web counter

cristoraul.org

CRISTO RAUL CONTRA EL ANTICRISTO

LA HISTORIA DIVINA DE JESUCRISTO

CREACION DEL UNIVERSO SEGUN EL GÉNESIS

 

 
 

ANTIGUO TESTAMENTO

LA SAGRADA BIBLIA

NUEVO TESTAMENTO

Profeta

DANIEL

PRIMERA PARTE
HISTORIA DE DANIEL
Introducción
Capítulo 1
1
El año tercero del reinado de Joaquim, rey de Judá, Nabucodonosor, rey de Babilonia, fue contra Jerusalén y la asedió.
2
Y entregó el Señor en sus manos a Joaquim, rey de Judá, y parte de los vasos de la casa de Dios, y los trajo a la tierra de Sanaar, a la casa de su dios, y metió los vasos en la casa del tesoro de su dios.
3
Dijo el rey a Aspenaz, jefe de sus eunucos, que trajese de los hijos de Israel, del linaje real y del de sus nobles,
4
cuatro mozos en los que no hubiera tacha, de buen parecer, de talento, instruidos en toda suerte de sabiduría, dotados intelectualmente y educados, capaces de servir en el palacio del rey, y a quienes se les instruyese en las letras y la lengua de los caldeos.
5
Asignóles el rey para cada día una porción de los manjares de su mesa, del vino que él bebía, y mandó que los criasen durante tres años, al cabo de los cuales entrasen a servir al rey.
6
Fueron de ellos, de entre los hijos de Judá, Daniel, Ananías, Misael y Azarías,
7
a los cuales el jefe de los eunucos puso por nombre: a Daniel, Baltasar; a Ananías, Sidraj; a Misael, Misaj, y a Azarías, Abed-Nego.
8
Se propuso Daniel en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey ni con el vino que él bebía, y rogó al jefe de los eunucos que no le obligara a contaminarse.
9
Hizo Dios que hallase Daniel gracia y favor ante el jefe de los eunucos;
10
y el jefe de los eunucos dijo a Daniel: Tengo miedo de mi señor el rey, que ha determinado lo que habéis de comer y beber, porque, si viere vuestros rostros más macilentos que los de los mozos de vuestra edad, condenaréis mi cabeza ante el rey.
11
Dijo entonces Daniel al cortesano a quien el jefe de los eunucos había puesto para velar sobre Daniel, Ananías, Misael y Azarías:
12
Prueba, te ruego, a tus siervos por diez días, y que nos den a comer legumbres y agua a beber,
13
y compara luego nuestros rostros con los de los mozos que comen los manjares del rey, y haz después con tus siervos según veas.
14
Concedióles lo que le pedían y los probó por diez días,
15
al cabo de los cuales tenían mejor aspecto y estaban más metidos en carnes que los mozos que comían los manjares del rey.
16
El cortesano se llevaba sus manjares y su vino y les daba legumbres.
Daniel en la corte del rey
17
Otorgó Dios a los cuatro mancebos sabiduría y entendimiento en todas las letras y ciencias, y Daniel interpretaba toda visión o sueño.
18
Pasados los días al cabo de los cuales había mandado el rey que se los llevasen, el jefe de los eunucos se los presentó a Nabucodonosor.
19
El rey habló con ellos, y entre todos los mozos no había ninguno como Daniel, Ananías, Misael y Azarías, y fueron puestos al servicio del rey.
20
En cuantas cosas de sabiduría y entendimiento el rey les preguntó, hallólos diez veces superiores a todos los magos y astrólogos que había en su reino.
21
Así estuvo Daniel hasta el año primero del rey Ciro.
   
Capítulo 2
La visión de la estatua
1
El año doce del reinado de Nabucodonosor tuvo éste un sueño y turbóse en su espíritu, sin que pudiera dormir.
2
Hizo llamar el rey a magos y astrólogos, encantadores y caldeos, para que explicasen al rey su sueño. Vinieron, pues, y se presentaron ante el rey.
3
El rey les dijo: He tenido un sueño y estoy agitado, porque no sé ya cuál fue.
4
Entonces hablaron los caldeos al rey en lengua aramea: ¡Vivas para siempre, oh rey! Di a tus siervos el sueño y te daremos su interpretación.
5
Respondió el rey diciendo a los caldeos: Palabra segura de mi parte, si no me mostráis el sueño y su interpretación, seréis descuartizados, y vuestras casas convertidas en muladares,
6
mientras que, si me decís el sueño y su interpretación, recibiréis de mí dones y mercedes y mucha honra; decidme, pues, el sueño y su interpretación.
7
Respondiéronle diciendo por segunda vez: Diga el rey el sueño a sus siervos y le daremos su interpretación.
8
El rey respondió diciendo: Veo claro que ponéis dilaciones, porque veis que la cosa se me ha ido.
9
Si no me decís el sueño, caerá sobre todos vosotros la misma sentencia. De cierto que pretendéis prepararos para decirme falsedades y mentiras mientras pasa el tiempo. Decid, pues, el sueño y conoceré que sois capaces de darme su interpretación.
10
Los caldeos respondieron al rey, diciéndole: No hay hombre sobre la tierra que pueda decir lo que el rey pretende; jamás tampoco rey alguno, por grande y poderoso que fuese, exigió cosa semejante de mago, astrólogo o caldeo.
11
Lo que pide el rey es imposible, y no hay nadie que al rey pueda decírselo, a no ser los dioses, que no moran entre los hombres.
12
El rey, con ira y gran furor, mandó matar a todos los sabios de Babilonia.
13
Publicóse la orden, y ya iban a ser llevados a la muerte los sabios, y buscaban también a Daniel y a sus compañeros para matarlos.
14
Habló entonces Daniel avisada y prudentemente a Arioj, capitán de la guardia del rey, que había salido para matar a los sabios de Babilonia.
15
Habló y dijo a Arioj, capitán del rey: ¿Por qué esta orden del rey tan rigurosa? Entonces explicó Arioj la cosa a Daniel,
16
y Daniel, entrando al rey, le pidió que le diese tiempo y daría al rey la declaración.
17
Fue luego Daniel a su casa y comunicó el asunto a Ananías, Misael y Azarías, sus compañeros,
18
instándoles a pedir al Dios de los cielos que les revelase aquel misterio para que no hiciese perecer a Daniel y a sus compañeros con el resto de los sabios de Babilonia.
Revela Daniel la visión
19
Entonces el misterio fue revelado a Daniel en visión nocturna, por lo cual Daniel bendijo al Dios de los cielos,
20
diciendo: Bendito sea el nombre de Dios de siglos en siglos, porque suya es la sabiduría y la fuerza.
21
El es quien ordena los tiempos y las circunstancias, depone reyes y los entroniza, da la sabiduría a los sabios y la ciencia a los entendidos.
22
El revela lo profundo y lo oculto, conoce lo que está en tinieblas, y con El mora la luz.
23
A ti, Dios de mis padres, te confieso y te alabo, que me has dado sabiduría y fortaleza, y me has dado a conocer lo que te hemos pedido, y nos has revelado el secreto del rey.
24
Después de esto fue Daniel a Arioj, a quien había mandado el rey matar a los sabios de Babilonia, y le dijo así: No extermines a los sabios de Babilonia; llévame a la presencia del rey, que yo le daré la explicación.
25
Llevó entonces Arioj prestamente a Daniel a la presencia del rey, y díjole así: He hallado a uno de los deportados de Judá que dará al rey la explicación.
26
Respondió el rey, diciendo a Daniel, a quien llamaban Baltasar: ¿Podrás tú declarar el sueño que vi y su interpretación?
27
Daniel respondió delante del rey diciendo: Lo que pide el rey es un misterio que ni sabios, ni astrólogos, ni magos, ni adivinos son capaces de descubrir al rey;
28
pero hay en los cielos un Dios que revela lo secreto y que ha dado a conocer al rey Nabucodonosor lo que sucederá en el correr de los tiempos.He aquí tu sueño y la visión que has tenido en el lecho.
El sueño y la interpretación
29
En tu lecho, ¡oh rey! te vinieron pensamientos de lo que vendrá después de este tiempo, y el que revela los secretos te dio a conocer lo que sucederá.
30
Si este misterio me ha sido revelado, no es porque haya en mí una sabiduría superior a la de todos los vivientes, sino para que yo dé a conocer al rey la explicación y llegues a conocer los pensamientos de tu corazón.
31
Tú, ¡oh rey! mirabas y estabas viendo una gran estatua. Era muy grande la estatua y de un brillo extraordinario. Estaba en pie ante ti, y su aspecto era terrible.
32
La cabeza de la estatua era de oro puro; su pecho y sus brazos, de plata; su vientre y sus caderas, de bronce;
33
sus piernas, de hierro, y sus pies, parte de hierro y parte de barro.
34
Tú estuviste mirando, hasta que una piedra desprendida, no lanzada por la mano, hirió a la estatua en los pies de hierro y de barro, destrozándola.
35
Entonces el hierro, el barro, el bronce, la plata y el oro se desmenuzaron juntamente y fueron como tamo de las eras en verano; se los llevó el viento, sin que de ellos quedara traza alguna, mientras que la piedra que había herido a la estatua se hizo una gran montaña, que llenó toda la tierra.
36
He aquí el sueño. Daremos también al rey su interpretación.
37
Tú, ¡oh rey! eres rey de reyes, porque el Dios de los cielos te ha dado el imperio, el poder, la fuerza y la gloria.
38
El ha puesto en tus manos a los hijos de los hombres, dondequiera que habitasen; a las bestias de los campos, a las aves del cielo, y te ha dado el dominio de todo; tú eres la cabeza, de oro.
39
Después de ti surgirá otro reino menor que el tuyo, y luego un tercero, que será de bronce y dominará sobre toda la tierra.
40
Habrá un cuarto reino, fuerte como el hierro; como todo lo rompe y destroza el hierro, así él romperá todo, igual que el hierro, que todo lo hace pedazos.
41
Lo que viste de los pies y los dedos, parte de barro de alfarero, parte de hierro, es que este reino será dividido, pero tendrá en sí algo de la fortaleza del hierro, aunque viste el hierro mezclado con el barro.
42
Y el ser los dedos parte de hierro, parte de barro, es que este reino será en parte fuerte y en parte frágil.
43
Viste el hierro mezclado con barro porque se mezclarán por alianzas humanas, pero no se pegarán unos con otros, como no se pegan el hierro y el barro.
44
En tiempo de esos reyes, el Dios de los cielos suscitará un reino que no será destruido jamás y que no pasará a poder de otro pueblo; destruirá y desmenuzará a todos esos reinos, mas él permanecerá por siempre.
45
Eso es lo que significa la piedra que viste desprenderse del monte sin ayuda de mano, que desmenuzó el hierro, el bronce, el barro, la plata y el oro. El Dios grande ha dado a conocer al rey lo que ha de suceder después. El sueño es verdadero, y cierta su interpretación.
Daniel, jefe de los sabios caldeos
46
Entonces el rey Nabucodonosor cayó sobre su rostro y se prosternó ante Daniel, y mandó que le dieran ofrendas y perfumes.
47
Dirigió el rey la palabra a Daniel y dijo: En verdad que vuestro Dios es el Dios de los dioses y el Señor de los reyes y que revela los secretos, pues tú has podido descubrir este misterio.
48
En seguida el rey engrandeció a Daniel, y le hizo muchos y grandes dones, y le constituyó gobernador de la provincia de Babilonia, y le hizo jefe supremo de todos los sabios de ésta.
49
Daniel rogó al rey que diese la intendencia de la provincia a Sidraj, Misaj y Abed-Nego. Pero Daniel permaneció en la corte del rey.
 
