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Cristo Raúl

 

FE DE VIDA. TESTIMONIO DE FE

ENSAYO JESUCRISTIANO SOBRE EL ORIGEN DIVINO DE LA LEY

DELITO Y JUICIO

 

 

PRO

Cuando la Plenitud de los tiempos llegó el Evangelio fue proclamado en la Tierra. Dios le había preparado el éxito no únicamente mediante el milenario proceso de formación manifiesto y especial que Dios le dedicó al Pueblo Judío; sino también por las obras literarias y filosóficas del Pensamiento Gentil, enriqueciendo los poderes de nuestro espíritu para buscar una verdad, que, aunque insuficientes para satisfacer los ansias naturales del hombre,  y ofrecerle mediante el conocimiento de todas las cosas el alivio a los males de su alma, siempre perseverante tras esa victoria que la Sabiduría encierra en su seno, nunca dejó de soñar con alcanzarla. Alimentada su esperanza de ver el cumplimiento de las promesas hechas a sus padres, los Judíos, contra viento y mareo, permanecieron esperando lo imposible. Entre los Gentiles las profecías paganas dieron vida a la expectativa de la gran aparición de una especie de Superhombre, en el orden del Espíritu, gracias a cuya Sabiduría y Poder el Mundo encontraríamos nuestro regreso al Paraíso.

Pensásemos o creyésemos Judíos y Gentiles cómo sería ese Mesías Emperador, la verdad es que Dios ordenó los asuntos del mundo para que la victoria del Evangelio fuese aclamada por todas nuestras naciones; la Dispersión de los Judíos por la vasta extensión del Imperio Romano,  para la Memoria las fuerzas que determinaron esa Necesidad, harían posible lo imposible: la Llamada de todos los Pueblos del Género Humano al Reino de la Vida Eterna. Desde su lugar de nacimiento, Jerusalén, el Cristianismo sería llevado por sus Apóstoles hasta las Cuatro Regiones de la Tierra en las que los Judíos encontraron, cada vez que fueron desterrados de su Tierra Prometida, un nuevo hogar;  por Obra y Gracia de Dios entre ellos encontraron los Apóstoles la audiencia a la que dirigir la Buena Nueva. Desde Roma, donde el Cristianismo enseguida echó entre nosotros raíces, el Evangelio se difundió a todo el mundo mediante el intercambio continuo que todas las provincias del imperio manteníamos con la capital. La Palabra de Jesucristo seguiría las vías del Comercio; el Cristianismo acompañaría a las legiones romanas hasta las fronteras del Imperio.

Por los libros del Nuevo Testamento sabemos que, a pocos años de distancia del Día de Pentecostés, el conocimiento de la Existencia y Vida de Jesucristo se difundió por todas las provincias del Imperio gracias a la predicación, los milagros y la vida de los Apóstoles y sus Discípulos; el mar Mediterráneo devino la cuna, el campo desde el que el Pan de la Vida Eterna que bajó del Cielo sería distribuido al resto de los pueblos del Género Humano. Alegría en las Alturas, Dios en Persona había recogido la Pluma con la que se escribe la Historia Universal. En la Roma Eterna, antes de que la Ciudad fuese visitada por el Jefe de los Apóstoles, el número de cristianos se descubrió tan grande como para superar en los barrios de los Judíos a los mismos Judíos, lo que dio cobertura a su crecimiento legal entre los Romanos, a la par que levantó en los círculos del Judaísmo Ortodoxo un clamor de violencia verbal religiosa contra los Discípulos de aquel Cristo Crucificado en Jerusalén por Poncio Pilato, de quien seguía contándose maravillas más propias de las leyendas griegas, para más INRI coronadas con el Anuncio de su Resurrección, que propias de la Biblia Hebrea.

El aire  comenzó a viciarse pronto viciando. La Persecución, la Parusía de San Pablo, fue cobrando cada década dejada atrás peso y realidad. No es el Evangelio para cobardes.  Ni Ayer ni Hoy. La Vida Eterna no es para quienes dudan del Corazón del Creador. Dios es Padre. Piensa como Padre. Siente como Padre. El Amor de Padre llena su Ser. ¿De cuándo fue el Verdadero Judío un cobarde?

Clemente de Roma nos afirma que San Pablo mismo, en el último periodo de su vida, visitó “el extremo de Occidente"—una expresión que probablemente se interpretó (acorde a la Epístola a los Romanos) hablando de aquella Hispania Romana visitada por los Hermanos del Trueno, Santiago y Juan, quienes, defendiendo a la Madre de la Persecución de los Judíos Ortodoxos contra la Casa del Cristo, la trajeron a la Primera de las Naciones que dedicaron su Patria a la Inmaculada Virgen Madre del Rey de Cielos y  Señor de la Tierra, levantándole la que, si al principio fue una Capilla, Hoy es la Basílica más grande de la Mundo Cristiano. Gloria de España que Gran Bretaña quiso hacer suya aun cuando su Conversión al Cristianismo muchos sucedió siglos más tarde; acontecimiento que no le perdonaron nunca a Dios los Protestantes, elegir el Latino al Teutón para ser el Guerrero que exportaría al resto del mundo la Semilla de la Vida Eterna.

Al parecer de las Coronas Teutónicas, Dios se equivocó de puerto, porque como dijo el más grande de todos ellos:” Si mis guerreros hubiesen estado en Jerusalén, en aquella Noche para la Eternidad, el Cordero de Dios no hubiese sido jamás  sacrificado”. De donde se ve la diferencia entre quien abraza la Fe por Amor a Dios y quien se pone de rodillas buscando el Imperio sobre todos los reinos del mundo. No que el rey de los Francos vendiese su alma inmortal por un imperio efímero, que aunque bárbaro supo rodearse de santos y sabios.  En fin, mientras San Pablo, movido por  su deseo de conocer en persona a la Madre, venía o no venía a España, sus Hermanos en el Apostolado Católico esparcieron la Buena Semilla, la Semilla de la Vida Eterna, por el resto del Imperio, y, siendo verdad que no trabajaron para ellos mismos, como aquel Simón Mago, que vio en el Evangelio una mina de Oro y Poder, ellos cultivaron con todo el amor del mundo aquel árbol, todo pequeñito en su origen ,que, andando el tiempo, habría de albergar en sus brazos a la Plenitud de las Naciones de la Tierra.

San Pedro, se dice, fundó la iglesia de Antioquía, que presidió durante siete años, dejando a Enodio como su sucesor. Si cruzó las fronteras del Imperio Romano, para llevar al Imperio de los Partos la Semilla de la Fe, pertenece a la mitología post apostólica. Personalmente, sabiendo que un campo tiene unos límites y los límites del campo Apostólico fueron trazados por su Señor y Dios, siendo las costas del Mar Mediterráneo esos límites, al tanto los Sembradores de la Semilla de la Vida eterna de la brevedad de sus vidas, a coronar en  el Sacrificio reservado a los Testigos del Hijo de Dios entre Nosotros, título, “Vosotros sois mis Testigos”, exclusivamente predestinado por Dios Padre para quienes  vieron con sus ojos a su Hijo, le tocaron con sus manos, le oyeron con sus oídos, aferrarse a la mitología de los viajes de los Apóstoles más allá de las fronteras del campo por Dios para ellos señalados no entra en mi inteligencia.

Tan falso considero la afirmación de no haber San Pedro dado su Testimonio de Sangre en la Roma de Nerón cuanto la afirmación de haberse extendido los Apóstoles más allá de las fronteras del Imperio Romano. Los Siervos sirven a su Señor. Recibido el Espíritu Santo de su Señor en Pentecostés, conforme a su Palabra: “Si me voy os lo enviaré”, y con el Espíritu Santo el Conocimiento Perfecto del Servicio que debían rendir a Dios Padre, las leyendas que sitúan a aquella Generación de hijos de Dios, Hermanos en el Espíritu del Señor Jesús, fuera de los confines del Campo en el que aquel “arbolito” debía ser cultivado no entra en el horizonte de mi pensamiento.

La Parusía, es decir, la Hora de rendir Testimonio ante el Cielo y la Tierra, y Testimonio de Sangre,  a las puertas, concentrar su Trabajo de Edificación de la Iglesia Católica entre las Fronteras del Imperio, haciendo de Roma la Capital Sede del Jefe de los Obispos, fue el Trabajo al que les prestaron Cuerpo y Alma a aquella Sabiduría que a los Gentiles y a los Judíos nos dio la espalda, porque los unos como los otros, la imagen del Rey Salomón en los ojos, vimos en la Sierva del Creador del Universo la fuente de toda riqueza y poder. ¡Cómo iba a permitir el Creador de todo lo visible y lo invisible que su Esposa Amadísima fuese tratada como esclava por  sus criaturas! Judíos y Gentiles la buscamos para armar nuestros imperios.

