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CRISTO RAUL CONTRA EL ANTICRISTO

LA HISTORIA DIVINA DE JESUCRISTO

CREACION DEL UNIVERSO SEGUN EL GÉNESIS

 
 

LA SAGRADA BIBLIA - ANTIGUO TESTAMENTO

JEREMIAS

 

SEGUNDA PARTE

VATICINIO SOBRE LA RUINA DE JERUSALÉN Y DE JUDÁ

Capítulo 21
 
La destrucción del reino
 
1
Palabra de Yavé que llegó a Jeremías cuando el rey Sedecías le envió a Pasjur, hijo de Malaquías, y a Sofonías, sacerdote, hijo de Maasías, para que le dijeran:
2
Consulta a Yavé acerca de nosotros, pues Nabucodonosor, el rey de Babilonia, nos hace la guerra. Quizá haga Yavé con nosotros según todos sus prodigios, y (aquél) tenga que retirarse de nosotros.
3
Y Jeremías les respondió: “Así diréis a Sedecías:
4
Esto es lo que dice Yavé, Dios de Israel: He aquí que yo haré volver las armas que lleváis en vuestras manos, con las cuales peleáis contra el rey de Babilonia y los caldeos, que os asedian fuera de las murallas, y las reuniré en medio de esta ciudad.
5
Y yo, yo mismo lucharé contra vosotros con mano extendida, con poderoso brazo, con ira, cólera e indignación grandes.
6
Y heriré a los moradores de esta ciudad, hombres y animales, y morirán de una gran peste.
7
Y después de esto — oráculo de Yavé —, a Sedecías, rey de Judá, y a sus servidores y al pueblo, a cuantos en esta ciudad se salven de la peste, de la espada y del hambre, los pondré en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, y en manos de sus enemigos y en manos de los que buscan su vida, que los pasarán a filo de espada sin compasión, sin piedad, sin misericordia.
8
Y a ese pueblo le dirás: Así habla Yavé: Mirad, os doy a elegir entre el camino de la vida y de la muerte.
9
Los que se queden dentro de esta ciudad, morirán por la espada, por el hambre y por la peste. Los que se salgan y se entreguen a los caldeos que os cercan, vivirán, y tendrán por botín la vida salva.
10
Porque he puesto mi rostro sobre esta ciudad para mal, no para bien — oráculo de Yavé —, y la haré caer en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, que la dará al fuego.”
11
Y a la casa del rey de Judá (di): Oíd la palabra de Yavé,
12
casa de David: Así dice Yavé: Haced de mañana justicia, librad al expoliado de la mano del opresor, no sea que brote como fuego mi ira y se encienda, y no haya quien la apague, por la maldad de vuestras obras.
13
He aquí que a ti me dirijo, morada del valle, roca de la llanura — oráculo de Yavé —. A vosotros que decís: ¿Quién descenderá sobre nosotros y quién penetrará en nuestras guaridas?
14
Yo os daré la paga según el fruto de vuestras obras — oráculo de Yavé — , y prenderé fuego a su bosque y devorará todos sus alrededores.

 

Capítulo 22
 
Amonestación a la familia real
 
1
Así dice Yavé: Baja a la casa del rey de Judá y pronuncia allí estas palabras:
2
Dirás, pues: Oye la palabra de Yavé, rey de Judá, que te sientas en el trono de David, tú, tus servidores y tu pueblo, los que entráis por estas puertas.
3
Así dice Yavé: Haced derecho y justicia, librad al expoliado de la mano del opresor y no vejéis al extranjero, al huérfano y a la viuda; no hagáis violencia y no derraméis en este lugar sangre inocente.
4
Si fielmente cumplís estos mandatos, entrarán por las puertas de esta casa reyes que se sienten en el trono de David, montados en carros y caballos, ellos, sus servidores y su pueblo.
5
Pero, si no oís estas palabras, por mí mismo lo juro, oráculo de Yavé, que este palacio se trocará en ruinas.
6
Pues así dice Yavé del palacio del rey de Judá: Eres para mí como (el monte) de Galaad, (como la) cumbre del Líbano. Ciertamente te haré un desierto, ciudad inhabitada.
7
Yo consagraré contra ti devastadores, cada uno con sus armas, y talarán tus cedros más selectos y los arrojarán al fuego.
8
Y pasarán muchas gentes ante esta ciudad, y se dirán unos a otros: “¿Por qué ha tratado así Yavé a esta gran ciudad?”
9
y dirán: “Porque abandonaron la alianza de Yavé, su Dios, y adoraron dioses ajenos y les sirvieron.”
10
No lloréis por el muerto ni hagáis duelo por él. Llorad amargamente por el que se va, porque no volverá más ni verá la tierra en que nació.
11
Porque así dice Yavé de Sellum, hijo de Josías, rey de Judá, que sucedió a su padre, Josías, y que salió de este lugar: No volverá ya más;
12
morirá en el lugar a que ha sido llevado cautivo y no volverá a ver más esta tierra.
 