Capítulo 3
La Estatua erigida por Nabucodonosor
1
Hizo el rey Nabucodonosor una estatua de oro, alta de sesenta codos y seis codos de ancha. Alzóla en el llano de Dura, de la provincia de Babilonia,
2
y mandó el rey reunir a todos los sátrapas, prefectos, bajaes, oidores, tesoreros, magistrados, jueces y a todos los gobernadores de las provincias para que viniesen a la dedicación de la estatua que había alzado el rey Nabucodonosor.
3
Reuniéronse, pues, los jefes, prefectos, bajaes, oidores, tesoreros, magistrados, jueces y todos los gobernadores de las provincias para la dedicación de la estatua alzada por el rey Nabucodonosor, y se pusieron ante la estatua que Nabucodonosor había alzado.
Orden de adorar la estatua
4
Un pregonero clamaba en voz alta: Ved lo que se os ordena, pueblos, naciones y hombres de toda lengua.
5
En cuanto oigáis el sonido de las trompetas, las cítaras, las arpas, los salterios, las gaitas y toda suerte de instrumentos, adorad, postrados, la estatua de oro que ha alzado el rey Nabucodonosor.
6
Todo aquel que no adore, postrándose al instante, será echado en un horno encendido.
7
Por tanto, los pueblos todos, en oyendo el sonido de las trompetas, las arpas, los salterios, las gaitas e instrumentos músicos de toda suerte, todos los pueblos, naciones y hombres de toda lengua se prosternarán y adorarán la estatua de oro alzada por el rey Nabucodonosor.
Los tres jóvenes hebreos se niegan a adorar y son denunciados al rey
8
Con ocasión de esto vinieron algunos caldeos y denunciaron a los judíos.
9
Hablaron al rey Nabucodonosor, diciendo: Vivas para siempre, ¡oh rey!
10
Tú, ¡oh rey! has dado una ley por la cual todo hombre, en oyendo el son de las trompetas, las cítaras, las arpas, los salterios, las gaitas y toda suerte de instrumentos músicos, ha de adorar postrado la estatua de oro,
11
y que quien no se postre y adore, será arrojado a un horno encendido.
12
Pues hay unos hombres, judíos, a quienes has encomendado tú la dirección de los negocios de la provincia de Babilonia, Sidraj, Misaj y Abed-Nego, que, sin tenerte en cuenta para nada, ¡oh rey! no sirven a tus dioses y no adoran la estatua que has alzado.
13
Irritado y furioso entonces Nabucodonosor, dio orden de que trajeran a Sidraj, Misaj y Abed-Nego. Traídos éstos a la presencia del rey,
14
Nabucodonosor les habló diciendo: ¿De verdad, Sidraj, Misaj y Abed-Nego, no servís a mis dioses y no adoráis la estatua de oro que yo he alzado?
15
Ahora, pues, aprestaos, y, en oyendo el sonido de las trompetas, las cítaras, las arpas, los salterios, las gaitas y toda suerte de instrumentos músicos, postraos y adorad la estatua que yo he hecho, y si no la adoráis, al instante seréis arrojados a un horno encendido. ¿Y quién será el Dios que os libre de mis manos?
16
Sidraj, Misaj y Abed-Nego respondieron al rey diciendo: Nabucodonosor, no tienes por qué esperar más nuestra respuesta en esto,
17
pues nuestro Dios, al que servimos, puede librarnos del horno encendido y nos librará de tu mano.
18
Y si no quisiere, sabe, ¡oh rey! que no adoraremos a tus dioses ni nos postraremos ante la estatua que has alzado.
Los tres mancebos son arrojados a un horno encendido
19
Lleno entonces de ira Nabucodonosor, demudado el rostro contra Sidraj, Misaj y Abed-Nego, habló, mandando que se encendiese el horno siete veces otro tanto de lo que encenderse solía,
20
y mandó a hombres muy robustos de su ejército que atasen a Sidraj, Misaj y Abed-Nego y los echasen al horno de fuego ardiente.
21
Entonces estos varones, atados con sus mantos, sus túnicas, sus turbantes y sus vestiduras, fueron arrojados en medio del horno ardiente.
22
Y como la orden del rey era apremiante y había mandado encender el horno tanto, las llamas abrasaron a los que habían echado en él a Sidraj, Misaj y Abed-Nego.
23
Y los tres varones cayeron atados en medio del horno encendido.
   