Paloma maravillosa a cuya belleza el rey sabio le dedicó el poema más hermoso escrito, todopoderosa y omnisciente se dejó abrazar por quienes a los ojos de los ricos y de los poderosos fuimos nada, maravilla que será recordada y alabada entre los Muros de la Iglesia Católica por la Eternidad, de cuyo seno Ella engendra para su Divino Esposo esta generación de hijos de Dios a la Imagen y Semejanza de su Hijo Adorado, Jesús, el mismo Cristo cuya Palabra, escrita en Sangre, navegó por las costas del Mar Mediterráneo hasta hacer de las provincias del Imperio su Casa.

Hijos Fieles hasta la Muerte a su Dios, gobernados por el Espíritu que bajó del Cielo, engendrado por Dios en su Hijo, creer que San Bartolomé predicó en la India, San Andrés en la Escitia, San Matías en Etiopía, y Santo Tomás en la China, es creer que Zeus parió a Alejandro en la mujer de  Filipo de Macedonia. Y no solo esto, es además negar que estuviesen al corriente de la Parusía, es decir, la Hora en la que deberían prestar su Testimonio de Sangre delante de los hombres. Es más, sería incluso de acusarles de huir de esa Hora. Hora de la que el Propio Maestro y Señor de los Apóstoles les anunció cuando le dijo a Pedro: “Si yo quiero que éste viva (hablando de Juan), a tí ¿qué?”. Sabemos por qué el Señor quiso que Juan viviese más allá de la Parusía que se llevó a todos sus Hermanos en  el Espíritu de Jesús: “Hijo, he ahí a tu Madre”. ¿No puso Dios un ángel con espada de fuego delante de un árbol? ¿Iba Dios a dejar sin protección a la Madre del Rey de los Cielos?

Sabemos que Juan se cambió el nombre y firmó como Marco el Evangelio que lleva este nombre, que este Marco vivió un tiempo en Alejandría,  donde María crió a su Niño, lejos de Jerusalén, y que, viendo la Parusía, Juan se la llevó lejos de Roma, trajo a la Madre a España, desde donde Ella ascendió al Cielo porque así lo dispuso Dios desde el principio: “Mi carne no conocerá la Corrupción de la Muerte”. ¿No fue Jesús carne de la carne de la Madre?

De aquí el Origen de la Leyenda de Santiago, el Apóstol de España, el hijo del Trueno, el hermano mayor rodeando a su hermano pequeño, y a la “Madre”, hasta que, movido por el Espíritu, Santiago regresó a Jerusalén a dar su testimonio de Sangre.

Estos son Hechos, lo otro son leyendas. Que Santiago fue el Apóstol de España, que la Madre permaneció en España hasta su Ascensión, que Juan la protegió más allá de la Persecución de Nerón, y que una vez la Madre elevada al reino de la Vida Eterna de su Hijo regresó Juan a Roma, único y último superviviente de la Edad Apostólica, la Edad más corta jamás computada en nuestra Historia y sin embargo la más trascendental e inolvidable jamás vivida, esto no es Leyenda, es nuestro Pan de cada día.

Rechazar tradiciones fundadas en leyendas sin base histórica pero relacionadas con relatos apócrifos desprovistos de Verdad, pero cargados de ambición de riquezas y poder, haciendo de la Iglesia una mina de oro y una cloaca de poder; rechazar tradiciones fundadas en la ignorancia de los siglos, a las que toda la Tierra estuvo sometida, es cuestión de inteligencia y sabiduría, entendimiento y fortaleza, consejo y temor de Dios. Desde el principio el Evangelio fue perseguido, amenazado de corrupción, tentado por  los adoradores del poder y las riquezas.

La Ignorancia que viene de la inexperiencia viva fue el talón de Aquiles de la primera generación de hijos de Dios, de la que Adán fue su cabeza. Sujeto a la ley de la Ignorancia los milenios desterraron del ser humano la imagen y semejanza de nuestro Creador. La encarnación del infierno, Satán, gozando de la libertad que vemos en el libro de Job, cuando se acercó al Todopoderoso Creador del Cosmos como quien se va a divertir riéndose de un necio, levantó entre los hombres imágenes de un dios a cuya semejanza los hombres se forjaron a sí mismos, transformándose los hijos de los hombres en bestias y monstruos, devoradores de pueblos y reinos, bestias monstruosas cuya visión se le hizo insoportable a quien nos dio por Imagen a su Hijo, ese mismo Jesús que se hizo Hombre para  decirnos: “¡Soy yo, el Hombre a cuya imagen y semejanza fuisteis llamados a la vida eterna!”.

¡Qué desgracia, una locura, Poder tan Infinito desperdiciado en curar leprosos, devolverle la vista  a los ciegos, hacer que los cojos anden y hasta que los muertos se levanten! “El Mesías ha perdido el juicio, como quien le arroja pepitas de oro a los peces y diamantes a los avestruces, el Poder ha vuelto loco al Cristo!”, se dijo el Templo.  Tantos milenios ¿para esto? ¡Frustración inmensa! Quitadlo de en medio. Que el Hombre que viene vestido de guerra hasta los dientes no es Hombre.

¿No te avergonzaste viéndote desnudo, Adán? Tus hijos interpretaron tu vergüenza mirando entre tus piernas. ¡La Ignorancia es la madre de las tradiciones y las leyendas! La Historia es la Verdad. La Historia que se escribe con la sangre inocente, la Sangre de Cristo, es la Verdadera Historia de la Humanidad.

¡Qué Amor ha de vivirse para hacer del cuerpo un tintero y de la sangre la tinta en la que Dios moja su pluma! Hijos de Dios, Hermanos de Cristo, ha llegado la Hora de la Parusía, corderos todos, el matadero está presto, el verdugo tiene el cuchillo del sacrificio en la mano. Este es el Origen del Cristianismo, la Semilla se hará un árbol todopoderoso que cubrirá con sus ramas la plenitud de las naciones. La Iglesia, la Novia del Evangelio, la Esposa del Señor Jesús, será Madre, hemos gozado de la Boda, no veremos a sus hijos; nosotros moriremos para que ellos vivan. Los jueces nos llaman, corramos a juicio.

¿Vuestro Maestro resucitó? Señoría, ¡cómo podría la Muerte contener al Señor de la Vida! Lo vimos con nuestros ojos, le tocamos con nuestras manos, le oímos con nuestros oídos. Yo y éstos que nos acompañan somos testigos de la Veracidad de su Palabra: ”Al tercer día resucitaré”. Él dijo, y así ha sido. Él dijo : “Haya luz; y la Luz se hizo”. El Verbo se hizo carne. Dios ha estado entre Nosotros. “Dios está con Nosotros”. Él nos ha dicho: “El que confiese mi Nombre no morirá, sino que vivirá para siempre”. ¡Cómo espera su señoría que le tengamos miedo a la muerte si nos ha sido dada la Vida Eterna! Para Él llegó su Hora; creados a su Imagen y Semejanza, esta es la Nuestra. Ni Roma tiene el Poder de bajar el cuchillo, ni nosotros el de quitárselo de las manos. Bueno sería que su señoría bajase del estrado y se uniese a nosotros, pero es demasiado tarde para cambiar las fechas que Dios Padre, Señor del Tiempo, ha determinado en bien de su Creación entera. Quiera Dios tener Misericordia de nuestros jueces, que las velas del barco de los milenios que recorre las sangres de los hombres llegue a las costas del Reino de la Vida Eterna. No tenemos más Rey que Jesucristo, nuestro Rey y Señor, el Hijo de Dios. Este mundo que fabrica verdugos, condenando a sus hermanos a la muerte, pasará. Un Mundo Nuevo vendrá en el que antes de alzar el hermano su brazo contra su hermano, él mismo se lo cortará. Hoy al hacha le toca caer, y a nosotros bajar la cabeza y seguir el ejemplo de Aquel por cuyo Nombre nos condenáis a muerte. No tememos por nosotros, sino por vosotros, nosotros pasamos de esta Vida a la Vida Eterna sin sufrir el Juicio de Dios, ¿pero cómo responderéis vosotros de nuestra sangre delante de nuestro Padre y Señor? ¿Huye el valiente del campo de batalla o se arrojará en el combate sea de diez contra uno? ¿Quién es el valiente; quién, el cobarde?¿Acaso no nos ha sido dado el Poder a imagen y semejanza del Hijo de Dios? Nos bastaría una sola Palabra para reducir a cenizas este tribunal. ¿Arrojaríamos nuestra gloria, ser los Discípulos de nuestro Maestro, por un día más de vida en este mundo? Fue condenado por Su Inocencia, y por la nuestra somos condenados a vivir su Sentencia. La tierra está labrada, debe ser regada. Nuestra Sangre es la Savia que alimentará el Árbol de la Vida en el mundo, para quienquiera que coma de su Fruto viva para siempre. Muros rodearán su tronco, poderosos serán sus ramas, se extenderán hasta los confines de la Tierra. Dijo nuestro Dios: “Haré una Obra que si os la contara no la creeríais”. Te la estoy contando. No la crees. Es nuestro sino, ser más poderosos muertos que vivos. Un Hombre, solo en el mundo, sin nadie que supiese de dónde venía ni adónde iba, ha levantado este Edificio: La Iglesia Católica Romana, a cuya Imagen y Semejanza nacerán iglesias en cada provincia del Imperio. Puedes matar el cuerpo, pero no el espíritu que vive en nosotros. Se extenderá por todas las regiones del mundo, hasta hacer que la Verdad, la Justicia y la Paz gobierne en las naciones que nacerán cuando el Imperio sea un capítulo en los libros de la Historia de los pueblos que han de nacer de la sangre que Hoy el Imperio derrama.

