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HISTORIA UNIVERSAL DE ESPAÑA

 

MAURICIO CARLAVILLA

EL REY , RADIOGRAFIA DEL REINADO DE ALFONSO XIII

CAPÍTULO QUINTO.

LA SEMANA TRÁGICA. ANTONIO MAURA

 

 

¡ REMEMBER!

“Hoy hace setenta y cuatro años que no se celebraba ninguna corrida de toros en el antiguo circo, porque en 1835, como reza la copla, fueron asaltados y quemados los conventos, que ya en aquella época menudeaban en la ciudad y la cercaban como fuerte muralla del despotismo religioso.

Aquellos tiempos de virilidad los recuerda la copla popular en esta forma: 

“El día de Sant Jaume

del any 35, 

hi va haver giran gresca

dintre del tarín.

1 Van sortir set toras,

tots van ser dolents.

Aixó va ser la causa

de cremar els convents! ”

“No quisieron soportar por más tiempo nuestros abuelos la dominación frailuna, y la rompieron, reduciendo a pavesas los edificios símbolo de la opresión.

“Hoy los tiempos han cambiado, prostituyéndose, por efecto de la cobardía ambiente, las palabras tolerancia, cultura, sensatez...

“Desde aquella época un vago temor dominó a empresarios y a autoridades, y en tal día como hoy no se celebraban corridas en el circo antiguo. La tradición vuelve, pero, ¡ay, que el gran cartel de la corrida de esta tarde no tendrá un epílogo de liberación!”

El Poblé Catalá (22 de julio):

“Toma fuerza el rumor de que el proletariado catalán y el español se preparan para comenzar su acción contra la guerra. ¿Será una protesta de calle violenta y alborotadora? ¡Oh, no! La fuerza de los obreros no reside en el barullo agresivo, sino en la resistencia. En vez de levantar al aire los brazos, los proletarios los cruzan. Y contra eso, contra esa actitud, ¿qué poder, qué voluntad, puede triunfar? Ante su amenaza, el Gobierno italiano abandonó la acción guerrera en Abisinia, y el veto que el proletariado francés y el alemán pusieron a la guerra influyó en la permanencia de la paz entre Alemania y Francia cuando, hace más de dos años, se volvía a oír por los boulevares parisienses el “¡A Berlín!” del año 70... Nosotros estamos al lado de los obreros en todo y para todo en esta hora decisiva.”

Día 23;

“Piense el señor Maura que si se niega a los diputados el cumplimiento de su deber; que si al pueblo, en la persona de sus representantes oficiales, no se le concede el derecho de intervención en horas de trascendencia solemne, la puede tomar directamente sin necesidad de intermediarios. ¿Que vendrá la represión? ¿Qué importa la represión? El señor Maura debe recordar que en un entierro nació la República francesa. El cadáver de Víctor Noir, paseando por París, llevando detrás a cien mil hombres, destruyó el imperio de Napoleón III. La represión, como consecuencia de mantener cerradas las Cortes y de la dictadura del señor Maura, puede producir dos cosas: o la muerte definitiva de las energías españolas, o un estallido de las violencias populares.”

Día 25: 

“¿Indignación? Aunque quisiéramos poner en la pluma toda la indignación de un Dies ira, no sabríamos. Tenemos llena el alma de un gran dolor de hombres caídos ante otros hombres bajo las balas, y toda nuestra ira y toda nuestra piedad no pueden reducirse a frases. Que la paz caiga sobre los muertos y la salud sobre los heridos, y que todos los puños se cierren en dirección a Madrid, donde están los culpables. No es posible ni la expresión de Temístocles: “Pega, pero escucha.” Maura no quiere escuchar a nadie, ni a los diputados en las Cortes, ni al pueblo en los “meetings”, ni a los periodistas en la prensa. En toda España no hay más soberanía que la suya. La mano de Maura cierra todas las bocas, y cuando ha visto a la masa popular declararse violentamente contra la guerra, a la protesta ha respondido con la agresión. Está bien. El se declara tirano, y nosotros como tirano lo aceptamos, porque sabemos que no se lanza impunemente a un pueblo a una guerra que no quiere, pues un dictador puede mandar un año, una serie de años; pero el pueblo manda un día, y ese día se llama 14 de julio o 28 de septiembre. Y si todos los pleitos tienen apelación, ¿cuál será la apelación popular, si no puede entrar en el Congreso, ni ir a los “meetings”, ni pasear serenamente por las calles, ni comentar siquiera en lo que es refugio del pensamiento, en la prensa?”

Emiliano Iglesias, el lugarteniente de Lerroux, que llegó a millonario, decía el día 23 en un mitin: :

“No queremos ir a la guerra, y contra ella debe levantarse el pueblo en masa.” .

La primera señal pública de que las organizaciones obreras pasaban a la acción fue dada por la fracción del Partido Socialista en Cataluña al celebrar su Federación Catalana su XI Congreso el día 18 en Barcelona. 

Las conclusiones adoptadas en él, y refrendadas en un mitin celebrado en Tarrasa el 21, donde habló Antonio Fabra Rivas, presidente de la Federación, director de La Internacional, de Barcelona, y corresponsal de L’Humanité, de París, no dejaban lugar a dudas.

He aquí el texto:

“Considerando que la guerra es una consecuencia fatal del régimen de producción capitalista;

Considerando, además, que, dado el sistema español de reclutamiento del Ejercito, sólo los obreros hacen la guerra que los burgueses declaran:

”La Asamblea protesta enérgicamente:

1. Contra la acción del Gobierno español en Marruecos;

2. Contra los procedimientos de ciertas damas de la aristocracia que insultan el dolor de los reservistas, de sus mujeres y de sus hijos dándoles medallas y escapularios, en vez de proporcionarles los medios de subsistencia que les arrebata la ausencia del jefe de la familia;

3. Contra el envío a la guerra de ciudadanos útiles a la Producción y, en general, indiferentes al triunfo de la cruz sobre la media luna, cuando se podrían formar regimientos de curas y de frailes, que, además de estar directamente interesados en el éxito de la religión católica, no tienen familia, ni hogar, ni son de utilidad alguna al país, y

4. Contra la actitud de los diputados republicanos que no han aprovechado su inmunidad parlamentaria para ponerse al frente de las masas en su protesta contra la guerra;

Y compromete a la clase obrera a concentrar todas sus fuerzas por si se hubiera de declarar la huelga general para obligar al Gobierno a respetar los derechos que .tienen los marroquíes a conservar intacta la independencia de su patria.”

El 23, La Internacional proponía la celebración de un Congreso nacional de las organizaciones obreras para acordar la huelga general.

La organización obrera dominada por los anarquistas que se llamaba entonces Solidaridad Obrera —luego, C. N. T.— convocó una reunión de delegados de todos los sindicatos que la integraban. Como el gobernador no la autorizó, pero no hizo más, la reunión se celebró clandestinamente, sin las formalidades de las autorizadas, pero con la misma eficacia. La reunión tuvo lugar el 25, pasada la media noche. Ferrer la decidió y manejó por medio de sus hombres, principalmente por medio de José Rodríguez Romero, presidente de la Solidaridad Obrera, y de Miguel Vicente Moreno, secretario de la misma; los dos, discípulos de Ferrer; el segundo, como Morral, maestro en una “escuela racionalista” de Ferrer situada en la barriada de Sans.

En la reunión se constituyó el Comité de Huelga, formándolo: Rodríguez Romero y Vicente Moreno, por la Solidaridad; Fabra Rivas, por las organizaciones socialistas, y Francisco Miranda, otro brazo de Ferrer, por los anarquistas. Así, de los cuatro que formaban el Comité, tres eran anarquistas obedientes a Ferrer.

Ossorio y Gallardo era gobernador de Barcelona por influjo de Gabriel Maura sobre su padre, y seguro ministro de la Gobernación, cuando los dos amigos pudieran echar la zancadilla a don Juan de la Cierva. ¿Y qué hacia? Lo veremos inmediatamente.

El ministro La Cierva había desarticulado en Madrid y en casi toda España el movimiento revolucionario en preparación, deteniendo a ciertos dirigentes y vigilando estrechamente a otros. Como no estaban suspendidas las garantías constitucionales, debió alegar motivos jurídicos con pruebas policiales; auténticos, desde luego, e imputables a quienes actuaban fuera de la ley si se ponía empeño en hallarlos en esa situación.

Pero esto era cosa despreciada por Ossorio. No se movió ni recibiendo este claro telegrama de su superior el día 23, redactado ante su pasividad: .

“No necesito decirle que la huelga como protesta contra la guerra es un acto político y revolucionario que no puede ser tratado como los conflictos entre patronos y obreros con carácter económico. Esa, agitación puede y debe ser perseguida enérgicamente, y los que la dirijan, detenidos y entregados a los Tribunales. Claro es que usía sabrá apreciar circunstancias y acomodara ellas sus medidas.”

Ante algo tan estricto y atinado, ¿qué hace y qué reflexiona Ossorio y Gallardo?  He aquí lo escrito por él, después de meditarlo, en su propia defensa: 

 Aun Cuando yo quisiera salir al paso de esos trabajos se refiere a los hechos por los organizadores de la revolución, no habrá quien piense que pudiera denunciar ni encarcelar a gentes por el delito de discutir. Así transcurrieron el sábado y el domingo.

Así piensa en los dos días que preceden al estallido revolucionario. El policía más lerdo podría ilustrar al “jurídico” gobernador. Las reuniones clandestinas menudeaban (delito), almacenaban explosivos (delito), tenían armas de fuego (falta), existían constantes excitaciones, a la rebelión militar (delito). Unos mandamientos motivados por denuncia policial y unas órdenes a los agentes hubieran dado en la cárcel con los orín cipa les dirigentes. Todo respetando perfectamente los escrúpulos curialescos del señor Ossorio y Gallardo.

Pero al telegrama de La Cierva responde su conciencia de togado y de político, sean, sus propias palabras: 

“A mi prudencia, pues, incumbía no agravar el conflicto con prematuras medidas de rigor. Cualquier coacción sobre los que discurrían la Plañera de corroborar (!) una protesta, ya formulada por periodistas, diputados y senadores, se hubiera interpretado como provocación de Darte de la autoridad, a la cual se hubiera achacado la responsabilidad de dar pie al conflicto con su intemperancia.”

Lo principal, lo único importante para el politicastro, era salvaguardar su reputación de ponderado, ecuánime y tolerante frente a los preparativos de la revolución. Lo decisivo para Ossorio era no “estropear” su carrera, porque debía constarle muy bien que hacer frente a la revolución evitándola o limitándola era perder el crédito a la izquierda, donde únicamente se daba el titulo de buen gobernante.

Si la biografía de Ossorio y Gallardo no sé hubiera prolongado de manera tan perversa y vil hasta la generación contemporánea, merecería su “caso” un capitulo entero por extraordinario y ejemplar.

Pero los trágicos momentos alcanzados por su malvada vida lo mostraron tan nítidamente como el traidor arquetípico, un traidor disfrazado de católico, de maurista y de patriota, pero sirviendo farisaica y eficazmente a la revolución, a cuyo absoluto servicio murió, que es superfluo su retrato literario. Las líneas de su traición son tan recientes y elocuentes que su identidad con las de aquella primera cometida por él en Barcelona es pura, evidencia.

Es Ossorio y Gallardo el caso más acusado del masón secreto, incrustado en la derecha para traicionarla... Puede que ni masón fuera siquiera, que siéndolo su traición tendría cierta sombría grandeza; su “caso” podría muy bien ser el del hombre obrando balo el chantaje masónico, por estar en manos de la Masonería su honor y libertad en virtud de tara padecida o delito cometido, denunciables ante la sociedad o los tribunales. Si esto último fue, como su vida privada nos induce a suponer, ya sufrió en ella el tormento por sus crímenes, porque, no siendo un criptomasón, había de conservar intacta su conciencia religiosa y patriótica. ¡Y cómo le remordería contemplando la orgía de sacrilegio y crimen de aquellos a quienes él sirviera por cobardía durante toda su vida política desde 1909!

En completa impunidad la preparación del movimiento revolucionario por parte de Ossorio y Gallardo, preparación que dura, no debemos olvidarlo, desde el 9 de Julio, día de la agresión en Melilla, al. día 26, la revolución estalla este día. 

Es Ossorio quien relata:

“Se comenzó el trabajo en la casi totalidad de las fábricas. En algunas los obreros pararon accediendo a las instancias de los compañeros que así lo aconsejaban. En otras muchas, donde no llegó a darse el consejo o donde los obreros, menos aficionados a la algarada, no lo atendieron, se paró por orden de los patronos, temerosos de que fueran apedreados sus edificios.”

¿Qué salvaguardia por parte de la fuerza pública verían tales patronos?

De todas maneras, a pesar de la gran preparación, el movimiento se Inicia lentamente, lo cual demuestra que no es popular, que ha de ser impulsado por la coacción violenta de los revolucionarios profesionales.

Si esta minoría, que ha de actuar y ha de mostrarse y distinguirse, choca en los primeros momentos con una policía con órdenes de actuar y respaldada por el gobernador, el movimiento hubiera sido parcial o, por lo menos, mucho más lento y menos violento, dando así tiempo a la llegada de las necesarias fuerzas de represión. Esto es lo que deduce, a base de lo declarado por Ossorio, un modesto conocimiento técnico de este tipo de movimientos subversivos.

Mas ¿qué órdenes y qué respaldo podía recibir de Ossorio la policía? Su actuación en el primer día lo delata con toda claridad.

La Cierva, en Madrid, recibe noticias de parte de lo que sucede en Cataluña. Se pone al telégrafo, pregunta a Ossorio sobre los hechos de que tenía él noticia. “No los conocía”, dice el ex ministro en sus memorias. ¿No los conocía o mentía?

La Cierva le ordena la “reunión de autoridades” trámite legal para declarar el “estado de guerra”.

Ossorio no tiene más remedio; al mediodía se reúne con el capitán general y con el presidente de la Audiencia.

El capitán general y el presidente votan por la declaración del estado de guerra; Ossorio vota en contra; pero no se limita sólo a expresar su opinión y obedecer, como es su deber, el acuerdo mayoritario —¡él, tan demócrata!—, sino que, en el acto, abandona su cargo, entregándolo al señor Enciso, el presidente de la Audiencia. Era desertar al frente del enemigo. El ministro le ordena que continúe en su puesto y que colabore, como jefe de Orden Público, con la autoridad militar. “Se negó airadamente y cortó la comunicación”, refiere La Cierva, que agrega:

“Yo debí mandar que se le detuviera, pero ¿qué íbamos a hacer con ese gobernador que en momentos tan graves abandonaba el cargo y olvidaba el deber? Salió para el Tibidabo, custodiado por cuarenta guardias de Seguridad de caballería y el poco dinero, muy poco, de fondos reservados que en el Gobierno Civil existía. Se hospedó en la casa de su amigo, y desde allí presenció los incendios trágicos de la semana sangrienta.”

En cualquier país un hombre incurso en tal traición y cobardía se hubiera suicidado políticamente. Ossorio, no; su amistad con Gabriel Maura, el hallarse siempre a tales alturas don Antonio y la evidente complacencia de las Izquierdas le aseguraron una gran carrera política. Llegó a ministro, y, sin la Dictadura, hubiera llegado a presidente del Consejo, con lo cual no habría sido necesario improvisar uno que ofreciera España en “bandeja de plata” a la Revolución, pues ninguno se sabía tan bien el papel como él, según acreditó en aquel “ensayo general” de la Semana Trágica.

EN PLENA REVOLUCION

Ya hemos tachado de improvisación y error imperdonables del Gobierno el envío de tropas a Marruecos de la guarnición de Barcelona; se agrava el hecho al no haber enviado ninguna unidad para reemplazar las embarcadas. Tuvo sobrado tiempo; los embarques empezaron el 14 de Julio y la revolución se produjo el 26; aquellos doce días tan amenazadores fueron suficientes para reforzar con otras fuerzas la guarnición. A cada uno, su responsabilidad. Un testigo presencial afirma: .

“La autoridad militar, al hacerse cargo del mando, disponía de fuerzas tan escasas que le fue preciso limitarse a proteger el centro de la ciudad.”

La Cierva, que no ha de tener interés en agravar la responsabilidad, afirma:

“El martes comenzó a agravarse el conflicto, sobre todo por la tarde y noche. El general seguía sin dormir y muy fatigado. Comenzaron los incendios, ataques a comunidades, violaciones, asesinatos y cuanto en tres días ocurrió y se ha descrito en copiosa literatura. Cincuenta conventos e iglesias se quemaron, se destruyeron muchas Comisarías de policía y reinó el desorden por las vacilaciones del general en los primeros momentos y la escasez de fuerza antes de llegar las enviadas .

Mas también cabe preguntar: ¿Fue sólo escasez de fuerzas lo que permitió a los revolucionarios ser dueños de la mayor parte de Barcelona y de su cinturón de pueblos?

De la impericia, incapacidad e inmovilismo del capitán general Santiago se dijo mucho. La Cierva dice que se hallaba muy cansado. No queremos relacionar su actuación con el hecho de que fuera padre del capitán Vicente Santiago, masón y director de Seguridad con Portela para la traición en favor del Frente Popular. Aquel general pudo ser una persona decente, y su hijo, un masón traicionero, a pesar del refrán de que de tal palo, tal astilla.

Pero hay más. La Cierva dice, con toda ingenuidad:

“Por fin, llegaron fuerzas. El general, sereno y decidido, formó varias columnas, la principal mandada por Brandéis, bravo general de origen alemán, que vino a pelear a España contra los carlistas y quedó nacionalizado.”

Que el tal general Brandéis era, por lo menos, un liberal extremista, un “miliciano rojo internacional”, que diríamos ahora, está probado con su venida como voluntario a luchar contra los carlistas. Que su “carrera” militar y nacionalización lo denuncian como masón y cosmopolita, es tan probable... como seguro que su apellido lo delata de israelita.

Si este probabilísimo cosmopolita, masón y judío, estuvo encargado del mando de fuerzas militares para evitar sacrilegios e incendios de Iglesias y conventos, nos podemos explicar mucho de lo acaecido.

Muchos más podríamos agregar para completar el cuadro de aquel régimen monárquico, de cuyos tremendos errores y traiciones hicieron responsable único al Rey los enemigos de la Patria; pero con lo dicho estimamos ha de quedar capacitado nuestro lector de hoy para juzgarlo en aquella coyuntura de la Semana Trágica del 1909, articulada con la guerra marroquí, donde realmente hace crisis la Restauración, lanzada ya decididamente a la revolución.

Para los lectores contemporáneos, tan sólo un raudo esquema de aquellos infames días trágicos de Cataluña. Sólo un esquema, porque a la generación actual ha de bastarle con agregarle lo visto por ella en esa Semana Trágica permanente que fue la República y su revolución consiguiente, de la cual fuera la de Barcelona en el 1909 su ensayo general.

Sea una noticia en forma de índice de lo acaecido en Cataluña.

Tomamos estos datos de Salvador Canals, cuya obra Los sucesos de España en 1909, por su patriotismo, altura y documentación, debería servir de texto para el Doctorado de Historia en las actuales Universidades españolas, y no estar olvidada o ser desconocida piara las mayorías.

Refiera los acontecimientos con toda su autoridad:

“Y amaneció el lunes 26, y los grupos de huelguistas se desparramaron por la ciudad.

... Las comisiones, sobre todo cerca de los obreros de los tranvías, que se negaron a secundar el movimiento, dieron lugar a algunos choques con la fuerza pública, y desdés de medio día comenzaron las manifestaciones tumultuarias que ocasionaron colisiones sangrientas. Húbolas en las Ramblas, en el paseo de Colón y en el Paralelo. En el Clot llegó a trabarse un verdadero combate con la Guardia Civil, del que resultaron por parte de ésta y del Cuerpo de Seguridad algunos contusos y heridos, y entre las turbas tres muertos y varios heridos. Aquel mismo día 26, por la tarde, ocurrió un hecho que revela que no fue una improvisación del día siguiente el incendio de lugares religiosos: ocurrió que la Guardia Civil hizo una descarga sobre numerosos grupos situados a la entrada de la calle Mayor de Gracia; los grupos huyeron hacia la plaza de Jesús, y como la caballería les fuera a los alcances, el párroco de la iglesia de Santa María de Jesús les abrió la puerta caritativamente, diciéndoles: “¡Entrad, hermanos!” Cuando la fuerza se retiró, el sacerdote les advirtió que podían salir, y uno de los refugiados dijo: “Hemos de acordarnos de quien nos ha hecho bien.” Y, en efecto, aquel templo no fue atacado a pesar de haberlo sido todos los circundantes. ¿No puede significar esa frase que había ya el propósito de lo que al día siguiente comenzó, y organización bastante para poder decir qué se había de quemar y qué se había de respetar? También se señala por todos, como detalle, que los que capitaneaban grupos llevaban como distintivo un lazo blanco. El mismo día por la tarde quedó proclamado el estado de guerra.

El martes 27, desde muy temprano, comenzaron los rebeldes a preparar la resistencia, removiendo los adoquines para construir barricadas. A mediodía comenzaron los incendios de iglesias y conventos. La rebeldía abarcaba la población entera y sus suburbios. Había barricadas por todas partes, que eran defendidas desde las casas inmediatas contra las fuerzas de Seguridad y de la Guardia Civil. Un cronista de los sucesos dice: “El movimiento sedicioso corrióse cual reguero de pólvora por todos los ámbitos de la ciudad; levantáronse barricadas en todas las calles de los barrios populosos,  y los incendios de templos y conventos se simultanearon en todos los distritos de la capital...” Fue asaltada y saqueada una armería, en la que había unas quinientas escopetas y otras tantas armas cortas. Fueron atacados de preferencia los puestos de Policía. Los grupos de incendiarios eran poco numerosos y compuestos en su mayor parte por chiquillos y mujeres. Estas abundaban en los saqueos ulteriores, y en todas partes se destacaban por su furia. El senador señor Sol y Ortega les dedicó en El País, de Madrid, este elogio entusiástico: “Las mujeres han sido las más bizarras, las que más denuedo han demostrado. Sacaban a los hombres de sus casas y los obligaban a pelear.”