PARTE DEUTEROCANONICA
La oración de los tres mancebos
24
Se paseaban en medio de las llamas, alabando a Dios y bendiciendo al Señor.
25
Azarías, puesto en pie, abriendo sus labios en medio del fuego, oró de esta manera y dijo:
26
Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres. Digno de alabanza y glorioso es tu nombre,
27
porque eres justo en cuanto has hecho con nosotros, y todas tus obras son verdad, y rectos tus caminos, y justos todos tus juicios.
28
Y has juzgado con justicia en todos tus juicios, en todo lo que has traído sobre nosotros y sobre la ciudad santa, la de nuestros padres, Jerusalén, pues con juicio justo has traído todos estos males a causa de nuestros pecados.
29
Porque hemos pecado y cometido iniquidad, apartándonos de ti, y en todo hemos delinquido,
30
y no hemos obedecido a tus preceptos, no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que fuéramos felices,
31
y cuantos males has traído sobre nosotros y cuanto has hecho con nosotros, con justo juicio lo has hecho.
32
Nos entregaste en poder de enemigos injustos e inicuos apóstatas, y a un rey el más injusto y perverso de toda la tierra,
33
y ahora no podemos abrir nuestra boca. La vergüenza y el oprobio han caído sobre tus siervos y sobre todos los que te veneran.
34
Por tu nombre no nos deseches para siempre, no anules nuestra alianza,
35
no apartes tu misericordia de nosotros, por Abraham, tu amado, e Isaac, tu siervo, y por Israel, tu santo,
36
a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como las arenas que hay en las orillas del mar.
37
Porque, Señor, hemos sido empequeñecidos más que todas las naciones y estamos hoy humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados.
38
Al presente no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefe, ni holocausto, ni sacrificio, ni ofrenda e incienso,
39
ni lugar en qué ofrecer las primicias delante de ti y hallar misericordia. Pero con el alma contrita y el espíritu humillado hallemos acogida.
40
Como los holocaustos de los carneros y de los toros, como las miríadas de los gruesos corderos, así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, a fin de aplacar tu rostro, pues no serán confundidos los que en ti esperan.
41
Ahora nosotros de todo corazón te seguimos y te tememos y buscamos tu rostro.
42
No nos confundas, antes obra con nosotros según tu bondad y según la grandeza de tu misericordia.
43
Líbranos en virtud de prodigioso poder y da gloria, Señor, a tu nombre;
44
queden avergonzados los que maltratan a tus siervos, y queden confundidos de su tiranía, y su fuerza sea deshecha.
45
Y conozcan que tú, Señor, eres el único Dios, glorioso sobre toda la tierra.
46
Los ministros del rey que los habían echado, no cesaban de avivar el horno con betún, estopa, pez y sarmientos,
47
hasta levantarse las llamas cuarenta y nueve codos por encima del horno,
48
y las llamas, irrumpiendo, abrasaban a cuantos caldeos estaban alrededor del horno;
49
pero el ángel del Señor había descendido al horno con Azarías y sus compañeros, y apartaba del horno las llamas del fuego y hacía que el interior del horno estuviera como si en él soplara un viento fresco,
50
y el fuego no les tocaba absolutamente ni los afligía ni los causaba molestia.
Cántico de los tres mancebos
51
Entonces los tres a una voz alabaron, glorificaron y bendijeron a Dios en el horno, diciendo:
52
Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tu nombre santo y glorioso, muy digno de alabanza, ensalzado por los siglos.
53

Bendito en el templo santo de tu gloria, digno de ser cantado y glorificado por los siglos.
54
Bendito tú, que penetras los abismos, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tú, que estás sentado sobre los querubines, digno de alabanza, ensalzado por los siglos.
55
Bendito en tu trono real, digno de ser cantado y celebrado por los siglos.
56
Bendito tú en el firmamento de los cielos, digno de ser cantado y glorificado por los siglos.
57
Bendecid al Señor todas las obras del Señor, cantadle y alabadle por los siglos.
58
Bendecid al Señor, ángeles del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos.
59
Bendecid, cielos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos.
60
Bendecid al Señor, aguas todas que estáis sobre los cielos; cantadle y ensalzadle por los siglos.
61
Bendiga al Señor todo el ejército del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos.
62
Bendecid, sol y luna, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos.
63
Bendecid, astros del cielo, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos.
64
Bendecid, lluvia y rocío, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos.
65
Bendecid, todos los vientos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos.
66
Bendecid, fuego y calor, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos.
67
Bendecid, fríos y heladas, al Señor,cantadle y ensalzadle por los siglos.
68
Bendecid, rocío y escarcha, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos.
69
Bendecid, frío y fresco, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos.
70
Bendecid, hielos y nieves, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos.
71
Bendecid, noche y día, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos.
72
Bendecid, luz y tinieblas, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos.
73
Bendecid, relámpagos y nubes, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos.
74
Bendiga la tierra al Señor, cántele y ensálcele por los siglos.
75
Bendecid, montes y collados, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos;
76
Bendecid al Señor cuanto brota en la tierra, cantadle y ensalzadle por los siglos.
77
Bendecid, mares y ríos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos.
78
Bendecid, fuentes, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos.
79
Bendecid al Señor, monstruos de las aguas y cuanto en las aguas se mueve, cantadle y ensalzadle por los siglos.
80
Bendecid todas las aves del cielo al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos.
81
Bendecid todas las bestias y ganados al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos.
82
Bendecid, hijos de los hombres, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos.
83
Bendice, Israel, al Señor, y cántale y ensálzale por los siglos.
84
Bendecid al Señor, sacerdotes del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos.
85
Bendecid al Señor, siervos del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos.
86
Bendecid, espíritus y almas de los justos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos.
87
Bendecid, santos y humildes de corazón, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos.
88
Bendecid, Ananías, Azarías y Misael, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos, porque nos sacó del infierno, y del poder de la muerte nos salvó, y de en medio del horno encendido nos libró, salvándonos de en medio del fuego.
89
Dad gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterna su misericordia.
90
Bendecid todos los piadosos al Señor, Dios de los dioses, cantadle y dadle gracias, porque es eterna su misericordia.
   
PARTE PROTOCANONICA
Nabucodonosor glorifica a Dios
91
Espantado entonces el rey Nabucodonosor, se levantó precipitadamente y, dirigiéndose a sus consejeros, les dijo: ¿No hemos arrojado al fuego tres hombres? Ellos le respondieron: Cierto, ¡oh rey!
92
y el rey repuso: Pues bien, yo veo allí cuatro hombres sueltos que se pasean en medio del fuego sin daño alguno, y el cuarto de ellos parece un hijo de dioses.
93
Acercóse entonces Nabucodonosor a la entrada del horno encendido y, hablando, dijo: Sidraj, Misaj y Abed-Nego, siervos del Dios supremo, salid y venid. Entonces salieron de en medio del fuego Sidraj, Misaj y Abed-Nego,
94
y juntándose los jefes, los prefectos, los bajaes y los consejeros del reino, vieron que el fuego no había tenido poder alguno sobre los cuerpos de aquellos varones, y ni siquiera se habían quemado los cabellos de sus cabezas, y sus ropas estaban intactas, y ni siquiera olían a chamuscadas.
95
Tomó entonces la palabra Nabucodonosor, y dijo: Bendito sea el Dios de Sidraj, Misaj y Abed-Nego, que ha mandado su ángel y ha librado a sus siervos, que confiaron en él y no cumplieron la orden del rey y entregaron sus cuerpos antes que servir y adorar a dios alguno fuera de su Dios.
96
He aquí ahora lo que dispongo: Todo hombre, cualquiera que sea el pueblo, la nación o la lengua a que pertenezca, que hable mal del Dios de Sidraj, Misaj y Abed-Nego, será descuartizado, y su casa convertida en muladar, porque no hay Dios alguno que como El pueda librar.
97
Luego el rey engrandeció a Sidraj, Misaj y Abed-Nego en la provincia de Babilonia.
98
Nabucodonosor, rey, a todos los pueblos, naciones y hombres de toda lengua que habitan en toda la tierra: Paz abundante.
99
Me ha parecido bien daros a conocer las señales y prodigios que el Dios supremo ha hecho conmigo.
100
¡Cuan grandes han sido sus señales ¡Cuán potentes sus prodigios! Su reino es reino eterno, y su dominación perdurará de generación en generación.
   
Capítulo 4
 
La visión del árbol, interpretada por Daniel.
   
