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CRISTO RAUL CONTRA EL ANTICRISTO

LA HISTORIA DIVINA DE JESUCRISTO

CREACION DEL UNIVERSO SEGUN EL GÉNESIS

 

 
 

ANTIGUO TESTAMENTO

LA SAGRADA BIBLIA

NUEVO TESTAMENTO

Profeta

BARUC

PRIMERA PARTE
Oración del pueblo penitente
1
1
Discurso del libro escrito por Baruc, hijo de Nerías, hijo de Maasías, hijo de Sedecías, hijo de Asadías, hijo de Helcías, en Babilonia.
2
El año quinto, el día séptimo del mes quinto, al tiempo en que los caldeos tomaron Jerusalén y la incendiaron,
3
leyó Baruc los discursos de este libro a Jeconías, hijo de Joaquim, rey de Judá, y a todo el pueblo que venía a oír la lectura del libro,
4
y a los magnates, y a los hijos de los reyes, y a los ancianos, y, en fin, a todo el pueblo, desde el pequeño hasta el grande, a todos los que habitaban en Babilonia a orillas del río Sud.
5
Lloraron y ayunaron ante el Señor,
6
y recogiendo dinero según las posibilidades de cada uno,
7
lo enviaron a Jerusalén, a Joaquim, hijo de Helcías, hijo de Safán, sacerdote, y a los demás sacerdotes y a todo el pueblo que se hallaba con ellos en Jerusalén
8
cuando tomó los utensilios de la casa del Señor, que habían sido robados del templo, para volverlos al país de Judá, el día diez de Siván; los vasos de plata que había hecho Sedecías, hijo de Josías, rey de Judá,
9
después que Nabucodonosor, rey de Babilonia, trasladó a Jerusalén a Jeconías y a los príncipes, y a los prisioneros, y a los magnates, y al pueblo de la tierra, y los llevó de Jerusalén a Babilonia,
10
y dijeron: Ahí os enviamos dinero para que con él compréis holocaustos y víctimas por el pecado, e incienso para que hagáis las oblaciones y las ofrezcáis en el altar del Señor, nuestro Dios,
11
y oréis por la vida de Nabucodonosor, rey de Babilonia; y por la vida de Baltasar, su hijo, para que sean sus días sobre la tierra como los días del cielo,
12
y nos dé el Señor fortaleza e ilumine nuestros ojos, y vivamos bajo la sombra de Nabucodonosor, rey de Babilonia, y bajo la sombra de Baltasar, su hijo, y les sirvamos por muchos días y hallemos gracia en su presencia.
13
Orad por nosotros al Señor, nuestro Dios, porque hemos pecado contra el Señor, nuestro Dios, y la cólera del Señor y su furor no se apartó de nosotros hasta el presente.
14
Leeréis este libro que os enviamos para que lo deis a conocer en la casa del Señor en el día de fiesta y en los días oportunos.
15
Diréis: Del Señor, Dios nuestro, es la justicia; nuestra la confusión y el sonrojo, corno se muestra hoy en todo varón de Judá y en los moradores de Jerusalén,
16
y en nuestros reyes y en nuestros príncipes, en nuestros sacerdotes y en nuestros profetas y en nuestros padres,
17
porque pecamos en presencia del Señor
18
y no le obedecimos ni escuchamos la voz del Señor, nuestro Dios, ni caminamos por los preceptos del Señor, que dio en nuestra presencia.
19
Desde el día en que sacó a nuestros padres de la tierra de Egipto hasta hoy, hemos sido rebeldes al Señor, nuestro Dios, y nada hicimos por oír su voz.
20
Y así se apegó a nosotros el infortunio y la maldición que el Señor intimó por Moisés, su siervo, al tiempo que sacó a nuestros padres de Egipto para darnos la tierra que mana leche y miel, como acaece en este día.
21
No escuchamos la voz del Señor, nuestro Dios, conforme a todas las palabras de los profetas que nos envió,
22
y nos fuimos cada uno según el pensamiento de su mal corazón, sirviendo a los dioses extraños y cometiendo maldades a los ojos del Señor, Dios nuestro.
 
