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Esta es la Voluntad Presente de Dios:"Unifiquense todas las iglesias en una sola y única" |
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LA
HISTORIA DIVINA DE JESUCRISTO
PRÓLOGO
UNIVERSAL
Este
Libro tuvo su Principio en un Librito, “Luz, Verdad y Vida”, escrito en la
prisión militar del Ferrol del Caudillo, Galicia, España, a finales del 1978,
durante los días del cambio de Obispo en Roma entre Juan Pablo I y Juan Pablo
II. Aquel que me abrió la Puerta de su Omnisciencia sabía que, de la Ignorancia
al Conocimiento de todas las cosas, aquel Librito tendría que hacer un Camino,
estrecho y largo, hasta adquirir el cuerpo que Hoy tiene; camino que no otro
sino su Autor tendría que vivir.
Su Autor,
yo, Cristo Raúl, abandoné el Cuartel de la Marina con aquél “librito”, escrito
a mano, que me sería dado a comer, y que yo comí. Ese “librito” que le supo a
mi alma más dulce que todas las riquezas de este mundo, andando el Tiempo
habría de saberme más amargo que el veneno más ácido.
Mas la
Criatura que vive del Amor de aquél que lo engendra no conoce su sino más que
cuando arrecian los vientos y las tormentas, cruje la tierra y caen los muros,
se levantan las aguas y llueve duro sobre un edificio que, a pesar de su
fragilidad externa, fue fundado sobre Roca.
Alegre
pues, sabiendo que Dios no abandona a sus hijos, y habiéndoseme Prometido la
Victoria, comencé mi travesía por el Tiempo, la Confianza puesta en la Palabra
de quien me engendró para traer a las naciones el Conocimiento de todas las
cosas, anunciarles el Fin de la Noche y el Nacimiento de un Nuevo Día. ¡Pero
cómo podía saber aquella criatura que el Conocimiento de la Ciencia del Bien y
del Mal habría de vivirlo en sus propias carnes! La Injusticia, la Pasión, el
Odio, el Desprecio, la Pobreza … ¿no forman parte de la Ciencia del Bien y del
Mal?
Siendo
Dios quien ha estado dirigiendo, y dirige el curso de la Historia del Género
Humano desde su Caída hasta el Restablecimiento de su Creación, acorde a su
Decreto: “Hagamos al Hombre a nuestra Imagen y Semejanza”, es decir, hijo de
Dios, el hombre, expuesto a un Mundo esclavizado a la Ley del Bien y del Mal, y
aunque engendrado a Imagen de su Creador, ha de vivir su crecimiento sujeto a
la Ley del Mundo.
Este
Libro contiene el Conocimiento de todas las cosas, las del Cielo, las de los
Cielos y las de la Tierra. El Rey y Señor del Universo es quien da, y viendo
buena su Obra, es Él quien envía a su hijo, como Él fue enviado por su Padre.
Pasado,
Presente y Futuro, he aquí las líneas sobre las que el espíritu de
Inteligencia, a Imagen y Semejanza de la Inteligencia Divina, se mueve el Autor
a través de los Libros que componen esta Obra.
Los
hechos tuvieron lugar de este modo:
I
Un día de
aquellos, durante la última encrucijada entre milenios, un joven de 20 años,
invocó al Hijo de Dios. Subió al monte, dejó el mundo y todos sus valores
atrás, y se plantó delante de Dios con un mar de preguntas quemándole el ser.
Aquél día Raúl dio el salto al otro lado de la Duda. Más allá de la
Duda, Raúl se plantó delante de su Creador.
Para Raúl
el tiempo de la Duda había pasado. Dios existe con la seguridad que existen el
Sol y las estrellas. Así que arrojando al suelo el lastre de la opinión de los
expertos Raúl subió aquel monte y liberó su pensamiento.
Y digo
que fueron muchas las horas que aquel joven alzó su voz al Cielo. El
firmamento, el sol, la tierra, el mar, fueron testigos de sus palabras. Sólo
ellos saben con qué palabras invocó Raúl a su Creador.
Al cabo,
sin fuerzas, Raúl cayó al suelo. En lo alto de aquél monte permaneció como
muerto durante un tiempo.
Cuando se
levantó regresó a casa y esperó que se cumpliera lo que está escrito: “Al que
llama, se le abre”.
Y así
fue. El Hijo de Dios le oyó, y le abrió. Entonces se cumplió en su ser lo que
está escrito: Al que crea de las entrañas le manará una fuente de aguas vivas.
Después
de estas cosas Raúl siguió su camino, y andando conoció a una persona muy
especial. Le llamaban el Profe.
De joven
el Profe se fue a hacer las Américas. Al cabo de décadas regresó a la madre
patria lleno de glorias, honoris causa, y todo eso, cosecha de su siembra por
las universidades latinoamericanas. Ya en su patria chica el Profe no tardó en
descubrir que para servir a Dios no hay que irse tan lejos; basta doblar las
esquinas, mirar alrededor y ver ovejas perdidas por todos los riscos.
Conmovido
por la suerte de aquella juventud -Dios sabe por quién condenada a morir bajo
los efectos del veneno de las cuatro letras malditas: SIDA- el Profe abrió un
caserón en el centro de su ciudad natal, Málaga, y puso sus habitaciones al
servicio de los jóvenes que como perros sin dueño proliferaban por las calles.
En aquella Casa se conocieron el Profe y Raúl.
Al tiempo
Raúl regresó a hacer su propio camino. Y se fueron el otoño y el invierno de
aquel año, (1976). Durante la primavera siguiente el Profe y Raúl volvieron a
encontrarse en Madrid.
El hecho
de hallarse el Profe en Madrid se debía a que se le había descubierto una
enfermedad en el cerebro. Sus enemigos decían que aquello era castigo de Dios
por haber dilapidado su fortuna en aquellos perros callejeros, leprosos sin
salvación. Ciertamente la operación costaba una fortuna, que el Profe no tenía
porque se la había gastado en aquellas ovejas perdidas, y ahora andaba el pobre
mendigando ayuda.
El Profe
peregrinaba por Madrid de puerta en puerta. Cuando volvió a encontrarse con
Raúl el hombre ya había perdido la cuenta. ¡Los amigos de los viejos días de
gloria! La cosa era que aquél hombre tampoco desesperaba. Lo que sí se sentía
era solo.
“¿Y tú
qué, Raúl? No me lo digas, no acudiste a tu cita con el ejército. Y ahora vas
por ahí a la aventura, un día por aquí, y el siguiente por allá”.
Era
genial. Estaba en sus cincuenta. De mediana estatura, rostro alegre, facciones
latinas. Conversación entretenida. Siempre se le veía risueño, “al mal tiempo:
buena cara”, decía. No fumaba, no bebía. No estaba casado. La gran pasión de su
vida, la única que tuvo jamás, fue Cristo, y lo confesaba como quien está
orgullosísimo de tener el tesoro más fabuloso del mundo.
Las
siguientes semanas se diluyeron en el río del tiempo. El Profe siguió su vía
crucis de puerta en puerta. Mientras tanto el mal seguía creciendo en su
cerebro. Y él llevando su cruz a cuestas sin más consuelo que el que podía
hallar en la compañía de un muchacho.
A Raúl la
tragedia y la grandeza de aquel hombre le impactaron.
Muchas
han sido las historias que me han impresionado a lo largo de mi existencia
alrededor de mundo, pero ninguna tuvo un efecto tan decisivo en mi vida.
Y pasó lo
que tenía que pasar. Una noche de aquel verano, cansado de patear las avenidas
madrileñas, Raúl regresó sin fuerzas a la habitación que compartía
con el Profe.
En el
firmamento de los cielos la Luna Llena paseaba su gracia; el velo de su luz le
cerró los ojos a Madrid. Al poco despertaron a Raúl unos lamentos. Creyendo que
venían de un Profe perdido en sus sueños, Raúl siguió durmiendo.
Al fin
Raúl abrió los ojos, y vio al Profe sentado en el borde de su cama,
la mirada perdida en el infinito. Por su barbilla corría un hilo de sangre. El
Profe estaba hablando solo.
Raúl dejó
al hombre hablar. ¡Madre de Dios!, la pena que estaba matando al Profe no era
su enfermedad, ni descubrir que sus amistades se desentendían de su problema.
La pena más grande que tenía su alma era no saber por qué Dios le había
abandonado.
“¿Este es
el precio a una vida de servicio, Señor? ¿Esta es mi paga?”, se lamentaba en su
ignorancia aquel doctor en más teologías que los san Agustín y santo Tomás
juntos.
Llegó el
verano del 77, yo, Raúl, me moví a Ibiza. No todo en este mundo tiene por qué
ser trabajos, aventuras, errores, aciertos. Cuando Dios creó los Cielos y la
Tierra allanó montes y trazó verdes praderas a orillas de ríos hermosos para
que el ser humano se desnudara y se dedicara a practicar el deporte de vivir la
vida.
