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CRISTO RAUL CONTRA EL ANTICRISTO

LA HISTORIA DIVINA DE JESUCRISTO

CREACION DEL UNIVERSO SEGUN EL GÉNESIS

 
 

LA SAGRADA BIBLIA - ANTIGUO TESTAMENTO

JEREMIAS

 

TERCERA PARTE
ORÁCULO SOBRE LA SALUD MESIÁNICA
Capítulo 30
 
Castigo y perdón
 
1
Llegó a Jeremías palabra de Yavé, diciendo:
2
Así dice Yavé, Dio de Israel: Escribe en un libro todo cuanto yo te he dicho,
3
porque he aquí que vienen días — oráculo de Yavé — en que haré volver los desterrados de mi pueblo, Israel y Judá, y los haré tornar a la tierra que di a sus padres, y la poseerán.
4
Estas son las palabras que ha pronunciado Yavé sobre Israel y Judá.
5
Pues así dice Yavé: Oímos gritos de terror, de espanto, no de paz.
6
Preguntad y ved: ¿Es que paren los varones? ¿Por qué, pues, veo a todos los varones con las manos en los lomos como en parto, demudados y amarillos todos sus rostros?
7
¡Ay! ¡Es el día grande! No hay nada igual a él. Tiempo de angustia para Jacob, pero de él le vendrá la salvación.
8
Y sucederá que en ese día — oráculo de Yavé de los ejércitos — quebraré el yugo de sobre su cuello y romperé sus coyundas,
9
y no serán más siervos de extranjeros, sino que servirán a Yavé, su Dios, y a David, su rey, que yo los suscitaré.
10
Y tú, siervo mío Jacob, no temas, oráculo de Yavé; no tiembles, Israel, porque voy a liberarte de la tierra lejana, y a tu descendencia de la tierra de cautividad. Jacob tornará y vivirá tranquilo y seguro, sin que nadie le perturbe.
11
Porque yo estoy contigo — oráculo de Yavé — para salvarte; yo llevaré a la ruina a todos los pueblos entre los que te dispersé, pero a ti no te arruinaré, sino que te castigaré con moderación, no te dejaré impune.
 
 
Herida y curación
 
12
Así, pues, dice Yavé: Es incurable tu herida, tu llaga sin remedio.
13
No hay para tu úlcera remedio, no tienes curación
14
Todos tus amadores te han olvidado, no preguntan por ti, pues yo te herí como hiere un enemigo, con cruel castigo, por tus grandes maldades, por la magnitud de tus pecados.
15
¿A qué gritas por tu herida? Es incurable tu mal. Por tus grandes maldades, por la magnitud de tus pecados, te he tratado así.
16
Pero todos los que te devoraron serán devorados, tus enemigos irán todos al destierro. Tus saqueadores serán saqueados, y tus expoliadores serán expoliados.
17
Ciertamente te restituiré a la salud, pues voy a sanar tus heridas — oráculo de Yavé — , porque te llamaron la “desterrada,” Sión, de quien nadie se cuida.
18
Así dice Yavé: He aquí que voy a restablecer los tabernáculos de Jacob, y me compadeceré de sus tiendas, y se reedificará la ciudad sobre su teso de ruinas, y el palacio se asentará en su debido lugar.
19
Y saldrán de ellos cantos de alabanza y voces de los que se alegran, y los multiplicaré, y no serán disminuidos; los engrandeceré, y no serán empequeñecidos.
20
Y serán sus hijos como en el pasado, y su congregación estará firme ante mí, y castigaré a todos sus opresores.
21
Y su jefe saldrá de ella misma, de en medio de ella saldrá su soberano, y yo le haré acercarse y se allegará a mí, pues ¿quién, si no, intentaría acercarse a mí? Oráculo de Yavé.
22
Y vosotros seréis mi pueblo, y yo seré vuestro Dios.
 
 
La tempestad y la calma
 
23
He aquí que el huracán de la ira divina se desencadena y una tempestad se desata y descargará sobre la cabeza de los malvados.
24
No volverá atrás la cólera de Yavé hasta ejecutar y cumplir los designios de su corazón. Vosotros los conoceréis al fin de los tiempos.