El día 28, Barcelona estaba ya incomunicada por completo. Los ferrocarriles habían sido cortados desde el primer momento en varios Sitios, así como el telégrafo y el teléfono. Aquel día comenzó a actuar más enérgicamente el Ejército. Se publicó un nuevo bando más riguroso que el primero, y se dividió en zonas la ciudad y su ensanche, distribuyendo en ellas la fuerza disponible. Se peleó en todas partes, en las barricadas y a pecho descubierto, desde los balcones y terrados. Los revoltosos tuvieron el refuerzo de las armas que robaron en el cuartel de Veteranos de la Libertad, al que prendieron fuego, y en una armería particular. Además, dispararon una bomba contra el cuartel de Atarazanas, y en algunos puntos tiraron botellas con líquidos corrosivos. Se libraron verdaderos combates en puntos tan distantes entre sí como la calle del Conde de Asalto, el Paralelo, Pueblo Seco, el Palacio de Justicia, Pueblo Nuevo, Gracia, San Martín, San Andrés y el Clot. Hubo de actuar la artillería en el Paralelo, haciéndose diez disparos de cañón.

El jueves 29 siguió el Ejército, nuevamente reforzado y ya con dominio del problema, arreciando en la represión. Dentro del casco de la ciudad entraba en las casas, y se apoderaba de terrados y azoteas, donde se había refugiado el enemigo, abandonando las barricadas. En las calles céntricas a que aludo no hubo ningún choque grave, y la paz material parecía restablecida; sólo algunos disparos sueltos, anunciados por silbidos que parecían señales. Pero en las afueras se libraron verdaderos combates. El de Pueblo Nuevo fue durísimo y pintoresco, puesto que peleaban en las azoteas de las casas la fuerza y los rebeldes. Acudió la artillería, que barrió con metralla a todo lo largo de la calle Mayor del Taulat. También en el Clot hubo de intervenir la artillería, en una lucha reñidísima. En los alrededores del Matadero se sostuvo otra verdadera batalla. Por la tarde también hubieron de hablar los cañones en el Paralelo. La rebeldía quedó dominada ese día.

El día 30 continuaron los disparos sueltos desde los terrados de las casas, y se produjeron colisiones de poca importancia en algunas calles del Ensanche.

El sábado 31 se publicó un bando mandando abrir los comercios y recomendando la vuelta a la normalidad, a cuya consecución sacrificaron los patronos unos cuantos miles de duros, pagando los jornales correspondientes a una semana invertida por unos, a ciencia y paciencia de otros, en matar, incendiar y saquear. Ese día hubo algunos disparos aislados y una colisión terrible entre la Guardia Civil y los saqueadores de las ruinas de un convento de la calle de Roger de Flor.

Los edificios religiosos que sufrieron la ira de las turbas fueron los siguientes:

Atacados el día 27.

Parroquia de San Pablo.—Templo muy interesante del siglo X. La iglesia se salvó, pero fueron destruidos el archivo, en que había documentos de gran importancia histórica, y la casa parroquial. Cuando los bomberos acudieron para combatir el fuego, fueron rechazados por las turbas.

Parroquia de Santa María del MarAtacada tres veces en los días 27 y 28; los vecinos rechazaron a los rebeldes, quemándose sólo, y sólo en parte, dos puertas exteriores.

Parroquia de San Pedro de las Puellas.—Templo antiquísimo y de gran mérito arqueológico y religioso. Fue casi por completo destruido. El primer asalto, a las seis de la tarde del 27, fue rechazado por la fuerza pública; pero a las nueve de la noche volvieron a la carga con éxito, y en la mañana del 28 completaron la destrucción.

Parroquia de Santa Madrona (nueva).—Atacada a las dos y media de la tarde del 27; no quedó absolutamente nada sano dentro del templo. Lo que no pudo arder fue destrozado a golpes de hacha. Todavía el día 31 hubo en la casa parroquial, también destruida, un nuevo asalto.

Parroquia de San Cucufate.—Fundada en 1023. Quedó totalmente destruida.

Parroquia de Santa María del Taulat.—A las diez de la mañana fue asaltada la iglesia, a la vez que la casa parroquial, construida a la espalda del templo. La intervención de unos guardias de orden público hizo interrumpir la operación, que se reanudó más tarde. El interior de la iglesia fue destrozado y por completo la casa parroquial. El párroco se refugió en el sótano, y al advertirlo los incendiarios le arrojaron objetos inflamados, pereciendo el sacerdote entre las llamas.

Parroquia de San Juan Bautista de Gracia.—Fue totalmente destruido cuanto había dentro del templo, quedando el edificio mismo bastante quebrantado.

Parroquia del Clot.—Atacada a las cuatro de la tarde, ardió cuanto había en ella.

Parroquia y Convento de los Ángeles (monjas en clausura). Fue atacado el 27 y 28, pero la fuerza pública logró salvarlo, ardiendo sólo las puertas exteriores.

Iglesia de Pekin.—Pekín es una barriada de pescadores formada recientemente. En ella había levantado la caridad de varias señoras de la capital una iglesia... Todo quedó destruido en la noche del 27 al 28, Los hombres de la barriada quisieron defender su bien, pero se les hizo desistir con la amenaza de incendiar sus cabañas.

Iglesia de los Agonizantes.—Quedó por completo destruida. No sólo ardió cuanto contenía el templo, sino también los enseres de una escuela municipal instalada en el mismo edificio. 

Iglesia-residencia de San Felipe Neri.—Fue destruido cuanto había en el templo y quedó malparado el edificio-residencia. Los religiosos se salvaron por una puerta excusada, recibiendo una descarga de los revoltosos. Entre las ruinas se halló el cadáver calcinado de uno de éstos.

Iglesia-residencia de Padres Franciscanos.—Sólo quedaron de ambos edificios y de lo que había dentro las paredes maestras. Al huir los religiosos fueron atacados, recibiendo el superior, Padre Usó, una herida de bala, de la que falleció a la mañana siguiente.

Iglesia y Convento de Capuchinos de Nuestra Señora de la Ayuda. -Otro templo antiquísimo, en el cual recibía culto desde el siglo XIV una imagen de la Virgen llamada de la Ayuda. Incendiado el martes por la tarde, ardiendo cuanto contenía, pues los revolucionarios lograron franquear pronto la entrada.

Capilla de Marcus.—Pequeño templo del año 1164. Ardió cuanto había en su interior y que no podía ser robado. 

Iglesia del Sagrado Corazón de María y Colegio de San Miguel.—El colegio quedó destruido, así como cuanto había en el interior del templo.

Escuelas Pías de San Antón.—Edificio de unos 4.800 metros cuadrados. Consagrado a la enseñanza por módica retribución, y se daba también gratis a muchachos pobres. Contenía una gran biblioteca, y regular material pedagógico para todas las enseñanzas. Totalmente destruido con cuanto contenía.

Convento de las Adoratrices. Dedicado a la enseñanza. La oportuna llegada de la fuerza pública redujo el incendio a unas puertas.

Colegio de Nuestra Señora del Carmen, de los Hermanos de la Doctrina Cristiana.—Recibían educación 200 niños. Se pegó fuego el 27 y ardió todo lo que no era de piedra o ladrillo. 

Hermanas Labradoras de la Sagrada Familia.—Se dedicaba a la enseñanza de muchachas, favoreciendo a los pobres. Sólo se salvaron del incendio, que se empezó el 27 y se renovó el 28, las paredes maestras del edificio central y dos pabellones pequeños.

Madres Escolapios, de San Martin.— Colegio donde se atendía a educar gratuitamente a 150 niñas pobres. Pues no sólo fue asaltado el colegio, sino que estuvieron los revoltosos buscando a las religiosas en las casas donde se habían refugiado, obligándolas a buscar lejano retiro.

Convento de Religiosas Franciscanas (plaza del Surtidor, 9).—Noviciado de la orden donde se daba enseñanza gratuita a niñas pobres. La superiora ha dicho: “A la clase gratuita de día asistían 150 niñas; a la de noche, 100, y a la dominical, más de 250. ¡Las primeras piedras que tiraron, contra la casa salieron de manos de tres de las que eran nuestras alumnas!” El edificio quedó casi por completo destrozado.

Padres del Inmaculado Corazón de María.—Era centro de educación para unos 300 niños, gratuito para muchos, muy económico para los demás. La comunidad sostenía unas conferencias de San Vicente que socorrían a muchos pobres. Ardió todo, y fueron gravemente heridos de arma de fuego los Padres Vergés y Ferrant. Dos detalles: uno de los sediciosos revistió ornamentos sagrados, y después de cometer varias maneras de profanación, al pasar de una habitación a la otra, le cayó encima una viga ardiendo, ocasionándole la muerte.

Convento Damas Negras.—Religiosas del Niño Jesús. Comenzó a arder el 27, pero llegó la fuerza pública a tiempo de cortar el fuego, aunque no de evitar el saqueo de algunas habitaciones.

Convento de Padres Mínimos.—Atacado el 27. Todo destruido, incluso una notable biblioteca que se había librado de los incendios del año 1835.

Convento de Madres Capuchinas.—Todo destruido.

Convento de las Magdalenas.—Religiosas en clausura. Destrucción completa. Fue profanado el cementerio. Una celda, destinada, según la comunidad, a encierro de una monja demente, fue por la imaginación popular convertida en la “cámara de los martirios”.

Convento de las Arrepentidas.—Las veinticuatro monjas que lo habitaban hubieron de escapar por entre el fuego. Quedó por completo destruida la capilla y deteriorado nada más el convento.

Convento de las Jerónimos.—Han dicho las monjas que a las doce del 27 comenzaron a arder las puertas de la calle. En este momento fueron violadas las sepulturas y arrebatados de ellas varios cadáveres, y éstos después paseados y escarnecidos por el barrio.

Casa-noviciado de Hermanos Maristas en San Andrés.—Del 27 al 30 ardió todo. Se educaba gratuitamente y se mantenía a un gran número de muchachos pobres.

Convento de Padres Misioneros de San Vicente de Paúl.—Atacado el 27 por la tarde, ardió o fue robado cuanto había en el interior de la iglesia y de la casa. Pasearon los revolucionarios por las calles, con befa y escarnio, una imagen que no había ardido. Los sediciosos no abandonaron este convento, hasta el día 31, y para que se viese que no se escondían estuvieron tocando las campanas durante todo el tiempo que allí permanecieron. 

Residencia de los Jesuitas—En la noche del 27 y en la del 28 se intentó por tres veces pegar fuego a este edificio, situado en la calle de Caspe. Con algunas descargas rechazó los ataques la Guardia Civil, que guarnecía la casa.

Convento de las Hermanas Teresas.—Eran éstas seis y se dedicaban a educar gratuitamente hijas de obreros. Fue atacado a las ocho de la mañana del 27 y no quedó nada en pie.

Convento de las Carmelitas Descalzas.—Dedicábanse a la asistencia de enfermos y a la enseñanza de niñas. Atacado en la noche del 27, y de nuevo en la mañana del 28; fue destrozado cuanto había en la iglesia y en el convento, del que se hundió parte de la techumbre.

Asilo de las Paulas, o de la calle de Aldana.—No servía esta institución más que para acoger y educar y alimentar y cuidar a los hijos de los obreros, mientras éstos se hallaban en el taller o en la fábrica. Pues fue incendiado el día 27.

Asilo de la Sagrada Familia.—A cargo de hermanas de San Vicente, daba la manutención a 80 niñas pobres y enseñanza a unas 400. Se intentó el incendio dos veces el 27, impidiéndolo los ruegos de algunos vecinos; pero el 28 por la noche se consumó, diciendo uno de los incendiarios a los vecinos que defendían la casa: “No se resistan ustedes más; está en la lista y ha de arder.” .

Convento de Sienas de María.—Dedicábanse a la asistencia de enfermos, gratuitamente muchas veces. Atacado el edificio en la noche del 27, sólo quedaron de él las paredes exteriores, y deterioradas además.

Patronato obrero de San José.—Al cuidado de los Hermanos Maristas y con los fines benéficos que el título indica. Fue asaltado a las dos de la tarde del día 27, comenzando la destrucción por la escuela en que los hijos de los obreros recibían enseñanza gratuita. Fue destruida toda la casa. Cuando los hermanos trataron de huir, uno de ellos, el hermano Lycarión, tropezó con uno de los incendiarios que se ofreció a salvarlo. ¡Y lo que hizo fue presentarlo a las turbas gritando “fuego”! Y allí cayó el religioso atravesado a balazos.

Colegio de Damas Catequistas.—Era un modesto edifico dedicado a la enseñanza de la doctrina cristiana en los días festivos. Fue incendiado al anochecer del 27. 

Atacados el día 28

Parroquia de San Francisco.—Al comenzar a derribar la puerta principal un grupo de rebeldes, hiciéronles desde una casa inmediata varios disparos y huyeron despavoridos. Nadie se volvió a acercar en ademán hostil.

Parroquia (le Santa Madrona (antigua). — Ardió o fue destruido cuanto había dentro del templo. De la casa parroquial quedaron sólo las paredes.

Convento de Esclavos del Sagrado Corazón de Jesús.—Dedicado a la enseñanza de niños. Quedó destruido cuanto en él había.

Colegio de Loreto.—Atacado el 28 a las seis de la mañana, ardió durante tres días, quedando sólo las paredes maestras. Se educaba gratis y se auxiliaba en sus necesidades a 70 niñas de familias menesterosas.

Colegio de los Padres Salesianos.—Tenía clases nocturnas gratuitas para obreros. Se intentó el incendio el 27 y lo impidió la fuerza, pero el 28, ausente ésta, fue consumado el crimen y destruido en gran parte el edificio.

Colegio de las Hermanas de María Auxiliadora.—Tenía alumnas internas y externas; clases nocturnas y clase dominical. Hacía mucho bien entre criadas y obreras. Parte del edificio quedó totalmente destruido; en todo él se destruyeron muebles y enseres. Al saber los asaltantes que una hermosa imagen de la Virgen había sido puesta a salvo, registraron las casas inmediatas hasta que dieron con ella, y la arrastraron atándola al cuello un cordel.

Colegio de Concepcionistas.—A las tres de la madrugada del 29 comenzó a arder la iglesia aneja al colegio, que fue por completo destrozada. El saqueo duró hasta el dia 30.

Convento de Beatas Dominicas.—Dedicábanse a la enseñanza. En la mañana del 28 se verificó el ataque, quedando destruido todo. También hubo sepulturas violadas y restos humanos profanados.

Colegio del Niño Jesús.—Ocupábanlo seis hermanos consagrados a la enseñanza, que a algunos daban gratis. En la mañana del 28 se cometió el asalto, y lo destruyeron todo.

Colegio de los Hermanos de las Escuelas Cristianas.—Dedicado a la enseñanza. Daños gravísimos.

Convento de Monjas Franciscanas. — Sufrió bastantes desperfectos.

Convento de Religiosas Franciscanas de Nuestra Señora de Jerusalén.—Monjas en clausura. Fue atacado el 28 y 29 por la noche; pero las dos veces llegó la fuerza pública a tiempo de impedir que el incendio se propagara.

Convento de los Carmelitas.—Comenzó el ataque a las ocho y media de la noche del 28, y hasta el 30 estuvieron “actuando” allí las turbas, robando lo que se podían llevar y quemando lo que no les convenía o no era transportable. También allí fueron profanadas sepulturas y esparcidos los restos que contenían

Convento de Valdoncellas.—Monjas del Cister. Fundado en 1237. Contenía grandes riquezas históricas. Todo fue destruido.

Convento de Montesión.—De monjas. Fue atacado el 28, pero por las buenas condiciones de la construcción y por la oportuna intervención de la fuerza pública, sólo ardió un pabellón destinado al capellán.

Seminario Conciliar.—Fue atacado al mediodía del 28. Fueron incendiadas las puertas y dos altares dentro de la iglesia. En varias habitaciones destrozaron cuanto hallaron y se llevaron valiosos ornamentos de la sacristía. La fuerza Pública llegó pronto a cortar los desmanes.

Residencia de los Hermanos Maristas, conocidos por padres franceses.— Incendiada por completo en la mañana del 28 y destruida.

Hermanas Francesas de la Asunción.— Componían la Congregación diez piadosas mujeres, cuya misión era asistir gratuitamente a los enfermos pobres. Fueron incendiadas la modesta casa y la capillita aneja.

Orfelinato de San José, a cargo de las Hermanas de la Sagrada Familia.—Su nombre dice lo que era, y su aspecto respondía a su nombre. Así y todo, la pegaron fuego. No ardió la casa, pero sí cuantos enseres contenía, y que eran de los huérfanos desvalidos. En una pared dejaron escritos los incendiarios estos dos gritos: “¡Abajo los Camilos! ¡Viva Lerroux!”

Centro Católico de Santa Madrona.Ardió cuanto en él había, salvándose el edificio. Fue atacado el 28 y visitado de nuevo por las turbas el 29.

Centro Católico de San Pedro Claver.—Daba enseñanza gratuita a niños y adultos. Tenía una gran biblioteca y sostenía una cooperativa de consumo. Atendía en una u otra forma a más de 500 familias de obreros. Fue incendiado y saqueado completamente el 28 por la tarde.

Chalet-Refugio de los Hermanos Agustinos.—Era una huerta con un pabellón y servía de recreo a los niños que los hermanos educaban en su colegio de Hostafranchs. Pues también eso fue destruido.

Atacados el día 29

Parroquia de San Andrés de Palomar.—Contenía alhajas religiosas de gran mérito, entre otras el Cristo de talla de que se habla en el canto Els segadors. Conservábase también allí un museo formado por los vecinos del pueblo, hoy agregado a Barcelona. Todo fue destruido con método y calma.

Convento de Padres de la Sagrada Familia.—Magnífico edificio, que era la casa matriz de la congregación. Poseía una biblioteca de más de 6.000 volúmenes. Fue totalmente destruido por el fuego.

Atacados el día 30

Parroquia de San Juan de Horta.—Del siglo XVI. Fue atacada el día 30, ardiendo cuanto había dentro y quedando malparado el edificio.

Colegio de San José, de Terciarias Dominicanas.—No se pegó fuego hasta la noche del 30, quedando casi por completo destruido.

Escuelas Obreras de Jesús María.—Se daba educación gratuita a niños pobres. Asistían 150 a las clases de día y 600 a las nocturnas. El 30 hubo conato de incendio y el 31 por la mañana se consumó.

Fuera de Barcelona fue Sabadell la población en que los sucesos revistieron mayor gravedad. Se proclamó la huelga general el 26 e inmediatamente se procuró aislar a la población cortando la vía férrea, para que no pudieran salir los reservistas llamados, y el telégrafo, para impedir la llamada de refuerzos. El día se pasó en cons­antes tiroteos con la fuerza pública de Guardia Civil y Carabineros que allí había. El 27 por la mañana una multitud, compuesta de 1.000 ó 2.000 personas, muchas armadas, incendió la iglesia parroquial, saqueó un convento y atacó las oficinas municipales, asesinando al secretario y a un alguacil del Juzgado. La fuerza pública estaba parapetada en la estación del ferrocarril, y por la tarde llegó uña compañía de Infantería, a la que entre vítores y aplausos encerró la multitud en la casa cuartel de la Guardia Civil, y cuando allí la tuvo, se comenzó a atacarla desde todas las casas inmediatas. Logró de noche la fuerza que estaba en la estación levantar el cerco puesto a aquella tasa cuartel, y, reunidos todos los elementos de armas, se fortificaron en la estación, sufriendo constantes ataques hasta él 31 por la noche, que, advertidos los rebeldes de que se acercaba una columna al mando del general Bonet, huyeron. La fuerza pública tuvo muchos heridos. De los amotinados, la Cruz Roja recogió ocho cadáveres y asistió a diez heridos.

También en Manresa ocurrieron cosas graves, no estallando la revuelta hasta el día 29. Se cortaron las comunicaciones, se incendiaron tres conventos, hubo colisiones, y un individuo del somatén fue desarmado y asesinado con su propia arma.

En Tarrasa se declaró la huelga general el 26, con corte de comunicaciones. Hubo algunas colisiones, sin consecuencias graves. El 27 llegaron fuerzas de Infantería, y no se volvió a alterar la paz material.

En Badalona se declaró la huelga el 26 y fueron cortados los hilos telegráficos. Se intentó quemar un convento. Llegó oportunamente un escuadrón de caballería, y se restableció el orden.

En San Felíu de Llobregat hubo también huelga; pero sin graves incidencias.

En Villafranca del Panadés las turbas silbaron y apedrearon a las fuerzas de Treviño cuando salieron para Barcelona; pero se las enfrenó pronto.

En Villanueva y Geltrú, huelga general, corte de comunicaciones y grandes alborotos en la estación para impedir la salida de reclutas.

En Igualada hubo huelga general, pero la Guardia Civil y el somatén bastaron para mantener el orden.

En Mataró las intenciones de las turbas fueron peores. Comenzaron a moverse el 27, y pretendieron atacar la zona de reclutamiento e incendiar los conventos, y fueron rechazados. Quemaron las casetas de Consumos y se constituyeron en junta revolucionaria, eminentemente bufa; ordenaron al párroco que cerrara la iglesia porque “en su establecimiento no se expendían artículos de primera necesidad”. Ochenta guardias civiles que llegaron el 1 de agosto y un paseo del cañonero Temerario por la costa disolvieron la revolución.

En Anglés hubo lucha más enconada, sucumbiendo en la refriega un paisano. Antes había sido descalabrado de un garrotazo el cabo de la Guardia Civil e incendiado el cuartel de ésta.

En San Adrián del Besós los vecinos se opusieron a que fuera  incendiada la iglesia, “porque podía correrse el fuego a sus casas”;  pero no a que en la plaza se hiciera una hoguera con todo lo combustible que en el templo había.

En Palamós fue incendiado el colegio de los Hermanos de la Doctrina Cristiana, y dos de éstos fueron arrastrados por las turbas.

En San Felíu de Guixols se pegó fuego a la iglesia de San Juan y al colegio de los Hermanos de la Doctrina Cristiana.

También la residencia de éstos en Calonge fue asaltada, y paseados desnudos por las calles, en medio de toda injuria, los dos hermanos más jóvenes. Con este gesto, puramente helénico, mezclaron los rebeldes otro eminentemente cartaginés: un impuesto a los ricos, que se repartieron los amotinados.

En Granollers fueron incendiados la iglesia y el convento de Paúles Menores. La junta revolucionaria daba pases autorizados con el sello de la Sociedad de Peluqueros.

En San Vicente de Castellet fue incendiado un tren de mercancías.