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CAPÍTULO 1

Dios Padre, Creador del Cosmos, Señor de la Vida, es quien dispone de las Edades de la Historia de nuestro Mundo en bien de su Creación. Los historiadores, incluso cristianos, comienzan  su relato sobre el Origen del Cristianismo  tal cual si Dios fuese un referente tipo Judío Antiguo, a quien no le interesaba tanto Dios cuanto la Ley de Moisés en cuanto Tótem de supervivencia. El ejemplo visible de este tipo de historiador lo tenemos en Flavio Josefo, el historiador de las Guerras y las Antigüedades Judías. En su Odio contra el Cristianismo y a fin de no parecer un Judío Ortodoxo declarando ser el Dios de los Hebreos superior a todos los dioses del Imperio, y ser el Pueblo Judío la Raza Superior, incluida la de los Griegos, de la que decían “antes casar a una hija con un cerdo que con un griego”, Flavio Josefo no se cortó las manos antes de desterrar de su Historia Antigua de los Judíos al Dios de Moisés, reduciendo su Existencia a un simple icono de supervivencia nacional. En unos tiempos en los que los historiadores romanos superaron a los griegos destacando la superioridad de la Raza Imperial Romana, lanzarle al César al rostro las Tablas de Dios no le hubiese servido de mucho al Pueblo desterrado una vez más de su Patria y condenado a vagar por las naciones  del Imperio. Había que bajarse los humos, descender del Monte no como profeta sino como otro pueblo al servicio del Imperio, y qué mayor servicio le podía prestar Flavio Josefo al César que descubrirle la identidad de su verdadero enemigo: los Cristianos.

Desgraciadamente los Historiadores Cristianos, y especialmente los formados en las escuelas protestantes, y precisamente porque el Odio a la Iglesia Católica fue la fuerza fratricida que los condujo a doblar las rodillas ante aquel Tentador que le ofreció a Dios Hijo Unigénito, Creador de Cielos y Tierra, “pues el Padre y Yo obramos juntos”, y “os mostrará mayores obras que ésta para que os maravilléis”, pactando con el Diablo a cambio del Imperio vivir el Odio a muerte contra la Iglesia Católica, de la que habría de nacerle al Señor esta Descendencia de la que su Padre Eterno escribió antes incluso de nacer Ella: “Tu Descendencia se apoderará de las puertas de sus enemigos”. Pacto de Odio con “el dios oculto de la Reforma”, de nombre Satanás, que, de haber nacido los Sembradores Malignos de ese Odio en el espíritu de Inteligencia antes se hubiesen cortado la lengua y las mismas piernas que prestarle la boca al Enemigo Infernal del Reino de Nuestro Padre que está en los Cielos; porque de haber vivido en ellos el Espíritu Santo hubiesen recordado el Regalo de Bodas de Dios Padre a la Esposa de su Hijo: “El Infierno no podrá con tus puertas”, tal cual  cinco siglos de Odio mortal de las iglesias nacidas de la Semilla Maligna de la División de las iglesias pueden constatar todas ellas al presente. Ellas perecen y la Iglesia Católica crece. De haber creído en Cristo no como un Fantasma, su fratricida “Holy Ghost”, sino como Dios Vivo Presente en la Historia del Mundo, hubiesen rechazado aquel pacto del alma por el Imperio en la inteligencia del que entiende que luchar contra la Esposa del Señor es poner su alma al servicio del Enemigo de Dios y de su Creación.

¿Puede concebirse locura más grande? Sin embargo de quien hace de la locura por el Poder su templo, imperio y reino ¿qué se podría esperar?

Tanto sobre el Origen del Cristianismo como del origen de la Reforma los historiadores católicos siguieron un método de conciliación con el Imperio Romano y con el Imperio Británico indigno de la Inteligencia a la que hemos sido llamados desde el Principio del Mundo: “Hagamos al Hombre a nuestra imagen y a nuestra semejanza”. Porque ¿en qué otro capítulo del Ser, más allá del espíritu de Inteligencia puede el Hombre ser semejante al Hijo de Dios, la Criatura a su Creador?

Observamos en unos y otros, hablando de sus Historias del Cristianismo, un método de alejamiento de Padre del Señor a quien todos dicen adorar, que en todo siguen la ley de Flavio Josefo: Reducir la Presencia de Dios a un tótem de salvación. Es decir, el Señor de la Vida no tiene arte ni parte en la vida de su creación. Ser cristiano ¿es garantía de vida eterna en razón de la adhesión a la Ley sin necesidad de introducir la Omnipresencia del Creador del Cosmos en su Creación? La doctrina que se oyó en la Europa Cristiana fue inmunda: “Tenemos la Biblia, no necesitamos a la Iglesia”. Ergo, ni a Dios. Nos basta la espada y el fuego. Por la espada y el Fuego destruiremos a la Iglesia que Dios fundó sobre la Fe de Pedro: “Tú eres el Hijo de Dios Vivo. Apártate de mí, Señor mío y Dios mío, que soy pecador”.

En efecto, al introducir a Dios en el Origen del Cristianismo se debe por lógica introducir en la Historia de la Iglesia a Satañás, el Diablo, la Serpiente Antigua, el Dragón, el Sembrador Maligno, padre de la Bestia, cuyo Odio hacia la Iglesia del Señor Jesús, su Esposo, fue el fuego que inició la Guerra Fratricida en Europa contra la Madre de cuyo Seno había de nacer esta Descendencia a la que Dios le prometió la Victoria sobre todos los enemigos de su Madre, cuyo Nacimiento saludó el Espíritu Santo diciendo: “La Creación entera espera con el corazón en el puño el día de la gloria de la libertad de los hijos de Dios”: e hijos de este Matrimonio Sempiterno de Cristo con la Iglesia Católica fundada en la Fe de Pedro: “Señor mío y Dios mío…” “Y yo te digo que me negarás tres veces” “Porque no es de tí que viene tu Confesión, sino de Dios que te ha elegido” “¿Me amas, Pedro?”

¡Quiénes, pues, fueron ésos que creyéndose superior a este Dios y Señor de Pedro, y sabiendo que fue Yavé Dios Padre quien le llamó, nadie, ni el Hijo adorado de Su Padre, siendo Todopoderoso Él mismo, se atrevió a desterrarle de su Presencia, ellos sí se creyeron grandes y dignos de condenar a ese Pedro a quien el mismísimo Dios Hijo Unigénito que dijo “Haya Luz” no solo no condenó sino que  glorificó a su Padre Eterno diciéndole al Elegido de su Padre: “Pedro, apacienta mis ovejas, apacienta mis corderos! ¡Cómo tales discípulos de semejante escuela de sembradores de Odio contra esta Madre que de su Seno habría de engendrarle a su Señor una Descendencia magnífica, nacida para Vencer, podrían escribir una Historia Universal del cristianismo! ¿En base a qué tipo de reconciliación se podría escribir desde el Catolicismo una Historia que para no levantar ampollas siguiese las mismas pautas de no  acudir a la Sabiduría de Dios Padre antes de abrir una línea sobre la Gloria de su Hijo Amado, Jesucristo, nuestro Padre que está en los Cielos?

Porque es evidente que partir desde la Sabiduría Divina implica la existencia del Diablo en la Historia del Futuro de las iglesias. ¿Acaso “la Parábola del Sembrador Maligno” fue la visión de un falso profeta? “El espíritu de Jesús es el espíritu de la profecía”. ¿Cuándo se produciría esa Siembra? Porque sabemos que Satanás, el Diablo, la encarnación del Infierno, la Serpiente Antigua, el Dragón que aterrorizó a los Pueblos del Imperio del Cielo, del que Jesús fue el Rey de reyes y Señor de señores, fue encarcelado durante Mil años, y fue liberado cumplidos esos Mil.  ¿Liberado por qué y para qué? ¿A quién tentaría con todos los reinos del mundo si de rodillas se postrase? ¿A Enrique VIII? ¿Qué precio debería pagar ese pueblo aspirante a la corona del mundo? ¿Su alma? Misión del Diablo: destruir a la Madre de cuyo seno Dios habría de engendrar esa Descendencia nacida para vencer y enfrentarse a las fuerzas de la Muerte y el Diablo.

 “Por sus Obras los conoceréis”. En efecto, Guerras de Religiones, creciendo hacia  la Guerra de los Treinta Años. ¿Obra del Diablo o de Dios?