2
1
Cumplió Yavé la palabra que había dado contra nosotros y contra nuestros gobernantes que regían a Israel, contra nuestros reyes, contra nuestros príncipes y contra todo varón de Israel y de Judá,
2
de traer sobre ellos grandes males cuales no los había hecho debajo de todo el cielo, como fueron hechos en Jerusalén, según lo que está escrito en la Ley de Moisés,
3
que comeríamos las carnes de nuestros hijos y de nuestras hijas
4
y los entregaría a poder de todos los reinos nuestros vecinos para escarnio y espanto de todos los pueblos en derredor, entre los cuales los dispersó el Señor.
5
Fuimos abatidos, en vez de ser ensalzados, por haber pecado contra el Señor, nuestro Dios, desoyendo su voz.
6
Del Señor nuestro es la justicia, nuestra y de nuestros padres la confusión y el sonrojo, como se ve al presente.
7
Los males que el Señor anunció contra nosotros, todos nos han sobrevenido.
8
Y no aplacamos el rostro del Señor convirtiéndonos de los pensamientos de nuestro corazón perverso.
9
Veló el Señor sobre el castigo y lo trajo sobre nosotros, porque el Señor es justo en todas las obras que nos ordenó.
10
Pero nosotros no oímos su voz, caminando en los preceptos del Señor, que puso delante de nosotros.
11
Y ahora, Señor, Dios de Israel, que sacaste a tu pueblo de la tierra de Egipto con mano fuerte, con señales y prodigios, con poder grande y brazo tendido, y te adquiriste un nombre, como se ve al presente,
12
hemos pecado, hemos cometido impiedades e injusticias, Señor, Dios nuestro, contra todos tus justos preceptos.
13
Apártese tu ira de nosotros, pues hemos quedado reducidos a poco en medio de las naciones en que nos dispersaste.
14
Escucha, Señor, nuestra oración y nuestra plegaria, líbranos por amor de ti y danos gracia en presencia de los que nos deportaron,
15
para que toda la tierra conozca que tú eres el Señor, Dios nuestro, que tu nombre es invocado sobre Israel y sobre su linaje.
16
Señor, mira desde tu santa casa y piensa en nosotros; inclina, Señor, tu oído y escucha.
17
Abre tus ojos y mira que no proclaman la gloria y la justicia del Señor los muertos que están en el hades, cuyo espíritu abandonó sus entrañas.
18
Mas sólo el alma entristecida por la grandeza de los males que padece, que camina encorvada y débil, apagados los ojos y el alma hambrienta, pueden, Señor, pregonar tu gloria y tu justicia.
19
Que no apoyados en la justicia de nuestros padres y de nuestros reyes, derramamos nuestros ruegos delante de tu rostro, Señor, Dios nuestro,
20
porque tú has derramado tu ira y tu cólera sobre nosotros, según tenías anunciado por tus siervos los profetas.
21
Así dijo el Señor: Inclinad vuestros hombros para servir al rey de Babilonia, y seguiréis habitando en la tierra que yo di a vuestros padres;
22
Pero, si no escucháis la voz del Señor, sirviendo al rey de Babionia,
23
haré cesar en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén la voz del gozo y la voz de la alegría, la voz del esposo y la voz de la esposa, y toda la tierra se convertirá en un desierto sin moradores.
24
Y nosotros no escuchamos tu voz, sirviendo al rey de Babilonia, y tú cumpliste las palabras que habías dado por tus siervos los profetas de que serían sacados de sus sepulcros los huesos de nuestros reyes y de nuestros padres.
25
Y, en efecto, han sido arrojados al calor del día y al hielo de la noche. Han muerto en medio de atroces males, de hambre, de espada y de peste.
26
Y la casa en que era invocado tu nombre la has puesto como hoy se halla por la maldad de la casa de Israel y de la casa de Judá.
27
Has obrado, Señor, con nosotros según tu bondad y según toda tu gran misericordia,
28
conforme hablaste por boca de Moisés, tu siervo, al tiempo en que le ordenaste escribir tu Ley en presencia de los hijos de Israel, diciendo:
29
Si no escuchareis mi voz, estad seguros que esta grande y numerosa muchedumbre se volverá pequeña en medio de las naciones entre las cuales os dispersaré,
30
pues yo sé que no me oiréis, porque este pueblo es de dura cerviz. Pero volverán en sí en el país de su destierro,
31
y conocerán que yo soy el Señor, su Dios, y les daré un corazón que entienda, y unos oídos que escuchen,
32
y me alabarán en la tierra de su cautiverio, y se acordarán de mi nombre,
33
y ablandarán su dura cerviz, y dejarán sus máximas perversas, acordándose del camino de sus padres, que pecaron contra el Señor,
34
y yo los volveré a la tierra que juré dar en posesión a sus padres, a Abraham, a Isaac y a Jacob, para que la poseyesen, y los multiplicaré y no serán disminuidos,
35
y estableceré con ellos mi alianza eterna, de ser su Dios y de ser ellos mi pueblo, y no moveré más a mi pueblo de Israel de la tierra que le he dado.
 