 
Contra el rey Joaquim
 
13
¡Ay del que edifica su casa sin justicia, sus salones altos sin derecho, haciendo trabajar a su prójimo de balde, sin darle el salario de su trabajo!
14
El que dice: Voy a hacerme una casa espaciosa, con amplias salas, de rasgadas ventanas, con artesonados de cedro, pintados de rojo.
15
¿Reinas, acaso, para rivalizar en obras de cedro? ¿No comía y bebía tu padre y hacía derecho y justicia, y todo le iba bien?
16
Hacía justicia al pobre y al desvalido, y todo le iba bien. ¿No es esto conocerme?, oráculo de Yavé.
17
Pero tú no tienes ojos ni corazón más que para buscar tu interés, para derramar sangre inocente, para oprimir y hacer violencia.
18
Por eso así dice Yavé de Joaquim, hijo de Josías, rey de Judá: No le lamentarán: ¡Ay hermano! ¡Ay hermana! No le plañirán: ¡Ay Señor! ¡Ay majestad!
19
Sepultura de asno será la suya, arrastrado y tirado fuera de las puertas de Jerusalén.
 
 
Contra la ciudad y contra Jeconías
 
20
Sube al Líbano y grita, y sobre Basán alza tu voz, y clama desde Abarim, pues todos tus amantes han sido destruidos.
21
Te hablé en tiempo de tu prosperidad, y tú dijiste: No escucharé. Este ha sido tu proceder desde tu mocedad: no escuchaste mi voz.
22
A todos tus pastores, el viento los apacentará, y tus amantes serán llevados cautivos. Entonces te avergonzarás y sonrojarás por todas tus maldades.
23
Tú, que te asientas en el Líbano y anidas en los cedros, ¡cómo gemirás cuando te sobrevengan dolores, torturas como de parto!
24
Por mi vida — oráculo de Yavé — que, si fuera Jeconías, hijo de Joaquim, rey de Judá, el anillo de mi mano derecha, de allí lo arrancaría.
25
Yo te entregaré en manos de los que buscan tu vida, en manos de aquellos a quienes temes, en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia; en manos de los caldeos;
26
y te arrojaré a ti y a la madre que te engendró a tierra extraña en que no nacisteis, y allí moriréis.
27
Pero a esta tierra que con toda su alma querrán volver, no volverán.
28
¿Es, pues, este hombre, Jeconías, un utensilio despreciable y quebrado, un vaso que a nadie agrada? ¿Por qué han sido rechazados él y su progenie, y arrojados a tierra a ellos desconocida?
29
¡Tierra, tierra, tierra!, oye la palabra de Yavé.
30
Así dice Yavé: Inscribid a ese hombre: “Sin hijos, varón que no prosperará en sus días,” pues no logrará de su estirpe un varón que se siente en el trono de David y reine sobre Judá.

 

Capítulo 23
 
Contra los pastores de Israel
 
1
¡Ay de los pastores que hacen perecer y destrozan el rebaño de mi pastizal! -Oráculo de Yavé-.
2
Por eso así dice Yavé, Dios de Israel, de los pastores que apacientan a mi pueblo: Vosotros habéis dispersado mi grey, la habéis descarriado y no habéis cuidado de ella. He aquí que voy a visitaros por la maldad de vuestras obras — oráculo de Yavé.
 
 
Promesa de restauración
 
3
Yo mismo reuniré los restos de mi rebaño de todas las tierras en que los he dispersado, y los volveré a sus prados, y fructificarán y se multiplicarán.
4
Y suscitaré sobre ellos pastores que los apacienten, y ya no habrán de temer más ni angustiarse ni afligirse — oráculo de Yavé.
5
He aquí que vienen días — oráculo de Yavé — en que yo suscitaré a David un vástago justo, y reinará como rey prudentemente, y hará derecho y justicia en la tierra.
6
En sus días será salvado Judá, e Israel habitará confiadamente, y el nombre con que le llamarán será éste: “Yavé (es) nuestra justicia.”
7
Por eso he aquí que vendrán días — oráculo de Yavé — en que no se dirá ya: “Vive Yavé, que subió de la tierra de Egipto a los hijos de Israel,”
8
sino más bien: “Vive Yavé, que sacó y trajo al linaje de la casa de Israel de la tierra del aquilón y de todos los países a que los arrojó, y los hizo habitar en su propia tierra.”
 
