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GUERRA DE
LA INDEPENDENCIA.
HISTORIA DEL LEVANTAMIENTO, GUERRA Y REVOLUCIÓN DE ESPAÑACAPITULO
XXIII.
Ney en
Asturias.—Movimientos de la Romana: acción de Villafranca del Bierzo.—Entra la
Remana en Oviedo y disuelve su junta.—Penetra Ney en Asturias: huida de la
Romana.—Vuelve Ney a Galicia.—Crece la insurrección en esta provincia.—Sitio y
toma de Vigo por los españoles.—Socorren los franceses a Tuy: formación de
la división española titulada del Miño.—Ocupación y evacuación de Santiago
por las tropas de dicha división.—Vuelve Soult de Portugal y concierta con el
mariscal Ney los medios de vencer la insurrección de Galicia. —Llega la Romana
a Galicia: movimientos de sus tropas.—Acción del Puente de San
Payo.— Soult evacúa Galicia.—Hace lo mismo Ney.— Queda Asturias igualmente
libre: tentativa de los españoles sobre Santander.—Desaciertos de
la Romana: sucédele el duque del Parque en el mando del ejército de la
izquierda.
Hemos visto
a Soult dirigirse a la conquista de Portugal, y hemos visto también a Galicia
declararse en insurrección contemporáneamente con la marcha de aquel para
dar comienzo a su empresa. Persuadido el mariscal francés de que Ney bastaría a
domeñar aquel alzamiento, cruzó el Miño en los términos que expusimos al
hablar en el Capítulo XII de la invasión del territorio lusitano; pero no eran
las fuerzas de Ney capaces de vencer por sí solas a los
insurgentes gallegos.
Después de
la derrota de los nuestros en las inmediaciones de Monterey el dia 6 de marzo
de 1809, dirigióse Mahy á las Portillas con la
retaguardia del ejército de la izquierda, uniéndose a poco en Luvian con
el marqués de la Romana. Indeciso este relativamente al camino que debería
tomar, propuso el ayudante general Moscoso que no se alejase el ejército
de la tierra montañosa, y acorde el marqués con esta idea, decidió encaminarse
a Asturias, con objeto de apoyar desde allí el movimiento insurreccional de
Galicia. Cambiada con este motivo la marcha que seguía antes, dirigió se a
Ponferrada del Bierzo cruzando las montañas de las Cabreras por el Puerto de
Palo, no sin grandes penalidades, debidas a la aspereza del terreno y a
lo crudo de la estación. No tuvieron los nuestros encuentro ninguno
con los franceses durante este tránsito, ni tampoco lo deseaba el marqués,
hallándose desprovistos de todo los soldados que conducía. Un incidente,
sin embargo, decidióle aprovechar la ocasión de caer
sobre el enemigo que con 1,000 hombres de tropas escogidas ocupaba
Villafranca del Bierzo. Fué el caso que al llegar los nuestros a las
inmediaciones de Ponferrada, encontraron en una ermita un cañón de a 12
abandonado, con su cureña y balas correspondientes, y esto bastó para
que Moscoso propusiese al caudillo español caer de rebato sobre los
franceses. Parecióle al marqués bien la idea, y no
bien llegó á Toreno, destinó a la empresa 1,500
hombres al mando del general Mendizabal, quien atacando a Villafranca el dia 17
de marzo, rindió prisioneros a los 1,000 franceses fortificados en la
villa, después de cuatro horas de fuego, gloria debida a la sorpresa que
produjo en aquellos una aparición tan repentina e inesperada, no menos que la
vista del cañón de grueso calibre, circunstancia que les hizo creer ser
muy numerosa la fuerza que sobre ellos venia, mesándose los cabellos de
rabia cuando vieron después que no era así, y que habían rendido las armas
a un puñado de hombres, y en malísimo estado por cierto.
Después de
esta acción felicísima, la cual valió más adelante a los vencedores una cruz de
distinción otorgada por Fernando VII, llegó la Romana a Oviedo, donde
excediéndose de las atribuciones que la Central le había conferido en
la parte puramente militar, disolvió la Junta de Asturias, echando del
salón a los vocales que estaban reunidos en sesión. Ciertamente que
aquella corporación no se había mostrado acertada en algunas de sus
providencias; pero el marqués dio oídos malamente á infundados
resentimientos, y obró ilegal y violentamente al tomar una determinación
tan ruidosa como aquella lo fue. Los autores franceses aseguran que la
asamblea destituida entorpecía con sus disensiones la marcha de las operaciones
militares, y por cierto que aun siendo esto así (lo cual no se ha probado todavía),
fue peor el remedio que la enfermedad, dado que ocupado el marqués
en meterse en lo que no le importaba y en reemplazar unos vocales con
otros, descuidó lastimosamente lo que nunca debía olvidar, el impulso de esas
operaciones que la junta, se dice , entorpecía.
