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LA HISTORIA DIVINA DE JESUCRISTO

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CREACIÓN DEL UNIVERSO SEGÚN EL GÉNESIS

LA SAGRADA BIBLIA

ANTIGUO TESTAMENTO. PENTATEUCO

GENESIS

CUARTA PARTE

HISTORIA DE JOSÉ Y SUS HERMANOS

 

Capítulo 37
 
José
   
1
Habitó Jacob en la tierra por donde peregrinó su padre, en la tierra de Canán.
2
Esta es la historia de Jacob: Cuando tenía José diecisiete años, siendo todavía un niño, iba con sus hermanos, los hijos de Bala y los hijos de Zelfa, mujeres de su padre, a apacentar el ganado, e hizo llegar José a su padre la pésima fama de aquéllos.
3
Israel amaba a José más que a todos sus otros hijos, por ser el hijo de su ancianidad, y le hizo una túnica talar.
4
Viendo sus hermanos que su padre le amaba más que a todos, llegaron a odiarle, y no podían hablarle amistosamente.
5
Tuvo también José un sueño, que contó a sus hermanos y que acrecentó más todavía el odio de éstos contra él.
6
Díjoles: “Oíd, si queréis, este sueño que he tenido.
7
Estábamos nosotros en el campo atando haces, y vi que se levantaba mi haz y se tenía en pie, y los vuestros lo rodeaban y se inclinaban ante el mío, adorándole.”
8
Y sus hermanos le dijeron: “¿Es que vas a reinar sobre nosotros y vas a dominarnos?” Estos sueños y las palabras de José fueron causa de que le odiaran todavía más.
9
Tuvo José otro sueño, que contó también a sus hermanos, diciendo: “He aquí que he tenido otro sueño, y he visto que el sol, la luna y once estrellas me adoraban.”
10
Contó el sueño a su padre y a sus hermanos, y aquél le increpó, diciéndole: “¿Qué sueño es ese que has soñado? ¿Acaso vamos a postrarnos en tierra ante ti yo, tu madre y tus hermanos?”
11
Sus hermanos le envidiaban, pero a su padre le daba esto que pensar.
12
Fueron sus hermanos a apacentar el ganado de su padre en Siquem,
13
y dijo Israel a José: “Tus hermanos están apacentando en Siquem. Ven que te mande a ellos.” El respondió: “Heme aquí.”
14
“Pues vete a ver si están bien tus hermanos y el ganado, y vuelve a decírmelo.” Y le envió desde el valle de Hebrón, y se dirigió José a Siquem.
15
Encontróle un hombre errando por el campo y le preguntó: “¿Qué buscas?”
16
Y él le contestó: “A mis hermanos busco. Haz el favor de decirme dónde están apacentando.”
17
Contestóle el hombre: “Se han ido de aquí, pues les oí decir: Vamonos a Dotayin.”
18
Viéronle ellos desde lejos, antes que a ellos se aproximara, y concibieron el proyecto de matarle.
19

Dijéronse unos a otros: “Mirad, ahí viene el de los sueños;

20
vamos a matarle y le arrojaremos a uno de estos pozos, y diremos que le ha devorado una fiera; así veremos de qué le sirven los sueños.”
21
Rubén, que esto oía, quería librarle de sus manos, y les dijo: “Matarle, no;
22
no vertáis sangre; arrojadle a ese pozo que hay en el desierto y no pongáis las manos sobre él.” Quería librarle de sus manos para devolverlo a su padre.
23
Cuando llegó José hasta sus hermanos, despojáronle de la túnica, la túnica talar que llevaba,
24
y, agarrándole, le arrojaron al pozo, un pozo vacío que no tenía agua.
   
 
José vendido por sus hermanos
   
25
Sentáronse a comer, y, alzando los ojos, vieron venir una caravana de ismaelitas que venía de Galad, cuyos camellos iban cargados de estoraque, tragacanto y láudano, que llevaban a Egipto;
26
y dijo Judá a sus hermanos: “¿Qué sacaríamos de matar a nuestro hermano y ocultar su sangre?
27
Vamos a vendérselo a esos ismaelitas y no pongamos en él nuestra mano, pues es hermano nuestro y carne nuestra.” Asintieron sus hermanos;
28
y, cuando pasaban los mercaderes madianitas, sacaron a José, subiéndole del pozo, y por veinte monedas de plata se lo vendieron a los ismaelitas, que le llevaron a Egipto.
29
Volvió Rubén al pozo, pero no estaba en él José, y, rasgando sus vestiduras,
30
volvióse a donde estaban sus hermanos, y dijo: “El niño no parece, ¿adonde iré yo ahora?”
31
Tomaron la túnica talar de José y, matando un macho cabrío, la empaparon en la sangre,
32
la tomaron y se la llevaron a su padre, diciendo: “Esto hemos encontrado; mira a ver si es o no la túnica de tu hijo.”
33
Reconociéndola él, dijo: “La túnica de mi hijo es; una fiera le ha devorado, ha despedazado enteramente a José.”
34
Rasgó Jacob sus vestiduras, vistióse de saco e hizo duelo por su hijo durante mucho tiempo.
35
Venían todos sus hijos y sus hijas a consolarle; pero él rechazaba todo consuelo, diciendo: “En duelo bajaré al sepulcro a mi hijo.” Y su padre le lloraba.
36
Los madianitas le vendieron en Egipto a Putifar, ministro del faraón y jefe de la guardia.
   
  Capítulo 38
 
Judá y Tamar
   
1
Sucedió por entonces que bajó Judá, apartándose de sus hermanos, y llegó hasta un adulamita de nombre Jirá.
2
Vio allí a una cananea llamada Sué, y la tomó por mujer, y entró a ella,
3
que concibió y parió un hijo, al que llamó Er.
4
Concibió de nuevo y parió un hijo, a quien llamó Onán;
5
volvió a concebir, y parió un hijo, a quien llamó Sela; cuando le parió éste, hallábase en Quizib.
6
Tomó Judá para Er, su primogénito, una mujer llamada Tamar.
7
Er, primogénito de Judá, fue malo a los ojos de Yavé, y Yavé le mató.
8
Entonces dijo Judá a Onán: “Entra a la mujer de tu hermano y tómala, como cuñado que eres, para suscitar prole a tu hermano.”
9
Pero Onán, sabiendo que la prole no era suya, cuando entraba a la mujer de su hermano, se derramaba en tierra para no dar prole a su hermano.
10
Era malo a los ojos de Yavé lo que hacía Onán, y le mató también a él.
11
Dijo entonces Judá a Tamar, su nuera: “Quédate como viuda en casa de tu padre hasta que sea grande mi hijo Sela.” Pues se decía: “No vaya a morir también éste como sus hermanos.” Fuese, pues, Tamar y habitaba en casa de su padre.
12
Pasó mucho tiempo, y murió la hija de Sué, mujer de Judá. Pasado el duelo por ella, subió Judá con su amigo Jirá, el adulamita, al esquileo de su ganado a Tamna.
13
Hiciéronselo saber a Tamar, diciéndole: “Mira, tu suegro ha ido a Tamna al esquileo de su ganado.”
14
Despojóse ella de sus vestidos de viuda, se cubrió con un velo, y cubierta se sentó a la entrada de Enaím, en el camino de Tamna, pues veía que Sela era ya mayor y no le había sido dada por mujer.
15
Judá, al verla, la tomó por una meretriz, pues tenía tapada la cara.
16
Dirigióse a donde estaba y le dijo: “Déjame entrar a ti,” pues no conoció que era su nuera. Ella le respondió: “¿Qué vas a darme por entrar a mí?”
17
Y él contestó: “Te mandaré un cabrito del rebaño.” Ella le dijo: Si me das una prenda hasta que lo mandes...”
18
¿Qué prenda quieres que te dé?,” le dijo él. Ella contestó: “Tu sello, el cordón de que cuelga y el báculo que llevas en la mano.” El se lo dio, y entró a ella, que concibió de él.
19
Luego se levantó, se fue y, quitándose el velo, volvió a vestirse sus ropas de viuda.
20
Mandó Judá el cabrito por medio de su amigo el adulamita, para que retirase la prenda de manos de la mujer; pero éste no la halló.
21
Preguntó a las gentes del lugar, diciendo: ¿Dónde está la meretriz que se sienta en Enaím a la vera del camino?” Y ellos le respondieron: “No ha habido aquí ninguna meretriz.”
22
Volvió, pues, a Judá y le dijo: “No la he hallado, y las gentes del lugar me han dicho que no ha habido allí ninguna meretriz.”
23
Y dijo Judá: “Que se quede con ello, no vaya a burlarse de nosotros; yo ya he mandado el cabrito y tú no la has hallado.”
24
Al cabo de unos tres meses hicieron saber a Judá la cosa, diciéndole: “Tamar, tu nuera, se ha prostituido, y de sus prostituciones está encinta.” Judá contestó: “Sacadla y quemadla.”
25

Cuando la sacaban, mandó ella a decir a su suegro: “Del hombre cuyas son estas cosas estoy encinta. Mira a ver de quién son ese anillo, ese cordón y ese báculo.”

