilidad de la Casa fundada por nuestro Padre en nombre
de Dios, a quienes tentados por el Poder y las Riquezas creen que la Alianza
del Islam con el Socialismo realizará lo que ningún Imperio pudo en estos 2000
años. La Alianza firmada entre Dios y el Hombre por su Hijo, firmada con la
Sangre de Cristo y sus Hermanos en el Espíritu Santo, ha demostrado ya su
Indestructibilidad. Retírese pues todo hombre y mujer de esa Alianza de
Civilizaciones y abandonen esa Ideología de Género sin mirar atrás; porque el
mismo Hijo que le conquistó una Alianza de Indestructibilidad para su Esposa,
la Iglesia Católica, le ganó en Herencia a su Descendencia la Invencibilidad;
nacida esta Descendencia su Gloria vive en la Palabra de su Dios: “Tu
descendencia se apoderará de las puertas de tus enemigos”.
CAPÍTULO PRIMERO
1
Orígenes.
Así pues,
todas las cosas que nos afectan y componen la Historia de la Plenitud de las
Naciones tuvo su principio en otro Mundo, en otro lugar del Cosmos, en un Mundo
situado más allá de las estrellas de nuestros Cielos, justo en el corazón del
reino de las galaxias. Allí justamente en el centro de su Creación se creó Dios
para sí mismo un Mundo; el Mundo desde el que bajó su Hijo al nuestro, y al que
regresó tras su Resurrección.
“YO no
soy de este Mundo”. Muchas veces lo dijo el Hijo de Dios, pero sus palabras no
encontraron oídos que le prestaran atención ni inteligencia que comprendiera su
mensaje. Una de las veces que con más claridad habló sobre su Mundo de
procedencia lo hizo en presencia de sus jueces: “Mi Reino no es de este Mundo,
si de este mundo fuese mi Reino mis ministros habrían luchado para que no fuera
entregado YO a los judíos, pero mi Reino no es de aquí”.
En otras
ocasiones Jesucristo volvió al tema de su Procedencia y no dudó en dejar claro
que Él no es de nuestro Mundo, Y que dejó su Mundo y bajó al nuestro para
liberarnos de la Ignorancia y conducirnos a la Verdad. Sin la Verdad Universal
el juicio crítico de la inteligencia no tiene el Poder de abrirse un Futuro en
un mundo sujeto a la Ley de la Muerte. Pues la Libertad únicamente se ejerce
cuando el Pensamiento tiene el Poder de juzgar y elegir la dirección de su
Vida. Sin esta Verdad Universal el futuro de la Vida se deja al azar, a las
circunstancias, a las coincidencias, al karma, al caos creador de la perfección
Suprema, o sea, la falacia de las falacias en el mundo de las quimeras.
La Verdad
Universal es Divina tanto porque Dios la ha hecho Suya, y se ha hecho una cosa
con la Verdad, “YO soy la Verdad”, cuanto porque es Universal en sí misma.
“Polvo
eres y al polvo volverás” fue la Ley del Cosmos durante la Eternidad de las
eternidades. La Vida y la Muerte fueron las dos caras de esa Realidad
Cosmológica que llamamos “La Increación”. La Increación pasó, la Creación se
hizo. La Muerte y la Vida fueron separadas. La Vida fue elevada a la Naturaleza
Existencial del Creador.
Dios no
sólo se hizo una sola realidad con la Verdad Universal, acogió también en su
seno a la Vida: “YO soy la Vida”. Es Su Gloria. Su Libertad Creadora no tiene
techo, su Omnisciencia eleva SU Fuerza hasta el Todopoder y la Omnipotencia.
Porque como todos sabemos el Poder que nace de la fuerza sin la intervención de
la Inteligencia concluye su existencia en la línea de la destrucción. De lo
cual somos todos testigos.
No
solamente viajó Dios hasta el núcleo de las estrellas, de las galaxias, de la
Vida y de la Muerte, creciendo en todas las ciencias, deviniendo Omnisciente.
El paso último que consagró a YAVÉ DIOS como EL CREADOR, Causa Física del Nuevo
Cosmos, fue el hacerse una sola cosa con aquella Sabiduría de la que Él nos
dice: “YO fui formado, y no habrá otro después de mi”. Pues quien es formado no
se forma a sí mismo; de donde se entiende que diciendo Dios “Hagamos al Hombre
a nuestra imagen y semejanza”, Adán fuese hijo de Dios, a la vez que se
comprende que rechazando a Dios como Maestro de su Espíritu, el hombre debe
acudir a las bestias para definir su existencia, tal cual Charles Darwin hizo
determinando la Humanidad por el Poder de Destrucción, el fruto de cuya ley fue
el Canibalismo Monstruoso del Siglo XX, que pretende abrirse paso en este
Siglo, y chocará contra Aquella Sabiduría Increada que extendió su Gloria sobre
Dios y depositó en sus Manos los tesoros infinitos de la Ciencia de la Creación
de universos y mundos. Aquella misma Sabiduría que formó al Único Dios de la
Increación, y dejó en sus manos la Victoria que únicamente Él podía alcanzar:
la Creación del Árbol de la Vida Inmortal; esa misma Sabiduría, que encarnó en
una Mujer la Naturaleza de la Relación Eterna entre Ella y Dios, vino a ser su
Esposa. Y de Ella tuvo un Hijo. Y este Hijo fue quien vino de su Mundo al
nuestro para engendrar en nosotros el Hombre a su imagen y semejanza, de aquí
que seamos llamados hijos de Dios.
En la
Historia Universal Divina de Jesucristo desplegué el tema del Origen de ese
Mundo del que vino el Hijo de Dios. Traje a la memoria, en la medida de lo
posible, sus Crónicas, y le seguí la pista a sus Guerras hasta el punto que nos
afecta directamente a nosotros.
Creo
haber dicho entonces que Dios creó el Mundo desde el que nos enviara a su Hijo
para ser su Casa, su Patria, su País, su Propiedad, su Paraíso. Y lo creó a su
medida. Por fronteras le dio el Orto que vuela sobre las alas del Infinito, por
futuro le dio la Mañana que siempre amanece y vive para siempre en los ojos de
la Eternidad. Es decir, lo creó a imagen y semejanza de la Idea que vive en su
Espíritu sobre la Naturaleza y Constitución del Nuevo Cosmos que se dispuso a
levantar inmediatamente después de finalizar la creación de su Casa.
La Idea
del Cosmos que Dios tuvo en Mente antes de meterle mano a la Realidad Universal
podemos definirla mediante dos notas principales. Una, expansión ad infinitum
de sus fronteras; y dos, evolución ad eternum de su
futuro.
Decidido
a darle un Centro geográfico al Nuevo Cosmos, Dios le dio a ese Centro un
cuerpo, lo dotó de una naturaleza propia, con su propia especificidad singular,
única e irrepetible.
Nacido
para ser el corazón geográfico de su Creación, Su Mundo, el punto de
intersección entre los dos vectores increados, Infinito y Eternidad, dotó su
cuerpo de la Indestructibilidad natural a su propio Ser. Su Mundo, su Casa, su
Paraíso. YAVÉ Dios fue siempre un nómada en la Eternidad, un aventurero en el
Infinito. Y se creó lo que nunca tuvo, su Mundo, y lo creó sin límites de
medios ni falta de imaginación.
2
Y así se
hizo.
Cómo creó
Dios su Mundo no importa. En el caso de la creación de nuestro Universo, el
“cómo” sí importa. En la Introducción a la Cosmología del siglo XXI toqué este
tema. En la Historia de Jesucristo dije que ya tendremos la vida eterna entera
para conocer este Mundo cuyo Origen estamos tratando. Lo cual me lleva a
declarar lo que ya declaré antes en alguna otra parte, que hay cosas que están
dentro de nuestra esfera de conocimiento y otras, como el Nacimiento del Hijo y
del Padre en Dios Increado, que escapan a la comprensión de nuestra
inteligencia.
Entonces,
levantó Dios en el corazón de su Mundo un Monte. Y en su cumbre levantó una
Ciudad. Pero sabiendo que no son doce muros los que hacen una Casa, sino los
que viven dentro, soñó con Hermanos, Amigos, Hijos. Tal es el origen de los
dioses del Cielo.
3
Creación
del Cosmos
Reduciendo
a velocidad infinito el tiempo de existencia de las galaxias que rodeaban su
Mundo, redujo YAVÉ DIOS las galaxias a energía luminosa, creando una explosión
de fuegos artificiales de naturaleza cósmica, que hemos convenido en llamar Big
Bang por razones de sencillez comunicativa.
Comparemos
esta conversión a la transformación de una galaxia en un cañón de haces de
energía microfísica atravesando campos “de espacio-tiempo” a velocidad
“infinito”. La diferencia entre la velocidad de partida, igual a la de la luz,
y la velocidad infinito, hacia la que es derivada en un campo de espacio-
tiempo la materia elemental, transforma esta diferencia en masa. Evidentemente
la transformación de la energía cósmica en materia estelar no se extiende hasta
el infinito en razón del límite de Implosión Astrofísica Natural a este proceso
cosmológico de creación de Materia a partir de la Energía creada por la propia
Materia.
Hubo un
Big Bang Original, de entrada y otro de salida, (reducción de la materia
astrofísica a energía cósmica, y transformación de la energía cósmica creada en
materia astrofísica). Y este proceso creador se repite en las fronteras del
Cosmos, de aquí que los astrofísicos sigan descubriendo continuamente nuevas
galas y cúmulos galácticos.
YAVÉ DIOS
tiene Testigos de esta Creación. También de la Destrucción del Cosmos Antiguo;
sus Hermanos, los dioses de Yavé y Sión, son sus
Testigos. Pero este Tema ha sido relatado en la HISTORIA DIVINA DE JESUCRISTO.
4
Los
dioses antiguos
Conforme
el tiempo fue pasando el Cielo se transformó en un Reino, el Reino se
transformó en Imperio. La Casa de Dios se llenó de hijos, cada uno de ellos rey
de su Pueblo. Pues creado el Universo, Dios sembró la semilla del Árbol de la
Vida en sus aguas, y de sus profundidades la Vida le concibió un Mundo, dos
Mundos, tres Mundos, cuatro Mundos, y hasta Cinco fueron los Mundos creados
antes del Sexto Día de la Primera semana de la Creación. Al Sexto creó Dios al
Hombre.
Este es
el origen de los hijos de Dios, los dioses de muy antiguo.
5
La Cuna
del Hombre.
Fueron
Cinco los mundos que creó Dios y trasladó de sus lugares de origen en el
Universo a su Mundo, a su Paraíso. El Hombre no había sido aún creado. Ni
estaba aún en la Mente del Creador la idea del Hombre.
A quienes
se preguntan si hay vida en el Universo le diremos que sí; estamos nosotros. A
quienes se preguntan si hubo vida antes de nosotros, les diremos igual, sí, no
hemos sido los primeros ni seremos los últimos. Si entonces nos preguntan en
qué estrella, en qué parte de los Cielos moran esos otros Pueblos del Universo,
les diremos que tienen sus Moradas en el Mundo que Dios se construyó para sí,
el que está Arriba y en el Centro de su Creación, el Mundo del que bajó Jesús y
al que regresó Jesucristo. También nosotros tendremos nuestra Morada en ese
Mundo, y allí Arriba nos veremos todos y compartiremos la vida eterna para la
que fuimos creados. Sin embargo noticias obligan, así que del Futuro volvemos
al Pasado, a los Días cuando el Infierno sembró la semilla de la Guerra en el
Paraíso.
Fueron
dos las Guerras Universales que arrasaron el Paraíso, pero el Cielo nunca fue
conquistado. Las grandes batallas por el Trono del Rey de reyes y Señor de
señores están escritas en el Libro de la Vida; en sus páginas se describen cómo
los Hermanos y los Hijos de Dios se mantuvieron fieles a la Corona del
Unigénito, destrozaron la fuerza del Dragón, el Eje de los Rebeldes, y abriendo
el Sello de la Fidelidad los mismísimos elementos de la Naturaleza del Cielo se
pusieron al servicio de sus Brazos, bellos, invencibles, sabios y fuertes. Como
quien le toma prestado al relámpago el resplandor y con sus destellos en los
ojos avanza contra las tinieblas, o como quien al trueno le da por tienda su
garganta y convierte el cielo de su boca en el firmamento por el que corre el
caballo de los vientos, o como quien por látigo le pide prestado al rayo su
misterio y con sus cuerdas eléctricas golpea el lomo de la Bestia, así, así fue
el contraataque masivo y fulminante de los Hermanos y de los Hijos de Dios
contra las huestes del Infierno que, dirigidas por Satán, en ausencia de Dios,
se alzaron contra su Imperio.
Dos veces
el Dragón fue reducido y capturado; y otras tantas fueron perdonados los
Rebeldes. Pues en su amor de Padre creyó Dios que con el tiempo sus hijos
rebeldes cambiarían y conforme crecieran y maduraran esa tendencia a hacer la
guerra se apagaría. Mas viendo que los hechos ocurridos urgían de Él una toma
de decisiones revolucionarias: al Sexto Día de la Primera Semana de la Creación
del Universo concibió Dios en Su mente al Hombre.
CAPÍTULO 2
6
CREACIÓN
DE LOS CIELOS
Pasó pues
que Dios engendró de su Ser; y en la Paternidad halló su mente y su corazón la
felicidad perfecta. Presentó su Hijo a los dioses, y éstos le adoraron.
Al cabo
comenzó Dios a crear nuestro Universo. Las Galaxias pusieron sus campos de
estrellas al servicio de su Señor; desde las cumbres de sus cordilleras ríos de
soles se abrieron paso por las llanuras siderales. Como quien al caudal
impetuoso, fresco y alegre le da por cabeza de máquina un frente de onda
gravitatoria aquellos lechos luminosos comenzaron a bajar desde las alturas de
las galaxias del Cúmulo local.
Este es
el origen del Universo. Como cuerdas gravitatorias arrastrando un tren de
soles, de todas las magnitudes y colores, aquellos ríos de estrellas
desembocaron en el océano de nuestros Cielos. Así fue nuestro Universo creado.
Comparamos
las galaxias con altas cordilleras contra cuyas cumbres un cañón gigantesco
dispara obuses colosales hasta hacer que de sus profundidades surjan ríos de
agua luminosa. Ahora dirigimos esos ríos hacia un lecho marino creado para
embolsar este volumen de agua procedente de diferentes cordilleras. Este
proceso es el acontecimiento que los hijos de Dios vivieron durante la Creación
de nuestros Cielos.
Si
comparamos ahora las galaxias con globos calientes que al ser pinchados
disparan parte de su aire, y mezclamos los procesos, obtenemos cuerdas
gravitatorios haciendo de lechos para ríos de estrellas desembocando en un
Lecho de antemano dispuesto para albergar en su área estos ríos de estrellas.
YAVÉ DIOS
crea el Lecho Gravitatorio y pincha las galaxias de las que emergen los ríos de
estrellas que crujan los espacios y van a desembocar en el Mar de Energía
Gravitatoria de la que se alimentará por la eternidad. Espectáculo Maravilloso,
nunca visto por criatura alguna, espectáculo divino al que hemos sido invitados
por YAVÉ DIOS, según leemos en el Evangelio de su Hijo: “Y creará mayores obras
que esta, de suerte que vosotros quedéis maravillados”.
7
Creación
de la Tierra
En cuanto
Padre consideró YAVÉ DIOS que, de no abrirle la Creación a sus hijos, con el
paso del Tiempo éstos podrían creer que su Paraíso no es más que un Zoológico
en el que ellos son una especie más, especie inteligente pero especie animal al
fin y al cabo. Encerrados entre los límites del Paraíso, y al parecer
encerrados entre esos muros por la eternidad, Dios quiso desterrar del
pensamiento de sus hijos semejante futuro. Así que YAVÉ DIOS revolucionó su
propio Mundo abriendo el Acto de la Creación de Mundos y Universos, reservado
hasta entonces para su HIJO JESÚS, a todos sus hijos.
El
Espectáculo de la Creación siguió su curso.
Creados
nuestros Cielos abrió Dios la Navegación a través del Océano de las Galaxias.
Lo que es imposible a la Criatura, navegar por el bosque de las galaxias,
porque la aproximación a velocidad Divina crea un Bosque donde los árboles se
abren para dejar paso y se cierran una vez el navegante sigue su camino, lo
vivieron los hijos de Dios. Únicamente el YAVÉ DIOS, para quien el Infinito es
su Universo, tiene el Poder de alcanzar las fronteras del Cosmos y regresar al
punto de partida sin perderse por el trayecto de ida y vuelta. Galaxias que
corren, vuelan, se reúnen, se separan... Espectáculo maravilloso,
indescriptible, inolvidable. Y al final de este Viaje: “las Tinieblas que
cubren la haz del Abismo”, cuya existencia conocían los hijos de Dios por la
boca de los Hijos del Cielo. Pues todos los hijos de Dios hemos sido creados
fuera del Mundo que Dios se creó para ser su Paraíso, pero Dios creó a sus
Hermanos del Barro del Cielo.
Los
Hermanos de YAVÉ DIOS les dijeron a los hijos de Dios que una vez creado el Big
Bang Original, el Primogénito de los dioses, YAVÉ, DIOS ÚNICO VERDADERO,
destruyó el Cosmos Antiguo, redujo galaxias sin número a polvo, hizo de los
espacios infinitos un Abismo cubierto por Nebulosas de polvo y piedra cubriendo
la superficie de un Abismo privado de toda energía. Es sobre este Abismo que el
Nuevo Cosmos se expande hasta el Infinito por la Eternidad, absorbiendo toda la
materia nebular procedente de la destrucción del Cosmos Antiguo.
Visión
sobrecogedora para quien de pronto se siente arrojado a las profundidades de
ese Cementerio sin fondo donde yace un Cosmos: he ahí el Infierno, “donde habrá
llantos y crujir de dientes”.
YAVÉ DIOS
condujo a sus hijos al otro lado de las Fronteras del Nuevo Cosmos, desde donde
su Creación es semejante a un Océano saliéndose de madre por sus cuatro
costados, cuyas olas creadoras se extienden sobre el Abismo como una Tsunamis
todopoderosa.
Entonces
dirigió Dios un haz de energía luminosa hacia el campo creador por ÉL mismo
extendido en las Tinieblas, y comenzó el viaje de esa energía a la materia,
producto final del cual fue la Implosión Astrofísica que dio origen al Sol,
planetas y satélites que contiene nuestro Sistema.
¡Maravilla
para los ojos y gozo para la inteligencia! Lección de Omnisciencia Creadora y
Revelación en vivo de la Naturaleza del Creador para no ser olvidada jamás.
YAVÉ ES DIOS. ÉL CREÓ LA LUZ Y LAS TINIEBLAS.
De
camino, quiso Dios mostrarles el Origen Físico de la Creación, y el lugar de
Destierro al que serían arrojados quienes volviesen a incendiar con el fuego de
la Guerra su Mundo.
Esto
hecho, el Sistema Solar creado, YAVÉ DIOS apartó un planeta de su familia, lo
abandonó en las Tinieblas como quien se deshace de un cuerpo sin futuro, y
trasladó el Sol y su Sistema a los Cielos. Aquí, en el seno de un medio
astrofísico, aun sin carta de navegación interestelar, le abrió Dios al Sistema
Solar su propio campo de movimiento dentro de un cúmulo estelar abierto.
La
localización de nuestro Sistema Solar en el seno en un universo tipo cúmulo
globular le sería un imposible a todos los hijos de Dios una vez fuera de los
Cielos.
Esto es
lo que de pronto hizo YAVÉ DIOS. Abrió Dios de nuevo la Navegación por el
Bosque de las Galaxias en dirección al Abismo Exterior en el que abandonó a
aquel planeta, en principio un desecho, como aborto producido durante la
gestación del Sistema Solar.
8.
La Luz.
Creó Dios
nuestro mundo haciendo emerger del seno de las aguas del océano estelar los
Cielos. Luego creó la Tierra. Pero primero fue la Idea.
