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Cristo Raúl5/8/2026EL DECÁLOGO
DEL CIUDADANO DEL PARAISO DE LA VIDA ETERNA
Un código
de leyes es una fuente de creación de un comportamiento específico por el que
todos los ciudadanos de una misma sociedad comparten unos mismos valores espirituales
e intelectuales. Lo que diferencia a una civilización de otra es precisamente el
Código en cuyo campo tiene sus raíces el comportamiento de todos sus ciudadanos.
Las civilizaciones pueden ser tan ricas en materia y conocimiento como el Creador
las concibió y conciba en su Sabiduría. Los principios físicos sobre los que
una civilización basa su existencia pueden variar tanto cuanto la Omnisciencia Divina
despliegue en el Tiempo. ¿Quién puede ponerle límites al Espíritu Creador de
Dios? Creadores nosotros mismos, en nuestro propio mundo la manifestación del
genio y la sabiduría creadora en nuestras inteligencias nos permite comprender ese
límite ante el cual abrazamos las
rodillas de Dios, que nunca nos deje fuera de su Corazón. El Acontecimiento Divino de la Encarnación del
Hijo de Dios en el seno de la Virgen, María de Nazaret, nos pone delante de ese
límite que separa la Naturaleza Increada
del Creador de nuestra Naturaleza. A la vez que nos pone de rodillas ante este
límite, Él nos levanta, nos abraza y nos llama hijos, ciudadanos de Su Reino. Por
desgracia hemos vivido y conocido el Orgullo Maligno de quienes no aceptando este Límite le declararon la
Guerra a Dios. El Orgullo de los reyes antiguos fue el virus intelectual maligno
que encontró en la Ciencia un nuevo cuerpo donde de ser inquilino pasaría a
devenir el dueño del pensamiento científico moderno. ¿Una Virgen concebir
sin el concurso del varón? “Ni Dios puede
vencer este reto”, se contestó la Ciencia de los siglos XVII, XVIII, y XIX. El
Orgullo de la Ciencia fue una de las causas concurrentes creadoras de la
Tragedia del Siglo XX. Tratando la Historia de la vida en el Cosmos, Dios venció
los dos retos más imposibles concebibles para las solas fuerzas de la Materia,
el Tiempo y el Espacio; la primera: Creación de vida inmortal a la imagen y
semejanza de la Suya. La Segunda: Engendrar en su Ser Increado un Dios de su
Misma Naturaleza, Su Igual, su Familia, su Hijo Amado. Querer comprender estas Victorias
como quien quiere radiografiar el cuerpo de un muerto fue el síntoma de locura genocida
en cuyo caldo el Virus Maligno del Ateísmo Científico vino a parir los Monstruos
del Siglo XX.
Muestra
Naturaleza, fruto de la Victoria Divina sobre la Muerte, a cuya Ley estuvo el
Cosmos sometido durante la Eternidad, tiene abierta la Puerta a la Omnisciencia
Divina en lo que concierne a la Civilización. Aspirar a ser Igual a Dios nuestro
Creador, rechazando su existencia en el Hombre, su creación, por ser sus
semejantes pero no su Igual, fue la
Locura de aquel hijo de Dios que se presentó en nuestro Mundo para infectar a
la Generación del Primer Hombre con el virus de su locura maligna. Los efectos de este parásito infernal
en el ser humano nos lo ejemplifica nuestro Creador en el Fratricidio de Caín.
La Necesidad del Dios Señor de la Vida Eterna
de su Igual surgió en su amor por la
Vida, cuya naturaleza mortal comenzó a dejar en su Alma el sabor amargo, inconfundible
de la Soledad; tanto más profundo este sentimiento cuanto su Vida es Indestructible
y su Universo es Infinito en el Espacio y el Tiempo. ¿Qué haremos nosotros,
seguiremos la senda de la locura satánica parasitando en el Ateísmo Científico:
Negar a nuestro Creador por no habernos creado su Igual? ¿Le acusaremos de
haber fracasado en su Victoria de vida Inmortal?