26
Los reconoció Judá, y dijo: “Mejor que yo es ella, pues no se la he dado a Sela, mi hijo.” Pero no volvió a conocerla más.
27
Cuando llegó el tiempo del parto, tenía en el seno dos gemelos.
28
Al darlos a luz, sacó uno de ellos una mano, y la partera la tomó, y ató a ella un hilo rojo, diciendo: “Este ha sido el primero en salir”;
29
pero él retiró la mano y salió su hermano. “¡Vaya rotura que has hecho!,” dijo ella, y le llamó Fares;
30
luego salió su hermano, que tenía el hilo atado a la mano, y le llamó Zaraj.
 
Capítulo 39
 
José en Egipto
   
1
Entre tanto, a José, que había sido llevado a Egipto y comprado a los ismaelitas por Putifar, ministro del faraón y jefe de la guardia, egipcio,
2
le protegió Yavé, que hizo prosperar todas sus cosas. Estaba en casa de su señor, el egipcio
3
que vio que Yavé estaba con él, y que todo cuanto hacía, Yavé lo hacía prosperar por su mano.
4
Halló, pues, José gracia a los ojos de su señor, y le servía a él.
5
Hízole mayordomo de su casa, y puso en su mano todo cuanto tenía. Bendijo Yavé por José a la casa de Putifar, y derramó Yavé su bendición sobre todo cuanto tenía en casa y en el campo,
6
y él lo dejó todo en mano de José, y no se cuidaba de nada, a no ser de lo que comía. Era José de hermosa presencia y bello rostro.
   
 
Castidad de José
   
7
Sucedió después de todo esto que la mujer de su señor puso en él sus ojos, y le dijo: “Acuéstate conmigo.”
8
Rehusó él, diciendo a la mujer de su señor: “Cuando mi señor no me pide cuentas de nada de la casa y ha puesto en mi mano cuanto tiene,
9
y no hay en esta casa nadie superior a mí, sin haberse reservado él nada fuera de ti, por ser su mujer, ¿voy a hacer yo una cosa tan mala y a pecar contra Dios?”
10
Y como hablase ella a José un día y otro día, y ni la escuchase él, negándose a acostarse con ella y aun a estar con ella,
11
un día que entró José en la casa para cumplir con su cargo, y no había nadie en ella,
12
le agarró por el manto, diciendo: “Acuéstate conmigo.” Pero él, dejando en su mano el manto, huyó y se salió de la casa.
13
Viendo ella que había dejado el manto en sus manos y se había ido huyendo,
14
se puso a gritar, llamando a las gentes de su casa, y les dijo a grandes voces: “Mirad, nos han traído a ese hebreo para que se burle de nosotros; ha entrado a mí para acostarse conmigo,
15
y cuando vio que yo alzaba mi voz para llamar, ha dejado su manto junto a mí y ha huido fuera de la casa.”
16
Dejó ella el manto de José cerca de sí, hasta que vino su señor a casa,
17
y le habló así: “Ese siervo hebreo que nos has traído ha entrado a mí para burlarse de mí,
18
y cuando vio que alzaba mi voz y llamaba, dejó junto a mí su manto y huyó fuera.”
19
Al oír su señor lo que le decía su mujer, esto y esto es lo que me ha hecho tu siervo, montó en cólera,
20
y, apresando a José, le metió en la cárcel donde estaban encerrados los presos del rey, y allí en la cárcel quedó José.
   
 
José en la cárcel
   
21
Pero estaba Yavé con José, y extendió sobre él su favor, haciéndole grato a los ojos del jefe de la cárcel,
22
que puso en su mano a todos los allí presos; y cuanto allí se hacía, era él quien lo hacía.
23
De nada se cuidaba por sí el jefe de la cárcel, porque estaba Yavé con José, y cuanto hacía éste, Dios lo hacía prosperar.
 
Capítulo 40
 
 José en prisión
   
1
Sucedió después que, habiendo faltado contra su señor, el rey de Egipto, el copero y el repostero del rey,
2
se encolerizó el faraón contra sus dos ministros, el jefe de loscoperos y el jefe de los reposteros,
3
y los encarceló en la casa del jefe de la guardia, en la cárcel donde estaba preso José.
4
Púsolos el jefe de la guardia bajo la custodia de José, y éste les servía el tiempo que estuvieron en la cárcel.
5
El jefe de los coperos y el jefe de los reposteros del rey de Egipto, que estaban presos en la cárcel, tuvieron ambos un sueño la misma noche, cada uno el suyo; y cada sueño de diversa significación.
6
Cuando por la mañana vino a ellos José y los vio tristes,
7

preguntó a los dos ministros que con él estaban presos en la casa de su señor, diciéndoles: “¿Por qué tenéis hoy mala cara?”

8
Ellos le contestaron: “Hemos tenido un sueño y no hay quien lo interprete.” Díjoles José: “¿No es de Dios la interpretación de los sueños? Contádmelo, si queréis.”
9
El jefe de los coperos contó a José su sueño, diciéndole: “En mi sueño tenía ante mí una vid
10
con tres sarmientos, que estaban como echando brotes, subían y florecían y maduraban sus racimos.
11
Tenía en mis manos la copa del faraón, y, tomando los racimos, los exprimí en la copa del faraón y la puse en sus manos.”
12
José le dijo: “Esta es la interpretación del sueño: los tres sarmientos son tres días.
13
Dentro de tres días, el faraón exaltará tu cabeza, y te restablecerá en tu cargo, y pondrás la copa del faraón en sus manos, como antes lo hacías, cuando eras copero.
14
A ver si te acuerdas de mí cuando te vaya bien, y me haces la gracia de recordarme al faraón para que me saque de esta casa,
15
pues he sido furtivamente sacado de la tierra de los hebreos, y aun aquí nada he hecho para que me metieran en prisión.
16
Viendo el jefe de los reposteros cuán favorablemente había interpretado el sueño, dijo a José: “Pues he aquí el mío: Llevaba yo sobre mi cabeza tres canastillas de pan blanco.
17
En el canastillo de encima había toda clase de pastas de las que hacen para el faraón los reposteros, y las aves se las comían del canastillo que llevaba sobre mi cabeza.”
18
Contestó José diciendo: “Esta es la interpretación: los tres canastillos son tres días.
19
Dentro de tres días te quitará el faraón la cabeza y te colgará de un árbol, y comerán las aves tus carnes.”
20
Al día tercero, que era el del natalicio del faraón, dio éste un banquete a todos sus servidores, y en medio de ellos trajo a la memoria al jefe de los coperos y al jefe de los reposteros,
21
restableciendo al jefe de los coperos en su cargo de poner la copa en manos del faraón,
22
y colgando al jefe de los reposteros, como lo había interpretado José.
23
Pero el jefe de los coperos no se acordó más de José, sino que se olvidó de él.
 