 
Contra los profetas
 
9
A los profetas: Se me parte mi corazón dentro de mí, se estremecen todos mis huesos, estoy como un hombre ebrio y cual varón dominado por el vino ante Yavé y sus santas palabras,
10
pues la tierra está llena de adúlteros; a causa de la maldición, la tierra está en duelo; se han secado los oasis del desierto; corren tras la maldad, y su fuerza es la injusticia.
11
Pues aun los profetas mismos y los sacerdotes son unos impíos; hasta en mi casa he hallado sus perversidades, oráculo de Yavé.
12
Por eso sus caminos se les van a tornar resbaladeros en medio de tinieblas. Serán empujados y caerán, pues voy a hacer venir sobre ellos males el año en que serán visitados, oráculo de Yavé.
13
En los profetas de Samaría vi yo la insensatez: profetizaban en nombre de Baal y descarriaron a mi pueblo, Israel.
14
Pero en los profetas de Jerusalén he visto algo horrendo: adulterio y andar tras la mentira, y fortalecen las manos de los perversos para que nadie se convierta de sus maldades. Todos ellos han venido a serme como Sodoma, y sus habitantes como Gomorra.
15
Por eso así dice Yavé de los ejércitos acerca de los profetas: He aquí que les daré a comer ajenjo y les daré a beber agua envenenada, porque de los profetas de Jerusalén ha salido la corrupción para todo el país.
16
Así dice Yavé de los ejércitos: No escuchéis las palabras de los profetas: os engañan; lo que os dicen son visiones de su imaginación, no procede de la boca de Yavé.
17
Dicen a los que se burlan de la palabra de Yavé: “Paz, tendréis paz”, y a todos los que siguen la obstinación de su corazón les dicen: “No vendrá sobre vosotros ningún mal”.
18
Mas ¿quién asistió al consejo de Yavé, vio y oyó su palabra? ¿Quién ha prestado atención a su palabra y le oyó?
19
He aquí que se desencadena el torbellino de la ira de Yavé y una tormenta furiosa descarga sobre la cabeza de los impíos.
20
No retrocederá la ira de Yavé hasta que ejecute y cumpla los designios de su corazón.
21
Yo no enviaba a los profetas, y ellos corrían; no les hablaba, y ellos profetizaban.
22
Si han asistido a mi consejo, que hagan oír mis palabras a mi pueblo y lo conviertan de su mal camino y de sus perversas obras.
23
¿Soy yo por ventura Dios sólo de cerca? — oráculo de Yavé —. ¿No lo soy también de lejos?
24
Por mucho que uno se oculte en escondrijos, ¿no le veré yo? — oráculo de Yavé — . ¿No lleno yo los cielos y la tierra? — oráculo de Yavé.
25
Yo he oído lo que decían los profetas que en mi nombre profetizaban mentiras y decían: “He tenido un sueño, he tenido un sueño.”
26
¿Hasta cuándo ha de haber en el corazón de los profetas vaticinios falsos, profetizando los engaños de su corazón?
27
Pretenden que mi pueblo olvide mi nombre con sus sueños, que unos a otros se van contando, como se olvidaron sus padres de mi nombre por Baal.
28
El profeta que tiene un sueño, que lo cuente como sueño, y el que tenga mi palabra, que pregone mi palabra fielmente. ¿Qué tiene que ver la paja con el grano? — oráculo de Yavé.
29
¿No es mi palabra como el fuego — oráculo de Yavé — y cual martillo que tritura la roca?
30
Por eso heme aquí contra los profetas — oráculo de Yavé — que se roban unos a otros mis palabras.
31
He aquí que estoy contra los profetas — oráculo de Yavé — que gastan sus lenguas pronunciando: “Oráculo.”
32
Contra los profetas que sueñan mentiras — oráculo de Yavé —, y, contándolas, descarrían a mi pueblo con sus mentiras y sus jactancias, siendo así que yo no los he enviado, no les he dado misión alguna, y no han sido de provecho a este pueblo — oráculo de Yavé.
33
Y cuando te pregunte este pueblo, o un profeta, o un sacerdote, diciendo: ¿Cuál es la carga (oráculo) de Yavé? les responderás: Vosotros sois la carga de Yavé, y yo os arrojaré, oráculo de Yavé.
34
Y al profeta, al sacerdote, al pueblo que diga: “Carga de Yavé,” yo le pediré cuenta a él y a su casa.
35
Así habéis de deciros unos a otros, compañeros y hermanos: ¿Qué ha respondido Yavé? ¿Qué ha dicho Yavé?
36
No se mentará ya la “carga de Yavé,” porque para cada cual la “carga” será su propia palabra, pues habéis pervertido la palabra del Dios vivo, Yavé de los ejércitos, nuestro Dios.
37
Así dirás al profeta: ¿Qué te ha respondido Yavé? ¿Qué ha dicho Yavé?
38
Y si decís: “Carga de Yavé,” entonces así dice Yavé: Porque habéis dicho esa palabra: “Carga de Yavé,” habiéndoos yo enviado a decir: No digáis “carga de Yavé,”
39
por eso he aquí que yo os levantaré y os arrojaré de mi presencia a vosotros y a la ciudad que a vosotros y a vuestros padres di,
40
y os entregaré a eterno oprobio, a eterna vergüenza, que jamás será olvidada.