1
Yo, Nabucodonosor, vivía tranquilo en mi casa, feliz en mi palacio,
2
y tuve un sueño que me espantó, y los pensamientos que me perseguían en mi lecho y las visiones de mi espíritu me llenaron de turbación.
3
Hice que vinieran ante mí todos los sabios de Babilonia para que me diesen la interpretación del sueño.
4
Vinieron, pues, los magos, los astrólogos, los caldeos y los adivinos, y les expuse el sueño; pero nunca pudieron darme la interpretación,
5
hasta que vino ante mí Daniel, cuyo nombre es Baltasar, del nombre de mi dios, y en el cual reside el espíritu de los dioses santos. Expliquéle mi sueño, diciéndole:
6
Baltasar, tú, jefe de los magos, que tienes en ti, yo lo sé, el espíritu de los dioses santos y a quien ningún misterio se oculta, dame la explicación de las visiones que en sueño he tenido.
7
He aquí las visiones de mi espíritu mientras estaba en mi lecho. Miraba yo, y vi en medio de la tierra un árbol alto sobremanera.
8
El árbol había crecido y se había hecho muy fuerte, y su cima tocaba en los cielos, y se le veía desde los confines de toda la tierra.
9
Era de hermosa copa y de abundantes frutos, y había en él mantenimiento para todos. Las bestias del campo se resguardaban a su sombra, y en sus ramas anidaban las aves del cielo, y todos los vivientes se alimentaban de él.
10
En las visiones de mi espíritu en mi lecho vi que bajaba del cielo uno de esos que velan y son santos,
11
y, gritando fuertemente, dijo: Abatid el árbol y cortad sus ramas, sacudid su follaje y diseminad los frutos, que huyan de debajo de él las bestias y las aves del cielo de sus ramas;
12
pero dejad en la tierra el tronco con sus raíces y atadle con cadenas de hierro y de bronce, y quédese así entre las hierbas del campo, que le empape el rocío y tenga por parte suya, como las bestias, la hierba de la tierra.
13
Quítese su corazón de hombre y désele un corazón de bestia, y pasen sobre él siete tiempos.
14
Esta sentencia es decreto de los vigiles, es resolución de los santos, para que sepan los vivientes que el Altísimo es dueño del reino de los hombres y lo da a quien le place, y puede poner sobre él al más bajo de los hombres.
15
Este es el sueño que tuve yo, el rey Nabucodonosor. Tú, Baltasar, da la interpretación, ya que ninguno de los sabios de mi reino ha podido dármela; tú puedes darla, porque tienes en ti el espíritu de los dioses santos.
16
Entonces Daniel, llamado Baltasar, se quedó por algún tiempo estupefacto y turbado por sus pensamientos. Díjole el rey: Baltasar, que no te turbe el sueño y su interpretación. Y Baltasar respondió: Mi señor, que el sueño sea para tus enemigos, y la interpretación para tus adversarios.
17
El árbol que viste que se había hecho grande y fuerte, y que con su cima tocaba los cielos y que se veía desde toda la tierra,
18
de hermosa copa y de tan abundante fruto que había en él alimento para todos, y bajo el cual se resguardaban las bestias del campo y en cuyas ramas anidaban las aves del cielo,
19
eres tú, ¡oh rey! que has venido a ser grande y fuerte, y cuya grandeza se ha acrecentado y ha llegado hasta los cielos, y cuya dominación se extiende hasta los confines de la tierra.
20
Vio el rey bajar de los cielos a uno de esos que velan y son santos, y decir: Abatid el árbol y destruidle, pero dejar en la tierra el tronco con las raíces y atadle con cadenas de hierro y de bronce entre la hierba del campo; que le empape el rocío del cielo y tenga su parte con las bestias del campo hasta que sobre él pasen siete tiempos.
21
He aquí, ¡oh rey! la interpretación y el decreto del Altísimo, que se cumplirá en mi señor, el rey.
22
Te arrojarán de en medio de los hombres y morarás entre las bestias del campo, y te darán a comer hierba como a los bueyes, te empapará el rocío del cielo y pasarán sobre ti siete tiempos hasta que sepas que el Altísimo es el dueño del reino de los hombres y se lo da a quien le place.
23
Lo de dejar el tronco donde se hallan las raíces, significa que tu reino te quedará cuando reconozcas que el cielo es quien domina.
24
Por tanto, ¡oh rey! sírvete aceptar mi consejo: redime tus pecados con justicia, y tus iniquidades con misericordia a los pobres, y quizá se prolongará tu dicha.
Locura de Nabucodonosor
25
Todo esto tuvo cumplimiento en Nabucodonosor, rey.
26
Al cabo de doce meses, mientras se paseaba en su palacio de Babilonia,
27
se puso a hablar, y dijo: ¿No es ésta Babilonia la grande, que yo, por el poder de mi fuerza y la gloria de mi magnificencia, he edificado para residencia real?
28
Todavía estaba la palabra en su boca, cuando bajó del cielo una voz:
29
Sabe, ¡oh rey Nabucodonosor! que te va a ser quitado el reino. Te arrojarán de en medio de los hombres, morarás con las bestias del campo y te darán a comer hierba como a los bueyes, y pasarán sobre ti siete tiempos hasta que sepas que el Altísimo es dueño del reino de los hombres y se lo da a quien le place.
30
Al momento se cumplió en Nabucodonosor la palabra: fue arrojado de en medio de los hombres y comió hierba como los bueyes, y su cuerpo se empapó del rocío del cielo, hasta que llegaron a crecerle los cabellos como plumas de águila, y las uñas como las de las aves de rapiña.
Curación
31
Al cabo del tiempo señalado, yo, Nabucodonosor, alcé mis ojos al cielo y recobré la razón. Yo bendigo al Altísimo, alabo y glorifico al que domina con eterno dominio y cuyo reino perdura de generación en generación.
32
A sus ojos, todos los habitantes de la tierra son nada, y con el ejército de los cielos y con los habitantes de la tierra hace según su voluntad, sin que nadie pueda resistir a su mano y decirle: ¿Qué es lo que haces?
33
Recobré entonces la razón y me fueron devueltas la gloria de mi reino, mi magnificencia y mi grandeza, y me llamaron mis consejeros y mis grandes, y fui restablecido en mi reino, y todavía se acrecentó mi poderío;
34
y ahora yo, Nabucodonosor, ensalzo y glorifico al Rey del cielo, cuyas obras todas son verdad, cuyos caminos son todos justos y que puede humillar a los que andan en soberbia.
   
Capítulo 5
El festín de Baltasar
1
El rey Baltasar dio un gran banquete a mil de sus príncipes, y con ellos se dio a beber vino.
2
Excitado por el vino, mandó Baltasar que le llevasen los vasos de oro y plata que Nabucodonosor, su padre, había tomado del templo de Jerusalén, y que se sirviesen de ellos para beber el rey y sus príncipes, sus mujeres y sus concubinas.
3
Le trajeron, pues, los vasos de oro que habían sido arrebatados al templo de Dios de Jerusalén, y con ellos bebieron el rey y sus príncipes, sus mujeres y sus concubinas.
4
Bebían el vino y alababan a sus dioses de oro y de plata, de hierro y de bronce, de madera y de piedra.
La escritura misteriosa en la pared
5
En aquellos momentos aparecieron los dedos de una mano de hombre que escribían delante del candelero, en el revoco de la pared del palacio real, viendo el rey el extremo de la mano que escribía.
6
Mudó entonces el rey el color, y sus pensamientos le turbaron, se relajaron los músculos de sus lomos, y sus rodillas daban una contra otra.
7
Gritó el rey con una voz muy fuerte que llamasen a los magos, caldeos y adivinos, y habiéndoles, dijo: El que descifre esta escritura y me la interprete será vestido de púrpura, llevará collar de oro al cuello y será el tercero en el gobierno del reino.
8
Entraron todos los sabios del rey, pero ninguno pudo descifrar la escritura ni dar al rey su interpretación.
9
Turbóse sobremanera el rey Baltasar, mudó de color y se consternaron sus príncipes.
10
La reina, llevada del clamoreo del rey y de los príncipes, entró en la sala del banquete y, tomando la palabra, dijo: Vive por siempre, ¡oh rey! que no te turben tus pensamientos ni se demude tu rostro,
11
que hay en tu reino un hombre que tiene en sí el espíritu de los santos dioses, y ya en los tiempos de tu padre, el rey, fue hallada en él una sabiduría semejante a la sabiduría de los dioses, y el rey Nabucodonosor, tu padre, ¡oh rey! le hizo jefe de magos, astrólogos, caldeos y adivinos,
12
porque se halló en Daniel, llamado Baltasar por el rey, un espíritu superior de ciencia e inteligencia, la facultad de interpretar los sueños, de explicar los enigmas, de resolver las dudas. Llama, pues, a Daniel y él te dará la interpretación.
Daniel interpreta la escritura
13
Fue, pues, introducido Daniel a la presencia del rey, y tomando el rey la palabra, dijo a Daniel: ¿Eres tú Daniel, de los hijos de Judá, a quien el rey, mi padre, trajo de Jerusalén?
14
Me han dicho de ti que tienes el espíritu de los dioses y que hay en ti luz, entendimiento y gran sabiduría.
15
Ahora acaban de traerme sabios y astrólogos para leer esta escritura y darme su interpretación, pero ninguno ha podido explicarme la cosa.
16
He oído de ti que puedes resolver las dudas y aclarar las oscuridades. Si me lees esa escritura y me das su interpretación, llevarás al cuello collar de oro y serás el tercero en el reino.
17
Respondió entonces Daniel, diciendo al rey: Sean para ti tus dones, ¡oh rey! y haz a otro tus mercedes. Yo leeré al rey lo escrito y le daré la interpretación.
18
El Dios Altísimo, ¡oh rey! dio a Nabucodonosor, tu padre, el reino, la grandeza, la gloria y la magnificencia.
19
Por la grandeza que le dio, temblaban ante él y le temían todos los pueblos, naciones y lenguas. Mataba a quien quería, y a quien quería daba la vida; engrandecía a quien quería, y a quien quería le humillaba.
20
Mas, cuando su corazón se ensoberbeció y su espíritu se endureció altivo, fue depuesto del trono de su reino y despojado de su gloria.
21
Fue arrojado de entre los hijos de los hombres, se hizo semejante a las bestias y moró con los asnos salvajes. Diéronle a comer hierba como a los bueyes y se empapó su cuerpo del rocío del cielo, hasta que conoció que el Altísimo es dueño del reino de los hombres y pone sobre él a quien le place.
22
Y tú, Baltasar, hijo suyo, sabiendo esto, no has humillado tu corazón.
23
Te has alzado contra el Señor de los cielos, han traído ante ti los vasos de su casa y os habéis servido de ellos para beber vino tú y tus grandes, tus mujeres y tus concubinas; has alabado a dioses de plata y oro, de bronce y de hierro, de madera y de piedra, que ni ven ni entienden, y no has dado gloria al Dios que tiene en sus manos tu vida y es el dueño de todos los caminos.
24
Por eso ha mandado El esa mano que ha trazado esa escritura.
25
La escritura es: Mené, mené, teqel, ufarsin;
26
y ésta es su interpretación: mené, ha contado Dios tu reino y le ha puesto fin;
27
teqel, has sido pesado en la balanza y hallado falto de peso;
28
ufarsin, ha sido roto tu reino y dado a los medos y persas.
La realización
29
Mandó entonces Baltasar vestirle de púrpura, y poner a su cuello el collar de oro, y pregonar de él que era el tercero en el reino.
30
Aquella misma noche fue muerto Baltasar, rey de los caldeos,
31
y Darío, rey de Media, se apoderó del reino a los sesenta y dos años.
   
