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LA HISTORIA DIVINA DE JESUCRISTO

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CREACION DEL UNIVERSO SEGUN EL GÉNESIS

 

 
 

LA SAGRADA BIBLIA

Sapienciales

EL LIBRO DEL ECLESIASTICO

21-30

 

Capítulo 21
La huida del pecado
1
Hijo, ¿has pecado? No vuelvas a pecar más y ora por los pecados anteriores.
2
Como de la serpiente, huye del pecado, porque si te acercas, te morderá.
3
Dientes de león son los suyos, que dan muerte a los hombres.
4
Toda iniquidad es como espada de dos filos; no hay medicina para su llaga.
5
Violencia y soberbia aniquilan la hacienda, y será asolada la casa del orgulloso.
6
La oración del pobre va de su boca a los oídos de Dios, y su juicio viene prestamente.
7
El que aborrece la reprensión va por los pasos del pecador; el que teme al Señor se convierte de corazón.
8
Desde lejos se conoce al lenguaraz en el hablar; pero el sensato sabe cuando resbala.
9
El que edifica su casa con los bienes ajenos es como quien amontona piedras para el invierno.
10
Montón de estopa es banda de impíos; la llama del fuego será su fin.
11
El camino de los pecadores está enlosado, pero su fin es la sima del hades.
 
 
Sabiduría y necedad
12
El que guarda la Ley domina sus pensamientos.
13
Y el fin del temor de Dios es la sabiduría.
14
No es educado el que no es hábil;
15
pero hay una habilidad que aumenta la amargura.
16
La ciencia del sabio crece como una inundación, y su consejo es como una fuente de vida.
17
El corazón del necio es como un vaso roto, no retiene la sabiduría.
18
El discreto si oyere una palabra sabia, la alabará y le añadirá algo más; pero la oye el libertino, le desagrada y lo echa sobre sus espaldas.
19
La explicación del necio es como carga en el camino, pero en los labios del prudente se encuentra complacencia.
20
El parecer del prudente es requerido en la asamblea, y a lo que dijere pondrán mucha atención.
21
Como casa en ruina es la sabiduría para el necio; y la ciencia para el insensato es palabra ininteligible.
22
Grillos en los pies es la disciplina para el insensato, y como esposas en su mano derecha.
23
El necio, al reírse, levanta su voz; en cambio, el inteligente apenas sonríe quedamente.
24
Como adorno de oro es para el prudente la disciplina, como brazalete en su brazo derecho.
25
Los pies del necio son ligeros para entrar en las casas, pero el varón discreto se recela de entrar.
26
El necio desde la puerta se asoma a la casa, pero el educado se detiene fuera.
27
Es de mala educación escuchar a la puerta; al prudente se le caería la cara de vergüenza.
28
Los labios de los necios dicen necedades; las palabras del prudente pesan en la balanza.
29
En la boca de los necios está su corazón; y el corazón de los sabios es su boca.
30
Cuando el impío maldice a su enemigo, se maldice a sí mismo.
31
El murmurador se mancha a sí mismo y es aborrecido de la vecindad.
 


Capítulo 22
1
Se asemeja el perezoso a una pella de barro; todos silban sobre su infamia.
2
Se parece a una bola de estiércol; quien la coge se sacude las manos.
 
 
El hijo mal educado
 
3
Es deshonra del padre haber engendrado un hijo indisciplinado; pero si es una una hija, nace en menoscabo suyo.
4
La hija prudente se convierte en herencia para su marido; pero la desvergonzada sirve de tristeza para el que la crió.
5
Al padre y al marido avergüenza la descarada, y por ambos será desestimada.
6
Música en el duelo es cuento fuera de tiempo, pero los azotes y la educación son sabios en todo tiempo.
 