Capítulo 41
 
Interpreta José los sueños del faraón
   
1
Al cabo de dos años soñó el faraón que estaba a orillas del río,
2
y veía subir de él siete vacas hermosas y muy gordas, que se pusieron a pacer la verdura de la orilla; pero he aquí que después subieron del río
3
otras siete vacas feas y muy flacas, y se pusieron junto a las siete que estaban a la orilla del río,
4
y las siete vacas feas y flacas se comieron a las siete hermosas y gordas; y el faraón se despertó.
5
Volvió a dormirse, y por segunda vez soñó que veía siete espigas que salían de una sola caña de trigo muy granadas y hermosas;
6
pero detrás de ellas brotaron siete espigas flacas y quemadas por el viento solano,
7
y las siete espigas flacas y quemadas devoraron a las siete espigas hermosas y granadas, y se despertó el faraón. Este fue el sueño.
8
A la mañana estaba perturbado su espíritu y mandó llamar a todos los adivinos y a todos los sabios de Egipto; les contó su sueño, pero no hubo quien lo interpretara.
9
Entonces habló al faraón el jefe de los coperos, diciendo: “Ahora me acuerdo de mi falta.
10
Estaba el faraón irritado contra sus siervos, y nos había hecho encerrar en la casa del jefe de la guardia a mí y al jefe de los reposteros.
11
Tuvimos ambos un sueño, la misma noche yo y él, cada uno el suyo y de distinta interpretación.
12
Estaba allí con nosotros un joven hebreo, siervo del jefe de la guardia, y le contamos nuestros sueños, y él nos dio la interpretación; a cada uno le interpretó el suyo,
13
y como lo interpretó él, así nos sucedió: yo fui restablecido en mi cargo y él fue colgado.”
14
Mandó, pues, el faraón llamar a José, y apresuradamente le sacaron de la prisión. Se cortó el pelo, se mudó de ropas y se fue a ver al faraón.
15
Este le dijo: “He tenido un sueño, y no hay quien me lo interprete, y he oído decir de ti que en cuanto oyes un sueño lo interpretas.”
16
José respondió: “No yo; Dios será el que dé una respuesta favorable al faraón.”
17
Habló, pues, el faraón a José: “Este es mi sueño: Estaba yo en la ribera del río,
18
y vi subir del río siete vacas gordas y hermosas, que se pusieron a pacer en la verdura de la orilla;
19
y he aquí que detrás de ellas subían otras siete vacas malas, feas y flacas, como no las he visto en toda la tierra de Egipto,
20
y las vacas malas y feas se comieron a las primeras siete vacas gordas,
21
que entraron en su vientre sin que se conociera que habían entrado, pues el aspecto de aquéllas siguió siendo tan malo como al principio. Y me desperté.
22
Vi también en sueños que salían de una misma caña siete espigas granadas y hermosas,
23
y que salían de ella siete espigas malas, secas y quemadas del viento solano,
24
y las siete espigas secas devoraron a las siete hermosas. Se lo he contado a los adivinos y no ha habido quien me lo explique.”
25
José dijo al faraón: “El sueño del faraón es uno solo. Dios ha dado a conocer al faraón lo que va a hacer.
26
Las siete vacas hermosas son siete años, y las siete espigas hermosas son siete años; el sueño es uno solo.
27
Las siete vacas flacas y malas que subían detrás de las otras son otros siete años, y las siete espigas secas y quemadas del viento solano son siete años de hambre.
28
Es lo que he dicho al faraón: que Dios le ha hecho ver lo que va a hacer.
29
Vendrán siete años de gran abundancia en toda la tierra de Egipto,
30
y detrás de ellos vendrán siete años de escasez, que harán se olvide toda la abundancia en la tierra de Egipto, y el hambre consumirá la tierra.
31
No se conocerá la abundancia en la tierra a causa de la escasez, porque ésta será muy grande.
32
Cuanto a la repetición del sueño al faraón por dos veces, es que el suceso está firmemente decretado por Dios, y que Dios se apresurará a hacerlo.
33

Ahora, pues, busque el faraón un hombre inteligente y sabio y póngale al frente de la tierra de Egipto.

34
Nombre el faraón intendentes que visiten la tierra y recojan el quinto de la cosecha de la tierra de Egipto en los tiempos de la abundancia;
35
reúnan el producto de los años buenos que van a venir, y hagan acopio de trigo a disposición del faraón,
36
para mantenimiento de las ciudades, y consérvelo para que sirva a la tierra de reserva para los siete años de hambre que vendrán sobre la tierra de Egipto, y no perezca de hambre la tierra.”
37
Parecieron muy bien estas palabras al faraón y a toda su corte,
38
y el faraón dijo a sus cortesanos: “¿Podríamos, por ventura, encontrar un hombre como éste, lleno del espíritu de Dios?”
39
y dijo a José: “Toda vez que Dios te ha dado a conocer estas cosas, no hay persona tan inteligente y sabia como tú.
 
 
José, Virrey de todo Egipto
   
40
Tú serás quien gobierne mi casa, y todo mi pueblo te obedecerá; sólo por el trono seré mayor que tú,”
41
y añadió: “Mira, que te pongo sobre toda la tierra de Egipto.”
42

Quitóse el faraón el anillo de su mano y lo puso en la mano de José; hizo que le vistieran blancas vestiduras de lino y puso en su cuello un collar de oro,

43
y mandó que, montado sobre el segundo de sus carros, se gritara ante él abrek, y así fue puesto al frente de toda la tierra de Egipto.
44
Díjole también el faraón: “Yo soy el faraón, y sin ti no alzará nadie mano ni pie en toda la tierra de Egipto.”
45
Llamó el faraón a José con el nombre de Zâfnat Panêaj y le dio por mujer a Asenet, hija de Putifar, sacerdote de On. Salió José por toda la tierra de Egipto.
46
Tenía treinta años cuando se presentó al faraón, rey de Egipto, y le dejó para recorrer toda la tierra de Egipto.
47
La tierra produjo a montones durante los siete años de abundancia,
48
y José recogió el producto de los siete años que de ella hubo en Egipto, y lo almacenó en las ciudades, depositando en cada una de ellas los productos de los campos que la rodeaban,
49
llegando a reunir tanto trigo como las arenas del mar; en tan gran cantidad, que hubo que dejar de contar, porque no podía contarse.
 
 
Hijos de José
   
50
Antes que llegara el tiempo de la escasez, naciéronle a José dos hijos, que le parió Asenet, hija de Putifar, sacerdote de On.
51
Dio al primero el nombre de Manasés, porque dijo: “Dios me ha hecho olvidar todas mis penas y toda la casa de mi padre”;
52
y al segundo le llamó Efraím, diciendo: “Dios me ha dado fruto en la tierra de mi aflicción.”
 
 
Medidas de gobierno durante la escasez
   
53
Acabáronse los siete años de abundancia que hubo en Egipto,
54
y comenzaron los siete años de escasez, como lo había anunciado José; y hubo hambre en todas las tierras, mientras había pan en toda la tierra de Egipto;
55
y clamaba el pueblo al faraón por pan, y el faraón decía a todos los egipcios: “Id a José y haced lo que os diga.”
56
Cuando el hambre se extendió por toda la superficie de aquella tierra, abrió José los graneros, y lo que en ellos había se lo vendía a los egipcios, pues crecía el hambre en la tierra de Egipto.
57
De todas las tierras venían a Egipto a comprar a José, pues el hambre era grande en toda la tierra.
 
Capítulo 42
 
Bajan a Egipto los hermanos de José en busca de mantenimiento
   
1

Viendo Jacob que había trigo en Egipto, dijo a sus hijos: “¿Qué estáis ahí mirándoos unos a otros?