 

Capítulo 24
 
Los higos simbólicos
 
1
Mostróme Yavé dos cestos de higos delante del templo de Yavé. Fue después de haber llevado cautivos Nabucodonosor, rey de Babilonia, a Jeconías, hijo de Joaquín, rey de Judá; a los príncipes de Judá y a los herreros y carpinteros de Jerusalén, a Babilonia.
2
Uno de los cestos tenía higos muy buenos, como brevas, pero el otro tenía higos muy malos, tan malos que de malos no podían comerse.
3
Me dijo Yavé: ¿Qué es lo que ves, Jeremías? Yo le respondí: Higos. Los buenos son muy buenos; pero los malos, tan malos que de malos no pueden comerse.
4
Y me fue dirigida palabra de Yavé:
5
Así dice Yavé, Dios de Israel: Como a esos higos buenos, así miraré a los cautivos de Judá, que para su bien he arrojado de este lugar a la tierra de los caldeos.
6
Pondré sobre ellos mis ojos para bien, y los haré volver a esta tierra, los edificaré y no los destruiré, los plantaré y no los arrancaré,
7
y les daré un corazón para que reconozcan que yo soy Yavé, y ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios, pues se convertirán a mí de todo corazón.
8
Y de los higos malos, que de malos no pueden comerse, de éstos dice Yavé: Así haré yo de Sedecías, rey de Judá, y de sus grandes y del resto de Jerusalén que quedaron en esta tierra, y de los que habitan en el país de Egipto.
9
Los haré objeto de terror y desventura para todos los reinos de la tierra, el oprobio, el proverbio, la irrisión y la maldición en todos los lugares adonde los arrojaré,
10
y mandaré contra ellos la espada, el hambre y la peste, hasta que desaparezcan de la tierra que les di a ellos y a sus padres.

 

Capítulo 25
 
Anuncio de la cautividad
 
1
Palabra de Yavé que acerca del pueblo todo de Judá llegó a Jeremías el año cuarto de Joaquim, rey de Judá, es decir, al año primero de Nabucodonosor, rey de Babilonia,
2
y que pronunció el profeta Jeremías a todo el pueblo de Judá y a todos los habitantes de Jerusalén, diciendo:
3
Desde el año trece de Josías, hijo de Ammón, rey de Judá, hasta el día de hoy, veintitrés años ya, he recibido la palabra de Yavé, y os la he predicado pronto y reiteradamente, y no habéis escuchado.
4
Os envió Yavé todos sus siervos los profetas una y otra vez, y tampoco escuchasteis, no les disteis oídos
5
cuando decía: Convertios de vuestros malos caminos y de vuestras malas obras, y habitaréis la tierra que Yavé os dio a vosotros y a vuestros padres por eternidad de eternidades.
6
No os vayáis tras de los dioses ajenos para servirles y adorarlos. No provoquéis mi cólera con las obras de vuestras manos, y no vendrá el mal sobre vosotros.
7
Pero no me escuchasteis — oráculo de Yavé —, provocándome con las obras de vuestras manos para vuestro mal.
8
Por eso, así dice Yavé de los ejércitos: Porque no habéis escuchado mis palabras,
9
he aquí que convocaré todas las tribus del aquilón — oráculo de Yavé —, a Nabucodonosor, rey de Babilonia, mi siervo, y los haré venir contra esta tierra, y contra sus habitantes, y contra todas las naciones que la rodean, y los destruiré y los convertiré en desolación, objeto de burla y en ruinas eternas.
10
Haré desaparecer de ellos los cantos de alegría, las voces de gozo, el canto del esposo y el canto de la esposa, el ruido de la muela y el resplandor de las antorchas.
11
Y toda esta tierra será ruina y desolación, y servirán las gentes estas al rey de Babilonia setenta años.
12
Y al cabo de setenta años, yo pediré cuentas al rey de Babilonia y a la nación aquella — oráculo de Yavé — de sus maldades, y a la tierra de los caldeos, y la convertiré en eterna desolación.
13
Y haré venir sobre aquella tierra todo lo que anuncié, todo lo que está escrito en este libro, lo que profetizó Jeremías contra todos los pueblos.
14
Porque también ellos serán sojuzgados por otros pueblos grandes y por reyes poderosos, y yo les retribuiré según su merecido, según las obras.
   