En su
Omnisciencia el Creador no hace nada sin tejer antes en su Inteligencia el
Edificio a construir. Primero planea, resuelve, tira líneas, calcula, supera
problemas, despeja incógnitas, ve en movimiento virtual el fin al que tiende su
proyecto, se deja llevar por su Sabiduría y luego pasa a la acción. Confía en
su experiencia para mantener bajo control todos los procesos. Si sobre la
marcha algún elemento parece que se le escapa de las manos actúa en
consecuencia, improvisa, toma las decisiones al caso y, sin desfigurar la Idea,
mantiene el movimiento en la dirección original establecida.
Así pues,
creó Dios la Tierra en las fronteras del Cosmos, lejos del Cielo y de los
Cielos, en las Tinieblas. Le dio a la Tierra por esposo el Sol y por hermanos y
hermanas los Planetas.
Sol,
Tierra y Luna, y toda la familia planetaria, fueron creados de un único núcleo.
Creada la
familia solar abandonó Dios la Tierra en las Tinieblas a aquella soledad tan
total y absoluta que la causara sentirse “confusa y vacía”, según nos lo cuenta
Dios en su Libro. Pues pasó que, contra toda expectativa, cuando fue a la
Tierra a la que le hizo todas las promesas de futuro, su matrimonio con el Sol
firmado desde el mismo Origen, sellado con besos en la Cuna, Dios se llevó a
toda su familia lejos, muy lejos del Abismo cubierto por las Tinieblas, y la
abandonó a ella, la Tierra, a merced de las fuerzas del Abismo. La oscuridad
gélida de una soledad invencible se le metió a la Tierra en los huesos, y de
frío los dientes le castañearon.
Ay la
Tierra, nacida entre promesas de maternidad a la luz de risas, aplausos y
exclamaciones de los hijos de Dios. Bella en su desnudez, hermosa en su pequeñez.
Ay el sueño concebido para ella, como el del niño que vive del sueño de su
madre mientras se tejen en sus entrañas sus huesos y su carne. Ay del sueño
aquél. El frío le heló los huesos, los vientos que recorren las Tinieblas
sacudieron su carne trémula. ¡Ay mi sueño, ay mi vida, que se me ha ido mi Dios
y me ha abandonado en las Tinieblas sin nadie que me defienda! ¿Por qué me has
abandonado, Dios mío? ¿Por qué me prometiste el océano, porqué me hiciste soñar
con el Este, el Oeste, el Norte y el Sur, porqué me soñaste madre de tantos
hijos, mis manos con alas, mis cabellos coronados por diadema de nubes preñadas
de vida, mis pies de nieve respirando primavera sobre verdes valles, porqué me
alimentaste con miel si me tenías destinado por alimento este veneno agrio y
espeso? Ay que me muero, ay que prefiero la muerte a vivir sin tu sueño.
Así que
cuando su Gran Espíritu regresó a buscarla, “la Tierra estaba confusa y vacía”,
porque su Creador no aparecía por ninguna parte. Cuando regresó, la Luz se
hizo. Fue así.
Extendió
el Hijo de Dios el campo de fuerzas que rodea la Tierra, y su superficie se
transformó en un mar de lava viva. Estamos hablando de la Fusión de la Corteza
Primaria de nuestro planeta. De las entrañas de aquel mar de lava viva surgió
la Atmósfera Primigenia. Al cabo la corteza terrestre se enfrió y aquella
atmósfera se convirtió en un Manto de Hielos que cubrió la esfericidad entera
de nuestro planeta de polo norte a polo sur. Tal Manto de Hielos es “la luz”
del Verbo del Día Primero de nuestra Creación.
Este es
el origen de la escalera de los elementos naturales. (En la Introducción a la
Cosmología del siglo XXI el tema de la Física Creadora de la Biosfera se toca
con la profundidad debida).
Esta es
la Historia de la Tierra.
9
El
Firmamento.
El abrazo
del Omnipotente. Oh, el cálido abrazo del Omnipotente. El calor de tus
músculos, oh Dios, es el calor del primer beso entre los esposos vírgenes, el
calor de la primera palabra del padre a su bebé; envuélveme en tu aliento, Dios
mío... Ay la Tierra, cuántos versos, cuántas líneas escribió en su soledad,
cada una una paloma blanca cruzando las aguas en
busca de la ramita de olivo que le mantuviera viva a Noé la esperanza. ¡Su
alegría, su corazón desbocado, su pulso desatado, sus nervios vibrantes el día
que la luz del Gran Espíritu de su Creador brilló fulgurante, atravesando el
campo de las galaxias a la velocidad de Su pensamiento! Su Voz cálida, su Verbo
tierno, ay hermanos y hermanas, me muero por rociar mis orejas con el bálsamo
del eco de sus cuerdas, cuando su Palabra rompe el Silencio.
Y así
fue. El Gran Espíritu regresó, el Hijo de Dios la abrazó, se la comió a besos,
le habló, y su Confusión desapareció al momento.
Envuelta
en aquel Manto de Hielo forjado a temperaturas bajo ceros absolutos, Manto de
Hielos producto de la Fusión de la Corteza Primaria y Sublimación de la
consecuente Atmósfera Primigenia, separó Dios a la Tierra de las Tinieblas y la
introdujo en los Cielos. La condujo al encuentro del Sol. En el calor del
encuentro el Hielo se derritió y se transformó en Aire y Agua.
Bajo el
Firmamento que separó las Aguas que están debajo del Firmamento de las aguas
que están encima del firmamento, dos bloques de Hielo comenzaron su repliegue
hacia los polos Norte y Sur. Y desde entonces el Firmamento sigue ahí,
separando las Aguas de los mares de todos los días de las Aguas gravitatorias
que llenan el espacio exterior.
El
Firmamento en el Verbo del Génesis es la Atmósfera resultante de esta manera
creado. Firmamento al que llamó el Hijo de Dios “cielo”, el cielo de todos los
días, azul, rojo, blanco, amarillo, naranja, violeta, púrpura. Firmamento sobre
cuya arquitectura ya tendremos tiempo de entrar, y hablando de la cual tocamos
su génesis, dejando para otro sitio los fundamentos de la Biosfera, fundamentos
que han de conducirnos a la definición de los elementos constitutivos de la
Ecosfera.
10.
La Mano
de Dios.
Siguieron
bajo el Sol bajando las aguas del océano madre. Y continuaron bajando hasta
alcanzar el nivel de los mares. Entonces, cuando las aguas se retiraron para
dejar que la Vida siguiera su curso, la huella de la Mano Creadora quedó
grabada en la piedra de las dorsales oceánicas, y sobre la superficie de la
huella de sus cinco dedos el árbol de las especies echó sus raíces.
Este es
el origen de la vida en la Tierra.
11.
El mundo
de las aves.
Los mares
se llenaron de criaturas, tantas que no cabían en la inmensidad de aquéllas
aguas que le dieron la vuelta al mundo.
El nivel
de las Aguas que están debajo del Firmamento siguió bajando y por tanto la
presión subiendo. Entonces el Árbol de la vida atravesó la frontera entre el
agua y el aire y el firmamento de los cielos se llenó de criaturas con alas y
picos.
Otras
ramas tocaron tierra firme directamente del agua a la tierra; pero el mundo era
de las aves, que ponían sus huevos en tierra y se extendían tierra adentro
hasta los confines de las cordilleras. Así que cuando los anfibios comenzaron a
internarse más allá de las orillas y se dieron por alimento huevos de aves
prehistóricas la necesidad de vigilar la propiedad generó la transformación
revolucionaria de las alas en brazos.
Este es
el origen de todas las bestias que paren.
12.
Los hijos
de Dios.
Crecieron
los padres de los hombres y sus familias en los bosques, desde cuyas fronteras
con el mundo de los Dinosaurios vieron bajar del cielo a los dioses. Los hijos
de Dios se distinguían de las demás criaturas porque caminaban sobre sus
piernas. Y el poder que su palabra ejercía sobre todas las bestias era muy
grande. Se despertó entonces en los hombres un instinto sui géneris, el de la
inteligencia, y encontraron en la capacidad natural para imitar a los dioses el
camino hacia el dominio del mundo. Fue por entonces cuando los hijos de Dios
adoptaron a los hombres como discípulos.
13
Mesopotamia.
La tierra del paraíso terrenal.
Dios le
dio a cada uno de sus hijos, “no de nuestra creación”, una zona de influencia
en la Tierra. Según el Sello que cada pueblo hubiera recibido de su preceptor
la Formación de los Cinco Pueblos originales de los que procede todo el género
humano daría origen a cinco culturas diferentes. El Proyecto Divino era
unificar esas cinco culturas en una sola, de la que emergería la concepción de
un reino mundial, patria original de todos los pueblos futuros del género
humano. La corona de ese reino se la daría Dios al Primer Hombre que le
llamaría Padre, y nadie podría otorgarse este poder.
Así que
este proceso de formación de los pueblos de la Tierra en marcha, viniendo de
diferentes lugares se encontraron en Mesopotamia, llámese Irak en los días
corrientes, un número indeterminado de familias. Crearon sociedad, levantaron
ciudades, establecieron constitución social. Pero jamás se otorgaron el poder
de elegirse un rey y comenzar por ellos mismos la obra de unificación de todos
los pueblos de la Tierra en un gran reino. Dios daría.
14
Adán y
Eva.
Y dio.
Movido por el Dios de los dioses abandonó su casa y su familia un joven
ciudadano de aquella Primera Mesopotamia. Acabó su andadura en un rincón virgen
de aquélla tierra regada por cuatro ríos.
Dios le
dio un nombre nuevo a su elegido: Adán. Y estando allí le descubrió el Futuro
de la Humanidad según en su Presciencia la había tejido en Su Mente.
Fuera del
Edén la voz del Gran Espíritu había extendido el mensaje. La elección divina se
había producido. La entrada del rey en la Historia era una visión para corto
tiempo.
Este es
el origen de Abraham, padre de Israel.
15
El talón
de Aquiles de Adán.
La
sociedad original humana no había sido establecida sobre la propiedad, la
mentira, o la conquista del Poder. Todo le pertenecía a Dios, y sus sacerdotes
almacenaban el fruto del trabajo en el Templo para su distribución según las
necesidades de las familias.
La
palabra de un hombre era ley. El hombre, a imagen y semejanza de su Creador, no
hablaba jamás en vano.
Aquí era
donde residía la fuerza del Hombre a los ojos de su Creador, en esa inocencia
que lo empujaba a creer en la palabra de su prójimo como si fuera la suya
propia. Hasta que llegó el hijo de la perdición y convirtió esa fuerza en diana
para la certera flecha de su traición.
16.
Más dura
sería la venganza.
¡Ay! Ay
de la Serpiente cuando el Padre de aquel niño volviera. El Dragón sería
desterrado de los límites de la Creació n donde el
no-ser vive una muerte que nunca llega, ni se va. Sus planes para obligar al
Gran Espíritu a convertir el paraíso en un mundo de dioses más allá del bien y
del mal estaban condenados al fracaso más absoluto.
En Dios
el Padre y el Juez son un todo indivisible. Justicia y Amor son los dos Brazos
de su Gran Espíritu. ¡Al Infierno quien ama el Infierno! Bendito sea Dios y su
santo espíritu de justicia. Él no puede soportar la visión de todo lo que hemos
visto y oído, y por eso la Creación entera ha estado expectante soñando con el
Día de la gloria de la libertad de sus hijos, cuando al frente de su Casa el Rey
del Paraíso se alce contra lo que el Infierno sembró entre los hijos de la
Tierra.
Bailad,
guerreros, la danza de la victoria en honor del Invencible. Batid palmas
vientos del Norte, recorred los mares con la noticia vientos del Oeste,
llevadle el grito de la esperanza a los que viven en las sombras del Este:
Viene el Rey, lo rodean príncipes que brillan como soles, el ejército del
paraíso de Dios vuelve a cantar al término de la Noche.
Sí, hijos
de la Tierra, ¡ay! de los Rebeldes por tercera vez, porque colmaron el vaso de
la paciencia divina; en su locura quisieron transformar el agua en veneno. Juró
entonces el Gran Espíritu que no retiraría su espada hasta que su hoja cayera
sobre la cabeza del asesino y sus cómplices malditos. Juró por su honor y su
gloria que un niño nacido de aquella Eva heredaría su espada, la del Gran
Espíritu, y con ella se cumpliría la Palabra de Dios: “Él te aplastará la
cabeza”.
¿No veis
hijos del Gran Espíritu la visión que el Guerrero Eterno tuvo? ¿Qué brazo
surgido del barro podría levantar con su puño la espada del Héroe de las
galaxias que recorren alegres el infinito? La respuesta está en vosotros porque
estuvo entre nosotros: El Brazo de Dios, el Brazo de su Hijo.
Viendo la
visión de su Padre, Adán se levantó del suelo y bailó sobre los restos de su
desesperación la danza de los héroes en honor del Campeón que el Gran Espíritu
les había elegido a los hijos de la Tierra.
Este es
el origen de Cristo.
17
Al Este
del Edén.
En la
amargura de la desesperación que le rajó el alma y le desgarró la mente, Adán
vio la historia de la humanidad desde el fratricidio a la última bomba que
reventó la Tierra y la redujo a montañas de piedra desvaneciéndose en el humo
de las estrellas. Los horrores que vio le espantaron de tal manera que se le
hizo imposible creer que su Dios y Padre fuera a permitir semejante tragedia.
Pasó
entonces que Adán no se equivocó.
Dios
sintió la traición de Satanás como una puñalada por la espalda, como un lanzazo
en pleno corazón. Muerto su elegido la Tierra quedaba a merced de un Dragón
loco por imponer su imperio desde un confín al otro del mundo, pero por su
Omnisciencia y Todopoder que la Serpiente Antigua acababa de firmar su
sentencia de destierro ad eternum del Cielo, de la
Tierra y del Cosmos entero. Por su Gloria que un hijo de ese mismo Adán se
levantaría hasta las nubes, alzaría su brazo y dejaría caer el Martillo de la
Venganza sobre la cabeza del asesino de Adán.
Adán y
Eva también fueron desterrados lejos de su patria. Adonde nadie pudiera
encontrarlos y mataran al Niño de la Profecía. Fue como si se los hubiera
tragado la tierra. Los escondió Dios de la cólera de sus hermanos entre los
pueblos de las montañas, moradores de cuevas, los montañeses cazadores de
pieles del Este.
Este es
el árbol genealógico de los hijos de Noé.
18.
La
primera guerra civil mesopotámica.
Inmediatamente
después de la Caída, las Ciudades de muy antiguo, Ur, Lagash, Kish, Umma... se
dieron reyes, y cada rey se lanzó a hacer realidad la utopía del reino
universal empleando la fuerza.
Los
ángeles rebeldes abrieron la Caja de Pandora, le dieron nuestro mundo por campo
de acción, y la larga mano de sus tentáculos alcanzó a todas las naciones.
Alcanzó también a Caín, que mató a Abel en un intento desesperado de obligar a
Dios a entregarle la gloria del Vengador.
Consolados
por la Sabiduría, Adán y Eva educaron a Set en la Doctrina Mesiánica de los
Patriarcas. Nadie excepto el propio Dios conocía el tiempo del Nacimiento del
hijo del Hombre.
Cuando
terminaron aquellas primeras guerras fratricidas los hijos de Set regresaron a
la patria perdida y aprendieron a convivir con las demás familias en igualdad,
sin olvidar jamás la situación de guerra declarada entre el Cielo y el
Infierno, y la parte que se les había asignado en el encuentro.
El Primer
Hombre que llamó Padre a Dios fue Adán; pero de ninguna manera Adán iba a ser
el último a quien Dios llamaría Hijo delante de su creación entera.
Este es
el origen mitológico del rey David
19.
Hacia el
diluvio universal.
Las
crónicas conocidas para el periodo de la Caída de las Ciudades-Estado y la Era
antes del Diluvio nos vienen dadas de una forma arcana en los archivos
descubiertos en los yacimientos arqueológicos del Oriente Medio. Hablan de
crónicas reales, del origen divino de la realeza. Coinciden con el Génesis
Hebreo en el acontecimiento del Diluvio.
Según se
deduce de la historia de aquel mundo de mitos y héroes, las Ciudades-Estado
compraron la paz a un precio muy alto. La Fuerza por Ley le entregó al imperio
de los dioses antiguos el cetro de las Cuatro Regiones. Estos, los dioses
malvados y malditos que sembraron la cizaña de sus mentiras de un confín al
otro del mundo, sin miedo ni honor ni vergüenza en sus entrañas, no habiéndoles
bastado con haberle declarado la guerra al que aún seguían llamando Padre, le
ofendieron hasta el infinito pisando una ley sagrada, inviolable, contra cuyo
delito insoportable su Gran Espíritu sufrió en silencio lo indecible. Pero
tragándose su orgullo, quemándole la sangre, aguantó el Divino Guerrero el
sufrimiento, almacenando en su alma el fuego en el que se quemarían eternamente
aquellos demonios perversos y malditos.
Porque si
un padre por amor a un hijo permite que ese hijo mate a sus demás hermanos, ese
padre es el demonio malvado y perverso de cuyo seno surgiera tal malvado hijo.
¡Lejos de la Paternidad Divina semejante conducta criminal!
Callado,
con los dientes apretados, los nervios en tensión, Dios sufrió lo indecible el
día que pisaron su ley sagrada sobre la prohibición del cruce de razas
cósmicas. Uniéndose Satán y sus hermanos malditos a las hembras humanas
parieron de ellas criaturas medio hombre medio demonios que, arrasadas sus
entrañas por una inmortalidad que se les negaba, sembraron el mundo de
destrucción, convirtiendo las tierras en un campo de devastación donde obtener
de sus padres demoníacos, a base de sacrificios humanos, la inmortalidad que se
les negaba.
Ellos,
los héroes de muy antiguo, fueron los fundadores de las religiones sangrientas
que asolaron las tierras y compararon a nuestros padres con las bestias,
sacrificando vidas humanas en el altar de sus pasiones imposibles tras la
búsqueda de la fuente de la juventud eterna. Enloquecidos por su condición ni
divina ni humana sembraron el mundo de aquellas guerras y violencias gratuitas
que en sus cuentos y leyendas recogieron los Antiguos, cuando por el amor de
una hembra un hombre era capaz de meterle fuego a toda una ciudad, como si en
el mundo aquella Helena hubiera sido la última mujer sobre la faz de la tierra.
Salvajes, monstruos paridos de semillas malditas, los héroes de muy antiguo
nacieron para morir arrastrando con ellos a la tumba a todos los que le
rodeaban, como se manifiesta en las tumbas de los Ra y los Amones del Egipto.
No
pudiendo soportar más la presencia de aquel mundo donde el bestialismo impuso
su norma, optó Dios por dar por finalizada aquella obra, echarla abajo y
empezar una nueva. Si afectó el Diluvio a todos los continentes de la misma
manera y en el mismo momento es un cantar de otra materia. Si fue así cada
pueblo lo sufrió a su manera.
CAPÍTULO 3
20
De Noé a
Abraham.
Las
pruebas del carbono dicen que la fecha del Diluvio debemos situarla hacia el
principio del tercero y finales del cuarto milenio antes de Cristo. La
reconstrucción de la historia desde la arqueología se suma al testimonio.
Se
salvaron muchos del desastre y volvieron a empezar de cero. Durante aquel
proceso de reconstrucción internacional los hijos de Noé tuvieron la parte del
guerrero que baja de las montañas al anfiteatro de las vanidades babilonias. La
estructura del Mito Acadio una copia de la estructura del Mito Hebreo, no es en
vano que muchos historiadores hayan creído descubrir en el Gilgamesh del Mito
sumerio la Conexión Judía.
Recordemos
que Dios les prometió a los hijos de Noé, mirando al hijo del Hombre, la
invencibilidad por norma.
“Se
apoderará tu descendencia de las puertas del Infierno”, les dijo. Promesa
maravillosa y fantástica en la que el Padre de Adán se ratificó en su juramento
de venganza contra los príncipes del Infierno.