 
3
1
Señor todopoderoso, Dios de Israel, el alma angustiada y el espíritu abatido claman a ti.
2
Oye, Señor, y ten piedad, porque hemos pecado contra ti,
3
porque tú te sientas en tu trono para siempre, pero nosotros perecemos sin retorno para siempre.
4
Señor todopoderoso, Dios de Israel, oye la oración de los muertos de Israel y de los hijos de los que pecaron contra ti, que no oyeron la voz de su Dios, y por eso la miseria se apegó a ellos.
5
No te acuerdes de las iniquidades de nuestros padres; acuérdate más bien, en esta hora, de tu diestra y de tu nombre,
6
porque tú eres el Señor, Dios nuestro, a quien alabaremos, Señor;
7
que por eso has infundido tu temor en nuestros corazones, para que invoquemos tu nombre y te alabemos en nuestro destierro, porque hemos alejado de nuestro corazón toda la iniquidad de nuestros padres, que pecaron contra ti.
8
Henos aquí a nosotros hoy en nuestro destierro, donde nos has dispersado para oprobio, castigo y pena según la iniquidad de nuestros padres, que se apartaron del Señor, nuestro Dios.

 

SEGUNDA PARTE
TRIPLE EXHORTACION: A LA SABIDURIA, A LA PENITENCIA Y A LA ESPERANZA
3
9
Oye, Israel, los preceptos de vida, aplicad los oídos para aprender la prudencia.
10
¿Qué es esto, Israel? ¿Por qué estás en tierra enemiga, languideces en tierra extraña, te has contaminado con los muertos,
11
has sido contado con los que descienden al hades?
12
¡Has abandonado la fuente de la sabiduría!
13
¡Si hubieras caminado por la senda de Dios, habitarías en perpetua paz!
14
Aprende dónde está la prudencia, dónde la fortaleza, dónde la inteligencia, para que a la vez conozcas dónde está la longevidad, dónde la luz de los ojos y la paz.
15
¿Quién halló la morada de la sabiduría, quién encontró sus tesoros?
16
¿Dónde están los príncipes de las naciones y los domadores de las fieras de la tierra,
17
los que se divierten con las aves del cielo, los que amontonan la plata y el oro, en que confían los hombres, que no ponen fin a su adquisición?
18
¿Dónde están los que funden con fatiga la plata con operaciones casi impenetrables?
19
Han desaparecido, han bajado al hades, y otros surgieron en su lugar.
20
Los jóvenes que vieron la luz y habitaron sobre la tierra, tampoco conocieron el camino de la ciencia
21
ni dieron con sus senderos. Sus hijos no lograron adueñarse de ella, están muy alejados de sus caminos.
22
No supieron de ella en Canán, ni en Temán fue vista.
23
Ni los hijos de Agar, que buscan la inteligencia sobre la tierra; los mercaderes de Madián y de Temán, los fabulistas y los que se afanan por adquirir inteligencia, no conocieron el camino de la sabiduría ni dieron con sus sendas.
24
¡Oh Israel, cuán grande es la casa de Dios y cuán vasto su dominio!
25
Es muy grande, y no tiene término, alto e inmenso,
26
Allí nacieron los gigantes, los famosos desde la antigüedad, de alta estatura, diestros en la guerra.
27
Pero no eligió Dios a éstos ni les dio a conocer el camino de la sabiduría,
28
y así perecieron por falta de prudencia, perecieron por su necedad.
29
¿Quién subió al cielo y se apoderó de ella y la hizo descender de las nubes?
30
¿Quién atravesó los mares y la descubrió y la trajo con preferencia al oro más puro?
31
No hay quien conozca sus caminos ni quien tenga noticia de sus senderos.
32
Pero el que sabe todas las cosas, la conoce, y con su inteligencia la descubre. El que cimentó la tierra para siempre y la pobló de vivientes cuadrúpedos;
33
el que manda a la luz, que luego se pone en marcha; la llama, y ella le obedece temblando,
34
Los astros brillan en sus atalayas y se complacen.
35
Los llama y contestan: “Henos aquí.” Lucen alegremente en honor del que los hizo.
36
Este es nuestro Dios; ninguno otro cuenta a su lado para nada.
37
El conoce todos los caminos de la sabiduría, y se la comunicó a Jacob, su siervo, y a Israel, su amado.
38
Y después de esto se hizo ver en la tierra y conversó con los hombres.
 