Se ve que
siguiendo por este camino nos adentramos un paso más hacia las profundidades de
un psiquiátrico a cada línea sumergiéndonos
más y más en las tinieblas de un infierno autodestructor del que ya no hay
salida. Somos hombres, creación de Dios; hubiéramos debido nacer para morir,
como así fue en la Eternidad antes de agarrar
Dios de la mano a la Sabiduría para recorrer con Ella los infinitos campos de las ciencias creadoras de universos
y mundos. La Victoria de Dios sobre la Muerte fue total. “Yo solo he sido formado,
dice YAVÉ DIOS, y no habrá otro después de mí”. En el seno de esta Declaración bulle
un Camino largo y estrecho, profundas heridas, fracasos letales que
hubiesen provocado el abandono en
cualquier otra Inteligencia. Como dice Dios, con la pluma del rey Salomón,
hablando de la Sabiduría: “YO estuve con El desde el principio”. El Reto de la Creación
de Vida Inmortal fue un Reto que implicó a la Fuerza creadora de la Vida en el
Cosmos, Ella, la Sabiduría, formando al Único Dios que el Cosmos conoció, en las
Leyes del Espacio, del Tiempo y la Materia. Un proceso largo en el que creciendo,
el Conocimiento de su propio Ser y de su Soledad aumentaron al unísono; hasta devenir
tan profundo y pesado como para hacérsele insoportable la Vida sin ese Igual: Dios
Verdadero de Dios Verdadero, no creado, engendrado en y de la Naturaleza
Increada de su Ser y de su Espíritu. ¿Quién se atreverá a poner en la balanza
de creer o no creer en esta Victoria porque no podamos comprender este Nacimiento
del Padre y del Hijo en el Dios Señor del Cosmos? Estamos en el mismo dilema:
Creer o no creer en Dios porque nos es imposible entender la Concepción Inmaculada
del Hijo de Dios en la Virgen María de Nazaret. En Ella, la Madre de Cristo, Aquel
mismo Dios de la Increación, Señor del Infinito y de la Eternidad por la gracia
de la Sabiduría, nuestro Creador nos marca el Límite entre su Naturaleza y la nuestra:
Somos sus semejantes, Dios Padre únicamente tiene un Igual en cuanto a la
Naturaleza, Dios Hijo, nuestro Rey Amado: Jesucristo.
Quien
crea una Civilización para ser Morada de muchos Mundos, creado en distintos
puntos del Espacio y del Tiempo, escribe un Código de Leyes para todos los
Ciudadanos de su Creación. No importa el punto del Espacio y del Tiempo, los
principios físicos naturales a cada Civilización, el Código de Leyes del Espíritu
es Universal, de manera que sin invalidar
la grandeza natural de cada Pueblo, todos, los que son como los que vendrán a la
vida, todos vivimos a la luz de este Código Universal del Espíritu del Creador,
a cuya imagen y semejanza es formado el
espíritu de todos. Por esto le dice el Hijo de Dios a sus hermanos, hablando en
nombre de su Padre: “Hagamos al Hombre a nuestra Imagen y a nuestra semejanza”.
Ninguna
Sociedad de Civilizaciones puede subsistir en el Tiempo cuando las raíces del
comportamiento son distintas para cada una de ellas. Cuando los árboles del comportamiento
de los distintos pueblos de una Sociedad de Civilizaciones tienen distintas
Raíces se deduce que el comportamiento entre sus pueblos estará siempre en
tensión, tanto más tensa mientras la diferencia profundice en sus términos. Cuando una civilización
o nación tiene por ley santa matar a su vecino, y otra tiene por ley defender
la vida de aquel contra quien la ley
santa requiere su muerte, el estallido puede ser contenido durante un tiempo,
pero la Paz no puede venir sino mediante
la anulación de esa ley de guerra santa o ideológica y la Adhesión sin límites a la Ley de la Convivencia en este término Divino: “la Vida del Prójimo es Sagrada”.
Luego es
Responsabilidad del Creador de este Reino de Civilizaciones escribir un Código de
Leyes del Comportamiento que ejerza de Raíz Universal de todos los cuerpos
legislativos de los Mundos de su Reino.