Así pues, los historiadores del Cristianismo, desde el campo protestante, debían legitimar la Semilla del Odio que el Diablo sembró en sus fundadores contra Nuestra Santa Madre Iglesia, destruir en su seno la Descendencia llamada a heredar el testamento de su Hijo: “Se apoderarán de las puertas de sus enemigos, llevando tu Reino a todas las naciones de la Tierra”. Los historiadores católicos, no queriendo avivar el fuego infernal de aquel Odio que, cultivado en vivo, a la manera de aquellos bárbaros que mantenían viva la llama del odio de su tribu hacia las demás, por amor a una Unidad que nunca venía pero a la que había que acercarse sin descanso, siguiendo el ejemplo de aquellos filósofos que aun rechazados por la Sabiduría no perdieron nunca la esperanza de alcanzarla algún día, acabaron por alejar a Dios Padre del Origen de la Iglesia, en esto siguiendo la pauta de comportamiento histórico de los enemigos de Nuestra Madre. 

La lectura de la Historia de unos y otros, Protestantes y Católicos, alejado el Origen del Cristianismo de la Sabiduría del Creador del Cosmos y Señor de la Vida se reduce, como en el caso de Flavio Josefo, a hacer del Espíritu de Dios un Fantasma, al que hay que respetar por miedo a las consecuencias de alejarse de su Ley. Los Judíos Antiguos  hicieron de la Letra su Dios; los Protestantes hicieron de la Biblia su ídolo, un Santo Fantasma al que reverenciar con todo el Odio debido a la Iglesia Católica.

Y sin embargo, Dios es claro como el agua que baja de las montañas o sube de las profundidades de los campos: “Las vírgenes necias se encontrarán con la Puerta del Reino de la Vida Cerrada por no fiarse de la palabra de quien Dios les envía”.

Dios Padre es el Señor del Tiempo: “El Padre es Mayor que yo”.

Creer que las Edades de la Historia del cristianismo han surgido del caos o del azar y tienen al caos  y al azar por fuerzas motrices es Negar a Cristo. “Quien niega a Cristo es el Anticristo”. Concluyendo : Dios creó el Principio, y le dio un Fin: El Hombre a la imagen y semejanza de su Hijo. Si aún hay quienes crean que Miguel Cerulario, Lutero o Calvino, Zuinglio o Enrique VIII, Joseph Smith y demás hijos de las iglesias de la Reforma son Semejantes de Jesucristo, apártese de ellos todo el que “¡quiera ver días que nunca se acaban”!

 

Capítulo 2

No seguir el método de los historiadores al servicio de reyes, patrias, escuelas e iglesias, no es diferir los acontecimientos que se recrean desde el Espíritu de quien dispone de su Creación en bien de la plenitud de las naciones. ¿Puede existir el Cristianismo sin Dios? ¡Cómo entonces no comenzar la Historia que Él produce y dirige desde su Sabiduría. Entendámonos. Dios tiene el Poder de resucitar a los muertos. “¡Levántate Lázaro!” Dios tiene el Poder de liberar de la Ignorancia y elevar a su Sabiduría a los hombres en un abrir y cerrar de ojos. Desolados por la Muerte, aunque consolados por la Resurrección de su Maestro, los Apóstoles moraban en las sombras aguardando ese Espíritu que les prometió Jesús:  “Si yo me voy, os lo enviaré”. Un segundo, ni un minuto, y la Luz se hizo, la Sabiduría que a todos los sabios les cerró sus brazos entró en Ellos como torrente de agua sobre un pantano vacío. El Conocimiento de Dios y su Sabiduría, por la que había ordenado que el Primer Hombre muriera en su Pecado, y entregado a su Hijo a la Cruz, se hizo en ellos como quien en sus mentes entra la mente del Hijo de Dios y lo conocen todo. ¡Obra Maravillosa que si os la contara no la creeríais! Se fue Cristo Jesús y de la noche a la mañana nacen 12 hombres a su Imagen y a su Semejanza. Como se prepara un molde de barro, y se somete al Fuego, creando la Vasija en la que el Oro Puro del Espíritu de la Sabiduría de Jesucristo vivirá entre los hombres, Pedro se transfigura en San Pedro y cual Jesucristo en la Plenitud de su Poder entre los hombres se hace oír en todas las lenguas de los presentes. Y aquí es donde entienden la Obra de su Maestro Divino. Lo dejó escrito el Apóstol Evangelista: “Si tuviera que enumerar todas las cosas que el Hijo de Dos hizo entre nosotros no habría en este mundo papel para contenerlas”. Los Evangelistas enumeran los prototipos entre esas “cosas”: hacer ver a los ciegos, oír a los sordos, hablar a los mudos, levantar a los paralíticos, curar a los leprosos, hacer andar a los cojos, sanar a los enfermos de muerte, incluso sacar de la tumba a los muertos, multiplicar panes y peces, hablarle a los vientos, secar árboles…”cosas” por las que les tuvieron por loco, enloquecido por el Poder tan grande que Dios le dio. Ahora, viendo a aquella multitud reunida en la Jerusalén que 40 días crucificó al Mesías del que recibieron la vista, el oído, el habla, la salud y la vida, San Pedro vio al Padre en el Hijo: “Tanto tiempo ha que estoy entre vosotros y aun no me habéis visto”. Él fue la Personificación Perfecta, en carne, del Corazón de su Padre. ¿Quién, excepto quienes vieron en el Corazón de Jesús el fin de su Poder y Riquezas, le tuvo miedo al Hijo de Dios? Nosotros decimos, hablando a lo humano, de tal palo tal astilla. ¿Puede el agua que emerge de la fuente cristalino estar corrompida? Siendo el agua que corre por el río pura y fresca ¿será la fuente que le dio existencia un lago de inmundicia?

San Pedro contemplaba a su alrededor los miles y miles de hombres y mujeres cuyas familias y ellos mismos gozaron en sus carnes del Poder Infinito del Hijo de Dios. ¡Cómo el Hijo del Señor de la Vida Eterna hubiera podido ser contenido por la Muerte! Los miles y miles de hombre s mujeres que recibieron en sus carnes el Poder del Mesías, gratuitamente, como quien le da a un hijo todo lo que le pide, salían corriendo a abrazarse a sus familias, llevando con ellos la Prueba Divina de ser Jesús el Cristo. Allí estaban todos. Desde todas las regiones de los alrededores de Palestina y de las provincias de la Judea, la Samaria y la Galilea ésos mismos hombre y mujeres regresaron a Jerusalén al oír una Noticia Imposible de Creer, los sacerdotes del Templo habían condenado a muerte al Mesías Hijo de Dios, los Romanos lo  habían crucificado. ¿Era verdad? ¿Dónde estaban sus Discípulos?

¡Cómo adelantarse a los movimientos del Creador del Universo, o imaginarlos siquiera! ¡Haré una Obra que si os la contara no la creeriáis! En el Principio está escrito el Fin. Antes de comenzar a mover un dedo la Sabiduría de Dios Padre ya ha trazado el Plano. ¿Quién es el necio que se atreverá a aconsejar al Señor del Cosmos? ¿Quién criticará su Poder y su Gloria? ¿O se atreverá a declararle la Guerra a su Reino?

De donde regresamos a las cuestiones primeras, que de no saber responderlas nos quedaremos en las sombras como los Discípulos antes de Pentecostés. ¿Por qué Dios se armó en cólera contra su hijo Adán cuando teniendo todo el Poder para sacarlo de la Ignorancia, y desterrar al tentador de su Presencia? ¿Qué esperaba el Señor Dios de la Eternidad y el Infinito, Creador del Nuevo Cosmos y de las Tinieblas a que redujo el Antiguo, crear de un Hombre reducido a polvo y entregado a los pies de aquella Bestia  Homicida que, en su locura irredimible, le declaró la Guerra al Espíritu Santo de quien hasta ese entonces fue su Padre y Señor?

Estas cuestiones ya están respondidas en la Historia Divina de Jesucristo. Así que no me extenderé repitiendo lo que ya  está escrito. Pero sí dar a entender que la Traición de Satán a su Señor le sintió a Dios Padre como la lanza de la Traición de Judas a Dios Hijo: tanto más profunda la Herida cuanto Dios Padre no se esperó nunca que un hijo suyo se dejase arrastrar a semejante locura: La Criatura retando a su Creador a Guerra a muerte.

El Evangelio es la Respuesta en vivo, ante los hijos de Diops no de esta creación, de la Traición a la que respondió Dios Padre con Sentencia de Destierro de su Creación contra el Traidor. Cuya Firma dejó Dios Padre en Dios Hijo. Porque si a su Padre le resultó increíble semejante Traición, a Él, su Hijo Amado, semejante Declaración de Guerra contra su Ley, sellada con la sangre de su Hermano Pequeño Adán,  lo dejó sin habla. ¿Qué estaba pasando? Esto precisamente era ll que debía descubrirle Dios a su Hijo, a quien, por Amor, le había tenido al margen de las Guerras entre sus hermanos los Príncipes de su Imperio.