2
He oído decir que en Egipto hay trigo. Bajad, pues, allá para comprárnoslo, y vivamos, y no muramos.”
3
Bajaron, pues, diez de los hermanos de José a Egipto a comprar pan;
4
a Benjamín, el hermano de José, no le mandó Jacob con sus hermanos por temor de que le sucediera alguna desgracia.
5
Llegaron los hijos de Israel con otros que venían también a comprar trigo, pues había hambre en toda la tierra de Canán.
6
Como era José el jefe de la tierra y el que vendía el trigo a cuantos venían a comprarlo, los hermanos de José entraron y se postraron ante él rostro a tierra.
7
Al verlos, José los reconoció, pero disimuló y les habló con dureza, diciéndoles: “¿De dónde venís?”; y ellos respondieron: “De la tierra de Canán para comprar mantenimientos.”
8
Y aunque conoció José a sus hermanos, ellos no le reconocieron a él.
9
Acordóse José de los sueños que les había contado, y les dijo: “Vosotros sois unos espías que habéis venido a reconocer las partes no fortificadas de la tierra.”
10
Ellos le dijeron: “No, señor mío; tus siervos han venido a comprar mantenimientos;
11
todos nosotros somos hijos del mismo padre; somos gente buena; no son tus siervos unos espías.”
12
El repuso: “No; habéis venido a ver lo indefenso de la tierra.”
13
Ellos dijeron: “Eramos tus siervos doce hermanos, todos del mismo padre en la tierra de Canán; el más pequeño se quedó con nuestro padre y el otro no vive ya.”
14
Insistió José: “Es lo que os he dicho: sois unos espías.”
15
Pero voy a probaros. Por la vida del faraón que no saldréis de aquí mientras no venga vuestro hermano menor.
16
Mandad a uno de vosotros a buscar a vuestro hermano, y los demás quedaréis aquí presos. Así probaré si lo que decís es verdad, y si no, por la vida del faraón que sois unos espías.”
17
Y les hizo meter a todos juntos en prisión por espacio de tres días.
18
Al tercero les dijo José: “Haced esto y viviréis, pues yo temo a Dios.
19
Si en verdad sois gente buena, que se quede uno de los hermanos preso en la cárcel donde estáis, y los otros id a llevar el trigo para remediar el hambre de vuestras casas,
20
y me traéis a vuestro hermano menor para probar la verdad de vuestras palabras, y no moriréis.”
21
Ellos se dijeron unos a otros: “Ciertamente somos nosotros reos de culpa contra nuestro hermano, a quien vimos con angustia de su alma pedirnos compasión, y no le escuchamos. Por eso ha venido sobre nosotros esta desventura.”
22
Rubén les dijo: “¿No os advertí yo, diciéndoos: No pequéis contra el niño, y no me escuchasteis? Ved cómo ahora se nos demanda su sangre.”
23
Ellos no sabían que José les entendía, pues él les había hablado por medio de intérprete.
24
Alejóse José llorando, y, cuando volvió, les habló, y eligió a Simeón entre ellos, y le hizo atar ante los ojos de los otros.
 
 

Vuelven a su padre Jacob

   
25

Mandó José que llenaran de trigo sus sacos, que pusieran en el de cada uno su dinero y les diesen provisiones para el camino, y así se hizo.

26
Ellos cargaron el trigo sobre los asnos, y se partieron de allí.
27
Abrió uno de ellos el saco para dar pienso a su asno en el lugar donde pernoctaron, y vio que su dinero estaba en la boca del saco,
28
y dijo a sus hermanos: “Me han devuelto mi dinero; aquí está en mi saco.” Quedáronse estupefactos, y unos a otros se decían temblando: “¿Qué será esto que ha hecho Dios con nosotros?”
29
Llegaron a Jacob, su padre, a la tierra de Canán, y le contaron cuanto les había sucedido:
30
“El hombre que es señor de aquella tierra nos habló duramente y nos tomó por espías de la tierra.
31
Nosotros le dijimos: Somos gente buena, no somos espías.
32
Eramos doce hermanos, hijos todos del mismo padre; uno ha desaparecido, el más pequeño está con nuestro padre en la tierra de Canán.
33
Y nos dijo el hombre señor de la tierra: Ved cómo sabré que sois gente buena: dejad aquí a uno de vosotros, tomad con que atender a la necesidad de vuestras casas, y partid;
34
y traedme a vuestro hermano pequeño; así sabré que no sois unos espías, sino gente buena. Entonces os devolveré vuestro hermano y podréis recorrer la tierra.”
35
Cuando vaciaron los sacos, cada uno encontró el paquete de su dinero en la boca de su saco, y, al ver los paquetes de dinero, ellos y su padre se llenaron de temor.
36
Jacob, su padre, les dijo: “¡Vais a dejarme sin hijos! José desapareció, Simeón desapareció, y ¿vais a llevaros a Benjamín? Todo esto ha venido sobre mí.”
37
Rubén dijo a su padre: “Haz morir a mis dos hijos si yo no te devuelvo a Benjamín. Entrégamelo, y yo te lo devolveré.”
38
El le contestó: “No bajará mi hijo con vosotros. Su hermano murió, y no queda más que él. Si en el viaje que vais a hacer le ocurre una desgracia, haréis descender en dolor mis canas al sepulcro.”
 
Capítulo 43
 
Viaje de Benjamín
   
1
Pero el hambre era ya muy grande en la tierra,
2
y cuando se acabaron las provisiones que habían traído de Egipto, les dijo su padre: “Volved a comprarnos algo que comer.”
3
Pero Judá le contestó: “Aquel hombre nos dijo terminantemente: No me veréis si no traéis con vosotros a vuestro hermano menor.
4
Si mandas con nosotros a nuestro hermano, bajaremos y te compraremos provisiones;
5
pero, si no, no bajaremos, pues el hombre aquel nos dijo: No veréis mi rostro a no ser que venga con vosotros vuestro hermano.”
6
Y dijo Israel: “¿Por qué me habéis hecho ese mal, de dar a conocer a aquel hombre que teníais otro hermano?”
7
Y le contestaron: “Aquel hombre nos preguntó insistentemente sobre nosotros y sobre nuestra familia, y nos dijo: ¿Vive todavía vuestro padre? ¿Tenéis algún otro hermano?” Y nosotros contestamos según las preguntas. ¿Sabíamos acaso que iba a decirnos: “Traed a vuestro hermano”?
8
Y Judá dijo a Israel, su padre: “Deja ir al niño conmigo, para que podamos ponernos en camino y podamos vivir y no muramos nosotros, tú y nuestros pequeños.
9
Yo te respondo de él; tú le reclamarás de mi mano, y si no te lo vuelvo a traer y te lo pongo delante, seré reo ante ti para siempre.
10
Si no nos hubiéramos retrasado tanto, estaríamos ya dos veces de vuelta,”
11
Israel, su padre, les dijo: “Si es así, haced esto: tomad de los mejores productos de esta tierra en vuestro equipaje y bajádselos al hombre aquel como presente: un poco de tragacanto, un poco de miel, astrágalo, láudano, alfónsigos y almendras.
12
Tomad dinero de nuevo, y el que hallasteis en la boca de vuestro saco devolvedlo, pues quizá ha sido un error.
13
Tomad a vuestro hermano e id y volved a ver a aquel hombre.
14
Que el Dios omnipotente os haga hallar gracia ante ese hombre para que deje volver a vuestro hermano y a Benjamín. Cuanto a mí, si he de verme privado de mis hijos, sea.”
15
Tomaron ellos el presente y el dinero doble y a Benjamín, y bajaron a Egipto y se presentaron a José.
 