Por
aquellos días Raúl solía plantarse en
los acantilados al otro lado de las murallas del castillo de Ibiza, mirando al
mar. Fue entonces cuando en el campo de sus reflexiones y meditaciones el Hijo
de Dios sembró en su corazón un deseo maravilloso: Tener inteligencia sin
medida para conocer todas las cosas
Y como
semilla en tierra buena que se hace árbol, aquél deseo dio en mi alma su fruto.
Así que uno de aquellos días me puse de pie, abrí mis brazos y le pedí al Hijo
de Dios lo que más deseaba tener en este mundo:
“El
Espíritu de Yavé: Espíritu de Inteligencia sin medida para
conocer todas las cosas”.
EL
ESPÍRITU DE YAVÉ
“Espíritu
de Sabiduría e Inteligencia, de Entendimiento y Fortaleza, de Consejo y
Temor de Dios”
Pedid y
no lo dudéis: Inteligencia sin medida a la imagen y semejanza de la de nuestro
Creador. Pedid y recibiréis Inteligencia sin medida para alcanzar todos los
secretos del universo y de la naturaleza humana. Este es el Día de los hijos de
Dios de la descendencia de Cristo, fruto de su Matrimonio con la Iglesia. Este
es el Día sobre el que San Pablo escribiera:
“Tengo
por cierto que los padecimientos del tiempo presente no son nada en comparación
con la gloria que ha de manifestarse en nosotros; porque la expectación ansiosa
de la creación está esperando la manifestación de los hijos de Dios, pues las
criaturas están sujetas a la vanidad, no de grado, sino por razón de quien las
sujeta, con la esperanza de que también ellas serán libertadas de la
servidumbre de la corrupción para participar en la libertad de la gloria de los
hijos de Dios”.
Efectivamente,
en El están los tesoros de todas las Ciencias, presentes y futuras. En Él están
todas las respuestas a todas las Enfermedades y a todos los problemas
referentes a la Organización de la Plenitud de las Naciones. En Él están todos
los secretos del Universo y de la Naturaleza. Él es el Hijo, y pone a
disposición de su Descendencia la Omnisciencia de Dios, porque como muy bien lo
dijera en persona: Todo lo del Padre es mío.
Así pues,
yo, Raúl, inspirado por el Hijo de Dios, levanté mi voz al Cielo:
“Haz una
Obra que el mundo se maraville y por viéndola crea que Tú eres Dios. Levanta mi
cabeza sobre las naciones y todos vean tu gloria, gloria de Unigénito de Dios. Glorifícate
en tu Creación. Tú eres Dios, tuyo es el Poder y la Gloria. Tú puedes hacer de una
piedra, informe y sin belleza, una Obra digna de tu Poder, ante cuya
contemplación todos se admiren y se entreguen a la alabanza de quien
semejante Obra hizo. ¿Qué es Imposible para Dios? Levanta la cabeza de tu
Criatura hasta el cielo, las nubes se aparten ante sus ojos, que sus pies se
asienten a los dos lados del océano y su Voz se oiga en las cuatro regiones del
mundo, y viendo tu Obra se digan las naciones, ¿quién es este que del Polvo ha
sido levantado hasta el Cielo? Haz una Maravilla, Dios mío, que viéndola todos
crean que Tú eres quien tiene en sus Manos la Vida del Mundo. No tengas en
cuenta que sólo soy barro sin más valor que el que tu Aliento quiera
imprimirle. Acuérdate de tu Creación, no dejes que tu Criatura se hunda en las
aguas y su luz sea apagada por las tinieblas. Tuyo es el Poder, tuya es la
Gloria, por esto te invoco, porque sé que como tu Padre amó al Mundo, lo amas
Tú, y no permitirás que el Hombre al que con tu Aliento le diste vida sea como
polvo que el viento arrastra al Abismo”.
II
Mi Fe
puesta en su Palabra, mi Confianza en su Gloria, no teniendo Duda de haber sido
Él quien sembró para recoger en mí, según está escrito, “¿quién es el que
primero da para tener que reclamarle”, seguí mi camino en la Esperanza de
recibir Respuesta.
Y así
fue. Al poco el Hijo de Dios me dio a conocer su respuesta: “Tú lo conocerás
todo, tú sabrás todas las cosas”, me dijo. Esto sucedió en el corazón de
Europa, en la nación que llaman Bélgica.
Había
pegado y se me había abierto, había pedido y se me había dado. Con la confianza
puesta en la veracidad del Hijo de Dios continué mi camino.
Entonces
se levantó un viento muy fuerte. Sirviendo a su Creador la creación entera me
agarró por los pelos, me levantó, y cuando fui a abrir los ojos me encontré
bajo tierra. Al día siguiente me descubrí en la casa de mis padres con mi vieja
biblia en las manos y una pregunta en mi mente: ¿cómo creó Dios la Luz, el
Firmamento?; en una palabra: el Universo.
Durante
las próximas semanas intenté descifrar el Jeroglífico de Moisés. Todo para
nada. No importase las vueltas que le diese al Texto, no encontraba la Llave
que me permitiese abrir su Sello, entrar y ver lo que había al otro lado de la
Puerta de la Luz del Génesis. Pero un día, regresando de Málaga la Bella a mi
pueblo, mientras por los cristales del bus admiraba el firmamento otoñal, ví la Luz. Tenía en mis manos la Llave de David.
Me bajé
del bus volando, abrí la puerta de casa. Mi madre me miró expectante.
“Voy a
ser escritor, mamá”, le dije sin pensármelo dos veces.
“Acuérdate
de tus hermanos cuando seas famoso”, me respondió ella.
Aquella
mujer no sabía leer ni escribir ¡Qué mujer! ¡Qué grande es el misterio de la
maternidad humana! Se parten los sesos los sabios buscando la fórmula de la
producción industrial de Einstein, Newton y colegas, y viene la
Naturaleza y se ríe de la Ciencia haciendo que una analfabeta para la piedra
filosofal. Así pues, hiper excitado por lo que me acababa de mostrar
mi Dios, agarré papel y lápiz y comencé a balbucear las primeras palabras de
Inteligencia sin medida que llenan este La Creación del Universo según
el Génesis. Una Introducción a la Cosmología del Siglo XXI.
Los
Hechos narrados en la CREACIÓN DEL UNIVERSO SEGÚN EL GÉNESIS referidos a “la
Creación de la Luz”, son los siguientes :
Uno:
Multiplicación Controlada de la densidad por unidad cúbica astrofísica del
campo gravitatorio terrestre. El origen de esta Multiplicación Controlada,
dije, es la Naturaleza del Ser Divino.
Dos:
Aceleración vertical de las revoluciones de trabajo del
transformador geonuclear de la Tierra. De la que se derivó la
aceleración rotatoria del Globo sobre su eje, y la implosión astrofísica del
Núcleo en el origen del calor del Planeta.
Tres:
Elevación termodinámica global del cuerpo geofísico, que desde el Manto se
extendió hasta la superficie y produjo la Fusión de la Corteza Primaria.
Cuatro:
Licuación de la Corteza Primaria bajo los efectos de la Fusión del Globo
externo y producción de la Atmósfera Primigenia.
Cinco:
Una vez concluida la transformación en calor del combustible gravitatorio, la
Tierra volvió a las manos de la Naturaleza, ajustándose sus nuevos cambios a la
ley de la Inercia.
Seis: A.
Desaceleración de las revoluciones de trabajo del
transformador geonuclear.
B. Caída
de la velocidad de rotación del Planeta.
C. Y
descenso de la temperatura del Globo.
Estos
fueron los tres primeros efectos visibles. Estos tres efectos fueron causa de
una nueva secuencia de efectos. El primero de estos nuevos efectos fue el
enfriamiento de la superficie exterior del Globo, que ipso facto puso la
primera piedra de la creación del anillo geofísico externo, la Litosfera.
Siete:
También podemos hablar de Solidificación de la Corteza Secundaria. En fin, esto
es ya según el gusto. Una vez que entremos más en profundidad tendremos tiempo
de diferenciarlas. Avanzando un poco el tema digamos que la Litosfera es al
Globo lo que la Corteza Secundaria es a la Litosfera. Resumiendo, la Corteza
Secundaria es la capa externa de la Litosfera. Fue, pues, la Corteza Secundaria
la primera capa litosférica que se solidificó.
Ocho: El
descenso continuo de la temperatura geofísica a su antiguo estado de partida,
que ya nunca alcanzaría, provocó la solidificación de la Corteza Secundaria,
como he dicho, y la creación del anillo litosférico. La Arquitectura Geofísica
siguió completando su cuerpo con el nacimiento del segundo anillo, el Manto,
cuyo enfriamiento cerraría la fuente de calor de la que hasta entonces se había
estado suministrando la Atmósfera Primigenia para conservar su estado natural.