 
5
1
Este es el libro de los mandamientos de Dios y la Ley perdurable para siempre. Los que la guardan alcanzarán la vida; los que la abandonan caerán en la muerte.
2
Vuélvete a ella, Jacob, y abrázala, camina al resplandor de su luz.
3
No des a otros tu gloria, ni tu dignidad a una nación extraña.
4
Somos bienaventurados, Israel, porque conocemos lo que a Dios place.
5
Cobra aliento, pueblo mío, monumento de Israel.
6
Fuisteis vendidos a las naciones, mas no para ruina. Porque habéis irritado a Dios, fuisteis entregados a los enemigos.
7
Habéis irritado al que os hizo, sacrificando a demonios, no a Dios,
8
Os olvidasteis de quien os engendró, el Dios eterno; trajisteis la tristeza sobre la que os crió, Jerusalén,
9
porque vio venir sobre vosotros la cólera de Dios, y dijo: Oíd, naciones vecinas de Sión, Dios ha echado sobre mí un gran duelo.
10
Vi el cautiverio de mis hijos y de mis hijas, que el Eterno trajo sobre ellos.
11
Con alegría los había criado, y los despedí con llanto y duelo,
12
Nadie se alegre de verme viuda y abandonada de muchos. Quedé en soledad por los pecados de mis hijos, porque se apartaron de la Ley de Dios
13
y no han conocido sus mandamientos, y no han andado por los caminos de Dios ni siguieron las sendas de la educación en su justicia.
14
Venid, pueblos vecinos de Sión, y acordaos del cautiverio de mis hijos y de mis hijas, que trajo sobre ellos el Eterno.
15
Pues hizo venir contra ellos una nación lejana, una nación insolente de lengua extraña, que no respetó al anciano ni se compadeció del niño,
16
y se llevó a los (hijos) amados de la viuda, dejándola desolada sin sus hijas.
17
¿Pues qué socorro podía yo daros?
18
Sea el que trajo este.infortunio sobre vosotros quien os libre del poder de vuestros enemigos.
19
Id, hijos míos, id, que yo me quedo sola, abandonada,
20
despojada de la túnica de la paz, vestida del saco de la plegaria. Siempre, mientras me dure la vida, estaré clamando al Eterno.
21
Y vosotros, hijos míos, valor; clamad también al Señor, y él os librará de la dominación de los enemigos.
22
Yo esperaré del Eterno vuestra redención; del Santo vendrá la alegría, por la misericordia del Eterno, nuestro Salvador, que vendrá sobre vosotros.
23
Con llanto y con duelo os despedí, mas con alegría y gozo eterno os devolverá a mí.
24
Pues como ahora vieron los pueblos vecinos de Sión vuestro cautiverio, así os verán pronto redimidos por Dios, con redención espléndida y gloriosa del Eterno.
25
Soportad, hijos míos, con paciencia la cólera que sobre vosotros viene de parte de Dios. El enemigo te ha perseguido, pero pronto verás su perdición, y pondrás tu pie sobre su cuello.
26
Fueron mis delicados (hijos) caminando por caminos ásperos, fueron arrastrados como rebaño robado por los enemigos.
27
Tened ánimo, hijos, y clamad a Dios, que ya se acordará de vosotros el que os hizo ir.
28
Pues como os inclinasteis a apartaros de Dios, así, convertidos, le buscaréis diez veces más,
29
pues el que traio sobre vosotros el castigo, os traerá, con la redención, la eterna alegría.
30
Ten ánimo, Jerusalén; el que te dio su nombre te consolará.
31
¡Desdichados los que te maltrataron y se alegraron de tu caída!
32
¡Desgraciadas las ciudades en que tus hijos estuvieron esclavizados, desdichada la que os tuvo cautivos!
33
Pues así como se alegró en tu ruina y se regocijó en tu caída, así habrá de entristecerse de su propia soledad.
34
Yo la privaré de la alegría de sus muchedumbres, y su orgullo se convertirá en duelo,
35
pues el Eterno mandará sobre ella el fuego por largos días, y por mucho tiempo será habitación de demonios.
36
Mira hacia el oriente, Jerusalén, y contempía la alegría que te viene de tu Dios.
37
Mira que llegan tus hijos, aquellos de quienes tuviste que despedirte. Llegan congregados desde el oriente y el occidente por la palabra del Santo, llenos de alegría por la gloria de Dios.
 