Capítulo 6
Insidias de los cortesanos de Darío contra Daniel
1
Resolvió Darío constituir en su reino ciento veinte sátrapas que lo gobernasen,
2
y sobre ellos tres presidentes, de los cuales uno fue Daniel, a quien diesen cuenta los sátrapas para que no fuese perjudicado el rey.
3
Era Daniel superior a sátrapas y presidentes, porque había en él más espíritu, y el rey pensó en ponerle sobre todo el reino.
4
Entonces presidentes y sátrapas buscaron ocasión de acusar a Daniel en lo tocante a la administración del reino, mas no hallaron ninguna cosa por qué denunciarle, pues era fiel y no se veía en él falta ni negligencia.
5
Dijeron entonces aquellos hombres: No hallaremos en Daniel cosa de qué acusarle si no es por la ley de su Dios.
6
Vinieron, pues, presidentes y sátrapas a la presencia del rey y le dijeron así: ¡Vive por siempre, rey Darío!
7
Todos los príncipes de tu reino, presidentes, sátrapas, magistrados y jueces han acordado en un consejo que se promulgue y confirme un real edicto mandando que cualquiera que en el espacio de treinta días hiciera petición alguna a dios u hombre fuera de ti, ¡oh rey! sea arrojado en el foso de los leones.
8
Confirma, pues, ¡oh rey! el edicto y fírmalo para que no pueda ser revocado, conforme a la irrevocable ley de Media y de Persia.
9
Firmó, pues, el rey Darío el edicto y la prohibición.
Daniel no cumple el edicto del rey
10
Cuando supo Daniel que había sido firmado el edicto, entróse en su casa, y, abiertas las ventanas de su cámara que daban hacia la ciudad de Jerusalén, hincábase de rodillas tres veces al día y oraba, confesando a su Dios, como solía hacerlo antes.
11
Entonces apresuráronse a venir aquellos hombres y hallaron a Daniel orando y rogando a su Dios.
12
Llegáronse luego al rey y le hablaron acerca del real edicto: ¿No has firmado tú un decreto mandando que cualquiera que en el espacio de treinta días hiciese petición a dios u hombre, sino a ti, ¡oh rey! sea arrojado al foso de los leones? Respondió el rey, diciendo: Así es según la ley de Media y de Persia, que no puede revocarse.
13
Entonces respondieron ellos diciendo al rey: Pues Daniel, de los hijos de la cautividad de los judíos, no teniendo cuenta de ti, ¡oh rey! ni del edicto firmado, tres veces al día hace oración.
14
Al rey, cuando esto oyó, pesóle sobremanera, y se propuso salvar a Daniel, y hasta la puesta del sol estuvo haciendo esfuerzos para librarle.
15
Pero aquellos hombres se reunieron ante el rey y le dijeron: Has de saber, ¡oh rey! que es la ley de Media y de Persia que edicto u ordenanza que el rey firma es irrevocable.
Daniel, arrojado al foso de los leones
16
Mandó entonces el rey que trajeran a Daniel y le arrojaran al foso de los leones. Y, hablando el rey a Daniel, le dijo: Quiera salvarte tu Dios, a quien perseverante sirves.
17
Trajeron una piedra, que pusieron sobre la boca del foso de los leones, y la selló el rey con su anillo y con los anillos de sus grandes para que en nada pudiera mudarse la suerte de Daniel.
18
Fuese luego el rey a su palacio, y se acostó ayuno; no se tocaron ante él instrumentos de música y huyó de sus ojos el sueño.
19
Levantóse, pues, muy de mañana y se fue apresuradamente al foso,
20
y acercándose al foso de los leones, llamó con tristes voces a Daniel, y, hablando el rey a Daniel, decía: Daniel, siervo del Dios vivo, el Dios tuyo, a quien perseverante sirves, ¿ha podido librarte de los leones?
21
Entonces dijo Daniel al rey: ¡Vive por siempre, oh rey!
22
Mi Dios ha enviado a su ángel, que ha cerrado la boca de los leones para que no me hiciesen mal, porque delante de El ha sido hallada en mí justicia, y aun contra ti, ¡oh rey! nada he hecho de malo.
23
Púsose entonces muy contento el rey, y mandó que sacasen del foso a Daniel. Este fue sacado del foso, y no hallaron en él herida alguna, porque había tenido confianza en su Dios.
24
Mandó el rey que los hombres que habían acusado a Daniel fueran traídos y arrojados al foso de los leones, ellos, sus hijos y sus mujeres, y antes de que llegasen al fondo del foso, los leones los agarraron y quebrantaron todos sus huesos.
Darío da gloria a Dios
25
Entonces el rey Darío escribió a todos los pueblos, naciones y lenguas que habitan en toda la tierra: “Paz abundante.
26
Mando que en toda la extensión de mi reino teman todos y tiemblen ante la presencia del Dios de Daniel, porque El es el Dios vivo, y eternamente subsiste su reino, porque no será jamás destruido, y su dominación perdurará hasta el fin.
27
El libra y salva y obra señales y portentos en los cielos y en la tierra. El ha librado a Daniel del poder de los leones.”
28
Daniel prosperó durante el reinado de Darío y durante el reinado de Ciro el persa.
   