Nueve:
Sublimación de la Atmósfera y Creación del Manto de Hielo que cubrió la
esfericidad del Planeta de polo norte a polo sur durante la Tarde del Día
Primero. Como dije antes, este Manto de Hielo es la Luz en el Verbo del Primer
Día.
III
A mis 21
años yo no cabía en mí de admiración por el Creador del Jeroglífico del
Génesis, cuyo Sello se ha mantenido impenetrable delante de todos los genios de
todos los tiempos. Su Omnisciencia y su Sabiduría Salvadora me tenían seducido,
cautivado, maravillado. Y en fin, en aquel estado de excitación intelectual sin
medida me hallaba cuando me llamaron para cumplir con mis obligaciones
militares.
En
noviembre de ese mismo año me incorporé a la Marina. Durante el siguiente
invierno, primavera y verano, el Hijo de Dios me mostró todas las cosas
concernientes al Derecho Divino, Justicia de la Salvación, fundamentos de la
Redención. En fin, el alimento sobre el que Él dijera: “Yo tengo un alimento
que vosotros no conocéis”.
Pues
bien, se fue el verano y vino el otoño. Un día de aquel otoño me condujeron a
la prisión militar del Ferrol del Caudillo, la Coruña, Galicia, para cumplir
sentencia de dos meses y un día en castigo por mi etapa de prófugo.
Estando
en la celda el Hijo me presentó al Padre, y Este me mostró lo que tenía en su
Corazón: la Esperanza de Salvación Universal que concibió al principio de los
tiempos
En
efecto, sólo un hombre pecó, y su pecado, sujeto al efecto dominó, se extendió
por toda la superficie de la Tierra. Así que al elevar al Trono del Juicio
Universal a su Hijo, Él lo volvió a glorificar otorgándole todos los poderes
del Presidente de la Corte Suprema de su Reino, entre cuyos poderes está el
dictar Absolución para el Acusado, en este caso Absolución Universal en base al
Derecho de Redención por Él mismo conquistado para el Género Humano.
Pues al
ofrecernos la Justicia de la Fe quedaron privados de su Gracia todos los
pueblos nacidos ante de Cristo; y, sin embargo, todas las naciones fuimos
entregadas a la Muerte por el pecado de un sólo hombre. Así que habiendo vivido
bajo la misma ignorancia que nos hizo a todos merecedores de la Gracia, en
razón de la Necesidad de la Muerte de Cristo, nuestros padres quedaron privados
de Salvación. Pero Dios, en su maravillosa Justicia, elevando su Hijo a la
Presidencia de la Corte Suprema de Justicia de su Reino le concedió poder
infinito y eterno para dictar Sentencia según espíritu y verdad.
Él puede
ajustar su Veredicto Final a la profecía en respuesta a nuestra maldad, o a la
Salud de su Paz en premio a nuestra Fe por creer que Él puede restaurar todas
las almas a su condición natural de bondad.
Nuestra
Sabiduría está en creer que el ser humano jamás se hubiera apartado de su
Creador de no haberse interpuesto entre Dios y el Hombre la Traición de la
Serpiente.
Nuestra
victoria: escribir en las páginas de la Historia Universal lo que creemos, con
nuestros hechos dándole cuerpo al argumento de la Defensa.
En
efecto:
Hubo
Redención porque hubo Ignorancia; de manera que si por la Ignorancia vino la
maldición: por esa misma Ignorancia, porque la hubo, y de no haberla habido la
Redención no hubiera sido posible por Ley, tuvo lugar la Redención recogida en
la ley del Sacrificio Expiatorio por los pecados.
Ahora
bien, la Ley de Moisés miraba al individuo, y en su faceta más abierta al
sacrificio por los pecados del pueblo hebreo y judío. Mas habiendo pecado todo
el mundo y viviendo en el pecado a causa de la Ignorancia de Adán, cuyo pecado
lo sufrimos en nuestras carnes la Plenitud de las Naciones del Género Humano,
esta Ley era símbolo y anuncio del Sacrificio Expiatorio de todos los pecados
del Mundo que preparaba Dios. La respuesta a la cuestión: ¿qué Cordero podía
valer a los ojos de Dios tanto como para quedar lavados en su Sangre los
pecados de todo un Mundo?, y sus derivadas, forman parte de la Doctrina de la
Santa Madre Iglesia Católica desde los días de los Apóstoles.
Lo
importante para nosotros es que Dios asumió nuestra Causa por propia y se
responsabilizó de la Caída en cuanto “sabiendo que aquel toro acorneaba” expuso
nuestro Futuro y el de la Creación entera a la Libertad, haciendo de cuyo uso
los Enemigos del Espíritu Santo hicieron de la Ignorancia de Adán talón de
Aquiles contra el que lanzar la lanza de la Traición.
Asumida
nuestra Causa, el Dilema en el que los discípulos del Maligno quisieron atrapar
a Dios y entre los nudos de cuyo imposible laberinto gordiano quisieron
despojarlo de su Espíritu Santo, reduciendo la Divinidad al Poder, en virtud de
cuya nueva Realidad quedarían marginadas la Verdad, la Justicia y la Paz de la
estructura del Cosmos, ese Dilema pasaba por el Cómo separar Dios y Espíritu
Santo.
¡Era solo
natural! Fue esta Propiedad del Ser Divino la que se opuso a un salto de tal
naturaleza que, dejando atrás la Verdad como raíz de la Justicia, pondría el
Futuro de la Creación sobre un Campo de Guerra Perpetua, cuya conclusión final
sería la Destrucción Absoluta de toda Criatura. Y de aquí que Dios se negase en
rotundo a acceder a la transformación de su reino en un Olimpo de dioses todos
más allá del Bien y del Mal.
La
estrategia de la Muerte y su Príncipe centró entonces su astucia en darle a
probar al Hijo de Dios la fruta del Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal, es
decir, la Guerra. La Astucia del Maligno alcanzaría su clímax al seducir al
Único que podría lograr que Dios abriese en el cuerpo de la Ley una excepción,
englobando en su Olimpo a los dioses, o sea, a toda la Casa de Dios.
¿Qué
pasaría si el Hijo de Dios encontrase satisfacción en la Guerra? ¿Cómo podía
saber Dios si a su Hijo Unigénito le gustaba o no la Ciencia del Bien y del Mal
si aún no había probado su fruto? ¿Ante una supuesta elección terminal del Hijo
de Dios a favor de la escuela del Diablo... no perdería el Espíritu Santo la
Batalla?
Cuando
Dios descubrió la Traición y se vio ante los hechos consumados, Dios le vio por
primera vez la cara a su Verdadero Enemigo, la Muerte. Y la Visión pasó a ser
Cósmica. Fue la Creación entera la que se halló amenazada por aquella Fuerza
Increada contra la que se alzó Dios con su Modelo de Cosmos, un Nuevo Universo
en el que la Vida tiene su Origen en Dios, hereda su Inmortalidad y se hace un
Árbol cuyas ramas cubren con su fruto, los Mundos, la Eternidad y el Infinito.
¡Era la
Hora de la Batalla Final de aquella Guerra que le declarara Dios a la Muerte
cuando por su Voluntad la Vida devino Inmortal! Si hasta entonces Dios no había
visto cara a cara al verdadero enemigo de su Creación, una vez que la locura
desplegada en el Edén se consumó, abrió Dios los ojos y le vio el Rostro a su
Enemigo.
Toda
cuestión quedó desde ese momento en suspense.
IV
Por esos
días murió un Obispo de Roma. Le sucedió otro. Y a los 33 días su sucesor
murió. Al muerto le sucedió Juan Pablo II.
Por
aquéllos mismos días el Hijo de Dios me dio a conocer la Voluntad Presente de
su Padre:
“Esta es
la Voluntad presente de Dios -me dijo-: Unifíquense todas las iglesias en una
sola y única”.
Enseguida
el Hijo de Dios me adoctrinó en la naturaleza del espíritu participativo del
Verbo, en la cual tienen todos los hijos de Dios su crecimiento. Pues al
corresponderle a Dios la acción y abrirle espacio a sus hijos, Él dota a sus
criaturas de todos los medios necesarios para su realización. De aquí que la
Obediencia sea el principio del crecimiento sobrenatural de su Reino.