 
El cáliz de la ira de Yavé
   
15
Porque así me dijo Yavé, Dios de Israel: Toma de mi mano esta copa de espumoso vino y házselo beber a todos los pueblos a los que yo te he enviado.
16
Que beban, que se tambaleen, que enloquezcan ante la espada que yo arrojaré en medio de ellos.
17
Y tomé la copa de la mano de Yavé y la di a beber a todas las naciones a las que me envió Yavé:
18
a Jerusalén y a todas las ciudades de Judá, a sus reyes, a sus príncipes, para hacer de ellos ruina, desolación, burla y maldición, como es hoy.
19
Al faraón, rey de Egipto; a sus servidores y a sus príncipes y a todo su pueblo;
20
a todos los advenedizos, a todos los reyes de la tierra de Us y a todos los reyes de la tierra de los filisteos: a Ascalón, a Gaza, a Ecrón y al resto de Asdod;
21
a Edom, a Moab y a los hijos de Ammón;
22
a todos los reyes de Tiro, a todos los reyes de Sidón y a los reyes de las islas que están pasado el mar;
23
a Dedán, a Tema, a Buz, a todos los que se rapan las sienes;
24
a todos los reyes de Arabia y a todos los monarcas de occidente que habitan en el desierto;
25
a todos los reyes de Zimrí, a todos los reyes de Elam y a todos los reyes de Media;
26
a todos los reyes del norte, próximos y lejanos, y a todos los reinos de la tierra que habitan la superficie del suelo; y el rey de Sesac beberá después de ellos.
27
Y les dirás: Así dice Yavé de los ejércitos, Dios de Israel: Bebed, embriagaos, vomitad y caed para no levantaros ante la espada que yo echaré entre vosotros.
28
Y si rehusaren tomar de tu mano la copa y beber de ella, les dirás: Así dice Yavé de los ejércitos: Tendréis que beber,
29
porque si yo, al desatar el mal, he comenzado por la ciudad en que se invoca mi nombre, ¿ibais a quedar vosotros impunes? No quedaréis, pues que llamaré a la espada contra todos los moradores de la tierra — oráculo de Yavé de los ejércitos.
30
Y tú les profetizarás todas estas palabras, diciéndoles: Ruge Yavé desde lo alto, desde su santa morada lanza su voz, ruge fuertemente contra su pradería, lanza el grito de los lagareros contra todos los moradores de la tierra.
31
Llega su estrépito hasta los confines de la tierra, porque juzgará Yavé a las gentes, y será este juicio contra toda carne; los malvados los entregó al filo de la espada, oráculo de Yavé.
32
Así dice Yavé de los ejércitos: He aquí que el mal pasará de nación en nación; un fortísimo huracán se desencadenará desde los extremos de la tierra,
33
y habrá heridos de Yavé en ese día del uno al otro cabo de la tierra. No serán llorados, no serán recogidos ni sepultados; quedarán como estiércol sobre la faz de la tierra.
34
Ululad, pastores, y clamad, y encenizaos, mayorales de la grey, porque ha llegado el día de vuestra matanza y caeréis como carneros selectos.
35
No habrá posibilidad de huir para los pastores, ni salvación para los mayorales de la grey.
36
Gritos de espanto de los pastores, clamores de los mayorales de la grey, porque ha devastado Yavé sus pastizales.
37
Han enmudecido las pacíficas praderas ante el furor de la ira de Yavé.
38
Ha abandonado como león joven su guarida, pues ha sido devastada su tierra ante la espada destructora, ante el furor de su ira.

 