En Cassá de la Selva, a falta de mejor ocupación, los revoltosos ¡talaron los árboles de la carretera!

Y así sucesivamente, en casi toda Cataluña. Donde hubo energía y medios, no pasó nada de singular gravedad. En otras partes se llegó a una transación patriótica: la gente de orden daba dinero para que los reservistas, los soldados con licencia o los reclutas disponibles traspusieran la frontera, y los revoltosos se prestaban, en cambio, a no desmandarse”.

 

PRIMERA CRISIS DE REGIMEN DEL REINADO

(LA FERRERADA)

Acaso resulte algo desmedida dentro de la dimensión total de la obra la extensión dedicada en estas páginas a la que justamente se llamó Ferrerada. Si examinamos inteligentemente su trascendencia para la Monarquía y para España, nadie creerá desmedido dedicarle dos capítulos. En rigor histórico y analítico, la Semana Trágica es causa o pretexto de la primera crisis de régimen del Reinado de Don Alfonso XIII.

Ciertamente tal crisis era congénita en la Restauración saguntina; pero Maura, y sobre todo su ministro de la Gobernación, La Cierva, fueron los autores de un intento, hecho dentro del régimen, Dara desviar la Monarquía constitucional de la revolución y de su trágico final.

Fue una tentativa honrada, pero sin el arte político necesario por parte de Maura, y aun siendo así, provocó aquella crisis de régimen, permanente ya durante todo el resto del reinado, y tan grave, que ni el otro intento más eficiente de Primo de Rivera evitó la caída de la Monarquía y el triunfo de la revolución.

Sin comprender la entraña, complicación y efectos de la Semana Trágica y de la subsiguiente Ferrerada, nadie será capaz de hallar explicación al proceso de consunción y desintegración de la Monarquía que culmina en aquella organización de la derrota realizada por el último Gobierno del Rey.

Las mismas fuerzas, y hasta casi las mismas personas con idénticas conductas, perduran desde 1909 hasta 1931. Y la reincidencia es policial y jurídicamente la prueba más evidente de intencionalidad y hasta de profesionalismo. Quede presente la regla. :

EL PROCESO DE FERRER

Sólo unas pruebas extraídas de la Causa de Ferrer, publicación Oficial de la misma.

Ferrer y su “íntima” Soledad Villafranca regresaron a Barcelona, procedentes de Londres, el día 11 de junio (pág. 183).

Regresa cuando es de conocimiento público el propósito de intervención en Marruecos.

Osorio y Gallardo no lo hace vigilar, ni siquiera después del 9 de julio, cuando sucede la agresión. No hay en la Causa un solo informe policial referente a los movimientos de Ferrer ni siquiera del período comprendido entre el 9 y el 26. Y téngase en cuenta la personalidad de Ferrer después del regicidio de la calle Mayor.

Cargos:

Descompondremos los elementos de acusación contra Ferrer, según la significación oficial o política de los testigos del proceso.

Elementos oficiales: Policía. — El inspector Zapatero acusa al partido radical y al nacionalista republicano.

El inspector jefe del Servicio Especial de Persecución del Anarquismo  señala como anarquista a Ferrer y da detalles de sus relaciones con Solidaridad Obrera, con la “Confederación General del Trabajo de Francia”, con los anarquistas y con los lerrouxistas, sobre todo con Emilio Iglesias. Detalla algunos pasos de Ferrer durante los días de la semana trágica y su desaparición a los dos días de terminados los sucesos.

Fernández Bermejo, agente de vigilancia afirma haber visto a Ferrer en los grupos de sediciosos.

Elementos armados: El sargento de la Guardia Civil, comandante del puesto de Badalona denuncia los pasos de Ferrer en los mismos días en Barcelona (su presencia en El Progreso y Solidaridad Obrera, entrevistas con Moreno, Litrán y Emiliano Iglesias) y Masnou, excitando a la rebelión.

El teniente coronel del mismo Cuerpo, jefe de la Comandancia de Barcelona, señor Ponte acusa al procesado de excitación a la rebelión en Masnou y Premiá.

Alonso Poblet, teniente de Carabineros declaró que Ferrer propuso en Premia que fuera secundado el movimiento revolucionario de Barcelona.

En parecidos términos declara Cisa Alsina, subcabo del somatén de Premiá, con relación a los sucesos de este pueblo, y González Coronado, cabo de Carabineros de Masnou.

Lara, teniente de la Guardia Civil acusa la actuación de Ferrer en Premiá y Barcelona, fundándose principalmente en referencias. Confirma que en Premiá excitó a la rebelión.

Sancho Zueco y Salvo Simón, soldados de Caballería del Regimiento de Santiago, declararon haber visto a Ferrer en actitud rebelde entre los sediciosos.

El señor Ramírez Benito, coronel del mismo Regimiento, declaró que, habiendo interrogado a varios de los sediciosos, le manifestaron que llevaban armas, dadas por un señor cuyas señas coinciden con las de Ferrer.

Lo mismo dijo el señor Puig de Ramón, capitán ayudante del Regimiento.

Todos los anteriores reconocieron en Ferrer (en diligencia de rueda de presos) al individuo a quien se referían.

Personas que desempeñaban cargos municipales: Casas, alcalde de Premiá, lerrouxista, amigo de Ferrer, a quien éste pidió ayuda para la rebelión y al que acusaron muchos testigos de haberla prestado amparo, empezó diciendo que no recordaba que se le propusiera secundar el movimiento. Trató, en cambio, de comprometer al Llarch (véase después), citándole como acompañante de Ferrer, y llegó a decir que vinieron a proponerle que ayudara a la rebelión. Ratificó que Ferrer fue a los actos inaugurales de la Escuela Moderna de Premiá.

Consta en actas del Ayuntamiento que fue el propio Casas quien presentó y defendió la proposición para subvencionar esa Escuela. En otra declaración dice que desde el 31 de julio “formó la opinión de que Ferrer fue elemento director de todas las violencias cometidas en la región en los postreros días de julio”. En el registro practicado en casa de este testigo se hallaron cartas de Lerroux, recibos que acreditan su condición de corresponsal de El Progreso, una lista de nombres con nota que dice “que los más rebeldes son...”, un libro de Bakunin y pruebas de sus relaciones con La Rebeldía, periódico revolucionario entusiasta de su inspirador Lerroux, que le llamaba “hija predilecta”. En nueva declaración insiste en rechazar toda relación con Ferrer, a quien dice conoció cuando fue a inaugurar la citada Escuela de Premia. Afirma que sólo concibe lo sucedido en ese pueblo “siendo Ferrer el alma de instigar”. En el careo con Ferrer se mantiene firme en sus afirmaciones y dice al procesado “el que niega la verdad como Ferrer es capaz de negar la existencia del Sol”.

Cabré, concejal de Premia, dice que Ferrer “propuso al alcalde cosas que no pudo aceptar”. 

Mustaró, también concejal de ese pueblo y primer teniente-alcalde, concretando más, dice que Ferrer propuso “que imitasen el ejemplo de Barcelona”.

Aun acusa más preciso el concejal Alsina diciendo que Ferrer era un anarquista en relación con la Fraternidad Republicana de Premiá, también anarquista. Dice también que se creó allí una sucursal de la Escuela Moderna, que se pidió y obtuvo una subvención del Ayuntamiento y que asistieron a la inauguración Ferrer, Soledad Villafranca y Morral. El testigo, alcalde poco después de ese acto, la clausuró, y el Presidente de la Escuela, Floch, pasó a serlo de la Fraternidad Republicana.

Alvarez Espinosa, auxiliar de Secretaría del mismo Ayuntamiento, señala los trabajos de Ferrer para que se secundara el movimiento de Barcelona. El alcalde, según este testigo, dejó hacer, y Ferrer es, en su opinión, “el verdadero autor de los tristes sucesos ocurridos en la región, o por lo menos el instigador e inspirador”. Lo decía por convicción moral, y en su careo con Ferrer se mantuvo firme.

En el mismo sentido general declaró Durán, alguacil del Ayuntamiento.

Don Narciso Verdaguer, concejal de Barcelona acusa a los anarquistas “impulsados y guiados por Ferrer y Fabra Rivas”.

Jueces.—El señor Claner, juez municipal dice ser de “voz pública que los sucesos fueron obra de Ferrer y otros elementos avanzados con tendencias radicales o anarquistas”.

Puig Pons, juez municipal de Premiá, dice que Ferrer excitó a la rebelión en Mongat, que dio dinamita a varios sujetos y reclutó gentes para el movimiento. Lo ratifica en la declaración de la pág. 159, y en la 274 dice saberlo “de voz pública”.

Jiménez Moya, propagandista republicano declaró que los directores de los sucesos fueron Ferrer y Solidaridad Obrera.

Don Alfredo García Magallanes, militar retirado y lerrouxista que fue varios meses presidente asesor de la Asociación de Damas Radicales (según los Estatutos, son “radicales, revolucionarias, lerrouxistas y antisolidarias, que tienen por jefe al invencible caudillo Alejandro Lerroux”). dice que, por sus referencias, los sucesos fueron obra de Emiliano Iglesias, de acuerdo con el “conocido ácrata Ferrer”, y que éste había hecho un buen negocio de Bolsa.

Puig y Ventura “Llarch”, republicano radical, empezó confirmando lo dicho por el sargento de la Guardia Civil del puesto de Badalona (véase antes), y añade: “Todo lo ha movido Ferrer, que quería comprometer a todos los radicales”. Recordando el antagonismo entre El Progreso y Solidaridad Obrera, cree que Ferrer se había vengado. En otra declaración le acusa de haberle propuesto que secundara el movimiento revolucionario y se quemaran los conventos en Masnou y Premiá. El testigo dice que avisó al alcalde de Masnou lo que se intentaba. En la declaración le acusa de ser el “director de los sucesos en toda la región” y en el careo con Ferrer  se sostiene firme en sus manifestaciones.

Francisco Domenech Munté, peluquero de Masnou, “republicano independiente, confirmó lo dicho por el sargento de la Guardia Civil de Badalona, y afirmó que Ferrer anduvo excitando a las masas a la rebelión, que le acompañó en la visita a la redacción de El Progreso y se negó a ir con él a Solidaridad Obrera al enterarse de que se tramaban cosas de política, y que en Masnou propuso Ferrer que se proclamara la República. Afirmó también que Moreno dijo a Ferrer: “¡Ay del que falte, que haremos con él lo que hacen en Rusia con los traidores!”

Colominas, secretario de la Comisión Escolar de la Casa del Pueblo, republicano radical, antecesor de Litrán en su cargo de confianza en la Escuela Moderna y amigo afectuoso de Ferrer, señaló en una noticia a Ferrer dirigiendo el movimiento en Premiá, y declaró en el proceso que había tomado la noticia de otro periódico.

Cristany, Ferry y Plega afirman haber visto a Ferrer en Badalona el 27 de Julio.

Calvet, cafetero de la Fraternidad Republicana de Premiá, depuso, como Alvarez Espinosa, sobre la actuación de Ferrer para avivar la rebelión. Se expresó contra Ferrer con gran vehemencia; es “un hombre malo”, dice en dos de sus declaraciones.

Mustarós, labrador de Premiá, confirma la versión del testigo Alvarez Espinosa, contraria a Ferrer. Igualmente depusieron Comas Alsina, albañil, añadiendo que los sucesos se agravaron desde que Ferrer se presentó en Premiá; Gudás, carpintero, que afirma que en Mongat dijo a él y a otros: “Ya es hora de quemarlo todo”; Roig Cisa, que llega a decir que Ferrer propuso emplear la dinamita; Cisa Moragas, del comercio; Font Alsina, cafetero: Canes Monsó, fabricante; Alsina, del comercio, que afirma dio Ferrer instrucciones para la revolución; Cisa y Cisa, capitán de la Marina Mercante; Costa Pagési tenedor de libros, que acusa a Ferrer de tomar parte en la rebelión de Premiá y en Masnou; Alsina Estival, comerciante, que a la acusación de Ferrer, por referencias, por los sucesos de Premiá, añade que las ideas de aquél eran las de la Fraternidad Republicana, por lo que cree pudo ocultarle Solá, alma y ejecutor de los planes de Ferrer; Arnau Alegre, pintor; Calvo y Font, dentista; Cardona Cisa declarando, por referencias; Rolg Botey, estudiante; Gelpi y Villa, piloto; Cisa y Más, piloto; Roldós; Puigdemont, zapatero, de Masnou, que dice que un sujeto que arengó a las masas de ese pueblo desde el Ayuntamiento dijo que venía en nombre de Ferrer; Millet, abogado de Barcelona, que por referencias dice saber que Ferrer fue el inductor de los sucesos en Masnou y en otras partes; Bonet, procesado en la causa por incendio del convento de las Concepcíonistas, acusa como organizador de los sucesos a Solidaridad Obrera por venganza de los radicales, y cree que los recursos los dio Ferrer. En otras declaraciones, confirma la anterior; diciendo que no comprende que otro elemento sino Solidaridad Obrera, pueda ser causa de los sucesos, y dice que de la participación de Ferrer habla por referencia.

Cartas: En la pág. 150, Causa F., aparece la de un señor Belver acusando a Ferrer como inductor de los sucesos y proveedor de fondos para la revuelta.

Pruebas fuera de Causa:

En el Centro del Sindicato único de Barcelona (calle de Mercaders) se celebró el día 3 de enero de 1917 una reunión de delegados de la Federación Local de la C. N. T. (nuevo nombre de Solidaridad); presidida por el anarquista Miranda, discípulo de Ferrer y empleado por él en la Escuela Moderna. La reunión tenía Por oblato discutir sobre la huelen de Pobla de Lillet, v otros asuntos. Al discutirse la campaña a emprender contra la Policía encargada de las cuestiones sociales, se aprobó emprenderla, pero sin admitir la colaboración de ciertos elementos políticos.

Vadiu, miembro del Comité Nacional de la C. N. T.. se opuso a que tomara parte en la campaña Emiliano Iglesias (el lugarteniente de Lerroux “por haber contribuido con sus declaraciones a que Ferrer fuese fusilado”. 

Cortés, otro delegado, ratifica lo dicho por el anterior, así como Jordán y Rueda: Picó y Climent se niegan a admitir en la campaña al "hombre de la conducta más repugnante”.

Miranda, que preside, uno de los máximos prestigios en la C. N. T. y en los Grupos Anarquistas, dijo: “Emiliano Iglesias, el hombre que un día dijo que Solidaridad Obrera sería lerrouxista o desaparecería, fue un acusador de Ferrer”.

Para situar estas manifestaciones debemos ilustrar que la campaña contra la Policía tenía como fin acabar con el jefe de la Brigada Social, señor Bravo Portillo, a instancias de ciertas Embajadas aliadas, de las que eran obedientes lacayos los intervencionistas Lerroux y Emiliano, los cuales, a la vez, influían en la C. N. T. para hacer campaña contra dicho comisario, llegando a acusarlo falsamente de espionaje a favor de Alemania. No mucho después lo asesinaron. Decimos lo anterior para demostrar lo ciertos que se hallaban de que Iglesias había acusado a Ferrer cuando ni aun en el negocio común de intervencionismo querían tenerlo por compañero.

Sobra los testimonios del sumario, esté póstumo de los discípulos y seguidores de Ferrer demuestra que el Tribunal Militar estuvo, sobrado de pruebas para condenarlo.

Sólo una prueba más sobre la justicia de la sentencia que condenó a Ferrer. 

Como veremos inmediatamente por documentos indudables y testimonios de parte, Ferrer predicó toda su vida cuanto de infame se hizo en Barcelona en la Semana Trágica. Si él, como quiso demostrar sin conseguirlo, se hubiese abstenido y no toma parte alguna en la Revolución, seria un traidor a sus ideas y a cuantos arrastró a la violencia. Sus defensores permanentes, los que le rindieron culto siempre, masones y anarquistas, ¿lo hubieran defendido y honrado si él es un traidor a sus ideales y a sus discípulos, manteniéndose oculto en tanto ellos arriesgaban sus vidas en las barricadas?

La mejor prueba de que fue castigado justamente por dirigir la Revolución barcelonesa es la defensa, el culto y admiración de masones y ácratas, su lápida en el frontis del “altar” del Gran Oriente, la estatua de Bruselas y su nombre dado a calles de Madrid, de Barcelona y de tantas ciudades españolas dan la prueba más elocuente de lo Justiciero que fue aquel fallo del Consejo de Guerra.

Si Ferrer hubiera tenido un poco de la grandeza de Sócrates, hubiera debido decir a sus discípulos lo que aquél a los suyos, pero a la inversa: ¿Desearíais que yo fuese condenado, siendo inocente del delito revolucionario?

LA TURBINA EN LA CLOACA

Con esa metáfora retrató Maura los acontecimientos desencadenados por el fusilamiento de Ferrer.

La cloaca desbordada fue la europea, y la turbina movida por ella fue la izquierda española, desde los liberales “monárquicos” hasta los anarquistas, pasando por republicanos y socialistas. La máquina movida por las aguas fecales trituró a Maura y La Cierva, frustrando para siempre aquella tentativa, mejor intencionada que ejecutada, para sacar a la Restauración del camino de la Revolución.

La fuerza que unió a tan dispares elementos nacionales e internacionales fue la Masonería. El fusilamiento de Ferrer debía provocar el despliegue de toda su potencia fuera y dentro de la nación. Era la primera Vez en la Historia de España que un auténtico Jefe revolucionario y un auténtico masón de alto grado era ejecutado por dirigir una Revolución. La impunidad, madre de la traición contra la Patria, dejaba de jugar por primera vez en favor de un revolucionario de primera clase, en favor de Ferrer. Y las ejecuciones de políticos de primera clase, por su personalidad o poder en el Estado, debían continuar siendo en España un monopolio de la Masonería si la Restauración había de continuar el camino de la Revolución.

Esta es la clave de la cloaca y la turbina.

LA CLOACA MASONICA INTERNACIONAL

Nuestra dificultad es aquí seleccionar del copioso material, que llenaría con creces el volumen, algo de lo más característico, de lo más pútrido, lanzado por la cloaca masónica internacional.

En cuanto la ejecución de Ferrer fue conocida, se constituye en París el Comité Pro-Ferrer. Lo forman Naquet, Laisant y Albert. El primero es un conocido político judío y masón; el segundo y el tercero, altos grados de la Masonería francesa; los tres, con Ideas anarquistas. 

Tras el Comité triangular se hallan todas las “potencias” masónicas, encabezadas por el Gran Oriente francés y por la Liga de los Derechos del Hombre masónico.

El presidente de la Liga, M. Presse, había escrito antes de ser fusilado Ferrer:

“¿Sería una incorrección, desde el punto de vista internacional, afirmar la certidumbre de que el Gobierno español sabrá tratar a sus propios súbditos según los principios que él impone al Sultán de Marruecos para sus súbditos? ¿Es demasiado esperar de él en favor de los vencidos de Barcelona una magnanimidad que él impone como un deber de civilización a los marroquíes?

El mismo Ferrer, beneficiado tres años antes con la impunidad en su participación en el regicidio por la intervención masónica, prepara la campaña mucho antes de ser detenido. En carta que dirige a Carlos Albert, luego miembro del Comité, dirá el 12 de agosto, entre otras cosas, éstas:

“La rebelión de Barcelona, que fue tan sólo una explosión de rabia contra la guerra de Marruecos y contra el poder clerical, que todo lo domina en España, va a servirle de pretexto para matar todo lo que respira libertad y progreso.

El juez militar cree que se ha hecho la revolución de Barcelona con dinero del grupo.

Son locos, pero muy peligrosos para mí, y sobre todo para los qué están en la cárcel.

El plan de los reaccionarios, por el momento, se halla completamente trazado. Como decía antes, se trataba de destruir toda agrupación, toda sociedad, todo individuo que sea conocido como “¡enemigo de la Iglesia!

Figuraos hasta dónde pueden llegar estos malvados.

Toda la prensa conservadora de Madrid y provincias dice ya que la culpa de lo sucedido la tiene la Escuela Moderna y este maldito Ferrer, quien con las escuelas y publicaciones de obras sin Dios y contra Dios ha desencadenado la furia por las calles.

Todo lo que podáis hacer en la prensa en Francia para prevenir al público y denunciar los criminales proyectos gubernamentales españoles, será conveniente para detenerle quizá en sus planes y salvar la vida de los que se quisiera fusilar en seguida. Después ya se verá lo que cabe hacer. Poneos en comunicación con...”

L’Humanité, órgano del Partido Socialista francés, dice ya el 2 de agosto, dos días después de ser detenido Ferrer:

“Ya lo hemos dicho: los elementos reaccionarios y cesaristas de España quieren aprovechar el carácter anormal de las circunstancias para desembarazarse de todos los que combaten. Si no hay hechos, se inventan, y con ello se procura salir adelante ante la opinión pública, sobre todo cuando la prensa llamada de oposición se somete cobardemente a la censura que le impone el señor La Cierva-Trepof.

Pues bien; nosotros estamos en condiciones de afirmar que la tal justicia militar, en este asunto, no tiene más que el deseo de condenar a Ferrer. En cuanto a datos y testimonios, no los tiene, sencillamente, porque le es imposible encontrar pruebas. Es muy posible que entre los elementos militares haya cobardes bastantes para inventarlas; estamos ya acostumbrados a las victorias de esa clase de los militares españoles; pero esta vez, cada victoria de esa clase se señalará por una venganza que la clase obrera tomará contra los peores enemigos de la civilización y del progreso”.

Y el mismo, el día 7:

“Por esto, el Gobierno español, el más cobarde e hipócrita del mundo si no existiese Rusia, trata de ahogar en sangre todos los elementos de revuelta que alientan aún en la Península.

En Barcelona, 5.000 prisioneros de todas las edades y de los dos sexos están amontonados y mezclados en Montjuich, de lúgubre memoria, en Atarazanas, en la Cárcel Celular, en San Julián de los Romos (!). Hay otros 1.700 en Montaro, 1.000 en Manresa, 1.200 en Sabadéll, 300 en Gerona, 400 en Anglés. Se quiere aplastar todo lo que lucha, todo lo que piensa, renovar en Barcelona la hecatombe de la Commune de París.

La insurrección de Barcelona no es más que el primer relámpago de la gran tormenta que se prepara, y que barrerá la dinastía hundida en el lodo, que cree reinar y que pronto no será más que un recuerdo execrado,”

Poco después, la Confederation Generale du Travail lanzaba un manifiesto donde se leía:

“Los galoneados españoles, vencidos en todos los campos de batalla, toman valerosamente el desquite en los Consejos de Guerra. Condenan a muerte a todo lo que en España queda de noble, de generoso. ¿Dejaremos asesinar así a nuestros hermanos de España?”