 

José y Benjamín

   
16
Apenas vio José con ellos a Benjamín, dijo a su mayordomo: “Lleva a casa a esos varones y prpara una buena comida, porque comerán conmigo a mediodía.”
17
El mayordomo hizo lo que le ordenó José, y conduzco a aquellas hombres a casa.
18
Mientras los llevaba a casa de José, llenos de temor, se decían: “Es por lo del dinero que volvió en nuestros sacos por lo que nos traen aquí para asaltarnos, caer sobre nosotros y hacernos esclavos con nuestros asnos,”
19
Acercándose al mayordomo, le dijeron a la entrada de la casa:
20
“Perdone, mi señor. Nosotros vinimos ya una vez a comprar víveres.
21
Al llegar al lugar donde a la vuelta pasamos la noche, abrimos los sacos y vimos que el dinero de cada uno de nosotros estaba justo a la boca de nuestros sacos.
22
Hemos vuelto a traerlo con nosotros, y traemos al mismo tiempo otra cantidad para comprar provisiones. Nosotros no sabemos quién puso nuestro dinero en los sacos.”
23
“Que sea la paz con vosotros - les dijo el mayordomo-; no temáis. Ha sido vuestro Dios, el Dios de vuestro padre, el que os puso ese tesoro en los sacos. Yo recibí vuestro dinero.”
24
Hizo traer con ellos a Simeón, y después de hacerlos entrar en la casa, les dio agua para que se lavaran los pies, y dio también pienso a los asnos.
25
Ellos prepararon su presente, esperando que viniera José a mediodía, pues habían sido advertidos de que comerían allí.
26
Vino José a casa, y le presentaron el regalo que habían traído con ellos, postrándose ante él, rostro a tierra.
27
El les preguntó si estaban buenos y les dijo: “Vuestro anciano padre, de quien me hablasteis, ¿vive todavía?”
28
Ellos le contestaron: “Tu siervo, nuestro padre, está bien, vive todavía,” y se inclinaron profundamente.
29
José alzó los ojos, y vio a Benjamín, su hermano, hijo de su madre, y dijo: “¿Es este vuestro hermano pequeño, de quien me habéis hablado?”; y añadió: “Que Dios te bendiga, hijo mío.”
30
Apresuróse José a buscar dónde llorar, pues se conmovieron sus entrañas a la vista de su hermano, y se entró en su cámara, y allí lloró.
31
Salió después de haberse lavado la cara, y, haciendo esfuerzos por contenerse, dijo: “Servid la comida.”
32
Sirvieron a José aparte, aparte a sus hermanos y aparte también a los egipcios que comían con él, pues los egipcios no pueden comer con los hebreos, por ser esto para ellos cosa abominable.
33
Pusieron a los hermanos de José frente a él: el primogénito según su primogenitura, y el más joven según su edad, y se miraban atónitos unos a otros.
34
Cuando les pusieron delante las porciones, la de Benjamín era cinco veces mayor que la de cada uno de los otros, y bebieron y estuvieron muy alegres en compañía suya.
 
Capítulo 44
 
Benjamín sorprendido en hurto
   
1
José dio orden a su mayordomo de llenar cuanto pudiera de víveres los sacos de aquellas gentes y de poner el dinero de cada uno en la boca del saco.
2
“Pon también mi copa -le dijo-, la copa de plata, en la boca del saco del más joven, juntamente con el dinero.” El mayordomo hizo lo que le había mandado José.
3
Despuntaba el alba cuando despidieron a los hebreos con sus asnos.
4
Habían salido de la ciudad, pero no estaban lejos, cuando José dijo a su mayordomo: “Anda y sal en la persecución de esas gentes, y, cuando les alcances, diles: “¿Por qué habéis devuelto mal por bien? ¿Por qué me habéis robado la copa de plata?
5
Es donde bebe mi señor y de la que se sirve para adivinar. Habéis obrado muy mal.”
6
Cuando les alcanzó, les dijo estas mismas palabras.
7
Ellos le contestaron: “¿Por qué habla así mi señor? Lejos de tus siervos hacer semejante cosa.
8
Hemos vuelto a traerte desde la tierra de Canán el dinero que hallamos a la boca de nuestros sacos; ¿cómo íbamos a robar de la casa de tu señor plata ni oro?
9
Aquel de tus siervos en cuyo poder sea hallada la copa, muera, y seamos también nosotros esclavos de tu señor.
10
“Bien está, sea como decís. Aquel a quien se le encuentre la copa será mi esclavo, y vosotros seréis inocentes.”
11
Bajó cada uno a tierra su saco a toda prisa, y lo abrió.
12
El mayordomo los reconoció, comenzando por el del mayor y acabando por el del más joven, y se halló la copa en el saco de Benjamín.
13
Rasgaron sus vestiduras, cargaron de nuevo los asnos y volvieron a la ciudad.
14
Judá llegó con sus hermanos a la casa de José, que estaba allí todavía, y postráronse rostro a tierra,
15
José les dijo: “¿Qué es lo que habéis hecho? ¿No sabíais que un hombre como yo había de adivinarlo?”
16
Judá respondió: “¿Qué vamos a decir, mi señor? ¿Cómo hablar, cómo justificarnos? Dios ha hallado la iniquidad de tus siervos, y somos esclavos tuyos, tanto nosotros cuanto aquel en cuyo poder se ha hallado la copa.”
17

“Lejos de mí hacer eso -dijo José-; aquel a quien se le ha encontrado la copa será mi esclavo; vosotros subiréis en paz a vuestro padre.”

18
Acercóse entonces Judá y le dijo: “Por favor, señor mío, que pueda decir tu siervo unas palabras en tu oído, sin que contra tu siervo se encienda tu cólera, pues eres como otro faraón.
19
Mi señor ha preguntado a tus siervos: ¿Tenéis padre todavía y tenéis algún otro hermano?
20
Y nosotros contestamos: Tenemos un padre anciano y tenemos otro hermano, hijo de su ancianidad. Tenía éste un hermano que murió y ha quedado sólo él de su madre, y su padre le ama mucho.
21
Tú dijiste a tus siervos: Traédmelo, que yo pueda verle.
22
Nosotros te dijimos: Mira, señor, no puede el niño dejar a su padre; si le deja, morirá su padre.
23
Pero tú dijiste a tus siervos: Si no baja con vosotros vuestro hermano menor, no veréis más mi rostro.
24
Cuando subimos a tu servidor, mi padre, le dimos cuenta de las palabras de mi señor;
25
y cuando mi padre nos dijo: Volved a bajar para comprar algunos víveres,
26
le contestamos: No podemos bajar, a no ser que vaya con nosotros nuestro hermano pequeño, pues no podemos presentarnos ante ese hombre si nuestro hermano no nos acompaña.
27
Tu siervo, nuestro padre, nos dijo: Bien sabéis que mi mujer me dio dos hijos;
28
el uno salió de casa, y seguramente fue devorado, pues no le he visto más;
29
si me arrancáis también a éste y le ocurre una desgracia, haréis bajar mis canas en dolor al sepulcro.
30
Ahora, cuando yo vuelva a tu siervo, mi padre, si no va con nosotros el joven, de cuya vida está pendiente la suya,
31
en cuanto vea que no está, morirá, y tus siervos habrán hecho bajar en dolor al sepulcro las canas de tu siervo, nuestro padre.
32
Tu siervo ha salido responsable del joven al tomarlo a mi padre, y ha dicho: Si yo no le traigo otra vez, seré reo ante mi padre para siempre.
33
Permíteme, pues, que te ruegue que quede tu siervo por esclavo de mi señor en vez del joven, y que éste vuelva con sus hermanos.
34
¿Cómo voy a poder yo subir a mi padre si no llevo al niño conmigo? No; que no vea yo la aflicción en que caerá mi padre.”
 