SEGUNDA PARTE
VISIONES PROFETICAS
Capítulo 7
Visión de las cuatro Bestias
1
El año primero de Baltasar, rey de Babilonia, tuvo Daniel un sueño, y vio visiones de su espíritu mientras estaba en su lecho. En seguida escribió el sueño.
2
Yo miraba durante mi visión nocturna, y vi irrumpir en el mar Grande los cuatro vientos del cielo
3
y salir del mar cuatro bestias, diferentes una de otra.
4
La primera bestia era como león con alas de águila. Yo estuve mirando hasta que le fueron arrancadas las alas y fue levantado de la tierra, poniéndose sobre los pies a modo de hombre, y le fue dado corazón de hombre.
5
Y he aquí que una segunda bestia, semejante a un oso, y que tenía en su boca entre los dientes tres costillas, se estaba a un lado, y le dijeron: Levántate a comer mucha carne.
6
Seguí mirando después de esto, y he aquí otra tercera, semejante a un leopardo, con cuatro alas de pájaro sobre su dorso y con cuatro cabezas, y le fue dado el dominio.
7
Seguía yo mirando en la visión nocturna, y vi la cuarta bestia, terrible, espantosa, sobremanera fuerte, con grandes dientes de hierro. Devoraba y trituraba, y las sobras las machacaba con los pies. Era muy diferente de todas las bestias anteriores y tenía diez cuernos.
8
Estando yo contemplando los cuernos, vi que salía de entre ellos otro cuerno pequeño, y le fueron arrancados tres de los primeros, y este otro tenía ojos como de hombre y una boca que hablaba con gran arrogancia.
El anciano de días y el juicio
9
Estuve mirando hasta que fueron puestos tronos, y se sentó un anciano de muchos días, cuyas vestiduras eran blancas como la nieve, y los cabellos de su cabeza como lana blanca. Su trono llameaba como llamas de fuego, y las ruedas eran fuego ardiente.
10
Un río de fuego procedía y salía de delante de él, y le servían millares de millares y le asistían millones de millones; el tribunal tomó asiento, y fueron abiertos los libros.
11
Yo seguía mirando a la bestia a causa de las grandes arrogancias que hablaba su cuerno, y la estuve mirando hasta que la mataron, y su cuerpo fue destrozado y arrojado al fuego para que se quemase.
12
A las otras bestias se les había quitado el dominio, pero les había sido prolongada la vida por cierto tiempo.
El hijo de Hombre
13
Seguía yo mirando en la visión nocturna, y vi venir sobre las nubes del cielo a un como hijo de Hombre, que se llegó al anciano de muchos días y fue presentado ante éste,
14
Fuele dado el señorío, la gloria y el imperio, y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron, y su dominio es dominio eterno, que no acabará, y su imperio, imperio que nunca desaparecerá.
15
Túrbeme sobremanera yo, Daniel, en mi cuerpo, y las visiones de mi mente me desasosegaron.
16
Llegúeme a uno de los asistentes y le rogué que me dijera la verdad acerca de todo esto. Hablóme él y me declaró la interpretación.
17
Esas grandes bestias, las cuatro, son cuatro reyes que se alzarán en la tierra.
18
Después recibirán el reino los santos del Altísimo y lo retendrán por siglos, por los siglos de los siglos.
19
Sentí entonces el deseo de informarme más exactamente acerca de la cuarta bestia, tan diferente de todas las otras, sobremanera espantosa, de dientes de hierro y garras de bronce, que devoraba y trituraba y hollaba las sobras con sus pies,
20
así como también acerca de los diez cuernos que tenía en la cabeza y de aquel otro que le había salido, y ante el cual se le habían caído tres, y que tenía ojos y boca que decía grandes arrogancias, y parecía más grande que todos los otros.
21
Vi yo que este cuerno hacía guerra a los santos y los vencía,
22
hasta que vino el anciano de muchos días y se hizo justicia a los santos del Altísimo, y llegó el tiempo en que los santos se apoderaron del reino.
El cuarto reino
23
Díjome así: La cuarta bestia es un cuarto reino sobre la tierra, que se distinguirá de todos los otros reinos y devorará la tierra toda y la triturará.
24
Los diez cuernos son diez reyes que en aquel reino se alzarán, y tras ellos se alzará otro que diferirá de los primeros y derribará a tres de estos reyes.
25
Hablará palabras arrogantes contra el Altísimo, y quebrantará a los santos del Altísimo, y pretenderá mudar los tiempos y la Ley. Aquéllos serán entregados a su poder por un tiempo, tiempos y medio tiempo.
26
Pero se sentará el tribunal y le arrebatarán el dominio, hasta destruirle y arruinarle del todo,
27
dándole el reino, el dominio y la majestad de todos los reinos de debajo del cielo al pueblo de los santos del Altísimo, cuyo reino será eterno, y le servirán y obedecerán todos los señoríos.
28
Aquí acabó la plática. Yo, Daniel, anduve sobremanera turbado por mis pensamientos, demudado el color, y guardé todo esto en mi corazón.
   
Capítulo 8
La Visión del Carnero y el Macho Cabrío
1
El año tercero del reinado de Baltasar, yo, Daniel, tuve una visión, a más de la que había tenido anteriormente,
2
y, estando en la visión, me pareció hallarme en Susa, la capital, en la provincia de Elam, y estar durante la visión cerca del río Ulai.
3
Alcé los ojos y miré, y vi un carnero que estaba delante del río. Tenía dos cuernos, y aunque ambos eran altos, el uno era más alto que el otro, habiendo crecido más después del otro.
4
Vi al carnero acornear a poniente, a norte y mediodía, sin que bestia alguna pudiera resistirle y sin que nadie pudiera librarse de él. Hacía cuanto quería y se engrandeció.
5
Pero en esto vino un macho cabrío sin tocar la tierra con sus pies y con un cuerno entre los ojos.
6
Llegó al carnero de los dos cuernos que había visto delante del río, y corrió contra él con la furia de su fortaleza.
7
Vi que le acometía, rompiéndole ambos cuernos, sin que el carnero tuviera fuerza para resistirle, y, echándole por tierra, le pisoteó, sin que nadie pudiera librar al carnero.
8
El macho cabrío llegó a ser muy potente; pero, cuando lo fue, se le rompió el gran cuerno, y en su lugar le salieron cuatro cuernos, uno a cada uno de los vientos del cielo.
9
Del uno de ellos salió un cuerno pequeño, que creció mucho hacia el mediodía y el oriente y hacia la tierra gloriosa;
10
engrandecióse hasta llegar al ejército de los cielos, y echó a tierra estrellas y las holló.
11
Aun contra el príncipe del ejército se irguió, y le quitó el sacrificio perpetuo y destruyó su santuario.
12
Convocó impíamente ejércitos contra el sacrificio perpetuo, echó por tierra la verdad, hizo con buen éxito lo que quiso.
13
Entonces oí hablar a uno de los santos, respondiendo a otro santo que le preguntaba: ¿Hasta cuándo va a durar esta visión de la supresión del sacrificio perpetuo de la asoladora prevaricación y de la profanación del santuario?
14
Entonces dijo: Hasta dos mil trescientas tardes y mañanas. Luego será purificado el gran santuario.
15
Mientras yo, Daniel, contemplaba la visión y buscaba la inteligencia, púsose ante mí un como hombre,
16
y oí una voz de hombre que de en medio del Ulai gritaba y decía: Gabriel, explícale a éste la visión.
17
Vino éste luego cerca de donde estaba yo, y al acercarse me sobrecogí y caí sobre mi rostro. El me dijo: Atiende, hijo de hombre, que la visión es del fin de los tiempos.
18
Al hablarme caí entontecido sobre el rostro, pero él me tocó y me hizo estar en pie,
19
y me dijo: Voy a enseñarte lo que sucederá al fin del tiempo de la ira, pues tendrá fin ese tiempo.
La explicación
20
El carnero de dos cuernos que has visto son los reyes de Media y de Persia;
21
el macho cabrío es el rey de Grecia, y el gran cuerno de entre sus ojos es el rey primero;
22
el romperse y salir en su lugar otros cuernos, cuatro reyes que se alzarán en la nación, mas no de tanta fuerza como aquél.
23
Al final de su dominación, cuando se completen las prevaricaciones, levantaráse un rey imprudente e intrigante;
24
su poder crecerá, no por su propia fuerza, y producirá grandes ruinas y tendrá éxitos, y destruirá a poderosos y al pueblo de los santos.
25
Por sus prosperidades y por el éxito de sus intrigas, se llenará de arrogancia su corazón, y hará perecer a muchos que vivían apaciblemente, y se levantará contra el príncipe de los príncipes, pero será destruido sin que intervenga mano alguna.
26
La visión de las tardes y mañanas es verdadera; guárdala en tu corazón, porque es para mucho tiempo.
27
Yo, Daniel, quedé quebrantado y estuve enfermo algunos días, y cuando convalecí, me ocupé en asuntos del rey. Estaba asombrado de la visión, pero nadie la supo.
   