Estaban
ya los demonios malditos que un día fueran ángeles benditos celebrando la
destrucción del mundo, y se festejaban ya con la victoria final sobre el “hijo
de Eva”, del que ya se reían antes de ver su Nacimiento, cuando Aquél Rey
silencioso y desconocido, cuyo Gran Espíritu no demostraba sentimiento de
fracaso alguno, levantó la cabeza y abriendo su boca, para vergüenza y
confusión de quienes ya celebraban la victoria no conseguida, repitió su
juramente bendito: “El hijo del Hombre te aplastará la cabeza; baila mientras
puedas, maldito”.
Noé y sus
hijos bajaron de las Montañas del Este en formación de ejército. (No olvidemos
que al guerrero de los guerreros, Gilgamesh, se le adjudica un origen montañés
en los textos cuneiformes). Los hijos de Noé vivieron en las ciudades,
crecieron y se multiplicaron. El clan original se expandió por las ciudades de
Nippur, Uruk, Ebla, Kish, Lagash, Umma, Ur
En Ur de
la III dinastía vivían los padres de Abraham cuando la locura ególatra arrastró
al rey de Ur a otorgarse la inmunidad constitucional que se les suponía a los
dioses. Pero reconfiguremos en líneas maestras la sucesión de aquellos
acontecimientos.
Según los
elementos arqueológicos a nuestra disposición podemos situar la fecha del
Diluvio a finales del Cuarto Milenio y principios del Tercero. El llamado
Periodo Protodinástico sitúa su origen en el 2.900. Esta ubicación obliga a
situar entre la catástrofe y el renacimiento de las poblaciones un par de
siglos por medio.
La ciudad
de Kish fue la primera en salir de las aguas y darse un rey. Al poco la ciudad
de Uruk entró en la dinámica, aportando a la historia las aventuras de su héroe
y rey, Gilgamesh.
Tras la
muerte de Gilgamesh la ciudad de Kish volvió a recoger la Vara del Imperio,
actuando su rey entre las ciudades vecinas como árbitro y juez de sus disputas.
Poder que pasó a Ur, y después a la ciudad de Lagash, situándonos así en el
siglo XXV a.C. Para finalmente caer en manos de la ciudad de Umma, cuyo rey
héroe reclamó para sí el imperio del Edén.
Imperio
que le duraría a Umma poco tiempo. Se lo arrancó de las manos el joven Sargón,
copero del rey de Kish. Sargón se rebeló contra su rey, se fundó su propia
ciudad imperial, Acad, y desde Acad salió a conquistar el mundo.
Lo
conquistó.
Sus hijos
reinaron desde el 2278 hasta el 2193 aproximadamente, cuando los Primeros
Bárbaros cayeron sobre el imperio del Edén y extendieron su anarquía desde un
extremo al otro de las Cuatro Regiones.
La caída
del imperio de Acad le devolvió el protagonismo a las ciudades clásicas, entre
las que Lagash volvió a saltar a primer plano bajo la jefatura del famoso y
legendario Gudea. Pero no fue este Gudea quien liberó al País del imperio de
los Bárbaros sino la coalición de las ciudades del Sur lideradas por el rey de
Uruk, bajo cuya bandera debemos situar a los abuelos de Abraham.
Pasó,
pues, que tras la derrota de los Bárbaros Gutis, el jefe Utukhegal quiso
proclamarse emperador, lo que al jefe Nammu y su consejo de príncipes de Ur no
les gustó nada, y le declararon la lógica guerra de independencia. Bajo esta
bandera, en efecto, podemos situar a los padres de Abraham.
Nos
hallamos en la frontera entre los dos milenios, Tercero y Segundo a.C.
Observamos,
sin embargo, que antes del descubrimiento de las Ciudades Perdidas Sumerias, en
la segunda parte del siglo XIX, hablando de Nínive, Ur, Kish, Akkad, Lagash,
etcétera, estas Ciudades y su Mundo, que forman parte del Mundo
Profético-veterotestamentario, esas ciudades y su mundo, en opinión de la
Ciencia del XVIII y principios del XIX, jamás existieron, siendo el Génesis de
Moisés y los libros de los Profetas, tratando desde Nabucodonosor hacia atrás,
pura invención literaria, un cuento de viejas mitológicas que los Israelitas se
sacaron de la manga, y los Cristianos rescataron a fin de mantener en las
tinieblas a las naciones, de las cuales la Ciencia las iban a sacar a todas,
especialmente a las alturas del siglo XX, fecha que los científicos firmaron
como la fecha de la muerte del Cristianismo.
Pero por
uno de esos acontecimientos que jamás debieron producirse, pero que se
producen, una generación de científicos locos, como investidos del poder de
Jesucristo para resucitar muertos, se pusieron a resucitar las Ciudades
Perdidas de Sumeria que, hasta entonces, fueron sólo cuentos de viejas.
Los
Sayce, Maspero, Rawlingson, etc, reventaron la dialéctica del materialismo
histórico del siglo XIX con la Nueva Ciencia de la Interpretación de las
Lenguas rescatadas de la Tumba: El Sumerio, el Hitita... donde descansaron
Nínive, Ur, Kish, Lagash, Acad... las ciudades protagonistas de la Lista Real
Sumeria.
La
relación entre los años de vida de las Genealogías Bíblicas y los años de vida
de los reyes de esta Lista fue y sigue siendo uno de esos fenómenos que dejan
con la boca abierta.
Recordemos:
La corona
descendió del Cielo. Eridú fue la ciudad real elegida
por los dioses.
Alulim,
(Adán), el primero de los reyes de la Tierra, reinó durante 28.800 años.
Dumuzi el
Pastor, durante 36.000.
Estos 3
reyes sumaron un total de 108.000 años. Cuando Bar Tibirá cayó la corona pasó a Larsa.
Ensipadzidana reinó en
Larsa durante 28.800 años. Enseguida Larsa cayó y cogió el relevo Sippar
Enmendurana se alzó
con la corona y reinó durante durante 21.000 años.
Sippar cayó a su vez y Churrupag le sucedió.
Ubar Tutu
reinó en Churrupag durante 18.600 años.
8 reyes
para cinco ciudades durante un periodo de 241.200 años. Inmediatamente el
Diluvio Universal los borró del mapa.
CAPÍTULO 4
21.
Abraham.
La
estructura de los hechos nos permite creer que Najor, abuelo de Abrám, fue uno de los jefes de Ur que bajo la jefatura de
Utukhegal de Uruk liberaron al País de la anarquía en la que lo sumieron los
Bárbaros.
Pero
detengamos esta relación para destacar el fenómeno del tiempo. Se habla de
miles de años para una dinastía y reinado. Es el mismo fenómeno que observamos
en las genealogías bíblicas de los Patriarcas antes de Noé.
Fenómeno
que nos muestra dos cosas; la primera, que el método de contar el tiempo de
aquellas generaciones del Cuarto Milenio y Quinto Milenio a.C. no es el Método
que durante el Tercer Milenio y en adelante hemos conocido, y bajo el que nos
regimos actualmente.
Y la
segunda cosa es que: derivando de esta conexión se comprende que el Pueblo del
Primer Reino que conoce nuestro Mundo, cuya corona se posó en Adán, el Alulim
sumerio, padre de Noé, y los Sumerios fueron el mismo Pueblo, del que la
Descendencia de Noé se desgajó hasta crear su propia Nación.
Dicho
esto, regresemos a la línea del Tiempo.
Derrotados
los Gutis por la coalición dirigida por Utukhegal, Teraj, padre de Abrám,
siguiendo esta línea, participó en la coalición de los príncipes de Urque bajo
la jefatura de Nammu se alzó contra la tiranía a la que después Utukhegal se
abandonó.
La
victoria de la coalición de Ur les permitió a los hijos de Nammu alzarse con la
corona. Una corona que no tardó en sucumbir al paroxismo de la perversidad
cuando su sucesor, Shulgi, declaró ser dios en la tierra.
Digamos
que se regresó de repente a los días anteriores al Diluvio, cuando los héroes
de muy antiguo proclamaron ser auténticos y genuinos hijos de los dioses y
reclamaron para sí todos los derechos de la divinidad. ¿No fueron sus
religiones y sus hazañas las que condujeron a las naciones a la ruina?
Bajo el
reinado de los hijos de Nammu, reinando Shulgi y sus hermanos en Ur, nuestro
Abraham abandonó su ciudad natal. No pudiendo soportar por más tiempo aquella
egolatría, Abraham abandonó Ur. Curiosamente sin encontrar resistencia.
Poco
espacio para la duda dejan los hechos.
Por la
fuerza que posteriormente demostró el ejército de soldados ganaderos al mando
de Abraham, todo indica que el hijo de Teraj estuvo en el ojo del huracán de la
guerra civil que la divinización de Shulgi puso sobre la mesa. De no haber
mediado su Dios el hijo de Teraj seguramente hubiera liderado el golpe de
Estado contra el hijo de Nammu. Otro gallo habría contado entonces en Ur. El
ejército del hijo de Teraj habría decidido la suerte de la ciudad.
Cuando
por tanto Abraham abandonó Ur, el hijo de Nammu vio partir a su enemigo más
peligroso. El destierro voluntario del hijo de Teraj reducía la oposición a su
dinastía a la mínima expresión posible.
Y así fue
cómo al frente de un poderoso ejército de guerreros-pastores Abraham subió por
las orillas del río Occidental sin nadie que le osara hacerle frente. Entró en
Siria por el Norte, tierra de nadie abierta al pastoreo y al bandidaje.
Dice la
Biblia que guerreó Abraham hasta contra cinco reyes juntos. Y siempre triunfó.
Y siguió triunfando. Tampoco el Faraón se atrevió a consumar su audacia. ¿En
qué se quedó su anunciada boda con la mujer del Hijo de Noé? Un ejército de
hombres curtidos en el campo de batalla que se mueve al sonido de la palabra de
un solo hombre ¡de cuándo fue lo que se dice un enemigo fácil!
En cuanto
a la fecha aproximada del peregrinaje de Abraham y su hijo Isaac por las
tierras del Oriente Medio, las hambrunas de las que habla la Biblia y las
hambrunas que asolaron el reinado de los hijos de Nammu, especialmente durante
el reinado de Ibbi Sin, entre el 2028 y el 2004, nos sirven de punto de su
localización en la línea del tiempo.
La
presencia de Abraham y su hijo entre los Amorreos, pueblo enemigo de Ur, con
los que las relaciones de Abraham fueron las típicas del enemigo de mi enemigo
es mi amigo, nos abre los ojos a la situación geopolítica en la que se movió el
padre de Isaac. Amén de confirmarnos en los límites cronológicos entre los
cuales hemos situado a Abraham y su hijo.
22.
Israel.
Incomprensible
una decisión que pudo haberle manchado su reputación con la fama de los
cobardes, Abraham prefirió la sabiduría de su Dios a la de los hombres. Su
posición teológica no admitió mutilaciones ni revisiones. El tiempo del hijo de
Eva no había llegado. Esta era su verdad. Lo otro, creer que la historia del
Paraíso Perdido era sólo eso, una historia de viejas, fue para Abraham
tentación de Satanás.
En
efecto, la impaciencia fue la madre del pecado del Caín. La ignorancia, no la
sabiduría, fue el motor de su delito. Quien juró venganza se conservó el
derecho de ponerle fecha al día del combate a muerte entre el hijo del Hombre y
Satanás. A Dios le toca decir el cuándo y el cómo. Él dice y la creación entera
escribe: ‘Y así se hizo.” En su palabra está la vida.
“Cuenta
las estrellas del cielo si puedes, así de numerosa haré que sea tu
descendencia”.
¿Dónde
están los descendientes de la Casa de Nammu?
Después
de la muerte de Isaac, en vida de Jacob, padre de José, la hambruna volvió a
golpear las tierras del Oriente Próximo Antiguo. Durante aquellas hambrunas que
asolaron el universo conocido nos ha sido descubierto en los papiros el
asentamiento de un poderoso Clan Hebreo en el Nilo.
La
Conexión Judía introduce a José en los movimientos sociales que las hambrunas
causaron en la Corte del Faraón.
Con José
entró en Egipto la Providencia. Se entiende que en agradecimiento el Faraón y
su Corte les permitiesen a los hermanos de la Providencia instalarse en la
orilla del Nilo que más les gustase.
Con la
Providencia en casa adiós a los malos tiempos.
23
Moisés.
Hemos
localizado el periodo abrahámico durante la III Dinastía de Ur, entre los dos
puntos extremos del siglo XXL Y hemos visto cómo en los registros faraónicos
del Imperio Medio, en el reinado de Amenemhat II, entre el 1929 y el 1895, las
tribus asiáticas empezaron a internarse en el Egipto, desplazándose cada vez
más hacia el sur.
Fue en
las crónicas de Sesostris II, sucesor del anterior, que ya queda constancia
firme de esta inmigración de tribus asiáticas en el imperio. Pero el punto de
interés que atrae nuestra atención son las hambrunas que asolaron el Egipto
durante el reinado de Mentuhotep III. Hambrunas que nos conectan con la
Historia de José, permitiéndonos situar la entrada de los hebreos en el País
del Nilo al principio del Segundo Milenio.
La
importancia de esta conexión radica en la respuesta que exige el acontecimiento
del asentamiento de tribus ganaderas en el reino de los faraones, agricultores.
El hecho de la ruptura con la cultura tradicional faraónica, de rechazo hacia
los pueblos nómadas, ganaderos, nos abre los ojos a un cambio que sólo se
explica por la revolución que supuso la presencia de José en la Corte del
Faraón. Sin ir más lejos será durante este periodo cuando el Faraón adquirirá
todas las notas clásicas, tan típicas a las estructuras imperialistas
asiáticas, y se produce la Unificación de los dos Egiptos.
Es de
comprender, pues, que hasta que no llegó aquel faraón que no conoció a José,
los Hebreos disfrutaron de una política de amistad privilegiada, disfrutando de
la cual al crecer extendieron sus asentamientos más al sur, al precio, claro
está, de abandonar la tradición ganadera de sus padres.
¡Qué
pronto, pues, se olvidan los malos tiempos! Al volver la esquina los hijos de
los salvadores se convirtieron en los padres de los esclavos que hicieron
grande al Imperio del Faraón, y, con el paso del tiempo y otras vueltas de
esquina, le acabó significando a los egipcios su ruina. Pero vayamos por
partes.
La
política de amistad hacia las tribus del Oriente Próximo que los faraones de
las dinastías XII y XIII ejercieron atrajo a su imperio a otro pueblo. Estamos
hablando de los Hicsos. Y será en el golpe de Estado que estos Hicsos dieron
donde debemos buscar al faraón que no conoció a José, y que les pagó a los
hebreos su negativa a secundar el asalto al Poder ¡con la esclavitud!.
La
decadencia que experimentó la corte faraónica durante la dinastía XIV le abrió
las puertas al poder al pueblo que se hallaba entre ellos, los Hicsos, poder
que no recuperarían los egipcios sino después de perecer el ejército hicso
ahogado en las aguas del mar Rojo.
De esta
forma mirada la línea del tiempo si la entrada de los Hebreos la hemos situado
en alguna parte del siglo XX, su salida, cuatro siglos más tarde, la situaremos
hacia la mitad del siglo XVI, fecha, precisamente, en la que se produjo la
Caída de los Hicsos y la conquista del trono perdido por los Ramsés.
24.
Josué.
La
inocencia, digámoslo todo, no fue el talón de Aquiles de Josué. Como en la Edad
del Bronce los metales eran los que hablaban, conocedor perfecto de la lengua
de las armas, Josué dirigió la Conquista de la Tierra Prometida de victoria en
victoria.
“En ese
espacio de tiempo, siglos XVI y XV a.C., una marea de pueblos en movimiento
revolucionó el status quo del Oriente Próximo
Precristiano”, con sus palabras, con su forma de negar sin dejar de afirmar, de
afirmar negando, nos dice la Historia Oficial.
Lo que
pasó fue que Josué y sus hebreos arrasaron. La Conquista de Palestina Bíblica
por una marea de guerreros-esclavos hubo por necesidad de desatar el terror que
precedió a la estampida.
La
noticia de la Liberación de los Hebreos había de extender y extendió el terror
al Oeste del Jordán.
Comparemos
esta Rebelión de los Esclavos Hebreos de Egipto con la Rebelión de Espartaco
contra el Imperio Romano y entenderemos la naturaleza de la ola de pánico que
se extendió por Italia, magnificada en este caso por la Caída del Faraón Hicso.
Desde
nuestra cómoda posición, tres mil quinientos años después, resumimos la noticia
diciendo que los esclavos egipcios se habían rebelado contra el Faraón, se
habían vengado de la muerte de sus niños y habían derrotado a las orillas del
mar Rojo a los ejércitos del señor del Nilo. Habían pasado a este lado del
Sinaí y venían a la conquista de las tierras del Jordán dirigidos por un Jefe
militar que no conocía la misericordia. Su mensaje para todas las Ciudades-
Estados al Oeste del Jordán era inequívoco: Huir o ser destruido.
Esto
desde nuestra óptica. Pero desde la mentalidad de aquellos pueblos de la
Palestina Bíblica las noticias fueron otras.
Como si
se tratasen de los descendientes de la Desaparecida Atlántida un Pueblo había
salido de las profundidades del mar. Aquellos hijos del océano acabaron con el
imperio de los faraones hicsos y ahora dirigían su conquista hacia el Este con
un único propósito: Destruir por destruir. ¿Pues quién es el que vence a un
ejército imperial y en lugar de apoderarse de su reino se da la vuelta? Habían
cruzado el Sinaí para arrasar, destruir y devastar. Esta Noticia generó el
terror en la Palestina Antigua.
Entonces,
la marea conquistadora hebrea transformada en el impacto de la roca sobre las
aguas, de sus profundidades emergieron los Filisteos. Sin embargo la entrada de
los Filisteos en el escenario no se produciría sino al final de la leyenda,
cuando por fin los pueblos asiáticos descubrieron que los hebreos no eran
monstruos hijos de la Atlántida sino hombres como todos los demás.
Recapitulemos
cómo estaba el mundo cinco siglos después de Abraham.
El
hundimiento de la Dinastía de Nammu, Tercera de Ur, dejó la Vara del Imperio a
merced del aventurero más osado. En la ciudad de Larsa, su rey Gungunum se puso
a la cabeza de los Estados mesopotámicos, dominando su figura el último tercio
del siglo XIX.
Su muerte
les dio alas a los reyes de Isín, que vieron fracasar su intento de recuperar
la hegemonía perdida y tuvieron que sufrir la divinización de los hijos de
Gungunum. Teocracia sui géneris, tan típica de las edades mesopotámicas, que
acabaría por conducir al primer plano a la Babilonia de Hammurabi.
Durante
un tiempo, siempre en el siglo XVIII, la Asiría de Shamsi Adad, la Larsa de Rim
Sin y la Babilonia de Hammurabi guerrearon entre ellas y con el resto del mundo
por el Imperio. Al alcanzar la mitad de siglo Hammurabi impuso su ley, y de
nuevo el País del Edén estuvo en el puño de un solo hombre. Dominio imperial de
breve extensión numérica, ya que en el 1595 la dinastía de Hammurabi pasó a
mejor vida y el País regresó a la anarquía que le era tan típica.
La
sucesión de un nuevo pueblo en el Poder, los Casitas, nos sirve para abrir el
horizonte y ver en la escena geopolítica la existencia de un reino fuerte, el
Hitita, que junto al Mitanio y al Egipcio se
repartirán los papeles que hasta entonces habían estado interpretando las
Ciudades Estados.
El
detalle que nos llama la atención y nos da cuenta de la importancia de la
Conquista de la Tierra Prometida nos lo prueba el hecho de no haber podido
cruzar ninguno de estos tres reinos las fronteras trazadas por Josué. De hecho,
los famosos “Hapirus”, o hebreos, se ganaron la fama
de terribles adversarios en las fronteras del reino Mitanio.
Situación que cambiaría con la avalancha filistea, que no sólo reventó los
muros del reino Hitita y echó abajo las lindes del desaparecido reino de
Mitani, sino que fueron los primeros ejércitos conocidos en plantarse delante
de los Hebreos con la esperanza en la victoria.