 
El necio
 
7
Como quien compone un cacharro roto es el que enseña a un necio;
8
es despertar a un dormilón que duerme profundo sueño.
9
Es hablar con un dormido el hablar con un necio, que al fin acabará por decir: "¿Qué pasa?"
10
Llora al muerto, pues se extinguió su luz, y llora al necio, pues se extinguió su inteligencia.
11
No llores demasiado por un muerto, pues ha logrado el reposo.
12
La vida del necio es peor que la muerte.
13
El duelo por un muerto dura siete días, pero el duelo del necio y del impío, todos los días de su vida.
14
Con el necio no hables demasiado, ni vayas con el insensato.
15
Guárdate de él si quieres evitar el fastidio, y no te manchará con su contacto.
16
Apártate de él y tendrás descanso, y no tendrás que sufrir por su falta de inteligencia.
17
Que es más pesado que el plomo; ¿y cómo llamarle sino necio?
18
Carga de arena, de sal, de hierro, son más fáciles de sobrellevar que un necio.
 
 
La fortaleza
 
19
El maderamen bien ensamblado de un edificio no lo desencaja un terremoto, así el corazón afirmado en consejo bien maduro.
20
No vacila en tiempo alguno. Corazón que se apoya en pensamiento sabio es como revoque mezclado con arena en muro liso.
21
Estocadas colocadas en lugar alto no se sostienen ante el viento.
22
Así el corazón tímido, apoyado en necios pensamientos, no resiste al temor.
 
 
La amistad
 
23
Quien los ojos se frota saca lágrimas,
24
y el que se punza el corazón descubre sus sentimientos.
25
Quien tira una piedra a los pájaros los espanta; el que afrenta al amigo rompe la amistad.
26
Si desenvainaste la espada contra el amigo, no desesperes, porque hay posibilidad de retorno.
27
Si has abierto la boca contra el amigo, no temas, que hay posibilidad de reconciliación. Pero los ultrajes y la soberbia, así como revelar secretos y traicionar, son cosas que espantan a todo amigo.
28
Guarda fidelidad al prójimo en la pobreza, para que puedas gozar con él de sus bienes en la prosperidad.
29
Permanece con él en el tiempo de la tribulación, para que tengas parte en su herencia.
30
Antes del fuego sale el vapor del brasero y el humo; así antes de la efución de sangre hay insultos.
31

No me avergonzaré de defender a mi amigo ni me ocultaré de él, que si algún mal me sucede por él,

32
así, todo el que oiga su guardará de él.
   
 
Oración pidiendo preservación del mal
   
33
¡Quién pusiera un guarda en mi boca y un sello de prudencia en mis labios para que por ellos no caiga y no me pierda mi lengua!
   
Capítulo 23
1
Señor, Padre, Soberano de mi vida, no me abandones al capricho de ellos ni me dejes caer por ellos.
2
¿Quién aplicará azotes contra mis pensamientos, y la instrucción de la sabiduría sobre mi corazón, sin compasión a mis errores y sin que escapen mis pecados?,
3
Para que no se multipliquen mis ignorancias y se acrecienten mis pecados, y venga a caer ante los adversarios, y se regocije mi enemigo contra mí.
4
Señor, Padre y Dios de mi vida, no me des ojos altaneros.
5
No me haga altivo de ojos; y aparta de mí la envidia.
6
No se adueñen de mí los placeres del vientre y de la lujuria, y no me entregues al espíritu lascivo.
 
 
Disciplina de la lengua
 
7
Escuchad, hijos míos, la disciplina de la boca, pues el que la guarde no será sorprendido.
8
Que por los labios es atrapado el pecador y vienen a tropezar el maldiciente y el soberbio en ellos.
9
No habitúes al juramento a tu boca,
10
ni te acostumbres a pronunciar el nombre del Santo.
11
Pues como el criado sometido continuamente al examen no le faltarán cardenales, así el que siempre jura y profiere el nombre del Señor no estará limpio de pecado.
12
Hombre que mucho jura se llenará de iniquidades, y el azote no se apartará de su casa.
13
Si uno peca, el pecado pesará sobre él, y si no tiene cuenta, pecará doblemente.
14
El que jura en vano no está exento de culpa, y su casa estará llena de penas.
15
Hay modos de hablar que llevan a la muerte; lejos estén de la descendencia de Jacob.
16
Pues todo esto debe estar muy lejos del varón piadoso, y así no se verá enredado en el pecado.
17
No habitúes tu boca a torpes groserías, pues en ellas hay palabras pecaminosas.
18
Acuérdate de tu padre y de tu madre cuando te sientes en medio de los grandes;
19
no sea que te olvides en su presencia y, llevado de tu costumbre,vengas a hacer el necio, y querrías entonces no haber nacido, maldiciendo el día de tu nacimiento.
20
El hombre avezado a los insultos no se educará en todos los días de su vida.
 