CONCILIO
VATICANO SIGLO XXI
CONCILIO
UNIVERSAL DE ADORACIÓN DEL HIJO DE DIOS
JESUCRISTO,
Rey
Universal Sempiterno
La
Congregación Permanente Universal de los Obispos de la Plenitud de las
Naciones, siguiendo la Proclamación que se realizara en el Cielo, Dios Hijo
Unigénito y primogénito Jesucristo “Rey Universal Sempiterno”, proclamará la
Coronación de Jesucristo sobre todas las Naciones del Reino de Dios en la
Tierra, llamando a las casas monárquicas que secularmente ejercen potestad real
sobre las naciones cristianas, a depositar a los pies del Señor sus coronas y
cetros; quedando por la Obediencia absueltos del delito de Rebelión contra la
Corona del Rey Universal que pesa sobre sus casas, pasando libremente a la vida
privada cristiana como Ciudadanos del reino de Dios.
La
Proclamación, como la Adoración, será realizada por los pueblos en su plenitud,
en las capitales de provincias de las naciones cristianas, al frente sus
Obispos, sacerdotes y pastores, en alto proclamando el Pueblo su Condición de
Ciudadano del Reino de Dios, sujeto a Obediencia al Rey Sempiterno, Jesucristo.
Las casas
monárquicas que ejercen corona sobre las naciones cristianas, que se nieguen a
poner a los pies del Trono de Dios sus coronas y cetros, serán declarados en
rebeldía contra el Reino de Dios; sus miembros serán declarados fuera de la
Iglesia y su entrada en la Propiedad del Señor será prohibida a todos los
efectos.
Los
Gobiernos Cristianos declararán abolida las monarquías; si los Gobiernos sobre
las naciones cristianas se alzan en rebelión contra el Rey, sirviendo al rey
rebelde a Dios, los ejércitos del pueblo cristiano se levantarán para deponer a
los Rebeldes, depositarán a los pies del Señor corona y cetro, y proclamarán la
Adhesión sempiterna de la Nación al Reino de Dios, borrando de sus banderas los
emblemas rebeldes e inscribiendo el Signo de la Victoria, la Cruz de la
Resurrección.
La
Plenitud de las Naciones Cristianas realizará Proclamación Universal en Día
Señalado, para que su Voz suene al unísono en toda la Tierra y sea recogida en
el Cielo para la Misericordia del Juez Universal sobre las Naciones de la
Tierra en el Día del Juicio Final.
Al cierre
del Concilio Universal, la Unidad Cristiana restablecida, en Día señalado por
la Congregación de los Obispos, la Plenitud de las Naciones cristianas se
reunirá alrededor de sus Obispos, en sus ciudades, para clamar en alto la
Gloria de su Rey y Señor, Jesucristo.
V
Terminada
su Visita el Hijo de Dios me dijo : “YO SOY LA RESPUESTA”.
Yo recordé:
“Hagamos al Hombre a nuestra imagen y a nuestra semejanza”. Creados para
ser el reflejo vivo de su Alma en nosotros,
quien quiera recibir Inteligencia y Sabiduría a su imagen y semejanza, ser
Respuesta Suya entre los hombres, que se acerque a Él y le pida, como ÉL lo
tiene todo en su Padre así nosotros lo tenemos todo en Él, y nadie recibe de
Dios si no es el Hijo quien da, Él es la Puerta que da a Dios y nadie se acerca
a Dios si no es por la Voluntad y Gracia del Hijo de Dios: Jesucristo, el Rey
Universal y Señor Todopoderoso que Dios le da dado por la Eternidad a su Reino
y Creación.
En cuanto
a mi Palabra, quien quiera conocer si mi Palabra viene de ÉL o hablo de mí
mismo, que se acerque a Él y le pregunte, Él responde de mi Vida, pues creación
suya soy.
VI
Sucedió
entonces que según se fue acercando la Navidad del 1978 una pregunta fue
abriéndose espacio en mi espíritu; y adquiriendo cada vez más espacio también
fue apoderándose de mis noches, hasta el punto de no atreverme siquiera a
cerrar los ojos.
La
cuestión que se había instalado en mi ser tenía su raíz en la Esperanza de
Salvación Universal que Dios y su Hijo me habían mostrado: ¿Qué estaba yo
dispuesto a dar por esta Absolución Universal?
¡¡Mi
alma!! Fue mi respuesta.
Pero una
cosa es decir, y otra es hacer. ¿Un amor sin hechos, qué es? Que la Deserción
sería la Prueba de este Amor, pues adelante. Que al otro lado me esperaba una
obscuridad densísima, también. La decisión era mía. La Decisión tomada,
crucé aquella puerta.
Me detuve
en Madrid, con el Librito aquel, “Luz, Verdad y Vida”, escrito a mano durante
aquellos dos meses y un día; entré en la Editorial Cristiana. Y por la puerta
que entré, salí.
De Madrid
salté a Zaragoza. Acogido por un amigo en su casa, ignorantes él mismo y su
familia de mi estado militar pero encantados de tenerme con ellos esa Navidad,
solía yo sentarme a meditar en la Plaza del Pilar. Los acontecimientos vividos
durante el último año le habían dado a mi ser un nuevo sentido. ¿Qué iba a
hacer ahora, adónde ir?
En
aquellos días de meditación profunda existencial mi alegría se hizo infinita
cuando Dios me dio una “piedrecita con un nombre escrito que solo el que lo
recibe conoce”. Era para mí. Era mía. Yo leí: “Cristo Raúl”.
VII
LA
REVOLUCIÓN INTELECTUAL DE LA ESTRELLA DE LA MAÑANA
Así que,
saltando de Zaragoza a Paris, y de Paris a Madrid, años 79 y 80, ya me disponía
a regresar a Paris cuando “mi Padre que está en los cielos” me detuvo. Una hija
de Dios, de nombre Ana, había sido atacada por la Muerte; ya se disponía la
Muerte a llevársela, matando con ella la Respuesta que traía ella consigo, a
saber, Dios ha dado su bendición a una Revolución Omnisciente Mundial, que
tocando todas las ramas del árbol del conocimiento, ha de hacer saltar la
Sociedad de la Plenitud de las Naciones de un modelo fundado en la Antigüedad,
y recogido por la Modernidad, a una Sociedad fundada sobre los Principios
Eternos e Inconmovibles sobre los que Dios ha levantado su Reino.
Cristo
Raúl le dio su mano a Ana, la liberó del abrazo de la Muerte, y como la paloma
atravesada por la flecha de un enemigo, herida de muerte, pero no letal, una
vez curada de su herida abre sus alas y regresa al cielo en libertad, así Ana
siguió su camino hasta la Hora en que la Voluntad de Dios llenase la Tierra, y
llamando a sus hijos a Batalla Final volviese a reunirlos. He aquí, entonces,
algunas de las cosas que han de suceder en los años que vienen.
Unificación
de todas las iglesias cristianas alrededor del Tronco Católico;
Disolución
de la Federación Rusa, y Conversión de Moscú;
Caída de
Bruselas y Berlín;
Extinción
de las religiones: Islam e Hinduismo;
Independencia
del Tíbet y Desmembración de China y de la India en muchos Estados con sus
naciones;
Extinción
del Ateísmo Científico y Revolución de las ciencias médicas y ciencias de las
energías;
Caída del
Cuerpo de Seguridad de la ONU y Creación del Árbol de la Plenitud de las
Naciones con Jurisdicción Universal contra la Guerra y las Dictaduras;
Abolición
de todas las coronas, europeas, africanas y asiáticas;
Creación
de la Comunidad de los Estados Latinoamericanos y Multiplicación de Brasil en
distintos Estados con sus naciones;
Creación
de un Cuerpo Judicial-Policial Mundial de Lucha contra el Crimen y las
organizaciones Criminales Internacionales;
Revolución
Agrícola Mundial: Extinción de las plantas del Tabaco, Cocaína y Marihuana;
control de las plantas del Café, de la Vid y de la Amapola;
Reforestación
del Planeta;
Fin del
Comunismo, en todas sus formas, políticas e ideológicas;
Adhesión
del Estado de Israel a la Alianza Militar de la Plenitud de las Naciones
Cristianas;
Adhesión
de los Estados Unidos de América al Tribunal Penal Internacional;
Abandono
de las energías destructivas del planeta: Petróleo, Carbón y Gas;
Evolución
de los Estados hacia Administraciones sujetas al Deber de Cumplimiento de los
Derechos de la Familia;
Evolución
del Dinero en Metálico y Papel al Dinero Digital y la sujeción de su Movimiento
al Cuerpo de la Justicia;
Acceso
libre de todos los hombres a la Educación Universitaria y a los medios de
desarrollo de sus capacidades creativas;
Creación
de Tres Comunidades Africanas Internacionales: África Blanca o del Sur; África
Negra o Media, y África Mediterránea: libres de los Monopolios y oligarquías
europeas, asiáticas y americanas.
Superado
este periodo de dos años caminando en la oscuridad, y conociendo que mi Hora
estaba lejos aún en el tiempo, mi Dios despidió a la mujer que me había
ofrecido la mano para llegar a Paris.