 

Capítulo 31
 
1
En aquel tiempo — oráculo de Yavé — seré el Dios de todas las tribus de Israel, y ellos serán mi pueblo.
2
Así dice Yavé: Halló gracia en el desierto el pueblo escapado de la espada; se fue a su reposo Israel.
3
Desde lejos se le hizo ver Yavé. Con amor eterno te amé, por eso te he mantenido con favor.
4
De nuevo te edificaré y serás edificada, virgen de Israel.
5
Todavía volverás a adornarte con tus tímpanos y saldrás en alegres danzas. Todavía plantarás viñas en las alturas de Samaria, y los que las planten las gozarán.
6
Porque vienen días en que los atalayas clamarán en el monte de Efraím: ¡Levantaos y subamos a Sión, a Yavé, nuestro Dios!
7
Pues así dice Yavé: Exultad por Jacob con alegría, gritad loores a la primera de las naciones, publicad, alabad y exclamad: Yavé ha salvado a su pueblo, a los restos de Israel.
8
He aquí que los voy a hacer venir de la tierra del aquilón, y los reuniré de los extremos de la tierra, entre ellos al ciego y al cojo, a la embarazada y a la recién parida juntamente. ¡Qué gran comunidad la que vuelve!
9
Salieron entre llantos, y los guiaré con consolaciones; yo los guiaré a las corrientes de las aguas, por caminos llanos para que no tropiecen, pues yo soy el Padre de Israel, y Efraím es mi primogénito.
10
Oíd, naciones, la palabra de Yavé, dadla a conocer a las lejanas islas, y decid: El que dispersó a Israel lo congrega y lo protege como el pastor a su rebaño.
11
Pues Yavé ha redimido a Jacob, le rescató de mano más fuerte que él.
12
Vienen dando gritos de júbilo por las alturas de Sión, afluyendo para gozar de los bienes de Yavé: el trigo, el vino, el aceite, los corderos y los terneros; y será su alma como jardín regado, y no volverán a languidecer.
13
Entonces la virgen danzará alegre en el corro, jóvenes y viejos, todos juntos; trocaré en júbilo su tristeza, los consolaré y convertiré su pena en alegría.
14
Saciaré a los sacerdotes de la grosura de las víctimas, y se hartará mi pueblo de mis bienes, oráculo de Yavé.
 
 
Dolor y consuelo
 
15
Así dice Yavé: Una voz se oye en Ramá, un lamento, amargo llanto. Es Raquel que llora a sus hijos y rehúsa consolarse por sus hijos, pues ya no existen.
16
Así dice Yavé: Cese tu voz de gemir, tus ojos de llorar, porque hay compensación a tus penas.
17
Hay aún esperanza para tu porvenir, oráculo de Yavé. Volverán tus hijos a su territorio.
18
Oigo a Efraím lamentarse: “Tú me has castigado y yo recibí la reprensión como novillo indómito. Conviérteme y yo me convertiré, pues tú eres Yavé, mi Dios.”
19
Porque después de mi defección me he arrepentido; luego que entré en mí, heríme el muslo. Estoy confuso y avergonzado, pues llevo sobre mí el oprobio de mi mocedad.
20
¿No es Efraím mi hijo predilecto, mi niño mimado? Pues cuantas veces trato de amenazarle, me acuerdo de él; por eso se conmueven mis entrañas por él, y tengo que tener piedad de él, oráculo de Yavé.
21
Ponte hitos, alza jalones, pon toda atención en la calzada, el camino que antes recorriste. Vuelve, virgen de Israel, retorna a estas tus ciudades.
22
¿Hasta cuándo has de andar titubeando, hija descarriada? Pues hará Dios una cosa nueva en la tierra: la hembra rodeará al varón.
23
Así dice Yavé de los ejércitos, Dios de Israel: Todavía se dirán estas palabras en la tierra de Judá y sus ciudadades cuando yo haga volver a sus cautivos: “Bendígate Yavé, sede de justicia, monte de santidad".
24
Pues habitarán en ella Judá y todas sus ciudades juntamente, los agricultores y los pastores de rebaños.
25
Porque yo saciaré a toda alma desfallecida y hartaré a toda alma languideciente.
26
Por esto, al despertar y ver, me fue dulce mi sueño.
 