En efecto:
trocado en político su papel exclusivamente militar, no tomó providencia
ninguna capaz de contener la invasión que amenazaba a Asturias, siendo así
facilísimo a Ney aprovecharse de su inacción, viniendo de Galicia por la
parle de Navia de Suarna, y ocupando
sucesivamente Ibias, Cangas de Tineo, Salas y Grado hasta dar vista a
Oviedo con 6,000 hombres, mientras procedente de Valladolid con igual fuerza
entraba Kellermann por el Puerto de Pajares en el desapercibido Principado. El
resultado fue salir de Oviedo precipitadamente el desalentado marqués,
tomando el camino de Gijón, donde embarcándose con algunas tropas, dirigió
su rumbo á Galicia. Ney con esto posesionóse de Oviedo el 19 de mayo, dando al saco la ciudad por tres días, aunque sin
poder cometer lamentables excesos en las personas, gracias a haber hallado la
población casi del todo abandonada por los moradores. Las divisiones de
Worster y Ballesteros, llamadas apresuradamente por la Romana cuando se vio con
el enemigo encima, no pudieron impedir la entrada de este en la capital, porque
no era ocasión de hacerlo ya, ni aun cuando lo hubiera sido tenían sus
jefes bastante confianza en el éxito para medirse con los imperiales, movidos
de concierto en tres direcciones, y todos a la vez sobre Oviedo. Así, pues, lo
único que Worster hizo fue aproximarse lentamente, y con las consiguientes
precauciones, a la capital invadida por la parte de la montaña, mientras
Ballesteros buscaba por su parte refugio en las asperezas de Covadonga, adonde
en movimiento retrógrado se dirigió desde Colombres.
Siguió Ney
en Oviedo unos días, durante los cuales procuró asegurar la posesión de aquella
plaza y del resto del territorio asturiano; mas no le fue posible detenerse
sino muy poco tiempo , porque llegando a su noticia los reveses que
experimentaba Soult en la conquista de Portugal, y sabiendo que la insurrección
de Galicia progresaba durante su ausencia, temió que la Romana acabase lo
que había el paisanaje empezado; y así, dejando a Kellermann encargado de
la guarda de Oviedo, mientras Bonnet, recién venido de Santander, ocupaba
Villaviciosa, volvió a Galicia apresuradamente, tomando el camino de la
costa.
Hemos dicho
en otro lugar de qué modo había empezado el levantamiento de dicha provincia ,
levantamiento debido exclusivamente a la exasperación con que
los naturales miraban el yugo extranjero. Faltos de concierto y de plan en
un principio, dirigía a estos, no obstante, el mismo sentimiento común,
tardando muy poco a entenderse y a concertarse entre sí, merced a los
emisarios que a fin de aunar sus esfuerzos cuidó de enviar la Central
desde el comienzo de la insurrección. Fueron estos el teniente coronel García
del Barrio, el alférez D. Pablo Morillo y el canónigo D. Manuel Acuña,
señalándose todos en el desempeño de la misión que se les había confiado,
no menos que los capitanes D. Bernardo González o Cachamuiña y D. Francisco Colombo, enviados entre otros con el mismo objeto por
el marqués de la Romana. Acaudillados los gallegos por estos bravos, por
los ya nombrados abades de Couto y Valladares, por Tenreiro, Seoane y Cordido, por los dos hermanos Martínez, por el valentísimo
Márquez, por D. Juan Bernardo Quiroga y su hermano el abad de Casoyo, y por otros patriotas, en fin, cuya
lista sería interminable, tales como los ya nominados Labrador, Carrascón
y juez de Maside, fue en breve inapagable la llama en las feligresías de
Tuy, Lugo, Orense y Santiago, estudiándose hasta más allá de las riberas
del Ulla, y acabando de darle dirección la junta creada en las alturas de
Lobera, bajo la presidencia del célebre obispo de Orense D. Pedro de
Quevedo y Quintano. imposible seria ahora tratar de exponer una a una las
diversas correrías y empresas que en Galicia tuvieron lugar desde últimos de
febrero en adelante, y aun cuando fuera realizable, no lo consentirían los
límites a que debemos circunscribirnos como historiadores que somos, no ya
de una provincia en particular, sino del alzamiento general que agitó a la
nación española en los seis años de su heroica lucha.