De la prensa española diría L’Humanité el 19 de sentiembre: “Con gusto vemos que los republicanos y los demócratas españoles comienzan a enterarse de que es necesario tomar parte contra el Gobierno del señor Maura. Los diarios republicanos madrileños El País y España Nueva, sobre todo éste, llevan una campaña que no carece de habilidad para alentar a los elementos burgueses de la oposición a deshacerse de los bandidos que están al frente del Gobierno. Por su parte, el Heraldo de Madrid, órgano de los demócratas, combate con energía los procedimientos verdaderamente incalificables de la prensa ministerial y reaccionaria.”

Como vemos, era “terrible” la censura de La Cierva.

“El Daily Express del 4 de agosto aseguraba ya:

“En el natío interior de la fortaleza de Montjuich han sido fusilados ésta mañana otros 30 revolucionarios.”

En la prensa de París del mismo día:

“El número de franceses expulsados de Barcelona desde hace dos meses es de 126. Otros 33 están presos, y hay muchos centenares sometidos a estrecha vigilancia.”

Y nada menos que el sesudo Le Temps acogía otro telegrama de la misma procedencia, en el que se hablaba de dos franceses ejecutados en Montjuich y añadía que otras referencias elevaban a cinco el número de galos fusilados. Carlos Albert declaraba en un periódico que “de creer a testimonios fidedignos, tres franceses encarcelados en Montjuich han sido fusilados”. Pero L’Action, uno de los órganos del presidente del Consejo, Briand, el 7 de octubre, con grandes titulares, gritaba: De nombreux franqais ont ete executés, y debajo publicaba el siguiente espeluznante relato, bajo la garantía de M. Arístides Pratelle, “un de nos confreres double d’un homme de science”, un amigo del señor Pratelle—comisionista en vinos en París, cuenta a aquel que estuvo en el Congreso de Esperanto, de Barcelona, y que al regresar a Francia oyó una conversación de un francés que salía de Montjuich, donde había estado cuarenta y cinco días, mantenida con otros dos viajeros.

“Un día lo cambiaron de casamata, sin decirle por qué, hasta que se enteró de que habían sido ejecutados cuatro prisioneros, entre ellos un francés y una francesa, cosa que hubiera él podido ver desde la casamata en que estaba...

Un compañero de cadena le contó un diálogo mantenido entre un subteniente y un sargento. Aquél preguntó a éste detalles de la ejecución, y el sargento le contestó:

—No hubo novedad; pero es una comisión que no quisiera desempeñar todos los días.

—Y los franceses—replicó el oficial—¿han estado valientes?

—Sí, mi teniente—contestó el sargento.

El mismo día 13 de octubre, a la vez que la noticia de la ejecución de Ferrer, circuló en la Presse Associe la misma patraña indigna en esta forma repulsiva:

“Se confirma que tres franceses han sido fusilados en los fosos de Montjuich con los españoles detenidos por los sucesos de Barcelona.

Parece que estas ejecuciones se han verificado sin forma judicial. Los franceses, aunque comprendían el español, lo hablaban bastante mal y contestaban en francés al sumario interrogatorio a que se les sometiera. El presidente cortó pronto el diálogo con estas solas palabras:

—¡Cargad con los franceses!

Y se verificó la triple ejecución.”

“La Ley Marcial ha sido proclamada en España. El señor Ferrer ha sido encarcelado y va a ser juzgado por un Consejo de guerra. El señor Ferrer ha sido ya torturado. Los jesuítas han descubierto nuevos documentos criminosos. Decimos “los jesuítas”, porque los oficiales de la Guardia civil que efectuaron el hallazgo eran miembros de esta Orden.”

The New Age, de Londres, día 23:

“Montjuich está lleno de prisioneros, muchos de los cuales mueren atormentados. Dos ingleses, nos consta, han sido enterrados secretamente por las autoridades de la cárcel.

Los antiguos tormentos de la Inquisición se han Puesto de nuevo en práctica. En la tortura del “Lecho” el prisionero está atado a un instrumento llamado cama, que arde lentamente. La tensión de las ligaduras le priva de moverse, y va tostándose lentamente, hasta llegar a la muerte. El tormento dura cerca de una hora, se repite diariamente y suele producir la locura a los tres días. Existen, además, máquinas torturadoras con mejoramientos modernos, tales como potros eléctricos y ruedas retorcedoras de los dedos pulgares. Las agujas-puñales son nuevas. Las manos se atan allí a un tablón delgado de madera, a través del cual por medios mecánicos, docenas de agujas penetran en las carnes. En los calabozos de Montjuich existe el tormento de las ratas, en el cual los hombres atados son arrojados a centenares de estos voraces animales, después de haberles abierto una herida en el costado para facilitar que así sean más fácilmente roídos. 

Las mujeres prisioneras son víctimas de tortura tanto moral como material. Toda virgen capturada es violada por sus carceleros, procurando que sean sifilíticos. Las mujeres son apaleadas en el seno con delgados y punzantes juncos por los sacerdotes. Una desgraciada, que a consecuencia de las crueldades a que había sido sometida tuvo un parto prematuro, parió en presencia de todos los oficiales del ejército, que se mofaron de ella durante su agonía. No tienen los monstruos consideración ni para con los pequeñuelos. Los niños son conducidos a los conventos para prácticas sodomíticas, y las niñas privadas de su virtud por villanos que padecen enfermedades venéreas.

Los ideales de la humanidad han sido pisoteados por los españoles. Es necesario emprender una campaña a sangre y fuego contra España y entonces ésta consentiría poner en libertad al señor Ferrer o someterle al Tribunal de La Haya. Si no, España debe ser destrozada. Ya pasó el tiempo en que Europa podía consentir que reviviera la Inquisición.”

La prisa y la ceguera del odio les hacen cometer insensateces como estas:

Los universitarios franceses enviaban a los periódicos la copia del Mensaje por ellos dirigido al señor Maura, con una carta en que decían esto:

“Las ideas de M. Ferrer le han creado ya muchos enemigos; ellas estuvieron a punto de perderlo en el momento del atentado de la calle de Rohan, en que se procuró encartarlo.”

Y Juarés cae en la red, y en otro gran articulo de pomposo estilo confunde el atentado de la calle de Rohan, de París, con el de la calle Mayor de Madrid, y dice: 

“Ya se sabe en nuestro país cuanto había de miserable en el proceso en que fue mezclado (Ferrer), a propósito del asunto de la calle de Rohan o mejor aún se siente la certidumbre de que el atentado de la calle de Rohan fue maquinado por la policía española.”

En los carteles anunciadores del meeting del 25 de septiembre en París, se decía:

10.000 VICTIMAS EN CATALUÑA

Hombres, mujeres, niños

A Naquet, Laisant y Albert, aún se les corría un poco más la pluma, pues en el Manifiesto lanzado el 23 de septiembre, decían:

“Más de quince mil víctimas ejecutadas, presas, deportadas o enterradas; tal es a la hora presente el balance de la represión alfonsista. Y la represión continúa salvaje, implacable.”

L’Action, órgano del Presidente Briand:

“Resulta que ningún testigo ha comparecido, que los dichos del juez de instrucción no han podido ser discutidos y que, en fin, Ferrer ha sido condenado en un conciliábulo de oficiales, como Alfonso XIII lo será un día.”

Un grupo de abogados de París hace su correspondiente protesta:

“Los abogados que suscriben, miembros del Colegio de París, profundamente conmovidos por las últimas noticias publicadas acerca del proceso de Ferrer, protestan, en nombre de los derechos de la defensa desconocidos, contra toda condena que pueda recaer, sobre un acusado después de tal simulacro de justicia, y se alzan con indignación contra la detención del defensor de Ferrer, el capitán Galcerán.”

El judío Naquet, al formarse el Comité hacía este llamamiento: “Denunciamos el crimen y esperamos que en Francia y en Europa los partidos liberales y aun los reaccionarios honrados —el asunto Dreyfus demostró que había algunos— no dejarán a los socialistas el honor de defender a la víctima designada por la ferocidad monacal; que todos los órganos del pensamiento libre se unirán a nosotros y que, gracias a este concurso, el Gobierno español se verá en la imposibilidad de ejecutar sus execrables designios.”

La propaganda masónica penetra en la derecha. El Journal des Debats, ultraconservador, dice:

“Lo que puede afirmarse es que las informaciones conocidas por el público no son suficientes para darle la impresión de una complicidad efectiva de Ferrer en la rebeldía que ensangrentó las calles de Barcelona.”

The Times:

“Ferrer ha sido detenido de nuevo bajo la inculpación de ser uno de los organizadores de la rebeldía en Barcelona; pero está muy lejos de haberse obtenido la prueba de su culpabilidad. Sus amigos, entre los cuales se puede contar a hombres eminentes, como Anatole France y Maurice Maeterlink, temen que se le pueda condenar a muerte o a una detención prolongada por el Consejo de guerra que funciona en Barcelona, sin que se le den medios de demostrar su inocencia. Confiamos en que no haya nada que justifique esa ansiedad. Si Ferrer es culpable, no puede esperar evadirse del castigo; pero parece que hay buenas razones para poner en duda el valor de los documentos que se pretende haber descubierto en su casa. Los defensores de Ferrer no pueden ser todos rechazados como anarquistas ni como soñadores. El interés excitado por este asunto en España y en el extranjero es tan vivo, que las autoridades españolas harían bien en pensar los medios de llevar el proceso ante los Tribunales ordinarios. Una condena por el Consejo de guerra y a puerta cerrada provocaría, sin duda, la sospecha de un error y de una maquinación judicial que comprometerían gravemente el crédito del Gobierno español, y daría a sus enemigos un arma terrible.”

The Spectator: ;

"La situación de Ferrer, que debe comparecer ante un Consejo de guerra, le ha ganado muchas simpatías en toda Europa. En París, sobre todo, se han hecho apremiantes gestiones por Anatole France y otros escritores a fin de obtener su absolución. Ferrer, a lo que creemos, ha realizado una buena obra, de educación y ha gastado su fortuna en fundar la Escuela Moderna de Barcelona. Tales instituciones excitaron naturalmente el odio del partido clerical. Es cierto que Morral, que arrojó una bomba contra Alfonso XIII hace tres años, formaba parte de aquella obra, pero para el hecho no conspiró con Ferrer, que es conocido como hombre de buenas costumbres. Es también filósofo.”

Del escritor Camilo Pelletan reproducían los periódicos franceses y algunos españoles esto:

“Lo que la reacción católica se propone y está en vías de realizar en España ya es sabido. Por el momento, las garantías constitucionales están suspendidas. Hay en Europa dos pueblos donde la censura ahoga la voz de la prensa: Rusia, en el Este; España, en el Occidente. Las libertades que Turquía acaba de conquistar le han sido arrebatas a la patria de Castelar, de Salmerón y de Zorrilla. El poder temporal pontificio, destruido en Roma, se restablece en Madrid bajo el poder de Maura, primer ministro de Pío X” .

Y no había escrúpulo en inventar personalidades eclesiásticas.

A un “monseñor José Velada de Gujanda”, por nacer aún en España, se le atribuyó nada menos que esta carta:

“Es necesario que se sepa, decía el “prelado catalán”, que España es presa de dos oligarquías; la de la aristocracia y la de los curas. El Gobierno está en manos de agentes pasivos y dóciles de la aristocracia conservadora; la riqueza está monopolizada por las Ordenes religiosas y las Congregaciones monacales. Estas, con gran frecuencia, prestan dinero a la nobleza para sacarla de apuros. La guerra de ahora se ha provocado por intereses mineros de los jesuitas. Las Congregaciones religiosas acumulan en sus manos las tres cuartas partes de la riqueza mueble y más de la tercera parte de la inmueble. Esta omnipotencia económica de frailes y monjas ha producido en el país un fermento de odio. La parte del pueblo que está agotada y embrutecida por el alcohol, el baile y las mujeres, está pobre y se somete; pero la que trabaja y está penetrada de un poco de luz ha aprendido a odiar la cogulla monástica, como símbolo de opresión y explotación. feroces. En España para salvarse del presidio se toman los hábitos”.

El día 13 de octubre llegó a París la noticia del fusilamiento de Ferrer. En las ediciones extraordinarias de la prensa revolucionaria y en las esquinas de la capital apareció este pasquín:

“HAN OSADO”

¡El crimen Se ha consumado!

 Ferrer ha entrado en la gloria inmortal.

Alfonso XIII y sus ministros han entrado en la ignominia.

La España monárquica capitalista y clerical, contando con la debilidad de Europa y de América, ha lanzado un reto a la conciencia mundial.

Los bandidos de Madrid se equivocan. 

Lo que no hagan los Gobiernos lo harán los pueblos. Ferrer y todas las nobles víctimas de la represión española serán vengados. Que la sangre de las víctimas caiga sobre la cabeza de los verdugos.

Abajo Alfonso XIII.”  

Lo firmaba en primer lugar el judío Naquet y con él sus compañeros de Comité: Lisant y Albert.

Doce mil, según unos; cincuenta mil, según otros; energúmenos brotaron de las cloacas parisinas y, capitaneados por Jaures, y por muchos diputados masones y socialistas, se dirigieron hacia la Embajada de España con gritos constantes como estos: ¡Abajo el cleró! ¡Abajo el Papa! ¡Abajo la Monarquía! ¡Muera Maura! ¡Muera Alfonso XIII! ¡Viva Ferrer! ¡Mueran los asesinos!.

La marcha de la manifestación era violenta y tumultaria. En el boulevard de Courcelles, a la altura de Villiers, arrancaron bancos y faroles, derribaron árboles y levantaron piedras construyendo barricadas, y fue agredida la Policía, que no había intervenido aún. La Policía, sin órdenes ni fuerzas suficientes, debió retroceder. Envalentonados los manifestantes, arreciaron en su ataque. La Policía debió volver con refuerzos y hubo choques sangrientos, incendio de coches, asalto de tiendas; un agente de Policía, Dufresne, fue asesinado por la espalda. Un grupo logró filtrarse hasta la puerta de nuestra Embajada, apedreando nuestro escudo y profiriendo insultos contra el Rey y contra España. 

La Guerre Sociale, al día siguiente, se ufanaba de lo acaecido, Identificando a los autores.

“Aplaudo a los ciudadanos que, reunidos para gritar su disgusto y su indignación han contestado con tiros de revólver a los golpes de rompecabezas y a los sablazos de los apaches de la Prefectura.”

L’Humanité:

“El reto será recogido y al fusilamiento criminal responderá la bomba vengadora. La vida de Alfonso por la de Ferrer. La sangre pide sangre. Esta ley de Talión, tan grata a los curas, les será aplicada. Al asesinato legal responderá el regicidio lógico. No será la primera vez que la muerte de un hombre decida la de un rey. Con la muerte de Ferrer se ha agrandado mucho el circulo de los vengadores heroicos.”

Jaurés, en el mismo periódico:

“Lo que espanta es percibir en las naciones de Europa, en el corazón mismo de la civilización una amenaza Inmediata de la mentira y de la barbarie. La vecindad moral de España, la acción europea de la potencia que en España ha dictado la sentencia de mentira y de odio, es lo que ha dado al crimen de Montluich su significación temible y despertado en todos los pueblos, tan a menudo abatidos por las mismas tiranías, un eco profundo.”

Le Peuple, de Bruselas:

“Tememos que al negarse a firmar el Indulto de Ferrer, Alfonso XIII ha firmado su sentencia de muerte.”

El Morning Leader, de Londres:

"El asesinato de Ferrer es el prólogo de un drama que se desenlazará en Madrid.”

L’Action, de Briand:

“En el comité para la defensa de Ferrer, la noticia ha producido estupor e indignación. Creen que en España estallarán grandes turbulencias. Si se producen cosas graves, dicen, el rey y el Gobierno no tendrán que quejarse de nadie. Ya funcionan en España varios comités. Estos comités vengarán a Ferrer.”

La Gaxette de Voss, de Alemania:

“¿Dónde estaban los representantes diplomáticos acreditados en España? El Gobierno español, ¿ha sido Informado y prevenido? Más que ninguna otra, la corte de Inglaterra estaba en condiciones de Impedir el crimen. Ella siguió con presteza la iniciativa francesa contra las crueldades de Muley Hafid, pero la Justicia española está fuera del nivel europeo, como la de Rusia. El Extremo Oriente y el Extremo Este se parecen en ese punto.”

El Judío Berliner Tageblatt:

"Francisco Ferrer, víctima de una vergonzosa comedia judicial ha sido entregado a los verdugos, fusilado y .enterrado, es decir, que ha sido asesinado ante los ojos de Europa por los agentes del Ministerio de la nueva Inquisición. 

España acaba de colocarse en el último lugar de las naciones civilizadas, o mejor dicho, se ha colocado fuera del grupo de las naciones civilizadas.”

Spectator, Inglés: 

“El nombre de Ferrer ha Venido a ser no sólo en España, sino a través de la Europa, un clamor de guerra del socialismo, del republicanismo y aún del liberalismo.” 

Daily News, también Inglés: 

“Ferrer ha muerto baló la influencia de sentimientos de ferocidad con que se revisten los poderes de la reacción en su eterna lucha contra la luz. A pesar de los esfuerzos que hacen contra la libertad, las ideas libres surgen cada día con carácter más marcadamente anticlerical... ”

The Times: .

“Nos sentimos inclinados a creer que el Gobierno español no ha acertado a darse cuenta de la profundidad ni de la extensión de los sentimientos que el asunto Ferrer ha provocado en Europa, sentimientos que reflejan los despachos de París y de Roma. Cierto que el proceso se ha visto en público, pero el procedimiento no ha sido de naturaleza para convencer a los que creían tener la certeza de la inocencia de Ferrer o que, por lo menos, dudaban mucho de su culpabilidad.”

Westminster Gazete:

“La sentencia de muerte pronunciada contra Ferrer y la ejecución apresurada de esa sentencia, causarán una viva emoción en los que lo conocían, hace tiempo, por ser un ciudadano afanoso del bienestar del pueblo y entregado a la obra de la enseñanza en España.”

Le Temps, gubernamental, francés: 

“La muerte de Ferrer no es la sanción cruel, pero regular de un proceso correcto, sino un hecho de guerra, un acto de represalias.”

No seguimos, podríamos llenar páginas y páginas.

El alcalde de Roma, el Judío y gran maestre de la masonería italiana, Ernesto Nathan, lanzó esta proclama:

“Ciudadanos:

Roma se asocia al duelo que aflige al mundo civilizado por la muerte de Francisco Ferrer. El asesinato del pensador, del apóstol de la Escuela Moderna, es una ofensa a la santidad de la vida humana, a la libertad de conciencia, al progreso civil en lucha con la reacción.

Roma que ha recibido la consagración de la libertad de conciencia y del Progreso civil, alza su voz contra la barbarie de aquel acto.

Que esta afirmación de vuestro representante sea la expresión de vuestro sentimiento; que la manifestación sosegada, digna, solemne de la población, sirva para rodear de una aureola al mártir cuya sangre hará fecunda la Idea, por la cual ha vivido y por la cual ha muerto.”

Y terminemos con la declaración del Gran Oriente francés.

“El Gran Oriente de Francia, dolorosamente conmovido por la ejecución política de Francisco Ferrer (Francesco, dice el G. O.), después de un proceso sin garantías, no puede permanecer en silencio. Lo que se ha querido herir en Ferrer es el ideal masónico. La verdad no perece nunca. La memoria de Ferrer se Inmortalizará como la de los Giordano Bruno, Etienne Dolet, Vanini y tantos otros, aún oscuros, que lucharon por el Progreso y por la Verdad. El Gran Oriente de Francia, fiel a su misión civilizadora, protesta altamente, en nombre de sus quinientos talleres repartidos por toda la superficie de la tierra contra ese estallido de barbarie, y afirma su inquebrantable confianza en la victoria definitiva de la Ciencia sobre el Dogma, de la Razón sobre la Credulidad y saluda en Ferrer—muy grande y muy bueno— a uno de los mártires del Libre Pensamiento.”

Hubo manifestaciones, más o menos numerosas, más o menos tumultuosas, pero todas insultantes contra España y contra el Rey, en Roma, Bruselas, Berlín, Buenos Aires y en muchas más. En Bruselas le fue erigida una estatua a Ferrer y en Roma y otras ciudades europeas le rotularon calles.

El Gran Oriente español, como se ha dicho, puso una placa con su nombre en el frontis de su “altar”, haciendo juego con la de Rizal. Cuando se proclamó la República, la calle del Príncipe se llamó de Ferrer, y luego pusieron su nombre a la Avenida de la Plaza de Toros.

La República del 14 de abril, traída con votos de tantos burgueses “católicos”, según decían y creían, con algunos de sacerdotes entre ellos, jamás renegó de su masónico precursor, el regicida, revolucionario y sacrílego Ferrer. ¿Qué podían esperar de tal República esos burgueses “católicos” y esos curas votantes sino era sacrilegio, incendio y crimen honrados por ella en su precursor y maestro?

¿A QUIEN HONRABA Y DEFENDIA LA CLOACA INTERNACIONAL?

La “moral” amoral del Romanticismo, con vigencia en la conciencia mayoritaria de la izquierda, exalta y glorifica al hombre por sus valores intrínsecos, valentía, consecuencia, lealtad, abnegación, etcétera, etc., sin importarle nada si esas excelencias individuales potencian el empleo de medios inhumanos o los emplea para conseguir un fin perverso. Así, el “romántico”, convirtiendo la Ética en Estética, se extasía y exalta ante cuanto estima bello, idealista y excelso, aún cuando lo halle encarnado en un asesino, si su crimen puede ser considerado como una de las bellas artes.

Degeneración o perversión mental y moral, desde luego; pero siquiera en ello existe una norma para juzgar a los hombres; más, en el caso de Ferrer ni siquiera esa norma romántica es tenida en cuenta por cuantos lo defienden y exaltan, aún cuando todos dicen profesar en ella.

En el error, y crimen de Ferrer no hay ni siquiera un destello de esa estética con la cual sustituyen la ética los románticos.

Unas pinceladas nos bastan para el retrato de Ferrer, y los lectores juzgarán.