Creyó Dios Padre que estableciendo la Ley contra la Guerra sobre una Sentencia de Destierro Eterno de la Creación, arrojado al Abismo de las Tinieblas por la Eternidad, encerrado en las Profundidades del Infinito, el Temor a caer en ese Infierno  haría entrar en razones a sus hijos rebeldes, “no de nuestra creación”, ergo, no de nuestro mundo. Dios se quedó sin habla. ¿Qué fuerzas había arrastrado a esa generación de hijos  de Dios a declararle la guerra al Espíritu Santo de la Ley? Este Espíritu fue el que se hizo Hombre para que todos veamos su Naturaleza. “ Y se encarnó por Obra y Gracia del Espíritu Santo” porque vive en el Hijo y en el Padre. “Dos Personas, un mismo Espíritu”.  “Y el Espíritu es Dios”. Y este fue el Espíritu que en forma de lenguas de fuego hizo de los Discípulos de Jesús sus Hermanos, en todo engendrados a la Imagen y Semejanza. De aquí que confesemos todos: “Tres Personas , un sólo Dios”. “Dios es la Cabeza de Cristo, y la Cabeza de la Iglesia es Cristo”. De manera que la iglesia que no tiene por cabeza a Cristo no es iglesia ni es cristiano su pueblo. La iglesia del Anticristo es aquella que tiene por cabeza no a Cristo sino a un hombre cualquiera.

El Jefe de los Apóstoles, ahora y desde entonces: San Pedro, se descubre ante la multitud que vino a buscar una respuesta: ¿Ha resucitado el Mesías Nuestro Señor? Esa misma multitud que oyó la Respuesta sería la multitud que llevaría a los rincones de sus provincias la Buena Nueva, y finalmente, dado el caso de seguir vivos, seguirían a su Pastores a la Parusía: Dar Testimonio con su sangre de ser Aquel que les devolvió la Salud, y les abrió la Puerta de la vida eterna el Hijo de Dios.

¡Cómo entender la Historia de la Victoria de la Iglesia Católica sobre el Imperio sin este Pueblo que se ofrece libremente y sin dudarlo de ninguna de las maneras da Testimonio de la Verdad que ellos mismos vivieron en sus carnes. ¡Quién los separaría de la Verdad de la que sus cuerpos y sus almas eran el mayor Testimonio!

Los historiadores protestantes en su intento de Desconexión del Pueblo Católico, al que odiaron y aborrecieron una vez que gustaron el fruto de la Semilla Maligna, pasan por alto  este Testimonio Multitudinario que  levantó la misericordia entre los propios romanos, haciéndoles creer a sus rebaños que el triunfo fue del Cristianismo, nunca de la iglesia. Por su parte los historiadores católicos hacen de la Iglesia esa Victoria, sin contar con este Pueblo Maravilloso que se entregó al verdugo,  sin pesarle el martirio, como quien corre hacia la Puerta del Paraíso, destacando los Martirios de algunos jóvenes, ancianos y niños, olvidándose de aquella Multitud que  rodeó a San Pedro y le siguió a los anfiteatros del Imperio.

El Hombre, arrojado al polvo, víctima de una Bestia, de quien ya en los Cielos nadie podía esperar que encontrase la Puerta de la Vida, maravilló con su Testimonio de Sangre a los mismos dioses del Cielo. “Os contaré una Obra que de no haberla vivido no os la creeríais”.

CAPITULO 3

Una Guerra exige dos contendientes. No hay batalla  a muerte si no hay dos enemigos la convivencia entre ellos revelada como imposible. “Yo no he venido a traer Paz, sino Espada”. El Hijo de Dios no vino a firmar la Paz entre Dios, su Padre,  y Satán, su Enemigo. Todo lo contrario. “Tú le perseguirás, y Él te aplastará la cabeza”. El Hijo de Dios vino a cumplir la Palabra de su Padre. Los historiadores del cristianismo, de un lado como del otro, católicos y protestantes, dejaron de lado este detalle: Cristo no sale de la Nada, el Nuevo Testamento es la consumación del Antiguo Testamento. La Biblia entera es la Historia de una Guerra a Muerte entre una generación de hijos de Dios, no de esta creación, contra su Creador, la Razón Clara, la Razón Sola: El Odio al Espíritu Santo de la Ley Universal de Convivencia entre todos los pueblos de la Creación. “No comas!”, no hagas la Guerra, no te levantes contra tu hermano, sea de tu mundo o sea de cualquiera de los otros Pueblos  de los Cielos… “... O morirás”. La Paz se la defiende, la Paz se la ama, la Paz vive en la Casa de la Fraternidad Universal Sempiterna entre todos los Pueblos del Reino de Dios. Cualquiera que levante su Mano contra su prójimo, hijo de Dios todos, todos creación del mismo Creador, se alza en Armas contra Dios. No hay excusa, no hay justificación, no hay argumento delante de Dos que bendiga o proclame la Muerte de los Ciudadanos de su Creación como Causa Santa. Declararle la Guerra a un Pueblo de la Creación es declararle la Guerra al Señor Dios del Cosmos, desterrar del Ser y rebelarse contra su Espíritu de Padre Universal Sempiterno. Creer que el Hecho de ser hijo de Dios es tener Bendición Divina para hacer de un Pueblo y una Nación la Palanca para conquistar el Poder de Legislar contra la Ley e imponerle a la Creación, contra su Creador, la Ley de su capricho, es una Abominación a los ojos de quien siendo el Señor de la Vida la fundado su Creación en el Amor de todos a la Ley de la Fraternidad Universal. ¿Qué otra cosa quiso aquel hijo de Dios que vistiéndose él Manto de quien viene en nombre de Dios hizo de su Odio hacia el Espíritu Santo de la Ley Semilla de Traición?

¡Cómo se puede escribir una Historia del Cristianismo  dándole la espalda a esta Guerra! Si hacer que Jesucristo saliese de la Nada es un insulto a la Inteligencia, borrar de la Historia de la Redención la existencia del Enemigo de Dios y del Hombre, cuanto menos, es burlarse de todos los pueblos de la Tierra. ¿Qué es el Antiguo Testamento sino la Preparación del Campo de Batalla en el que el hijo del Hombre, Cristo, el hijo de María, hija de Eva, mujer de Adán, y aquél Sembrador Maligno que hizo de la Mentira su flecha, Satanás, la Serpiente Antigua, el Dragón  que  aterrorizó el Imperio de Dios, el Diablo, la Bestia, dirimirían en Duelo a muerte la Vida de la Ley de la Paz Universal entre todos los Pueblos de la Creación, los Presente y los Futuros? ¿Qué otra Espada podía tener el Hijo de Dios en sus manos? Perversos son los hombres que defienden la Paz dándole la espalda a Abel. El hombre que aplaude el terror y abomina de su víctima es una bestia. Quien así hace, sea de este mundo o de cualquiera de los otros mundos del Reino de Dios, sigue los pasos de Satanás, la Mentira es su Madre, el Infierno es su padre, la Guerra Civil será su tumba.

Leer el Apocalipsis en clave futura es negar ese Día de Yavé: Día de Juicio y Venganza. Juicio contra el Traidor, Satanás, que se vistió la Sotana de los Ministros de Dios, y se acercó a Eva, imagen de la Iglesia, sembrando en su pecho el Odio a la Ley de la Igualdad entre todos los seres de la Creación. El rey como el ciudadano, ambos vivimos por la Ley. ¿No es lo que hizo el Rey?, desprenderse de cualquier  gloria que le situase más allá, doblar  las rodillas ante Dios, y Obediencia a la Ley hasta la muerte. ¿Qué hicieron los padres de los Lutero y Calvino antes de Canosa? Exigieron ser hijos de Satanás. Es lo que le quiso imponer Satanás a Dios: Estar más allá de la Ley de los Ciudadanos. ¿Cuál fue la Respuesta de Dios? ¿Cuál sería la Respuesta de su Hijo? Aquí, y no en historias sujetas a las leyes de los hombres, es donde comienza la Verdadera Historia del Cristianismo. El Juicio de Dios Padre contra el espíritu de Satanás, levantado y fundado sobre el Odio a la Paz y la Pasión por la Guerra, fue “Destierro Eterno del Cosmos”. ¡La Casa de Dios Padre Creador necesitaba oír de los labios de Dios Hijo Unigénito y Primogénito su Voz. ¿Abogaría Jesús, Rey de reyes y Señor de señores del Imperio del Paraíso de la Vida Eterna, por el Indulto y la Amnistía contra los Enemigos del Espíritu Santo de la Ley de la Fraternidad Universal  en razón de la Dureza de la Sentencia?

Aquí comienza la Verdadera Historia del Cristianismo, de nosotros los Cristianos, derritiéndonos en Alabanzas y Bendiciones, transfigurándonos en Cánticos e Himnos, rendidos en versos de Adoración por Aquel que prefirió la muerte a vivir en una Creación gobernada por una Casa de demonios blindados contra sus crímenes por el Amor de Dios a sus hijos. El Hombre es creado y engendrado en nosotros un hijo de Dios a la imagen y semejanza de ese Hijo de Dios. Todo aquel que  hace dela Ley un castillo, un templo, una armadura con la que defenderse de sus crímenes y legalizar sus delitos rechaza a su Creador, elige ser un semejante del Traidor por cuya Maldad y Perversión, haciendo de la mentira su arma, trajo el Infierno a la Tierra.  “Yo he venido a traer la Espada de la Paz contra quienes hacen de la Ley su espada homicida”. La Historia del Cristianismo es la Historia de esta Guerra comenzada en el Edén, declarada por una generación de hijos de Fios, no de este mundo, contra la Ley de la Igualdad y el Amor entre todos los Pueblos del Reino del Paraíso de la Vida Eterna. Quien hace del Odio contra su hermano, su prójimo, su vecino, una Justificación para una Declaración de Guerra es hijo del Diablo, el Juicio de Dios contra él y su Pueblo es el Destierro de la Creación. Ahora, que cada cual elija lo que quiera, Vida o Muerte.