Capítulo 26
 
Quieren condenar a Jeremías a muerte
 
1
Al principio del reinado de Joaquim, hijo de Josías, rey de Judá, llegó a Jeremías esta palabra de Yavé:
2
Así dice Yavé: Ve a ponerte en el atrio de la casa de Yavé y habla (a las gentes de) todas las ciudades de Judá, que vienen a prosternarse en la casa de Yavé, todas las palabras que yo te he ordenado decirles, sin omitir nada.
3
Tal vez te escuchen y se conviertan cada uno de su mal camino, y me arrepienta yo del mal que por sus malas obras había determinado hacerles.
4
Diles: Así dice Yavé: Si no me escucháis, caminando según la ley que os he dado,
5
y escuchando las palabras de mis siervos los profetas, que yo os he enviado desde muy temprano y repetidamente y que habéis desoído,
6
yo haré de esta casa lo que hice de Silo, y de esta ciudad haré la maldición de todos los pueblos de la tierra.
7
Y los sacerdotes, los profetas y todo el pueblo oyeron a Jeremías decir estas palabras en la casa de Yavé.
8
Y cuando acabó Jeremías de hablar todo lo que Yavé le ordenara al pueblo, los sacerdotes y los profetas y todo el pueblo le prendieron, diciendo: ¡Vas a morir!
9
¿Por qué profetizas en nombre de Yavé, diciendo: Como Silo será esta casa, y esta ciudad quedará asolada y sin moradores? Y se reunió en torno a Jeremías todo el pueblo que había en la casa de Yavé.
10
Y oyendo estas cosas los magistrados de Judá, subieron del palacio del rey a la casa de Yavé y se pusieron a la entrada de la puerta nueva del templo.
11
Y los sacerdotes y profetas hablaron a los magistrados de Judá y a todo el pueblo, diciendo: Reo es de muerte este hombre por haber profetizado contra esta ciudad lo que vosotros mismos habéis oído.
12
y dijo Jeremías a los magistrados y a todo el pueblo: Yavé me ha mandado profetizar contra esta casa y contra esta ciudad todo lo que habéis oído.
13
Ahora bien, enmendad vuestros caminos y vuestras obras y escuchad la voz de Yavé, vuestro Dios, y se arrepentirá Yavé del mal que había determinado haceros.
14
En cuanto a mí, en vuestras manos estoy; haced conmigo lo que os parezca bueno y recto.
15
Pero sabed bien que, si me matáis, será sangre inocente que echaréis sobre vosotros, sobre esta ciudad y sobre sus habitantes, porque en verdad he sido enviado a vosotros por Yavé para deciros todo esto.
16
Y dijeron los magistrados y todo el pueblo a los sacerdotes y los profetas: No es reo de muerte este hombre por hablarnos en nombre de Yavé, nuestro Dios.
17
Y, alzándose algunos de los ancianos de la tierra, dijeron a todo el pueblo allí congregado:
18
Miqueas de Morasti profetizó en tiempo de Ezequías, rey de Judá, y habló a todo el pueblo de Judá: Así dice Yavé de los ejércitos: Sión será arada como campo de labor, Jerusalén será un montón de ruinas, y el monte del templo será una selva.
19
¿Le hicieron acaso matar Ezequías, rey de Judá, y todo (el pueblo de) Judá? ¿No temieron más bien a Yavé y le aplacaron, y se arrepintió Yavé del mal que había pronunciado contra ellos? ¿Vamos a echar nosotros sobre nuestra alma un crimen tan grande?
20
Y hubo también un hombre de los que profetizaban en nombre de Yavé, Urías, hijo de Semaya, de Quiriat-Yearim, que profetizó contra esta ciudad y esta tierra lo mismo que Jeremías.
21
Al oír el rey Joaquim, sus guardias y sus ministros lo que decía, quiso el rey matarle, y, oyéndolo Urías, temió y huyó a Egipto;
22
pero el rey Joaquim envió a Egipto emisarios, a Elnatán, hijo de Agbor, y a otros que le acompañaron a Egipto,
23
y, sacando a Urías de Egipto, le condujeron al rey Joaquim, que le hizo matar a espada, arrojando su cadáver a la fosa común.
24
En favor de Jeremías intervenía Ajicam, hijo de Safan, para evitar que fuese entregado en manos del pueblo para matarle.

 

Capítulo 27
 
El yugo extranjero
 
1
A principios del reinado de Joaquim, hijo de Josías, rey de Judá, llególe a Jeremías de parte de Yavé esta palabra, diciendo:
2
Así dice Yavé: Hazte unas coyundas y un yugo y póntelas al cuello,
3
y manda a decir al rey de Edom, al rey de Moab, al rey de los hijos de Ammón, al rey de Tiro y al rey de Sidón, por los embajadores que han venido a tratar con Sedecías, rey de Judá, a Jerusalén,
4
que digan a sus señores: Así dice Yavé de los ejércitos, Dios de Israel: Esto habéis de decir a vuestros señores:
5
Yo, con mi gran poder y la fuerza de mi brazo, he hecho la tierra, al hombre y a los animales que hay sobre la haz de la tierra, y la doy a quien quiero.
6
Ahora he dado todas estas tierras en poder de mi siervo Nabucodonosor, rey de Babilonia, y aun las bestias del campo las he puesto a su servicio,
7
y habrán de estarle sometidas todas las naciones a él, a su hijo y al hijo de su hijo, hasta que venga el tiempo también para su tierra y la sojuzguen pueblos poderosos y reyes grandes.
8
Al pueblo y al reino que no quiera someterse a Nabucodonosor, rey de Babilonia, y no dé su cuello al yugo del rey de Babilonia, le visitaré yo con espada, hambre y peste — oráculo de Yavé — hasta someterlo a su poder.
9
No escuchéis, pues, a vuestros profetas, a vuestros adivinos, a vuestros soñadores, a vuestros agoreros y a vuestros encantadores, que os dicen: No os veréis sometidos al rey de Babilonia.
10
Porque es mentira lo que os profetizan para que seáis alejados de vuestra tierra y yo os disperse y perezcáis,
11
Al pueblo que dé su cuello al yugo del rey de Babilonia y se le someta, le dejaré en su tierra — oráculo de Yavé — y la cultivará y habitará en ella.
12
Y a Sedecías, rey de Judá, le hablé de todo esto, diciéndole: Dad vuestro cuello al yugo del rey de Babilonia, someteos a él, a su pueblo, y viviréis.
13
¿Para qué morir tú y tu pueblo de espada, hambre y peste, como dijo Yavé respecto del pueblo que no se someta al rey de Babilonia?
14
Y no escuchéis a los profetas que os dicen: “No os veréis sometidos al rey de Babilonia,” pues lo que os profetizan es mentira.
15
Porque no los he enviado yo — oráculo de Yavé — , aunque ellos mentirosamente profetizan en mi nombre, y serán causa de que yo os disperse y perezcáis vosotros y los profetas que os profetizan.
16
Y a los sacerdotes y a todo este pueblo les hablé, diciendo: Así dice Yavé: No escuchéis lo que os profetizan vuestros profetas, diciendo: “He aquí que los vasos de la casa de Yavé van a ser devueltos de Babilonia ahora en seguida,” porque os profetizan mentira.
17
No los escuchéis, someteos al rey de Babilonia y viviréis. ¿Por qué esta ciudad ha de venir a ser un desierto?
18
Y si en verdad son profetas, si tienen palabra de Yavé, que intercedan ante Yavé de los ejércitos para que los vasos que todavía quedan en el templo y en el palacio del rey de Judá y en Jerusalén no sean llevados también a Babilonia.
19
Porque así dice Yavé de los ejércitos acerca de las columnas, del mar de bronce, de los basamentos y de los demás utensilios que todavía quedan en esta ciudad,
20
y no han sido llevados por Nabucodonosor a Babilonia al llevar cautivos de Jerusalén a Babilonia a Jeconías, hijo de Joaquim, rey de Judá, y a todos los notables de Judá y de Jerusalén.
21
Pues así dice Yavé de los ejércitos, Dios de Israel, de los utensilios que aún quedan en la casa de Yavé y en el palacio del rey de Judá y en Jerusalén:
22
A Babilonia serán llevados, y allí estarán hasta el día en que los visite — oráculo de Yavé — y los haré traer y restituir a este lugar.