 
El adulterio
 
21
Dos suertes de hombres multiplican los pecados y una tercera atrae la cólera:
22
Un alma fogosa, como fuego ardiente, no se apaga hasta consumirse del todo.
23
El hombre impúdico consigo mismo, que no cesará hasta que su fuego se extinga.
24
El hombre fornicario, a quien todo pan le es dulce, que no se cansará mientras no muera.
25
El hombre infiel al propio lecho conyugal, que dice para sí: “¿Quién me ve?
26
La oscuridad me cerca y las paredes me ocultan; nadie me ve, ¿qué tengo que temer? El Altísimo no se da cuenta de mis pecados.”
27
Sólo teme los ojos de los hombres.
28
Y no sabe que los ojos del Señor son mil veces más claros que el sol y que ven todos los caminos de los hombres y penetran hasta los lugares más escondidos.
29
Antes que fueran creadas todas las cosas, ya las conocía El, y lo mismo las conoce después de acabadas.
30
Será aquél castigado en las plazas de la ciudad, y capturado donde menos lo pensaba.
31
Así también la mujer que engaña a su marido
32
y de un extraño le da un heredero;
33
porque en primer lugar desobedeció a la Ley del Altísimo, y en segundo faltó a su marido; y en tercer lugar cometió adulterio, teniendo un hijo de varón extraño.
34
Esta será llevada ante la asamblea, y, respecto de sus hijos, se hará investigación.
35
Sus hijos no echarán raíces ni sus ramas darán fruto.
36
Dejará una memoria de maldición, y su deshonra no se borrará.
37
Y los supervivientes conocerán que nada hay mejor que el temor del Señor y nada más dulce que atenerse a sus mandamientos.
 


Capítulo 24
Elogio de la Sabiduría
1
La sabiduría se alaba a sí misma y se gloría en medio de su pueblo:
2
En la asamblea del Altísimo abre su boca y en presencia de su majestad se gloría.
3
Yo salí de la boca del Altísimo,
4
y como niebla cubrí toda la tierra.
5
Yo establecí mi tienda en las alturas
6
y mi trono en una columna de nube.
7
Sola recorrí el círculo de los cielos y me paseé por las profundidades del abismo.
8
Por las ondas del mar y por toda la tierra.
9
En todo pueblo y nación imperé;
10

tras todas estas cosas busqué donde descansar, buscando una herencia para instalarme en ella.

11
Entonces el Creador de todas las cosas me dio una orden, y el que me creó reposó en mi tienda, y me dijo:
12
Pon tu tienda en Jacob
13
y sea tu heredad en Israel.
Mora en Israel
14
Desde el principio y antes de los cielos me creó y hasta el fin no dejaré de ser. En el tabernáculo santo, delante de él ministré,
15
y así tuve en Sión morada fija y estable: reposé en la ciudad de El amada, y en Jerusalén tuve la sede de mi imperio.
16

Eché raíces en el pueblo glorioso, en la porción del Señor, en su heredad.