 
Restauración
 
27
He aquí que vienen días — oráculo de Yavé — en que yo sembraré la casa de Israel y la casa de Judá de simiente de hombres y de simiente de animales,
28
y sucederá que lo mismo que velé sobre ellos para arrancar y destruir, para arruinar y devastar, así velaré sobre ellos para edificar y plantar, oráculo de Yavé.
29
En esos días no se dirá más: “Los padres comieron agraces y los hijos sufrieron la dentera,”
30
sino que cada uno morirá por su propia iniquidad. Quien coma el agraz, ése sufrirá la dentera.
31
He aquí que vienen días — oráculo de Yavé — en que yo haré alianza con la casa de Israel y la casa de Judá,
32
no como la alianza que hice con sus padres cuando, tornándolos de la mano, los saqué de la tierra de Egipto, pues ellos quebrantaron mi alianza y yo los rechacé— oráculo de Yavé — .
33
Porque ésta será la alianza que yo haré con la casa de Israel después de aquellos días, oráculo de Yavé: Yo pondré mi ley en su interior y la escribiré en su corazón, y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo.
34
No tendrán que enseñarse unos a otros ni los hermanos entre sí, diciendo: “Conoced a Yavé,” sino que todos me conocerán, desde los pequeños a los grandes, oráculo de Yavé, porque les perdonaré sus maldades y no me acordaré más de sus pecados.
35
Así dice Yavé: Yo he puesto al sol para que luzca de día, las leyes a la luna y a las estrellas para que luzcan de noche; el que conturba el mar y hace bramar sus olas tiene por nombre Yavé de los ejércitos.
36
Si dejaran de regir estas leyes ante mí — oráculo de Yavé — , también cesará la descendencia de Israel de ser ante mí una nación por siempre.
37
Así dice Yahvé: Si pueden medirse arriba los cielos y descubrirse por abajo los fundamentos de la tierra, entonces repudiaré yo a toda la descendencia de Israel por lo que han hecho, oráculo de Yavé.
38
He aquí que vienen días — oráculo de Yavé — en que será edificada para Yavé la ciudad desde la torre de Jananeel hasta la puerta del Ángulo,
39
y saldrá derecho el cordel de medir hasta la colina de Gareb, y dando vuelta después hacia Goa,
40
todo el valle de los cadáveres y de la ceniza y todos los campos hasta el torrente de Cedrón, hasta la esquina de la puerta de los Caballos, hacia oriente, serán consagrados a Yavé, y no serán ya jamás destruidos y devastados.

 

Capítulo 32
 
La compra del campo
 
1
Palabra que fue dirigida a Jeremías de parte de Yavé el año décimo de Sedecías, rey de Judá, que fue el año dieciocho de Nabucodonosor.
2
Entonces el ejército del rey de Babilonia cercaba a Jerusalén, y el profeta Jeremías estaba encerrado en el atrio de la guardia del palacio del rey de Judá,
3
pues Sedecías, el rey de Judá, le había encarcelado, diciéndole: ¿Por qué profetizas asegurando que Yavé dice que entregará la ciudad en manos del rey de Babilonia, que la tomará,
4
y Sedecías, rey de Judá, no escapará a las manos de los caldeos, sino que será entregado en manos del rey de Babilonia y hablará con él boca a boca, y sus ojos verán sus ojos,
5
y llevará a Sedecías a Babilonia, y allí estará hasta que le visite -oráculo de Yavé-, y aunque hagáis la guerra a los caldeos, no tendréis éxito?
6
Y afirmó Jeremías: Se me ha dirigido la palabra de Yavé, diciendo:
7
He aquí que Janameel, hijo de Sellum, tu tío, vendrá a decirte: Cómprame el campo que tengo en Anatot, pues a ti te corresponde adquirirlo por razón de rescate.
8
Vino, pues, a mí Janameel, el hijo de mi tío, según lo que me había dicho Yavé, al atrio de la guardia, y me dijo: Cómprame el campo de Anatot, en tierra de Benjamin, pues te corresponde su posesión por razón de rescate. Entendi, pues, que era palabra de Yavé,
9
y compré el campo a Janameel, mi primo de Anatot, pagándole diecisiete siclos de plata.
10
Hice el contrato por escrito, lo sellé, tome testigos y pesé la plata en la balanza,
11
y recibi el contrato de venta sellado y el acta de las estipulaciones abierta,
12
y se lo entregaré todo a Baruc, hijo de Nerías, hijo de Maasías, en presencia de Janameel, mi primo, y de los testigos que habían firmado el contrato y de todos los judíos que se hallaban en el atrio de la guardia.
13
Y delante de todos di a Baruc esta orden:
14
Asi dice Yavé de los ejércitos, Dios de Israel: Toma esos documentos, ese contrato de venta, el sellado y el abierto, y mételos en un recipiente de barro cocido para que puedan conservarse largo tiempo.
15
Porque asi dice Yavé de los ejércitos, Dios de Israel: Todavía se comprarán en esta tierra campos y viñas.
 
