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CRISTO RAUL CONTRA EL ANTICRISTO

LA HISTORIA DIVINA DE JESUCRISTO

CREACION DEL UNIVERSO SEGUN EL GÉNESIS

 
 

LA SAGRADA BIBLIA - ANTIGUO TESTAMENTO

JEREMIAS

CUARTA PARTE
POSTREROS VATICINIOS Y SUERTE DEL PROFETA
Capítulo 34
 
El destino de Sedecías
 
1
Palabra de Yavé que recibió Jeremías mientras Nabucodonosor, rey de Babilonia, con todo su ejército y todos los reinos de la tierra sometidos a su dominación y todos sus pueblos, atacaba a Jerusalén y a todas sus ciudades.
2
Así dice Yavé, Dios de Israel: Ve a Sedecías, rey de Judá, y dile: Así dice Yavé: He aquí que voy a entregar esta ciudad en manos del rey de Babilonia, que le pegará fuego,
3
y tú no escaparás de sus manos, sino que serás hecho prisionero y le serás entregado, y verás con tus ojos al rey de Babilonia, y te hablará boca a boca, y serás llevado a Babilonia.
4
Oye, pues, ¡oh Sedecías, rey de Judá!, lo que dice Yavé: Esto es lo que te dice a ti: No morirás a la espada,
5
morirás en paz, y como se quemaron perfumes (en los funerales de) tus padres, los reyes que te han precedido, así se quemarán también en los tuyos, y se te harán lamentaciones: ¡Ay señor!, pues yo soy quien lo digo, oráculo de Yavé.
6
El profeta dijo todo esto a Sedecías, rey de Judá, en Jerusalén,
7
mientras el ejército del rey de Babilonia estaba atacando a Jerusalén y a las otras ciudades de Judá que no se habían rendido, a Lakis y Azeqah, pues sólo ellas habían quedado entre las ciudades amuralladas de Judá.
 
 
Quebrantamiento de la ley de la servidumbre
 
8
Palabra de Yavé que recibió Jeremías después de haber hecho el rey Sedecías un convenio con todo el pueblo de Jerusalén
9
de que se publicara la manumisión, dejando cada uno libres a sus esclavos y esclavas hebreos, hombres y mujeres, a fin de que no fuera retenido como esclavo ningún judío o judía por un hermano suyo.
10
Todos los magnates y todo el pueblo, que habían aceptado este convenio, consintieron en libertar cada uno a sus esclavos y esclavas y no retenerlos en la esclavitud; consintieron y los libertaron;
11
pero se arrepintieron luego, y reclamaron los esclavos y esclavas que habían liberado y los obligaron de nuevo a ser esclavos y esclavas.
12
Recibió, pues, Jeremías palabra de Yavé, diciendo:
13
Así dice Yavé, Dios de Israel: Yo hice con vuestros padres un pacto al tiempo que los saqué de Egipto, de la casa de la esclavitud, diciéndoles:
14
al fin del año séptimo, cada uno dará libertad al hermano hebreo que se le haya vendido; te servirá durante seis años, pero luego le liberarás; pero vuestros padres no me obedecieron, no me dieron oídos.
15
Vosotros hoy os habéis convertido y habéis hecho bien a mis ojos, proclamando la sumisión de vuestros hermanos, y habéis hecho ese pacto en mi presencia, en la casa en que se invoca mi nombre;
16
luego os habéis vuelto atrás, habéis profanado mi nombre, habéis vuelto a retraer cada uno a sus siervos y siervas que habíais liberado, reduciéndolos de nuevo a la servidumbre y haciéndolos vuestros esclavos y esclavas.
17
Por eso, así dice Yavé: Vosotros no me habéis escuchado, proclamando cada uno la manumisión de su hermano y de su prójimo; he aquí que yo os proclamo la manumisión — oráculo de Yavé — para la espada, para la peste y para el hambre, y haré de vosotros objeto de terror para todos los reinos de la tierra,
18
y haré de los que han quebrantado mi pacto y no han guardado las palabras de la alianza que ante mí sellaron como el becerro que partieron en dos mitades, entre cuyos trozos pasaron.
19
Los grandes de Judá, los grandes de Jerusalén, los eunucos, los sacerdotes y todo el pueblo de esta tierra pasarán por entre las partes del becerro,
20
y los entregaré en manos de sus enemigos, en las manos de los que buscan sus vidas, y sus cadáveres serán pasto de las aves del cielo y de las bestias de la tierra;
21
y a Sedecías, rey de Judá, y a sus príncipes, los entregaré en manos de sus enemigos, en manos de los que de muerte los persiguen, en manos del rey de Babilonia, que de vosotros se ha retirado.
22
He aquí que les daré orden — oráculo de Yavé — y los haré volver a esta ciudad, y la combatirán y la tomarán y la incendiarán, y haré de las ciudades de Judá un desierto, y no habrá quien las habite.

 