 
5
 
1
Despójate, Jerusalén, de tu saco de duelo y de aflicción, vístete para siempre los ornamentos de la gloria que te viene de Dios,
2
envuélvete en el manto de justicia que Dios te envía, ponte en la cabeza la mitra de la gloria del Eterno,
3
que Dios hará ver tu gloria a toda nación debajo del cielo.
4
Te llamará por siempre “Paz de justicia y gloria de piedad.”
5
Levántate, Jerusalén; sube a lo alto, mira hacia oriente y contempla a tus hijos, reunidos desde el ocaso del sol hasta su orto por la palabra del Santo, regocijados por haberse acordado Dios de ellos.
6
De ti partieron a pie, arrastrados por los enemigos; pero Dios te los devuelve traídos con honor, como en trono real.
7
Porque dispuso humillar todo monte alto y todo collado eterno para que caminase Israel con seguridad al esplendor de la gloria de Dios.
8
Los bosques y todo árbol aromático darán sombra a Israel por disposición divina.
9
Porque Dios mismo traerá a Israel lleno de alegría, con el resplandor de su gloria, con la misericordia y justicia que de El vienen.


APENDICE
EPÍSTOLA DE JEREMÍAS SOBRE LA VANIDAD DE LOS ÍDOLOS
6
 
Copia de la epístola que remitió Jeremías a los que habían sido llevados cautivos a Babilonia por Nabucodonosor, rey de los babilonios, a fin de comunicarles lo que Dios le había ordenado.
1
Por los pecados que habéis cometido contra Dios, fuisteis llevados cautivos a Babilonia por Nabucodonosor, rey de los babilonios.
2
Llegados, permaneceréis ahí muchos años, un tiempo largo, hasta siete generaciones, pasadas las cuales, os sacaré de ahí en paz.
3
Ahora bien, en Babilonia veréis dioses de plata, de oro y de madera, llevados a hombros, que infunden temor a los gentiles.
4
Cuanto a vosotros, guardaos de asemejaros a los extranjeros, y que el temor de tales dioses no se apodere de vosotros
5
al ver la multitud apiñada delante y detrás de ellos, adorándolos. Vosotros decid en vuestro corazón: A ti, Señor, se te ha de adorar.
6
Mi ángel está con vosotros y es quien os pedirá cuenta.
7
Esos dioses los hace un artífice, los cubre de oro y de plata, pero son mentira, no pueden hablar.
8
Como para doncella, amiga de aderezarse, toman el oro,
9
y fabrican coronas, que colocan en la cabeza de sus dioses. Y tal vez acontece que los sacerdotes roban a los dioses el oro y la plata y la emplean para adornarse ellos,
10
y aun para regalársela a las meretrices que moran bajo su techo. Como a hombres visten a los dioses de plata sus vestidos, y a los dioses de oro y de madera,
11
pero no pueden evitar la herrumbre ni la carcoma, vestidos con sus trajes de púrpura.
12
Hay que limpiarles el rostro para quitarles el polvo que se levanta en su templo y en abundancia se deposita sobre ellos.
13
Tienen un cetro como el juez de un distrito, mas no pueden quitar la vida a quien los ofende.
14
Tienen asimismo un puñal o un hacha en su diestra, pero no se defenderán del enemigo ni del ladrón. Por lo que se pone de manifiesto que no son dioses. No los temáis, pues.
15
Así como cualquier utensilio que un hombre tiene, si se quiebra, no es ya de utilidad,
16
así son sus dioses. Colocados en sus templos, los ojos se les llenan de polvo, levantado por los pies de los que allí entran.
17