VIII
Después
de encerrarme entre libros durante los siguientes tres años, tomé mujer, que me
dio un hijo. Yo, Cristo Raúl, tomé a la mujer y al niño y me trasladé a Creta,
donde a la altura del 86, movido por el Espíritu arrojé mi vieja Biblia al
fuego. Surgiendo de aquel fuego, el Hijo de Dios me mostró la Historia de la
Increación, del Infinito, de la Eternidad, y del Dios que desde el Principio
sin principio de la Increación fue la Causa Metafísica del Cosmos, y luego,
siendo formado por la Sabiduría, según está escrito “Yo soy Dios, Yo solo fui
formado, y después de mí no habrá otro”, vino a ser la Causa Física del Nuevo
Cosmos: su Creación.
“Escribe
todo lo que se te muestre”, me dijo mi Padre que está en los cielos. Yo, Cristo
Raúl, así lo hice.
Regresando
a la casa de mis progenitores dejé con ellos a la mujer y a su hijo; salté a
Paris, de París a Londres, de Londres a Jerusalén, y de Jerusalén a Madrid.
Aquí me dijo el Rey del Cielo: “Envía a la mujer y a su hijo a la casa de sus
padres, pues su casa de ella no tendrá parte en tu casa”. Yo, Cristo Raúl, así
lo hice.
Regresé a
Londres, me instalé en Finsbury Park, donde fue visitado por la Madre
de Cristo, abriéndole a mis ojos a lo que contenía su Corazón: “El Corazón de
María”.
Habiendo
escrito todo lo que la Madre de Jesucristo guardaba en su Corazón desde el día
de su Ascensión al Cielo, y apenas comencé a gozar de la victoria, la Muerte se
cebó en la casa de mis progenitores. Desecho permanecí en Madrid; como no era
bueno que estuviese solo Dios me dio una compañera, que concibió una hija, pero
Dios me dijo: “Sal de su casa, pues tu casa no será contada por ella”. Yo así
lo hice.
IX
El viento
se alzó y crucé el océano; permanecí en Méjico un mes, y nueve meses en los
Estados Unidos. A mi regreso, tras la muerte del hombre que me trajo al mundo,
regresé a Creta, donde permanecí un año. Pasado este año el viento volvió a
levantarse, y me llevó desde Atenas a Viena, Praga, Budapest, Bratislava,
Berlín, Copenhague, Estocolmo, Helsinki, Oslo y Roma, donde celebré
el Bimilenario del Nacimiento de Cristo. Pero mi tiempo, aunque se
acercaba, aún no había llegado.
Amaneciendo
el Nuevo Día regresé a la casa donde nací, y puse manos a la obra. Estando en
ello, una mujer entró en mi vida, y diciéndome Dios: “Por ella será contada tu
casa”, la tomé conmigo a Berlín. Pero tentada la mujer por el Diablo,
se dejó seducir. Buscando mi destrucción a fin de enterrar esta Historia Divina
en el polvo de los tiempos, el Diablo usó a la mujer para inyectar en mi alma
el veneno de un odio que pedía sangre. Pero Dios me dijo: “No derramarás
sangre; pero si ella toca la tuya, serás libre de su sangre”. Yo obedecí.
Despedí a la mujer y la envié con sus hijos a la casa de sus padres.
X
Tendido
en el suelo permanecí durante tres tiempos y medio. Cuando me recuperé vi al
Rey del Cielo al frente de la Casa de los hijos de Dios, la Casa
De Yavé y Sión, que venía a conquistar
para el Reino de Dios la Plenitud de las Naciones del Género Humano, y
dirigiéndose a mí, me dijo: “Levántate, hijo, y pues que no has derramado
la sangre de tus enemigos, sin sangre liberaré yo al mundo, y tus hijos serán testigos
ante las naciones de que Soy Yo quien lo ha hecho: ¡Habrá Revolución Mundial,
no habrá Guerra Mundial! Cobra ánimo, hijo, y fortalécete, que tu Hora se
acerca”.
Yo me
levanté, y lleno del espíritu exclamé: “Que el mundo despierte a la Verdad”.
XI
Corría el
2014 cuando en un juicio inicuo fui despojado de todo lo que amaba en este
mundo; pedí justicia a Dios, mi Salvador, y liberándome de las tinieblas me
condujo de regreso a la casa de mis progenitores, donde me fortalecí.
A la
puerta de la primavera del 2016 seguí a mi Rey hasta allí donde empezó todo,
Galicia, el Ferrol. Y abriéndome los ojos, leí: “Ten celo y compra de mí oro
acrisolado en el fuego, y cómprate vestiduras nuevas”. Maravillado por lo
que leí, supe que antes de empezar el Camino, Él ya conocía el fin. Y no sólo
desde ese día, sino desde el principio de los tiempos ya sabía Él la naturaleza
del camino que el Vencedor, su hijo, habría de vivir.
Tomando
fuerzas, compré el oro de ley de su Palabra. Y llevado por el Espíritu clamé a
Dios: “En el Nombre de Jesucristo: Que no sea hallado lugar para Satán en la
Tierra”.
Regresé entonces
a Zaragoza, donde se me prometiera la Victoria, en la Plaza del Pilar; pues en
mí está el Espíritu de Inteligencia para llamar a todos los hijos de Dios a la Batalla
Final por la Libertad de la Plenitud de las Naciones del Género Humano, y así
se cumpla, como en el Cielo en la Tierra, la Voluntad de Dios, que no hallando
lugar en su Creación el Maligno sea arrojado al Infierno preparado para él y
sus hermanos en el fondo del Abismo cubierto por las Tinieblas.
En cuanto
a aquéllos que sirviendo al Diablo intentaron destruir al Vencedor, he aquí que
no me pondré delante entre ser alguno y la puerta del Paraíso, pero contra
aquel, aquella y aquellos que se ponga entre hombre y Dios yo me alzaré con la
libertad de la gloria del Vencedor, y allá que cada cual sea juzgado por su
propio crimen.
LA
BATALLA FINAL
Todos los
hijos de Dios, “no de esta Creación”, en efecto, vieron la Gloria del Rey de
reyes y Señor de señores del Paraíso de Dios, Gloria de Dios Hijo Unigénito,
“Increado, no creado, de la misma Naturaleza que el Padre”, conforme al Dogma
revelado al mundo por Dios Padre a través de, en y por mi Santa Madre Iglesia
Católica.
Así que,
despejada la Duda sobre la veracidad Divina del Rey de reyes y Señor de señores
del Imperio del Cielo, argumento con el que la Muerte, en y por la boca de
Satán, uno de ésos hijos “no de esta creación”, incendió el Paraíso, llamó Dios
a todos sus hijos a doblar sus rodillas ante su Ley: “NO comais, porque moriréis”.
La Invocación
al Padre ante el Juez no encontrará en el Creador excepción, es el Alma que
respira la Ley, dada a conocer la Tierra para ser la Columna Eterna sobre la
que descansa el Edificio del Reino de Dios en el Cielo, y cuya Mirada tuvo sus ojos puestos en los hijos de Dios que
incendiaron el Paraíso con el fuego del Infierno de la Guerra.
La
Confianza de Dios Padre puesta en que la Obediencia que viene del Amor sería
reforzada por la que procede del Temor, dejó el Proceso de Formación del Hombre
en las manos de sus hijos, “los dioses de muy antiguo”, entre quienes se
contaba, en cuanto hijo de Dios, el mismo Satán que “ya acorneara” la Paz en el
Cielo durante los Días de la Creación, antes de la creación de nuestros Cielos
y de nuestra Tierra.
Y sin
embargo la Batalla Final entre Dios y la Muerte seguía en el aire.
Aun
cuando la Muerte se escondiese a la espera de una mejor ocasión para asestar su
golpe fatal, y el Género Humano alcanzase la Inmortalidad, más tarde o más
temprano la Muerte volvería a extender su Fuerza sobre la Creación para
conducirla a su Destrucción.
Que los
hijos de Dios, consciente de la Naturaleza de la Ley, elevada a la Naturaleza
del Verbo, cayesen en la Tentación y amparándose en el Amor de Dios por sus
hijos invocasen de nuevo al Padre en Creador en contra del Juez en Dios, esto
estaba por verse.
El hecho
es que todos los hijos de Dios tenían que decir su última palabra sobre el
Modelo de Creación que la Muerte y Dios, cada uno, habían puesto sobre la mesa
del Infinito y la Eternidad: Verdad, Justicia y Paz, o Mentira, Corrupción y
Guerra.