Los
ejércitos del famoso rey asirio Tiglat Pileser I, aun
llegando a las costas fenicias, tampoco se atrevieron, o no pudieron conseguir
traspasar las Lindes de Josué. Sería en el siglo XI cuando, destruidos los
reinos clásicos de esta segunda mitad del segundo milenio, esas lindes serían
pisoteadas y el propio pueblo Hebreo puesto al borde de su destrucción por los
mismos destructores de los Hititas. La natural intención filistea de apoderarse
del tercer reino del momento, el Egipcio, tenía que pasar por el cadáver de los
Hebreos. Cosa difícil de hacer mientras el Dios de Moisés estuviese con ellos.
Si en su
día los hebreos liberaron a los egipcios de los Hicsos, ahora los salvarían de
los Filisteos.
CONCORDANCIA
ENTRE LOS ACONTECIMIENTOS DEL PRÓXIMO ORIENTE DURANTE LA SEGUNDA PARTE DEL
SEGUNDO MILENIO A.C., A FAVOR DEL EXODO EN EL SIGLO XVI A.C.
1750. los
hicsos conquistan Avaris
1595. fin
de la primera dinastía de babilonia.
Murshilish I, nieto
de Khattushilish I, destruye Aleppo y Babilonia.
1573-1550
Los egipcios expulsan a los hicsos
Éxodo y
Caída de Jericó
La
Cronología final de la época Medio-Oriental en relación a la Historia de la
Biblia nos permite dibujar los Acontecimientos desde una nueva perspectiva. La
desmembración de la Cronología del cuerpo de la Arqueología en orden a apartar
a la Historia Universal de la Historia Divina causó a finales del XIX d.C. un
desplazamiento de los Hechos que condujo a situar el Éxodo en el siglo XIII
a.C.
La
imposibilidad de armonizar los acontecimientos relatados en la Biblia y nuestro
conocimiento de la Civilización y Cultura Faraónica Egipcia nos aparta de darle
viso de trascendencia histórica a una cronología oficial cuyo origen es
antibíblico.
El primer
factor que anula semejante desplazamiento del nacimiento de Moisés al siglo
XIII a.C. tiene en la Endogamia Monolítica de la Casa Faraónica su llave
maestra. Creer que una Dinastía Imperial fundada en la Endogamia cerrada de la
Familia Faraónica pudiese admitir en su seno al hijo de una esclava, caso
Moisés, es proceder a negar todos los conocimientos almacenados sobre la
Mentalidad de la Dinastía Faraónica.
En verdad
que hay que tener los pies bien hundidos en el anticristianismo más feroz para,
contra la propia inteligencia, cegarse los ojos y pasar por alto semejante
barbarismo.
Inútil
sería meterse en una reconstrucción de la mentalidad endogámica faraónica que
vimos en su aspecto más brutal en la historia de Cleopatra VII.
El
Racismo es cosa nueva. Los pueblos antiguos no entendían de racismo tal cual
nosotros lo entendemos. Pero creer que un Hebreo, hijo de esclavos, podía ser
adoptado, en pleno siglo XIII a.C, por la Casa
Faraónica como príncipe es en verdad exigirnos que nos cortemos la cabeza o que
nos desprendamos del cerebro.
Bajo la
naturaleza endogámica faraónica que permanecería vigente durante la era
ptolemaica hasta dar su último coletazo en Cleopatra VII, abrirle al Moisés del
Éxodo las puertas de la Corte del Faraón del siglo de los Ramsésidas es retornar a la petición de dejarnos arrancar el cerebro. O bien se le niega
Realidad alguna a la Historia de este Héroe Bíblico, o se niega la Cronología
Oficial para el Éxodo que sitúa el Paso del Mar Rojo en algún punto del Siglo
XIII.
Frente a
la Mentalidad Endogámica Faraónica no cabe otra elección.
Un Hecho
semejante, la adopción de un esclavo por una princesa faraónica únicamente
podía caber en la Corte de los Reyes Hicsos. Procedentes ambos, el Israelita
Hebreo y el Pueblo de los Hicsos del mismo Tronco, dos ramas del mismo fenotipo
asiático mesopotámico, la adopción por una princesa hicsa del hijo de una
esclava israelita venía a quedar al nivel de una española adoptando un niño
francés o italiano.
Del otro
lado, la Endogamia de la dinastía hicsa se reducía al carácter militar típico
de todo acto de invasión y conquista. Aquella reacción del poder hicso al
crecimiento de la población israelita no fue registrada jamás, en ninguna
época, como propia de la corte egipcia nativa; y no existen registros de
semejante medida, en general, y en especial contra los Israelitas, por la
sencilla razón de que no le cabía al Egipcio semejante barbarismo. Únicamente
una corte no nativa, la Hicsa, que se sentía invasora y siempre alerta de que
el golpe de Estado que dieron contra sus anfitriones, los Egipcios, se les
volviera como boomerang de mano de los Israelitas, podía dar su bendición a
semejante Medida genocida.
Esto de
un sitio.
Del otro,
regresemos al Golpe de Estado que los Hicsos dieron contra sus anfitriones, los
Egipcios, en el 1750 a. C.
Desde
este año, 1750, hasta el año de su Caída, allá por el 1550, década arriba o
década abajo en el aire, los Hicsos tienen dos siglos de dominio absoluto
durante los cuales los Egipcios se retiraron al Sur y desde el Sur esperaron su
momento. ¿Qué acontecimiento les permitió de golpe y porrazo lanzarse contra un
Invasor que durante dos siglos habían impuesto su ley en el Nilo? Las fuerzas
militares egipcias durante el periodo anterior a la Caída de los Hicsos se nos
descubre nula.
También
está Jericó, la ciudad amurallada que no pudo resistir el asedio de las
trompetas de Josué. Los Arqueólogos reconocen que en fue en esa fecha que sus
murallas cayeron ... pero que lo hicieron por efecto de un terremoto.
No
sabemos en qué data se basan para decir que la región sufrió un terremoto. A
menos que el terremoto se centrara exclusivamente bajo los pies de Jericó es de
creer que el prejuicio antibíblico cegó el pensamiento de los Padres de la
Arqueología del Próximo Oriente Antiguo, y, aun teniendo la concordancia de las
fechas, anclados en el anti-biblicismo se negaron a
relacionar entre sí los acontecimientos.
Primero :
en el
1750, aproximadamente, entra en Egipto el pueblo que no conoció a José, los
Hicsos.
Durante
otros dos siglos, hasta el 1550, aproximadamente, con lo que van cuatro los
siglos desde José a Moisés, los Hicsos dominan todopoderosos el Imperio de los
Faraones.
En este
mismo siglo, el XVI a. C., los Hititas se rearman y se lanzan a la conquista de
Siria y Babilonia.
Políticamente
hablando el Faraón Hicso tenía que enfrentarse a este problema de expansión del
imperio Hitita. De hecho, una vez caído el Poder Hicso, el Faraón Egipcio
entabló relaciones con el Nuevo Poder del Norte.
Quiero
decir, los Israelitas eran una población esclava que hubiese podido ser
utilizada como caballo de Troya por los Hititas. Una población de esclavos
suspirando por la Libertad es siempre un peligro interno predispuesto a la
revolución, si se cuenta con apoyo externo. El Faraón Hicso no podía lanzarse a
la guerra con el Rey Hitita dejando a sus espaldas este ejército de esclavos.
El Decreto de Asesinato de todos los niños hebreos venía a hundir el dedo en la
llaga sangrante del peso de la esclavitud, y a la vez marcaba cualquier
insurrección con el hierro del exterminio. De hecho los Hititas no cruzaron la
Línea Roja de Influencia Hicsa sobre las ciudades estados de la Palestina
Bíblica.
Los
Egipcios estaban a la expectativa. El ascenso del Poder Hitita podía ser usado
por el Egipcio contra el Poder Hicso. Atrapado entre el Norte y el Sur, en
medio quedaba un ejército de esclavos a la espera de un Libertador por su Dios
enviado para conducirlos a la tierra de sus padres.
El
Infanticidio en masa sería una buena medida política en aras de mantener a raya
a este ejército de esclavos forjados en el trabajo desde la cuna a la tumba. Es
de creer, tomando como termómetro el parón de los Hititas y el silencio de los
Egipcios, que el Hicso supo frenar la amenaza y crear una nueva balanza de
poder internacional.
Fue
precisamente entonces, cuando el Hicso se encontró afianzado en su trono, que,
sin venir a cuento, sale de la nada aquel niño salvado de las aguas, en mala
hora, se diría el Hicso, para pagarle al Hicso con la moneda que el Hicso le
había pagado al Hebreo : la muerte de todos los primogénitos hicsos.
Dios hizo
lo que le es natural a Dios cuando Dios quiere mostrarse como Dios, hundió
hasta el abismo el trono Hicso y regresó a la Corte al Egipcio.
Ahora
empieza el problema. ¿Cayó Jericó por un terremoto aislado en el espacio que no
dejó sentir sus ondas sino exclusivamente sobre las murallas de Jericó?
La
Concordancia Cronológica no puede ser más firme.
En el
Siglo XX-XIX a.C., aproximadamente, José es Virrey del Faraón.
Dos
siglos más tarde, XVIII, los Hicsos conquistan el trono de los Faraones.
Dos
siglos después, XVI, Moisés libera a los Hebreos y le pasa el mando a Josué.
Mientras
éste abre la Conquista de la Palestina, el Egipcio regresa a su Casa. Un regalo
del Cielo, una Gracia del Dios de Moisés.
Jericó se
hunde en el 1550 aproximadamente. El Terror se apodera de todos los reinos de
la Palestina. Comienza una reestructuración del Mundo Antiguo en dirección a la
Venida del Redentor, cuyos principales actores serán David, Salomón,
Nabucodonosor y Ciro el Grande, Alejandro Magno y Octavio Augusto.
Regresaremos
a esta Concordancia en otra fecha
Pero en
esto como en tantas cosas otras se trata de ir contando gotas del océano. Sin
ir más lejos vemos cómo las zonas de influencia entre el Hicso y el Hitita,
establecidas a raíz de la conquista de Aleppo y
Babilonia por el Hitita, es respetada por el Hebreo. Josué extiende la
expansión de las tribus dentro de ese marco geopolítico. Poniendo el Jordán
como frontera nacional Josué impide una confrontación directa con un reino
hitita en su momento imperial más dulce. No se puede olvidar que en la ciencia
de la guerra de campos de batalla el Hebreo, que acababa de salir de cuatro
siglos de aislamiento, era un guerrero bisoño. Un enfrentamiento directo con el
reino Hitita era lo último que podía regalarse Josué.
Quiero
decir, la estructura geopolítica de la región y la conquista de Palestina por
los Hebreos concuerdan en el Tiempo con una precisión que no deja lugar a dudas
a la hora de enmarcar este Acontecimiento, de carácter y valor universal, en el
siglo XVI a.C. Primero Moisés provoca la Caída de la Dinastía Hicsa en Egipto,
y, su consecuencia, la Restauración de la Dinastía Faraónica Nativa; después
Josué deviene el epicentro causante del terremoto que hundió las Murallas de
Jericó y expansión del terror entre las ciudades estados a este lado del
Jordán.
Observamos
además que los Hititas respetaron el marco geopolítico establecido tras su
conquista de Aleppo y Babilonia, una conquista que le
preparó al Hebreo su entrada en la Tierra Prometida, y nosotros vemos como la
acción Divina preparatoria del Éxodo. Absurdo es creer, conociendo el hambre de
imperio de la Babilonia de aquellos tiempos, que de no haberle dado fin el
Hitita a su reino, Babilonia se hubiese mantenido con los brazos cruzados ante
las consecuencias del Éxodo.
Si al
contrario se nos quiere hacer creer en un asunto de coincidencias, nuestra
respuesta no puede ser sino la que le conviene a quien se ha arrancado los ojos
de la inteligencia y sólo ve en las tinieblas lo que imagina ver. El hecho es
que entre la imaginación subjetiva y la realidad objetiva existe una muralla a
un lado de la cual está la ignorancia y al otro lado la locura. En este siglo
las ciencias históricas, al igual que el conjunto de las ramas del Árbol de las
ciencias tendrán que elegir a qué lado se sitúan; dependiendo de esa decisión
se tomarán las medidas correspondientes y necesarias para situar ese Árbol en
el Jardín que por naturaleza le pertenece : el Jardín de la Verdad.
25
Jueces.
Con el
asentamiento en la Tierra Prometida nacieron en las tribus hebreas los males
del sedentarismo antiguo. “Repítemelo otra vez abuelo”. ¡Las escrituras
sagradas, siempre las escrituras sagradas!
“Pregúntaselo
a los ancianos y te lo dirán”. “Escucha Israel...”
Con el
tiempo los oídos se cansaron de oír la misma historia contada mil veces.
Que sí.
Que ya está. Adán y la manzana prohibida, Noé y el Diluvio, Abraham e Isaac,
José y sus hermanos...
Las
generaciones futuras hebreas se amoldaron a lo que había, sus vecinos, el
progreso. Cada vez que lo hacían las cosas se les ponían cuesta abajo. La
Excepción de Moisés. Pero no aprendían.
Así que
cuando aquella fe que movía montañas llegó al ring de Goliat, la verdad sea
dicha, ya no movía nada, ni siquiera unas piernas de miedo clavadas en el
suelo, viviendo sus últimas horas de vida, de libertad en el mejor caso.
La manera
que tenían los Filisteos de tratar a los vencidos les ponía los pelos de punta
a todo el mundo. Y encima aquel Goliat poniéndose bonito. Muerte o esclavitud,
¿o es que ya no se acordaban de cuando los echaron a todos de su tierra al
grito de Huida o Muerte?
Ahí es
donde se equivocó el faraón. Muerto el perro se acabó la rabia, se burló Goliat
en sus caras.
CAPÍTULO 5
26.
David.
¿A Josué
le iba a hablar un hombre en la manera que lo hizo Goliat a Saúl? Los de Jericó
se escondieron detrás de muros altos y gordos como una Muralla China. ¿De qué
les sirvió? ¿Cuánto tiempo decían que podrían resistir? ¿Hasta que les saliera
barbas a los que estaban amamantando? Jajaja.
¿No
produjo Dios un milagro cuando los sacó de Egipto? ¿Por qué no iba a hacer
ahora otro?
“Salvarte
la vida, por ejemplo” graznó Goliat cuando descubrió la estatura del que había
soltado aquellas paridas, propias de un niño chico.
Le habían
elegido por aspirante al título a un mocoso larguirucho, una fregona de pie
pegando botes entre el gigante y la primera línea enemiga. ¿No era para reírse?
Jo jo jo.
“Calla,
perro pagano. No sabes nada. Eres tonto cual inmenso eres. Dios va a hacer una
obra tan grande como aquélla. Quienes la escuchen no se lo creerán. Se dirán
los unos a los otros: ¿Has oído el último chiste hebreo?: Va un pastorcillo de
tres al cuarto con su rebaño por el monte y le sale al encuentro un gigante
armado cual Hércules redivivo, de tres metros por lo menos. Todo hambriento, el
gigante va y le mete mano a una oveja rolliza. El pastorcillo lo coge in
fraganti. ¿Qué crees que le dijo el pastorcillo al gigante?.
Esto será
lo increíble. Tú tampoco te lo creerás.
El
pastorcillo era un león encantado por un brujo. No hablaba, rugía. No rugía
como un cachorrillo, rugía como el mismísimo rey de la selva.
El
pastorcillo encantado siguió dando vueltas y más vueltas alrededor del gigante
de hierro al ritmo de los tambores de guerra. Sobre su cabeza una honda con su
chinarro giró a velocidad vertiginosa. Los enemigos jadearon a su perro de
pelea y se echaron para atrás cuando el brujo corrió hacia la línea del frente
filisteo clavándoles en el cerebro aquél rugido embrujado que les desgarraba
los sentidos.
Desesperado,
harto de ver a aquél payaso bailar como una estúpida marioneta, Goliat comete
el imperdonable error de arrancarse el casco y espachurrarlo contra el suelo.
Iba a
hablar, quiso decir algo, abrió la boca para decir algo. Pero no le dio tiempo
para más. El enano soltó el misil. Bingo. Diana perfecta. Entre los ojos. Un
visto y no visto. El gigante cayó para atrás como un saco de patatas.
“Esto es
lo que hará el hijo de Adán con el Diablo. Observad, guerreros. Alzará la
espada y le cortará la cabeza de un tajo”- gritó triunfante David.
Un
pastorcillo de nada se enfrentó a aquel bocazas y le cortó la cabeza de un
tajo. ¿No es gracioso?
27.
La Corte
del Rey Profeta.
Saúl
reinó del 1025 al 1010. David desde el 1010 al 955.
La
coronación de Saúl nos abre los ojos a la anarquía en la que sumieron el mundo
los filisteos. Hititas, Mitanios, Asirios,
Babilonios, sombras de lo que fueron, el futuro de la Civilización quedó en
manos de los Hebreos. Quienes tampoco hubieran podido resistir su hundimiento
de no haber mediado el Dios de David, el verdadero artífice de la victoria
hebrea frente a los ejércitos que el Infierno se había suscitado en su
particular Guerra contra el Cielo. Pero no nos detengamos en lo que es Historia
Divina.
Durante
el transcurso de su reinado conoció David qué pasó en el Edén. También le
descubrió Dios su Plan de Salvación Universal.
Viendo en
espíritu el final de la batalla entre el Hijo de Dios y el Diablo, el rey David
saltó de alegría. No era él hombre de confesarse todos los días sin embargo, y
entre que él era puro secreto y su Dios lo tenía entre unos que querían matarlo
y otros que lo buscaban para quitarle la vida, David calló todo lo que había
conocido, y publicó lo que su Dios le inspiró para ser leído.
La idea
del rey Mesías caló pronto en el espíritu bélico de los jóvenes. Y no paró de
crecer hasta encontrar en Absalón su príncipe valiente.
Absalón
no podía ni iba a permitir que el partido de Salomón se aprovechase de la vejez
del rey en beneficio de la concesión de los derechos de la primogenitura a la
marioneta que se habían creado. Así que se impuso como top priority matar a Salomón.
28.
Salomón.
“El
primer pensamiento no es siempre el último; por el contrario casi siempre suele
ser el primer eslabón de una arquitectura de sucesos.
La
sabiduría nunca exige la vejez como condición sine qua non para dejarse
alcanzar.
La última
palabra no la tiene el más viejo, sino el más sabio. Pero hasta los sabios
desconfían de la omnipotencia de su razón.
El sabio
tiene en Dios su pensamiento, y en Su voluntad tiene su fuerza.
El
pensamiento del hombre es bruma en las tinieblas; el espíritu de la Sabiduría
es el que anima la inteligencia y la eleva hasta la respuesta del que conoce
todas las cosas porque Dios se las mostró.
Dios dice
y Dios hace; aquí tiene el hombre el principio de su inteligencia”.
Salomón
se crió bajo una lluvia de palabras de este género.
En la corte de su padre Dios había difundido su espíritu. El profeta Natán por
ejemplo, entraba y salía del palacio del rey más custodiado del mundo como si
fuese su propia casa. La verdad es que si Natán se hubiese callado nadie
hubiera descubierto el delito tan grande que cometió David matando al marido
para quedarse con la viuda.
Natán se
presentaba en palacio como si se tratase del mismísimo Moisés entrando en el
salón del trono de Egipto. No había en el mundo hombre capaz de cruzar sin
permiso las siete murallas de guerreros invencibles que protegían al rey de
Jerusalén ¿Entrar en pleno salón del Trono de Israel persona non-grata? ¿De
qué, cómo y cuándo?
Dominado
por el vértigo que le provocó el conocimiento del delito Natán irrumpía en la
casa del rey como entra un hijo en la casa de su padre. El hombre que tenía a
sus órdenes las mujeres más bellas del universo se había dejado llevar por la
pasión más juvenil y la había llevado a sus últimas consecuencias.