 

Capítulo 28
 
Audacia de Ananías
 
1
Y sucedió en aquel mismo año, al comienzo del reinado de Sedecías, rey de Judá, en el año cuarto, en el quinto mes, que Ananías, hijo de Azur, profeta de Gabaón, me dijo en la casa de Yavé delante de los sacerdotes y de todo el pueblo:
2
Así dice Yavé de los ejércitos, Dios de Israel: He roto el yugo del rey de Babilonia.
3
Al cabo de dos años haré volver a este lugar todos los utensilios de la casa de Yavé que de este lugar se llevó Nabucodonosor, rey de Babilonia, transportándolos a Babilonia,
4
y a Jeconías, hijo de Joaquim, rey de Judá, y todos los cautivos de Judá llevados a Babilonia, los haré retornar a este lugar — oráculo de Yavé — , porque quebraré el yugo del rey de Babilonia.
5
Y dijo Jeremías, profeta, al profeta Ananías, delante de los sacerdotes y de todo el pueblo que estaban en la casa de Yavé:
6
Así sea, hágalo Yavé; que mantenga Yavé tu palabra que has vaticinado, haciendo volver a este lugar de Babilonia los utensilios de la casa de Yavé y a todos los cautivos.
7
Pero oye lo que delante de todo el pueblo voy a decirte:
8
Los profetas que desde antiguo antes de mí y antes de ti fueron, profetizaron a numerosos países y a grandes reinos la guerra, la desventura y la peste.
9
El profeta que profetiza paz, por el cumplimiento de su profecía habrá de ser tenido por profeta, enviado en verdad por Yavé.
10
Tomó entonces el profeta Ananías el yugo del cuello de Jeremías, profeta, y lo rompió,
11
diciendo delante de todo el pueblo: Esto dice Yavé: “Así romperé yo dentro de dos años el yugo de Nabucodonosor, rey de Babilonia, de sobre el cuello de todos los pueblos.” Y el profeta Jeremías se fue por su camino.
12
Después que Ananías, profeta, había roto el yugo de sobre el cuello del profeta Jeremías, tuvo éste palabra de Yavé, diciendo:
13
“Ve y dile a Ananías: Así dice Yavé: Has roto un yugo de madera. En su lugar yo haré un yugo de hierro,
14
pues así dice Yavé de los ejércitos, Dios de Israel: Yugo de hierro pondré yo sobre la cerviz de todos estos pueblos, para que estén sometidos a Nabucodonosor, rey de Babilonia, y le servirán; aun los mismos animales del campo se los he dado a él.
15
Y dijo el profeta Jeremías a Ananías, profeta: Escucha, pues, Ananías: No te ha enviado a ti Yavé, y tú estás dando a este pueblo falsas esperanzas;
16
por eso así dice Yavé: He aquí que voy a quitarte de sobre la haz de la tierra; este mismo año morirás por haber predicado la rebelión contra Yavé.
17
Y murió el profeta Ananías en ese mismo año, en el séptimo mes.