Sus gracias
17
Como cedro del Líbano crecí, como ciprés de los montes del Hermón.
18
Crecí como palma de Engadí, como rosal de Jericó.
19
Como hermoso olivo en la llanura, y he crecido como un plátano.
20
Como la canela y el bálsamo aromático exhalé mi aroma y como mirra escogida dí suave olor.
21
Como gálbano, estacte y alabastrino vaso de perfume, como nube de incienso en el tabernáculo.
22
Como el terebinto extendí mis ramas, ramas magníficas y graciosas.
23
Como vid eché hermosos sarmientos y mis flores dieron sabrosos y ricos frutos.
24
Yo soy la madre del amor, del temor, de la ciencia y de la santa esperanza.
25
Venid a mí
26
cuantos me deseáis y saciaos de mis frutos.
27
Porque recordarme es más dulce que la miel, y poseerme más rico que el panal de miel.
28
Los que me coman quedarán con hambre,
29
y los que me beban quedarán sedientos.
30
El que me obedezca no se avergonzará, y los que obren por mí no pecarán.
Está en la Ley
31
El libro de la alianza del Dios Altísimo es todo esto,
32
la ley que nos dio Moisés en heredad a la casa de Jacob.
33
Llena de sabiduría
34
como de agua el Pisón,
35
y como el Tigris en los días de los nuevos frutos.
36
Llena de inteligencia como de agua el Eufrates, y como el Jordán en los días de la mies.
37
Que rebosa de instrucción como el Nilo, y como el Guijón en los días de vendimia.
38
El primero no acabó de conocerla ni igualmente el último dará con sus huellas.
39
Porque su pensamiento es más profundo que el mar y su consejo más profundo que el gran abismo.
40
Así yo, como canal derivado el río,
41
como acueducto que conduce al paraíso.
42
Díjeme: Yo regaré mi jardín e inundaré mis bancales.
43
Y mi canal se hizo un río, y mi río se hizo un mar.
44
Todavía haré brillar la educación como la aurora, y la haré aparecer a lo lejos.
45
Quiero derramar mi doctrina como profecía
46
y legarla a las generaciones remotas.
47

Ved que no trabajo sólo para mí, sino para todos los que la buscan.

 


Capítulo 25
Tres cosas gratas
1
Con tres cosas me adorno y me presento, hermosas ante el Señor y ante los hombres:
2
la concordia entre hermanos, la amistad entre prójimos y la armonía entre mujer y marido.
3
Tres suertes aborrece mi alma en la gente, cuya vida me indigna sobremanera:
4
pobre soberbio y rico embustero, y anciano adúltero y menguado de inteligencia.
 
 
La corona de la ancianidad
 
5
Si no cosechaste en la juventud, ¿cómo lo hallarás en la vejez?
6
¡Cuán bien sienta a los cabellos blancos el juicio, y a los ancianos el consejo!
7
¡Qué bien dice la sabiduría a los ancianos, y la inteligencia y el consejo a los nobles!
8
La corona de los ancianos es su rica experiencia, y el temor del Señor, su gloria.
 
 
Cosas laudables
 
9
Nueve conjeturas considero felices en el corazón, y la décima la declararé con la lengua:
10
El varón que se alegra en los hijos, y el que en vida contempla la caída de los enemigos.
11
Dichoso quien convive con mujer discreta, quien no peca con su lengua, y quien no sirve a un amo indigno de él.
12
Dichoso el que halló la prudencia y el que enseña a oídos que escuchan.
13
¡Qué grande es el que encuentra la sabiduría!; pero nadie aventaja al que teme al Señor.
14
A todo sobrepuja el temor del Señor.
15
El que no tiene, ¿a quién compararle?
16
Prefiero cualquier llaga, a llaga del corazón.
17
Y cualquier maldad, a la maldad de la mujer.
18
Cualquier intervención, excepto a la de los que odian.
19
Y cualquier venganza, a venganza de enemigo.
20
No hay veneno sobre el veneno de la serpiente
21
y no hay cólera sobre la cólera de la mujer.
22
Prefiero morar con un león o un dragón a habitar con una mujer maligna.
 