El hecho
de matar a un hombre para robarle es delito suficiente para pagar vida por
vida; el robo de la mujer de tu prójimo al precio de la sangre de tu hermano,
¿qué será?- le preguntó Natán al rey de los profetas.
El rey
había pecado tanto más cuanto que al haber sido ungido por Dios le hacía más
difícil a Dios cobrar venganza de la sangre derramada ¿Había atrapado David a
Dios en el dilema de Satán? ¿Condenaría Dios a todo el pueblo por el pecado de
un sólo hombre?
¿Qué
hombre de la Corte del rey David se hubiera atrevido a levantarse como profeta
delante del rey profeta de no haber sido su propio hijo? ¿A qué profeta le
hubiera aceptado David que le dirigiera la palabra sino a un hijo nacido de sus
entrañas?
Su Dios,
que tanto lo amaba tanto lo conocía, le sacó de su muslo un hijo nacido para
atarle la lengua.
29.
El
Nacimiento del Judaísmo.
“Él da
las órdenes, hijo mío, le decía Salomón a su hijo Roboam. Sus ejércitos se
mueven a la voz de su Verbo. Ningún jefe de su pueblo debe asumir las
competencias del Señor de los ejércitos; Él nunca está ausente. Él no deja a
sus ejércitos solos a la derrota. Él conoce el cuándo y el cómo. El Rey mira
por la paz y el bien de su pueblo; el pueblo del Señor Dios es su creación
entera. En su omnisciencia Él dirige el curso de la historia de las naciones.
Suya es la victoria; Él elige a los jefes de su pueblo desde el vientre de sus
madres. Sé sabio, hijo mío.”
¡Lo que
el viento se llevó!
A
espaldas de su padre Roboam se pasó al Judaísmo.
La tribu
de Judá se había conjurado para abrir la era mesiánica el día después de la
muerte de Salomón; tras la muerte de Salomón las demás tribus aceptarían
consumado el hecho y se unirían al proyecto.
“Hijo
mío, no te dejes halagar por los que se sientan a la mesa del rey, porque
hablan sus intereses no la sabiduría de Dios por sus bocas.
¿De qué
vale anillo de oro en hocico de puerco?; ¿no será la codicia la ruina del
avaricioso?”
¡Qué
padre aquél si hubiera tenido un buen hijo!
Detrás de
las lindes salomónicas el cocodrilo del Nilo estaba al acecho. Al otro lado de
los grandes ríos el oso asirio empezaba a salir de su letargo.
“No seas
loco, hijo mío...”
¡Palabras
de sabio en orejas de borrico!
A la
muerte del Rey Sabio el Cocodrilo del Nilo invadió Jerusalén, le arrancó las
piedras de plata a sus calles, desmanteló las tejas de oro de sus palacios, el
marfil de sus cúpulas, y se dejó atrás al hijo del rey Sabio llorando como una
mujer lo que no supo defender como un hombre. Esto pasó en el 930
aproximadamente.
Pero
recordemos:
La
verdadera ruptura determinante de una alienación del Judío frente al Hebreo
tuvo su origen inmediatamente después de la muerte del rey Salomón. Si nosotros
tomamos a los Hebreos como un único ser en tanto que fruto de las carnes de
Abraham, entonces tenemos que decir que la ruptura entre Judíos y
Galileos-Hebreos abrió un proceso de esquizofrenia violenta, incurable, el
progreso de cuya patología no podía ser otro que la destrucción del cuerpo
nacional. En efecto, en el 722 Sargón II destruye el reino de Israel, es decir,
la Galilea y la Samaría, y en el 607 Nabucodonosor hace lo mismo con el reino
de Judá.
Ni Dios,
podemos nosotros afirmar, puede hacer nada cuando la locura es abandonada a sus
propias fuerzas. Sin embargo más que satirizar sobre procesos que son cosas de
libro lo que aquí nos interesa es a cuento de qué los Hebreos de David y
Salomón rompieron el Pacto de Unidad entre las Tribus de Israel, provocando el
principio del fin de los Hebreos como Nación y Pueblo, que ya jamás volvería a
la escena, ocupando en lo sucesivo su lugar los Judíos.
A raíz de
la lectura de los libros históricos de la Biblia se ve que el choque de fuerzas
entre Judá y el resto de las tribus de Israel vino como consecuencia del mismo
error que arrastró a Caín a matar a su hermano Abel. Caín se dejó llevar por el
deseo de venganza y restauración del destino divino de su padre Adán. Y pues
que el único que se interponía entre Dios y su deseo era su hermano Abel la
respuesta era elemental; una vez muerto Abel, habiendo Dios determinado que uno
de los hijos de Adán vengaría su Caída y heredaría su Gloria perdida, una vez
muerto Abel y no teniendo más hijos Adán, Caín obligaba a Dios a ungirle como
su campeón y heredero de la corona perdida de Adán.
El error
de Caín estaba en sus músculos. No pensaba con la cabeza, pensaba con los pies.
No veía a Dios como Dios se ve a sí mismo. Y desde este error, viendo a Dios
como un hombre mira a otro hombre, creyó que su pensamiento y el de Dios tenían
el mismo fin y principio.
En el
caso Judío el error tuvo el mismo esquema de raciocinio. Dios le había
prometido a un hijo de David el reino universal y sempiterno (pues que somos
ciudadanos de la civilización cristiana y estamos al corriente de la existencia
de los Salmos de David no tengo necesidad de importar aquí el maremágnum de
profecías al respecto).
Traducida
esta promesa a la mentalidad del siglo de Salomón, la Profecía venía a decir
que Dios le había prometido a los Judíos el Imperio.
Amén,
Aleluya, Dios es Grande.
El
próximo Imperio en extender su bandera sobre Mesopotamia, y desde aquí a los
confines de la Tierra: sería el Imperio de los Judíos. La lógica de los hechos
así lo decía. Con David los Hebreos habían levantado el mayor ejército del
momento. Con Salomón el reino de los judíos había almacenado lo que es más
necesario para llevar adelante una Guerra de Conquista, oro y plata en
cantidades infinitas. El heredero de este ejército y tesoro sería el rey
Mesías, el heredero de la Promesa del reino universal, cuya descendencia se
alzaría como Dinastía hasta el fin del mundo, y su reino se extendería sobre la
superficie de toda la Tierra.
Jeroboam
sólo tenía que seguir este argumento lógico para abrir la Guerra por el
Imperio, sacar los ejércitos de sus cuarteles, desparramarlos sobre Egipto,
Asiria, Babilonia, Fenicia, y sus hijos se encargarían de Creta, Chipre,
Grecia, Italia, Libia, Media, Persia, y sus nietos de la India, Escitia,
Iberia, Abisinia, Arabia... El sueño del Imperio de los Judíos que aún en
nuestros días suena en la cabeza de un resto de los locos de Jeroboam, y que,
como se ve en la propia WWW, la esquizofrenia paranoide belicista es idéntica a
la que provocara la ruptura de las Doce Tribus, quedándose solas las de Judá y
Benjamín con su sueño de dominio universal.
La
Galilea, por aquel entonces parte del reino salomónico, comprendió que Judá, es
decir, los Judíos, tras la muerte del rey Salomón habían perdido el juicio y
cometían el mismo error de Caín, no ver a Dios como el que es, y caer en el
error de creer que es Dios quien sirve al hombre, que Dios está para hacer la
voluntad del hombre. ¿Acaso el grandísimo rey Salomón, dotado de toda sabiduría
y fuerza, no hubiera podido abrir la marcha de haber considerado que la
Profecía se refería a él, hijo de David?
Para
detener el proceso de destrucción del cuerpo nacional hebreo hubiera bastado
que Jeroboam hubiese seguido el consejo de los ancianos. Pero el consejo de los
Judíos le pareció mejor; él mismo se había criado mamando esa leche, y,
tropezando en la piedra de Caín, levantó su brazo contra Abel creyendo que el
miedo a la destrucción que la división levantaría en el horizonte obligaría a
los todos los Hebreos a aceptar la política de hechos consumados que pretendía
imponerles. Error que les costaría a unos y otros acabar como acabaron.
Puesto
que los Judíos culparon de su suerte a las demás tribus de Israel, la relación
futura con ellas fue de odio hasta la Caída de Jerusalén. Las tribus del reino
de Israel les devolvieron la gracia a los judíos en forma de guerras constantes
y continuas. Durante tres siglos largos los Judíos y los Hebreos tuvieron
tiempo de abrir entre ellos un muro de enemistad tal que ya jamás volvería a
desaparecer de la estructura mental judía, siendo desde este lado del odio que
los judíos miraron con el desprecio que se merecía un Hebreo -por ser Galileo-
al Jesús de nuestra Historia Divina. Escupitajo en rostro por ser Galileo del
que, por supuesto, San Pedro no se libró y sufrió hasta el fin de sus días. Y
esto aun siendo lo mismo San Pedro que nuestro Jesús de la sangre de David, es
decir, por la sangre más judíos que la mismísima Jerusalén.
30
La Caída
de Samaría la Blanca.
Si el
reino del Norte disfrutó viendo cómo era saqueada Jerusalén, el precio de la
división del reino de David no tardaría en cobrarlo Samaría de manos del rey de
Nínive. Cosa que sucedió en el 721. Pero veamos antes cómo pudo Nínive elevarse
a tal altura sobre las ciudades clásicas de las Edades del Bronce y del Hierro.
El reino Mitanio desapareció de la escena geopolítica en el 1350 a
consecuencia de la pinza entre hititas y asirios.
Para
mejor entendernos digamos que los hititas reinaron sobre Turquía Occidental;
los mitanios sobre el norte de Siria, y los asirios
sobre el norte de Irak.
La
destrucción de Mitani vino en mal momento. Al poco los Filisteos - posiblemente
los Griegos Antiguos que después de caer sobre el Imperio de Troya siguieron
camino abajo - derrumbaron el reino hitita y frenaron la expansión asiria hacia
el Oeste.
En un
apartado anterior dejamos a los Casitas reinar sobre las ruinas del imperio de
Hammurabi. Casitas y asirios en guerra, el control sobre la región del Sur del
Edén se le fue yendo a Babilonia de las manos, hasta que en el 1310,
aproximadamente, los antiguos persas -los elamitas- se independizaron y se
pusieron a la altura de sus vecinos.
Hundida
posteriormente Babilonia por el asirio Tukulti Ninurta I, éste extendió su
poder hacia el Elam, pero sólo esporádicamente, pues al rayar el 1215 Susa se
independizó y se alzó como potencia militar. Su rey aprovechó entonces las
circunstancias de la entrada de los Filisteos para sustraerle a Nínive el
control de Babilonia, que cayó en el 1159 y arrastró en su caída al último rey
de los Casitas.
Desatada
la guerra por el control del antiguo reino casita entre asirios y elamitas, el
final alcanzó un rumbo inesperado cuando un tal Nabucodonosor I se alzó como
rey de Babilonia y liberó a su país de los dos enemigos clásicos de su nación.
Cosa que sucedió en el 1110. Y mantuvo la cuestión entre babilonios y asirios
en la guerra de desgaste que diera como resultado final la hegemonía de Nínive.
Hegemonía relativa sin más fuerza en la estructura geopolítica impuesta por la
invasión de los Filisteos que la de mantener viva en Nínive sus aspiraciones
imperialistas. Que, si en un principio se vio frenada por los Bárbaros del
Oeste, después fue contenida entre las fronteras del actual Irak gracias a la
expansión del reino de Salomón por todo el Oriente Próximo.
Al
dividirse el reino salomónico y venirse abajo toda la infraestructura sobre la
que edificó su Paz Internacional el rey sabio, Nínive aprovechó el vacío de
poder al Oeste del Jordán para crear su imperio.
Si en un
principio Adad Nirari I dirigió sus ejércitos contra Babilonia, sus sucesores,
comprendiendo la pérdida de esfuerzo que estaban haciendo, abrieron el frente
Norte, conquistando la Media. Cambio de rumbo que con Salmanasar III fijó su
objetivo en el Oeste, donde la división del reino de Salomón dejó Siria a
merced de su ejército. Su entrada a este lado del Jordán no se produciría sino
después de un proceso de desestabilización interna. Que, cerrada por el
legendario Tiglat-Pileser III, invade Babilonia, la
somete, y vuelve sus ojos hacia el Oeste, adonde llegan los ejércitos de Nínive
bajo Salmanasar V.
El
encuentro con el reino de Israel redujo a escombros el orgullo de los
Israelitas, Samaría la Blanca, como la llamaban. Lo que sucedió en el año 721.
31
La Caída
de Jerusalén la Santa.
Ahora, si
el reino de los judíos disfrutó conociendo la noticia de la destrucción del
reino de sus hermanos, no lo sabemos. Lo que sí sabemos es que, pronunciado el
decreto contra la división del reino, Jerusalén no se salvaría de vivir el
mismo destino que su hermana Samaría.
No fueron
en esta ocasión los asirios, sino los Caldeos de Babilonia, destructores de
Nínive, quienes le dieron a Jerusalén la paga.
Los
acontecimientos generales fueron los siguientes:
Los reyes
de Nínive abrieron su imperio al Norte y al Sur, conquistando la Media y la
Babilonia.
Salmanasar
III, Adad Nirari III, Tiglat-Pileser III y Sargón II,
Senaquerib y Asurbanipal sus reyes más sonados, el odio que sembraron al Norte
y al Sur del Edén se volvió contra ellos cuando Nabopolasar, padre de
Nabucodonosor II, rey de Babilonia, y Ciaxares, padre de Fraortes II, rey de Ecbatana, capital de Media, se unieron para destruir al rey de
Nínive, objetivo que alcanzaron en el 612.
La
repartición del mundo que hicieron Medos y Babilonios dejó las tierras del
Oeste en las manos de Babilonia. Al llegar al trono el hijo de Nabopolasar,
Nabucodonosor II cruzó el Jordán y destruyó Jerusalén en el 587. Hechos todos
descritos en el Antiguo Testamento.
Destruidas
Jerusalén y Samaría, el decreto divino: “Todo reino en sí dividido será
destruido”, se cumplió, quedando su juicio como ejemplo para todo reino que en
el futuro pretendiese sortear su destino.
32
El
Maligno.
La
Serpiente Antigua pegó botes de alegría entre los muros de su silencio cuando
cayó Jerusalén.
¿En qué
cabeza puede caber que Dios necesite gafas de rayos X para radiografiar de una
mirada el interior de, ¡Señor!, sus propias criaturas?
La Caída
de Jerusalén fue otro tanto a favor de los que abogaron por la destrucción del
Hombre y creyeron que el Mesías de las profecías lo tenía todo de antemano
perdido. Dios debía aceptar de una vez los hechos, creando al hombre se le
torcieron las cosas. El género humano no franquearía ya jamás la frontera entre
las bestias y los hijos de Dios; demostraba una tendencia instintiva tan lógica
en su especie que la sola idea de ver al hijo de un hombre retando a duelo a
muerte a Satán podía tomarse por una ofensa si no fuera por lo ridículo de la
idea.
33
Las Tres
Columnas del Mundo.
Durante
aquellos días, en la Babilonia de los Caldeos, cinco siglos antes del
Nacimiento, vivieron tres niños prodigiosos.
El
primero nació para ser profeta y dejar boquiabierto a todo el mundo. Lo
llamaron sus padres Daniel, pero Nabucodonosor le dio otro nombre.
La
doctrina mesiánica de Daniel les cortó la risa a los judíos ortodoxos que
seguían creyendo en el advenimiento inmediato del Mesías. Según Daniel, el
Profeta-Mago, la profecía era para largo incluso cinco siglos después de haber
sido escrita por el rey David.
34
Zorobabel.
El
segundo niño nació para liderar la caravana de la libertad, conducir a su
pueblo a la Patria Perdida, resucitar a Jerusalén de las cenizas de la Historia
y levantarle a la Sabiduría un Templo. Sus amigos lo llamaban Zoro, pero el rey
de Babilonia lo llamaba de otra forma. Zoro era el
príncipe heredero de la corona de
CAPÍTULO 6
35
Ciro el
Grande.
El tercer
niño se llamaba Ciro. Este Ciro fue el hijo de la princesa meda casada por
Herodoto con el príncipe de los persas. Herodoto no pudo resolver el enigma del
origen de Ciro por escasez de conocimiento sobre las estructuras sucesorias de
las monarquías mesopotámicas.
Gracias a
nuestro conocimiento actual de las estructuras de poder clásicas durante la Era
Precristiana nosotros estamos en posición de reconstruir la arquitectura de las
relaciones internacionales típicas de la época neobabilónica.
La verdad
que brilla al fondo del túnel nos ilumina el camino al encuentro de los
dispositivos imperiales que se debieron adoptar para llevar al Trono Imperial
al Príncipe Ciro.
La mujer
de Nabucodonosor fue la hija de Ciaxares, rey de los Medos. Este Ciaxares fue
el aliado de Nabopolasar, padre del príncipe Nabucodonosor.
Ciaxares
y Nabopolasar encerraron al rey de Nínive en su
palacio y lo enterraron bajo los escombros de su imperio. Para felicitarse por
la gran victoria casaron a sus hijos. Ciaxares le dio su hija al hijo del rey
de los Caldeos; y éste le dio su hijo a la hija del rey de los Medos.
El
hermano de la mujer de Nabucodonosor heredó el trono de Media y casó a su hija
con el príncipe de Persia, padre de Ciro. Ciaxares fue, según esto, el
bisabuelo materno de Ciro, y Nabucodonosor su tito abuelo -el tito de la madre
es tito abuelo para sus hijos.
Si
Nabucodonosor fue yerno de Ciaxares, Fraortes y él
fueron cufiados. Y si cufiado del hijo de Ciaxares, Nabucodonosor fue tito de
la madre de Ciro.
Conclusión:
Ciro fue sobrino nieto del rey de Babilonia, y nieto del rey de Media.
Un juego
de probabilidades gordianas de esta naturaleza llevó a Carlos V al trono de
Alemania.
Un
príncipe persa podía aspirar a unir en sus manos las tres coronas “cuando las
gallinas paran perras” - decía el proverbio popular babilónico.
Tenían
que coincidir muchos cálculos para que la posibilidad cobrase forma. O podía
suceder que fuera invitado a formar parte de un proyecto de unificación del
mundo en una corona única y...
Recopilemos:
A la luz
de las conclusiones que se han ido elaborando a partir de las traducciones de
las Bibliotecas desenterradas del Oriente Medio Precristiano, que podemos
recrear la verdadera estructura de las relaciones internacionales que le
permitieron a Ciro el Persa conquistar un imperio.
Las
Historias de Herodoto, sin quitarle por ello su valor, fueron escritas desde la
ignorancia de la importancia del elemento Bíblico en el desarrollo de los
acontecimientos mundiales del momento. Es hasta cierto punto gracioso ver cómo
aquéllos que a sí mismos se han llamado historiadores, cegados por su odio
antisemita y sus prejuicios anticatólicos, fueron incapaces de penetrar tras la
tela de fábulas que Herodoto recogió como norma de verdad y transmitió al
futuro envuelta en el paño de oro de la Edad Clásica. No siendo un Historiador
de nuestros días, sino sólo eso, un escritor de su tiempo, no se le puede pedir
al autor de las Historias otra cosa que reflejar en sus escritos la ignorancia
en curso en su día sobre las cosas del Pasado. Desde nuestro conocimiento del
Poder y de la Historia, es necesario decirlo, a estas alturas hay que ser un
perfecto memo para creerse que el general en jefe de las fuerzas militares del
reino de Media le entregó la corona de Ecbatana al rey de Persia por su cara
bonita, la de Ciro., hasta entonces un reino de segunda importancia en el juego
político.
Y desde
la luz del conocimiento sobre la mesa hay que ser algo más que un memo para
creer que el rey de Babilonia, la superpotencia del momento, se mantuvo al
margen del paseo triunfal del Persa, con su inactividad regalándole el Imperio
a quien hasta entonces era su vasallo, por la cara guapa de Ciro. En un mundo
donde el hierro era la ley y la verdad la tenía la fuerza, las tonterías que
escribiera Herodoto sobre el ascenso al poder de Ciro sólo podían tener sitio
en la mente de un pastor analfabeto, lo que, a la postre, bien pensado, era la
inmensa mayoría del mundo, un pueblo analfabeto, su analfabetismo más referido
al conocimiento de las leyes del Poder que al de las letras que componen el
abecedario. Fue contando con este analfabetismo del pueblo sobre las leyes del
Poder que Herodoto escribió la sarta de tonterías que, en lo referente a Ciro,
llamó él “Historias”.