Capítulo 35
 
La fidelidad de los Recabitas a sus leyes
 
1
Palabra que Jeremías recibió de Yavé en tiempo de Joaquim, hijo de Josías, rey de Judá:
2
Anda y vete a casa de los recabitas. Habíales y tráelos a la casa de Yavé, a una de las cámaras, y dales a beber vino.
3
Yo tomé a Jazanías, hijo de Jeremías, hijo de Jabasinías; a sus hermanos y a todos sus hijos y a toda la familia de los recabitas,
4
y los introduje en el templo, en la cámara de los hijos de Janán, hijo de Jegdelías, hombre de Dios, que está junto a la cámara de los príncipes, debajo de la de Mahasías, hijo de Sallum, el guardia del vestíbulo.
5
Y puse ente los recabitas jarras y copas llenas de vino, diciéndoles: “Bebed vino.”
6
Pero ellos me contestaron: No bebemos vino, pues Jonadab, hijo de Recab, nuestro padre, nos mandó: No bebáis vino jamás, ni vosotros ni vuestros hijos,
7
ni construyáis casas, ni hagáis siembras, ni plantéis ni poseáis viñas, sino que habitaréis en tiendas todo el tiempo de vuestra vida, para que viváis muchos días sobre la tierra en la que sois peregrinos.
8
Nosotros hemos obedecido a la voz de Jonadab, hijo de Recab, nuestro padre, en cuanto nos mandó no beber vino en los días de nuestra vida, ni nosotros, ni nuestras mujeres, ni nuestros hijos, ni nuestras hijas,
9
y no edificar casas, y no tenemos viñas ni campos de sembradura,
10
sino que habitamos en tiendas, como lo mandó Jonadab, nuestro padre.
11
Pero cuando Nabucodonosor, rey de Babilonia, subió a nuestra tierra, nos dijimos: Vamos a refugiarnos en Jerusalén para escapar al ejército de los caldeos y al ejército de Aram, y venimos a habitar en Jerusalén.
 
 
La infidelidad de los judíos
 
12
Y dirigió Yavé la palabra a Jeremías, diciendo:
13
Así dice Yavé de los ejércitos, Dios de Israel: Ve y di a los hombres de Judá y a los habitantes de Jerusalén: ¿No aprenderéis a obedecer mis palabras? Oráculo de Yavé.
14
Las palabras de Jonadab, hijo de Recab, son obedecidas: mandó a sus hijos no beber vino, y no lo han bebido hasta hoy, cumpliendo el mandato de su padre, y yo os he hablado tantas y tantas veces, y no me habéis obedecido.
15
Os he enviado una y otra vez a mis siervos los profetas para deciros: Convertíos de vuestros malos caminos, enmendad vuestras obras y no os vayáis tras de los dioses ajenos para darles culto, y habitaréis la tierra que os he dado a vosotros y a vuestros padres; pero no me habéis dado oídos, no me habéis obedecido.
16
Los recabitas han obedecido a lo que les mandó su padre, pero este pueblo no me ha obedecido a mí.
17
Por eso, así dice Yavé de los ejércitos, Dios de Israel: Yo haré venir sobre Judá y sobre todos los habitantes de Jerusalén todos los males con que los he amenazado, pues les he hablado, y no me han oído; los he llamado, y no me han respondido.
18
Pero al clan de los recabitas les dijo Jeremías: Por haber obedecido al mandato de Jonadab, vuestro padre, cumpliendo cuanto os mandó,
19
por eso así dice Yavé de los ejércitos, Dios de Israel: No dejará de haber siempre ante mi presencia un varón de la estirpe de Jonadab, hijo de Recab, que me sirva.

 

Capítulo 36
 
Lectura, ante el pueblo y los grandes, del libro de las profecías de Jeremías
 
1
El año quinto de Joaquim, hijo de Josías, rey de Judá, recibió Jeremías palabra de Yavé, diciéndole:
2
Toma un volumen y escribe en él todo cuanto yo te he dicho contra Jerusalén, y contra Judá, y contra todas las naciones desde el día en que te hablé en tiempo de Josías hasta hoy,
3
a ver si, oyendo la casa de Judá todos los males que yo pienso traer sobre ella, se convierte cada uno de sus malos caminos, y yo les perdonaré sus iniquidades y pecados.
4
Llamó, pues, Jeremías a Baruc, hijo de Nerías, y escribió éste en un volumen, dictándole Jeremías, todas las palabras que Yavé le había dicho.
5
Y le dijo Jeremías a Baruc: Yo estoy impedido de poder ir a la casa de Yavé;
6
vete, pues, tú y en el libro que a mi dictado has escrito lee las palabras de Yavé, oyendo el pueblo en el templo en un día de ayuno y oyendo todos los que vienen de todo Judá y de sus ciudades,
7
a ver si acaso sus oraciones llegan a la presencia de Yavé y se convierte cada uno de sus malos caminos, porque grande es el furor y la indignación con que amenaza Yavé a este pueblo.
8
Hizo, pues, Baruc, hijo de Nerías, lo que había mandado Jeremías, profeta, y leyó en el libro las palabras de Yavé en la casa de Yavé.
9
Sucedió, pues, el año quinto de Joaquim, hijo de Josías, rey de Judá, en el mes noveno, que se promulgó un ayuno a todo el pueblo de Jerusalén y a todos cuantos venían a Jerusalén de las ciudades de Judá,
10
y leyó Baruc el libro de los sermones de Jeremías en el templo, en la cámara de Gamarías, hijo de Safán, escriba, en el vestíbulo superior, a la entrada de la Puerta Nueva del templo, oyendo todo el pueblo.
11
Y habiendo oído Miqueas, hijo de Gamarías, hijo de Safán, las palabras de Yavé del libro,
12
bajó al palacio del rey, a la cámara del escriba, donde se hallaban todos los grandes: Elisama, escriba; Dalaías, hijo de Semeía, y Elnatán, hijo de Ajabor, y Gamarías, hijo de Safán, y Sedecías, hijo de Ananías, y todos los dignatarios,
13
y les comunicó Miqueas todo lo que había oído leer a Baruc del volumen ante el pueblo.
14
Mandaron, pues, todos los magnates a Judí, hijo de Natanías, hijo de Selemías, hijo de Cusí, para decir a Baruc: Ven y trae el volumen que has leído al pueblo. Tomó, pues, Baruc el volumen y vino con él a ellos,
15
que le dijeron: Siéntate y léenos eso a nosotros, y se lo leyó Baruc.
16
Cuando oyeron, pues, todo aquello, mostráronse unos a otros atónitos, y dijeron a Baruc: Tenemos que comunicar esto al rey,
17
y le dijeron: Indícanos cómo has escrito tú esto.
18
Baruc les dijo: El me dictaba todas estas palabras de su propia boca, y yo lo escribía con tinta en el libro.
19
Y dijeron los magnates a Baruc: Ve y escóndete, y que se esconda también Jeremías, sin que sepa nadie dónde estáis.
 