Capítulo 45
 
José se da a Conocer a sus Hermanos
   
1
Entonces José, viendo que no podía contenerse más ante todos los que allí estaban, gritó: “¡Salgan todos!” No quedó nadie con él cuando se dio a conocer a sus hermanos.
2
Lloraba José tan fuertemente, que le oyeron los egipcios, y lo oyó toda la casa del faraón.
3
“Yo soy José -les dijo-. ¿Vive todavía mi padre?” Pero sus hermanos no pudieron contestarle, pues se llenaron de terror ante él.
4
El les dijo: “Acercaos a mí.” Acercáronse ellos, y les dijo: “Yo soy José, vuestro hermano, a quien vendisteis para que fuese traído a Egipto.
5
Pero no os aflijáis y no os pese haberme vendido para aquí, pues para vuestra vida me ha traído Dios aquí antes de vosotros.
6
Van dos años de hambre en esta tierra, y durante otros cinco no habrá arada ni cosecha.
7
Dios me ha enviado delante de vosotros para dejaros un resto sobre la tierra y haceros vivir para una gran salvación.
8
No sois, pues, vosotros los que me habéis traído aquí; es Dios quien me trajo y me ha hecho padre del faraón y señor de toda su casa y me ha puesto al frente de toda la tierra de Egipto.
9
Apresuraos, y subid a mi padre, y decidle: “Así dice tu hijo José: Me ha hecho Dios señor de todo el Egipto; baja, pues, a mí sin tardar,
10
y habitarás en la tierra de Gosen, y estaréis cerca de mí, tú, tus hijos y los hijos de tus hijos con tus rebaños, tus vacadas y todo cuanto tienes;
11
allí te mantendré yo, pues quedan todavía otros cinco años de hambre, y así no passareis hambre tú, tu casa y todo cuanto tienes.
12
Con vuestros mismos ojos veis, y ve mi hermano Benjamín con los suyos, que soy yo mismo el que os habla.
13
Contad a mi padre cuánta es mi gloria en Egipto y todo cuanto habéis visto, y apresuraos a bajar aquí a mi padre.”
14

Y se echó sobre el cuello de Benjamín, su hermano, y lloró; y lloraba también Benjamín sobre el suyo.

15
Besó también a todos sus hermanos, llorando mientras los abrazaba, y después sus hermanos estuvieron hablando con él.
16
Corrió por la casa del faraón la voz de que habían venido los hermanos de José, y se complacieron de ello el faraón y sus cortesanos.
17
Y dijo el faraón a José: “Di a tus hermanos: Haced esto: cargad vuestros asnos, id a la tierra de Canán,
18
tomad a vuestro padre y vuestras familias y venid a mí. Yo os daré lo mejor de la tierra de Egipto y comeréis lo mejor de la tierra.
19
Mandóles que llevasen de Egipto carros para sus hijos y sus mujeres, traigan con ellos a su padre y vengan;
20
que no les pese de tener que dejar sus cosas, pues suyo será lo mejor de la tierra de Egipto.”
21
Hicieron así los hijos de Israel, y les dio José carros, según la orden del faraón, y provisiones para el camino.
22
Dióles también vestidos para mudarse, y a Benjamín trescientas monedas de plata y cinco vestidos.
23
Mandó también a su padre asnos cargados con lo mejor de Egipto, y diez asnos cargados de trigo, de pan y de víveres para su padre, para el camino.
24
Después despidió a sus hermanos, que partían, diciéndoles: “No vayáis a reñir en el camino.”
25
Subieron, pues, de Egipto y llegaron a la tierra de Canán, a Jacob, su padre,
26
y le dijeron: “Vive todavía José y es el jefe de toda la tierra de Egipto.”
27
Pero él no se conmovió, pues no les creía. Dijéronle cuanto les había mandado José y les había dicho; y al ver Jacob los carros que le mandaba José para trasladarle, se reanimó,
28
y dijo: “Basta, mi hijo vive todavía; iré y le veré antes de morir.”
 
Capítulo 46
 
Jacob y sus Hijos en Egipto
   
1
Partióse Israel con todo cuanto tenía, y al llegar a Berseba, ofreció sacrificios al Dios de su padre, Isaac.
2
Dios habló a Israel en visión nocturna, diciéndole: “Jacob, Jacob”; él contestó: “Heme aquí”;
3
y le dijo: “Yo soy El, el Dios de tu padre; no ternas bajar a Egipto, pues yo te haré allí un gran pueblo.
4
Yo bajaré contigo a Egipto y te haré volver a subir.
5
José te cerrará los ojos.” Levantóse Jacob y dejó a Berseba, y los hijos de Israel pusieron a Jacob, su padre, y a sus mujeres e hijos, en los carros que había mandado el faraón para transportarlos.
6
Lleváronse también sus ganados y los bienes que habían adquirido en la tierra de Canán, y Jacob se encaminó a Egipto con toda su familia
7
Llevó con él a Egipto a sus hijos y a los hijos de sus hijos, a sus hijas y a las hijas de sus hijas; toda su familia entró con él en Egipto.
8
He aquí los nombres de los hijos de Israel que llegaron a Egipto: Jacob y sus hijos, el primogénito de Jacob, Rubén.
9
Hijos de Rubén: Janoc, Falú, Jesrom y Carmí.
10
Hijos de Simeón: Jemuel, Jamín, Ohad, Jaqín y Sojar, y Saúl, hijo de la cananea.
11
Hijos de Leví: Gersón, Caat y Merari.
12

Hijos de Judá: Er, Onán, Sela, Fares y Zeraj; pero Er y Onán habían muerto en la tierra de Canán. Hijos de Fares: Jesrom y Jamuel.

13
Hijos de Isacar: Tola, Fúa, Job y Semrón.
14
Hijos de Zabulón: Sered, Elón y Jajleel.
15
Estos son los hijos que Lía parió a Jacob en Padán Aram, con su hija Dina. Sus hijos e hijas eran en total treinta y tres personas.
16
Hijos de Gad: Sefión y Jaguí, Suní, Esebón, Heri, Arodí y Areli.
17
Hijos de Aser: Gimna, Jesua, Jesuí y Beria, y Seraj, su hermana. Hijos de Beria eran Jeber y Melquiel.
18
Estos son los hijos de Zelfa, la esclava que había dado Labán a Lía, su hija, y que ella parió a Jacob. Dieciséis personas.
19
Hijos de Raquel, la mujer de Jacob: José y Benjamín
20
Nacieron a José, en Egipto, de Asenet, hija de Putifar, sacerdote de On, Manasés y Efraím.
21
Hijos de Benjamín: Bela, Bajor y Asbel, Guera, Naamán, Ejí, Ros, Mafim, Jufim y Ared.
22
Estos son los hijos de Raquel que le nacieron a Jacob, en total catorce personas.
23
Hijos de Dan: Jusín.
24
Hijos de Neftalí: Jaisiel y Gumí, Jeser y Salem.
25
Estos son los hijos de Bela, que dio Labán a Raquel, su hija, y de ella le nacieron a Jacob. En todo, siete personas.
26
El total de las personas que vinieron con Jacob a Egipto de su familia, sin contar las mujeres y los hijos, era de sesenta y seis.
27
Los hijos de José nacidos en Egipto eran dos. El total de las personas de la familia de Jacob que vinieron a Egipto fueron setenta.
28
Y mandó Jacob a Judá por delante a José para darle cita en Gosen.
29
E hizo José preparar su carro, y subiendo en él se fue a Gosen al encuentro de Israel, su padre. En cuanto le vio, se echó a su cuello, y lloró largo tiempo sobre su cuello.
30
Israel dijo a José: “Ya puedo morir, pues he visto tu rostro y vives todavía.”
31
José dijo a sus hermanos: “Voy a subir a dar la noticia al faraón: Han venido mis hermanos y toda la casa de mi padre, que estaban en la tierra de Canán.
32
Son pastores y tienen rebaños de ovejas y bueyes, que, con todo lo suyo, han traído consigo.
33
Cuando el faraón os llame y pregunte: ¿Cuál es vuestra ocupación?,
34
le diréis: Tus siervos somos ganaderos desde nuestra infancia hasta ahora, tanto nosotros como nuestros padres; para que habitéis en la tierra de Gosen, porque los egipcios abominan de todos los pastores.”
 