Los
hechos son los que ponen sobre la mesa su testimonio y borran la escritura en
la pared por sabios de la condición de Herodoto grabada en nuestra memoria.
Sabemos positivamente que en los días de Nabónido las ciudades imperiales de
las fronteras del reino de Babilonia de los Caldeos estuvieron en manos de
oficiales judíos. Cualquier historiador profesional puede avalar esta
información, que, si dicha por un amante de la verdad es una simple suposición,
en las manos de un mercenario de la información histórica suena a eso, a
conocimiento.
Pero lo
que se hace del todo increíble es que estos mercenarios al servicio del Poder
no le hayan dedicado jamás una sola línea al fenómeno tan singular que ante
nuestros ojos se presenta cuando se nos descubre que un pueblo de esclavos se
levanta hasta tener las llaves del reino de su amo y señor.
El
culpable de esta situación tan atípica y fenomenológica, sin duda alguna, fue
el profeta Daniel, Jefe del Consejo Privado de Nabucodonosor. Mas lo que a mí
personalmente me fascina es ver cómo los expertos en estructura imperial, el
pueblo británico, siendo uno de los artífices del desenterramiento de las
Bibliotecas del Oriente Medio Antiguo, estos expertos en estructura imperial se
hayan comportado como pastores analfabetos sobre lo que es un Imperio y la
serie de fuerzas estructurales que mueven, ellos que tuvieron en sus manos uno
de los Imperio más grandes que jamás haya conocido la Tierra. Suena a payasada,
por tanto, que precisamente los imperialistas por excelencia, el pueblo
británico, ante la sarta de memeces de Herodoto sobre el ascenso de Ciro el
Persa haya reaccionado como el pastor de la fábula.
El hecho
de que los ejércitos de las fronteras del reino de los Caldeos estuviesen en
las manos de generales judíos sólo se explica partiendo de la Biblia.
Unificando la cual con la Historia Verdadera del Reino de los Caldeos se ve que
el golpe de Estado que llevó a Nabónido al poder, tuvo lugar inmediatamente
tras la orgía de Baltasar, golpe de Estado liderado por Daniel, profeta y jefe
de los Magos de Babilonia, golpe de Estado que venía cociéndose desde hacía un
tiempo y al que le sirvió de señal de partida el famoso relato de la escritura
en la pared.
Observamos
en la historia del reino de Nabónido que este delegó todas las funciones
imperiales en su corte, dedicándose él, en cuanto rey títere, a desenterrar
ciudades perdidas en el desierto. Sería bajo esta corte, dominada por el jefe
del Consejo Privado de Nabucodonosor, que los hasta entonces esclavos saltarían
a la dirección de los ejércitos de las fronteras, que más tarde les abrirían
las puertas a Ciro, conquista pacífica que el nuevo rey de Babilonia pagaría,
no con oro, sino con la libertad, como bien se ve del famosísimo, pero
desconocido a nivel histórico internacional, Edicto de Libertad Religiosa de
Ciro, cuyo contenido traduciré a lo largo de esta sección.
Crónicas
Medas
Observemos
cómo el odio antisemita de los historiadores de la Edad Moderna y su fanatismo
anti eclesiástico tararon sus inteligencias hasta el punto de cegar sus ojos
cuando ante lo increíble, que el general en jefe de la segunda superpotencia
del momento, Media, le entregara la corona de su rey y señor a un príncipe
vasallo, y esto sin mediar una sola batalla, se limitaran a decir: Amén.
Sería la
primera vez en la historia de la humanidad que un ejército superior se rinde a
otro inferior por la cara bonita del enemigo asaltante, en este caso Ciro el
Persa.
Herodoto,
siendo lo que fue, un hombre de su tiempo, en ningún caso un historiador de
nuestros días, se limitó a escribir la sarta de memeces que corría en sus días
sobre el ascenso de un príncipe de segundo rango a la cumbre del imperio,
fenómeno inexplicable que únicamente desde una perspectiva mítica era capaz de
entender el pueblo, y que él, un simple escritor, se limitó a recrear años
pasados de los sucesos, demostrando tener poca madera de historiador y sí mucha
de lo que fue, eso, un escritor.
Era
imposible que un príncipe de Persia, Ciro, no hubiese estado sujeto a vasallaje
en la corte de Babilonia. Recordemos que tras el reparto del mundo por Ciaxares
y Nabopolasar, fruto de la destrucción del imperio de Nínive, Persia quedó
relegada a lo que había venido siendo, una potencia oscura, con la diferencia
que esta vez a su alrededor, Norte y Oeste, se habían alzados dos reinos
fuertes, frente a los cuales sólo le cabía al príncipe de Susa el vasallaje.
Es cierto
que por convenio Ciaxares sujetó Persia a la influencia de su cetro y que
Nabopolasar cedió esta influencia a cambio de la frontera occidental, más rica
y más necesitada de su atención si tenemos en cuenta que al otro lado del
Jordán y al oeste del Sinaí se hallaba Egipto. Pero no es menos cierto que
Media y su rey tenían en su frontera occidental otro enemigo potencial de mucha
altura en los pueblos helenísticos.
Persia
quedó relegada en el trastero del imperio, en teoría dependiente del rey de
Media pero en la práctica expuesta a la Corte del rey de Babilonia. Si le es
respetada a Persia la independencia es debido a un acuerdo entre vencedores que
sirve de símbolo de amistad perpetua entre Ecbatana y Babilonia. Cualquier
levantamiento militar por la independencia real de Susa podía ser aplastada en
cualquier momento, lo mismo por el Caldeo que por el Medo. De aquí que si
Ecbatana buscaba alianza con Susa para mantener sobre Babilonia cerrada la
frontera, Susa buscaba la alianza con Babilonia a fin de mantener su autonomía
frente a Ecbatana, cosa que se firmaba, como era normal en esos días, mediante
la entrega, en calidad de “huésped-rehén” de un heredero de la corona, en este
caso Ciro.
Tenemos
pues que Astiages el Gordo, heredero de Ciaxares y rey de Ecbatana, casa a una
de sus hijas con el padre de Ciro, en alianza contra Babilonia, que Susa toma
como garantía de autonomía frente a la corte de Nabucodonosor. Y a su vez el
padre de Ciro entrega en “rehenato” un hijo suyo al
rey de Babilonia en gesto de sumisión a la corona de Nabucodonosor, obligando a
Babilonia a servirle de muro frente a cualquier invasión de las competencias
firmadas entre Ciaxares y Nabopolasar sobre el status
de Persia.
A fin de
ocultar la tela de relaciones que hicieron posible el ascenso del príncipe
persa al trono imperial y que desentrañaremos hasta el final, se expandió el
cuento para niños de la persecución del hijo de la princesa meda entregada por
esposa al padre de Ciro, la salvación mítica de su hijo por un pastor, y la
conquista prodigiosa de Media y Babilonia sin librar siquiera, o al menos, una
batalla. ¡Qué menos que una batalla! Pero no, ninguna. Y lo más curioso,
asombroso y fascinante no es que un escritor de las cosas fantásticas de su
tiempo no se extrañase ante el cuento, lo más alucinante de todo es que los
mismos que pretenden darnos lecciones de Historia Universal se hayan tragado
esta bola. Y lo que más risa produce es ver que esas gargantas tan profundas
fueran capaces de afirmar las Historias y negar la Historia: afirmando en el
Siglo de las Luces, Dios nos libre de sus luces, de no haber existido jamás una
Nínive, ni una Troya. Afirmaciones para tarados que si bajo las Luces de la
Edad Moderna fueron tomadas en el XVIII como palabra de Dios, en el XIX Dios
hundió sus manos en el barro y le refregó Nínive en la cara. No es ninguna
acusación, y sí quitarles la máscara de infalibilidad que reclamaron para sí
los Historiadores del XX.
Los
hechos cantan. Primero Media. El general en jefe del reino de los Medos se baja
de su caballo y pone sus fuerzas militares a las órdenes del príncipe de un
reino vasallo. ¡Por la cara!
Acto
increíble que la leyenda firmada por Herodoto establece en los celos del
general en jefe de las fuerzas medas, quien, despechado porque la madre de
Ciro, un día su prometida, le fuera arrebatada por su rey y suegro en potencia
para ser entregada por esposa al rey de Persia, bla bla bla ... una historia propia de los cuentos de una
Noche de verano de Shakespeare ... porque el rey Astiages tuvo un sueño en el
que veía rota su dinastía por el fruto de su hija con el jefe de sus ejércitos,
¡oh la la!, y aterrorizado la da su hija, la
prometida del jefe de sus ejércitos, por mujer al rey de Susa, alejando el
peligro de Ecbatana, pelota que con el tiempo regresaría a su tejado para
hundir todo el edificio ...
Pues eso,
¡por la cara!, después de entregarle el reino a un príncipe vasallo, también
Babilonia entera le abre las puertas a este mismo príncipe de segunda... ¡por
la cara!
En verdad
hay que ser un tarado para escuchar este cuento y darle atención a tales
Crónicas de la Verdadera Historia de la Humanidad.
Y todo
esto de arriba después de haber contenido Babilonia a Egipto, cerrándole al
faraón el camino a Lidia; un faraón quien, aun estando en las antípodas de
estos sucesos, se había levantado y le metía caña al rey de Babilonia para
levantarse y hacer algo, unirse a Creso y devolverle a Astiages el trono que su
criado le había robado para Ciro, ¡por la cara!
Creo yo
que hay que ser un verdadero tarado para no ver, en aquél paseo triunfal de un
príncipe de segunda clase en las relaciones del Poder del momento, una tela de
fuerzas internacionales unidas por una misma razón, núcleo pensante y dirigente
de las acciones de todos los que le entregaron a Ciro el Imperio, que él pagó
con el Edicto de Libertad, que se alza como nuestra Prueba principal y más
poderosa sobre la Conexión del mundo judío con el cambio trascendental que la
Civilización entera dio a raíz de la ascensión al trono imperial de Ciro.
El Misterio de Dioces el Medo
Otra de
las Historias que los eminentes Historiadores de la Edad Moderna recogieron sin
inmutarse, es decir, sin deseo alguno y menos capacidad todavía para
desentrañar, se refiere al misterio de la milagrosa formación del reino de los
Medos. La leyenda vuelve otra vez a elevarse a los altares de la Historia y
deja el misterioso viaje del Dioces fundador del
reino de los Medos, tras el que regresó con las llaves de la que sería luego
Ecbatana, su capital, en las nieblas del suculento universo de los Mitos.
La
estructura histórica es inequívoca y no se presta a fábulas. Pero no olvidemos
que si Herodoto no tenía ni idea de la existencia de la Biblia, los
historiadores modernos, cegados por sus prejuicios antisemitas, hicieron mutis
total sobre la revolución que hizo posible el salto de una nación compuesta por
tribus en estado bárbaro a una sociedad sujeta a estructura monárquica. Y hacen
el mutis porque esta revolución tuvo lugar a raíz de la deportación de los
Israelitas a las Montañas del Este.
Desde los
días de Tiglat-Pileser I, allá en el siglo XII a.C.,
los Asirios ya conocían la existencia de los pueblos bárbaros del Norte. Pero
no sería hasta los días de Salmanasar III, en el IX, que la confrontación con
estos bárbaros de las montañas al norte de Asiria devendría periódica.
Salmanasar encontró un conjunto de unas 27 tribus sujeta cada una a su propio
príncipe, y cuya estructura militar y social era la típica de todas las
naciones indoeuropeas en sus principios, es decir, anárquica, fruto de la
teoría de la libertad que le ha sido siempre natural a todos los bárbaros.
Que
aquéllas 27 tribus del Norte procedían de otros lugares del mundo y que entre
ellos se encontraba el pueblo de los Medos, a su vez dividido en tribus, es
cosa molida. El problema es que los historiadores modernos tendieron a moldear
todos los datos con objeto de regalarse una Historia a la medida de su
mentalidad: que, sin embargo, siendo su escuela de mentalidad imperial dicha
reconstrucción no obedeció en ningún caso a la Ley del Poder. De todos modos
hay datos que les era imposible sortear y, mal que les pesara, debían dar por
hechos. La conexión entre Medos y Persas, reflejada en las relaciones
comerciales entre esos pueblos del Norte y las naciones al sur de Asiria, es
uno de ésos datos molestos que evitaron en la medida de lo posible a fin de no
corregir las Historias de su maestro.
El hecho
es que durante los días de Salmanasar III los Medos seguían siendo tan salvajes
como lo fueron durante los días de Tiglat-Pileser I,
dos y tres siglos antes.
Entiendo
por salvajes el no saber estructurar un Estado ni proceder a definir una
Civilización propia.
Samshi Adad lV y AdadNirari III - siempre en
el siglo IX - impusieron tributo a los Medos y pueblos aliados de las montañas,
pero sin lograr jamás ni reducirlos al yugo de Asiria ni conquistarlos para su
civilización. La ley de la libertad de los bárbaros era preferible a la ley de
la esclavitud que imperaba desde Nínive. Y bajo esa ley siguieron
multiplicándose y creciendo.
Tanto que
cuando Tiglat-Pileser III, a mediados del VIII, se
lanzó a la conquista de gloria y fama para la eternidad, e irrumpió en el país
del Norte se enfrentó a los caudillos bárbaros, derrotándolos a todos uno por
uno: condujo de regreso a Asiria una caravana de esclavos que se contó por
decenas de miles de cabeza. Un poco más adelante la generación siguiente se
rebeló contra el yugo asirio, pero sin más consecuencia que el aplastamiento de
la revuelta y la aniquilación de una población ya diezmada por la primera
guerra contra Tiglat-pileser III.
Así pues,
cuando Sargón II, en el 722, arrasa el reino de Israel, y destruye Samaría la
Blanca, cuyas cúpulas de marfil brillaron al sol de los siglos, para
desesperación del Dios de Abraham, Isaac y Jacob, que viera hundirse en la
idolatría al pueblo elegido, cosas ya descritas en la Biblia, y deporta a los
supervivientes de Israel a la tierra de los Medos, la nación de los bárbaros
del Norte experimenta una transfusión de sangre guerrera, bajo cuya presión, ya
caliente por el deseo de venganza de la nación que recibiera este nuevo
aliento, se alzó en rebelión contra el enemigo común, viviendo juntos la
derrota y el destierro del líder de la revuelta, el misterioso y enigmático Dioces de la Leyenda Meda.
Debemos
computar a la vergüenza de los historiadores del Próximo Oriente Medio Antiguo
no haber querido jamás abrir los ojos a este encuentro de dos pueblos en un
mismo tiempo y lugar, el uno altamente evolucionado, el Israelita, cuyo origen
como Reino y Estado se remontaba a los días de David y Salomón, y el otro en su
estado más salvaje, ambos sujetos al mismo despotismo imperial, y que cierran
su unión mediante la sangre que derraman en la revuelta de la que Dioces fuera el caudillo. Tales historiadores de la escuela
de Herodoto, enemigos por sistema de la todopoderosa influencia del elemento
semita en la Historia de la Civilización, por en cuanto el semita es el judío,
cierran el capítulo de la confluencia de estos dos pueblos, el Israelita y el
Medo en la revuelta contra el enemigo común, Sargón II, diciendo que las tribus
bárbaras volvieron a poner su cabeza bajo el yugo, enterrando así sus
eminencias en el olvido la Conexión Israelita.
Esta
Conexión Israelita en el futuro del Pueblo Medo llegó a ser tan decisiva y
trascendental que lo imposible hasta entonces, hacer de todas las tribus una
sola nación, se hizo realidad y de la noche a la mañana los bárbaros se dieron
un rey, se construyeron una capital y se organizaron bajo la estructura de un
Estado. Ahora bien, la explicación de la creación de un Estado de la noche a la
mañana tiene dos salidas. Una es para inteligencias taradas, la otra es la
expresión de la realidad. La Edad Moderna prefirió la primera. La realidad es
que la evolución durante el curso de una generación, la de Dioces,
del paso de una estructura bárbara a otra estatal, implicó una verdadera
revolución. Y para que ésta se consumara debía contar con expertos en la
materia, un pueblo altamente civilizado, criado en la estructura de Poder que
representa la formación de un Reino.
Esta
revolución se produjo justamente cuando el Pueblo Israelita entró en la Media.
Y cualquier explicación de este paso revolucionario por el que un pueblo de
muchas tribus bárbaras, en estado anárquico durante siglos, se funde en una
Corona y Estado imperial que no pase por esta Conexión da por resultado una
Historia para pastores analfabetos, que sería la historia que Herodoto recogió
hablando de Ciro.
La
formación del Imperio de Ecbatana tenía un único fin, la destrucción de Nínive.
Fue bajo la fuerza de la venganza perpetua, sellada con sangre durante la
revuelta que ahogó Sargón II contra Israelitas y Medos, que el nieto de Dioces,
el Ciaxares de la Historia Universal, y padre de la que sería esposa de
Nabucodonosor, que la nueva nación producto de la unión del Pueblo Israelita
con la Nación de los Medos se lanzó contra Asiría y arrancó de cuajo Nínive de
la superficie de la Tierra.
Caída de Nínive
En
aquella revolución madre en el origen de la formación del reino Medo, y como es
de entender desde la lógica del Poder, para darle cohesión a su corona militar, Dioces cerró el cuadro de su estado mayor con el
elemento Israelita, ahora una tribu unida por la sangre a la Nación de los
Medos y por el Estado a la Corona del rey de Ecbatana. Era el establecimiento
de una monarquía civilizada sobre un sustrato bárbaro, en el que la jefatura
era conservada por el elemento bárbaro, y su consistencia se apoyaba sobre el
elemento extranjero, altamente evolucionado, pero por su condición de nueva
tribu imposibilitada para ceñirse la corona. Y esta estructura de obediencia al
monarca, en el elemento Israelita algo natural, pero ajena a la sangre bárbara,
sería la columna fundamental sobre la que la dinastía de Dioces basó su poder militar.
Que la
sed de venganza movía a ambos pueblos, el Israelita y el Medo, y fue el seno en
el que ambas sangres se unieron para concebir la Corona de Ecbatana, se ve en
la fogosidad con la que el heredero de Dioces, Fraortes el Chico, se lanzó contra el enemigo común. La
culpa como siempre, el Asirio.
Durante
el reinado de Senaquerib el Bibliotecario, el yugo de Nínive pesó criminalmente
sobre todas las naciones al Oeste del Éufrates. Preocupado con ahogar en sangre
el grito de libertad de los pueblos al Oeste del Eufrates,
Senaquerib se despreocupó de los bárbaros del Norte, y Dioces aprovechó esta despreocupación para consolidar su revolución y legar a su
dinastía un ejército fuerte, preparado para saciar la sed de venganza de la
Nueva Nación. Gracias a la aventura de Senaquerib en el Oeste, Dioces extendió su influencia a las espaldas de Nínive,
cerrando con el pueblo de los Persas la alianza típica entre amigos por
enemistad hacia un enemigo común.
Muertos
Senaquerib y Dioces, los hijos de ambos se
enfrentaron en el campo de batalla. Pero Asurbanipal demostró ser un rival
demasiado fuerte para Fraortes el Chico, cuyo reino
aún no había madurado lo suficiente para equiparar su estructura a la propia de
un imperio. Así que su sucesor, Ciaxares, se replegó sobre su reino a fin de
darle el último toque. Que como todos sabemos alcanzó su apoteosis en el 606,
el año en que la sed de venganza de la Nación del Norte se emborrachó de sangre
del enemigo odiado, el Asirio, cuya capital fue arrancada de la superficie de
la Tierra para no volver a ser habitada por los siglos de los siglos, según lo
anunciara Dios en su Libro.