Y así como al criminal que ofendió al rey, o al condenado a muerte, se le cierran las puertas de la prisión, así los sacerdotes aseguran sus templos con puertas, con cerrojos y con palancas, para que no sean robados por los ladrones.
18
Encienden lámparas para ellos y en mayor número que para sí mismos, pero los dioses no pueden ver ninguna.
19
Son como las vigas del templo, de las cuales se dice que les carcomen el corazón los gusanos que nacen de la tierra, y devoran así sus vestidos sin que ellos lo adviertan.
20
Su rostro se ennegrece por el humo del templo.
21
Sobre su cuerpo y sobre su cabeza se arrojan las lechuzas, las golondrinas y las otras aves, y aun los gatos.
22
Por donde conoceréis que no son dioses. No los temáis.
23
El oro que para su ornato les cubre, se empaña, y si no lo limpian, no brilla; ni aun cuando fueron fundidos sintieron nada.
24
Fueron comprados a este o el otro precio, y no hay en ellos ni un soplo de vida.
25
Aun teniendo pies, tienen que ser llevados en hombros, mostrando con esto a los hombres su ignorancia para confusión de los que los sirven.
26
Si alguna vez caen en tierra, no se levantan por sí mismos, y, una vez puestos en pie, no pueden enderezarse, y como a los muertos, así les ponen delante las ofrendas.
27
Los sacerdotes, viendo las víctimas sacrificadas, se aprovechan de ellas. Y, asimismo, sus mujeres ponen en sal una porción de ellas y no dan nada al pobre ni al débil.
28
Son manoseados por mujeres impuras por el parto o la menstruación. Conociendo, pues, por todo esto, que no son dioses, no debéis temerlos.
29
¿Cómo, pues, llamarlos dioses? Pues hasta mujeres presentan sus ofrendas a semejantes dioses de plata, de oro y de madera,
30
y en sus templos los sacerdotes están sentados, rasgadas las túnicas, rapadas la cabeza y la barba y descubierta la cabeza,
31
y aullan y gritan delante de ellos como en una cena fúnebre.
32
De sus vestidos roban los sacerdotes para vestir a sus mujeres y a sus hijas. Hágaseles mal o hágaseles bien, ellos no pueden corresponder.
33
No pueden ni poner ni quitar,
34
ni pueden dar riqueza ni dinero, ni una pieza de cobre. Si alguno les hace un voto y no lo cumple, no reclaman.
35
Ni libran al hombre de la muerte ni arrancan al débil de las manos del fuerte.
36
No son capaces de dar vista al ciego ni de librar al hombre que se halla en necesidad.
37
No pueden compadecerse de la viuda ni hacer bien al huérfano.
38
Son semejantes a piedras sacadas del monte. Son dioses de madera, dorados y plateados, y serán confundidos los que los sirven.
39
¿Cómo, pues, vamos a creer y decir que son dioses?
40
Los mismos caldeos los deshonran. Cuando ven a un mudo que no puede hablar, lo conducen a Bel, pidiéndole que le dé el habla, siendo como es el dios incapaz de oírlos.
41
Y sabiendo esto, no piensan en dejarlos, porque no tienen conocimiento.
42
Y las mujeres, ceñidas de cordones, se sientan en los caminos quemando salvado,
43
y cuando alguna de ellas, solicitada, se la lleva un transeúnte y duerme con ella, injuria a las vecinas por no haber merecido ese honor de que rompieran el cordón.
44
Todo lo que se hace con estos dioses es un embuste. ¿Cómo, pues, vamos a creer y decir que son dioses?
45
Han sido fabricados por artífices y orfebres, y no podrán ser sino lo que quieran los artífices.
46