Dios,
confiando en el Temor a su Verbo, dejó el Futuro del Género Humano en las manos
de sus hijos, los dioses de muy antiguo. Pues desde el origen de los tiempos de
la vida en la Tierra los hijos de Dios habían estado bajando del Cielo a la
Tierra y regresando de la Tierra al Cielo con toda la libertad del mundo.
La Hora
de dejar en el Pasado las Guerras del Cielo, había llegado. Dando a conocer su
Ley, “y la Ley es el Verbo, y el Verbo es Dios”, Dios dejó a sus hijos en
Libertad para que en la plenitud de sus facultades mentales e intelectuales se
adhirieran a la Ley o se alzasen contra ella.
Y pasó lo
que jamás quiso Dios que pasase, y la Sabiduría Increadora sabía que
habría de pasar, pero que no estando los ojos de su Señor abiertos a la visión
de su Enemigo, la Muerte, Ella no podría impedir que sucediese.
Aquéllos
hijos de Dios que antes se conjuraron para abrirle al Infierno las puertas del
Paraíso de Dios, se conjuraron de nuevo para, usando al Hombre como Hacha de
guerra, declararle la Guerra al Espíritu Santo de la Ley.
El
Hombre, habiendo sido formado a la Imagen de Dios, teniendo su propia Palabra
por Ley, “a imagen y semejanza de Dios”, ignorante de la Ciencia del Bien y del
Mal, que conocía como se conoce una Historia por otros vivida, pero de cuyo
Fruto, la Guerra, jamás había comido, sin conocimiento de causa comió del Fruto
Prohibido: la Guerra Santa.
Históricamente
hablando tenemos el efecto final de la formación de las familias del género
humano a imagen y semejanza de los hijos de Dios en la creación del primer
reino que conoció el mundo, el reino del primer Hombre, el Adán bíblico,
aquel Alulim sumerio “sobre cuya cabeza descendió la corona que bajó
del Cielo”.
Así pues,
una vez consumada la Revolución Neolítica forjadora de las primeras ciudades
mesopotámicas, la aproximación de los pueblos de la Tierra al reino de Dios un
proyecto a asumir con el paso de los siglos bajo el imperio de la Ley, la
Perversión de aquéllos hijos de Dios que en pleno uso de sus facultades
intelectuales se decidieron, contra el Espíritu Santo de Dios, a legitimar la
Guerra como Privilegio de los reyes de su Imperio : los condujo a engañar al
Primer Hombre usando su amor al Verbo como lanza con la que atravesar el
costado de Dios.
No
conociendo la Mentira, el Hombre no podía ver en la Palabra de Satán, “la
serpiente antigua”, sino la Palabra de un Ministro de Dios hablando en nombre de
su Señor. Y en consecuencia el primer Hombre se alzó en Guerra Santa contra
todas las familias de la Tierra a fin de conducirlas a todas al reino de Dios.
La
Astucia de la Serpiente no pudo ser más odiosa a Dios en razón de la Ignorancia
del Hombre sobre la Maldad y la Causa que arrastraba a “la serpiente antigua” a
usarle como Hacha de Guerra.
No el
Hombre, la Ley del Espíritu Santo fue el Enemigo de la Serpiente que Satanás lleva
dentro. Pero si su triunfo le supo a mieles, su Transgresión dejaba ver su
Locura: ¿Una simple criatura se atreve a retar a Guerra Total al Creador del
Campo de las galaxias? ¿No había podido derrotar el Dragón satánico a los hijos
de Dios, criaturas como son, y se atrevía a declararle la Guerra al mismísimo
Dios, Creador de los dioses? ¿¡Qué locura es ésta!?
La
Batalla Final se acababa de declarar. La inmensidad de la locura de sus hijos
rebeldes, la Sabiduría lo sabía, no podía sino abrirle los ojos a su Señor.
Mientras la Muerte no fuera desconectada de la Vida, la Creación estaría
siempre en Guerra. Fuerza ciega, la Muerte, desde el principio sin principio de
la Eternidad actuando en complementariedad con la Vida, seguiría lloviendo su Infierno
sobre el Paraíso.
Lo había
hecho ya por dos veces, lo volvió a hacer por tercera vez, y seguiría
haciéndolo hasta encontrar en la Creación su lugar.
Únicamente
Dios podía producir la Desconexión entre la Vida y la Muerte. De aquí que la
Sabiduría, conociendo a su Señor, viese venir la Batalla Final.
Declarada
la Guerra, la Caída del Hombre un hecho consumado, la locura de sus hijos
rebeldes delante de sus ojos, Dios abrió los ojos a su verdadero Enemigo: la
Muerte, y actuó en consecuencia.
Si por
Amor a su hijo Adán, arrastrado en su Ignorancia a la Transgresión, Dios
perdonaba su Delito: la Elevación de la Ley a la Naturaleza Divina se vendría
abajo, y su Reino quedaría expuesto a las pasiones de sus hijos.
El Hombre
había comido, y su reino, alzado en Guerra Santa en nombre de Dios, tenía que
sufrir la Pena debida al Delito.
Mas
existiendo Ignorancia por la parte del Hombre sobre la verdadera Causa de la
Manipulación de la que fuera objeto, y considerando que de haber conocido la
Maldad de “la serpiente” el Hombre jamás hubiera Transgredido: en su Justicia
no podía Dios dejar de sujetar su Pena a Redención.
Pero
aunque sujeta la Pena a Redención, dicha Pena había de cumplir su tiempo.
La
Tragedia del Género Humano estaba servida.
Ahora
bien, pues que la Historia de la Redención está escrita, debemos atenernos al
efecto de la Visión de Dios de su Enemigo, la Muerte, y como la Visión venía a
afectarle a su Creación entera.
LA
ENCARNACIÓN DEL HIJO DE DIOS
El Odio
de Dios hacia la Ciencia del bien y del mal está enraizado en una experiencia
eterna. Si bien su Casa ha conocido su Fruto: la Guerra, el hecho es que su
Casa no había conocido los efectos de la Ciencia del bien y del mal hasta vivir
éste odio, que Dios vivió en su Juventud, un odio enraizado en una repugnancia
visceral ilimitada contra la Mentira, la Corrupción, y el Poder por el poder
cuyo horizonte es la Guerra …
Su
Creación entera tenía que vivir este Odio, vivir esta repugnancia, entrar en su
Ser y sentir el Infierno que Él viviera y que, no deseando para nadie, ni
volver a vivir Él, debe conocer su Creación.
Y si su
Creación, cuanto más su Hijo Unigénito.
Pues el
as que “la serpiente satánica” guardó en la manga era tentar al mismísimo
Unigénito y Primogénito de Dios con el Fruto de la Ciencia del bien y de mal,
y, ganándoselo para su Causa, suscitando en Él la pasión por la Guerra, por
Amor al Hijo obligar al Padre a bendecir la conversión de su Imperio en una
Corte de dioses más allá del bien y del mal.
¿Si el
Hijo de Dios se unía a los “dioses rebeldes”, qué haría entonces su Padre?
La diana
de la Muerte era, en definitiva, el Hijo.
Pero si
Dios había abierto sus ojos a su Enemigo, su Hijo tendría que abrirlos
igualmente.
La Caída del
Mundo de Adán un Acontecimiento irreversible, en razón de la Divinidad del
Verbo, siendo la Redención el efecto natural de la Ignorancia del Hombre, la
propia Necesidad de abrir Su Corazón a toda su Casa, conduciría al Hijo de Dios
a ver a su Enemigo, y, siendo JESÚS “Dios Verdadero de Dios Verdadero”, no
albergando su Padre duda sobre la última Palabra de su Hijo contra la Muerte, y
a favor de la Redención de la Casa de Adán, la Historia del Género Humano
pasaría a ser la Historia de la Salvación de la Plenitud
de las naciones de la Tierra.
Porque,
en efecto, del Acontecimiento del Niño en el Templo vemos cómo al entrar en
nuestra Historia, vestido de la sangre y la carne de Adán, padre de José, el
Hijo de Dios bajó del Cielo movido por el Celo del Espíritu Santo, y en su
condición de Rey de reyes y Señor de señores vino a conquistar la Tierra con
las armas de David, y arrojando de su reino al enemigo de su Corona, Satán y
sus ángeles rebeldes, extender la Ciudadanía del Cielo a todos los pueblos del
género humano. En este espíritu entró en el Templo de Jerusalén, porque en este
espíritu bajó del Cielo.
Los
Hechos sucedieron de esta manera.
El
Acontecimiento de la Caída del Hombre implicó a Dios, dando Él por hecha su
Victoria sobre la Muerte, en la toma de nuevas medidas revolucionarias sobre
las que refundar su Reino, la primera de todas fue la Necesidad de que su Hijo
viese al Enemigo de su Corona, y la segunda que el Hijo descubriese al Dios de
la Increación en el Padre. Pues el Futuro de la Creación dependía
exclusivamente de la Respuesta del Hijo al Conocimiento del Espíritu Santo del
Dios de la Increación.