Prescindiremos, pues, de pormenores preciosísimos en verdad, pero
inconducentes al fin que en ser breves nos hemos propuesto; y nos
circunscribiremos por lo tanto a lo que creamos más esencial, o aparezca
más decisivo y de más reconocida importancia en el alzamiento
en cuestión.
Engrosadas
nuestras partidas de un modo imponente, había el abad de Valladares comenzado
el sitio de Vigo con la que tenía a sus órdenes, con la que en el valle de
Fragoso había levantado el alcalde Limia, y con la gente que Tenreiro y el
portugués Almeida habían recogido y abanderizado en otros valles diversos.
Ocupaba dicha ciudad con 1,500 franceses el jefe de escuadrón Chalot, quien provisto de medios de resistencia en todos
sentidos, aunque no en posición enteramente ventajosa, negóse repetidas veces a la intimación de rendirse que le hizo el abad. En esta
negativa tenaz influía por una parte la vergüenza que le causaba humillarse a
capitular con paisanos, y por otra la esperanza de ser socorrido por
una columna de los suyos que venía de Pontevedra. Afortunadamente don
Pablo Morillo impidió los progresos de esta situándose en el puente de San
Payo, asegurado el cual y confiado a la vigilancia del comandante
Odogesti, volvió con 300 hombres mandados por Gachamuiña y Colombo a auxiliar al abad en su empresa, estrechando el sitio de Vigo, sitio
cuya dirección tomó a continuación, junto con el grado de coronel que le
confirieron los nuestros. Frustrada la esperanza del francés en lo relativo al
socorro que tan ansiosamente esperaba, comenzó a desistir de sus
escrúpulos tocante a la rendición, no teniendo ya que abatirse al paisanaje, sino
a un militar como él. Eso, no obstante, pidió 24 horas de término para
contestar a la intimación que le hizo Morillo, amenazando el 27 de marzo tomar
la plaza por asalto y pasar la guarnición a cuchillo, si no se rendía en
el acto. No accediendo el jefe español al plazo que el francés
solicitaba, convino este por fin en rendirse, concediéndosele los honores de la
guerra; mas con todo, tardó en ratificarla
capitulación, visto lo cual por Morillo acometió la plaza a las ocho de la
noche, comenzando a derribar a hachazos una de las puertas, primero un marinero
anciano que cayó a poco muerto de un balazo, y luego Cachamuiña,
que tomando de sus manos el hacha, consiguió, bien que herido, hacer
astillas la puerta. Iban ya con esto los nuestros a precipitarse por ella,
cuando recibiendo Morillo la ratificación de Chalot,
pudo no sin dificultad detenerlos hasta la mañana siguiente, en que con arreglo
a lo convenido rindieron los franceses las armas, siendo llevados
prisioneros a Inglaterra.
Hecho fue la
toma de Vigo digno de perpetua memoria, no habiendo intervenido en su
reconquista sino los puños, por decirlo así, puesto que no tuvieron los
gallegos para la realización de su empresa ni ingenieros ni artillería. Fué
esa reconquista á sazón que venía de Tuy una columna a auxiliar a los
franceses sitiados. A la noticia de su aproximación, y ya posesionado de Vigo,
envió Morillo gente de su confianza que le saliese al encuentro. Hiciéronlo nuestros paisanos y soldados, y acometida
la columna enemiga, fue toda desbandada y deshecha, quedando varios de sus
individuos tendidos en el campo, y perdiendo 72 prisioneros.