 
Lectura ante el rey
 
20
Ellos se fueron al rey, al atrio, dejando el volumen en la cámara de Elisama, escriba, y dijeron al rey lo que pasaba.
21
Mandó el rey a Judí que llevara el volumen, y éste lo tomó de la cámara de Elisama y lo leyó en presencia del rey y en presencia de todos los dignatarios que estaban junto a él.
22
Estaba el rey en las habitaciones de invierno; era el noveno mes, y tenía delante de sí un brasero encendido,
23
y, según iba leyendo Judí tres o cuatro columnas, lo iba rasgando (el rey) con el cuchillo del escriba, y lo arrojaba al fuego del brasero, hasta que lo quemó todo.
24
No temieron ni rasgaron sus vestiduras ni el rey ni sus cortesanos que oyeron todas aquellas palabras.
25
Sin embargo, Elnatán, Dalaías y Gamarías rogaron al rey que no quemara el volumen; pero éste no les oyó,
26
y mandó el rey a Jeremiel, hijo de Amelec, y a Sarayas, hijo de Ezriel, y a Selemías, hijo de Abdeel, que apresaran a Baruc, escriba, y a Jeremías, profeta; pero Yavé los ocultó.
27
Después que el rey quemó el volumen de los sermones de Jeremías que había escrito Baruc al dictado de aquél, recibió Jeremías palabra de Yavé, que le dijo:
28
Toma un nuevo volumen y escribe en él todos los sermones anteriores que había en el primero, que quemó Joaquim, rey de Judá,
29
y a Joaquim, rey de Judá, le dirás: Así dice Yavé: Tú has quemado aquel volumen, diciendo: ¿Por qué has escrito esto anunciando que vendrá el rey de Babilonia y devastará esta tierra, no dejando en ella hombre ni jumento?
30
Pues así dice Yavé contra Joaquim, rey de Judá: No tendrá descendiente que le suceda en el trono de David, y su cadáver será arrojado al calor del día y al frío de la noche,
31
y le pediré cuenta a él y a su descendencia y a sus siervos de sus iniquidades, y traeré sobre ellos, y sobre los habitantes de Jerusalén, y sobre los hombres de Judá, todos los males que les he anunciado y ellos no han querido oír.
32
Tomó, pues, Jeremías otro volumen y se lo dio a Baruc, hijo de Nerías, escriba, el cual escribió de boca de Jeremías todos los sermones que quemó Joaquim, rey de Judá, y se añadieron todavía otros muchos como aquéllos.

 

Capítulo 37
 
Consulta de Sedecías y respuesta de Jeremías
 
1
Reinó Sedecías, hijo de Josías, en lugar de Jeconías, hijo de Joaquim. Fue Nabucodonosor, rey de Babilonia, quien le hizo rey de la tierra de Judá.
2
Y no obedecieron él, sus siervos y el pueblo de la tierra a las palabras que había hablado Yavé por medio de Jeremías, profeta,
3
y envió el rey Sedecías a Jucal, hijo de Selemías, y a Sofoías, hijo de Mahasías, sacerdote, a Jeremías, profeta, diciéndole: Ruega por nosotros a Yavé, nuestro Dios.
4
Y Jeremías andaba libremente entre el pueblo, pues todavía no le habían encarcelado.
5
Salió entonces de Egipto el ejército del faraón, y, al saber la nueva, los caldeos que asediaban a Jerusalén se retiraron de allí.
6
Y recibió Jeremías, profeta, palabra de Yavé, diciéndole:
7
Así dice Yavé, Dios de Israel: Decid al rey de Judá que os ha mandado a preguntarme: He aquí que el ejército del faraón que ha venido en socorro vuestro se tendrá que volver a su tierra de Egipto,
8
y volverán los caldeos a combatir esta ciudad, y la tomarán e incendiarán.
9
Así dice Yavé: No os engañéis a vosotros mismos, diciéndoos: “Se irán los caldeos de nosotros,” porque no se irán.
10
Pero, aunque destrozarais a todo el ejército caldeo que lucha contra vosotros y no quedasen de él más que algunos heridos, éstos saldrían de sus tiendas y pegarían fuego a esta ciudad.
 
 
Encarcelamiento de Jeremías
 
11
Cuando se había retirado de Jerusalén el ejército caldeo por la venida del ejército del faraón,
12
salía Jeremías de Jerusalén para ir a tierra de Benjamín a hacer una partición en medio del pueblo;
13
pero, al llegar a la puerta de Benjamín, el jefe de la guardia, llamado Jerías, hijo de Selamías, hijo de Ananías, apresó a Jeremías, diciendo: ¡Tú vas a pasarte a los caldeos!
14
Jeremías respondió: Mentira, no voy a pasarme a los caldeos. Pero no escuchó Jerías a Jeremías, y, arrestándole, le condujo a los jefes,
15
que, airados contra Jeremías, le hicieron azotar y encerrar en la cárcel que había en la casa de Jonatán, escriba, de la cual habían hecho prisión.
16
Y entró Jeremías y fue metido en una cisterna abovedada, y estuvo allí mucho tiempo.
17
Mandó a buscarle el rey Sedecías, y le preguntó en secreto en el palacio: ¿Hay palabra de Yavé?
18
Sí, la hay, contestó Jeremías: Serás entregado en manos del rey de Babilonia. Y dijo Jeremías al rey Sedecías: ¿Qué pecado he cometido yo contra tí, contra tus cortesanos y contra tu pueblo, para que me hayáis metido en la cárcel?
19
Dónde están ahora vuestros profetas, que os profetizaban diciendo: No vendrá el rey de Babilonia contra vosotros y contra esta tierra?
20
Óyeme, pues; ¡oh rey, mi señor! te lo ruego; acoge mi súplica y no me vuelvas a la prisión de la casa de Jonatán, escriba, porque moriré allí.
21
Mandó, pues, el rey Sedecías que fuese llevado al vestíbulo de la guardia y se le diese cada día una torta de pan de la calle de los Horneros, mientras no faltase del todo el pan en la ciudad. Así quedó Jeremías en el vestíbulo de la guardia.