 
La mujer mala
 
23
La maldad de la mujer demuda su rostro y hace su semblante como de oso;
24
su marido, sentado entre amigos, sin quererlo solloza amargamente.
25
Ligera es toda maldad comparada con la maldad de la mujer;
26
caiga sobre ella la suerte de los pecadores.
27
Lo que una cuesta arenosa para los pies del anciano, es la mujer deslenguada para un marido comedido.
28
No sucumbas a la belleza de la mujer ni la desees.
29
Digno de cólera, de reproche y de vergüenza
30
es que una mujer mantenga a su marido.
31
Abatimiento del ánimo, tristeza del rostro y llaga del corazón es la mujer malvada.
32
Manos flacas y rodillas débiles tiene el marido a quien su mujer no hace dichoso.
33
Por la mujer tuvo principio el pecado y por ella morimos todos.
34
No dejes que se te escape el agua ni des autoridad a la mujer mala.
35

Si no va de tu mano, sepárala de ti.

 


Capítulo 26
La mujer mala y la virtuosa
1
Dichoso el marido de una mujer buena; el número de sus días será doblado.
2
La mujer de valer alegra a su marido, cuyos años se colmarán en paz.
3
La mujer buena es una fortuna; y será dada en lote a los que temen al Señor.
4
Y sea rico, sea pobre, su corazón será feliz y en todo tiempo mostrará rostro alegre.
5
De tres cosas tiene miedo mi corazón, y de una cuarta palidece mi rostro:
6
la maledicencia en la ciudad, motín de la muchedumbre
7
y la calumnia; todas tres son peores que la muerte.
8
Dolor de corazón y duelo es la mujer celosa de otra,
9
y un azote de lengua para cuantos viven con ella.
10
Yunta de bueyes inquietos es la mujer mala; tocarla es como agarrar un escorpión.
11
Del todo enojosa es la mujer borracha, que no ocultará su vergüenza.
12
La liviandad de la mujer se muestra en el descaro de su mirada y en el pestañear de sus ojos.
13
Sobre la hija indócil redobla tu vigilancia, no sea que encontrando laxitud se aproveche de ella.
14
Guárdate de la de ojos imprudentes, y no te maravilles si te falta.
15
Cual viajero sediento que abre la boca a toda agua que encuentra, así ella se sienta en cualquier parte y abre su carcaj a cualquier flecha.
16
La gracia de la mujer es el gozo de su marido.
17
Su saber le vigoriza los huesos.
18
Un don de Dios es la mujer callada, y no tiene precio la discreta.
19
Gracia sobre gracia es la mujer honesta;
20
y no tiene precio la mujer casta.
21
Como sol que se levanta en las alturas del Señor es la belleza de la mujer buena en su casa ordenada.
22
Como lámpara que brilla en el candelero santo es la de hermoso rostro sobre ella, esbelta.
23
Columnas de oro sobre basas de plata son las piernas sobre firmes talones en la mujer bella.
24
Hijo, conserva sana la flor de tu edad
25
y no entregues a extraños tu vigor.
26
Teniendo tú un fértil campo, conténtate con sembrar en él;
27
así tus retoños serán tuyos y no derramarás tu simiente por doquier.
28
La mujere mercenaria es el desecho; la casada es torre de muerte para quien se le acerca.
29
La mujer impía es el castigo del indigno; la piadosa, el premio del que teme al Señor,
30
La mujer desvergonzada desconoce la verguenza; la honesta tiene verguenza aun de su marido.
31
La desvergonzada debe ser tratada como un perro; la que tiene verguenza teme al Señor.
32
La mujer que honra a su marido es de todos tenida por sabia; la que le desprecia es por todos conocida por impía.
33
El disputar de la mujer es pasajero, es una fiebre ligera..
34
La mujer regañosa y ligera de lengua es como clarín de enemigo que incita a la respuesta. Pero si el marido es como ella, regañón, toda su vida se la pasarán en guerras.
 
 
Tres cosas tristes
 
34
Dos cosas entristecen mi corazón y una tercera excita mi cólera:
36
Hombre de guerra que desfallece de miseria y los hombres inteligentes cuando son despreciados.
37
El que de la justicia cae en pecado, a quien destina el Señor a la espada.
 