Así pues,
ateniéndonos al Libro de la Revelación, con el que Dios cerró su Libro, y cuya
Puerta selló a fin de que nadie, sino el Heredero de Cristo abriese, el Padre
tomó al Hijo y le santificó con la Doctrina del Reino de los Cielos, que el
Hijo, una vez hecho hombre, nos dio a conocer a todos en el Evangelio.
Inmediatamente
nos lo envió a nosotros, y encarnándose en el seno de la Virgen, cuyo nombre
todos conocemos, María de Nazaret, nos dio Dios a su Hijo, a todas las familias
de la Tierra, como el Campeón que, naciendo de la hija de Eva, habría de
alzarse para aplastarle la cabeza a la Serpiente y redimir a todos los hombres.
Esto
hecho, la Encarnación, por obra y gracias del Espíritu Santo acontecida, pues
“el Hijo es Dios, y el Espíritu Santo es Dios”, el Padre Eterno se sentó en su
Trono, y llamando a todos sus hijos “no de esta creación” decretó que todos los
príncipes de su Imperio depositasen sus coronas a sus pies.
Pero
Satán y sus aliados en el Eje de la Serpiente se negaron.
No siendo
hallado sitio para Satán en el Cielo, Dios ordenó su Expulsión y lo arrojó a la
Tierra, donde, conociendo que el Día de Yavé, Día de Venganza y de Cólera,
había nacido, Satán se dio a perseguir a la Virgen que había de concebir al
Redentor, “Príncipe de la Paz, Consejero Maravilloso, Padre Sempiterno, Dios
con nosotros”.
Ya
conocemos lo que sucedió.
José de
Belén, en quien Dios había dejado la Guarda y Custodia de su Hijo, tomó a la
Madre y al Niño y cruzando las aguas escondió al Niño y a la Madre en Alejandría
del Nilo.
Ya
sabemos lo que pasó al Regreso de la Sagrada Familia a Israel. Y porqué el Niño
desobedeciendo “a sus padres” se internó en el Templo para darse a conocer como
el Mesías.
Aquel
Episodio cambió al Hijo de Dios para siempre. Jesús descubrió a Cristo, y en
Cristo descubrió Jesús al Dios de la Increación.
FUNDACIÓN
DEL REINO UNIVERSAL DEL HIJO DE DIOS
El Hijo
vio a su Enemigo, la Muerte. Y conoció las medidas revolucionarias que el Padre
había adoptado para refundar su Creación sobre la Roca Incorruptible,
Indestructible, del Espíritu Santo de la Ley.
Dios ha
abolido el Imperio y fundado un Reino Universal cuya Corona sempiterna le es
dada a Él, Jesucristo, Dios Hijo Unigénito y Primogénito.
Al igual
que sus hermanos “no de esta creación” pusieron sus coronas a los pies de Dios,
le tocaba al Rey de reyes y Señor de señores hacer lo mismo, y como
Ciudadano del Reino de Dios doblar las rodillas ante la Sabiduría de Dios Padre,
Señor del Infinito y la Eternidad.
Y el Hijo
así lo hizo.
El Hijo
entró en nuestro mundo como Rey de reyes y Señor de señores del Imperio del
Cielo, murió como un Ciudadano más del Reino de su Padre, y subió al Cielo para
sentarse en el trono del Rey Universal en cuyas manos ha puesto Dios su
creación entera. De aquí Dios dijera: “Le glorifiqué y le volveré a
glorificar”.
En
efecto, Cabeza de todos los Pueblos, todos los Ciudadanos del reino de Dios le
deben Obediencia única y exclusivamente al Rey, Jesucristo; cualquier decreto
que atente contra esta Obediencia a la Ley del Rey – ley de Paz y Vida
– es Traición a la Corona de Dios, su Castigo es Expulsión de la Vida de
la Creación.
Con la
Corona Universal Sempiterna heredó el Hijo todos los Atributos naturales a
quien se sienta en el Trono de Dios: Todopoder y Sabiduría para
alzarse como Juez Universal ante cuyo Cetro responden todas los Pueblos de la
Creación, los que existen como los que existirán, incluyendo en esta Gloria el
Poder de Absolución Universal del Género Humano en el origen de la Esperanza de
Salvación Universal.
Pero si
esta primera medida revolucionaria, ¡abolición del Imperio y su Transfiguración
en Reino Universal Sempiterno!, condujo a Cristo Jesús a la Cruz, haciendo de
la ley humana un espejo en la que se refleja su Obediencia a la Ley del Cielo,
con su Resurrección Dios llevó a su Reino un Cuerpo Sacerdotal, la Santa Madre Iglesia
Católica, cuya Religión es la del Espíritu Santo hecho Hombre: Cristo.
En Cristo,
el Espíritu Santo, que está en el Padre y en el Hijo, adquirió un Cuerpo
Visible, a fin de que, habiendo sido criado en los fuegos de la Ciencia del
Bien y del Mal, el Paraíso de Dios se halle inmunizado para siempre contra la
Mentira y el Pecado.
Rey
Universal; Juez Todopoderoso; Sumo Pontífice Universal, viviendo en Dios,
pues en Él está Dios, Jesucristo se acerca al Padre vestido para santificar a
todas las iglesias al hacerlas a todas su Cuerpo.
Pues en
efecto, en el Señor Jesús todas las iglesias de todos los Pueblos de la
Creación se unen en una Religión. Para que, así como los hijos de Dios han sido
hecho participes de la Jurisdicción Universal sobre todo el Reino, – en lo
referente a la Política y a la Defensa –, igualmente el Cuerpo de los Siervos
del Señor Jesús adquieren Jurisdicción Universal en lo tocante a la Religión
sobre todas las iglesias del Reino del Espíritu Santo, que vive en el Padre y
en el Hijo. “Tanto tiempo que estoy con vosotros y aun no me habéis visto” .
Medidas
revolucionarias que implicaron, en efecto, la continuación de la tragedia del
género humano; pero que dada la necesidad de Dios, una vez sus ojos abiertos a
la Muerte, de Refundar su Creación: hicieron inevitable.
Era
necesario, en verdad, que toda la Creación viese con sus ojos el fin hacia el
que conduce la Ciencia del bien y del mal a todo mundo fundado sobre la: ley de
guerra entre las naciones y el odio
entre los hermanos por cuestiones de lenguas.
Pero no
sólo los hijos de Cielo, también los hijos de Dios de la Tierra debemos ver
cara a cara a la Muerte, de manera que acogiéndonos a la Ley del Rey determine
Dios, por la Fe, la No-necesidad de vivir lo que por la Fe sabemos que sucedería
de vivir sin la Fe
PRIMER
MILENIO DE LA ERA DE CRISTO
A fin de
que la Muerte fuese vista por los hijos de Dios del Cielo, ordenó Dios, tras la
Elevación de su Hijo al Trono del Rey Universal, que el Diablo, Satanás, la
serpiente antigua, fuese encadenada y alejada de la Tierra durante el Primer
Milenio de la Era de Cristo; y a fin de acelerar la Consumación del Pecado
ordenó Dios que al principio del Segundo Milenio de nuestra Era el Diablo fuese
liberado de su prisión y dejado en libertad en la Tierra.
Tenía
también Dios necesidad de que sus hijos, tanto del Cielo como de la Tierra,
viésemos con nuestros ojos que el Odio de Satanás contra el Espíritu Santo es
eterno. Pues Misericordioso es Dios, en cuanto Padre Creador, para abrazar a
quienes habiéndose perdido suplican el perdón por sus actos insensatos.
Apenas
liberado de su prisión en al año Mil, el Diablo se entregó a la Destrucción de
su Enemigo.
Romper la
Unidad de las iglesias era de necesidad maligna para dividiendo a las naciones
conducirlas a las guerras mundiales que habrían de abrirle la puerta a la
destrucción de la Humanidad. Ya lo había profetizado Dios: el Maligno sembraría
la Cizaña de la División de las iglesias.
Expulsado
primero del Cielo y después de la Tierra durante Mil años, esta Siembra Maligna comenzaró tras el año Mil.
EL CISMA
DE ORIENTE
El Odio
encubado durante Mil años de prisión encontró en un hombre perverso,
Miguel Celulario, su instrumento más fiel.