 

Capítulo 38
 
1
Oyeron Safatías, hijo de Matán; Guedelías, hijo de Pasjur; Jucal, hijo de Selemías, y Pasjur, hijo de Melquías, que Jeremías decía delante de todo el pueblo:
2
Así dice Yavé: Todos cuantos se queden en esta ciudad morirán de espada, de hambre y de peste; el que huya a los caldeos vivirá y tendrá la vida por botín.
3
Así dice Yavé: Con toda certeza, esta ciudad caerá en manos del ejército del rey de Babilonia, que la tomará.
4
Y dijeron los magnates al rey: Hay que matar a ese hombre, porque con eso hace flaquear las manos de los guerreros que quedan en la ciudad, y las de todo el pueblo, diciéndoles cosas tales. Este hombre no busca la paz de este pueblo, sino su mal.
5
Díjoles el rey Sedecías: En vuestras manos está, pues no puede el rey nada contra vosotros.
6
Prendieron, pues, a Jeremías y le metieron en la cisterna de Melquías, hijo del rey, que está en el vestíbulo de la cárcel, bajándole con cuerdas a la cisterna, en la que no había agua, aunque sí lodo, y quedó Jeremías metido en el lodo.
7
Oyó Abdemelec, etíope, eunuco de la casa real, que habían metido a Jeremías en la cisterna. El rey estaba entonces en la puerta de Benjamín.
8
Salió Abdemelec del palacio, y fue a decir al rey:
9
Rey, mi señor, han hecho mal esos hombres tratando así a Jeremías, profeta, metiéndole en la cisterna para que muera allí de hambre, pues no hay ya pan en la ciudad.
10
Mandó el rey a Abdemelec el etíope, diciéndole: Toma contigo tres hombres y saca de la cisterna a Jeremías antes de que muera.
11
Tomando, pues, consigo Abdemelec a los hombres, se dirigió al ropero del palacio, y tomó de allí unos cuantos vestidos usados y ropas viejas, que con cuerdas se hizo llegar a Jeremías en la cisterna.
12
Y dijo Abdemelec el etíope a Jeremías: Ponte estos trapos y ropas viejas debajo de los sobacos, sobre las cuerdas. Hízolo así Jeremías,
13
y sacaron con las cuerdas a Jeremías de la cisterna, y quedó
 
 
Último coloquio de Jeremías con el rey Sedecías
 
14
El rey Sedecías mandó buscar a Jeremías y le hizo llevar junto a la tercera entrada del templo, y allí le dijo: Voy a preguntarte una cosa. No me ocultes nada.
15
Dijo Jeremías a Sedecías: Si te la digo, me harás matar; y si te doy un consejo, no lo seguirás.
16
Hizo, pues, en secreto Sedecías a Jeremías este juramento: Vive Yavé, que nos ha dado la vida a nosotros, que no te daré la muerte y que no te entregaré a esos que buscan tu vida.
17
Dijo entonces Jeremías a Sedecías: Así dice Yavé de los ejércitos: Si sales y vas a entregarte a los jefes del rey de Babilonia, salvarás tu vida, y esta ciudad no será dada a las llamas, te salvarás tú y tu familia;
18
pero, si no sales a entregarte a los jefes del rey de Babilonia, caerá esta ciudad en manos de los caldeos, que la incendiarán, y tú no te escaparás de sus manos.
19
Y dijo el rey Sedecías a Jeremías: Temo que me entreguen a los judíos que se han pasado a los caldeos, y aquéllos me escarnezcan.
20
Contestóle Jeremías: No te entregarán. Oye lo que te digo de parte de Yavé, y te saldrá bien y vivirás.
21
Y si no quieres salir, mira lo que me ha mostrado Yavé:
22
Todas las mujeres que han quedado en el palacio serán llevadas a los jefes del rey de Babilonia, y he aquí que dirán: “¡Te han engañado y te han vendido tus amigos, han hundido en el lodo tus pies, te volvieron la espalda!”
23
Y todas las mujeres y tus hijos serán llevados a los caldeos, y tú no escaparás a sus manos, sino que serás entregado al rey de Babilonia, y esta ciudad será incendiada.
24
Dijo, pues, el rey Sedecías a Jeremías: Que nadie sepa nada de esto, y no morirás.
25
Si saben los magnates que he hablado contigo y vienen a decirte: Cuéntanos lo que has dicho al rey, no nos ocultes nada; si no, te mataremos, y dinos lo que el rey te ha dicho,
26
les responderás: He suplicado al rey que no me haga volver a la casa de Jonatán, pues moriría allí.
27
Vinieron, en efecto, los magnates a Jeremías y le preguntaron; y él les dijo lo que el rey había mandado decir, y le dejaron, pues nada se había sabido.
28
Quedó Jeremías en el vestíbulo de la guardia hasta el día en que fue tomada Jerusalén.