 
Peligro en los negocios
 
38
Difícilmente se libra de culpa el mercader, y el tendero no será sin pecado.
   
Capítulo 27
1
Por amor del dinero, muchos incurren en pecado, pues el que busca enriquecerse tuerce los ojos.
2
En huecos de piedra se fija el poste, y entre el comprar y el vender se hinca el pecado.
3
Si no te ases fuertemente al temor de Dios,
4
pronto será derribada tu casa.
5
Zarandeando la criba, quedan las granzas; así los defectos del hombre cuando se remueven sus pensamientos.
 
 
Discreción en el hablar
 
6
El horno prueba los vasos del alfarero; la prueba del hombre es su conversación.
7
El árbol bien cultivado se conoce por sus frutos, y el corazón del hombre por la expresión de sus pensamientos.
8
Antes de oírle hablar no alabes a nadie, porque la palabra es la prueba del hombre.
9
Si persigues la justicia, la alcanzarás, y te la vestirás como túnica de gloria.
10
Las aves se juntan con sus semejantes, y la verdad retorna hacia los que la practican.
11
El león acecha la presa; lo mismo el pecado a los que hacen injusticia.
12
La conversación del piadoso es siempre sabia; el necio muda como la luna.
13
Este aguarda la ocasión para irse con insensatos; aquel permanece siempre con los reflexivos.
14
La conversación de los necios es detestable, y su risa resuena en orgías licenciosas.
15
El lenguaje del blasfemo pone los pelos de punta, y cuando riñe hay que taparse los oídos.
16
La riña entre soberbios trae sangre, y sus altercados no pueden oírse.
17

El que revela secretos pierde la confianza y no encontrará un amigo para sí.

18
Ama a tu amigo y muéstrate fiel con él;
19
si descubres sus secretos, no vayas tras él.
20
Porque como hombre que mató a un enemigo, así has matado tú la amistad de tu prójimo .
21
Y como quien soltó el pájaro de su mano, así dejaste partir al prójimo, y no volverás a darle alcance.
22
No le sigas, que está lejos y huye como gacela escapada del lazo.
23
Se venda una herida y una injuria se repara,
24
pero el que reveló secretos no tiene esperanza.
 
 
El engaño
 
25
El que hace guiños con los ojos urde males, y nadie podrá apartarle de ello.
26
Delante de tus ojos endulzará las palabras de su boca, y hará que se admira de tus palabras; pero al fin torcerá su boca y en tus palabras pondrá tropiezos.
27
Muchas cosas aborrezco, pero nada tanto como a éste, y el Señor le aborrece también.
28

El que tira la piedra a lo alto, la arroja sobre su cabeza, y el golpe a traición causa heridas.

29
El que cava una hoya caerá en ella, y el que tiende una red, en ella quedará preso.
30
El que hace el mal, se le volverá contra él, sin que sepa de dónde le viene.
31
Sarcasmos y ultrajes son patrimonio de soberbios, pero la venganza los acecha como león.
32
Serán atrapados en el lazo los que se alegren de la caída del piadoso, y el dolor los consumirá antes de la muerte.
33
El rencor y la cólera son detestables; y el hombre pecador los posee.
 


Capítulo 28
Moderación de la ira
1
El que se venga será víctima de la venganza del Señor, que le pedirá exacta cuenta de sus pecados.
2
Perdona a tu prójimo la injuria, y tus pecados, a tus ruegos, te serán perdonados.
3
¿Guarda el hombre rencor contra el hombre, e irá a pedir perdón al Señor curación?
4
¿No tiene misericordia de su semejante, y va a suplicar por sus pecados?
5
Siendo carne, guarda rencor. ¿Quién va a tener piedad de sus delitos?
6
Acuérdate de tus postrimerías y no tengas odio.
7
Y guárdate de la corrupción y de la muerte y cumple los mandamientos.
8
Acuérdate de los mandamientos y no odies al prójimo.
9
Acuérdate de la alianza del Altísimo y pasa por alto la ignorancia..
10
Aléjate de contiendas y aminorarás los pecados.
11
Porque el hombre iracundo enciende las contiendas. El hombre pecador siembra la turbación entre amigos y en medio de los que en paz están arroja la calumnia.
12
A tenor del combustible se enciende y se alimenta el fuego, y según el poder del hombre, así es su ira; según su riqueza crece su cólera, y se enciende según la violencia de la disputa.
13
Pendencia súbita alumbra el fuego, y una riña apresurada hace correr la sangre.
14
Si soplas sobre brasas, las enciendes, y si escupes sobre ellas, las apagas; y ambas cosas proceden de tu boca.
 