Capítulo 4

La Gloria y la Miseria de la Civilización de los Romanos neutraliza nuestro juicio sobre un edificio elevado sobre acontecimientos que sobrepasan nuestro entendimiento,  y a los que debemos referirnos  ejerciendo nuestro pensamiento sobre la Naturaleza de  la Civilización en cuanto una Organización edificada para subsistir en el Tiempo y garantizar a todos sus miembros una Convivencia fundada en la Justicia y en la Paz. Siendo nuestro Origen el espíritu del Hombre a la imagen y semejanza de Dios, encarnado en Jesucristo, pues que a nuestra inteligencia la Creación Premeditada de una Civilización Social abierta al Futuro de las generaciones que están en nuestras entrañas, barbarismo absurdo sería pensar que al Creador de nuestras entrañas la Naturaleza de la Civilización Universal que  impregna el Alma de nuestra Creación no le hubiese supuesto ni le suponga el despliegue de Sabiduría necesario para articular una Civilización abierta a la Vida Eterna de todos los Pueblos de su Reino.

Una Civilización es un Encuentro de Familias, unidas alrededor de un mismo Hecho: Una Voluntad de compartir la Existencia en el Marco de un mismo Código de Derechos. Este Código es sellado por todas los Pueblos nacidos de todas las Familias, con el Fin Metafísico de Preservar la Libertad del Ser en el Seno de una Sociedad creada para Defender la Paz del Individuo Personalizado, levantando con este Objeto un Estado para el que la Defensa de esta Paz es su Deber Supremo.

La Civilización jamás implica la creación de un Gobierno nacido para mantenerse más allá de la Ley del Deber del Estado, Deber creado por todas las Familias fundadoras de la Sociedad en la que nos integramos como Miembros de Pleno Derecho, para la Protección de cuyos Derechos  creamos un una Administración, cuyo Deber es fortificar el Estado a fin de que su Deber hacia los Pueblos de la Nación no sean jamás pisados  por un Gobierno mediante la Sumisión del Cuerpo del Estado a la Voluntad de los Miembros de dicha Administración.

Cuando esta Administración rompe el Contrato Social, firmado por todos los Ciudadanos, gracias al cual la Administración Fundada por la Voluntad de todos, adquiere el Poder de hacer que el Estado y su Deber  estén vivos y al servicio de todos, y, por el contrario,  dirige ese Poder para poner de rodillas al Estado, dicho Gobierno se transforma en una Organización Criminal. cuna Organización Política, que por buscar un status quo más allá de la Ley de ese Estado, deviene un Gobierno Criminal: por en cuanto del Deber hacia todos, Naturaleza Única del Estado, somos excluidos todos mediante la Perversión de la Naturaleza de este Deber al ser puesto de rodillas el Estado ante ese topo de Gobierno Inclusivo y Exclusivo. Desde este momento el Estado tiene por Amo y señor a dicho por el que el Cuerpo del Estado es transformado en la Casa del espíritu de una Familia de Ladrones. Como el Templo de la Iglesia es la Casa del Espíritu de Cristo, de esta misma manera una vez transformado el Cuerpo del Estado en el espíritu de un Gobierno cuyo Fin  es dirigir su Deber hacia sus Miembros.

La experiencia es la madre de la ciencia. Cientos y cientos de años en Guerra Perpetua contra un Modelo de Civilización en el que el Estado es creado para aplastar el Derecho de los Creadores de la Sociedad sobre la que el Gobierno es edificado, creer que la Sabiduría del Creador de la Vida en el Universo creado por su Omnisciencia está basada en la dinámica de ensayo, prueba e improvisación, es realizarse una lobotomización del intelecto natural a todo hijo de Dios.  En la HISTORIA DIVINA DE JESUCRISTO se lee que el Dominio de las Ciencias de la Creación de universos surgió en esa dinámica natural a las Ciencia. Y se ve que donde no hay Inteligencia no se puede llegar a alcanzar la Sabiduría que implica el Dominio Directo de la Creación de Mundos. Nuestro Creador nos lo ha dicho: “YO solo he sido formado, y después de mí no habrá otro”. La Formación de la Inteligencia Creadora exige la dinámica de ensayo, prueba e improvisación hasta que la experiencia se traduce en Ciencia, y la Ciencia en Ley. Esto tanto en la dimensión de la creación de Materia Astrofísica cuanto en el Campo de la Creación de la Vida a su Imagen y Semejanza. La Afirmación es Perfecta: “YO he sido formado!”. El Proceso fue acabado. La Palabra del Creador es Dios. Él dice, y así se hace.   

En Su Palabra, “Haya Luz”,  viene como Semilla y Núcleo el infinito número de ciencias necesarias para  hacer que, sin saber cómo, esa “Luz” se produzca. Toda palabra encierra en su sustancia una esencia que le es natural a ella. Creer que de la niche a la mañana un hombre cualquiera  pueda descubrir en esa Palabra esa Esencia, lo que nos descubre es su Ignorancia, su Orgullo, su Rebelión contra su Impotencia para abrir el Sello con el que Dios cerró su Libro.

Así pues, la Creación de la Vida a la Imagen y Semejanza del Espíritu de Inteligencia de nuestro Creador, fuente de nuestro comportamiento creador, implica esta Sabiduría Consumada Divina, formada durante edades eternas, en la Creación del Edificio Social abierto a  un Número Ilimitado de Pueblos que hemos de gozar del Descubrimiento Revolucionario de la Creación de Vida Inmortal, a imagen y semejanza de la Suya: Vida Indestructible Eterna. Fundar una Civilización semejante, abrirle a la Vida en el Universo la Puerta a su Mundo le exige al Creador de este Reino Universal levantar un  Edificio Social en el que la Paz tenga en la Corona la Cabeza de un Estado Dotado de Poder Supremo para hacer de una Justicia Único el Alma de la Libertad  de todos y cada uno de los Pueblos.

Esta Ley Fundamental de la Libertad, que le abre a cada Ciudadano la Puerta al disfrute de todos los bienes creados por la propia actividad creadora de la Sociedad, en la que la Sabiduría  siembra la semilla de la Prosperidad, una parte de los ciudadanos de aquella Civilización de civilizaciones vio en ella una estructura represora de sus ideas sobre cuál deba ser la Relación entre el Estado y el Gobierno,  y entre éstos y el Pueblo. Según “aquella generación rebelde” la Ley debía ajustarse al Origen de cada Pueblo, de manera que el Gobierno de cada Región del Imperio del Paraíso de la Vida Eterna, deviniendo cabeza del Estado de cada Pueblo, deviniera en Legislador, dejando la Ley Universal de tener vigor en los Miembros de ese Gobierno. Es decir,  la Ley del Rey de reyes y Señor de señores, JESÚS se mantendría como referencia utópica: Fraternidad, Igualdad, Libertad, Paz, Justicia, pero en el día a día el Legislador Regional  decretaría leyes propias: contra las que el Legislador Divino no tendría Poder. Dios debía abdicar el Poder en los reyes de su Mundo de esta manera vaciando de contenido la Corona de su Hijo. “Dedíquese Dios a crear universos y mundos y deje a sus hijos el Gobierno de sus reinos” fue el grito de Guerra contra el Espíritu de la Ley Universal+ sobre cuyo Cuerpo le levantó Dios un Imperio a su Hijo JESÚS.

Evidentemente la experiencia del Señor del Infinito y de la Eternidad, YAVÉ Dios Padre de JESÚS, no podía admitir semejante Protesta contra su Ley; lo que aquella Generación Rebelde de hijos de Dios, liderada por Satán, llamó Reforma fue una Rebelión en toda regla cuyo desenlace, de  no cortar el Creador por lo sano su crecimiento, extirpando de raíz semejante Idea de transformar el Reino de su Hijo en un Olimpo de dioses más allá del Bien y del Mal, fuera de la Ley, investidos de Inmunidad para hacer del Poder la llave al Libre Delito, sería declararle la Guerra al Propio Creador de todos ellos.

“Dios es Amor”. ¡Cómo va un Padre a condenar a un hijo a muerte!

La Ley y el Espíritu de Dios se hicieron una sola cosa. No que no lo fuesen antes de la Declaración de Guerra contra la Ley de la Vida. No estaba escrita. En cuanto Padre de su Creación quiso YAVÉ Dios cambiar la estructura de los pensamientos de esos hijos abriéndoles la Puerta al Acto Creador, hasta entonces reservado para Él y su Hijo JESÚS.