 

Capítulo 39
 
Suerte de Sedecías y del pueblo
 
1
Y sucedió que fue tomada Jerusalén. El año noveno de Sedecías, rey de Judá, en el décimo mes, vino Nabucodonosor, rey de Babilonia, con todo su ejército a Jerusalén y la sitió,
2
y el año undécimo de Sedecías, el cuarto mes, se abrió la brecha,
3
y penetraron en la ciudad los jefes del rey de Babilonia y ocuparon la puerta del medio: Nergalsareser, Samgar-Nebo, Sarsakim, “rabsaris”; Nergalsareser, “rabmag,” y todos los otros jefes del rey de Babilonia.
4
Al verlos Sedecías, rey de Judá, y todos sus hombres de guerra, huyeron, saliendo de noche de la ciudad por el camino del jardín real, por la puerta de entre los dos muros, y se dirigieron hacia el Arabá.
5
El ejército de los caldeos los persiguió, y alcanzó a Sedecías en las estepas de Jericó, llevándole preso a Nabucodonosor, rey de Babilonia, que estaba en Ribla, en la tierra de Jamat. El rey de Babilonia pronunció contra él su sentencia.
6
Hizo matar en Ribla a los hijos de Sedecías, a la vista de éste; dio muerte a los nobles de Judá,
7
e hizo sacar los ojos a Sedecías y le cargó de cadenas para llevarlo a Babilonia.
8
Los caldeos prendieron fuego al palacio real y a las otras casas y arrasaron las murallas de Jerusalén.
9
El resto de los habitantes que había quedado en la ciudad, los huidos que se habían pasado a los caldeos y todo el resto del pueblo, los deportó a Babilonia Nabuzardán, jefe de la guardia.
10
A los pobres del pueblo, que no tenían nada, los dejó Nabuzardán, jefe de la guardia, en la tierra de Judá, y les dio viñas y campos de labor.
 
 
Jeremías, en libertad
 
11
Nabucodonosor, rey de Babilonia, había dado orden a Nabuzardán, jefe de su guardia, respecto de Jeremías, diciéndole:
12
Préndele y mira por él y no le hagas mal alguno, sino que haz con él según te diga.
13
Y Nabuzardán, jefe de la guardia, y Nabusezbán, “rabsaris”; Negalsareser, “rabmag,” y todos los otros jefes del rey de Babilonia,
14
mandaron sacar a Jeremías del vestíbulo de la guardia y se lo encomendaron a Godolías, hijo de Ajicam, hijo de Safan, para que le llevase a su casa, y quedó habitando en medio del pueblo.
15
Jeremías había recibido palabra de Yavé, mientras estaba preso en el vestíbulo de la guardia, diciéndole:
16
Ve y di a Abdemelec el etíope: Así dice Yavé de los ejércitos, Dios de Israel: Yo cumpliré mis palabras sobre esta ciudad, para su mal, no para su bien; esto sucederá a tus propios ojos en ese día.
17
Entonces yo te libraré — oráculo de Yavé — y no serás entregado en manos de los hombres a quienes temes.
18
Yo te salvaré y no caerás a la espada, y será salva tu vida, porque confiaste en mí. Oráculo de Yavé.

 

Capítulo 40
 
Godolías, gobernador de la tierra
 
1
Palabra de Yavé que recibió Jeremías después que Nabuzardán, jefe de la guardia, le dejó ir de Rama, donde le halló cargado de cadenas en medio de los cautivos de Jerusalén y de Judá que iban deportados a Babilonia.
2
El jefe de la guardia real dijo a Jeremías: Yavé, tu Dios, había amenazado con males este lugar,
3
y los ha traído sobre él, como lo anunció, porque habéis pecado contra Yavé y no habéis escuchado su voz; por eso os ha sucedido esto.
4
Y ahora he aquí que te quito hoy las cadenas de tus manos; si quieres venir conmigo a Babilonia, ven, que yo miraré por ti; pero, si te desagrada venir conmigo a Babilonia, déjalo; tienes la tierra toda a tu disposición. Ve a donde mejor te parezca.
5
Y como aún no se decidiera a volver, vuélvete (le dijo) a Godolías, hijo de Ajicam, hijo de Safán, a quien ha hecho el rey de Babilonia gobernador de las ciudades de Judá, y habita con él en medio del pueblo, o vete a donde tú mejor quieras. Diole también el jefe de la guardia provisiones, le hizo regalos y le despidió.
6
Vino, pues, Jeremías a Godolías, hijo de Ajicam, que residía en Misfa, y habitó con él en medio del pueblo que había quedado en la tierra.
7
Cuando todos los jefes de tropas que se habían dispersado por la campiña supieron, ellos y sus hombres, que el rey de Babilonia había hecho gobernador de la tierra a Godolías, hijo de Ajicam, encomendándole los hombres, las mujeres y niños y los pobres de la tierra que no habían sido deportados a Babilonia,
8
vinieron a Godolías, en Misfa, Ismael, hijo de Natanías; Yojanán y Jonatán, hijos de Carcaj; Serayas, hijo de Tanjumet; los hijos de Efay, de Netofá, y Jezonías, hijo del Mahakatí, ellos y sus hombres,
9
y los conjuró Godolías, hijo de Ajicam, hijo de Safán, a ellos y a sus compañeros: “No temáis servir a los caldeos; habitad en la tierra, servid al rey de Babilonia, y os reportará bien.
10
Yo me quedo en Misfa para representar al país ante los caldeos que vengan a nosotros, pero vosotros haced la vendimia, recoged las mieses y el aceite y guardadlos en vuestros recipientes, y quedaos en las ciudades que habitáis,”
11
También todos los judíos que estaban en Moab, entre los hijos de Ammón, en Idumea y en todas las otras regiones, al oír que el rey de Babilonia había dejado un resto de Judá y que les había dado por gobernador a Godolías, hijo de Ajicam, hijo de Safán,
12
volvieron de todas las regiones en que se habían dispersado, y vinieron a la tierra de Judá, a Godolías, en Misfa, y recogieron vino y mieses en gran abundancia.
13
Pero vinieron a Godolías, en Misfa, Yojanán, hijo de Qareaj, y todos los jefes del ejército que se habían dispersado por la campiña,
14
y le dijeron: “¿Sabes que Baalís, rey de los hijos de Ammón, ha mandado a Ismael, hijo de Natanías, para darte muerte?” No lo creyó Godolías, hijo de Ajicam.
15
Y Yojanán, hijo de Qareaj, llevó aparte a Godolías y le dijo: “Yo iré y mataré a Ismael, hijo de Natanías, sin que nadie lo sepa; no te mate él a ti y se dispersen todos los judíos que se han reunido en torno tuyo y perezcan los restos de Judá.”
16
Y le contestó Godolías, hijo de Ajicam: “No hagas eso, pues lo que dices de Ismael es falso.”