Capítulo 9
Profecía de las Setenta Semanas
1
El año primero de Darío, hijo de Asuero, de la nación de los medos, que vino a ser rey del reino de los caldeos,
2
el año primero de su reinado, yo, Daniel, estaba estudiando en los libros el número de los setenta años que había de cumplirse sobre las ruinas de Jerusalén, conforme al número de años que dijo Yavé a Jeremías, profeta.
3
Volví mi rostro al Señor, Dios, buscándole en oración y plegaria, en ayuno, saco y ceniza, y oré a Yavé, mi Dios, y le hice esta confesión:
Oración y confesión de Daniel
4
Señor, Dios grande y temible, que guardas la alianza y la misericordia con los que te aman y cumplen tus mandamientos:
5
Hemos pecado, hemos obrado la iniquidad, hemos sido perversos y rebeldes, nos hemos apartado de tus mandamientos y de tus juicios,
6
no hemos hecho caso a tus siervos los profetas, que en tu nombre hablaron a nuestros reyes, a nuestros príncipes y a todo el pueblo de la tierra.
7
Tuya es, Señor, la justicia, y nuestra la vergüenza en el rostro, que llevan hoy todos los hombres de Judá, los moradores de Jerusalén, todos los de Israel, los de cerca y los de lejos, en todas las tierras a que los arrojaste por las rebeliones con que contra ti se rebelaron.
8
¡Oh Yavé! nuestra es la vergüenza en el rostro de nuestros reyes, de nuestros príncipes, de nuestros padres, porque contra ti pecamos.
9
Pero es de Yavé, nuestro Dios, el tener misericordia y el perdonar, aunque nos hayamos rebelado contra El.
10
No obedecimos a la voz de Yavé, nuestro Dios, andando en sus leyes, que por mano de sus profetas puso delante de nosotros,
11
y todo Israel traspasó tu Ley, alejándose para no oír tu voz. Por eso vino sobre nosotros la maldición y el juramento escrito en la Ley de Moisés, siervo de Dios, por haber pecado contra El.
12
El ha cumplido su palabra, la que dijo de nosotros y de los jefes que nos gobiernan, trayendo sobre nosotros males tan grandes como no los hubo nunca debajo del cielo, cual fue el hecho en Jerusalén.
13
Vino todo este mal sobre nosotros como está escrito en la Ley de Moisés, y no hemos implorado a Yavé, nuestro Dios, convirtiéndonos de nuestras iniquidades y reconociendo tu verdad.
14
Por eso veló Yavé sobre este mal y lo trajo sobre nosotros, porque justo es Yavé, nuestro Dios, en todas cuantas obras hace, pues no obedecimos a su voz.
15
Ahora, pues, Señor Dios nuestro, que sacaste a tu pueblo de la tierra de Egipto con mano poderosa y te hiciste nombre cual lo tienes hoy, hemos pecado, hemos obrado impíamente:
16
pero, Señor, según tu gran miseriordia, aparta tu ira y tu furor de tu ciudad de Jerusalén, de tu mote santo, pues por nuestros pecados y las iniquidades de nuestros padres, Jerusalén y tu pueblo son el oprobio de cuantos nos rodean.
17
Oye, pues, Dios nuestro, la oración de tu siervo; oye sus plegarias, y por amor de ti, Señor, haz brillar tu faz sobre tu santuario devastado.
18
Oye, Dios mío, y escucha. Abre los ojos y mira nuestras ruinas, mira la ciudad sobre la que se invoca tu nombre, pues no por nuestras justicias te presentamos nuestras súplicas, sino por tus grandes misericordias.
19
¡Escucha, Señor! ¡Señor, perdona! ¡Atiende, Señor, y obra; no tardes, por amor de ti, Dios mío, ya que es invocado tu nombre sobre tu ciudad y sobre tu pueblo!
La respuesta de Dios por medio del ángel Gabriel
20
Todavía estaba yo hablando, rogando, confesando mi pecado y el pecado de mi pueblo Israel y presentando mis súplicas a Yavé, mi Dios, por el monte santo de mi Dios;
21
todavía estaba hablando en mi oración, y aquel varón, Gabriel, a quien antes vi en la visión, volando rápidamente, se llegó a mí, como a la hora del sacrificio de la tarde.
22
Vino y, hablando conmigo, me dijo: Daniel, vengo ahora para hacerte entender.
23
Cuando comenzaste tu plegaria, fue dada la orden, y vengo para dártela a conocer, porque eres el predilecto. Oye, pues, la palabra y entiende la visión:
24
Setenta semanas están prefijadas sobre tu pueblo y sobre tu ciudad santa para poner fin a la prevaricación y cancelar el pecado, para expiar la iniquidad y traer la justicia eterna, para sellar la visión y la profecía y ungir el santo de los santos.
25
Sabe, pues, y entiende que desde la salida del oráculo sobre el retorno y edificación de Jerusalén hasta un ungido príncipe habrá siete semanas, y en sesenta y dos semanas se reedificarán plaza y foso en la angustia de los tiempos.
26
Después de las sesenta y dos semanas será muerto un ungido, sin que tenga culpa. Y destruirá la ciudad y el santuario el pueblo de un príncipe que ha de venir, y su fin será en una inundación, y hasta el fin de la guerra están decretadas desolaciones.
27
Y afianzará la alianza para muchos durante una semana, y a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la oblación y habrá en el santuario una abominación desoladora hasta que la ruina decretada venga sobre el devastador.
   
Capítulo 10
Luchas entre Persia y Grecia
1
El año tercero de Ciro, rey de Persia, fue hecha a Daniel, llamado Baltasar, una revelación. Esta revelación es verdadera y anuncia una gran calamidad. Puso atención a la palabra y tuvo la inteligencia de la visión.
2
Por aquellos días, yo, Daniel, estuve en duelo tres semanas.
3
No comí manjar delicado ni entró carne ni vino en mi boca, ni me ungí, hasta que no pasaron las tres semanas.
4
El día veinticuatro del primer mes hallábame a las orillas del gran río Tigris.
5
Alcé los ojos y miré, viendo a un varón vestido de lino y con un cinturón de oro puro.
6
Su cuerpo era como de crisólito; su rostro resplandecía como el relámpago; sus ojos eran como brasas de fuego; sus brazos y sus pies parecían de bronce bruñido, y el sonido de su voz era como rumor de muchedumbre.
7
Yo solo, Daniel, vi la visión; los que conmigo estaban no vieron nada, pero se sobrecogieron de terror y huyeron a esconderse.
8
Quédeme yo solo, y vi esta gran visión. No quedaron en mí fuerzas; se demudó el color de mi rostro, quedé desencajado y perdí todo mi vigor.
9
Oí el sonido de sus palabras, y, en oyendo el sonido de sus palabras, caí aturdido rostro a tierra.
10
Pero me tocó una mano, sacudiendo mis rodillas y mis manos,
11
y me dijo: Daniel, varón predilecto, está atento a las palabras que voy a decirte, y ponte en pie en el lugar en que estás, pues he sido enviado a ti. Una vez que me habló, púseme en pie temblando.
12
Díjome: Nada temas, Daniel, pues desde el primer día en que diste tu corazón a entender y a humillarte en presencia de tu Dios, fueron oídas tus palabras, y por ellas he venido yo a ti;
13
pero el príncipe del reino de Persia se me opuso veintiún días; mas Miguel, uno de los príncipes supremos, vino en mi ayuda, y yo prevalecí allí sobre los reyes de Persia .
14
Vengo ahora para darte a conocer lo que sucederá a tu pueblo en los tiempos venideros, pues a estos tiempos se refiere la visión.
15
Mientras me decía estas palabras, estaba yo con los ojos puestos en tierra y mudo,
16
cuando he aquí que uno que parecía un hijo de hombre tocó mis labios; abrí la boca y hablé, diciendo al que delante de mí estaba: Mi señor, la visión me ha llenado de espanto y he perdido todo vigor.
17
¿Cómo va a poder el siervo de mi señor hablar a mi señor? Me faltan las fuerzas y no tengo aliento.
18
Entonces el que parecía hijo de hombre me tocó de nuevo y me confortó.
19
Luego me dijo: ¡Nada temas, varón predilecto; sea contigo la paz! ¡Animo, valor! Y, en hablándome, recobré mis fuerzas, y dije: Hable mi señor, pues me has fortalecido.
20
El me dijo: ¿Sabes para qué he venido yo a ti? Porque tengo que volverme luego a luchar con el príncipe de Persia, y, saliendo yo, vendrá el príncipe de Grecia.
21
Pero yo te daré a conocer lo que está escrito en el libro de la verdad. Nadie me ayuda contra ellos, si no es Miguel, vuestro príncipe.
   
