TERCERA PARTE
. HISTORIA DE ISAAC Y SUS DOS HIJOS
Capítulo 28
Huida de Jacob a Mesopotamia
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Llamó, pues, Isaac a Jacob, y le bendijo, y le mandó: “No tomes mujer de entre las hijas de Canaán.
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Anda y vete a Padán Aram, a casa de Batuel, el padre de tu madre, y toma allí mujer de entre las hijas de Labán, hermano de tu madre;
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el Dios omnipotente te bendecirá, te hará crecer, y te multiplicará, y te hará muchedumbre de pueblos,
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y te dará la bendición de Abraham a ti y a tu descendencia contigo, para que poseas la tierra en que como extranjero habitas, que dio Dios a Abraham.”
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Despidió, pues, Isaac a Jacob, que se fue a Padán Aram, a Labán, hijo de Batuel, arameo, hermano de Rebeca, madre de Jacob y Esaú.
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Viendo Esaú que Isaac había bendecido a Jacob y que, al bendecirle, le había mandado irse a Padán Aram para tomar mujer de allí, diciéndole: "No tomes mujer de entre las hijas de Canaán",
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y que, obedeciendo a su padre y a su madre, se había ido Jacob a Padán Aram,
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conoció Esaú que disgustaban a Isaac, su padre, las hijas de Canaán
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y se fue a Ismael y, sobre las que ya tenía, tomó por mujer a Majalat, hermana de Nebayot, hija de Ismael, hijo de Abraham.
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Salió, pues, Jacob de Bersebá, para dirigirse a Jarrán.
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Llegó a un lugar donde se dispuso a pasar la noche, pues el sol se ponía ya, y, tomando una de las piedras que en el lugar había, la puso de cabecera y se acostó.
Visión de la escala
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Tuvo un sueño en el que veía una escala que, apoyándose sobre la tierra, tocaba con su extremo en los cielos, y que por ella subían y bajaban los ángeles de Dios.
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Junto a él estaba Yavé, que le dijo: “Yo soy Yavé, el Dios de Abraham, tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra sobre la cual estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia.
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Será ésta como el polvo de la tierra, y te ensancharás a occidente y a oriente, a norte y a mediodía, y en ti y en tu descendencia serán bendecidas todas las naciones de la tierra.
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Yo estoy contigo, y te bendeciré adondequiera que vayas, y volveré a traerte a esta tierra, y no te abandonaré hasta cumplir lo que te digo.”
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Despertó Jacob de su sueño, y se dijo: “Ciertamente está Yavé en este lugar, y yo no lo sabía”;
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y, atemorizado, añadió: “¡Qué terrible es este lugar! No es sino la casa de Dios y la puerta de los cielos.”
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Levantóse Jacob bien de mañana, y, tomando la piedra que había tenido por cabecera, la alzó, como memoria, y vertió óleo sobre ella.
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Llamó a este lugar Betel, aunque la ciudad se llamó primero Luz.
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E hizo Jacob voto diciendo: “Si Yavé está conmigo, y me protege en mi viaje, y me da pan que comer y vestidos que vestir,
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y retorno en paz a la casa de mi padre, Yavé será mi Dios;
22
esta piedra que he alzado como memoria será para mí casa de Dios, y de todo cuanto a mí me dieres te daré el diezmo.”
CAPITULO 29 JACOB EN LA CASA DE LABÁN
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