Entretanto
el abad de Couto, y con él Márquez y otros guerrilleros, bloqueaban desde el 15
de marzo la expresada ciudad de Tuy, mas con cerco
tan poco riguroso como bien se deja inferir de la facilidad con que la columna
de que acabamos de hacer mención había salido de aquella plaza para ir al
socorro de Vigo. Libertada la ciudad, acudieron en auxilio de los sitiadores de
Tuy, Morillo, Tenreiroy Almeida con otros varios de los que acaudillaban
partidas, entre ellos García del Barrio, nombrado por la junta de la
Lobera comandante general de Galicia. Este nombramiento excitó, a lo que
parece, los celos de los demás jefes, y mal dirigido el asedio merced a
las rencillas y disputas que tenían cada día lugar, malogróse la
empresa por último, viniendo en socorro del general La Martinière,
que mandaba en la plaza, el de la misma clase Maucune por la parte de Santiago con una columna de infantería y caballería, y Heudelet, enviado por Soult, del lado de Portugal, como
dijimos en otro capítulo. Fué esto sobre el 12 de abril, en cuyo
dia levantaron el cerco los españoles, siendo arrollada a poco la gente de
Morillo en el camino de Redondela. Entrados los socorros en Tuy, temieron los
franceses que los nuestros volviesen de nuevo a sitiar aquella ciudad con
mejores disposiciones, razón por la cual la evacuaron el 16 del mismo mes,
después de sacar lodos sus efectos y artillería. Con esto quedó libre de
enemigos la orilla derecha del Miño , dando vagar y tiempo á los nuestros para disciplinarse por allí hasta el punto de organizar una
división respetable que tomó el nombre de aquel rio. Incorporado a esta
división con su partida el guerrillero Vázquez, o sea el
Salamanquino, hizo lo mismo poco después el valiente don Martin de la
Carrera, el cual había permanecido en la Puebla de Sanabria reuniendo
tropas dispersas, mientras el marqués de la Romana perdía el tiempo en
Oviedo. Gozaba Carrera gran crédito entre los naturales del país, y así el
dia 7 de mayo fue nombrado caudillo de la división del Miño, cediendo
Barrio las facultades que tenía como comandante general y enviado de la
junta de Sevilla.
A mediados
de dicho mes contaba la expresada división no menos que 16,000 hombres con
algunos caballos y nueve piezas de artillería. Puesto a su frente Carrera, tomó
el camino de Santiago por la provincia de Tuy con una parte de sus tropas,
y habiéndole salido al encuentro el 25 en el campo de la Estrella
5,000 infantes y 500 caballos destacados de la primera ciudad a las
órdenes de Maucune, consiguió derrotarlos completamente, entrando a
continuación en Santiago, precedido de don Pablo Morillo, si bien hubieron de
evacuarla en breve después de apoderarse de varios fusiles y vestuarios, y
gran cantidad de plata reunida por los franceses. El motivo de aquella
retirada fue el temor que les infundió Ney a su vuelta de Asturias,
mientras Soult combinaba con él sus operaciones, después de abortada, como
hemos visto, la conquista de Portugal.
En efecto,
el duque de Dalmacia acababa de pasar la frontera, entrando en Orense el día 18
de mayo. Hacía entonces algunos días que el general español Mahy sitiaba Lugo
con cerca de 7,000 hombres del ejército de la izquierda, en cuyo mando había
sucedido durante la excursión de la Romana a Asturias, teniendo tan
apurado al general francés Fournier, encargado de la defensa de aquella
plaza durante la ausencia de Ney, que le hubiera obligado a capitular, a
no ser por la llegada de Soult. Este salió de Orense el 21, y después de
un ligero choque con parte de la gente de Mahy, hizo a este levantar el
sitio el 22 , entrando en Lugo al dia siguiente. Reuniósele alli Ney el 30, y uno y otro mariscal concertaron
los medios de ayudarse mutuamente a fin de acabar cuanto antes con los
insurgentes gallegos.
Levantado el
sitio de Lugo, habíase Mahy replegado a Mondoñedo, donde se unió el 24 con el
marqués de la Romana, procedente de Rivadeo, en cuya
población había desembarcado huyendo de Asturias. Expuestos ambos allí a ser
cogidos entre las tropas de Soult y de Ney, evitaron al momento el peligro
por medio de una marcha atrevida, cuya dirección era el Sil, para
ampararse de Portugal, marcha que se verificó felizmente rozándose casi con
Lugo nuestros soldados, y siguiendo a continuación por Monforte hacia Orense,
no sin murmuración de parle de las tropas que, cansadas de marchas y
contramarchas inútiles, no comprendían ahora la oportunidad de esta otra.
Entretanto poníase Soult en movimiento contra la
Romana, haciendo lo mismo Ney respecto a la Carrera, cuyas tropas
mandaba entonces el conde de Noroña, nombrado por la Junta Central segundo
comandante de Galicia. Eran las fuerzas del mariscal Ney 8,000 infantes y
4,200 caballos, contando los nuestros hasta 10,000 hombres, aunque solo eran
6,000 los que estaban armados. Con la noticia de la dirección del enemigo, replegóse Noroña a San Payo, cuyo puente,
cortado anteriormente, quedó rehabilitado de prisa, dando paso a los
nuestros el 7 de junio muy temprano. A las nueve del mismo dia dejáronse ver los franceses en la orilla opuesta,
empeñándose con este motivo un vivísimo fuego de ambos lados, durando el
tiroteo seis horas, aunque sin resultado ninguno para los soldados de Ney.