Dios lo
escribió, ciertamente; Moisés fue la pluma con la que dejó firmado su Decálogo.
Pero hizo más, hizo que se Código se encarnara, para que viendo en vivo el
fruto de esas Raíces todos nos acercásemos al Árbol de la vida Eterna a comer
de su fruto. De aquí que seamos cristianos; pues el Fruto es Cristo Jesús,
siempre vivo, a cuya Imagen y Semejanza hemos sido llamados.
De nuevo
volver al tema trascendental: Sus “semejantes”, no sus Iguales. Igual a Dios Padre
únicamente es Dios Hijo, Jesucristo. Semejantes de Jesucristo son todos los
hijos de Dios, por esta Semejanza todos son Familia de Dios, su Padre, siempre
en el Amor y por el Amor a Jesús, Dios Hijo, quien encarnó a Cristo porque en
El vive la Ley del Espíritu Santo, este Código Universal en el que todos los
Ciudadanos de su Reino hallamos los unos a los otros ser nuestros semejantes.
Empecemos
por el Primero de todos: “Amaremos a Dios sobre todas las cosas, con todas las fuerzas
de nuestras mentes y corazones, en pensamientos, palabras y obras”.
Aquí nos encontramos
con el Problema de la Personalidad íntima de nuestro Creador. Dios mismo nos dice:
“YO he sido formado”, de donde se comprende que su Personalidad es fruto de un Proceso
de Crecimiento en el Conocimiento de Sí Mismo y de su Relación con la Vida en
el Universo. “YO SOY EL QUE SOY” lo dice todo. Dios no es el que yo digo, lo
diga este o lo diga el de más allá. Dios
es quien es. Una Personalidad tanto más definida cuanto su Formación ha tenido
por campo el Infinito y la Eternidad. Este es el problema que nos muestra Dios en
su Relación con los Hebreos del Antiguo Testamento, que acabó explotándole a
sus hijos, los Judíos, en pleno rostro cuando para ellos Dios dejó de ser Alguien
y se convirtió en un tótem, en un simple amuleto de supervivencia. Dios es el
que es. Conocer a Ése que es, una vez creados para vivir la existencia de seres
inmortales, deviene de necesidad para nuestra felicidad. Un par de miles de
años no les fue suficiente a los Hebreos para conocer a Dios, “el que era, el que es”. También es verdad que la
relación establecida con los Hebreos de Moisés fue una cuestión asentada sobre
el Poder. Sobre esa base los Hebreos condujeron a los Judíos a ninguna parte. Dios es Todopoderoso, Dios es
Eterno, Dios es Omnisciente… Muy bien, ¿y qué? ¿Adónde condujo a los Judíos basar su Fe en el Poder
y no en el Conocimiento de su Ser Íntimo? A las cámaras de gas. Fueron los
ASIRIOS, LOS BABILONIOS, LOS PERSAS, LOS HELENOS, LOS ROMANOS, LOS BÁRBAROS, LOS
MUSULMANES, LOS PROTESTANTES, LOS ESPAÑOLES, LOS FRANCESES, LOS INGLESES, LOS
NAZIS… Y siguen sin enterarse. Dios es Todopoderoso, Omnipotente, Omnisciente, Presciente,
etcétera, ¿y qué? ¿Vamos a entrar en competición con Nuestro Creador? ¿Somos
sus semejantes en el campo del Poder o
del Espíritu del Amor a la Vida, la Suya y la nuestra? ¿Acaso la locura de
Satán no fue creerse capaz de vencer a Dios en el terreno del Poder?
De la mano de Santo Tomás entramos en el Alma
de Dios, la que se refiere al Creador. ¿Pero y en ese Palacio del que dice “Yo
soy el que era, el que es”?