Entre la
ascensión de Ciaxares al trono y la destrucción de Nínive tenemos la invasión
de Media por los bárbaros de las estepas siberianas, que retrasó la Hora Final,
pero que no pudo impedir que el designio divino se cumpliera a rajatabla. En el
fragor de aquel grito de victoria quien tiene oídos para oír oye la lengua del
Hebreo alzarse junto a la del Medo, ambas almas ebrias del placer de los
dioses, a una alzando a sus dioses la misma acción de gracias.
No
tenemos que olvidar que Herodoto, Griego, desconocía la Biblia, y por tanto su
capacidad para descubrir la existencia del elemento Israelita en el Origen de
la Revolución Meda queda ampliamente justificada; ni tampoco debemos dejar de
ver que los historiadores modernos, conociendo la Biblia y la Historia del
Oriente Medio Precristiano, se tapasen las orejas y se arrancasen los ojos
antes que reconocer el poder de la influencia del elemento semita, encarnado en
el Pueblo Israelita, hablando de la irrupción en la Historia Universal del
reino de los Medos. Será desde esta Conexión que se explique cómo un estado
mayor, compuesto por el elemento Israelita, dispuso el traspaso de la corona,
que creara, de las manos de la casa de Dioces a la de
la casa de Ciro. Razón que se explicará siguiendo esta misma estructura de
razonamiento.
Crónicas Babilonias
Pero si
el Asirio sembró en el Norte la semilla de un odio todopoderoso que a su tiempo
daría su fruto, al sur de Nínive ese odio era ya un hecho que, agazapado como
la leona que contempla sentada a su víctima, el gobernador de Babilonia
esperaba su momento. Este momento le llegaría a Babilonia con Nabopolasar.
Al tanto
del avance del rey de Ecbatana, Nabopolasar se lanzó
contra el rey de Nínive, empleando con el rey de Nínive la misma ley que éste
le aplicara a todas las naciones. Aplastado el Imperio Asirio, Nabopolasar subió al trono, cerrando entre él y Ciaxares
una alianza de paz mutua, sellada con la boda entre la hija del rey del Norte y
el hijo del rey del Sur.
Y
enseguida el reparto del mundo.
El rey de
Babilonia se quedó con el mundo al sur de los Montes Tauros,
dejando todo el norte, y desde ahí hasta los confines del Oeste Anatólico, al rey de Media. El rey de Media le dejaba al
rey de Babilonia el mundo al sur de los Tauros, y
desde ahí hasta los confines de Palestina, Arabia y Egipto. A las espaldas de
ambos reinos quedaba Persia, región autónoma sujeta en principio al vasallaje
de la corona de Ecbatana, pero sujeta a la influencia política de Babilonia.
Persia, región sin verdadero ejército ni fuerza estatal unificada propia, su
poder como enemigo quedaba reducido al de una provincia fronteriza al servicio
de los intereses mutuos de ambos reinos. Por la alianza matrimonial entre
Ecbatana y Babilonia cualquier revuelta de Susa chocaría contra un muro
imposible de traspasar. Ahora bien, cualquier traspaso de los límites de
influencia sobre Persia dictados por ambas potencias podría decantar la
relación de fuerzas y pasar la dependencia de Susa de una corona a otra.
Desequilibrio que no le interesaba ni a las coronas aliadas, ambas lanzadas a
las conquistas del Oeste, una por el Norte y otra por el Sur, ni a la propia
corona de Persia, demasiado débil para resistir un ataque conjunto de las
fuerzas de Ecbatana y Babilonia.
Por el
Norte Ciaxares llegó hasta el reino de Lidia, cuya conquista no se consumó, y
por el sur el rey de Babilonia llegó hasta el Mar Grande, donde el hijo de
Nabopolasar destruyó el reino de Judá, según está escrito.
Al igual
que antes el reino de Israel fue borrado de la faz de la Historia, ahora le
tocaba el turno al reino de Judá. Y al igual que antes el Asirio deportó la
crema de la juventud israelita superviviente a tierra extranjera, pensando en
humillar su orgullo y abatir para siempre el peligro de una revuelta,
Nabucodonosor hizo otro tanto con los supervivientes de Jerusalén y su reino,
deportando a la tierra de los Caldeos la crema y nata de la nación
superviviente.
Si en el
primer caso la deportación no significó esclavitud, y sí compartir el mismo
odio y deseo de venganza con la población de la tierra a la que los israelitas
fueron deportados, uniéndose a la cual, de la fusión vino a luz una Nueva
Nación, con capital en Ecbatana, en este caso la deportación de los judíos
significó esclavitud en el seno de la tierra de los mismos que destruyeron su
reino.
¡Qué
revolución podía llevar al Poder a este pueblo de esclavos cuyo amo tenía tanta
y más experiencia que el propio pueblo judío en la naturaleza estructural de un
Estado e Imperio! Ninguna. A no ser que... En efecto, Dios elevase un judío a
la cabeza suprema del Consejo Privado del rey de Babilonia. Y aun así y sólo si
este hombre de Dios lograse superar todas las intrigas contra su persona que
habían de plantarle en el camino los miembros del Consejo privado del rey.
Los
historiadores de la Edad Moderna, más preocupados en tocarles las narices a la
Iglesia Católica que en penetrar en las estructuras del Pasado, se
despreocuparon de la Influencia y Poder de los Magos en la Corte de
Nabucodonosor. El odio al elemento semita, por ser judío, se manifestó siempre
más fuerte que su sentido de la verdad y donde vieron cualquier posible
Conexión Hebreo-Judía se dieron la vuelta y pasaron olímpicamente de hacer
Historia, limitándose a hacer periodismo del Pasado: Año tal, rey tal, guerra
tal. Punto y final.
Pero que
a la altura del gobierno de Nabónido, el último de los Caldeos, de origen
asirio para más inri, las llaves de las grandes ciudades fronterizas estuviesen
en manos de generales judíos, dato que cualquier historiador puede confirmar,
pone de relieve que el poder del jefe de Consejo Privado del rey, y Jefe de los
Magos de Babilonia, fue de un alcance extraordinario. Tanto más extenso cuanto
más poderosa fuera la figura del momento. En el caso del profeta Daniel este
poder debemos multiplicarlo a su potencia máxima si tenemos en cuenta su
supervivencia tras la muerte de Nabucodonosor y su presencia en el complot que
derrocó su dinastía y le entregó la corona a un príncipe extranjero, el
Nabónido de la Historia. ¿O acaso se produce un cambio dinástico sin revolución
mediante? La inocencia de los historiadores modernos para no ver revolución
alguna en un cambio de dinastía es tan grande como su perversidad para darle la
espalda a la verdad si con ello satisfacían la pasión que los llevaba a
tocarles las narices a la Iglesia con tal de demostrar que ellos y no Dios son
los verdaderos artífices de la Historia, si no de la que es, al menos sí de la
que fue.
De manera
que tenemos dos elementos de un mismo cuerpo tocándose al final del extremo
para darle la Corona del Imperio a nuestro Ciro. De un lado el elemento
Israelita en el Origen de la Corona de Ecbatana, y del otro el elemento Judío
al frente de las ciudades fronterizas del reino de Babilonia.
Nos queda
definir la naturaleza de la revolución que condujo a Nabónido al poder, a Ciro
al Imperio y a Zorobabel al regreso a la Patria Perdida.
Crónicas Persas
Podríamos
dar curso libre a todo un libro enciclopédico tratando este tema de la
ascensión de Ciro al Imperio y su Edicto de Libertad Religiosa.
Los
ángulos son tan ricos en suculentos misterios que apenas se podría dar de lado
una nueva versión de la Historia.
Primero,
por la serie de imposibilidades expuestas, saltándose las cuales un príncipe de
segunda se enfrenta a las superpotencias del momento y triunfa, escribiendo lo
que el Julio de la Casa del César firmara: Vini, vidi, vincit, pero este Julio de la Casa de los Aqueménidas
sin tener que librar una batalla que se mereciera este nombre, excepto la que
lidiara con Creso el Lidio; y segundo, porque ¡de cuándo en la Cultura de la
Nación de los Persas, figuró la libertad religiosa como emblema.
Aún en
nuestros días la genética traiciona a los que se proclaman sucesores de aquel
Ciro defensor de las libertades religiosas y que, diciéndose sucesores suyos,
entienden por libertad religiosa la destrucción de todos los infieles,
especialmente si son judíos.
En aquel
juego de fuerzas entre superpotencias del momento era natural que las alianzas
matrimoniales abriesen y cerrasen direcciones. Desde esta razón que el hijo de
Ciaxares, Astiages el Gordo, casare una hija de su muslo con el príncipe de
Persia no implicaba ningún derecho de Susa a la Corona de Ecbatana, a la manera
que la boda entre la hija de Ciaxares y el hijo de Nabopolasar no entregaba
derecho alguno al rey de Ecbatana sobre la corona de Babilonia.
Absolviendo
a Herodoto por su ignorancia, cualquier historiador sabe que la princesa
entregada en matrimonio de alianza pasaba directamente a vivir bajo la corona
del príncipe consorte. La fábula del príncipe Ciro, hijo de este matrimonio,
siendo expuesto a decreto de muerte y salvado por un pastor, no tiene ningún
valor, excepto el de querer salvar de alguna forma el derecho de Ciro al trono
de Media y revestir su increíble ascenso al Imperio con el manto de la
providencia de los dioses.
Era
imposible que un príncipe de segunda, como dije antes, soñase con la conquista
de todas las coronas de las superpotencias del momento, y lo que es más
fantástico, sin ni siquiera tener que librar una sola batalla. ¡Oh la la!
Superando
pues a Herodoto volvemos a la realidad. Y la realidad es que si Astiages casó
una hija de entre sus hijas con el príncipe heredero de Persia, como suele
suceder en todo matrimonio de esta clase: esta alianza tenía por fin mantener
la autonomía de Susa frente a Babilonia, recordándole Ecbatana a Babilonia que
cualquier adhesión que superase su influencia política sobre Susa daría origen
a una guerra legitimada por la sangre entre las coronas.
Por la
parte de Susa, mientras el rey de los Persas se aseguraba el apoyo del rey de
los Medos gracias a la boda entre su heredero y la princesa de Ecbatana,
jugando a dos bandas, ¡cosas del Poder!, el rey de los Persas mantenía su
independencia política frente al rey de Ecbatana: vasallaje mediante al rey de
Babilonia, firmando con el Caldeo el clásico rehenato de un heredero, por el cual el primero, un reino de segunda fila, obtenía del
segundo, un reino de primera magnitud, cobertura y asistencia al fuero de su
independencia respecto al rey de los Medos. Sería en esta Corte, y no en la
choza de pastor alguno, donde se criaría Ciro.
Recordemos
que para las fechas cuando Ciro hubo de ser entregado - y de aquí la leyenda de
su desaparición de la vista de Ecbatana y Susa - en las manos de la Corte
Caldea, la Jefatura de la Casa de los Magos, y Jefe del Consejo Privado del Rey
de Babilonia, y por tanto al mando de los rehenes reales, este Poder estaba en
manos de un Judío llamado Daniel.
Observemos
además que el mismo proceso que Nabucodonosor realizó con Jerusalén,
destruyendo la ciudad y llevándose con él a sus príncipes supervivientes, este
mismo proceso fue el que realizó su padre, Nabopolasar, con Nínive, destruyendo
la ciudad y deportando a su reino sus príncipes supervivientes, de los cuales,
a la manera que de los judíos supervivientes saldría el príncipe Zorobabel,
ambos criados en la corte de Nabucodonosor bajo la mano del mismo Jefe de la
casa del rey, Mago y profeta Daniel, saldría luego Nabónido, el futuro rey tras
el golpe de Estado que derrocó a la dinastía de Nabucodonosor.
Ciro,
cerrando esta incursión, estaba emparentado por su madre con la corona de los
Medos, y por su abuelo materno, al mismísimo Astiages, hijo de Ciaxares.
Astiages, hermano de la mujer de Nabucodonosor, siendo el abuelo materno de
Ciro, emparentaba a su nieto, sin quererlo, con la Corona de Babilonia. La
oportunidad de unir estas tres coronas, la Persa, la Caldea y la Meda en una
misma cabeza era extraordinaria. Ciro tenía derechos legítimos de sangre sobre
las tres coronas del momento. Obviamente para esto había que derrocar a la
dinastía de Nabucodonosor, poner en el trono un rey títere, Nabónido, sujetar
las ciudades fronterizas a hombres fieles al Mago de Babilonia, judíos como él
mismo, y superar el enfrentamiento con el rey de Ecbatana. Cosa no muy difícil
de hacer si el Gran Mago de Oriente tenía en cuenta que el cuadro del Estado
Mayor de la Corona Meda estaba en manos de descendientes de Israelitas, hijos
todos del mismo Abraham, en cuyas orejas la Voluntad de Dios, que había
dispuesto la ascensión al trono de rey de reyes de Ciro el persa, encontraría
un alma bien dispuesta.
¿El
precio que pagaría Ciro?
¡La
Libertad!
Crónicas
Judías
No es oro
todo lo que reluce. Y en la envoltura de la imagen arquetípica antisemita
haciendo del judío el clásico avaro, miserable criatura reptando entre los
estratos del poder, el oro no sólo no reluce sino que es pura pintura. No sería
sino tras la destrucción romana de Jerusalén y la convivencia del judío en el
Islam y contra el cristianismo que esta pintura comenzó a fabricarse y se
completó, deviniendo el judío la clase más abyecta de gusano, sin lealtad hacia
nadie y capaz de traicionar al amigo de hoy si el enemigo de ayer llega al
poder y su supervivencia en el mañana depende de la del enemigo de hoy, que fue
el amigo de ayer. Mas en lo que respecta al Hebreo, Israelita o Judío, de los
tiempos anteriores a Cristo, y especialmente durante los siglos del XVI al VI,
es decir, todo un Milenio, el Hebreo fue un Guerrero nato forjado en el campo
de batalla, cuya fama se consolidó a título mundial durante los días de David.
Pero
creer que un guerrero nato es aplastado mientras el pecho tiene vida es un
error, que al cabo del tiempo a Nínive le costó la existencia. Un guerrero sólo
deja de existir, muerto. El mismo espíritu de Libertad opuso el reino de Judá
al imperio de Babilonia. La imagen que el mundo de entonces tenía del Judío era
la de un soldado valiente y bravo. Verdad que pone de relieve la puerta que se
le abrió a la libertad mediante su entrada en el ejército babilonio, sirviendo
en los cuales llegaron sus jefes a alcanzar los más altos puestos en las
ciudades de las fronteras del reino. ¿Con la ayuda del jefe de los Magos? Pues
sí, siempre: pero ninguna influencia tiene peso cuando de lo que se trata es de
defender a cobardes, que, de haberlos sido, ni por diez como Daniel, el rey de
Babilonia hubiera aceptado sus nombramientos para guardias de las Puertas del
Reino.
El Edicto
de Libertad que firmó Ciro al entrar en Babilonia fue redactado hacía mucho
tiempo atrás y el Nuevo rey de Babilonia se limitó a poner su Sello. Este
Edicto es la clave que abre la puerta a todo el Misterio de aquel Siglo: la
ascensión de Ciro, la caída de Babilonia y Ecbatana, la complicidad de
Babilonia frente a la Caída del reino de Lidia y su negativa a unirse a Egipto
para apoyar a Lidia y detener la fundación del imperio de Ciro. Y a la par nos
permite ver la naturaleza de la Caravana que lideró el príncipe Zorobabel desde
Babilonia a Jerusalén.
Quiero
decir, Zorobabel condujo un ejército armado, enriquecido por los tesoros de la
Comunidad de la Gran Sinagoga del Oriente y exaltado por la tribu sacerdotal,
pero ante todo y sobre todo Zorobabel era príncipe y quienes le acompañaron
fueron los mismos generales y soldados que les abrieran las Puertas del Reino a
Ciro, de los que felizmente Ciro se desembarazó pensando que tal cual habían
desertado de su antiguo amo podían desertar del nuevo señor, y a su Imperio más
le valía tener a tales siervos, leales sólo a su Dios, fuera del ejército que
dentro del ejército.
El relato
bíblico es suficiente prueba a la hora de confirmar la veracidad de la
naturaleza armada de la Caravana del heredero de la corona de Salomón. Ya digo,
la imagen arquetípica sobre el judío instalada en nuestra memoria durante los
últimos siglos no puede ser exportada a los tiempos que estamos tratando.
Zorobabel dirige un ejército de ocupación con plenos poderes de defensa armada
frente a los ocupantes de la Patria Perdida. Que, como se lee, no tardaron en
intentar destruirlos. Cosa que no consiguieron porque aquellos colonos
albañiles, carpinteros y demás, bajo la capa de trabajo llevaban la espada del
soldado. Y tenían permiso de Ciro para defenderse y hacer valer sus vidas. ¿Qué
es la Libertad sin el derecho a la defensa de la Vida?
Se
sobreentiende de su Edicto que Ciro no les otorgó a los Judíos a una Libertad
para invadir el País y hacer Zorobabel de Josué en plena Reconquista. Del
Edicto se entiende que los Judíos compraron su Libertad para regresar a su
Patria e instalarse en la tierra siguiendo las leyes del establecimiento
pacífico, y sujeción de las nuevas poblaciones a los deberes imperiales. Bajo
estas premisas, como vemos en el relato Bíblico, Zorobabel y sus hombres
reconstruyeron Jerusalén, se instalaron y comenzaron a expandirse por la
Heredad de los Hebreos.
He
aquí el famoso Edicto de Ciro
A. -
Yo soy Ciro, Rey del Mundo, rey grande, rey poderoso, rey de Babilonia, rey de
las tierras de Sumeria y Acad, rey de las Cuatro Regiones, hijo de Cambises,
gran rey, rey deAnsán, nieto de Ciro, gran rey, rey deAnsán, descendiente de Teispes, gran rey, rey de Ansán, descendiente de una línea real sin término, cuya ley
Bel y Nabu bendicen, cuyo reinado hace la complacencia de los dioses.
Cuando me
hallé preparado, entré en Babilonia, y asenté mi reino en el palacio de los
reyes entre el júbilo y la alegría. Marduk, el Dios Altísimo, dispuso el
corazón de los habitantes de Babilonia hacia mí, y yo le adoraré todos los
días.
Y continúa:
B. -Por
mis actos Marduk, el Señor Todopoderoso, se alegró y a mí, Ciro, el rey que le
rinde adoración, y a Cambises, mi hijo, la fuerza de mis muslos, y a todas mis
tropas Él ha bendecido, y por esto con espíritu de gracia glorificamos en
excelsitud su Altísima Divinidad.
Todos los
reyes que se sientan en sus tronos desde un rincón al otro de las Cuatro
regiones, desde el Mar del Norte al del Sur, que moran en ... todos los reyes
del Occidente que habitan en tiendas, me rindieron tributo y vinieron a besarme
los pies sobre Babilonia. Desde ... a las ciudades de Assur,
Susa, Acad y Eshunna, las ciudades de Zamban, Der, hasta los confines de la tierra de los Gutis,
yo hice volver los dioses a sus lugares de culto desde muy antiguo, a sus
ciudades sagradas en ruina desde tiempos lejanos.
Reuní
todos sus habitantes y restauré sus ciudades. Los dioses de Sumeria y Acad, que
Nabónido, contra la cólera de los dioses, trajo a Babilonia, Yo, por la
voluntad de Marduk, el Señor Dios, hice retornar a sus ciudades de culto.
Quieran
todos los dioses rogar por mí delante de Bel y Nabu por todos los días de mi
vida, y digan a mi Señor, Marduk: “Que Ciro, el rey, tu siervo, y Cambises, su
hijo...”
Y concluye
así:
C. -
Ahora que soy rey de Persia, Babilonia y las naciones de las Cuatro Regiones
con la ayuda de Marduk, declaro que respetaré las tradiciones, costumbres y
religiones de las naciones de mi imperio, y no permitiré, mientras yo viva, que
gobernador alguno bajo mi mando las insulte.