Los mismos que los fabrican no viven largo tiempo, ¿cómo va a vivir lo que ellos fabricaron?
47
Han dejado para los venideros mentira y oprobio.
48
Cuando sobre ellos viene la guerra o la calamidad, deliberan entre sí los sacerdotes dónde podrán ocultarse con ellos.
49
¿Cómo, pues, no comprenden que no son dioses los que ni a sí mismos se libran de la guerra ni de las calamidades?
50
Luego se ve que, siendo de madera, dorados y plateados, son un embuste para todas las naciones y los reyes, y quedará manifiesto que no son dioses, sino obras humanas, y que no hay en ellas nada divino.
51
¿Quién, pues, no conocerá que no son dioses?
52
No podrán jamás hacer un rey en la región ni dar a los hombres la lluvia.
53
Su propia causa no podrán defenderla ni protegerse contra la injusticia por su impotencia.
54
Son como las cornejas, que vuelan entre el cielo y la tierra. Y si alguna vez prende el fuego en los templos de estos dioses de madera dorada o plateada, sus sacerdotes se salvan con la huida, pero ellos se queman como vigas en medio de las llamas.
55
Ni a un rey ni a los enemigos resistirán.
56
¿Cómo, pues, admitir o pensar que son dioses? Ni de ladrones ni de salteadores se salvan estos dioses de madera, plateados y dorados.
57
Cualquiera más fuerte les arrebatará el oro y la plata y el vestido de que están cubiertos, y se marcharán sin que los dioses puedan auxiliarse.
58
De suerte que mejor es un rey, que puede hacer ostentación de su poder, o un utensilio cualquiera en una casa, del cual se sirve su dueño, que estos dioses falsos. Y hasta la puerta de una casa protege las cosas que hay en ella mejor que esos falsos dioses, y una columna de madera en un palacio real vale más que ellos.
59
El sol, la luna y las estrellas obedecen con su resplandor para utilidad (de los hombres),
60
y asimismo el relámpago, cuando brilla, se hace ver bien, y el viento sopla en toda la tierra,
61
y las nubes, cuando Dios las ordena pasar por encima de ella, cumplen el mandato,
62
y el fuego, enviado de arriba para consumir los montes y las selvas, hace lo que les ha mandado. Sus dioses ni por la belleza ni por la potencia son a estas cosas comparables.
63
No debe, pues, creerse ni decirse que son dioses, no siendo capaces de hacer justicia ni de hacer bien a los hombres.
64
Conociendo, pues, que no son dioses, no los temáis.
65
Son incapaces de maldecir o bendecir a los reyes.
66
Ni pueden dar en el cielo señales a las naciones, ni pueden, como el sol, alumbrar, ni iluminar como la luna.
67
Las fieras mismas saben más que ellos, porque, huyendo a su madriguera, pueden salvarse a sí mismas.
68
No se ve, pues, por modo alguno que sean dioses; por tanto, no los temáis.
69
Así como en el melonar nada guarda el espantajo, así sus dioses de madera, dorados y plateados.
70
Más parecen espino plantado en huerto, sobre el cual todos los pájaros se posan. Son también estos dioses de madera, dorados y plateados, semejantes a un muerto arroj ado al sepulcro tenebroso.
71
Por la púrpura y el lino que sobre ellos se envejece conoceréis que no son dioses. Y ellos mismos serán más tarde consumidos, viniendo a ser el oprobio de la tierra.
72
Mejor es, pues, el hombre justo, que no tiene ídolos, porque está muy lejos de tener que temer el oprobio.
   

 

 

C.R.Y&S