Basta de
palabras, dijo Dios, de tal Padre tal Hijo. “He aquí mi Hijo Amado”. La
Personalidad está en el Corazón. Fue en
el Corazón del Dios de la Eternidad que surgió
la fuente de la Vida Inmortal para todos los seres del Cosmos. Es en el Amor de
Dios a la Vida en el Universo que su Personalidad se forjó en los campos de los
tiempos eternos. “¿Para qué hablar? ¿Soy acaso hombre? dijo Dios en su Libro: He
aquí al que soy, hecho Hombre, Cristo, Dios con Nosotros. No seáis necios, no me miréis
desde el Poder, porque ¿qué sois? Polvo que sale del aliento de mi boca. Porque os amo, os llamo hijos, porque soy
vuestro Padre, es vuestro mi Paraíso”
El Corazón
de Dios hecho Hombre. ¿Para qué tantos discursos? ¿Una imagen no vale más que
mil palabras? He aquí lo que dijo Dios: “Ahí tenéis cientos de ellas, en mis
Evangelios. Todas con un mismo y único Héroe, Jesús, el hombre a cuya imagen y
semejanza fue creado el Primer Hombre, el Hijo de Dios a cuya imagen y
semejanza fue formada toda Criatura en el Cielo como la Tierra, y lo será por
siempre en el Futuro. ¿Qué veis de malo en Él? No tuvisteis que subir al Cielo
para miraros en el espejo de mi Espíritu.
¿Acaso queréis bajar al infierno para ver vuestra imagen en el espejo del Diablo?
Mi Hijo es el Espejo en el que el Rostro de mi Espíritu se muestra a todos los Pueblos
de mi Creación. Ayer como Hoy, Mañana y siempre : Yo soy el que soy, el que
era, el que es”. No hay trampa: Dios es Amor. El Amor del Creador por su
Creación es profundo como el Infinito y extenso como la Eternidad. ¿No la veis:
La Imagen? “Antes muerto que matar”. “Verdaderamente este es el Hijo de Dios”.
Habló un soldado, un analfabeto, una máquina de matar incapaz de pensar. La
Imagen le valió más que todos los discursos de todos los sabios juntos. La
Paternidad de Dios hacia todos y la Fraternidad de su Hijo hacia todos no es un
título decorativo. Quien es Padre y quien es Hermano tiene la Responsabilidad,
traducida en Deber, de proteger a sus hijos, de defender la vida de sus hermanos.
Si no fuese así la Creación entera estaría por siempre sometida al Infierno vivido
por el Género Humano en la Tierra. Dios Padre crea un Reino y le da a su Hijo la Corona para hacer de la
responsabilidad Su deber. Es una Responsabilidad que deviene el Deber de todos
y cada uno de los Ciudadanos del Reino de Dios: Defender la Vida de todos los
hombres, combatir las fuerzas criminales homicidas que tienen en la Muerte su ley y en el crimen la
moneda con la que comprarle a Dios la entrada en su Paraiso.
El
Discurso de Dios en su Hijo desde la Cruz es el Amor a su Creación, la Destrucción
de su Creación no le cabe en la cabeza ni en el corazón; pero por esta misma Pasión
que la defensa de la Vida de todos los Ciudadanos de su Reino se establece sobre
el Todopoder del Rey y la Responsabilidad del Espíritu
que vive en todos sus hijos de hacer de la Defensa de la Vida de todos un Deber
Sagrado.
Hemos visto
en nuestros días cómo un demente aplaude la Masacre de 1000 jóvenes en Israel y
condena la respuesta del estado de
Israel a la Declaración de Guerra contra el Estado Terrorista Palestino. Hemos vuelto a ver la Masacre de jóvenes
en Irán aplaudida por esa misma escuela de dementes que bendijo la Matanza en
Israel, maldiciendo ahora al Estado que se alzó para perseguir a los asesinos
de las decenas de miles de jóvenes iraníes acribillados en plena calle por el Estado terrorista Iraní. Así el Diablo se
viste de pacifista vistiéndose la toga del asesino, pontificando lo que es la
Paz quien ruega por más asesinatos para maldecir a la víctima y bendecir al
criminal. Cada cual ama a sus semejantes. Por esto nosotros amamos a Cristo y
ellos tienen por sus semejantes a los hijos de Satanás.
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