Desde
ahora para siempre, mientras Marduk disponga el reino a mi favor, no impondré
mi religión a nación alguna. Cada nación es libre para aceptarla, y si alguna
la rechaza Yo jamás me alzaré contra su libertad para imponerle mi Creencia.
Mientras Yo sea el rey de Persia y Babilonia, y de las Cuatro Regiones, Yo no
permitiré la opresión religiosa de una nación sobre otra, y si ocurriera Yo
castigaré al opresor y devolveré su derecho al oprimido.
Mientras
Yo sea rey no permitiré a nadie tomar posesión y realizar expropiación de los
bienes ajenos en razón de la fuerza o sin compensación. Mientras yo viva,
prescribo el trabajo en condiciones de esclavitud.
Hoy, Yo
declaro: que todo el mundo es libre para elegir su Religión; que todo el mundo
es libre para elegir su sitio de morada, entendiendo que este derecho no anula
el deber hacia la ley del prójimo; que Nadie podrá ser culpado por los delitos
o faltas de sus familiares.
Prescribo
la esclavitud y mis gobernadores tienen el deber de prohibir el cambio de
personas por cosas dentro de sus dominios. Tal costumbre debe ser exterminada
de la faz del mundo.
Ruego a
Marduk que me conceda cumplir con mis obligaciones hacia las naciones de
Persia, Babilonia y las demás de las Cuatro Regiones.
CAPÍTULO 7
36
El Cuarto
Hombre.
¿Y qué
diría el Príncipe Asirio Nabónido sobre la cesión del imperio de las manos del
Caldeo a la del Persa?
¿Se
apuntaría al bombardeo desde dentro de la fortaleza del enemigo?
¿Aceptaría
Nabónido ser un peón en el Ajedrez del Profeta-Mago?
¿Qué
podría ofrecerles Nabónido a cambio de la posibilidad de reconstruir Nínive en
alguna parte del Sur? ¿Les daría a los Magos de Daniel las Llaves del Reino?
Nabónido
movió la cabeza.
“Te
retirarás a la Ciudad que elijas lejos de mí” - lo tranquilizó riendo Ciro.
Sabio,
digno discípulo del Jefe de los Magos, Nabónido se construyó su Ciudad en un
oasis perdido en el corazón de un Edén sembrado por él mismo. Ciro se echó a reir. A Zorobabel no le cogió por sorpresa la astucia del
Cuarto Hombre.
El
misterio que viene a cuento es descubrir cómo un príncipe asirio se las apañó
para subir al trono de Babilonia. Misterio cuyo secreto lo podemos deducir de
la Caída de la dinastía de Nabucodonosor en los días de Baltasar. Aquel golpe
maestro de estado que elevo a Nabónido al poder descubre la identidad asiria
del peón movido por Daniel en la dirección del traspaso final del imperio a las
manos de Ciro, cuando aquel peón se limitó a entregarle Babilonia al nuevo rey
del mundo. Entrega que dejó en manos de su padrino hebreo desde el principio
mismo de su reinado, y se tradujo al final del mismo en el hecho de hallarse
los ejércitos babilonios en las manos de los judíos. Bien pudo Daniel haber
usado el entramado que levantara para dar otro golpe de estado y poner en el
trono al heredero de Judá. Pero no lo hizo.
37
La
Reconquista del Reino Perdido.
La
doctrina profética de Daniel encontró en Zorobabel una estrella llena de vida.
Se trataba de reconstruir Jerusalén, poner la primera piedra del Templo y
comprar pacíficamente la tierra de Judá. Jerusalén haría de funciones de
colonia madre. El gobernador de la Ciudad sería el jefe supremo de la Colonia;
a su mandato los grupos elegidos se moverían hacia donde se hubiera dispuesto
por el consejo de los sabios.
La
segunda fase profética decía que en un par de siglos a lo sumo el rey de Grecia
entraría en Asia y echaría abajo el Imperio de Ciro. La Conquista de Babilonia
por Occidente iría seguida por la división del imperio del conquistador griego
en cuatro reinos. Al poco nacería un reino que se extendería por todo el mundo
y derrotaría a los cuatro reinos. En esos días el ángel de la libertad tocaría
la trompeta y las colonias judías se levantarían en estado de guerra de
independencia. Hasta entonces cada hijo de Israel debía atenerse al proyecto
original.
38
Bajo el
Yugo de los Helenos.
Entre los
historiadores del XX se impuso la teoría de la creación a posteriori de los
libros bíblicos. Desde la óptica del ateísmo Alejandro Magno no conquistó el
Asia después, sino que los judíos escribieron lo que pasó después de la muerte
del griego.
Ajenos a
las opiniones de todo el mundo, desde su torre en Seleucia del Tigris los Magos
de Oriente siguieron el curso de los acontecimientos. Las sinagogas de todo el
mundo les enviaban noticias de los lugares donde vivían, quiénes gobernaban,
qué sistema político tenían, cambios de dinastía.
“Los
problemas entre persas y griegos han comenzado. El rey del Norte, Filipo, ha
sometido a toda la Grecia. El día de la Venganza por los hombres de Leónidas en
las Termopilas empieza a alborear” - trajo en su pata a Seleucia del Tigris una
paloma blanca.
La
respuesta llegó rápida a Jerusalén. Decía: “Todos los hijos de Abraham deben
prepararse para recibir al Conquistador con palmas y vítores. En breve, a la muerte
del hijo de Filipo, su reino se hundirá en una guerra civil larga. Sobrevivirá
a su destrucción dividiéndose en cuatro reinos.”
Y así
fue.
No se
había enfriado el cadáver de Alejandro sus generales ya se estaban matando. Al
cabo le vieron los cuernos al diablo y dejaron de comerse vivos.
Fue
Seleuco I el Invencible quien se quedó con el imperio de Ciro, más lo que
Alejandro conquistó a este lado del río Indo. No reconstruyó Babilonia; en su
lugar creó una ciudad nueva a orillas del Tigres. La llamó Seleucia del Tigres.
Seleucia
del Tigris fue concebida para hacer las funciones de puerto comercial interior
entre el Extremo Oriente y Occidente. No olvidemos que en su sabiduría para
controlar el paso de caravanas y barcos del Oriente al Occidente tuvo sus Minas
el rey Salomón.
39
Jerusalén
grita Libertad.
La parte
del cocodrilo se la llevó Ptolomeo. Desde que vio los planos de Alejandro Magno
para Alejandría del Nilo se apoderó del joven Ptolomeo la pasión por aquella
Nueva Atenas que el hijo de Filipo pensaba construirse en las costas de Egipto.
Certero y
silencioso como el cocodrilo cuando ataca, con los ojillos a los dos lados del
hocico, avanzando por el agua sin soltar aire, sin mover un párpado, más tieso
que un tronco, adelantó sus posiciones el joven Ptolomeo el día antes del
entierro de su Héroe. Primero se proclamó dueño y amo del Egipto; después los
dioses dirían.
40
La
codicia de los reyes.
La
ambición sin límites de Seleuco fue el fantasma personal de la casa de los
Seleúcidas. Se murió el hombre con el dolor de haber perdido Jerusalén en una
apuesta de lagartos. Y su familia sin saber aceptar la derrota ante las fuerzas
de los Ptolomeos egipcios. Las guerras
heleno-egipcias por la posesión de Jerusalén fueron la constante vital del
Oriente Próximo desde la muerte de Alejandro al reinado de los hijos de los
Macabeos.
El
zarandeo, hoy tengo por ama a Antioquia, mañana tengo a Alejandría, le afectó a
Jerusalén. Sus hijos, cansados, se echaron a dormir en los laureles del que ha
conseguido desprenderse de sus fantasmas mesiánicos. Al despertar se
encontraron atrapados en las garras de una solución final, que no fue la
primera ni sería la última.
41
El Segundo Reino de Israel.
Jerusalén vivió alucinada la persecución religiosa de
Antíoco IV. Era algo que jamás se le había ocurrido pensar que pudiera pasarle.
Las Escrituras decían que después de los cuatro reinos, la Libertad. Se
quedaron de piedra tal como les cogió sentados la noticia. ¿En qué habían
estado pensando? ¿En el nacimiento de un niño bajado del cielo que venía y les
arreglaba todos los problemas?
¡Comerían perdices y serían felices!
De hecho algunos se las comían todas y los demás se las
apañaban con gallinas. Por esto cuando Judas Macabeo volvió a su patria y se
puso al frente de la resistencia con su escuadrón de desertores se unieron a él
todos los que no tenían nada que perder y todo que ganar.
La línea del tiempo desde los Macabeos al Nacimiento fue
la siguiente:
Judas Macabeo gobernó desde el 166 al 161. Judas dirigió
por tanto los ejércitos del Señor de victoria en victoria durante cinco años.
No se sabe muy bien o nunca se ha escrito la verdad sobre el origen de la
formación militar de este caudillo. Es más que probable que, conociendo la
estructura de los ejércitos imperiales seleúcidas, este Judas fuera el jefe del
Escuadrón Judío, al frente del cual desertó al conocer los planes asesinos del
rey, quien al partir para la gran aventura de la conquista del Asia perdida le
ordenó al regente de su reino la solución final antijudía en el origen de la
rebelión en curso.
Tal vez no sea fácil recrear la vida de Judas antes de su
aparición como encarnación del Martillo de Dios. Pero como ya he dicho la
estructura militar del imperio se basaba en el reclutamiento de Escuadrones de
todas las provincias bajo la corona del rey. Entre ellos hubo de existir un
Escuadrón Judío, que, sin ninguna duda, sirvió bajo la bandera imperial hasta
que a su regreso de su frustrada invasión de Egipto el rey dejara correr su
impotencia contra Jerusalén.
Escandalizado el Escuadrón Judío por aquella acción es de
creer que la deserción ya estaba servida, y se consumó cuando al dirigirse
hacia Babilonia pretendió llevarse Antíoco IV el Escuadrón Judío consigo,
dejando a merced de Lisias y sus generales la solución final judía.
Al corriente de lo que pretendía el rey, Judas, jefe del
Escuadrón Judío, desertó con sus hombres. Llegado a la Judea se encontró con la
matanza y, huyendo con su padre y sus hermanos, le declaró la guerra de
guerrillas al Imperio. Cuando Apolonio, el general designado por Lisias para
solucionar el problema judío, alcanzó la Judea se enfrentó a un caudillo que
conocía perfectamente las tácticas y las estrategias militares del ejército
imperial bajo cuya bandera el Macabeo sirviera toda su vida.
En el 161 sin embargo, abandonado por los suyos al frente
de sus 800 Bravos, Judas cayó como vivió, vendiendo cara su vida. Las restantes
hazañas bélicas de Judas están escritas en la Biblia.
Le sucedió en la jefatura militar de los ejércitos del
Señor su hermano Jonatán. Jonatán gobernó el país desde el 161 al 143. Las
aventuras militares de Jonatán también están escritas en la Biblia. Cómo
recibió el sumo sacerdocio de las manos del rey Alejandro Balas, cómo se las
apañó para prosperar jugando a dos bandas y cómo, finalmente, fue atrapado a
traición y condenado a muerte.
Le sucedió en la jefatura del país su hermano Simón. Este
gobernó desde el 143 al 135. Simón fue quien de verdad conquistó la
Independencia. En recompensa por la cual los judíos en pleno le concedieron a
sus herederos el gobierno a perpetuidad. Arrepentido el rey de Antioquía por la
pérdida de la Judea le ordenó a su general Cendebeo reconquistarla. Simón y sus
hijos, Judas y Juan, vencieron al invasor. La libertad no salvó a Simón de caer
a traición como su hermano Jonatán.
Tras la muerte de Simón subió al Poder su hijo Juan. Juan
Hircano I reinó desde el 135 al 105 (siempre a.C.). Si en un principio pareció
que la invasión por la Judea del rey de Siria iba a acabar con todo lo
conquistado por los Macabeos, el primero de los Asmoneos se las arregló para
salir triunfante y además conquistar la Samaría, la Idumea y territorios al
Este del Jordán incluso. Fue este Juan Hircano I quien al obligar a todos los
no judíos de su reino a circuncidarse le preparó el camino al trono a Herodes.
Le sucedió su hijo Aristóbulo I, “el rey loco”. En un
principio su padre le legó sólo el sumo sacerdocio, reservando el Gobierno para
su madre. Juan se volvió loco, encarceló a su madre y a sus hermanos y se
declaró rey. Al año murió.
De las profundidades de la tierra tomó Jerusalén rey. Se
llamaba Alejandro. Reinó desde el 104 al 78. Bajo su reinado la sangre llovió a
cántaros sobre Jerusalén. Fue durante su reinado que las estrellas de Abías,
padre de Zacarías, esposo de Isabel, y tito abuelo de María, madre de Jesús, y
Simeón el Babilonio, padre del Simeón que recogió en sus brazos al Niño en su
presentación al Templo, los Semayas y Abtalión de la historia oficial judía, brillaron en todo su
esplendor.
A la muerte del Asmoneo le sucedió su mujer Alejandra,
llamada también la reina Salomé. Desde el 76 al 69 la reina Alejandra dirigió
la paz del reino. Ella reinstauró el Sanedrín y fue durante su reinado que tuvo
lugar la búsqueda secreta del Heredero de la corona de Salomón.
A su muerte sus hijos Hircano II y Aristóbulo II se
declararon aquella guerra que en el 63 fuera atajada por Pompeyo el Grande.
Hircano II quedó como etnarca durante todos los días de la vida de Pompeyo, y Antípatro,
padre de Herodes, Idumeo de nacimiento, como general de los ejércitos de la
Judea hasta su muerte. Fueron los partidarios de Pompeyo quienes asesinaron en
Roma a Aristóbulo II, en el 49, y en el mismo año su hijo Alejandro lo fue en
Antioquía por orden del propio Pompeyo. Durante estos años tuvo lugar el
ascenso a la cumbre de los Archivos del Templo de Zacarías, hijo de Abías.
Por aquellos días los Partos invadieron la Judea y
coronaron rey al otro hijo de Aristóbulo II, al que llamaban Antígono. Este le
cortó la nariz y las orejas a su tío Hircano II y le desterró a la Nueva
Babilonia. Con este aliado circunstancial de Zacarías y su Saga, en la Gran
Sinagoga de los Magos de Oriente los correos entre los Magos y Zacarías y sus
hombres aceleraron sus idas y venidas.
De todos modos eran malos tiempos para los Asmoneos.
Aprovechando las guerras civiles romanas Herodes derrotó a Antígono, hijo de
Aristóbulo II, sobrino de Hircano II, y lo decapitó (año 37).
La tragedia de los Asmoneos no había terminado aún.
Sediento de sangre el rey Herodes asesinó al nieto de Aristóbulo II y al propio
Hircano II, al que llamara de Babilonia con promesas de paz y salud. También
asesinó a las asmoneas Alejandra y Mariana, la reina Mariana. Y finalmente a
sus hijos Alejandro y Aristóbulo, hijos de la reina Mariana.
En el año 7 a.C. toda la estirpe del Asmoneo, según se lo
profetizara Abías, había sido eliminada de la faz de la tierra. Herodes quedó
como único dueño y señor de Jerusalén. Herodes fue el primer y el último rey
que conoció el II Reino de Israel.
42
El Rey Mesías.
José y María, padres de Jesús, nacieron durante los
primeros años del reinado de Herodes. José debía tener unos cuarenta años
cuando tuvo a su primogénito, y María unos pocos menos cuando dio a luz a su
unigénito. Según este cómputo José murió a los sesenta años, aproximadamente. A
qué edad, según cuenta la leyenda, ascendió al Cielo en la Ciudad de Zaragoza
la Madre, nadie lo sabe a ciencia cierta. El hecho es que las miserias que
Herodes les hizo tragar a los judíos alimentaron en el pueblo oprimido el sueño
del rey Mesías. Que como todo sueño nunca se haría realidad, por lo menos
mientras estuviese en las manos de Herodes y sus hijos impedirlo. Sin embargo
el rey Mesías vino a nacer lejos de la vista de la Corte, en un pesebre.
Avisados por “la paloma muda de las lejanías” los Magos
salieron de su Torre de Oriente y corrieron a poner a los pies de la Sagrada
Familia sus riquezas y su ciencia.
¿Precedieron a la Sagrada Familia al Egipto, financiaron
la Carpintería del Judío y murieron viendo crecer al Niño?
43
El Nacimiento de Cristo.
Estaba en el Niño. Pero el Niño no lo sabía. Lo
descubriría entre los Doctores del Templo, a la edad de doce años
aproximadamente.
Allí, entre los Doctores, a la edad de doce años, Jesús
volvió a nacer. Dios le dio un nombre nuevo, Cristo. Él era Cristo Jesús De
Yavé y Sión. Él era el Cordero que su Padre ofrecería
por la expiación de los delitos de todo el mundo.
44
La juventud del Mesías.
Una pregunta sin respuesta se llevó del Templo consigo el
Niño a Nazaret. ¿Por qué su Dios lo iba a abandonar a merced de los enemigos de
Cristo? ¿Cómo podría salvar al mundo de las garras del Infierno desde la Cruz
que los romanos les reservaban a los malditos? ¿Qué esperaba conseguir Dios de
acontecimiento tan trágico? ¿Por qué iba a convertirlo en piedra de escándalo
para sus hermanos y sus amigos?
Durante toda su juventud Cristo Jesús no cesó de buscar
la respuesta a este enigma: Dios iba a establecer la victoria del hijo de Eva
sobre la sangre del hijo de David. ¿Por qué?
45
La Doctrina del Reino de los
Cielos.
La respuesta que encontró Cristo Jesús fue ésta. Dios
abole el Imperio y en su lugar funda un Reino Universal. Y les concede a todas
las criaturas la libertad para unirse o rechazar la adhesión ad eternum a su Reino. La Corona de este único Reino brilla en
la Cabeza de su Hijo Amado, Jesucristo.
Quien cree en su Hijo
es declarado ciudadano de su Reino aquí y ahora, y quien rechaza esta
Revolución Divina queda sujeto al Juicio Final.
De todas las medidas que, a raíz de la Tercera Guerra
Universal Dios adoptó contra el Infierno, ésta es la Piedra Angular. Las otras
medidas se deducen de la propia Historia del Cristianismo.
EPÍLOGO
Así pues, Dios y la Ley son una Realidad Indivisible,
Incorruptible.
Antes de establecer la Pena de Muerte, igual a Destierro
de la Creación, quiso YAVÉ DIOS PADRE darles a conocer a sus hijos la
Naturaleza del Infierno al que serían arrojados de volver a declararse una
Guerra entre hermanos. Elevando la Ley a la Naturaleza Divina creyó YAVÉ DIOS
hacer más fuertes a sus hijos frente a la Muerte. Nadie puede olvidar que ÉL es
el Único Ser Increado que conocieron la Eternidad y el Infinito antes de la
Creación del Nuevo Cosmos. Nadie debe olvidar que Su Personalidad ha sido forjada
en los Fuegos de la Ciencia del Bien y del Mal, frente a la Muerte, y haciendo
su camino de la mano de la Sabiduría.
Su Deseo de Creación de Vida a su Imagen y Semejanza fue
el Principio de la revolución que le condujo a ser el Creador de Galaxias,
Universos y Mundos. Nadie puede olvidar que ÉL es el Señor del Infinito y la
Eternidad; nadie debe permitir que el Amor del Creador por su Creación ciegue
los ojos de quien siendo adoptado por hijo se cree con el derecho de ser un
dios “a la imagen y semejanza” de su propio concepto de lo que es ser un hijo
de Dios.
Abrirles a sus hijos el Cosmos, ver al Creador, PADRE e
HIJO, en acción, tuvo además el sentido de abrirles los ojos a todos sobre la
Naturaleza de su Unigénito, JESÚS, sobre cuya Naturaleza Divina se había
levantado la Duda entre los hijos de Dios, Duda que debía ser callada viendo a
Dios en su Hijo.
“Dios Verdadero de Dios Verdadero” es la Confesión de la
Creación entera, registrada por la Iglesia Católica Romana, nacida para ser el
Templo en quien esta Verdad vive por la Eternidad.
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