Podríamos recurrir a Salinas, un hombre de extrema izquierda, criminalista de la escuela lombrosiana, diputado republicano, que conoció a Ferrer siendo él director de la Cárcel Modelo, cuando aquél estuvo preso por el Regicidio de la calle Mayor. Su libro La Celda de Ferrer lo retrata, desde el punto de vista de la doctrina de Lombroso (un judío) con vigencia en la Ciencia Penal izquierdista, como un tipo grosero, indigente cultural y con grandes rasgos del “criminal nato”

Pero no acudiremos a Salillas; perdonen los lectores si traemos aquí unas páginas nuestras con una pequeña biografía de Francisco Ferrer. Publicadas en Asesinos de España, en 1935, cuando sus discípulos y sus “hermanos” están en el apogeo de su poder, que nadie se atrevió a refutar ni a querellarse contra nosotros. Ello creo que les da una cierta autoridad,.

“Francisco Ferrer Guardia era como hermano de Anselmo Lorenzo, el superanarquista que trajo a España, y metió en España, y propagó en España las ideas de Bakunin. La semilla de la anarquía. El germen vivo de la Revolución. Estos dos hombres de la masonería fueron las ubres donde chuparon los jugos de la decadencia todos los recentales del rebaño disolvente.

Y se querían, que se adoraban. El mismo Anselmo lo dice:

Se operó un cambio importante en mi vida. Francisco Ferrer Guardia, el fundador de la Escuela Moderna de Barcelona, el mártir de la enseñanza racionalista, me asoció a su obra”.

El primer suceso que envuelve a Ferrer es un robo y un asesinato. Ferrer era entonces revisor de los Ferrocarriles Catalanes. Una noche aparece muerto un sacerdote en el tren donde prestaba sus servicios el anarquista. Poca gente viajera. El ministro de Dios murió de la manera más extraña, y todo el mundo acusó al revisor. La justicia no encontró pruebas, y lo echó a la calle. La Compañía ferroviaria también.

Marcha a París y se enlaza con amor al gran maestre Ruiz Zorrilla. Lo embarca en su confianza y conspiran alegremente. Ferrer desgreñado y sucio, funda a orillas del Sena la Asociación Militar Republicana, agita su cuerpo, vocifera como un monstruo y logra dar cima a su primer caro propósito. Cada militar de la secta de Ferrer tiene un número, y como él no es militar, adopta el CERO.

Esta asociación comienza a actuar, y produce las sublevaciones de Badajoz y la de Seo de Urgel (1883), la cuartelada de San Gil (1886) y otros pronunciamientos.

”La Policía de España le acusa de haber preparado el atentado de Cánovas del Castillo. La Prefectura de París de haber intervenido en los atentados contra el Rey en la rue de Rohán y en el de la Calle Mayor, cuando la boda regia.”

A lo dicho entonces agreguemos esto:

Como Nakens Tefirió en tres artículos publicados por El Imperial, en 24-25 y 26 de octubre da 1906, Angiolillo, con el nombre de “Emilio Reinaldini”, lo visitó comunicándole que estaba decidido a matar a Cánovas o a la reina regente, María Cristina. En una carta de Nakens a Ferrer, incautada en 1909 y que figura en la Causa, hablándole de la visita de “Reinaldini”—Angiolillo—le dice:

“Hablamos mucho de usted.”

El célebre anarquista Rull, ya en capilla para ser ahorcado, entregó un escrito al abogado y diputado don Dalmacio Iglesias, que le sirvió para manifestar en la sesión del Congreso del día 14 de julio de 1911, entre otras cosas, lo siguiente:

“Estando presos los procesados, una vez ya puestos en comunicación y antes de verse la causa, siendo abogados de ellos los señores Puig d’Asprés y Aguilló y SS. SS. (dirigiéndose a los republicanos), lo saben perfectamente, se solicitó por los lerrouxistas el concurso de los anarquistas para un acto que se preparaba y que de resultar bien daría mucho juego; a lo cual contestó Francisco Miranda, en nombre de sus compañeros, adhiriéndose a aquella manifestación el anarquista Castellote, a la sazón preso por causa de unos tumultos que ocurrieron en el palacio de Bellas Artes, que los republicanos lerrouxistas y radicales podían siempre contar con los anarquistas para todo acto verdaderamente revolucionario.

El señor Lerroux recordará que por entonces fue cuando recibió de América veintitantos mil duros, y señores diputados, poco después tiene lugar el atentado de París, cometido contra la persona de Alfonso XIII en la calle de Rohan.

Lo que respecto a este atentado voy a decir no consta sólo por el relato de Juan Rull, sino también ñor el otro anarquista llamado Navarro Selma, quien asegura que los preparadores de aquel atentado, o mejor dicho, del movimiento revolucionario que se fraguaba por si el atentado tenía efecto, fueron Ferrer, Lerroux, Navarro, Vallina, Malato, Morral, Casasola, José Prats y algunos otros, y que los lerrouxistas estaban haciendo en aquel entonces un reparto de armas, casi a la vista de todo el mundo, en previsión de lo que pudiera ocurrir.

La génesis de este atentado se manifiesta en la Memoria, diciéndose que los anarquistas Herreros y Corominas encargaron a José Sans cuñado de Juan Rull (y es de notar, señores Diputados, que es Juan Rull quien lo declara), que les hiciera un molde para una bomba por encargo de Mateo Morral, joven de buena posición de Sabadell. José Sans buscó el molde y Morral fabricó la bomba, encargándose Herreros de hacer las pruebas de los explosivos, las que se verificaron en el río Llobregat, y Mateo Morral, una vez preparada la bomba, la facturó a París, a nombre de Pedro Vidal, en una agencia de transportes, establecida, como exactamente dijo el señor Cierva, en el paseo de la Aduana, concretando yo ahora que la casa tenía el número 8, y que el dueño de esa agencia reconoció la fotografía de Mateo Morral como la del individuo que había facturado la bomba remitiéndola a París.

Tuvo lugar el atentado de la calle de Rohan y se procesó a Vallina, Malató y Jesús Navarro. Jesús Navarro fue quien arrojó la bomba, y él y Vallina los que de una manera inmediata prepararon el crimen.”

De la culpabilidad de Ferrer en el Regicidio de la calle Mayor ya se ha hecho mención en esta obra.

Sigamos ahora copiando lo escrito en “Asesinos de España”:

“El Cero es antes que el uno. Antes que nadie. Simboliza la superioridad, el mando supremo, la cosa única.

"Cuando muere Ruiz Zorrilla, Ferrer ofrece al joven Lerroux la jefatura total del republicanismo. Pero don Alejandro no la acepta. ¿Qué autoridad y qué prestigio tenía el revisor de billetes para nombrar y quitar jefes? 

Una autoridad por encima de la que tenia el jefe visible, no hay duda.

Ferrer manda sólo en el que manda. ¡Linda táctica masónica! Como la de los judíos que mandan en los Gobiernos, en los reyes, en los Jefes de Estado.

Al cabo de algún tiempo, entra en relaciones con la señorita Ernestina Meunié. La señorita Meunié era francesa, probablemente rubia y seguramente idiota.

En la señorita Ernestina Meunié mata...

Veamos lo que dice ella en el libro titulado La sombra de Ferrer, de Pedro Sangro y Ros de Alano:

Tenía un culto admirativo para el Clero: ha muerto; tenía respeto y admiración para los hombres y las cosas de la justicia: ha muerto; tenía admiración por los militares; ha muerto; tenía respeto, en general, a todo lo que es autoridad y gobierno, y, ha muerto.

Ferrer le saca los primeros diez mil francos a la señorita Meunié , y con este dinero funda (¡siempre fundador del mal!) la llamada Escuela Moderna, que todavía existe en muchos pueblos de España. En Cuatro Caminos y Tetuán, en Sans, en las barriadas obreras de Sevilla y Granada, en los altos de Bilbao, en las aldeas de Galicia, en todas partes donde hay un anarquista letrado, allí están los cartelones de la escuela racionalista, enseñando a los niños cómo se fabrican las bombas y cómo se asesina al burgués.

Pone la bandera negra en el tejado de su primer edificio, y dentro Mme. Jacquinet, expulsada de Egipto por las autoridades inglesas, en vista de las doctrinas que enseñaba en la escuela de Sakha.

A esta señorita, también francesa, seguramente rubia, y probablemente imbécil, le ayuda una Junta, compuesta por Hurtado, Canivel, Peiró (¡hola, Peiró!), Brossa (yerno de Ferrer), Salas y don Odón.”

Don Odón de Buen. Pero éste, ¿no es el oceanógrafo?

La Escuela Moderna es:

“... Una Escuela emancipadora, la cual se encargará de desterrar de los cerebros... religión, falso concepto de la propiedad, patria, familia, etc., etc.

Tendremos que hacer de manera que todos los hechos de la Escuela sean libertarios interiormente, por sus libros, por sus prácticas, etc., etc., pero sin que exteriormente se haga alarde de ello, porque si no, no podríamos vivir...

No habrá de glorificarse a Dios, ni a la Patria, ni a nada.”

El gran fundador (?) escribía estos sabrosos parrafitos a su amigo Prast, y tiene, ¡ya lo habéis visto!, toda una calle en Madrid.

La señorita Meunié fallece un día, oportunamente, con esa extr­ña manera de morir tan oportuna que caracteriza las ejecuciones masónicas, poco después de haber hecho testamento a favor de Ferrer, y el revolucionario de la Escuela laica hereda—¡cómo no!—toda la fortuna. Se instala definitivamente en Barcelona, y a vivir de la Revolución, ¡se ha dicho!

Aquí viene algo sensacional. Algo extraordinario.

Francisco Ferrer, después del atentado de las bodas reales, logra agrupar a todos los Sindicatos obreros de Cataluña en la célebre Solidaridad Obrera. Todavía resiste el título, en el penacho del primer periódico revolucionario español, órgano de la C. N. T., que es el nombre que adopta en 1911 la organización “Solidaridad”.

¡Y ahí lo tenéis, tan erguido y altanero!

Los anarquistas españoles enracimados en grupos. Germinal, Acracia, ¡Luz!, Antorcha, etc., adoptan la táctica que les impone el gran camarada. Ellos no abandonan sus grupos específicos de las azoteas y de las guardillas, pero obedecen a uno. Obedecen al Cero, y el Cero es masón. Copan los cargos dirigentes, y el mandilón de Ferrer manda de nuevo a los que mandan. Dirige a los que dirigen. Dicta a los que pueden imponerse con la palanca de la huelga. Ha triunfado.

A la masa de obreros, que no sabe leer, la dirige por medio de Anselmo Lorenzo, de Casasola, de Colomé, de Grau y de otros jefecillos de confianza. “Su dinero ayuda y sofoca hambres. Su palabra alienta y vigoriza.”

“¡PADRE DE LA REVOLUCION! ”

Luego viene la Semana Sangrienta. El primer horror de España. La primera vergüenza ibérica. El primer dolor de la Patria, con la firma bien legible de Solidaridad Obrera. Allí murió el hombre laico. En los fosos de Montjuich. Y allí murió Maura políticamente y, por morir la política de Maura, murió la decencia española.

Todo quedó en aquellos fosos del castillo célebre que está mirando todas las noches, la angustia del problema catalán.

No hay dudas respecto de la calidad revolucionaria del programa político de Ferrer, que intentó aplicar en aquel tristísimo episodio; porque bien claro lo dice en sus escritos hallados en su confortable villa Mas Germinal:

PROGRAMA

Abolición de todas las leyes existentes.

Expulsión o exterminio de las Comunidades religiosas.

Disolución de la Magistratura, del Ejército y de la Marina.

Derribo de las Iglesias.

Confiscación del Banco y de los bienes de cuantos hombres, civiles o militares, hayan gobernado a España o en sus pérdidas colonias.

Inmediata prisión de todos ellos hasta que se justifiquen o sean ejecutados.

Prohibición absoluta de salir del territorio, ni aún en cueros, a todos los que hayan desempeñado funciones públicas.

Confiscación de los ferrocarriles y de todos los Bancos llamados de crédito.

Para el cumplimiento de estas primeras medidas, se constituirá una Delegación de tres delegados o ministros: Hacienda, Relaciones Exteriores y Asuntos Interiores. Serán elegidos plebiscitariamente; no podrá ser elegido ningún abogado, y serán conjuntamente responsables ante la plebe.

¡Viva la Revolución!

¡Exterminadora de todos los explotadores!

¡Viva la Revolución!

¡Vengadora de todas las injusticias!”

Ferrer era el masón perfecto y acabado. Todos sus hechos, sus palabras, su conducta, toda su vida, le caracterizan como el auténtico MASON. Antinacional. Antirreligioso. Antihumano.

El mismo demonio le prendió estas tres cadenas, que le llevaron a conducir a un millón de hombres a la hecatombe revolucionaria.

Obedecía a la Secta Internacional como obedece un tercer grado, o sea un maestro, con obediencia ciega

El mismo lo dice en una carta:

“A la… resp... l… Verdad

Ven. M.  . y quer…  hh

Habiendo tenido que trasladar mi domicilio a Granollers, por haberme destinado allí, la Compa, de la cual soy empleado, me veo en la triste necesidad de pedir pl… de quit…

Lo siento más, porque, por las pocas veces que he podido asistir a trab…, no tan sólo no he sido censurado, sino muy al contrario, he recibido muestras de deferencia por todos los hh… del…

Pocos son los beneficios que la M… ha experimentado al admitirme en su seno, en cambio, grato es el recuerdo de ella; no dejando de hacer votos para que mis ocupaciones profanas me permitan cuanto antes concurrir con todas mis fuerzas a la sublime obra de regeneración de que la M… está encargada.

Recibid Ven.. M...  quer... hh... el abz….  Frat… ofreciéndome al... y a cada h… en particular para que en donde sea que me encuentre puedan disponer de su humilde

Francisco Ferrer, Cero. .. gr... 3º.

Barcelona, 30 diciembre 1884.”

Por si acaso sus relaciones con Ruiz Zorrilla no le identificaran, todavía se recuerdan las lecciones y conferencias que dio en el Gran Oriente de Francia.

La señorita Meunié, en una tarjeta que le dirigió se expresaba así:

“... me equivoqué creyendo que el bailé del Gran Oriente era para un día en el qué no podía asistir”.

Otro dato que prueba su calidad masónica, es que Ferrer se casó masónicamente de nuevo en París, con Leopoldina Bonnald, y la ceremonia se celebró en una Logia. 

Aún hay más.

Ferrer desempeñaba un importante papel en la Masonería internacional. En nombre de la Gran Logia, de Cataluña, sostenía con el Gran Oriente Francés, estrechas relaciones. Hasta seguía negociaciones para que la Gran Logia de Cataluña fuera reconocida como única autoridad simbólica en Cataluña e Islas Baleares, reservándose el Gran Oriente francés el Gobierno dogmático y administrativo de los detalles superiores catalanes.

El H. Ferrer es una personalidad importante de la masonería regional de Cataluña y es, al propio tiempo director de un centro anarquista, del que formó parte el asesino del Rey. Los proyectos de establecimiento de una república española han sido votados en el Convento del Gran Oriente, y, por último, la Gran Logia regional de Cataluña tiene por programa político el derrumbamiento de la monarquía española.

Hay sobrados elementos de apreciación para que podamos decir que, en España la masonería es revolucionaria y perturbadora como en los otros países católicos, y que no deja de tener relaciones Con los propagandistas por la dinamita.

“Francisco Ferrer: Ancien Professeur d’Espagnol au G.O. Anarchiste, Directeur de l’Ecole Moderne de Barcelone. T. G.. O. Mars-mai .1902.

León Bourgeois, masón de alto grado y ministro de Justicia de Francia se opone, calificando de “infracción política” la bomba de Morral, a que se embarguen los bienes de Ferrer en Francia.” 

En el registro que hizo la Policía en su finca Mas Germinal, se incauta:

”De Copiosa correspondencia masónica con el extranjero. Insignias y condecoraciones masónicas; un mandil y una banda roja bordada en oro y plata; un título de masón a favor de Ferrer, con fecha del año 1883, con el Simbólico Cero. Otro de 1890 nombrándole presidente honorario de la Liga Anticlerical Masónica; otro del Gran Oriente Francés en 1891 nombrándole Bref de Rosecroix (Caballero Rosa-Cruz, grado 18); otro nombrándole miembro activo, con la investidura de Maestro Masón en 1884; otro también del Gran Oriente Francés nombrándole Cho. Kad. (Caballero Kadoch); bandas bordadas en oro con el G. 31 (Gran Inspector Comendador), y el titulo de Gt. . College des Ritos, en 1898. Dos títulos de la Logia Les Vrais Expers, de París, a favor de las hijas de Ferrer, Trinidad y Luz.

En cuanto al Gran Oriente de Francia, publicó una alocución externa, de la que sólo copiamos lo siguiente:

“Ferrer fue uno de los nuestros, pues él sentía que el alma masónica expresaba el más alto ideal que el hombre puede realizar.

Ferrer es el Ideal masónico.”

Con estos tonos sonó la trompeta masónica del mundo entero.

Y la de España, que lloró como ninguna la muerte del padrecito de la Revolución, dijo en su circular número 53:

Circular núm. 53.—A todos los GGr..OO. GG. LLog. y Sup. CCons. de nuestras relaciones S. S . S.

ILit. y QQ. HH.

La Ms. mundial se dirigió a este Gran Oriente Español antes de la ejecución de Ferrer invitándole a procurar su indulto.

España conoció su sentencia casi a la vez que su ejecución. La Mas. sin embargo, pidió a tiempo, por conducto de hh. muy queridos su perdón. Mas era evidente que la clerigalla, dueña del pode no le perdonaría; le odiaba por propagandista y por masón. Como prueba de convicción se presentó ante el Consejo de Guerra que le sentenció su mandil y banda del Gran O. de Francia, a que pertenecía, cual si la calidad de masón significara criminalidad

Afortunadamente, un momento de energía de liberales, demócratas y republicanos bastó para dar al traste, en unas horas, con la dictadura clerical que deshonraba a España ante el mundo culto.

Víctima constante nuestra infortunada nación del Vaticano, que viene de antiguo tratándola como feudo suyo, ha sucumbido bajo su yugo varias veces y hecho casi imposible la ordenada marcha de la libertad.

Hoy, por fortuna, se prepara la batalla definitiva; los mismos clericales se ufanan en decir; “A un lado, nosotros; al otro, vosotros”, y entre estos vosotros estamos los liberales y los demócratas monárquicos, los republicanos, los socialistas, los masones, es decir, los más y los mejores. La lucha, sin embargo, será empeñada; nuestros enemigos cuentan con la Iglesia, con la Banca, con las clases altas y con la Monarquía; nosotros, con el derecho y el número. Os aseguramos queridos h. que en tal trance la Mas. cumplirá su deber”.

Recibid el abrazo fraternal que os enviamos.

Or. de Madrid, 23 de octubre de 1909 (e.;. v.:.).—El Gr. Maest., Presidente del Cons. de la Orden, Dr. Miguel Morayta, Gr. 33 por acuerdo, el Gr. Secretario Adj. Basilio Lancha de la Cruz, gr. 13.”

Nosotros no queremos contestar en esta ocasión. Cedemos con mucho gusto la palabra a Unamuno, según lo hizo en El Progreso Latino, de Méjico:

“La protesta del extranjero debe tenernos sin cuidado a los españoles, que sabemos el cúmulo de inepcias, de mentiras, de fantasías, de calumnias y de errores que a cuenta de nosotros se corren. Apenas hay entre los que han protestado quien sepa algo de nuestras cosas. Hay que perdonarlos, porque no saben lo que dicen ni lo que hacen.

Ese bullanguero internacionalismo—compuesto de anarquistas, judíos, cientifistas (no científicos) y profesionales del libre pensamiento—no es opinión del mundo.

Y eso lo digo yo, que soy mucho más enemigo que Ferrer lo fue de todo aquello por combatir a lo cual se supone que fue fusilado. Lo digo yo, que soy liberal y no soy católico”.

Completemos ahora nuestro pretérito retrato de Ferrer.

Aparte de su mujer legítima, Teresa Sanmartí, en la vida de F­rrer juegan papel importante otras cuatro: Leopoldina Bonnald, Ernestina Meunier, Clemencia Jacquinet y Soledad Villafranea.

Con su mujer, una joven muy bella y de buena familia, se casó después de raptarla, lo cual ocasionó la ruptura de ella con sus padres, que con buen sentido veían en el revisor de trenes a un canalla. Ella lo siguió a París, ayudándole en los primeros años, pues tenía cierta cultura y talento. Le dio tres hijas, llamadas Trinidad, Paz y Sol.

En 1893, Ferrer se separó de su esposa, quitándole las hijas. El 12 de julio del siguiente afio, Teresa Sanmartí dispara un tiro contra Ferrer al discutir con él en una calle de París.

He aquí la carta dirigida por ella a sus jueces:

“Si he cometido la locura de disparar contra mi marido, me arrepiento; pero ¡me ha hecho él tan desgraciada! Mi vida con ese hombre ha sido un martirio de todos los instantes, negándome hasta la compañía de mis hijas. Tengo una de tres años y medio y no la conozco. En cuanto di a luz, mi marido me la quitó y la envió al departamento de Loir-et-Cher. Es todo lo que sé, porque nunca me ha dejado ir a verla.

Tengo otra hija, de once años, que mi marido envió a la edad de nueve a Australia sin mi consentimiento. Lloré y supliqué, pero era tarde; ya había partido.

La mayor tiene doce años. Un mes antes de abandonarme mi marido la envió a una pensión en Montreuil-sous-Bois, donde no me la han dejado ver más que cuatro veces. Después me han negado la entrada en el colegio.

He gestionado en el Consulado de España y en la Comisaría de Policía. Todo inútil. 

Pedí al Comisario una recomendación para su compañero de Montrauil, fui a verlo y me dijo que volviera. Volví, y al verme, me dijo:

—Lo siento mucho, pero vuestra hija no está ya en el colegio de la señora Teissier.

Entonces, loca de desesperación, no pudiendo vivir sin mis hijas, resolví matarme; pero antes quise intentar un último esfuerzo cerca de mi marido. Fui a buscarlo. Le pedí, con el corazón destrozado, que me dijera dónde estaba mi hija. Por dos veces me rechazó. Entonces perdí la cabeza y disparé.

Pero he sufrido tanto con ese hombre, que espero se tenga compasión conmigo.”

La carta habla por si sola.