Capítulo 11
Las luchas entre Siria y Egipto

1
El año primero de Darío, medo, yo estuve allá para animarle y sostenerle.
2
Y ahora voy a darte a saber la verdad: Habrá todavía tres reyes en Persia, y el cuarto acumulará más riquezas que los otros; cuando por sus riquezas sea poderoso, se levantará contra el reino de Grecia.
3
Pero se alzará un rey valeroso que dominará con gran poder y hará cuanto quiera.
4
Y cuando esté en la altura, se romperá su reino y será dividido hacia los cuatro vientos; no será de sus descendientes ni ya tan poderoso como fue, pues será dividido y pasará a otros distintos de ellos.
5
El rey del mediodía vendrá, se hará fuerte, pero uno de sus jefes será más fuerte que él y dominará, siendo potente su dominación.
6
Al cabo de algunos años se aliarán, y la hija del rey del mediodía vendrá al rey del norte para restablecer la concordia, pero no conservará ella la fuerza de su brazo ni permanecerá él en su brazo; ella será entregada, y con ella los que la trajeron, con su padre y con el que entonces había sido su sostén.
7
Un retoño de sus raíces se alzará en su lugar y vendrá con ejército y entrará en las plazas fuertes del rey del norte; dispondrá de ellas y se hará poderoso.
8
Aun a sus dioses, sus imágenes fundidas y sus objetos preciosos de plata y oro los cogerá y se los llevará a Egipto. Estará luego algunos años alejado del rey del norte,
9
y éste marchará contra el rey del mediodía y se volverá a su tierra.
10
Su hijo saldrá a campaña y reunirá una muy fuerte muchedumbre de tropas, avanzará y se derramará como un torrente; se desbordará, pero se volverá, y llevará las hostilidades hasta la Fortaleza.
11
El rey del mediodía se enfurecerá, y, saliendo, atacará al rey del norte, levantará una gran muchedumbre, y las tropas del rey del norte serán puestas en sus manos.
12
Esta muchedumbre se ensoberbecerá, y el corazón del rey se hinchará, derribará a muchos millares, pero no triunfará,
13
porque el rey del norte volverá con una muchedumbre más numerosa que la primera, y al cabo de algún tiempo marchará con un gran ejército y muchos aprestos.
14
Entonces se alzarán muchos contra el rey del mediodía, y hombres violentos de su pueblo se rebelarán para cumplir la visión y sucumbirán.
15
El rey del norte avanzará y alzará baluartes y se apoderará de ciudades fuertes. Los ejércitos del mediodía no resistirán, faltos de fuerza para resistir.
16
El que avanza contra él hará lo que quiera y nadie podrá resistirle, y se quedará en lo mejor de la tierra, exterminando cuanto caiga en su mano.
17
Querrá adueñarse de todo el reino del mediodía, y le dará su hija por mujer con la intención de llevarle a la ruina; pero no sucederá esto, la cosa no le saldrá como quería.
18
Volverá sus ojos del lado de las islas y tomará muchas, pero un jefe pondrá fin al oprobio que sobre ellas quiso echar, y el oprobio recaerá sobre él.
19
Acogeráse luego a las fortalezas de su tierra, pero se tambaleará y caerá y no se le hallará.
La persecución contra el pueblo de Judá
20
El que le sucederá mandará al ornamento del reino un exactor, pero en pocos días será quebrantado, y no por ira ni por guerra.
21
Un hombre despreciable ocupará su puesto, sin estar investido de la dignidad real. Aparecerá de improviso y se apoderará del reino por la intriga.
22
Las tropas, que se derramarán como un torrente, quedarán sumergidas ante él y aniquiladas, así como también un príncipe de la alianza.
23
Después de haberse concertado con él, usará de engaños, se pondrá en marcha y con poca gente vencerá.
24
Entrará de improviso en los lugares más fértiles de la provincia y hará lo que no hicieron sus padres ni los padres de sus padres. Repartirá el botín, los despojos y las riquezas, y traerá designios contra las fortalezas; todo esto durante algún tiempo.
25
Al frente de un gran ejército empleará su fuerza y su ardor contra el rey del mediodía. El rey del mediodía se empeñará en la guerra con un ejército poderoso y muy numeroso, pero no le resistirá, porque le harán traición.
26
Los que comen su pan le quebrantarán y su ejército será destruido, cayendo muchos muertos.
27
Los dos reyes meditarán en su corazón hacerse mal, y, sentados a la misma mesa, hablarán falazmente; mas no les servirá de nada, porque llegará el fin al tiempo señalado.
28
Volverá a su tierra con grandes riquezas y será en su corazón hostil a la alianza santa, y obrará contra ella; luego se volverá a su tierra.
29
Al tiempo determinado marchará de nuevo contra el mediodía, pero esta última vez no sucederán las cosas como en la primera;
30
vendrán contra él naves de Italia, y descorazonado, retrocederá. Luego, furioso contra la alianza santa, no se quedará inactivo, y volverá a concertarse con los que abandonaron la alianza santa.
31
A su orden se presentarán tropas que profanarán el santuario y la fortaleza, y harán cesar el sacrificio perpetuo, y alzarán la abominación desoladora.
32
Seducirá con sus halagos a los traidores a la alianza santa, pero el pueblo que conoce a Dios obrará con firmeza,
33
y los sabios entre ellos instruirán a la muchedumbre. Caerán de entre ellos por un tiempo a la espada, al fuego, al cautiverio y al pillaje,
34
y, mientras sucumben, tendrán poco socorro, y muchos se unirán a ellos hipócritamente.
35
Sucumbirán también algunos de los sabios para que sean depurados, purificados y blanqueados, hasta que llegue el fin, que no llegará sino al tiempo determinado.
36
El rey hará lo que quiera, y se gloriará por encima de todos los dioses, y del Dios de los dioses dirá cosas increíbles. Prosperará hasta que llegue la ira a su consumación, porque lo que está decretado se cumplirá.
37
No respetará ni aun al dios de sus padres ni a la delicia de las mujeres; no respetará dios alguno, porque se glorificará a sí mismo por encima de todos.
38
Honrará en su lugar al dios de las fortalezas, dios que no conocieron sus padres; le honrará con oro y plata, con piedras preciosas y cosas de gran valor.
39
A ese dios extraño dedicará las plazas fuertes, y colmará de honores a los que le reconozcan, y los hará dominar sobre muchos, distribuyéndoles tierras en merced.
40
Al fin de los tiempos, el rey del mediodía chocará con el del norte, y el rey del norte caerá sobre él como una tempestad, con carros y jinetes y numerosas naves; avanzará por las tierras, se derramará como un torrente y se desbordará.
41
Entrarán en la tierra gloriosa y sucumbirán muchos, pero Edom, Moab y los príncipes de los hijos de Amón se librarán de sus manos.
42
Extenderá su mano sobre muchas tierras, y no escapará la de Egipto;
43
se adueñará de tesoros de oro y plata y de todas las preciosidades de Egipto; libios y etíopes le seguirán.
44
Pero nuevas venidas del oriente y del norte le asustarán, y partirá muy enfurecido, con ánimo de exterminar a muchos.
45
Alzará la tienda de su palacio entre los mares y el monte glorioso y santo. Mas luego llegará su fin sin que nadie pueda socorrerle.
   
Capítulo 12
Triunfo del Pueblo Elegido
1
Entonces se alzará Miguel, el gran príncipe, el defensor de los hijos de tu pueblo, y será un tiempo de angustia, tal como no lo hubo desde que existen las naciones hasta ese día. Entonces se salvarán los que de tu pueblo estén escritos en el libro.
2
Las muchedumbres de los que duermen en el polvo de la tierra se despertarán, unos para la eterna vida, otros para eterna vergüenza y confusión.
3
Los sabios brillarán con el esplendor del firmamento, y los que enseñaron la justicia a la muchedumbre resplandecerán por siempre, eternamente, como las estrellas.
4
Tú, Daniel, ten en secreto estas palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin. Muchos lo leerán y acrecentarán su conocimiento.
5
Yo, Daniel, miré y vi a dos hombres que estaban en pie, el uno al lado de acá del río, el otro del lado de allá,
6
y uno de ellos dijo al varón vestido de lino que estaba sobre las aguas del río: ¿Cuándo será el fin y sucederán esas maravillas?
7
Y oí al varón vestido de lino, que estaba sobre las aguas del río, que, alzando al cielo su derecha y su izquierda, juró por el que eternamente vive que eso será dentro de un tiempo, dos tiempos y de la mitad de un tiempo, y que todo esto se cumplirá cuando la fuerza del pueblo de los santos estuviera enteramente quebrantada.
8
Yo vi, pero, no entendiendo, pregunté: Mi señor, ¿cuál será el fin de estas cosas?
9
Y él respondió: Anda, Daniel, que esas cosas están cerradas y selladas hasta el tiempo del fin.
10
Muchos serán purificados, emblanquecidos y depurados; los impíos seguirán el mal, y ninguno de los malvados entenderá, pero los que tienen entendimiento comprenderán.
11
Después del tiempo de la cesación del sacrificio perpetuo y del alzar de la abominación desoladora, habrá mil doscientos noventa días.
12
Bienaventurado el que espere y llegue a mil trescientos treinta y cinco días.
13
Y tú camina a tu fin y descansarás, y al fin de los días te levantarás para recibir la heredad.
 

 

C.R.Y&S