TERCERA PARTE
. HISTORIA DE ISAAC Y SUS DOS HIJOS
Capítulo 33
Reconciliación con Esaú
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Alzó Jacob los ojos, y vio venir hacia él a Esaú con cuatrocientos hombres. Había repartido sus hijos entre Lía, Raquel y las dos siervas,
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poniendo en cabeza a estas dos con sus hijos; después a Lía con los suyos, y en último lugar a Raquel con José.
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El se puso delante de todos y se postró en tierra siete veces antes de llegar su hermano.
4 Esaú corrió a su encuentro, le abrazó, cayó sobre su cuello y le besó. Ambos lloraban.
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Luego, alzando los ojos, vio Esaú a las mujeres y a los niños, y preguntó: “¿Quiénes son estos que traes contigo?” Jacob le contestó: “Son los hijos que Dios ha dado a tu siervo.”
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Aproximáronse las siervas con sus hijos y se postraron.
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Luego se acercaron José y Raquel, y se postraron.
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Esaú les preguntó: “¿Qué pretendes con todos estos hatos que he ido encontrando?” “Hallar gracia a los ojos de mi señor.”
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Contestóle Esaú: “Tengo mucho, hermano mío; sea lo tuyo para ti.”
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“No, te ruego -respondió Jacob-; si es que he hallado gracia a tus ojos, acepta de mi mano el presente, ya que he visto tu faz como si viera la de Dios, y me has acogido favorablemente,
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Acepta, pues, el presente que te hago, pues Dios me ha favorecido y tengo de todo.” Tanto le instó, que aceptó Esaú.
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Este le dijo: “Pongámonos en marcha; yo iré delante de ti.”
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Jacob le respondió: “Bien ve mi señor que hay niños tiernos y que llevo ovejas y vacas que están criando, y si durante un día se les hiciera marchar apresuradamente, todo el ganado moriría.
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Pase, pues, mi señor delante de su siervo, y yo seguiré lentamente al paso de los rebaños que llevo delante y al paso de los niños, hasta llegar a Seir, a mi señor.”
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Dijo Esaú: “Dejaré, pues, detrás de mí una parte de la gente que llevo.” Pero Jacob respondió: “¿Y para qué eso, si hallo gracia a los ojos de mi señor?”
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Volvióse, pues, a Seir Esaú aquel mismo día.
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Jacob partió para Sucot, y se hizo allí una casa y apriscos para ganados; por eso se llamó Sucot aquel lugar.
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Llegó Jacob en paz a la ciudad de Siquem, en tierra de Canaán, de vuelta de Padán Aram, y acampó frente a la ciudad.
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Compró a los hijos de Jamor, padre de Siquem, el trozo de tierra donde había asentado sus tiendas por cien quesitas,
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y alzó allí un altar, que llamó “El Elohe Israel” (El Dios de Israel)
CAPITULO 34 DINA Y LOS SIQUEMITAS
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