 
Oración del profeta
 
16
Después de haber entregado el contrato de venta a Baruc, hijo de Nerías, dirigí a Yavé esta oración:
17
¡Ah Señor, Yavé! Tú has hecho los cielos y la tierra con tu gran poder y tu brazo extendido. ¡Nada es difícil a ti!
18
Tú eres el que haces gracia a millares y quien retribuye la culpa de los padres sobre el seno de los hijos después de ellos, el Dios grande, el fuerte, cuyo nombre es Yavé de los ejércitos;
19
grande en el consejo, poderoso en la obra, cuyos ojos están abiertos para ver los caminos de los hijos de los hombres y dar a cada uno según su camino y según el fruto de sus obras;
20
el que hizo maravillas y portentos en la tierra de Egipto hasta el día de hoy en Israel y en los (otros) hombres, y te has hecho un nombre, como lo es en el día de hoy;
21
y sacaste a Israel, tu pueblo, de la tierra de Egipto, en medio de maravillas y portentos, con mano fuerte y brazo tendido y en medio de gran pavor,
22
y les diste esta tierra que prometiste dar a sus padres, tierra que mana leche y miel,
23
y, entrados en ella, la poseyeron, pero ellos escucharon tu voz ni anduvieron en tu ley, y no hicieron lo que mandaste hacer, y has llamado contra ellos esta desventura.
24
He aquí que ya tocan a la ciudad los terraplenes para tomarla, y la ciudad será presa de los caldeos, que la combaten con la espada, el hambre y la peste, y como tú anunciaste, así ha sucedido, bien lo ves tú.
25
Y ahora, cuando la ciudad va a caer en manos de los caldeos, me dices, ¡oh Yavé!: “Compra el campo y toma testigos.”
 
 
Respuesta de Yavé al profeta
 
26
Y fue palabra de Yavé a Jeremías, diciendo:
27
Mira, yo soy Yavé, Dios de toda carne. ¿Hay algo difícil para mí?
28
Por eso así dice Yavé: He aquí que entregaré esta ciudad en manos de los caldeos y en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, que la tomará,
29
y vendrán los caldeos, que atacarán esta ciudad, y le pegarán fuego y la quemarán; quemarán las casas en cuyos terrados quemaban incienso a Baal y ofrecían libaciones a los dioses extraños para irritarme,
30
pues lo mismo los hijos de Israel que los hijos de Judá no hacen más que el mal a mis ojos desde su juventud, pues los hijos de Israel no hacen más que irritarme con las obras de sus manos, oráculo de Yavé.
31
Objeto de ira y de furor ha sido siempre para mí esta ciudad desde el día en que fue edificada hasta hoy para que la haga desaparecer delante de mí,
32
por el mal que los hijos de Israel y los hijos de Judá han hecho para irritarme, ellos, sus reyes y sus príncipes, sus sacerdotes, sus profetas, las gentes de Judá y los habitantes de Jerusalén.
33
Me han vuelto la espalda en vez de darme la cara; yo los he amonestado desde muy temprano y sin cesar, pero ellos no han querido oír ni recibir la corrección.
34
Han puesto sus abominaciones hasta en la casa en que se invoca mi nombre, profanándola.
35
Han edificado los lugares altos de Baal que se hallan en el valle de Ben-Hinón, para pasar (por el fuego) a sus hijos y a sus hijas en honor de Moloc, cosa que yo nunca les maridé ni nunca me propuse. ¡Cometer abominaciones semejantes y hacerse Judá reo de tal crimen!
36
Por eso dice ahora Yavé, Dios de Israel, de esta ciudad de la que vosotros decís: Ha sido entregada en manos del rey de Babilonia por la espada, por el hambre y por la peste.
37
He aquí que los reuniré de todos los países en que los dispersé en mi cólera, en mi indignación y en mi furor, y los haré volver a este lugar para que en él habiten seguros.
38
Ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios.
39
Yo les daré un solo corazón, un solo camino, para que siempre me teman y siempre les vaya bien, a ellos y a sus hijos después de ellos.
40
Y haré con ellos una alianza eterna de no dejar de hacerles bien, y pondré mi temor en su corazón para que no se aparten de mí,
41
y me gozaré en ellos al hacerles bien, y los plantaré firmemente en esta tierra con todo mi corazón y toda mi alma.
42
Porque así dice Yavé: Como he traído sobre este pueblo todos estos grandes males, así traeré sobre ellos todo este bien que digo de ellos,
43
y habrá todavía poseedores de esta tierra, que vosotros decís desierta, por rio quedar en ella hombre ni bestia y haber sido entregada en manos de los caldeos.
44
Se comprarán campos, dando por ellos el precio en plata; se harán contratos escritos, se sellarán y se aducirán testigos en tierra de Benjamín, en las ciudades de Judá, en las de la montaña, y en las del llano, y en las del mediodía, porque yo haré volver a sus desterrados, oráculo de Yavé.