 

Capítulo 41
 
Asesinao de Godolías
 
1
Y sucedió que el séptimo mes vino Ismael, hijo de Natanías, hijo de Elisama, de sangre real, de los magnates de la corte, con otros diez a Godolías, hijo de Ajicam, en Misfa, y comieron juntos en Misfa.
2
Y se levantó Ismael, hijo de Natanías, y con él los diez que le acompañaban, y mataron a Godolías, hijo de Ajicam, hijo de Safán, al que había puesto de gobernador de la tierra el rey de Babilonia,
3
y mataron también a todos los judíos que le acompañaban en Misfa, y a los caldeos que se encontraban allí.
4
Al segundo día de haber muerto Godolías, sin que nadie lo supiera todavía,
5
vinieron unos hombres de Siquem, de Silo y de Samaria, ochenta en número, rasurada la barba, rasgadas las vestiduras e incisas las carnes, que traían en sus manos oblaciones e incienso para ofrecerlos en el templo de Yavé.
6
Salióles al encuentro Ismael, hijo de Natanías, de Misfa. Iban llorando, y, al llegar a ellos, les dijo: Venid a ver a Godolías, hijo de Ajicam.
7
Cuando estuvieron en medio de la ciudad, los mató Ismael con los que le acompañaban, arrojándolos a la cisterna.
8
Hubo entre ellos diez que dijeron a Ismael: No nos mates, que tenemos en el campo gran cantidad de trigo y de cebada, de aceite y de miel. Dejólos y no los mató con los demás.
9
La cisterna en que arrojó Ismael todos los cadáveres de los hombres a quienes mató es una gran cisterna que hizo construir el rey Asa cuando se defendía de Baasa, rey de Israel. Esta es la que llenó de cadáveres Ismael, hijo de Natanías.
10
Llevó cautivo Ismael a todo el resto del pueblo que se hallaba en Misfa, a las hijas del rey y a todo el pueblo que en Misfa había quedado, al cual había dado Nabuzardán, jefe de la guardia real, por gobernador a Godolías, hijo de Ajicam. Ismael, hijo de Natanías, se los llevó cautivos hacia la tierra de los hijos de Ammón.
11
Yojanán, hijo de Qareaj, y los jefes de tropas que con él estaban, supieron todo el mal que había hecho Ismael, hijo de Natanías,
12
y, tomando todos sus hombres, salieron en persecución de Ismael, hijo de Natanías, y le alcanzaron cerca del gran estanque de Gabaón.
13
Todo el pueblo que estaba con Ismael se alegró al ver a Yojanán, hijo de Qareaj, y los jefes de tropas que le acompañaban,
14
y todo el pueblo que Ismael llevaba a Misfa dio la vuelta y se fue con Yojanán, hijo de Qareaj.
15
Ismael, hijo de Natanías, con otros ocho, huyó delante de Yojanán, y se refugió entre los hijos de Ammón.
16
Tomaron, pues, Yojanán, hijo de Qareaj, y todos los jefes de tropas que le acompañaban, a todo el resto del pueblo que Ismael, hijo de Natanías, había llevado de Misfa después de haber matado a Godolías, hijo de Ajicam; hombres y mujeres, niños y eunucos que había traído de Gabaón,
17
y se volvieron, deteniéndose en los apriscos de Kimham, cerca de Belén, para desde allí dirigirse a Egipto,
18
huyendo de los caldeos, a quienes temían por haber matado Ismael, hijo de Natanías, a Godolías, hijo de Ajicam, puesto por el rey de Babilonia como gobernador del país.

 

Capítulo 42
 
Consulta a Jeremías sobre la huída a Egipto
 
1
Todos los jefes de las tropas, Yojanán, hijo de Qareaj; Jezonías, hijo de Osaías, y todo el pueblo, chicos y grandes, se acercaron a Jeremías
2
y le dijeron: Acepta nuestro ruego y pide por nosotros a Yavé, tu Dios; por todos estos restos, pues de muchos hemos quedado pocos, como tú ves.
3
Que Yavé, tu Dios, nos dé a conocer el camino que debemos seguir y lo que hemos de hacer.
4
El profeta Jeremías les dijo: Os oigo, y pediré por vosotros a Yavé, vuestro Dios, según vuestros deseos. Todo cuanto me responda Yavé os lo comunicaré, sin ocultaros nada.
5
Y ellos dijeron a Jeremías: Sea Yavé contra nosotros testigo verdadero y fiel si no hiciéramos en todo según la palabra que Yavé, tu Dios, te mande para nosotros.
6
Bueno o malo, seguiremos el mandato de Yavé, a quien te enviaremos para que nos suceda bien, obedeciendo a la voz de Yavé, nuestro Dios.
7
Pasados diez días, recibió Jeremías palabra de Yavé;
8
y llamó a Yojanán, hijo de Qareaj, y a todos los jefes de tropas que con él estaban, y a todo el pueblo, chicos y grandes,
9
y les dijo: Así dice Yavé, Dios de Israel, a quien me habéis mandado para presentarle vuestros ruegos:
10
“Si os quedáis tranquilos en esta tierra, yo os edificaré y no os destruiré, os plantaré y no os arrancaré, pues me pesa ya del mal que os he hecho,
11

No os dé miedo el rey de Babilonia, a quien teméis; no temáis de él — oráculo de Yavé — , pues yo estoy con vosotros para salvaros y libraros de sus manos.

