CUARTA PARTE
HISTORIA DE JOSÉ Y SUS HERMANOS
Capítulo 41
Interpreta José los sueños del faraón
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Al cabo de dos años soñó el faraón que estaba a orillas del río,
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y veía subir de él siete vacas hermosas y muy gordas, que se pusieron a pacer la verdura de la orilla; pero he aquí que después subieron del río
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otras siete vacas feas y muy flacas, y se pusieron junto a las siete que estaban a la orilla del río,
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y las siete vacas feas y flacas se comieron a las siete hermosas y gordas; y el faraón se despertó.
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Volvió a dormirse, y por segunda vez soñó que veía siete espigas que salían de una sola caña de trigo muy granadas y hermosas;
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pero detrás de ellas brotaron siete espigas flacas y quemadas por el viento solano,
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y las siete espigas flacas y quemadas devoraron a las siete espigas hermosas y granadas, y se despertó el faraón. Este fue el sueño.
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A la mañana estaba perturbado su espíritu y mandó llamar a todos los adivinos y a todos los sabios de Egipto; les contó su sueño, pero no hubo quien lo interpretara.
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Entonces habló al faraón el jefe de los coperos, diciendo: “Ahora me acuerdo de mi falta.
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Estaba el faraón irritado contra sus siervos, y nos había hecho encerrar en la casa del jefe de la guardia a mí y al jefe de los reposteros.
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Tuvimos ambos un sueño, la misma noche yo y él, cada uno el suyo y de distinta interpretación.
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Estaba allí con nosotros un joven hebreo, siervo del jefe de la guardia, y le contamos nuestros sueños, y él nos dio la interpretación; a cada uno le interpretó el suyo,
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y como lo interpretó él, así nos sucedió: yo fui restablecido en mi cargo y él fue colgado.”
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Mandó, pues, el faraón llamar a José, y apresuradamente le sacaron de la prisión. Se cortó el pelo, se mudó de ropas y se fue a ver al faraón.
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Este le dijo: “He tenido un sueño, y no hay quien me lo interprete, y he oído decir de ti que en cuanto oyes un sueño lo interpretas.”
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José respondió: “No yo; Dios será el que dé una respuesta favorable al faraón.”
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Habló, pues, el faraón a José: “Este es mi sueño: Estaba yo en la ribera del río,
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y vi subir del río siete vacas gordas y hermosas, que se pusieron a pacer en la verdura de la orilla;
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y he aquí que detrás de ellas subían otras siete vacas malas, feas y flacas, como no las he visto en toda la tierra de Egipto,
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y las vacas malas y feas se comieron a las primeras siete vacas gordas,
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que entraron en su vientre sin que se conociera que habían entrado, pues el aspecto de aquéllas siguió siendo tan malo como al principio. Y me desperté.
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Vi también en sueños que salían de una misma caña siete espigas granadas y hermosas,
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y que salían de ella siete espigas malas, secas y quemadas del viento solano,
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y las siete espigas secas devoraron a las siete hermosas. Se lo he contado a los adivinos y no ha habido quien me lo explique.”
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José dijo al faraón: “El sueño del faraón es uno solo. Dios ha dado a conocer al faraón lo que va a hacer.
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Las siete vacas hermosas son siete años, y las siete espigas hermosas son siete años; el sueño es uno solo.
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Las siete vacas flacas y malas que subían detrás de las otras son otros siete años, y las siete espigas secas y quemadas del viento solano son siete años de hambre.
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Es lo que he dicho al faraón: que Dios le ha hecho ver lo que va a hacer.
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Vendrán siete años de gran abundancia en toda la tierra de Egipto,
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y detrás de ellos vendrán siete años de escasez, que harán se olvide toda la abundancia en la tierra de Egipto, y el hambre consumirá la tierra.
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No se conocerá la abundancia en la tierra a causa de la escasez, porque ésta será muy grande.
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Cuanto a la repetición del sueño al faraón por dos veces, es que el suceso está firmemente decretado por Dios, y que Dios se apresurará a hacerlo.
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Ahora, pues, busque el faraón un hombre inteligente y sabio y póngale al frente de la tierra de Egipto.
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Nombre el faraón intendentes que visiten la tierra y recojan el quinto de la cosecha de la tierra de Egipto en los tiempos de la abundancia;
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reúnan el producto de los años buenos que van a venir, y hagan acopio de trigo a disposición del faraón,
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para mantenimiento de las ciudades, y consérvelo para que sirva a la tierra de reserva para los siete años de hambre que vendrán sobre la tierra de Egipto, y no perezca de hambre la tierra.”
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Parecieron muy bien estas palabras al faraón y a toda su corte,
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y el faraón dijo a sus cortesanos: “¿Podríamos, por ventura, encontrar un hombre como éste, lleno del espíritu de Dios?”
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y dijo a José: “Toda vez que Dios te ha dado a conocer estas cosas, no hay persona tan inteligente y sabia como tú.
José, Virrey de todo Egipto
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Tú serás quien gobierne mi casa, y todo mi pueblo te obedecerá; sólo por el trono seré mayor que tú,”
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y añadió: “Mira, que te pongo sobre toda la tierra de Egipto.”
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Quitóse el faraón el anillo de su mano y lo puso en la mano de José; hizo que le vistieran blancas vestiduras de lino y puso en su cuello un collar de oro,
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y mandó que, montado sobre el segundo de sus carros, se gritara ante él abrek, y así fue puesto al frente de toda la tierra de Egipto.
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Díjole también el faraón: “Yo soy el faraón, y sin ti no alzará nadie mano ni pie en toda la tierra de Egipto.”
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Llamó el faraón a José con el nombre de Zafnat Paneaj y le dio por mujer a Asenet, hija de Putifar, sacerdote de On. Salió José por toda la tierra de Egipto.
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Tenía treinta años cuando se presentó al faraón, rey de Egipto, y le dejó para recorrer toda la tierra de Egipto.
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La tierra produjo a montones durante los siete años de abundancia,
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y José recogió el producto de los siete años que de ella hubo en Egipto, y lo almacenó en las ciudades, depositando en cada una de ellas los productos de los campos que la rodeaban,
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llegando a reunir tanto trigo como las arenas del mar; en tan gran cantidad, que hubo que dejar de contar, porque no podía contarse.
Hijos de José
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Antes que llegara el tiempo de la escasez, naciéronle a José dos hijos, que le parió Asenet, hija de Putifar, sacerdote de On.
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Dio al primero el nombre de Manasés, porque dijo: “Dios me ha hecho olvidar todas mis penas y toda la casa de mi padre”;
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y al segundo le llamó Efraím, diciendo: “Dios me ha dado fruto en la tierra de mi aflicción.”
Medidas de gobierno durante la escasez
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Acabáronse los siete años de abundancia que hubo en Egipto,
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y comenzaron los siete años de escasez, como lo había anunciado José; y hubo hambre en todas las tierras, mientras había pan en toda la tierra de Egipto;
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y clamaba el pueblo al faraón por pan, y el faraón decía a todos los egipcios: “Id a José y haced lo que os diga.”
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Cuando el hambre se extendió por toda la superficie de aquella tierra, abrió José los graneros, y lo que en ellos había se lo vendía a los egipcios, pues crecía el hambre en la tierra de Egipto.
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De todas las tierras venían a Egipto a comprar a José, pues el hambre era grande en toda la tierra.
Capítulo 42
Bajan a Egipto los hermanos de José en busca de mantenimiento
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