La Muerte
había labrado el terreno en el que su Príncipe Maligno habría de sembrar su
Cizaña maldita. Por un lado tenemos en el siglo X, la Pornocracia Vaticana, y
del otro el error anticristiano en el que la Iglesia Ortodoxa había caído
negando la Necesidad del Hijo para acercarse al Padre. Negación que implica la
Negación de la Divinidad del Hijo, negación que el propio Satán sostuviera
antes de la Creación de nuestros Cielos y de nuestra Tierra, y desencadenó las
guerras del Cielo. Pues siendo el Espíritu Santo Dios, y el Hijo es Dios,
negar que el Espíritu Santo se derrama en las iglesias en razón de quien es su
Cabeza, el señor Jesús, esta Negación es una Rebelión abierta contra la
Divinidad del Padre y del Hijo. Negación que determinó la Destrucción de la
Iglesia Ortodoxa Bizantina, destrucción que alcanzó a su sucesora, la Iglesia
Ortodoxa Rusa, y destrucción hacia a que se acerca la iglesia Ortodoxa Griega
de mantenerse en la División. Negación en la que de persistir, Dios se alzará
contra las iglesias ortodoxas de origen bizantino para desgajándolas del árbol
de las iglesias echarlas al fuego preparado para el Diablo y sus ángeles
rebeldes.
Sin
embargo la destrucción de Bizancio ya estaba en el aire desde el día en que
desobedeciendo el decreto de Dios, que ordenaba a todas las iglesias separarse
del Imperio Romano, la iglesia ortodoxa bizantina se dio al Emperador de
Constantinopla como sierva y garante de su imperio. Por amor a ella pretendió
la iglesia bizantina obligar a Dios a anular su Decreto contra el Imperio
Romano de Oriente.
En
efecto, esta trampa fue la trampa en la que quiso el Diablo atrapar a Dios al
arrastrar a Adán a su Caída. Trampa en la que no cayó Dios, y perseverando en
la cual la iglesia ortodoxa bizantina condujo al pueblo griego medieval a su
ruina.
LA LUCHA
DE LAS INVESTIDURAS
Moviéndose
hacia el Occidente, buscando siempre dirigir los siglos hacia la confrontación
universal absoluta entre cuyos fuegos apocalípticos debería desaparecer toda
vida sobre la Tierra, el Diablo encontró en el pueblo alemán un siervo fervoroso.
Pueblo
bárbaro desde su cuna; enemigo de la civilización desde sus comienzos, el
pueblo alemán cometió el terrible pecado de querer hacer de la Iglesia
Católica, la Esposa del Señor Jesús, la prostituta imperial de su Emperador,
escribiendo su fracaso el Acontecimiento llamado la Lucha de las Investiduras.
LA
REFORMA
Apenas
vencido por Gregorio VII, pueblo homicida desde su adolescencia, se alzó
Alemania contra Italia para llevar el fuego del Infierno a la misma puerta de
la Casa de Cristo en la Tierra. Fuego infernal que cultivó el Diablo entre los
muros de los palacios de unos príncipes que no pudiendo tolerar más religión ni
ley que la del hierro y el fuego de la guerra, se entregó a Satanás en
cuerpo y alma, y engendrando ese aborto del Diablo llamado Martín Lutero, pues
que Alemania no pudo hacer de la Esposa de Cristo su prostituta imperial, se
alzó contra el Espíritu Santo para destruir su Obra y conducir a todas las
naciones cristianas europeas a su primera guerra mundial europea, la llamada
Guerra de los Treinta Años.
Pero si
Alemania se entregó al Infierno, no menos lo hizo Suiza engendrando ese siervo
del Diablo llamado Calvino, quien, vistiéndose de sabiduría, acusó a Dios Padre
de haber determinado la Caída y haber elegido a un hijo suyo, Satanás, para
escondiéndose detrás de sus vestiduras ocultar su Mano Todopoderosa y Eterna.
Siguiendo
con su obra de destrucción de la Obra de Cristo, el Diablo engendró a su
Anticristo, el tal Enrique VIII de Inglaterra, quien, alzándose como cabeza de
la iglesia, se erigió en Dios de las Islas británicas.
La burla
sonó con ecos infernales cuando el monstruo británico mostró sus dos cabezas,
una de varón y otra de hembra.
Decapitando
a la iglesia inglesa, cuya cabeza era Cristo Jesús, Cabeza de todas las
iglesias, y siendo Dios por su Divinidad, y en su Divinidad adquieren todas la
Santidad debida a Dios, el Diablo le entregó a su monstruosa criatura el
imperio, con el que la división entre las naciones cristianas se hizo absoluta.
NACIMIENTO
DEL IMPERIO ESPAÑOL
La
Muerte, que en su día patrocinó la Caída, y al siguiente la persecución contra
los Cristianos, y la Destrucción del Cristianismo mediante los Bárbaros, tal
cual labró el terreno a fin de que a su salida de su Prisión su Príncipe
encontrase tierra fértil donde su Cizaña diese fruto, movió todas sus fuerzas
en la Tierra para aprovechando la división de las iglesias asaltar la Europa
Cristiana, el Reino de Dios en el mundo. Ya estaban los ejércitos de la Muerte
para invadir la Cristiandad, cuando estando a las puertas de Viena, suscitó
Dios su espíritu de Victoria en el pueblo más fiel que jamás tuvo la Iglesia,
el Español.
Cual se avanza
un peón inofensivo con el que nadie cuenta, pero que avanza hasta llegar a su
meta, vistió Dios al Español de su Fuerza, y nacido para vencer a la Muerte una
vez tras otra, puso el Señor Dios a su servicio todas las riquezas de las
Américas, con las que se enfrentó a los ejércitos de la Muerte, a costa de
perder sus mejores hombres y unas riquezas que de haber dejado en su Tesoro
hubiera hecho de España la nación más poderosa de la Tierra por muchos siglos.
Vencida
la Muerte en aquella contienda, los siervos del Diablo se lanzaron contra la
nación elegida por el Señor Dios de Abraham, para devorarse en la guerra
mundial europea de los Treinta Años. Tales fueron las gracias que recibiera el
pueblo español de aquéllos pueblos a los que salvó de la ruina y de la
desolación que de haberle dado España las espaldas a Europa los ejércitos de la
Muerte hubiesen sembrado en las tierras de Alemania, Austria y Francia.
GOG Y
MAGOG
Disuelta
la Unidad entre las naciones cristianas, el odio de las unas hacia las otras
cultivado con el poder heredado de la Muerte por Satán, el camino hacia las
guerras mundiales, hacia la Batalla entre Gog y Magog, quedó
despejado. Disuelto el Imperio Español, la pérdida de la Autoridad Doctrinal de
la Iglesia Católica abandonada a su suerte, el Diablo volvió sus ojos hacia los
dos pueblos en los que su Cizaña había encontrado tierra fértil, el pueblo Ruso
y el pueblo Alemán. Incapacitados para ver el error en que cayeron al alzarse
contra la Esposa de Cristo, enfrentados por la hegemonía mundial, Gog y Magog hicieron
del siglo XX su campo de batalla.
SIGLO
XXI,
EL DIA DE
LA GLORIA DE LA LIBERTAD DE LOS HIJOS DE DIOS
Y sin
embargo, Dios había dispuesto el tiempo de la Liberación del Diablo en la
Tierra por Mil años. Pasados los cuales, siguiendo la pauta de Abraham y Sara,
el Rey engendraría Descendencia de su Esposa, y con esta Descendencia nacería
el Día por el Espíritu Santo anunciado: El día de la gloria de la Libertad de
los hijos de Dios: ¡Día de Revolución Intelectual Mundial! Pues habiendo
decretado Dios la Expulsión del Diablo de la Tierra, diciendo:
“Que no
sea hallado lugar para Satanás en la Tierra”, el decreto de Abolición de todas
las Coronas que implicó al Cielo, había de ser oído.
Y en
efecto, nacido el Nuevo Día, así le dice el Espíritu a los hijos de Dios:
“Pongan
todos los reyes de la Tierra sus coronas a los pies del Trono del Rey del
Cielo; la nación que desobedezca será destruida como vasija golpeada por Vara
de hierro”.
Y a la iglesias
le dice quien tiene el espíritu de inteligencia:
“Anularás
todos los decretos de Excomunión contra las iglesias, a fin de que todas se
acerquen a tu Señor y regresen a la Casa de tu Dios. La Noche ha pasado. La
Misericordia de Tu Señor vive en la Voluntad Unificadora de tu Dios para en la
Unidad del Espíritu resplandezca la Luz de la Verdad Divina sobre todas las naciones
de la Tierra, juntas caminen hacia al Encuentro del hijo del Hombre y sea hallada Fe en la Tierra”.
En el Nombre de Jesucristo, Dios Hijo
Unigénito, Rey Universal Sempiterno, Señor y Cabeza Sacerdotal de todas las
iglesias de los pueblos que son y serán. Que su Ley gobierne la Tierra como lo
hace en el Cielo.
LA HISTORIA DIVINA DE JESUCRISTO
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EL CORAZÓN DE MARÍA:VIDA Y TIEMPOS DE LA SAGRADA FAMILIA
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