12
Os otorgaré misericordia y se apiadará de vosotros y os dejará en vuestra tierra.
13
Pero si decís: No queremos seguir en esta tierra, y no escucháis la voz de Yavé, vuestro Dios,
14
diciendo: Nos iremos a la tierra de Egipto, donde no veremos ya la guerra ni oiremos el sonido de la trompeta y no habrá falta de pan, allí habitaremos,
15
entonces, resto de Judá, escuchad la palabra de Yavé: Así dice Yavé de los ejércitos: Si volvéis vuestros ojos a Egipto para iros allá y habitar en él,
16
la espada que teméis os alcanzará sobre la tierra de Egipto; el hambre que receláis os sobrevendrá en Egipto y os hará morir allí.
17
Y todos cuantos vuelvan el rostro hacia Egipto para ir a habitar allí, morirán de espada, de hambre y de peste; ni uno solo escapará ni se librará del mal que yo haré venir sobre ellos,
18
porque así dice Yavé de los ejércitos, Dios de Israel: Lo mismo que ha estallado mi cólera y mi furor contra los habitantes de Jerusalén, así estallará mi furor contra vosotros si os vais a Egipto, y seréis objeto de execración, de horror, de maldición y de oprobio, y no veréis más esta tierra.
19
He aquí la palabra de Yavé para vosotros, resto de Judá: No vayáis a Egipto. Sabed que yo os lo advierto hoy solemnemente.
20
Ciertamente os engañáis a vosotros mismos. Me habéis mandado a Yavé, nuestro Dios, diciendo: Intercede por nosotros cerca de Yavé, nuestro Dios. Todo lo que diga Yavé, nuestro Dios, comunícanoslo, y nosotros lo haremos.
21
Yo os lo hago saber hoy, y vosotros no escucháis la voz de Yavé, nuestro Dios, lo que me ha encargado deciros.
22
Sabed, pues, que certísimamente moriréis de espada, de hambre y de peste en el lugar adonde queréis iros a habitar.

 

Capítulo 43
 
Huida a Egipto contra la voluntad del profeta
 
1
Sucedió, pues, que, cuando Jeremías acabó de hablar a todo el pueblo las palabras de Yavé, su Dios, todo cuanto Yavé, su Dios, le había encargado decirles,
2
Azarías, hijo de Mahasías; Yojanán, hijo de Qareaj, y todos los hombres soberbios, dijeron a Jeremías: Es mentira lo que dices, no te ha enviado Yavé, nuestro Dios, para decirnos: No vayáis a habitar en Egipto.
3
Es Baruc, hijo de Nerías, que te incita contra nosotros para entregarnos a los caldeos, para que nos den muerte o nos deporten a Babilonia.
4
De este modo, Yojanán, hijo de Qareaj; todos los jefes y todo el pueblo, desoyeron la orden de Yavé de quedarse en la tierra de Judá.
5
Y Yojanán, hijo de Qareaj, y todos los jefes de tropas tomaron a los restos de Judá que habían vuelto de las regiones todas en que se habían dispersado para habitar en la tierra de Judá,
6
los hombres, las mujeres, los niños, las hijas del rey y todos cuantos Nabuzardán, jefe de la guardia real, había dejado con Godolías, hijo de Ajicam, hijo de Safán, y a Jeremías profeta, y a Baruc, hijo de Nerías,
7
y entraron en Egipto, desoyendo la voz de Yavé, y llegaron a Tafnis.
8
Y recibió Jeremías palabra de Yavé en Tafnis, diciéndole:
9
Toma con tu mano unas piedras grandes y mételas en un mortero en el empedrado, junto a la entrada de la casa del faraón en Tafnis, en presencia de los judíos.
10
Y diles: Así dice Yavé de los ejércitos, Dios de Israel: Yo mandaré a buscar a Nabucodonosor, rey de Babilonia, mi siervo, que asentará su trono sobre estas piedras que acabo de colocar y extenderá sobre ellas su tapiz.
11
Vendrá y batirá la tierra de Egipto: los que a la muerte, a la muerte; los que al cautiverio, al cautiverio; los que a la espada, a la espada.
12
Y pegará fuego a los templos de los dioses de Egipto, y los abrasará, y los conducirá cautivos, y despiojará la tierra de Egipto como despioja el pastor su zamarra, y saldrá de allí en paz.
13
Y romperá los obeliscos del templo del Sol en Egipto, y quemará los templos de los dioses de Egipto

 