 
La maledicencia
 
15
Maldice al murmurador y al de lengua doble, porque han sido la perdición de muchos que vivían en paz.
16
La lengua maldiciente ha desterrado a muchos y los arrojó de pueblo en pueblo.
17
Destruye las ciudades fuertes y derriba los palacios de los grandes.
18
La lengua calumniadora echa de casa a la mujer fuerte
19
y la priva del fruto de su trabajo.
20
Quien a ella atiende no encontrará reposo ni podrá reposar con tranquilidad.
21
El golpe del azote hace cardenales; el golpe de la lengua quebranta los huesos.
22
Muchos cayeron al filo de la espada, pero no tantos como los que cayeron por la lengua.
23
Feliz el que está a cubierto de ella, no es víctima de su rabia y no tiene que soportar su yugo ni se ve preso en sus cadenas.
24
Porque su yugo es yugo de hierro, y sus cadenas son cadenas de bronce.
25
Muerte espantosa es la muerte que da, y el hades es preferible a ella;
26
pero no tendrá imperio sobre los piadosos, y éstos no arderán en sus llamas.
27
Los que abandonan al Señor caerán en ella y los abrasará sin extinguirse. Sobre ellos se arrojará como león, y como leopardo los destrozará.
28

Mira de poner a tu heredad cerca de espinos.

29
y guarda bien tu plata y tu oro. Haz para tus palabras balanza y pesas, y para tu boca puerta y cerrojo.
30
Atiende para no resbalar por ella, para que no caigas ante quien te acecha.
 


Capítulo 29
La misericordia
1
El misericordioso presta a su prójimo, y el que le sostiene con su mano guarda los preceptos.
2
Presta a tu prójimo al tiempo de su necesidad y devuélvele a su tiempo lo prestado.
3
Manten tu palabra, sé con él leal, y hallarás en todo tiempo lo que necesites.
4
Para muchos el préstamo es un hallazgo, fastidian a quien los socorrió.
5
Hasta recibir, besan la mano del prójimo y con voz humilde le ponderan sus riquezas.
6
Pero al momento de la devolución da largas, da vanas excusas y echa la culpa al tiempo.
7
Si paga, apenas pagará la mitad, y tendrás que darlo por hallazgo.
8
Y si no paga, te quedarás sin tu dinero, y te habrás hecho, sin buscarlo, un enemigo.
9
Te pagará con maldiciones e injurias, y en vez de honor devolverá ultrajes.
10
Muchos por esto se niegan a prestar, pues temen ser tomados por tontos.
11
Sin embargo, sé generoso con el desgraciado y no le hagas esperar la limosna.
12
Por amor de la Ley acoge al pobre y en su necesidad no le despidas de vacío.
13
Por amor del hermano y del amigo consiente en perder tu dinero, no dejes que se te enmohezca bajo una piedra.
14
Hazte un tesoro según los preceptos del Altísimo, y te aprovechará más que el oro.
15
Encierra la limosna en tus arcas, y te librará de toda miseria.
16
Más que un fuerte escudo
17
y una lanza poderosa,
18
combatirá por ti contra el enemigo.
 