Este al dia siguiente halló medio de vadear el rio, y empeñó de nuevo otra
acción, o más bien otras nuevas acciones; pero rechazado en todas partes
con extraordinaria energía, hubo de volver el pie atrás, retirándose
sigilosamente al amanecer del dia 9. Señalada fue la defensa del puente de
San Payo, y grande la pérdida que los nuestros hicieron experimentar al
enemigo, debiéndose sin duda el buen éxito a la acertada dirección de las
tropas, dirección que solo en el nombre vino a tener entonces Noroña,
habiendo este deferido en un todo (y esto le honró sobremanera) al
dictamen de la Carrera, Morillo, Cuadra, Roselló, Castellar, Márquez y otros
jefes, que con sus oportunas disposiciones y el brillante papel que
jugaron, acreditaron en aquellos días su justo y merecido renombre. La pérdida
de los franceses ascendió a 700 hombres: la de los nuestros no llegó a
200.
Entretanto
el cuerpo de Soult fatigábase vanamente en caer sabre
la Romana, pues el general español tenía sobre aquel la ventaja de conocer
perfectamente los sitios que recorría, y favorecido además por los
habitantes, tenía con esto los medios de evitar constantemente el encuentro de
su adversario. Cerca de tres semanas duró el movimiento de los franceses
en pos de los españoles, recorriendo sucesivamente
Monforte, Villafranca y Viana, sin más resultado que perder el
tiempo yendo de aquí para allá, apurando su paciencia con repetidas
marchas y contramarchas, y siendo hostilizados con frecuencia por el paisanaje
insurgente, que huyendo de las poblaciones a la aproximación del enemigo, pellizcábale a veces por los flancos, y a veces por la
retaguardia. Fastidiado Soult con aquel género de guerra, y no bien avenido con
Ney, decidió últimamente desistir de perseguir a la Romana, influyendo también
en su determinación las noticias de la guerra de Austria, junto con la fatiga
de sus tropas, que tras una retirada tan penosa como la que habían tenido
en Portugal, no podían apetecer para su descanso un suelo tan poco a
propósito como lo era entonces Galicia. Decidido, pues, a alejarse de
una tierra tan poco hospitalaria, cruzó el Sil por Monte Forado, no sin
que el abad de Casoyo y su hermano don Juan
Quiroga le causasen gravísimo daño apostados en la otra orilla ; pero al
fin consiguió pasar el rio, y después de hacer castigar las gentes de aquella
ribera quemando varias poblaciones, se dirigió por el camino de las Portillas
a la Puebla de Sanabria, adonde llegó el 23, después de haberse retirado a
Ciudad-Rodrigo y clavado varios cañones los españoles que guarnecían
aquel punto. Dos días después de su llegada a la Puebla, envió Soult a
Madrid al general Franceschi con pliegos e instrucciones, a fin de
informar a José del deplorable estado de su ejército; mas fue tal la mala fortuna del enviado que, no bien había pasado de la ciudad de
Toro , fue cogido prisionero con otros dos compañeros suyos por el
Capuchino Delica, que capitaneaba una partida en aquellas inmediaciones.
Con la
partida de Soult y de sus tropas, era Ney ya impotente en Galicia para medirse
con la insurrección, y así resolvió libertarse de los peligros que le cercaban,
dejando aquella tierra también. Salió, pues, de la Coruña el dia 22,
lomando el camino de Astorga, no sin dejar señales de su fuga
verdaderamente espantosas, asolando y quemando las poblaciones que hallaba
al paso : indigna y cobarde venganza de las humillaciones que nuestros
valientes le habían hecho sufrir. El conde de Noroña entró a los pocos
días en la Coruña en medio del regocijo y bendiciones de sus moradores, los
cuales no acertaban a comprender cómo unas tropas en tan mal estado habían
podido lanzar a las brillantes y bien dispuestas de los vencedores del
mundo , haciendo consistir su pérdida, junto con la que
habían experimentado en Portugal, no menos que en la mitad de las fuerzas
con que habían invadido los dos territorios.