Los jueces apenas la castigan, y hasta hacen entrega de su hija menor a la madre.

He ahí al esposo.

Tiene Ferrer tres hijas legitimas y un hijo natural.

Nadando en dinero, su hija mayor, Trinidad, ha de ganarse la vida como obrera en París, dos francos diarios de jornal para ella y sus dos hijos pequeños, en el Hospital; los nietos de Ferrer tienen, cuando éste muere: el niño, cuatro años; la niña, dos.

Paz, la hija segunda, se ganaba la vida en teatros de ínfima categoría.

Sol, la tercera, parece haber sido más afortunada. Rescatada por su madre, marchó a Rusia con ella, pues Teresa logró casarse con un ruso.

Cuando desvalijó a la madre de su hijo natural, los abandonó a los dos. Y ella se ganaba el sustento para sí y para él trabajando en Londres.

A sus tres hijas les dejó en el testamento 6.000 francos a cada una, el mínimo impuesto por la ley; del hijo natural ni se acordó siquiera.

He ahí el magnífico padre que fue Ferrer.

En 1899 se casa masónicamente con Leopoldina Bonnald, después de haberla convertido a sus ideas masónico-anarquistas.

Del maridaje hay un hijo, al que llamó “Riego Ferrer”, aun cuando, como hijo natural, tuviera el nombre de Leopoldo Bonnald.

Algunas semanas después del fusilamiento de Ferrer, la prensa de París publicó la siguiente información:

“M. Monier, procurador de la República, ha recibido de una señora Leopoldina B., que vive en Londres, una carta en la cual solicita la asistencia judicial para perseguir a los herederos de Ferrer para la restitución de una suma de 105.000 francos. La señora Leopoldina B. expone en la carta que acompaña a la demanda que en 1900, en París, se ligó con ella Francisco Ferrer y le dio palabra de casamiento, ocultándole que era casado. Cuando, acosado por ella para que cumpliera su palabra, debió él de revelar su estado civil, hubo entre los amantes una escena muy violenta, que Ferrer dominó diciendo a Leopoldina que había pedido su naturalización en Francia para poder solicitar el divorcio.

”A partir de entonces, sin embargo, y a pesar de tener un hijo (el llamado Riego Ferrer), las relaciones se enfriaron y se rompieron —dice Leopoldina—cuando se convenció de que él no había de casarse con ella. En aquel tiempo de sus relaciones, la señora B. había confiado a Ferrer la administración de su pequeña fortuna, que consistía en unos 100.000 francos que ella había depositado en el Crédito Lionés. En 1906 ella pidió al Crédito uní estado de cuentas, y descubrió que Ferrer, en uso de los poderes que de ella tenía, había retirado de allí sus valores.

Pidió explicaciones al agitador español, y éste le contestó que su dinero estaba seguro, en valores depositados en un Banco de Barcelona, y que muy pronto le sería devuelto. Poco después se precipitaron los sucesos; Ferrer fue encartado en el proceso Morral; después en el de Barcelona, y ejecutado al fin, sin que su acreedora haya podido recuperar sus valores.

Hoy, para subvenir a sus necesidades y a las de su hijo, tiene en Londres un modesto empleo. Por este su estado de pobreza solicita la asistencia judicial, solicitud a que ha dado curso el procurador a la República”.

La conquista de Ernestina Meunier y de su capital es más complicada. Es un caso digno de estudio; porque nos hallamos ante un poder de sugestión extraordinario. 

Habla el propio Ferrer, según lo hizo en un artículo publicado en España Nueva] he aquí sólo unos párrafos, pues resulta largo insertarlo entero:

“El caso más interesante fue el de una señora católica, apostólica, romana creyente hasta el fanatismo. Tardé más de un año en poder hablarle de religión. Gracias a la confianza que le inspiró mi seriedad y cierta afinidad de gustos sobre cosas de arte, de viajes y de costumbres, pude, por fin, permitirme hablarle de lo que tanto deseaba.

Como la fortaleza que yo debía tomar era formidable, no podía hacerlo sólo y empecé por llamar en mi ayuda a Volney, cuyas Ruinas de Palmita logré que fuesen leídas. Naturalmente que dicho libro hizo brecha, como no puede menos de hacerla en toda persona que, por fanática que sea, lo lea de buena fe. Le di otras obras, contentándome en discutir con ella los pensamientos que dichas lecturas le sugerían.

Tanto era mi afán en propagar ideas científicas, que al aparecer en Francia Science et religión, de Malvert, pagué de mis ahorros los derechos de traducción y encargué a mi querido Nakens la traducción, siendo el primer ejemplar recibido de Madrid destinado a mi alumna, menos fanática ya, pero ¡cuán lejos todavía de poder resistir tal lectura! Pocos días después recibía una carta de dicha señora reprochándome haberle remitido tal libro, conociendo sus creencias, diciéndome que lo había quemado en seguida, por herirla en lo más profundo de sus convicciones, y despidiéndose como alumna mía.

Terminadas las vacaciones, volvió a presentarse la señora, excusándose de su movimiento de impaciencia y pidiéndome que continuara las lecciones de español, pero sin hablarle nunca de religión.

Como casi todos los católicos y reaccionarios, mi alumna estaba contra Dreyfus.

Basta que diga que fue tanto lo que hablé, lo que deduje y lo que probé, que la señora se convenció de la maldad, hipocresía e ignorancia de sus amigos y de las razones mías.

De aquí en adelante ya no tuve reparos en abrirle mi pecho, divulgándole mis ideas filosóficas, y en ir desmoronando su fortaleza, piedra por piedra, concluyendo por darme la razón en todo lo que se refiere al culto y sacerdotes, pero no pudiendo todavía, por miedo, prescindir de la idea de ultratumba, de otra vida, del alma, de Dios. Amaba mucho los viajes. Muerta su madre, con quien había viajado siempre, tenía que hacerlo con sus administradores, y demostró deseos de hacer uno en España conmigo. Rogó a mi novia que le sirviera de amiga de compañía, y estamos los tres en camino de Barcelona, Madrid (donde Nakens nos hizo el honor de convidarnos a un excelente arroz guisado por él), Andalucía, etc.

Continuaron las lecciones y los viajes durante las vacaciones: uno en Portugal, otro en Inglaterra y el último en Italia y Suiza, llegando el 24 de agosto de 1900 a Ginebra.

Háse de suponer que durante esos viajes no holgaría mi lengua y que el cambio de ideas sería perenne, continuo.

Para formarse una idea del cambio producido en las creencias de aquella señora por mi constancia durante seis o siete años, bastará que diga que en su testamento sólo dejó 3.000 francos, una sola vez, para su entierro y funerales”.

El antiguo administrador de la señorita Meunier contó al Corriere de la Sera, entre otros detalles, esto:

“Después de la muerte de su madre, Mlle. Meunier trabó amistad con la familia de Ferrer.

La proposición de Ferrer—según puede deducirse de los documentos—consistía en erigir cerca de Barcelona un asilo modelo para la infancia. Mlle. Meunier, rica como era y dotada de sentimientos filantrópicos, debía proveer los fondos necesarios.

Realizaron así un pacto privado, por el cual Mlle. Meunier se obligaba a entregar una renta de 16.000 liras anuales para la piadosa obra. Ferrer debía encargarse de poner en práctica la idea.

Mlle. Meunier me escribió el 26 de enero de 1901:

Mademoiselle Meunier murió sin ver siquiera el comienzo de la obra a que quería dar vida, y para la cual había legado a Ferrer una casa en París, rue Petites Ecuries, valuada en 750.000 francos.

Ferrer, por tanto, faltó a su palabra, destinando a otros usos el Importe del legado.

La Escuela Moderna ocupó el puesto del Asilo Modelo para la Infancia ideado de acuerdo con la testadora.

Todos los hechos que he podido observar después de la apertura del testamento referentes a las relaciones de amistad e intereses habidas entre Mlle. Meunier y Ferrer son tales que hacen sospechar el engaño.

En efecto, Ferrer, que profesa ideas anarquistas, mostróse con Mlle. Meunier como de ideas ultraconservadoras y religiosas.

Prueba de esto es que, encontrándose aquélla en Milán, recibió una grande y valiosa estatua de la Virgen del Carmen Con el Niño en los brazos, regalo de la familia de Ferrer.

El informante Coppola llama “familia de Ferrer” a su amante Leopoldina, pues se hacían pasar por esposos legítimos ante la señora.

¡Ah!... los de conciencia “romántica” dirán que su explotación de las mujeres la cometía para financiar su fanático ideal. Eso sería para después de muerto; porque cuando murió, leamos:

“El fondo de la librería de Barcelona, el depósito de manuales escolares y de otros libros, entre los cuales hay obras tan importantes como El hombre y la Tierra, de Reclus, no valdrán menos de 2.000.000 de francos. He ahí un buen bocado para el apetito de los reaccionarios”.

El juez militar busca la llave de la caja alquilada por Ferrer en el Credit Lyonnais, de París, para depositar sus Valores, y los cuales valores representan, sea dicho de paso, una suma bastante más considerable de lo que se había dicho en un principio.

Son fragmentos de una carta de Carlos Albert, del Comité Pro- Ferrer, publicada en L’Humanité el 26 de diciembre de 1909.

La tercera mujer es Clemencia Jacquinet, una mujer culta con altos estudios en la Sorbona, a la que dio lecciones de español en el Gran Oriente, y la cual fue a Egipto como institutriz de los hijos del Pachá Hassan Tewlik. Especializada en Pedagogía y Filosofía, Ferrer vio en ella un filón explotable para suplir su propia incultura.

Consiguió atraerla e hizo de ella su “cerebro científico, venciendo la repugnancia que sentía aquella mujer hacia la anarquía, a pesar de sus Ideas antirreligiosas.”

La cuarta mujer, y más conocida, es Soledad Villafranca.

“Cuando mi hija lo conoció—dirá la madre a un redactor de El Liberal, que lo publicó—, por haber entrado como profesora en la Escuela Moderna, tenía poco más de dieciséis años. Ferrer le llevaba unos veintidós.

Yo le habré hablado en una docena de ocasiones y nada tengo que agradecerle. Es un hombre adusto, y tan serio, que no le he visto jamás sonreír. Además de esto es muy tacaño y miserable; no sé para qué quiere su riqueza, que yo calculo en varios millones de pesetas. Se ha dicho ahora, y yo no lo dudo, que con motivo de los sucesos de que fue teatro Barcelona en la última semana de julio, hizo una jugada de Bolsa que importó millones de duros. Aun sin ellos, Francisco Ferrer es opulentísimo. ¿Pero de qué le sirve a la Soledad el dinero?

A pretexto de hacerla “profesora”—una profesora de dieciséis años—Ferrer seduce y corrompe a Soledad Villafranca. Es guapa, muy guapa; pero no la quiere solamente para su placer personal. Instruida por él, seducirá a Mateo Morral, al cual se prometerá si es capaz del acto “heroico” del regicidio. ¡Cómo se reirían Ferrer y ella del desgraciado aquel después de muerto!

Era propiedad de Ferrer una casa en París, legado de la Meunier, valorada en más de 800.000 francos (francos-oro entonces, entiéndase); también lo era Mas Germinal, otra casa de campo en Barcelona.

¡Todo un “caballero” este Ferrer!... Así lo dirían sus defensores. En Madrid, a este explotar de mujeres lo nombrarían con un nombre más castizo.

¡Por tal esposo, por tal padre y por tal chulo se conmovió toda la Europa “culta” y “consciente”!

Consecuencias de la prueba:

Ferrer fue el organizador, propagador y director del anarquismo en España.

Ferrer era masón.

Ferrer se hallaba vinculado directamente al Gran Oriente Francés. Luego Ferrer era, sin duda, el delegado directo del Alto Mando Masónico y el principal ejecutor de sus órdenes en España.

¿Y cuáles fueron aquellas terribles órdenes? '

Pues éstas:

Organizar la DESTRUCCION y el ASESINATO de España con las armas anarquistas, guiadas en su impulso por la Masonería, desde hace un siglo. ¡Hasta que España desaparezca como nación en el mapa de Europa! ’

LA TURBINA

Dejamos la cloaca europea para pasar a la turbina española.

La turbina se mantuvo frenada hasta que la cloaca lanzó su máximo torrente de inmundicia.

La prensa republicana y liberal se limitó a enviar el 11 de septiembre una delegación al Rey para pedirle que el Gobierno levantase la censura.

El primer movimiento sintomático lo realiza—¡quién había de ser!—el cripto-judío y masón Giner de los Ríos, diputado republicano por Barcelona en aquel tiempo. Visitó uno por uno a todos los personajes liberales, demócratas y republicanos. Moret, Montero Ríos, Canalejas, García Prieto, Romanones, los primeros.

¿De qué tratan? Todos guardan un masónico secreto.

Pero L’Humanité del 23 de septiembre levanta el velo, descubriendo a la vez de donde proceden las órdenes traídas a Madrid por Giner de los Ríos.

“Parece que se ha llegado a obtener una inteligencia cordial entré todos los prohombres de los partidos españoles de la oposición burguesa. Desde el señor Moret hasta los señores Álvarez, Canalejas, López Domínguez y Azcárate, todo el mundo está conforme para derribar el ministerio de Maura.

Hablando del señor Moret, El Heraldo de Madrid, órgano de los demócratas, dice esto: “Podemos afirmar que el señor Moret no se dejará en este asunto sobrepujar ni por los radicales más vehementes.” Y añade: “El régimen de excepción que nos deshonra ante Europa y que nos somete a las más audaces exigencias clericales, ha concluído. Si el Gobierno no cede, el Gobierno caerá.”

“He aquí algo neto y preciso, por lo menos en palabras. Veremos si será lo mismo cuando se pase a los hechos. Por lo pronto, debemos reconocer, y somos felices al hacerlo, que los demócratas han logrado interesar a los liberales, y éstos han obligado a marchar al señor Moret.”

El vaticinio de L’Humanité fue de una exactitud asombrosa.

Los socialistas habían ya lanzado un manifiesto tres días antes, y la víspera se había reunido la minoría republicana pidiendo el restablecimiento de las garantías constitucionales. Además, tomaron el acuerdo de intentar una acción común con todos los elementos democráticos “para que cesase la desatentada política del Gobierno”, y nombraron una Comisión formada por Galdós, Azcárate y Álvarez para llevar a cabo los acuerdos.

L’Humanité, siempre en el secreto, podría decir nueve días más tarde, el 2 de octubre:

“La inteligencia entre todos los elementos de la izquierda, desde los liberales dinásticos hasta los socialistas, es ya completa. Su objeto es obtener el restablecimiento de las garantías constitucionales en toda España y la retirada del señor Maura.”

El 27, el Gobierno restablecía las garantías constitucionales en toda España, salvo en Barcelona y Gerona.

Moret respondía a la medida diciendo:

“Si después de todo lo que ha hecho este Gobierno yo no lo derribo ahora en las Cortes, mereceré que por inepto me echen para siempre a mi casa.”

Además, el 2 de octubre firma con Canalejas, Azcárate y ¡Pablo Iglesias! un documento protestando de que se mantenga el estado de guerra en las dos provincias catalanas.

Un combate con bastantes bajas en Beni Buifrur dio ocasión a El Imparcial—¡tan “monárquico”!—a elevar los tiros contra el Monarca.

“Un Gobierno que así demuestra su imprevisión y su ignorancia de las realidades de la campaña, sólo puede conservar el mando por una distracción del Poder supremo, o por una complicidad punible con los supuestos herederos de la Real Gracia.

Vea la empresa si le conviene anunciar un nuevo abono.”

Se echa mano de Joaquín Costa, que tronará:

“Los delitos de referencia—decía después de enumerar los que imputaba al jefe del Gobierno, sin que entre ellos consignara para nada ni el funcionamiento de los Consejos de Guerra en general ni el proceso de Ferrer en particular—son más graves, encierran más malicia y más consecuencia que los cometidos en julio por los sediciosos de Barcelona. Ahora bien, el señor Maura condena, condenan sus leyes a éstos a ser pasados por las armas, y efectivamente lo son en los fosos de Montjuich. Pues ya está juzgado. El se ha condenado a sí mismo. En los fosos de Montjuich hace falta gente.”

Y Galdós:

“Ya es tiempo de que acabe tanta degradación y el infamante imperio de la mayor barbarie política que hemos sufrido desde el aborrecido Femando VII.”

A todo esto, aún vive Ferrer, faltan muy pocos días para que sea juzgado y ni un solo político, partido ni periódico se interesa por él.

El Liberal, el 21 de septiembre, veintidós días antes de la ejecución, dirá:

“Que lo fusilen si hay por qué, y se habrá acabado la historia.”

Y el 9, a cuatro días de su muerte, dirá el mismo diario:

“Nunca hemos creído que tuviese ideas suyas el malaventurado que hoy va a comparecer ante el Consejo de Guerra de Barcelona.”

Por primera vez pagará con su vida el delito de rebelión—de traición por favorecer con ella al enemigo en armas contra el Ejército español—un jefe revolucionario, un mandatario de potencia extra­jera, un auténtico alto grado de la Masonería internacional.

Cabe a don Antonio Maura el honor patriótico de no haberse acobardado indultándolo; sobre todo, constándole bien el enemigo a quien desafiaba.

Refiere su hijo, el duque de Maura, que hallándose en París el 9 de octubre recibió la visita de nuestro Embajador, marqués del Muni, que le dijo así:

“Acabo de saber con visos de certidumbre que la Masonería de aquí ha circulado consignas apremiantes a las Logias de toda Europa para que impidan a toda costa la condena de Ferrer o, por lo menos, su ejecución. Es indispensable que por conducto seguro y reservado lo sepa en seguida su padre de usted.”

“Aquella misma noche salía el emisario para Madrid, donde permaneció de tren a tren. Cumplido el encargo el día 11, transmitió al Embajador la contestación del Jefe del Gobierno... Maura, como los demás ministros, tenían contraído el compromiso de no intervenir directa ni indirectamente en el proceso; declarado culpable, cumpliría sin atenuaciones la pena que le fuere impuesta”.

España Nueva pedía el indulto de Ferrer el día 11. El País lo pedía también al día siguiente.

Estos dos periódicos republicanos extremistas fueron los únicos que pidieron el indulto de Ferrer. Ninguna personalidad política ni ningún otro periódico se dignaron demandar la gracia.

No había querido pedir el indulto, sin duda, porque, como diría Sol y Ortega, senador republicano, procesado por los sucesos, “muy bien pudiera ocurrir que en el fusilamiento tuviera razón el señor Maura, y que en lo demás estuviera equivocado”.

Pero esto no impidió que recibiese la turbina con gran gozo el torrente inmundo de la cloaca que llegaba de más allá de las fronteras.

Dirá El Liberal el día 17:

“Es la primera vez en nuestra larga vida de periodistas que vemos maltratada a España por inteligencias que antes nos respetaban. Cabe esa gloria a los actos del Gobierno del señor Maura, que vino a pacificar los espíritus.”

El Imparcial:

“Pero llega el instante de que cese el silencio y de que se hable recio y claro. La política, la vida social, el nombre de España está en pleito de fronteras allá. En todas las naciones civilizadas se alzan voces airadas contra nuestra Patria...”

Crece el eco cada día de las injurias proferidas contra España en el extranjero. La turbina va tomando vuelo a impulso de las inmundicias.

Moret le hace decir al Diario Universal, bajo estos títulos: Por la Patria y por la monarquía.. Ni una hora más.

“Comienzan los debates. Es la hora de hablar. Los liberales han de hacerlo con decisión, con rotunda claridad. Lo exigen los intereses, de la Patria y de la monarquía, ambas puestas en riesgo por una política desatendida.

"Robusto el partido, forjado y capaz el instrumento de Gobierno que supo deparar a la Patria y al rey aquellos días de esperanza que embellecieron los entusiasmos de la coronación, forzoso es decir en las Cortes que el Gobierno del señor Maura no puede seguir guiando a España ni una hora más por la salud de la Patria y por interés de la monarquía.” 

Evitaremos a los lectores más textos asquerosos. El espectáculo de unos hombres, unos partidos y unos periódicos que se llaman españoles no levantándose a rechazar las injurias lanzadas contra España, los ultrajes a su Bandera y los insultos a su Ejército los infaman... ¡Y pensar que los infames serian a poco Gobierno de España!... ¡Qué podía esperar la monarquía que morir triturada por aquella turbina que la fecal y masónica cloaca movía!

EL ASESINATO POLITICO DE MAURA Y LA CIERVA

Maura, milagrosamente vivo físicamente al fallar el puñal anarquista, moriría para siempre triturado políticamente por la turbina masónica en el Congreso a los tres días justos de haber sido fusilado el masón Ferrer.

ES el 15 de octubre, cuando se celebra la primera sesión de la nueva legislatura. Ningún gobernante demócrata tubo jamás tanta urgencia como Maura para comparecer ante la “representación nacional” a dar cuenta de su acción gubernamental en una guerra no terminada y en una revolución humeante aún.

Como político demócrata, sin duda, Maura fue ejemplar; como político en el genuino sentido de la palabra, en aquella ocasión, fue una calamidad para él y para España. Su contradicción intrínseca, el ser demócrata de verdad y, a la vez, hombre de orden y gobernante antirrevolucionario, le llevó al tremendo fracaso; tan lamentable para él y más lamentable para España.

A la sucia y deletérea conspiración masónica interior y exterior no podía ni debió hacerle frente sólo con palabras parlamentarias. No debió jamás ir al Parlamento sin haber provocado previamente un gran movimiento nacional de repulsión contra la traición cometida por los revolucionarios frente al enemigo exterior, cuando morían nuestros soldados, y contra los videntes cómplices de tal traición.

Hemos ya señalado aquel defecto capital de Maura, imperdonable siendo un auténtico demócrata: el de su distancia de la opinión española.

Sin duda, entre los lectores habrá excépticos, como él lo fue, respecto a la capacidad emocional de la opinión patriótica nacional.

Suponiendo que así sea, queremos apoyar nuestro reproche a Maura con un hecho acaecido a su propia vista.