Como ya he escrito en la HISTORIA DIVINA DE JESUCRISTO, “Hagamos al Hombre a nuestra imagen y a nuestra semejanza” nos abre la inteligencia a la Presencia de los hijos de Dios en nuestra Creación y Formación, proceso último este que recogieron las Mitologías de todos los pueblos de la Tierra, y desde el que se entiende que la discusión sobre la Existencia de vida en el Cosmos es otra de las falacias de la aquella Razón Omnipotente que se dio a sí misma la Comunidad Científica, y en la que basó su Negación de la Existencia del Cosmos como Creación de Dios, Padre e Hijo. El Primero es la Causa Física del Cosmos, el Segundo es la Causa Metafísica, Aquel por quien y para quien hace su Padre todas las cosas.

La Revolución causante del Principio de nuestro Universo tuvo su gloria en darnos a nosotros por Causa Física y Metafísica al Hijo de Dios, el Mismo JESÚS Dios Hijo, Rey de reyes y Señor de señores que tomó del Cuerpo de la Virgen María de Nazaret la carne y los huesos, por las que la Madre, fuente de  la Carne de Cristo no conoció la Corrupción debida a la Muerte.

Lo que vemos es verdadero: El Fruto de la Ley es engendrar en nosotros el Ser a la imagen y  semejanza del hijo de Dios.

El Desprecio al Código de la Ley Universal, establecido por Dios como fuente de nuestro Comportamiento conduce a toda criatura a darse por Prototipo de Ser, aun siendo inconsciente, la imagen y semejanza de aquel Satán, la Serpiente Antiguo del Edén, el Dragón del Paraíso de Dios, la Bestia, el Diablo, el Sembrador Maligno, cuyo derecho malvado y corrupto, quiso hacer del Poder,: una fuente de legislación en la que el Delito sería parte natural del ejercicio del Gobierno, legitimando su Traición a la Ley de la Justicia y el Derecho del Pueblo en la Sumisión del Estado a una Administración Criminal, que, investida del pode de reyes, quedarías más allá del Bien y del Mal.

En verdad Dios es Amor, y Amor de Padre, y habiendo sido testigo de la Destrucción Directo de mundos sin número arrastrados de la gloria al Polvo como efecto de un sistema de esta naturaleza, creyó que únicamente podría detener esa Caída de esa parte de sus hijos, no de nuestro mundo, haciéndose una sola cosa con la Ley: “No comas, porque morirás”. En definitiva: “Serás desterrado de mi Creación”. El Cosmos es su Creación; así pues, ¿adónde sería arrojado?

La Creación de la Tierra acontecida en las Tinieblas, de las que la separó Dios una vez creada la Luz, y estas Tinieblas el producto de la Destrucción del Cosmos Antiguo,  y habiendo llamado a sus hijos a asistir a su creación de la Tierra, al mostrarles el Abismo al otro lado del Nuevo Cosmos, un campo vaciado de energía por cuyos espacios infinitos los restos de galaxias  sin número rodean este Océano de Nuevas Galaxias en Expansión Eterna hasta los horizontes infinitos; en aquel acto de contemplación de la Creación de la Tierra ya estaba en Dios Padre la Ley por la que esa Idea del Gobierno del Imperio del Paraíso de la vida eterna debiera ser transformado en un Olimpo de dioses más allá del bien y del mal, libres para matar el tiempo haciéndose la guerra,  y hacer del  Poder Legislador un armadura irrompible contra la Justicia del mismísimo Dios de dioses.

La Ley de la Igualdad de todos los Ciudadanos del Paraíso de la vida eterna fue proclamada por la Bioca de Dios. “No comas, porque morirás”.

Así estableció Dios como Padre su gloria más grande, alta y magnífica, por la que toda su Casa bendecimos su Palabra y adoramos su Espíritu. Desde el ciudadano más grande y poderoso en el Orden de la Necesidad Social, hasta el más pequeño, todo hombre, hijo y siervo de Dios, de la Tierra como del Cielo, vivimos por la Ley.

Quien hace del Poder Social para el que es llamado por Dios y el Pueblo:  armadura tras la que blindarse contra las consecuencias de sus Delitos, poniendo de rodillas al Estado, desterrando del Estado su Deber en Defensa del Derecho del Ciudadano a la Paz, la Fraternidad, y la Justicia, sea quien sea ése y ésos: el Juicio contra ellos está escrito: Sean Desterrados de la vida de la Sociedad.

Este Prototipo de Gobierno Criminal fue contra el que Dios proclamó la Ley. Y saliendo de su Boca, la Ley se vistió de Su Poder Infinito para que el Delito responda ante el Tribunal de la Justicia.

¿Mantendría Dios esta Ley de Destierro y Muerte si su Hijo Amado, su Niño adorado, JESÚS, abogase por su “hermano” Satán? ¿Y su probando la deliciosa fruta de la Corrupción el Rey en persona amase su pulpa? ¿Qué haría entonces Dios, condenaría al Destierro al Hijo de sus entrañas increadas?

La Creación entera aguardó con el corazón encogido la Respuesta de ese Hijo Amado, Rey de reyes y Señor de señores del Paraíso de la viuda eterna, Creador de Creador.

“Pedro, guarda la espada, quien a espada mata a espada morirá”.

“Mi reino no es de este mundo; si de este mundo fuera mi reino, mis ministros habrían luchado para que no fuese entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí”.

“Padre, en tus manos entrego mi espíritu”

El Rey de la Vida Eterna se desprendió de su Corona y se arrodilló ante la Ley.

El Himno de  Bendición y Adoración no tardó en ser proclamado en  la Casa de YAVÉ DIOS PADRE:

“Al que está sentado en el trono y al Cordero, la bendición, el honor, la gloria y el imperio por los siglos de los siglos”.

23/7/26

CAPITULO 5

Un Niño entra en el Templo de Jerusalén. Año 12 aproximadamente de la Era de Cristo. Precisamente ese Niño es Jesús, cuyo Nombre Nuevo, Cristo, le fue dado a ÉL por su Padre y Dios. Ese mismo Niño que entra es el mismo de quien se escribe:

Vi el cielo cubierto, y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba es llamado Fiel y Verídico, y con justicia juzga y hace la guerra. Sus ojos son como llama de fuego, lleva en su cabeza muchas diademas, y tiene un nombre escrito que nadie conoce sino El mismo, y viste un manto empapado en sangre, y tiene por nombre Verbo de Dios. Le siguen los ejércitos celestes sobre caballos blancos, vestidos de lino blanco, puro. De su boca sale una espada aguda para herir con ella a las naciones, y El las regirá con vara de hierro y El pisa el lagar del vino del furor de la cólera de Dios todopoderoso. Tiene sobre su manto y sobre su muslo escrito su nombre: Rey de reyes, Señor de señores.

El Hijo de Dios, Jesús, el Verbo hecho Hombre, Dios Hijo Unigénito y Primogénito, Creador de Cielos y Tierra, el Dios que dijo: Hagamos al Hombre a nuestra imagen y a nuestra semejanza, el Rey de reyes y Señor de señores del Imperio del  Paraíso de la vida Eterna en persona, el Elegido por YAVÉ Dios Padre para aplastarle la cabeza a la Serpiente, es ese Niño que se abre paso entre los Doctores de la Ley de Israel y comienza a maravillar a todos los presentes. Es el Rey de los Judíos que viene a reclamar la Corona de David, el Trono sobre toda la Tierra. ¡Pero es un Niño! Tanto más maravilloso el Acontecimiento porque un Niño les hace oír a todos los Doctores de la Ley una Sabiduría más alta que la del rey Salomón. El Niño tiene un Proyecto: Conquistar el Mundo por su Sabiduría,  liberar a todos los Pueblos de la Ignorancia en la que todas las naciones fueron encerradas por la Transgresión de Adán, hijo de Dios. Es un Niño, pero es Dios Hijo Unigénito. Sus ojos tienen su mirada sobre las Cuatro Regiones de la Tierra. Viene a ser proclamado Rey de los Judíos, quitarle el Imperio al César y desterrar de nuestro Mundo al Traidor del Edén, el Homicida cuya Ambición de Poder puso sus ojos en el Trono del Rey de reyes y Señor de señores, Él, Jesús. Gloria para el Hombre, infierno para el Sembrador Maligno que cultivó en el Género Humano la Semilla de la Guerra contra el Espíritu Santo del Creador del Cosmos. Fuego contra el Enemigo del Hombree, el Traidor que se dejó arrastrar por la Envidia de la Gloria del Unigénito y Primogénito de Dios. ¡Cómo darle principio a la Historia Universal del Cristianismo dándole la espalda a la Identidad de quien se encarnó en la Virgen de Nazaret! ¿Acaso Jesús salió de la Nada? ¿Abrir la Historia de los Cristianos cerrando los ojos a la Intervención Directa de Dios, Padre e Hijo, en el Acontecimiento de la Encarnación del Elegido de Dios para  cumplir su Palabra: “El Día de Yavé será día de Juicio y Venganza”. El Fuego que le recorre el cuerpo no puede esperar a manifestarse. Acaso no lo vio venir su Padre desde la distancia en el Tiempo? : No seas como el caballo, o como el mulo, sin entendimiento: Cuya boca ha de ser sujetada con cabestro y con freno, para que no lleguen a ti”. ¡Qué bien conocía Dios a su Hijo Amado! ¿Quién sujetaría con su palabra a aquel Niño por el Celo de su Padre desbocado?