 
La fianza
 
19
El varón bondadoso fía a su prójimo, pero el que ha perdido la vergüenza le deja en la estacada.
20
No olvides el beneficio de tu fiador, pues se empeñó por tí.
21
El malvado derrocha los bienes de su fiador,
22
y el ingrato deja en el brete a quien le salvó.
23
La fianza ha perdido a muchos que estaban bien
24
y los sacudió como mar tormentoso.
25
Sacó de su casa a hombres ricos y los hizo peregrinar por tierras extrañas.
26
El pecador, al fiar, se verá burlado, y persiguiendo ganancias, se enredará en pleitos.
27
Según tus posibilidades, socorre a tu prójimo, y mira por tí, que no caigas.
 
 
La hospitalidad
 
28
Necesarios para la vida son el agua y el pan; el vestido y la casa, para abrigo de la desnudez.
29
Más vale vivir pobre bajo un techo de tablas que banquetear en casa extraña.
30

Conténtate con lo poco o con lo mucho, y no tendrás que oír que te reprochan por forastero.

31
Triste es tener que andar de casa en casa; donde habites como extraño no osarás abrir la boca.
32
Habrás dado hospedaje y habrás dado de beber sin que te sea agradecido, y, a pesar de esto, habrás de oír palabras amargas:
 
 
Mira si hay qué
 
33
“Entra, forastero; prepara la mesa; y si tienes algo a mano, dame de comer.
34
Sal, forastero; cede a uno más digno; viene mi hermano y necesito la casa.”
35

Duras palabras son éstas para un hombre sentido: la increpación del amo de la casa y la injuria del usurero.

 


Capítulo 30
La corrección de los hijos
1
El que ama al hijo le habitúa a los azotes, para que al fin pueda complacerse en él.
2
El que educa bien a su hijo se gozará en él y podrá gloriarse en medio de sus conocidos.
3
El que enseña a su hijo será envidiado de su enemigo, y ante sus amigos se regocijará en él.
4
Si muere su padre, como si no hubiera muerto, pues deja en pos de sí uno igual a él.
5
Durante su vida le ve y se alegra, y al morir no siente pena.
6
Frente a sus enemigos deja un vengador, y a sus amigos quien les pague con gratitud.
7
El que mima a su hijo tendrá luego que vendarle las heridas, y a cada grito suyo sentirá que se le conmueven las entrañas.
8
Caballo no domado se hace indócil, y el hijo abandonado se torna díscolo.
9
Halaga a tu hijo, y te hará temblar; juega con él, y te dará pesares.
10
No te rías con él, no te haga sufrir y al fin rechines los dientes.
11
En su juventud no le des largas y no disimules sus faltas.
12
Doblega su cuello en la juventud y tunde sus espaldas mientras es niño, no se te vuelva terco y desobediente.
13
Educa a tu hijo y aplícale al trabajo, no vengas a tropezar por su torpeza.
   
 
Sobre la salud
   
14
Mejor es pobre sano y fuerte que rico achacoso en su cuerpo.
15
La salud y el bienestar valen más que el oro, y un cuerpo robusto, más que una fortuna.
16
No hay riqueza que valga lo que la salud del cuerpo, y no hay bien como el gozo del corazón.
17
Preferible es la muerte a una vida amarga, y el eterno reposo a un dolor permanente.
18
Manjares esparcidos en boca cerrada son las ofrendas colocadas en un sepulcro.
19
¿Qué le aprovecha al ídolo la ofrenda, pues no lo come ni lo huele?
20
Así es el rico que no puede disfrutar de su riqueza;
21
la ve con sus ojos y suspira, como eunuco que abraza a una doncella.
22
No te abandones a la tristeza, no te atormentes con cavilaciones
23
La vida del hombre es el gozo del corazón, y la alegría del varón es su longevidad.
24
Amate a tí mismo y aconsuela tu corazón, y echa lejos de tí la tristeza;
25
porque a muchos mató la tristeza y no hay utilidad en ella.
26
La envidia y la cólera abrevian los días, y los cuidados traen vejez prematura.
27
El sueño de un corazón contento es mejor que los más deliciosos manjares y cuanto come le aprovecha.
 


 

C.R.Y&S