El hecho es conocido por España entera, pero en su interioridad lo referiremos con las autorizadas palabras de La Cierva:

“Luca de Tena (el fundador del “ABC”) había gastado en su periódico toda o gran parte de su fortuna personal y de su mujer, admirable—yo hago mío el adjetivo de La Cierva—señora que le secundó sin vacilaciones. Tuvo momentos difíciles. Las cuentas de los Bancos estaban agotadas, y lo que yo hice fue rogar prórrogas que fácilmente le otorgaron. A mediados de 1909, surgió un verdadero descorazonamiento. Me pidió le ayudara a vender el periódico. Quería 1.200.000. Hablé a unos amigos y se reunieron 800.000. La campaña ferrerista se inició entonces y el periódico salió en defensa de la sociedad, de la justicia, del Ejército y de España. En el acto la grande y verdadera opinión de nuestro país se puso a su lado, y “ABC” fue pronto el primer periódico de España.”

Estimamos muy suficiente la prueba.

Sólo unas palabras más relativas al asunto. El problema planteado por la cloaca masónica, vinculado con guerra y revolución, era en su total esencia, no de partido, sino genuinamente patriótico. Aparte de apelar a la opinión patriótica española, Maura debió apelar también al centro vital del patriotismo, al Ejército español. Claro es, tal recurso repugnaría, por supuesto, a tan gran demócrata. ¿Pero cómo no repugnó a los monopolizadores de la democracia el apelar en la ocasión, no al Ejército, con el cual no contaban, sino al clásico “Espadón”? Ya lo veremos después... ¿No le autorizaba ello a Maura para apelar al Ejército y con él parar en seco la revolución?.

Entremos ya en el acontecimiento.

La campaña de la prensa izquierdista provocó una gran expectación política para la sesión. 7

El 15 fue la apertura de las Cámaras y la elección de las respectivas mesas. El 16, presentación de algunos asuntos urgentes de trámite y fijación de interpelaciones. El debate político fue acordado para el día 18, pues el 17 era domingo. No cabe mayor premura ni caben mayores facilidades por parte .de un Gobierno para rendir cuentas.

El fariseísmo masónico había planteado la derrota de Maura como necesaria para salvar al Régimen monárquico; por tanto, toda la izquierda delegó sus furias en Moret, el más “monárquico” de los liberales, el más blando y educado, que debía lanzarse al debate con aires de paladín salvador de la Corona...

“Un “salvador” apoyado por todos los republicanos, socialistas y anarquistas, como si estos enemigos de la monarquía, que se lanzaban a la revolución y al regicidio para destruirla, fuera tan imbéciles que iban a apoyar a su salvador. Apoyaban a Moret para que derribase a Maura, porque obstruía el camino de la revolución, hasta entonces seguido por la Restauración, y porque el sistema político a que volvía el régimen con Moret era reemprender el camino de la revolución.

La paradoja de ver al “salvador” de la Corona alzado en el pavés por todos sus más grandes enemigos era cosa demasiado grosera, como maniobra; pero nadie la quiso ver. Ni el propio Rey.

He aquí lo esencial de lo dicho por Moret:

"Al separarnos al término de la legislatura, todos creímos que habíamos adquirido las condiciones necesarias para gobernar. Hoy, señores diputados, ¿en qué circunstancias venimos? Nuestras relaciones con el mundo se hallan en un estado anormal; nos encontramos en guerra, ¿podemos siquiera hablar en esta tribuna con libertad? (Muy bien en los liberales.)

“Allá, en los primeros días de julio, unos cuantos rifeños sorprendieron y mataron a algunos trabajadores españoles. Se castigó a los moros y se tomaron algunas posiciones. Dióse un alerta a la opinión. No creíamos que se iba a una guerra. Ya se hablaba de una imposición extranjera. Todo trajo un estado de sobreexcitación, agravado por la llamada de los reservistas, por las conmociones de diversas provincias y las ocurridas a las puertas de los cuarteles, y por las acciones del 23 y el 27 de julio, que contribuyeron al malestar. Así llegamos a la semana trágica de Barcelona.

Las primeras noticias de Barcelona engendraron la curiosidad; el Gobierno impuso el silencio, el terror, lo adecuado para infundir la alarma.

¿Dónde se engendró lo ocurrido en Barcelona? El fiscal del Supremo, a cuyo informe me atengo, supone que obedece a diversos factores: las propagandas ácratas y socialistas, la huelga general preparada por la Solidaridad Obrera y los profesionales del pillaje. Sin embargo, en la misma Memoria del Fiscal se dice que en las barricadas no se vio a un obrero; núcleos formados por mujeres y niños fueron los productores de los desórdenes. ¿Es posible leer estas cosas y no preguntar qué hacía la Autoridad? ¿Dónde está la suma del mal realizado?

El cuerno del delito tampoco aparece en la Memoria, ¿dónde está la prueba material?

Fueron quemados iglesias y conventos; muchos se libraron de las llamas por la intervención de unos cuantos individuos.

¿Y no había vecinos en las proximidades de los edificios siniestrados, no había creyentes, no había sino estúpidos espectadores? (Muy bien en varios bancos.) ¿Cómo una población de la importancia de Barcelona dejó desenfrenarse a una turba, de mujeres y de chiquillos? ¿Puede achacarse a la sorpresa, como dice el señor fiscal? ¿Puede atribuirse al espanto?

Todo esto me obliga a preguntar: ¿Cómo habéis gobernado en Barcelona? (Muy bien en los liberales.) ¿Qué hizo el gobernador? ¿Qué el capitán general? ¿Qué beneficio resultó de las repetidas visitas del rey? ¿Qué del proyecto que, aún cuando repugnado por muchos, era dejado pasar por suponer que representaba la paz?

(Aplausos de los liberales)

¿Es que se había maleado la guarnición? Eso no lo puedo creer, porque está en el banco azul quien se halló bastante tiempo al frente de aquella Capitanía. ¿Cómo pensar, no obstante, en que los insultos a la Autoridad militar no fuesen reprimidos en el acto, para poner fin a aquella bacanal horrible? (Aprobación en los mismos bancos.)

Queda, pues, demostrado que el Gobierno pecó de imprevisor. Y cuando se ha dejado hacer cundir y extenderse el movimiento, la ley de la justicia distributiva tiene que sentirse ofendida; creámelo el Gobierno: para la realización de la justicia es preciso que preceda la rectitud. (Aplausos de los liberales.) Los que tienen responsabilidades morales, éticas, en sucesos de tanta trascendencia, no pueden ostentar demasiada fortaleza para aplicar las leyes sin piedad.”

En cuanto a la guerra de Melilla, dijo:

“¿Por qué hemos ido allí? Esto es lo primero que tenemos que preguntar.

Dijóse en un principio que impulsados por Francia; negóse por el ministro de Estado en el Standard, ni siquiera en un periódico de España. Se habló luego de Tetuán; también se negó. Un general francés mezcló la población de Tazza; por referencia sabemos que no vamos allí. Es decir, que los propios interesados desconocemos a qué vamos.

(Muy bien en las minorías.)

¿Qué es lo que vamos a ocupar temporalmente? ¿Será mucho que nosotros pidamos esto? Creo que es lo preciso para que cese el estado de alarma en Europa. ¿Quién nos asegura que la pólvora que está en el suelo no sea prendida por una chispa?

"Sabíais que ibais a ir allí? Y, ¿cómo no habéis preparado a la opinión? Si lo sabíais, no os planteo siquiera el problema: el caso seria inaudito.

No lo sabíais, insisto en mi creencia, por eso no habéis preparado a la opinión. 

No sacaré ciertas consecuencias que, como ráfagas, atraviesan por mi cerebro; no diré que por estas imprevisiones haya ocurrido lo que lamentamos; pero si haré constar que esas imprevisiones son de las que obligan a un Gobierno a retirarse.

(Rumores de la mayoría.)

Antes las faltas que habéis cometido, ante vuestras imprevisiones, nosotros no creemos que el partido liberal puede concederle la confianza para seguir gobernando, y ante los hechos que nos rodean debéis preparar la sustitución de ese Gobierno, para que cesen las calamidades.

Cuando habéis perdido el contacto con la opinión, no podéis seguir gobernando. Repetiré la frase del señor Maura: Vosotros sois vosotros, pero no más que vosotros. Detrás de vosotros no hay más que aquellos que os toman como instrumento; pero la totalidad del país siente, cuando menos, una profunda desconfianza.”

El señor Soriano: “¡Asco!”

(Risas.)

El señor Moret: “Por eso yo vengo a de euros que no podéis gobernar y os aduzco el razonamiento oportuno.

A la mayoría tengo que decirle que ha sido una mayoría modelo y que tiene el medio de que no falte un recurso para el Ejército y de que desaparezca el peligro que representa el Gobierno. Ese peligro ha tomado tales proporciones, que ya ha salido de las fronteras; es algo que nos ahoga y desespera, y ese peligro hay que conjurarlo, y para ello el presidente del Consejo de Ministros tiene en la mano el medio: retirarse del Poder y dejar que otros asuman las responsabilidades del Gobierno.”

(Grandes aplausos de los liberales.)”

Advertimos que los párrafos copiados han sido seleccionados por un periodista masón, el ya citado Soldevilla.

Aparte de las tergiversaciones en torno a los responsables de la Semana Trágica, que el periodista amigo no ha podido suprimir y que fueron aun mayores en el resto del discurso, como los lectores apreciarán, la crítica y el ataque al Gobierno están razonados y no rebasan la ponderación que debe guardar un Jefe de la oposición de Su Majestad, según se diría con arreglo al natrón británico.

Su mención de lo sucedido en el extranjero, hecha al final y muy brevemente se debió a los rumores de la izquierda, que daba muestras de un gran disgusto ante la moderación de Moret.

El debate había empezado dentro de los cauces normales y con arreglo a las relaciones ordinarias de los dos partidos turnantes.

Respuesta de Maura:

“El Gobierno, con la persistencia y la firmeza de su conducta, ha acreditado el arraigo de sus convicciones; el Gobierno cree que ha cumplido con su deber, y que lo está cumpliendo; pero no quiere estar aquí sino en cuanto sea útil a la Patria y a todos los intereses nacionales. El Gobierno dice, son mis primeras palabras, a la mayoría, que se olvide del partido a que pertenece, y os dice a vosotros, a todos, menos que a nadie al señor Moret, cuya moderación de palabra reconozco, aplaudo y agradezco, que os olvidéis un instante de las habituales contiendas por el Poder, porque hay cosas más altas y hay responsabilidades más hondas para todos nosotros.

Nosotros no sabíamos ni podíamos saber ni era posible que lo supiese nadie, qué cantidad de esfuerzo se necesitaría para realizar el objetivo político que os estoy explicando, no sólo porque esto está implícito en las condiciones del Rif y de sus gentes y de su historia, sino porque nosotros no íbamos a tener otra medida que la medida de la necesidad. ¡Pero imprevisión nosotros! ¡Su Señoría acusarnos a nosotros de imprevisión! (Rumores.) ¡Acusarnos alguno de imprevisión a nosotros, cuando no olvide S. S. que al fin de mayo regresaba de Marruecos la Embajada extraordinaria y que mientras no estuviese en Tánger nuestro embajador extraordinario, nosotros habríamos cometido la mayor de las imprudencias dando cualquier paso de preparación.

En los primeros días de junio, el Consejo de Ministros resolvía que en la eventualidad e incertidumbre de los esfuerzos que pudieran ser necesarios en el campo de Melilla, ni se exagerase la previsión gravando el presupuesto y suscitando la alarma innecesariamente, ni se omitiesen aquellas diligencias que permitiesen acudir con la oportunidad debida a socorrer la guarnición de Melilla, si lo necesitaba. Y para eso se habilitó el crédito, para adquirir material y ganado, más difícil de improvisar que el llamamiento y la incorporación a filas de los soldados.

Y a esta política nos seguimos ateniendo, sin traspasar ese limite. Y con el Sultán mantenemos la negociación y al Sultán le decimos que nosotros, por culpa suya, por omisión suya, hemos necesitado ejercitar esa acción y que él está omitiéndola no solamente en Melilla, sino en Alhucemas y el Peñón, y que allí, sin excusa ni pretexto, está obligado a cumplir los Tratados para no ¿ponernos algún día en la obligación de ir allí como hemos tenido que ir a Melilla. (Sensación.)

¿Qué preparación es la que tenía que hacer el Gobierno? ¿Tenía el Gobierno que anunciar propósitos belicosos que no tenía y levantar alarmas y avisar de sucesos que no estaban en su intención ni en su propósito, pero sí en las posibles contingencias de ajena voluntad y ajena conducta, o tenía el Gobierno que afirmar que él estaba resuelto a hacerse respetar, que no era indiferente a lo que pasara en el Rif?

Y esto último, ¿quién ha podido ignorarlo? Pero, ¿no advertís, señores diputados, que cuando nosotros desembarcamos en la Restinga 100 ó 200 soldados, si en vez de 60 moros, que disparan y huyen, hubieran venido 2.000 rifeños, los habríamos de hacer frente? ¿O creéis que íbamos pata retirarnos?

Y si venían 10.000, ¿qué habíamos de hacer sino resistirles, y lo mismo en Cabo de Agua? Pues esto, ¿no fue bien sabido y bien aplaudido? ¿O es que se aplauden los éxitos felices y fáciles, y cuando llega la hora de las responsabilidades vienen la censura y la reconvención?

Yo comprendo que entonces se hubiese levantado en el Parlamento alguna voz para decirnos: retiraos, no tenéis nada que hacer allí, no hay intereses españoles allí, abandonad esa posición. Delante del Parlamento nos habríamos retirado, no delante de los rifeños. Luego nosotros hacíamos en julio la política que el Parlamento había aprobado en la ocupación de la Restinga y en la ocupación de Cabo de Agua.”

La selección de los párrafos precedentes está hecha por un maurista denodado, Salvador Canals. Los cargos de imprevisión y de falta de preparación de la opinión no son refutados por Maura; todo lo más, puede reprochar a las oposiciones que no hayan cumplido con su deber dentro y fuera del Parlamento exigiéndoselo.

Después pasó a tratar de la Semana Trágica.

“La autoridad militar restableció el orden, no tan pronto como yo habría querido, ni en caso alguno habría llegado tan a tiempo que de esto me quedara enteramente satisfecho, porque he dicho antes ya que quisiera que fuese en el primer instante restablecido el orden.

En muy pocos días se restableció el orden, a pesar de que el señor Moret no ha recordado absolutamente nada más que las turbas de mujeres y de niños de la ciudad de Barcelona, y ha olvidado que el día 26 habían sido cortadas todas las líneas férreas que afluyen a Barcelona y todas las comunicaciones telegráficas y telefónicas de aquella ciudad, excepto el cable, y que no era sólo en Barcelona donde la rebelión se había declarado gravemente. Pero restablecido el orden, y lo que sucedió después es que empezaron a funcionar los Tribunales establecidos por las leyes. Hablemos claro, porque yo en privado he oído decir que eso era un error, y ¿por qué no se dice en público? ¿Por qué el que lo cree no proclama ante la Nación que lo que procedía era impedir a los Tribunales funcionar y declarar la impunidad de todos los delitos? ¿No era esto?”

(Rumores.)

En la primera parte reconoce bastante explícitamente el fallo en Barcelona. En la segunda, pisa terreno firme, al desenmascarar la hipocresía de Moret pidiendo energía y severidad, cuando en realidad pretende la impunidad.

Sigue el discurso:

“El señor Moret hablaba de una represión desproporcionada, de una sensación de severidad inflexible en los castigos, y yo le digo al señor Moret: ¿Pero cree S. S. que nosotros podíamos decirle a la autoridad judicial a éste le eximes y a éste le juzgas?

(Rumores.)

Luego el señor Moret aludió, al final del discurso, para confirmar sin duda, eso de que hemos perdido el contacto con la opinión, a los clamores que dolorosamente hemos escuchado fuera de nuestro territorio, en populosas ciudades, con accidentes y demasías que no he de recordar ahora.”

El señor Moret: “He tenido cuidado especial de no aludir a semejante cosa.”

Moret miente, y se queda tan fresco.

Le replica Maura con sus palabras:

“Pues lo de la asfixia de España en el exterior no se a qué pudiera aludir sino a esto.

El señor Moret afirmó, resumiendo, que el Gobierno se debe marchar porque ha perdido y no podrá recobrar el contacto con la opinión. Si así fuese, si así es, tendría razón S. S. y satisfacción muy pronta, porque este Gobierno no está aquí ni estará más que en cuanto cuente con la opción y esté apoyado en la opinión y en la voluntad del país; éste es su título, no tiene otro ni ha pretendido tener otro.

Naturalmente, lo que hay es que la definición de esto no está ni siquiera en el Gobierno, que es una colectividad, mucho menos en el parecer individual de un adversario del Gobierno.

Y para eso venimos aquí a hablar a las Cortes y al país. ¿Es que hay algún otro criterio para resolver esas controversias que son naturales y permanentes entre minorías y mayorías en el Parlamento? ¿Hay otro criterio que el criterio constitucional?

Yo no digo que esté absoluta y perpetuamente vinculada en los votos de las Cortes la suerte de los Gobiernos; digo que ese es el criterio legal y constitucional, que ésa es la normalidad, y que para salir de esa normalidad se necesita algo más que la opinión de las minorías, se necesita que intervenga la opinión pública.

(Fuertes rumores.)

Pero, ¿qué es esto? ¿Pero he dicho alguna herejía constitucional? Naturalmente, ¿cómo cree el señor Moret que yo podía atribuirle a S. S. haber objetado a cosa tan trivial? Es una trivialidad; pero yo siempre me felicito de poderme defender con trivialidades, porque eso prueba que la razón me sobra tanto, que es Incontestable.

El Gobierno comparece ante las Cortes y el Gobierno comparece ante el cuerpo electoral, porque las leyes lo mandan y la ocasión ha llegado y está tan a la mano que no puede estar más cerca.

De manera que estamos absolutamente conformes. El señor Moret y yo; si el Gobierno no tiene la confianza de la Nación, debe marcharse y está resuelto a marcharse en el primer momento, como está resuelto a mantenerse mientras deba mantenerse en este sitio, porque a persona como S. S. no es menester advertirle, pero bueno es que se diga para todo el mundo que no consiste sólo la responsabilidad en no marcharse a tiempo, sino que puede ser una tremenda responsabilidad marcharse a deshora...”

He ahí lo esencial del discurso de Maura.

Lo único notable en él es la lección democrática dada por él a las oposiciones. El ideólogo fanático del sufragio tiene para su ídolo los mejores acentos de su verbo mágico.

Aparte de su falta de habilidad para rebatir los cargos de imprevisión en Marruecos y Barcelona, echamos de menos aquel día en Maura nada menos que esto:

Una oración fúnebre por los heroicos muertos en los combates, expresando el agradecimiento de la Patria. Un homenaje a cuantos luchan. La expresión del dolor nacional por los sacrilegios y profanaciones de los satánicos revolucionarios; la reverencia del cristiano ante los mártires de la Religión y la gratitud de la nación hacia los que murieron y lucharon para defender la sociedad. Nada más, ni nada menos.

*  *

Políticamente, la derrota de Maura no aparecía por ninguna parte.

Moret no había sabido cumplir el compromiso adquirido con los conjurados, por incapacidad o miedo, pues no apeló a todos los recursos para derribar al Gobierno. 

Prueba de ello es la actitud de la Prensa de izquierda; pero, sobre todo, la del Trust, que reflejaremos en unos párrafos de El Liberal.

Debemos advertir a nuestros lectores que el Trust, como se llamaba, comprendió El Liberal, El Imparcial y El Heraldo de Madrid, amén de otros periódicos filiales en varias provincias, cuya gran circulación los hacía poderosos. Pero su gran importancia radicaba en ser el Trust una verdadera Logia masónica periodístico-política, vinculada estrechamente con la Masonería interior e internacional a través del grado 33, Miguel Moya; y al cual secundaban entonces Gasset y Ortega; éste, casado con una hermana del otro, de cuyo matrimonio serían hijos los Ortega y Gasset, el “malo” y el peor, así como Marañón se casaría con una hija de Moya. Tengámoslo presente en las postrimerías de la Monarquía, para explicarnos las conductas de los Ortega y Marañón.

Hecho el inciso, veamos los textos de El Liberal, con los que rimaron El Imparcial y El Heraldo:

“Nadie contestó ayer a la tremenda pregunta que desde la otra banda de mares y fronteras se nos dirige. Nadie efectuó la clara, rotunda e infranqueable división a que el mundo civilizado nos invita, so pena de confundirnos a todos con la gente negra de Maura. Nadie, al intimar al señor Maura la necesidad de no continuar ni un día más en el poder, agregó en términos categóricos: existen organizaciones, fuerzas, voluntades que mañana o, desde luego, se dedicarán sin levantar mano a raer la maleza clerical que durante tres años ha infectado las tierras y las conciencias españolas y a sembrar las ideas que en sus programas tienen escritas. Nadie afirmó el propósito de restaurar inmediatamente el derecho; de suprimir los delitos de opinión, que, a hurtadillas, han vuelto a introducirse en nuestros Códigos; de restituir la facultad de conocer, entender y juzgar a un pueblo a quien solamente se le atribuye la obligación de pagar, callar y morir.

Manchada (España) con la inmundicia y la sangre de que el clericalismo la ha cubierto, sólo halló en el Congreso una mano indecisa, aunque bien intencionada, que le aplicase al rostro una toalla mojada en agua tibia.

Y para rehabilitarse ante el mundo ha menester de un baño general que la devuelva al gremio de los pueblos sanos y limpios.”

La sesión terminó con ese estado de ánimo en la izquierda.

La noche se dedicó a la maniobra. La decisiva, según rumores, fue realizada por el judío Giner de los Bios, como tal, con autoridad masónica muy superior a la del H.  Cobden. Al parecer, un resto de pudor político, un ápice de patriotismo y un gran temor a reacciones militares le decidieron a ensayar alguna resistencia frente a las rabínicas exportaciones de Giner. Se nos contó que el israelita debió apelar a amenazas y hasta al chantaje a base de algo que no queremos referir.

Lo cierto es que, al día siguiente, Moret, aprovechando la rectificación se lanzó a una ofensiva desatada, sin ejemplo en los anales de los partidos turnantes.

Habló así:

“Respecto de la suspensión de garantías, insistió en que no la creía necesaria en toda España. Tampoco creía que fuera el motivo de esa medida el temor a una huelga general, como dijo el señor Maura, sino que fue un exceso de celo por parte del ministro de la Gobernación.”

Se ocupó del silencio impuesto a la Prensa, y que calificó de improcedente. Se ocupó después de la represión que en los actuales momentos se hacía, ordenando que por similares delaciones y denuncias se procesara y castigase. Las minorías, unánimemente, aplaudían calurosamente al señor Moret, impidiendo escuchar sus párrafos.

