CUARTA PARTE
. HISTORIA DE JOSÉ Y SUS HERMANOS
Capítulo 39
José en Egipto
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Entre tanto, a José, que había sido llevado a Egipto y comprado a los ismaelitas por Putifar, ministro del faraón y jefe de la guardia, egipcio,
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le protegió Yavé, que hizo prosperar todas sus cosas. Estaba en casa de su señor, el egipcio
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que vio que Yavé estaba con él, y que todo cuanto hacía, Yavé lo hacía prosperar por su mano.
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Halló, pues, José gracia a los ojos de su señor, y le servía a él.
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Hízole mayordomo de su casa, y puso en su mano todo cuanto tenía. Bendijo Yavé por José a la casa de Putifar, y derramó Yavé su bendición sobre todo cuanto tenía en casa y en el campo,
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y él lo dejó todo en mano de José, y no se cuidaba de nada, a no ser de lo que comía. Era José de hermosa presencia y bello rostro.
Castidad de José
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Sucedió después de todo esto que la mujer de su señor puso en él sus ojos, y le dijo: “Acuéstate conmigo.”
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Rehusó él, diciendo a la mujer de su señor: “Cuando mi señor no me pide cuentas de nada de la casa y ha puesto en mi mano cuanto tiene,
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y no hay en esta casa nadie superior a mí, sin haberse reservado él nada fuera de ti, por ser su mujer, ¿voy a hacer yo una cosa tan mala y a pecar contra Dios?”
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Y como hablase ella a José un día y otro día, y ni la escuchase él, negándose a acostarse con ella y aun a estar con ella,
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un día que entró José en la casa para cumplir con su cargo, y no había nadie en ella,
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le agarró por el manto, diciendo: “Acuéstate conmigo.” Pero él, dejando en su mano el manto, huyó y se salió de la casa.
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Viendo ella que había dejado el manto en sus manos y se había ido huyendo,
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se puso a gritar, llamando a las gentes de su casa, y les dijo a grandes voces: “Mirad, nos han traído a ese hebreo para que se burle de nosotros; ha entrado a mí para acostarse conmigo,
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y cuando vio que yo alzaba mi voz para llamar, ha dejado su manto junto a mí y ha huido fuera de la casa.”
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Dejó ella el manto de José cerca de sí, hasta que vino su señor a casa,
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y le habló así: “Ese siervo hebreo que nos has traído ha entrado a mí para burlarse de mí,
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y cuando vio que alzaba mi voz y llamaba, dejó junto a mí su manto y huyó fuera.”
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Al oír su señor lo que le decía su mujer, esto y esto es lo que me ha hecho tu siervo, montó en cólera,
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y, apresando a José, le metió en la cárcel donde estaban encerrados los presos del rey, y allí en la cárcel quedó José.
José en la cárcel
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Pero estaba Yavé con José, y extendió sobre él su favor, haciéndole grato a los ojos del jefe de la cárcel,
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que puso en su mano a todos los allí presos; y cuanto allí se hacía, era él quien lo hacía.
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De nada se cuidaba por sí el jefe de la cárcel, porque estaba Yavé con José, y cuanto hacía éste, Dios lo hacía prosperar.
CAPITULO 40 JOSÉ EN PRISIÓN
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