Capítulo 47
 
Jacob en Egipto
   
1
Fue José a anunciar al faraón: “Mi padre y mis hermanos, con sus ovejas y sus bueyes y todo cuanto tienen, han venido de la tierra de Canaán y están en la tierra de Gosen.”
2
Habiendo llevado consigo a cinco de sus hermanos, se los presentó al faraón;
3
y el faraón les preguntó: “¿Cuál es vuestra ocupación?” Ellos respondieron: “Nosotros, tus siervos, somos ganaderos desde nuestra infancia hasta ahora, y lo mismo fueron nuestros padres.”
4
Dijéronle también: “Hemos venido para habitar en esta tierra, pues no tenemos pasto para nuestros rebaños, por ser grande el hambre en la tierra de Canán. Permite, pues, que habiten tus siervos en la tierra de Gosén.”
5
Y el faraón dijo a José: “Tu padre y tus hermanos han venido a ti;
6
tienes a tu disposición toda la tierra de Egipto; establece a tu padre y a tus hermanos en lo mejor de la tierra; que habiten en la tierra de Gosen, y si sabes que hay entre ellos hombres capaces, hazlos mayorales de mis ganados.”
7
José hizo venir a su padre y le presentó al faraón. Jacob saludó al faraón,
8
y éste le preguntó: “¿Cuántos años tienes?”
9
Jacob contestó: “Ciento treinta son los años de mi peregrinación. Corta y mala ha sido mi vida, y no llega al tiempo de la peregrinación de mis padres.”
10
Jacob saludó de nuevo al faraón y se retiró de su presencia.
11
José estableció a su padre y a sus hermanos, asignándoles una propiedad en la tierra de Egipto, en la mejor parte de la tierra, en el distrito de Rameses, como lo había mandado el faraón,
12
y proveyó de pan a su padre y a sus hermanos y a toda la casa de su padre, según el número de las familias.
13
Ya no había pan en toda aquella tierra, pues el hambre era muy grande, y Egipto y la tierra de Canán estaban exhaustos por el hambre.
14
José llegó a recoger, a cambio de trigo todo cuanto dinero había en la tierra de Egipto y en la tierra de Canán, e hizo entrar el dinero en la casa del faraón,
15
Cuando se acabó el dinero en la tierra de Egipto y en la tierra de Canán, venían todos los egipcios a José, diciéndole: “Danos pan. ¿Vamos a morir en tu presencia? Mira que ya nos falta dinero.”
16
José les dijo: “Puesto que os falta dinero, traedme vuestros ganados y os daré pan a cambio de ellos.”
17
Trajeron sus ganados, y José les dio pan a cambio de caballos, rebaños de ovejas y de bueyes y de asnos. Aquel año los proveyó de trigo a cambio de todos sus ganados.
18
Pasado éste, vinieron al siguiente, y le dijeron: “No se le oculta a nuestro señor que se nos ha acabado el dinero y que le hemos dado nuestros ganados, ni a nuestro señor se le oculta que nos no queda más que nuestro cuerpo y nuestras tierras.
19

¿Vamos a perecer ante ti nosotros y nuestras tierras? Cómpranos y compra nuestras tierras por pan; seremos nosotros y nuestras tierras esclavos del faraón; danos para sembrar, para que podamos vivir y no muramos y no se queden yermas nuestras tierras.”

20
José adquirió para el faraón todas las tierras de Egipto, pues los egipcios, obligados por el hambre, vendieron cada uno su campo, y la tierra vino a ser propiedad del faraón,
21
y sometió a la servidumbre del faraón tierras y pueblos, desde el uno al otro extremo de la tierra de Egipto.
22
Sólo dejó de comprar las tierras a los sacerdotes, porque éstos recibían del faraón una porción y no tuvieron que vender sus tierras.
23
Y dijo José al pueblo: “Hoy os he comprado para el faraón a vosotros y a vuestras tierras. Ahí tenéis para sembrar; sembrad vuestras tierras.
24
Al tiempo de la recolección daréis el quinto al faraón, y las otras cuatro partes serán para vosotros, para sembrar y para manteneros vosotros, los de vuestra casa y vuestras familias.”
25
Ellos le dijeron: “Nos das la vida. Que hallemos gracia a los ojos de nuestro señor, y seremos siervos del faraón.”
26
Dio José una ley, que todavía hoy subsiste, por la cual pertenece al faraón el quinto del producto de las tierras de Egipto. Sólo las tierras de los sacerdotes no son del faraón.
27
Habitó Israel en la tierra de Egipto, en la región de Gosén, y adquirieron allí posesiones, creciendo y multiplicándose grandemente.
28
Vivió Jacob en la tierra de Egipto diecisiete años, siendo todos los días de su vida ciento cuarenta y siete años.
29
Cuando los días de Israel se acercaban a su fin, llamó a su hijo José y le dijo: “Si he hallado gracia a tus ojos, pon, te ruego, la mano bajo mi muslo y haz conmigo favor y fidelidad. No me sepultes en Egipto.
30
Cuando me duerma con mis padres, sácame de Egipto y sepúltame en sus sepulturas.” José le respondió: “Haré lo que me dices.”
31
“Júramelo,” dijo Jacob. José se lo juró, e Israel se postró sobre la cabecera del lecho.
 
Capítulo 48
 
Jacob bendice a los hijos de José
   
1
Después de todo esto, vinieron a decir a José: “Mira, tu padre está enfermo”; y tomó José consigo a sus dos hijos, Manasés y Efraím.
2
Anunciáronselo a Jacob, diciendo: “Mira, tu hijo José viene a verte”; y haciendo un esfuerzo, se sentó en el lecho.
3
Después dijo a José: “El Dios omnipotente se me apareció en Luz, tierra de Canán, y me bendijo diciendo:
4
Yo te acrecentaré y te multiplicaré, y te haré muchedumbres de pueblos, y daré esta tierra a tu descendencia después de ti, para que por siempre la poseas.
5
Los dos hijos que antes de mi venida a ti, a la tierra de Egipto, te nacieron en ella, serán hijos míos. Efraím y Manasés serán hijos míos, como lo son Rubén y Simeón;
6
pero los que tú has engendrado después de ellos, serán tuyos, y bajo el nombre de sus hermanos serán llamados a la herencia.
7
Cuando volvía de Padán Aram, se me murió tu madre, Raquel, en el camino en tierra de Canán, a distancia de un quibrat de Efrata, y allí la sepulté en el camino de Efrata, que es Belén.”
8
Vio Israel a los hijos de José y preguntó: “Estos, ¿quiénes son?”
9
José respondió a su padre: “Son mis hijos, los que me ha dado Dios aquí.” “Acércalos, te ruego, para que los bendiga.”
10
Los ojos de Israel se habían oscurecido por la edad, y no podía ya ver. José los acercó, y él los besó y los abrazó,
11
diciendo a José: “No creí ya ver más tu rostro, y he aquí que Dios me ha dejado verte a ti y también a tu prole.”
12
José los sacó de entre las rodillas de su padre y, postrándose ante él en tierra,
13
los puso, a Efraím a su derecha y a la izquierda de Israel, y a Manasés a su izquierda y a la derecha de Israel, y los acercó.
14
Israel extendió su mano derecha y la puso sobre la cabeza de Efraím, que era el menor, y su izquierda sobre la cabeza de Manasés. De intento lo hizo, aunque Manasés era el primogénito.
15
Bendijo a José diciendo: “Que el Dios en cuya presencia anduvieron mis padres, Abraham e Isaac, el Dios que me ha sustentado desde que existo hasta hoy,
16
que el ángel que me ha librado de todo mal, bendiga a estos niños. Que se llamen con mi nombre y con el nombre de mis padres Abraham e Isaac y se multipliquen grandemente en medio de la tierra.”
17
José, al ver que su padre ponía su mano derecha sobre la cabeza de Efraím, se disgustó; y, tomando la mano de su padre de sobre la cabeza de Efraím para ponerla sobre la de Manasés,
18
le dijo: “No es así, padre mío, pues el primogénito es éste; pon la mano derecha sobre su cabeza.”
19
Pero su padre rehusó, diciendo: “Lo sé, hijo mío, lo sé; también él será un pueblo, también él será grande; pero su hermano menor será más grande que él, y su descendencia vendrá a ser muchedumbre de pueblos.”
20
Los bendijo, pues, Israel aquel día, diciendo: “Por ti bendecirán a Israel, diciendo: Hágate Dios como a Efraím y Manasés.” Y puso a Efraím antes de Manasés.
21
Israel dijo a José: “Yo voy a morir, pero Dios estará con vosotros y os reconducirá a la tierra de vuestros padres.
22
Te doy a ti, a más de lo de tus hermanos, una parte que yo tomé a los amorreos con mi espada y mi arco.”
 