 

Capítulo 33
 
Restauración
 
1
Fue dirigida la palabra de Yavé a Jeremías por segunda vez mientras estaba preso en el atrio de la guardia, diciéndole:
2
Así dice Yavé, el que ha hecho la tierra y la ha formado y afirmado; Yavé es su nombre.
3
Llámame y yo te responderé, y te comunicaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces,
4
pues así dice Yavé, Dios de Israel, de las casas de esta ciudad y de los palacios de los reyes de Judá, destruidos para servir de baluartes para resistir a los caldeos,
5
llenándose con los cadáveres de los hombres que yo herí en mi furor y en mi indignación, ocultando mi rostro a esta ciudad por todas sus maldades.
6
He aquí que yo les restituiré la salud, los sanaré y les descubriré abundancia de paz y de verdad;
7
yo haré volver a los cautivos de Judá y a los de Israel y los reconstruiré como al principio, y los limpiaré de todas las iniquidades que contra mí cometieron,
8
y les perdonaré todas las culpas y todas sus rebeliones contra mí,
9
y será para mi renombre, alegría, alabanza y magnificencia entre todos los pueblos de la tierra, que oirán todo el bien que yo les haré y temblarán y se turbarán de tanto bien y de tanta paz como yo les daré.
10
Así dice Yavé: Todavía en estos lugares de que vosotros decís: Son un desierto sin hombres y sin bestias; en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén, sin habitantes, sin bestias,
11
se oirán voces de júbilo y voces de alegría, los cantos del esposo y los cantos de la esposa, voces que cantarán: “Alabad a Yavé de los ejércitos, porque es bueno, porque es eterna su misericordia,” y de los que llevan al templo sus oblaciones, porque yo haré volver a los desterrados de esta tierra como estaban antes, oráculo de Yavé.
12
Así dice Yavé de los ejércitos: Todavía habrá en estos lugares desiertos, sin hombres ni bestias, y en todas sus ciudades, majadas, donde los pastores apriscarán a sus rebaños;
13
en las ciudades de la montaña, en las del llano y en las del mediodía, en la tierra de Benjamín y en torno a Jerusalén, y en las ciudades de Jerusalén, todavía pasará el ganado bajo la mano del que lo cuenta, oráculo de Yavé.
 
 
Reino eterno y perpetuo sacerdocio
 
14
He aquí que vienen días — oráculo de Yavé — en que yo cumpliré la buena palabra que yo he pronunciado sobre la casa de Israel y sobre la casa de Judá.
15
En esos días y en ese tiempo, yo suscitaré a David un renuevo de justicia que hará derecho y justicia sobre la tierra.
16
En esos días será salvado Judá, y Jerusalén habitará confiadamente, y se llamará “Yavé, justicia nuestra.”
17
Porque así dice Yavé: No faltará a David un varón que se siente sobre el trono de la casa de Israel.
18
Y a los sacerdotes levitas no les faltará tampoco varón a mi servicio que ofrezca holocausto y queme la ofrenda y sacrifique todos los días.
19
Y recibió Jeremías palabra de Yavé, diciendo:
20
Así dice Yavé: Si rompéis mi pacto con el día y mi pacto con la noche, para que no sea día y noche a su debido tiempo,
21
entonces se romperá mi pacto con David, mi siervo, para que no tenga hijo que reine sobre su trono, y mi pacto con los levitas sacerdotes, mis ministros.
22
Como no pueden contarse las milicias celestes ni las arenas del mar, así multiplicaré yo la descendencia de David, mi siervo, y a los levitas, mis ministros.
23
Y recibió Jeremías palabra de Yavé, diciendo:
24
¿No ves lo que dicen estas gentes?: “Las dos familias que eligió Yavé, las dos las ha repudiado,” y desprecian a mi pueblo por no ser ya a sus ojos una nación.
25
Así dice Yavé: Si no he hecho yo pacto con el día y con la noche, ni he dado leyes a los cielos y a la tierra,
26
entonces repudiaré yo a la descendencia de Jacob y de David, mi siervo, prohibiendo tomar de su progenie jefes para la raza de Abraham, de Isaac, de Jacob, pues yo haré volver a mis cautivos, tendré piedad de ellos.