“Había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, justo y piadoso, que esperaba la consolación de Israel, y el Espíritu Santo estaba en él. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de ver al Cristo del Señor. Movido del Espíritu, vino al templo, y al entrar los padres con el Niño Jesús para cumplir lo que prescribe la ley sobre El, Simeón le tomó en sus brazos, y, bendiciendo a Dios, dijo: Ahora, Señor, puedes ya dejar ir a tu siervo en paz, según tu palabra; porque han visto mis ojos tu salud la que has preparado ante la faz de todos los pueblos, luz para iluminación de las gentes y gloria de tu pueblo, Israel”.

Es el Señor de sus Siervos quien dice cuando se les acaban los días en la Tierra. Su Servicio aún no había acabado. Su misión final sería descubrirle al Niño que Él era el Cristo, el Cordero de Dios en cuya Sangre Dios desplegaría su Redención sobre todas las naciones. “El  Espíritu Santo es Dios” ¡Cómo no iba ese Niño a reconocer la Voz de su Padre en su Siervo! “Vengarás la Sangre de tu hermano Adán y redimirás con tu Sangre al mundo nacido de su Pecado. Tú eres el Cristo, el Cordero que Dios sacrificará por el Pecado de la Ignorancia del Príncipe y del Pueblo.”

Este es el Verdadero Origen del Cristianismo. Cuando el Protestantismo Calvinista, en todas sus modalidades teológicas, extendió el Origen del Cristianismo al Principio de la Creación, asentando que Dios creó este Mundo tal cual, condenando a Satán a Tentar y a Adán a caer en la Tentación, la Esposa de Cristo oyó la Voz de Satanás. La Esposa despertó y se hizo la Contrarreforma. El Enemigo de su Esposo, el Diablo, el Sembrador Maligno había aprovechado la Noche y el Sueño de los obispos para esparcir la Semilla del Odio entre las naciones cristianas de antiguo. Dormidos en su Sueño: “El Infierno no podrá contra tus puertas!”, los obispos se entregaron a ser señores con los señores de la Tierra, en nada diferenciándose su comportamiento del de los reyes de las naciones.

El Día en que el Espíritu de Yavé, espíritu de Sabiduría e Inteligencia, de Entendimiento y Fortaleza, Consejo y Temor de Dios, extendería sus brazos sobre la Plenitud de las naciones no era el Suyo. Elk Mundo debería seguir esperando con el corazón encogido el alba de ese Día que Aquel Niño quiso traer sobre Israel, para desde Jerusalén extender la luz de la Verdad sobre todos los Pueblos del Género Humano. Muchos siglos habrían de pasar hasta que la mente de los hombres pudiesen entender el Lenguaje de la Ciencia de la Creación. Ese espacio de tiempo entre aquel Día y este Nuestro es el que llamamos Historia Universal del Cristianismo.

 

CAPITULO 6

La Historia Universal es el Código Genético de la Memoria del Género Humano. El Historiador no puede servir a nadie, ni a Iglesia,  ni a Nación, ni a Monarquía Humana. El Historiador se debe única y exclusivamente a la Verdad. Contrariamente a este Espíritu de la Historia, los Historiadores, de todas las áreas de Ciencia de la Historia, nos tienen acostumbrados a ser esclavos; raras veces se han dejado llevar por un breve lapsus de independencia de pensamiento, abandonando la Verdad en razón de los Intereses de la comunidad a la que pertenecen, sea nacional, eclesiástica, monárquica, ideológica…¿Qué historiador británico de esas escuelas inglesas tan gloriosas ha definido alguna vez a Enrique VIII como un super demente, asesino en serie, y criminal genocida? Era bien parecido, culto. Todo ha de perdonársele. Lo cual me lleva a preguntarles: ¿Por qué no elegir a Mister Universo para  ser el nuevo rey de Inglaterra si todo lo que se necesita para ser rey es ser culto y bien parecido? Los crímenes de los reyes, las masacres de las dinastías, son gajes del oficio. Parte del peso de la corona es el asesinato, el fratricidio, desprenderse de la mujer como si fuese un trapo viejo, aplastar toda oposición a su majestad satánica. ¿Qué tiene que ver este prototipo de reyes con la Corona Universal Sempiterna de Jesucristo? ¿De qué prototipo surgieron las dinastías homicidas que durante todos estos milenios han ahogado las tierras con sus crímenes y sus guerras? De Dios, Padre de Jesucristo desde luego que no. “He aquí mi Hijo Amado”, el Rey de los Cielos en persona. Creados todos para crecer en la Imagen y Semejanza de su Hijo, ¿¿qué pasa, que cuando llegan al trono se pasan a la bancada de Satán? Cierto, es verdad que en más de una ocasión les pasó a muchos santos obispos y abades que al ser elegido para el Papado se desprendieron de la Imagen de Cristo y se dieron por Modelo ejercer el Poder a la imagen y semejanza del Diablo. Unas cuantas veces cayeron en ese abismo.  Y se levantaron. Los llamados reyes cayeron, y se instalaron en el Crimen. ¿No es natural y de necesidad que Dios Padre aboliese toda Corona, llamase a los reyes de su Imperio con la Orden de  poner sus corinas a los pies de su Trono y declarase el Reino de Dios? ¡Todos Ciudadanos! Desde el más grande al más pequeño, todos Ciudadanos de Su Reino, todos sujetos a la Ley. No hay excepción, no hay privilegio. Quien se cree superior a la Ley, responde ante su Tribunal de su Delito. No hay Amnistía, es decir, una excepción. No una razón que justifique el Delito. Ni razón de Estado, ni razón de Intereses, ni razón de Familia. Una Gran Batalla se abre en el Paraíso de la Vida Eterna. Satán y su generación  se rebela. Se levantan en Guerra contra el Decreto de Abolición de todas las coronas del Cielo. Son perseguidos, cazados y arrojados  a la Tierra. La pregunta es ociosa. ¿Qué hará el Rey de reyes y Señor de señores con su Corona?  ¿La pondrá también a los pies del Trono de YAVÉ Dios, su Padre? JESÚS acaba de descubrir a Cristo. Él es el Cristo. El Futuro del Paraíso de la Vida Eterna, el Reino de Fios, está en suspense, está en su Boca. “Hágase tu  Voluntad, no la mía”. El Rey de reyes y Señor de señores el Imperio de los Cielos dobla LAS RODILLAS ante Dios. ¿Ociosa? Su Padre no dudó nunca de su Hijo. Dos Personas, un único Espíritu. Dos Personas, un solo Dios. “Se encarnó por Obra y Gracia del Espíritu Santo” : El Espíritu que vive en Dios: Padre e Hijo. “Le glorifiqué y le volveré a glorificar” dijo Dios. El Hijo entró en la Tierra como Rey de reyes y Señor de señores y regresó a su Mundo como Rey Universal Sempiterno. “Al que está sentado a la Diestra del Dios: Todo Honor, todo Poder, toda Gloria por los siglos de los siglos”.

La Coronación de JESUCRISTO tuvo lugar en el Cielo, pero fue aquí en la Tierra donde dobló sus rodillas. El Rey de la Gloria es el Primero que  dobla sus rodillas ante la Ley. Los Cielos respiran. Los dioses y los hijos de Dios, la Creación entera abre su Corazón a la Vida Eterna. Lo que sucedió en la Tierra no volverá a suceder jamás en la Eternidad. La única Amnistía que cabe es vivir en la Luz de la Ley. Ni hijo no siervo de Dios.  El Delito no se justifica. El Delito no  encuentra oído en la excepción. No hay Justificación en la Vida creada a la Imagen y Semejanza de Dios: Vida Inteligente, la Sabiduría por fuente de toda Ciencia, Derecho y Civilización. Quien comete Delito es perfectamente consciente de la Naturaleza del Crimen que acomete,  y de la Sentencia contra su autor. Quien justifica su Delito se hace participe en su origen, desarrollo y fin. 

El Terror a que ha sido sometido el Género Humano, desde la Caída, no tiene Justificación. El Destierro del Homicida y su Generación, que, teniéndolo en Dios por Padre y en Él todas las cosas, no le temieron al Espíritu que vive en Dios, Creador del Cosmos y del Universo, no volverá a repetirse en la Eternidad, jamás. La Declaración de Jesucristo  fue escuchada en los Cielos: “Antes muerto que vivir en un Mundo gobernado por príncipes a la imagen y semejanza de Satanás”. Hoy es la Hora de orar juntos: “Padre Nuestro que éstas en los Cielos, hágase Tu Voluntad así en la Tierra como en el Cielo”.