A la
evacuación de Galicia siguió en junio siguiente la de Asturias, alejándose los
franceses de este principado, no solo por la diminución de sus fuerzas
con motivo de la salida de Ney para revolver sobre los gallegos, sino
también por la actitud amenazadora que tomaron allí nuestros soldados en
unión con el paisanaje. El general español Barcena había en la villa de
Grado cogido 80 prisioneros a los 1,300 franceses que la guarnecían,
haciéndolos retirar de allí, tras lo cual encaminóse hacia Oviedo por su parte occidental, verificando Woster lo mismo.
Con esto se vio Kellermann precisado a dirigirse a Castilla, no hallándose
con fuerza suficiente para sostenerse en aquella ciudad. Entretanto el
general Ballesteros tenía más de 10,000 hombres en Covadonga y sus
inmediaciones, incluyéndose en dicho número, además de un batallón que no
había podido embarcarse en Gijón cuando la fuga de la Romana, el
regimiento de Laredo procedente de las montañas de Santander , y la partida con
que el bravo Porlier recorría también aquella tierra. Dirigióse contra Ballesteros el general francés Bonnet, y tanto fue lo que
le estrechó, que viéndose nuestro caudillo falto enteramente de víveres ,
no tuvo otro remedio que huir, alejándose de aquel célebre santuario en la
noche del 24 de mayo, y dirigiéndose por montañas y riscos a Valdeburon, en Castilla , y de allí a Potes en la
Liébana. Respirando ya allí, proyectó apoderarse de Santander y hacer
prisionera su guarnición, compuesta de solos 1,000 hombres, y encaminóse con este objeto a Torre la Vega. Puesto en
marcha el 10 de junio, a fin de realizar su empresa, consiguió penetrar en
Santander, mas no con el éxito que era de esperar, puesto que se escapó la
guarnición , dejando en su poder 200 prisioneros tan solo: efecto, a lo que se
dice, de mala dirección y de haberse detenido Ballesteros en Torre la Vega
más tiempo de lo conveniente. La estancia de los nuestros en Santander
duró solamente algunas horas, pues volviendo reforzados los franceses en
la noche del mismo dia, entraron de rebato en la ciudad, dispersándose la mayor
parte de nuestros soldados y huyendo cada cual por donde pudo. Ballesteros
se embarcó en una lancha con D. José Odonell, coronel del regimiento de la
Princesa, dando la división por perdida; pero el batallón expresado se
salvó milagrosamente, gracias a su intrepidez y a la buena dirección y
admirable presencia de ánimo del oficial Garroyo, que
se puso á su frente , dirigiéndose a Medina de Pomar,
y cruzando toda Castilla y parte de Aragón en medio de increíbles peligros,
hasta que consiguió reunirse en Molina con el general Villacampa.
Gran riesgo corrió también Porlier de caer en manos del enemigo, pero
rompió con brío por sus filas, y merced a su serenidad, consiguió salvarse
también.
Respirando
libres Galicia y el principado de Asturias, gracias al heroísmo de los
insurgentes, no menos que al valor de las tropas, esperábase que el marqués de la Romana asiria la ocasión de explotar tan fausto
acontecimiento en beneficio de ambas provincias, tomando las disposiciones
militares que exigían las circunstancias. Desgraciadamente aquel jefe siguió en
Galicia análoga conducta a la que había manifestado en Oviedo, y en vez de
limitar las atribuciones que le había conferido la Central a lo que otro en su
caso hubiera hecho, invadió nuevamente el terreno de los asuntos
gubernativos, suprimiendo las juntas que tanto impulso acababan de dar a la
insurrección, y haciendo cuanto estuvo en su mano por malar el espíritu
público, con no haber sido él el que menos lo había alentado en la
lucha. Reemplazadas aquellas corporaciones con gobernadores militares, y
siendo militar en un todo la organización que el marqués creyó deber dar
al país, sufrió este lodos los inconvenientes de aquel extraño
procedimiento, sin reportar ninguna de sus ventajas, puesto que el marqués
descuidó el impulso de las operaciones, dejando transcurrir más de un mes en la
inacción más completa; más ya por último reunió lo más escogido de sus
tropas, y después de conferir a Mahy el mando de Asturias, ordenó a
Ballesteros que con 10,000 de sus más selectos soldados se le incorporase
en Castilla. Hecho esto, salió para Astorga con 10,000 combatientes y 40
piezas de artillería, permaneciendo allí hasta el 18 de agosto , en que
habiendo sido nombrado individuo de la Junta Central, dejó el mando del
ejército de la izquierda , sucediéndole el duque del Parque.
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