 

Capítulo 29
 
La cautividad será larga
 
1
Estas son las palabras de la carta que desde Jerusalén envió Jeremías profeta al resto de los ancianos de la cautividad, a los sacerdotes, a los profetas y a todo el pueblo que de Jerusalén había llevado Nabucodonosor a Babilonia,
2
después de haber salido Jeconías, el rey, la reina, los eunucos, los notables de Judá y de Jerusalén, los herreros y los carpinteros,
3
(llevada) por mano de Elasa, hijo de Safán, y de Gamarías, hijo de Helcías, a quienes mandó Sedecías, rey de Judá, a Babilonia a Nabucodonosor, rey de Babilonia. Decía:
4
Así dice Yavé de los ejércitos, Dios de Israel, a todos los cautivos que yo he desterrado de Jerusalén a Babilonia:
5
Construid casas y habitadlas, plantad huertos y comed sus frutos.
6
Tomad mujeres y engendrad hijos e hijas. Dad mujeres a vuestros hijos, y maridos a vuestras hijas, y tengan hijos e hijas; multiplicaos allí en vez de disminuir.
7
Procurad la prosperidad de la ciudad adonde os he deportado y rogad por ella a Yavé, pues su prosperidad será vuestra prosperidad.
8
Porque así dice Yavé de los ejércitos, Dios de Israel: No os dejéis engañar por vuestros profetas que habitan entre vosotros y por vuestros adivinos. No escuchéis su sueño.
9
Porque mienten cuando os profetizan en mi nombre. Yo no los he enviado. Oráculo de Yavé.
10
Pues así dice Yavé: Cuando se cumplan los setenta años de Babilonia, os visitaré y mantendré para con vosotros mi palabra venturosa de volveros a este lugar.
11
Pues yo conozco mis designios para con vosotros — oráculo de Yavé —, designios de paz y no de desventura, de daros un porvenir y una esperanza.
12
Me llamaréis y vendréis a suplicarme, y yo os escucharé; me buscaréis y me hallaréis.
13
Me buscaréis y me hallaréis si me buscareis de todo corazón.
14
Y me dejaré hallar de vosotros — oráculo de Yavé —; yo haré volver a vuestros desterrados, y os reuniré de entre todos los pueblos y de todos los lugares a que os arrojé — oráculo de Yavé — y os haré volver a este lugar de que os eché.
15
Como vosotros decís: Yavé nos ha suscitado profetas en Babilonia,
16
pues así dice Yavé del rey que se sienta en el trono de David y de todo el pueblo que mora en esta ciudad, vuestros hermanos, que no salieron con vosotros al destierro.
17
Así dice Yavé de los ejércitos: He aquí que yo mandaré contra ellos la espada, el hambre y la peste; los tornaré en higos que de malos no pueden comerse,
18
y los perseguiré con la espada, el hambre y la peste, y los haré objeto de terror para todos los reinos de la tierra, maldición, espanto, ludibrio y oprobio entre todos los pueblos a los que los arrojaré,
19
por no haber escuchado mis palabras — oráculo de Yavé —, que muy pronto y reiteradamente les anuncié por mis siervos los profetas, a quienes yo envié y no los escucharon — oráculo de Yavé.
20
Vosotros, pues, todos los cautivos que yo he llevado de Jerusalén a Babilonia, oíd la palabra de Yavé:
21
Así dice Yavé de los ejércitos, Dios de Israel, a Acab, hijo de Qolayah, y a Sedecías, hijo de Masayah, que mentirosamente os profetizan en mi nombre: He aquí que yo les entregaré en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, que los ajusticiará a vuestros ojos,
22
y quedará de ellos, entre los cautivos de Judá que están en Babilonia, la maldición: “¡Haga contigo Yavé como con Sedecías y Acab, a quienes asó al fuego el rey de Babilonia!”
23
Por haber hecho iniquidades en Israel, haber adulterado con las mujeres de sus prójimos y haber hablado mentirosamente en mi nombre, sin que yo les mandara. Yo lo sé y lo atestiguo. Oráculo de Yavé.
   
 
Contra Semeyas
   
24
Y a Semeyas el nejlamita dile: Así dice Yavé de los ejércitos, Dios de Israel:
25
Por cuanto tú has mandado en tu nombre cartas a todo el pueblo de Jerusalén, y a Sofonías, hijo de Masayah, sacerdote, y a todos los sacerdotes, diciéndoles:
26
Yavé te ha hecho sacerdote en lugar del sacerdote Yoyadah, para que, como prefecto, vigiles en el templo de Yavé a todo demente que quiera hacer el profeta y lo hagas encadenar y poner en el cepo.
27
Ahora, pues, ¿por qué no has reprendido a Jeremías el de Anatot, que anda profetizando entre vosotros?
28
Pues hasta nos ha enviado un mensaje a nosotros a Babilonia, diciendo: “Eso será largo. Construid casas y habitadlas, plantad huertos y comed sus frutos.”
29
Y el sacerdote Sofonías leyó a Jeremías profeta esta carta,
30
y Yavé habló a Jeremías, diciéndole:
31
Manda a decir a todos los cautivos: Esto dice Yavé sobre Semeyas el nejlamita: Por haberos profetizado Semeyas sin que yo le haya enviado, y haberos hecho concebir falsas esperanzas,
32
por eso dice Yavé: He aquí que yo castigaré a Semeyas el nejlamita y a su descendencia. No tendrá descendencia que habite en medio de este pueblo y vea el bien que yo haré a mi pueblo — oráculo de Yavé — , por haber predicado la rebeldía contra Yavé.