Capítulo 49
 
Bendice Jacob a sus hijos y muere
   
1
Jacob llamó a sus hijos y les dijo: “Reuníos, que voy a anunciar lo que os sucederá a lo último de los días.
2
Reuníos y escuchad, hijos de Jacob. Escuchad a Israel, vuestro padre.
3
Rubén, tú eres mi primogénito, mi fuerza y el fruto de mi primer vigor, cumbre de dignidad y cumbre de fuerza.
4
Herviste como el agua. No tendrás la supremacía, porque subiste al lecho de tu padre. Cometiste entonces una profanación, subiste a mi lecho.
5

Simeón y Leví son hienas. Instrumentos de violencia son sus armas.

6

No entre mi alma en sus designios ni se una a ellos mi aprobación, porque en su furor degollaron hombres y caprichosamente desjarretaron toros.

7

Maldita su cólera, por violenta;maldito, por cruel, su furor. Yo los dividiré en Jacob y los dispersaré en Israel.

8

A ti, Judá, te alabarán tus hermanos. Tu mano pesará sobre la cerviz de tus enemigos.Postraránse ante ti los hijos de tu padre.

9

Cachorro de león, Judá;de la presa subes, hijo mío; posando, te agachas como león, como leona, ¿quién le hostigará para que se levante?

10

No faltará de Judá el cetro ni de entre sus pies el báculo hasta que venga aquel cuyo es, y a él darán obediencia los pueblos.

11

Atará a la vid su pollino, a la vid generosa el hijo de la asna; lavará en vino sus vestidos, y en la sangre de las uvas su manto.

12

Brillan por el vino sus ojos, y de la leche blanquean sus dientes.

13

Zabulón habitará la costa del mar, la costa de las naves, y tendrá su flanco junto a Sidón.

14

Isacar es un robusto asno que descansa en sus establos.

15

Vio que su lugar de reposo era bueno y que era deleitosa la tierra, y prestó los lomos a la carga, y hubo de servir como tributario.

16

Dan juzgará a su pueblo como una de las tribus de Israel.

17

Es Dan como serpiente en el camino, como víbora en el sendero, que, mordiendo los talones al caballo, hace caer hacia atrás al caballero.

18
Tu salvación espero, ¡oh Yavé!
19
Gad: Salteadores le asaltan, y él les pica los talones.
20
Aser: Su pan es suculento, hará las delicias de los reyes.
21
Neftalí es una cierva en libertad.
22

José es un novillo, un novillo hacia la fuente, a la fuente se encamina.

23

Los arqueros le hostigan, los tiradores de saetas le atacan.

24

pero la cuerda del arco se les rompe, y su poderoso brazo se encoge por el poderío del Fuerte de Jacob, por el nombre del Pastor de Israel.

25

En el Dios de tu padre hallarás tu socorro, en El Sadday, que te bendecirá con bendiciones del cielo arriba, bendiciones del abismo abajo, bendiciones del seno y de la matriz.

26

Las bendiciones de tu padre sobrepasan a las bendiciones de los montes eternos, superan la belleza de las eternas colinas. Que caigan sobre la cabeza de José, sobre la frente del príncipe de sus hermanos.

27
Benjamín es lobo rapaz que a la mañana devora la presa y a la tarde reparte los despojos”.
28
Estas son las doce tribus de Israel, y esto es lo que les habló su padre, bendiciéndolas a cada una con una bendición.
29
Después les mandó: “Yo voy a reunirme con mi pueblo; sepultadme con mis padres en la caverna que está en el campo de Efrón el jeteo,
30
en la caverna del campo de Macpela, frente a Mambré, en tierra de Canán, que es la caverna que compró Abraham a Efrón el jeteo, con su campo, para tener sepultura de su propiedad.
31
Allí están sepultados Abraham, y Sara, su mujer; Isaac y Rebeca, su mujer, y allí sepulté yo a Lía.
32
El campo y la caverna que en él hay fueron comprados a los hijos de Jet”.
33
Cuando acabó Jacob de dar estas órdenes a sus hijos, juntó sus pies en el lecho y expiró, yendo a reunirse con su pueblo.
 
Capítulo 50
 
Sepultura de Jacob
   
1
Cayó José sobre el rostro de su padre y lloró sobre él y le besó.
2
Mandó José a los médicos que tenía a su servicio embalsamar a su padre, y los médicos embalsamaron a Israel,
3
empleando en ello cuarenta días, que es el tiempo que se emplea para embalsamar. Los egipcios hicieron duelo por él durante sesenta días.
4
Pasados los días del duelo, habló José a las gentes de la casa del faraón, diciéndoles: “Si he hallado gracia a vuestros ojos, haced llegar esto, os lo ruego, a oídos del faraón.
5
Mi padre me hizo jurar diciendo: Voy a morir; sepúltame en la sepultura que tengo en la tierra de Canaán. Que me permita, pues, subir a sepultar a mi padre, y volveré.”
6
Y le contestó el faraón: “Sube y sepulta a tu padre, según tu juramento.”
7
Subió, pues, José a sepultar a su padre, y subieron con él todos los servidores del faraón, los ancianos de su casa y los ancianos de la tierra de Egipto,
8
toda la casa de José, sus hermanos y la casa de su padre, no dejando en la tierra de Gosén más que a los niños, las ovejas y los bueyes.
9
José llevaba consigo carros y caballeros; así que el cortejo era muy grande.
10
Llegados a la era de Atad, que está al otro lado del Jordán, hicieron allí muy grande llanto e hizo José un duelo de siete días por su padre.
11
Los moradores de la tierra, los cananeos, al ver el duelo en la era de Atad, se dijeron: “Gran duelo es este de los egipcios”; por eso se dio el nombre de Abel Misraím a este lugar, que está al lado de allá del Jordán.
12
Los hijos de Jacob hicieron con su padre lo que les había mandado,
13
llevándole a la tierra de Canán y sepultándole en la caverna del campo de Macpela, que había comprado Abraham a Efrón el jeteo para tener sepultura de su propiedad, frente a Mambré.
14
Después de haber sepultado a su padre, José volvió a Egipto con sus hermanos y cuantos habían subido con él para sepultar a su padre.
15
Cuando los hermanos de José vieron que había muerto su padre, se dijeron: “¿Si nos guardará rencor José y nos devolverá todo el mal que le hemos hecho?”
16
Y mandaron decir a José: “Tu padre, antes de morir, nos mandó que te dijéramos:
17
Perdona el crimen de tus hermanos y su pecado, pues ciertamente te hicieron mucho mal; pero, por favor, te ruego, perdona el crimen de los servidores del Dios de tu padre.” José lloró al oírlos.
18
Sus hermanos se prosternaron ante él y le dijeron: “Somos tus siervos.”
19
El les dijo: “No temáis. ¿Estoy yo acaso en el lugar de Dios?
20
Vosotros creíais hacerme mal, pero Dios ha hecho de él un bien, cumpliendo lo que hoy sucede, de poder conservar la vida de un pueblo numeroso.
21
No temáis, pues yo seguiré manteniéndoos a vosotros y a vuestros niños.” Así los consoló, hablándoles al corazón.
22
Habitó José en Egipto, él y la casa de su padre; vivió ciento diez años,
23
y vio a los hijos de Efraím hasta la tercera generación; recibió sobre sus rodillas, al nacer, a los hijos de Makir, hijo de Manasés.
 
 

Muerte de José

   
24

José dijo a sus hermanos: “Voy a morir, pero Dios ciertamente os visitará y os hará subir de esta tierra a la tierra que juró dar a Abraham, Isaac y Jacob.

25
Hizo jurar José a los hijos de Israel, diciéndoles: “Ciertamente os visitará Dios; entonces subireis mis huesos de aquí.”
26
Murió José en Egipto a los cientos diez años, y fue embalsamado y puesto en un ataúd en Egipto.

 

C.R.Y&S

LA SAGRADA BIBLIA