Capítulo 44
 
Idolatría y su castigo
 
1
Palabra que fue dirigida a Jeremías respecto de todos los judíos que habitaban en tierra de Egipto, en Migdol, Tafnis, Menfis y en la región de Pairos.
2
Así dice Yahvé de los ejércitos, Dios de Israel: Vosotros habéis visto todos los males que yo he traído sobre Jerusalén y sobre todas las ciudades de Judá, desiertas hoy, sin que nadie las habite,
3
por las iniquidades que cometieron, provocando mi ira y yéndose a ofrecer incienso a los dioses ajenos, que no conocían ni ellos ni sus padres.
4
Yo os mandé repetidamente a mis siervos los profetas, diciéndos: No hagáis esas abominaciones que detesto.
5
Y no obedecieron ni dieron oídos, convirtiéndose de sus maldades y dejando de ofrecer incienso a los dioses ajenos.
6
Y estalló mi cólera y se encendió mi furor sobre las ciudades de Judá y en las plazas de Jerusalén, convertidas en desierto y devastación, como hoy están.
7
Ahora, pues, así dice Yavé de los ejércitos, Dios de Israel: ¿Por qué cometéis contra vosotros mismos ese gran mal de hacer que perezcan hombres y mujeres, niños, de en medio de Judá, sin que quede resto alguno de vosotros,
8
provocándome con las obras de vuestras manos, ofreciendo incienso a los dioses ajenos en la tierra de Egipto, que habéis venido a habitar, y desaparezcáis y seáis maldición y oprobio de todas las gentes de la tierra?
9
¿Habéis, por ventura, olvidado las iniquidades de vuestros padres, de los reyes de Judá, de vuestros magnates, las vuestras y las de vuestras mujeres, las cometidas en la tierra de Judá y en las calles de Jerusalén?
10
No se han arrepentido todavía hoy. No han tenido temor ni han seguido mis preceptos, los que os di a vosotros y a vuestros padres.
11
Por tanto, así dice Yavé de los ejércitos, Dios de Israel: Yo volveré a vosotros mi rostro para mal y exterminaré a todo Judá,
12
y tomaré a los restos de Judá que volvieron su rostro a Egipto para venir a habitar en él, y perecerán todos en tierra de Egipto, caerán por la espada, morirán de hambre desde el más pequeño hasta el más grande, morirán de espada y de hambre, y serán execración, asombro, maldición y oprobio.
13
Yo ajustaré cuentas a los que habitan en tierra de Egipto, como las ajusté a los de Jerusalén, por la espada, por el hambre y por la peste.
14
No habrá fugitivos ni supervivientes de los restos de Judá venidos a habitar en Egipto que vuelvan a la tierra de Judá, objeto de las ansias de su alma, a la que querrían volver para habitar, si no es algún fugitivo.
15
Entonces todos los hombres, sabedores de que sus mujeres ofrecían incienso a los dioses ajenos, y todas las mujeres, reunidos en gran asamblea, y todos los del pueblo que habitaban en Egipto, en la región de Pairos, respondieron a Jeremías:
16
No te escucharemos en lo que nos dices en nombre de Yavé,
17
sino que persistiremos en hacer todo cuanto nos venga en boca, quemando incienso a la reina del cielo y ofreciendo libaciones, como antes hemos hecho e hicieron nuestros padres, nuestros reyes y nuestros magnates en las ciudades de Judá y en las plazas de Jerusalén, viéndonos entonces hartos de pan y felices, sin experimentar la desdicha,
18
mientras que, desde que dejamos de quemar incienso a la reina del cielo y ofrecerle libaciones, carecemos de todo y nos consume la espada y el hambre.
19
Y si nosotros quemamos incienso a la reina del cielo y le ofrecemos libaciones, ¿es acaso sin nuestros maridos como hacemos las tortas para ofrecerlas a su imagen y hacerle las libaciones?
20
Y dijo Jeremías a todo el pueblo, a los hombres y a las mujeres, a todos los que así le habían respondido:
21
¡Qué! El incienso que en las ciudades de Judá y en las plazas de Jerusalén quemasteis vosotros, vuestros magnates y todo el pueblo, vuestros padres y vuestros reyes, ¿no lo ha recordado Yavé y no lo ha tenido presente?
22
No podía ya soportar Yavé la malicia de vuestras perversidades y vuestras abomina¬ciones, y por eso vuestra tierra ha sido convertida en un desierto inhabitado, hecha horror y maldición como está hoy.
23
Por haber quemado incienso a los ídolos, pecando contra Yavé, sin oír su voz ni seguir su ley, sus preceptos y sus amonestaciones, por eso han venido sobre vosotros todos esos males que hoy padecéis.
24
Dijo, pues, Jeremías a todo el pueblo y a todas las mujeres: Oíd la palabra de Yavé todos los de Judá que habitáis en la tierra de Egipto:
25
Así dice Yavé de los ejércitos, Dios de Israel. Vosotros y vuestras mujeres lo decís con vuestra boca y lo haréis con vuestras manos; decís: Cumpliremos los votos que hemos hecho de quemar incienso a la reina del cielo y ofrecerle libaciones. Ciertamente los cumpliréis, ciertamente los pondréis por obra.
26
Oíd, pues, la palabra de Yavé los de Judá que habitáis en Egipto: Yo juro por mi gran nombre — oráculo de Yavé — que no será ya más pronunciado mi nombre por boca de ningún hombre de Judá, diciendo: ¡Viva el Señor, Yavé, en toda la tierra de Egipto!
27
Yo velaré sobre ellos para mal, no para bien, y todos los varones de Judá que habitan en tierra de Egipto serán consumidos por la espada y por el hambre hasta que perezcan del todo,
28
y los que escapen a la espada volverán de la tierra de Egipto a la tierra dé Judá, muy pocos en número, y los restos de Judá que han entrado en tierra de Egipto sabrán qué palabra es la que se cumple, si la mía o la suya.
29
Y he aquí la señal — oráculo de Yavé — de que yo os pediré cuentas en este lugar y de que se realizará mi palabra contra vosotros para vuestro mal.
30
Así dice Yavé: Yo entregaré al faraón Hofra, rey de Egipto, en manos de sus enemigos, en manos de los que buscan su vida, como entregué a Sedecías, rey de Judá, en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, su enemigo, que buscaba su vida.

 

Capítulo 45
 
Palabras del Señor a Baruc
 
1
Palabra que dijo Jeremías, profeta, a Baruc, hijo de Nerías, cuando escribía estas cosas al dictado de Jeremías, el cuarto año de Joaquim, hijo de Josías, rey de Judá.
2
Así dice Yavé, Dios de Israel, a ti Baruc:
3
Tú dices: ¡Ay mísero de mí, que Yavé no hace más que añadir dolor a mi dolor! ¡Me canso de gemir, y no hallo reposo!
4
Así dice Yavé: Dile esto: He aquí que lo que yo había edificado lo destruyo, lo que había plantado lo arranco, y esto en todo el país.
5
Y tú pides para ti grandes cosas. No las pidas, pues mientras yo hago venir males sobre toda carne, te dejo a ti salva la vida dondequiera que vas.