Dijo que numerosos obreros que no habían intervenido en los sucesos fueron procesados o deportados.

(Se reproducen los aplausos.)

El señor Soriano: “Así se habla, así. No como ayer.”

Creía que el Gobierno había debido sentir inclinación a la piedad en vez de extremar los rigores de la represión.

(Muy bien, muy bien, en las minorías.)

Aludiendo a la intervención de la opinión europea, dijo que no quería tratar de ella ni de las consecuencias, porque se reservaba para cuando se dilucidase la cuestión política, que era la que estaba pendiente; pero no había de ocultar que lamentaba que a todos se nos confundiera en esa ola de maldición que toda Europa lanzaba sobre España.

Dijo que era preciso que desapareciera todo equívoco y se hiciera cambiar la opinión de Europa, esparciendo la claridad, porque Europa no nos había negado el derecho de aplicar las leyes, sino qué no hubiese resplandecido la claridad necesaria.

Creía que estábamos en una crisis más grave que la de julio.

“Aquélla—dijo—tenía una solución rápida; ésta, no. Esta requiere que desaparezcáis del Poder.

Con una situación como la que han creado los sucesos de julio, una guerra en Marruecos, sin legalizar la situación económica, sin estar expedita la regia prerrogativa, mi conciencia me obliga a deciros que no podéis continuar en ese banco; que yo haré uso de cuantos medios reglamentarios estén a mi alcance para que no continuéis.

(Grandes aplausos en las minorías.)

Por un acto parlamentario la crisis no puede venir. Ya dije ayer que yo no iba a pedir a la mayoría un acto de indisciplina. Queda, pues, la cuestión reducida a un acto, a una manifestación de la conducta de su señoría señor Maura.

(Grandes aplausos.)

Su señoría tiene la mayoría; pero debe fijarse su señoría en que nosotros también representamos la opinión.

Yo represento, o creo representar, una porción de inteligencias ilustres, de fortunas, de clases al servicio del País, de compenetración con la vida política, y en nombre de éstas, vengo a deciros: la crisis es inevitable, la crisis está ahí, respiramos una atmósfera caliginosa, ésta se hace más densa cada vez, sentimos la electricidad. ¿Es que vamos a dejar que estalle el rayo y que vaya a herir quizá, como los rayos hieren, a los que están más altos?...”

(Grandes aplausos en las minorías.)

Después de tal amenaza al Rey, ya dijo pocas palabras y sólo para exagerar los peligros.

La rectificación de Maura, un tanto atónito ante la inesperada agresión, no tuvo la necesaria acometividad, que sólo brilló en algún momento, como lección de ética, personal y política. Un ejemplo es él párrafo este:

“Pero de fronteras para acá, la cosa para mi varía. Porque a mí me parece, respetando el concepto de los demás y no queriendo agraviar a nadie, a mí me parece que donde quiera que yo estuviese sentado, delante de un movimiento de opinión como ese y de tal ultraje para mi Patria, aunque no fuese más que para los gobernantes de mi Patria, aunque no fuese más para el más modesto de mis conciudadanos, yo me consideraría requerido a una de estas dos cosas: a revolverme, afirmando con ellas la iniquidad de quien tal crimen cometía desde el Gobierno o a atestiguar al lado del Gobierno que era injuriosa la imputación.”

Sin gran empuje, dados los crímenes cometidos, pero justas estas palabras:

“En Barcelona, en toda España, pero gravísimamente, especialísimamente en Barcelona, hizo aparición entre nosotros la lepra universal del antimilitarismo, y se hizo una campaña antimilitarista directamente sobre los reclutas, y los reservistas y los soldados, y estalló además en las calles de Barcelona y varias ciudades de Cataluña la revolución, en sus formas más agrias y más execrables. El suceso ha demostrado bien pronto (sus autores no lo han disimulado) que en España se hacía un ensayo o una aplicación de un movimiento internacional que tiene el mismo sentido, que tiene caracteres análogos, aunque se acomode a las circunstancias de cada nación o de cada tiempo. El Gobierno está enfrente de eso, sigue enfrente de eso, sigue luchando, con esto, sosteniendo frente a eso el principio de la autoridad y del orden y lucha con todas las dificultades de las cuales no es más que un episodio aquella del rumor exterior; y ése es el momento en que su señoría pide que el Gobierno cese y que el Gobierno caiga. Eso queda registrado para el porvenir.”

La patriótica lección dejó impávido al chantajeado h.. Cobden, que se limitó a muy pocas palabras para reiterar sus amenazas:

“La cuestión está planteada; veremos en cuántas formas y de cuántas maneras se manifiesta esa opinión pública hasta conseguir ser atendida.”

El Liberal, ya satisfecho, comentó: -

“Sonó ayer amplia, vibrante y generosa la voz que anteayer semejaba únicamente la de un hombre de partido. Fue contestada en forma la terrible pregunta que desde hace días se nos dirige desde la otra banda de mares y fronteras.

Hay una España, la mayor y la mejor, que nada tiene que ver con la gente negra de Maura. Existen organizaciones, fuerzas, voluntades que, desde luego, se pondrán a raer la maleza clerical que nos infecta, a cavar los surcos y a depositar en ellos la buena semilla.”

Las manifestaciones de la opinión con que amenazaba Moret eran las anunciadas al día siguiente por El Liberal:

“La desatentada conducta del Gobierno conservador, llevándonos de cabeza a la ruina y al descrédito, es objeto de general protesta. Anoche celebraron una reunión los diputados a Cortes republicanos (presentes unos y representados otros), el Comité nacional del partido socialista y el Comité nacional de la unión de trabajadores, y unánimemente, en pocos minutos, acordaron organizar una gran manifestación que exprese clara, rápida y brutalmente el sentir de los elementos que constituyen la vida nacional. Se acordó solicitar de todos los Ayuntamientos de España que uno de sus representantes, republicano o socialista, concurra al grandioso acto de protesta contra la conducta del actual Gobierno.”

De cuya manifestación decía el Drocaz Soriano en el salón de sesiones:

“Vamos a celebrar una manifestación el domingo o el lunes, el día no está señalado aún, pero tenemos el propósito decidido los elementos republicanos y liberales en general, unidos a los elementos obreros de Madrid y con numerosas representaciones del extranjero, que quieren venir a compartir nuestros peligros y nuestros éxitos en las calles de Madrid.”

Si Maura se mantuvo en “profesor" de ética y derecho en el debate, La Cierva, más directamente conocedor de todas las vilezas cometidas y de la que se preparaba, rayó a la mayor altura en la sesión del día 20.

La Cierva fue atacado por Moret personalmente y por los demás muy groseramente, y se dispuso al contraataque.

Había pronunciado un discurso el ministro de la Guerra defendiendo su gestión; pero Moret, displicente, le respondió unas cuantas palabras, para decirle que no quería discutir, terminándolas con esta nueva amenaza:

“Yo creo que alguien más que yo se arrepentirá también de la clase de defensa que ha hecho su señoría.”

Esto debió agotar la paciencia de La Cierva, pues se levantó y habló así:

“En el día de ayer, su señoría dijo dos cosas: que se necesita emplear mucha dulzura cuando se hacen operaciones quirúrgicas, y habló luego, al final de uno de sus elocuentes discursos de ayer, entre los aplausos de una gran parte de las minorías, de que era necesario defender a la ciudad de Barcelona de las frecuentes caricias que el ministro de la Gobernación estaba haciéndole, gracias a la suspensión de garantías, y esto ya comprender el señor Moret, y por no haberlo hecho antes le pido excusa, ya comprenderán los señores diputados, que exige que yo diga algunas Palabras.

Su señoría supone, sin duda, que yo, caprichosamente, arbitrariamente, estoy realizando actos de Gobierno censurables, contrarios al interés público y a la justicia, en la ciudad de Barcelona.

"Pues bien, señor Moret y señores diputados, yo aprovecho esta ocasión para decir que, después de las palabras que hemos tenido el honor de oír en la tarde de ayer al señor Moret, cuando hablaba de todos los peligros, de todos los riesgos que para la paz pública podían observarse, y eran tantos, que en su patriotismo se consideraba el señor Moret obligado a hacer el enorme sacrificio de demandar que ni una hora más estuviera aquí este Gobierno, mostrándose propicio, sin duda, a hacerse cargo de él, al frente del partido liberal, no obstante no hallarse, así lo dijo su señoría, legalizada la cuestión económica ni votados los créditos de guerra; después, digo, de esas palabras, nadie podrá pensar que el señor Moret estima que la paz pública está absolutamente asegurada en España, que no nos amenaza riesgo alguno de perturbación, que todas esas cosas a que su señoría aludió, sobre todo a manifestaciones del extranjero, y después a las advertencias que seguramente alguien nos haría de todos los peligros que su señoría apreciaba, nadie, digo, podrá creer que el señor Moret está convencido de que se halla la paz pública tan asegurada que no será necesario adoptar medidas de gobierno.

"¿Tiene noticias su señoría, el señor Moret, de que públicamente,  sin ninguna clase de misterios, se celebran en el extranjero reuniones en las cuales se proclama la absoluta necesidad de hacer la revolución política y social en España? ¿Tiene su señoría noticias?

(Grandes rumores.)

Señor Moret, ¿de qué se adoptan en mítines numerosos acuerdos, haciendo llamamientos a los hombres de corazón—así se dice—de todos los pueblos, para secundar en España a los elementos revolucionarios y tomar venganza de lo que se llama crímenes—nada menos—del Gobierno español?

(Nuevos rumores.)

No he de omitir nada, señores diputados; todo quedará reducido a una mayor molestia, que será sin mi voluntad, pero absolutamente necesaria. Tiene su señoría noticias, ¿señor Moret? Perdóneme que emplee esta forma de discusión; de que algún diputado electo de la Nación española ha hecho manifestaciones públicas en la Prensa extranjera, anunciando que viene a España con el firme propósito de hacer activa propaganda y lograr rápidamente la revolución?

(Murmullos en la izquierda.)

(Un señor diputado: Eso lo ha dicho toda la vida.)

Pero, ¿es que creéis que no? (Nuevos murmullos... El señor Mougués: Esa es la característica de todos los diputados republicanos. Siempre ha habido revolucionarios.

(El señor presidente agita la campanilla).

Pues ya veremos lo que ha asado en otras ocasiones; pero ahora vamos a examinar lo que está pasando, y debemos examinar lo que puede suceder

Quedamos, señores diputados, en que se han publicado recientemente en periódicos extranjeros manifestaciones del señor Lerroux afirmando que tiene el propósito de venir a España para hacer la revolución.

Oh!, ¡oh!, en las minorías.)

(El señor Presidente: ¡Orden!, ¡orden!)

Deben saber también los señores diputados que hace muy pocos días un señor senador ha hecho manifestaciones en otro periódico del extranjero, en el sentido de que es inminente la revolución en España.

(Risas y rumores.)

¿No os gusta que hablemos de esto? ¿Verdad?

(Sí, sí, en las minorías.)

Pues dejadme hablar, porque de ese modo, como yo he de continuar desarrollando este tema, os daré mayor satisfacción.

(El señor Soriano: No nos hace falta.)

(El señor presidente: Orden, señor Soriano.)

Todo esto, señores diputados, lo recuerdo porque va llegando la hora de examinar, si es posible que el Poder público, sobre todo, después de lo ocurrido este verano en Barcelona, ante las propagandas, y ante las amenazas, y ante los actos encaminados a un movimiento revolucionario, permanezca inasible.

(Una voz en las minorías: ¡Qué miedo!)

(Risas y rumores.)

Lo que menos hay es miedo.

Lo que hay es que el señor Moret, en la tarde de ayer, exigía qué este Gobierno desapareciese de aquí, porque su permanencia en el Poder constituiría un verdadero peligro para la paz pública en España. Y yo expongo que el señor Moret se refería a todos esos augurios, y a todas esas noticias y a todas esas amenazas.

(Murmullos en la minorías. Aplausos en la mayoría.)

Y yo tengo que suponer que el señor Moret, sabiendo que en esas reuniones públicas, que se están repitiendo constantemente, y en esas hojas revolucionarias que circulan por Europa y que están penetrando en España, no sólo se anuncia la revolución, sino que se anuncian el asesinato y el atentado, se refería a eso.

(Risas en las minorías liberal y republicana.)

Ya pueden reírse aquellos señores, cuando recuerdo que en todas esas hojas se está diciendo que se ha de asesinar y que se ha de emplear la dinamita contra las más altas personalidades de España.

(Grandes rumores.)

Yo no quiero omitir esto, yo no quiero dejarlo en silencio.

(Se reproducen los rumores.) (Grandes aplausos en la mayoría.)

Y no lo quiero dejar en silencio, porque demuestra que pensamos nosotros de manera muy distinta de como, sin duda, piensa el señor Moret, a juzgar por sus palabras.

(Nuevos rumores.)

No queréis que yo repita, ni queréis que se entere el país bien de que se están profiriendo todas esas amenazas constantemente, y no queréis, después de las palabras pronunciadas en la tarde de ayer por el señor Moret, que yo relacione esas amenazas con lo que su señoría dijo.

(Protestas en la minoría liberal. Aplausos en la mayoría.)

Pues yo lo  de decir, señores diputados. Pero, ¿por qué no me habéis de dejar hablar? ¿No estáis dispuestos a dejaros convencer con lo que diga?

(Risas en las minorías liberal y republicana.)

Al menos dejadme que hable, y después podéis impugnar mis manifestaciones.

Pero me parece que hay demasiado interés por aquí en que no se me oiga; ¿y por qué hay ese interés? Pues hay ese interés, señores diputados, porque durante bastantes años ha ocurrido que, delante del Poder público, se han estado haciendo esas amenazas, y se ha estado proclamando en el mitin y en el periódico que era necesario hacer la revolución en España.

(Rumores en las minorías liberal y republicana.)

Y que para ello no se había de omitir absolutamente nada, y a mí me parece, repito, que después de lo ocurrido el verano último, tenemos necesidad de pensar si eso puede continuar o no.

(El señor Nougués: Reformad el Código penal.)

Conste, señores diputados, que todas esas amenazas se están dirigiendo al Gobierno y a la paz pública en España, y que yo he entendido las palabras de S. S. en el sentido de que S. S. reconociendo la gravedad de las circunstancias, estimaba que lo mejor era que este Gobierno abandonase el Poder

(Varios señores diputados: “Sí, sí”)

lo cual significa, dentro de ese razonamiento, que el señor Moret, que hablaba de que es necesaria la dulzura para las operaciones quirúrgicas, que el señor Moret, que hablaba de que todo el rigor de la justicia y de la ley se podía y se debía suavizar, entendía y entiende él que frente a esas amenazas de muerte para los que representan el Poder público, que frente a esas amenazas para la paz pública de España, lo que tiene que hacer un Gobierno es desaparecer de este banco.

(Aplausos de la mayoría.)

Yo he venido a contestar a su señoría en esta tarde, diciéndole que las medidas que estoy adoptando yo...

(rumores en las oposiciones)

...que adopta el Gobierno, pero cuya iniciativa principal y cuya responsabilidad me alcanzan, son medidas obligadas para mantener el orden público en España, como a todo trance estoy decidido a mantenerlo.

(Grandes aplausos en la mayoría.)

Y quiero decir también a su señoría y al Parlamento y a mi país, que precisamente por esas amenazas tan reiteradas y tan extensas, yo considero que es puesto de honor éste...

(Aplausos en la mayoría)

... y que no admito, porque sería fórmula de cobardía, el retroceder ante las amenazas.

(Grandes aplausos de la mayoría.) 

¿Qué quería decir su señoría? ¿A qué se refería el señor Moret cuando hablaba de que el rayo heriría en las alturas?

(Aplausos en la mayoría, protestas en la minoría liberal.)

¿Es que el señor Moret supone...

(Rumores en las minorías y aplausos en la mayoría.)

¿Es que su señoría supone...

(El señor Soriano interrumpe.)

....¿es que su señoría supone que la manera de alejar todos esos riesgos es retroceder ante las amenazas? Y cuando el señor Moret hablaba en la tarde de ayer muy claramente, de que podíamos haber suavizado el rigor de la justicia en Barcelona, ¿es que entendía su señoría hablando claramente también que el Gobierno, debió aconsejar el indulto de Ferrer? ¿Es eso?

(Aplausos)

Porque si su señoría no habló con esa claridad, si su señoría no pronunció ese nombre, el señor conde de Romanones que está a su lado, en una interviú para un periódico extranjero, acaba de decir que el Gobierno ha hecho mal en no aconsejar a Su Majestad el ejercicio de la gracia del indulto.

(Protestas de la minoría liberal.)

El señor conde de Romanones: “Yo no respondo más que de lo que digo en el Parlamento”.

(Aprobación en la minoría liberal y rumores en la mayoría.)

De modo que lo que hemos tenido ocasión de leer, que se atribuye al señor conde de Romanones, no es exacto. ¿Es que se creía su señoría que yo iba a tener interés en que lo fuera?

El señor conde de Romanones: “Yo hablaré cuando lo tenga por conveniente, y nunca después que mi jefe, que ha dicho todo lo que debía decir; yo no hablo con su señoría”

(La mayoría aplaude al señor ministro de la Gobernación.)

Perdonen los señores diputados, yo no trato de agravar a nadie; yo me limito a cumplir un deber y creo que reconoceréis que he ejercitado un derecho, porque estoy contestando a las palabras del señor Moret, que se referían a todo el Gobierno y no creo que de él no forme yo parte y el señor Moret, con su inmensa autoridad, en la tarde de ayer, me censuró directamente por las medidas de rigor que estaba adoptando en Barcelona, como en la tarde anterior me había censurado directamente, y casi al único ministro que su señoría censuró fue a mí, ¿y no se me va a permitir la defensa?

’Yo quiero hacer constar que cualesquiera que hayan sido los propósitos del señor Moret y del señor conde de Romanones al hacer las manifestaciones, lo que yo he podido entender, y si me he equivocado lo reconoceré, es que significaban que el Gobierno hizo mal no aconsejando a S. M. el indulto de Ferrer, y tengo que añadir que si su señoría relacionaba aquellas dulzuras en las operaciones quirúrgicas con esas palabras, es conveniente que su señoría recuerde a qué le condujeron las dulzuras del año 1906.

(Muy bien en la mayoría.)

Y si el señor Moret, al decir que es necesario defender enérgicamente a la ciudad de Barcelona de las caricias que yo a diario le hacía y reclamaba también en la misma tarde, en el propio discurso, pidiendo inmediatamente el Poder, lo que quería decir es que la política en Barcelona, y en estos trances y relacionado con el orden público, representaría cosa diametralmente opuesta a lo que nosotros representamos, tendremos que recordarle que esa política, la practicó su señoría en 1906 y terminó el 31 de mayo en la calle Mayor de Madrid.

(Grandes aplausos en la mayoría.) (Protestas en las oposiciones).

El señor López Ballesteros: “Todos los días hay bombas en Barcelona”.

Voy a ello. Este Gobierno ha hecho cuanto ha creído que podía y debía hacer para evitar alteraciones de orden público en Barcelona, y no lo ha logrado. Ha aumentado extraordinariamente, gracias a vuestro concurso, los medios de Gobierno en Barcelona, y a pesar de ello, en efecto, hay bombas...

(Rumores)

...hay atentados y hace pocos días, por consecuencia de uno de ellos fueron heridas gravemente tres personas. Cuando decís todas esas cosas en interrupciones vehementes, ¿queréis significar que en nuestros tiempos hubo atentados?

Yo no oculto los que en nuestro tiempo hubo, pero todo ello viene a demostrar que la paz pública no está asegurada en Barcelona, y por conservarse ese estado, no obstante, los esfuerzos vuestros primero, y los nuestros después, de existir allí todos esos fermentos y todas esas causas de perturbación, en un momento crítico, difícil para la nación española, cuando ha tenido necesidad de movilizar tropas para enviarlas a África, allí es donde la perturbación se ha manifestado con los caracteres más alarmantes, y por eso tengo yo el convencimiento de que en Barcelona es indispensable ya una acción enérgica, perseverante.

El señor Beltrán: “¿Más?”

La que sea, y hasta donde sea menester.

(Grandes aplausos en la mayoría.)

Digo que en Barcelona todo es necesario hacerlo para evitar que perdure esa situación que es excepcional en el mundo entero.

El señor Moles: “Con serenidad y justicia”.

Con serenidad y justicia, claro es, así debe hacerse; pero lo que declaro es que no estoy en manera alguna conforme con que sea un remedio eficaz de todos esos males las dulzuras a que el señor Moret, sin duda, se refería en la tarde de ayer.

De suerte que yo he querido hacer constar esta tarde que discrepo en absoluto de la opinión del señor Moreteen ese punto, que sigo creyendo que necesita la ciudad de Barcelona temperamentos de energía perseverante para curar el mal que padece, y que frente a todas las demás amenazas de orden público que se nos están dirigiendo en el interior y en el exterior, frene a eso, lo que se necesita es un Gobierno viril, enérgico, sereno y apoyado por todos los hombres gubernamentales del país.

(Grandes aplausos en la mayoría.)

Y su señoría, claro es, que con gran autoridad ha hecho uso de su derecho opinando de manera distinta, y como elocuentemente decía en la tarde de ayer el señor Presidente del Consejo de Ministro...

(Rumores)

....frente a esas perturbaciones, frente a esas amenazas para la paz pública, el único remedio que su señoría encontró fue decirle al Gobierno que retrocediera y se marchara.

Ahora, para terminar, habrá de permitirme su señoría, que le diga que cuando hablaba de los grandes riesgos, que a su juicio corría la paz pública con la permanencia de este Gobierno, y auguraba que ya se nos advertiría; no sé si su señoría se refería a eso que va circulando por ahí, y que ha tenido estado parlamentario en la tarde de hoy, a saber: que elementos francamente revolucionarios, que están anunciando dentro de España y fuera de ella que ha llegado ya la hora de la revolución política y social, y que con auxilio de los elementos que en las calles de grandes ciudades del extranjero gritan contra España...

(Denegaciones en las minoría. Aprobación en la mayoría)

...habrán de realizar esa revolución habiéndose dicho públicamente y repetido esta tarde en el Congreso, que habrá manifestación pública en Madrid, quiera o no quiera el Gobierno, palabras que se han escrito en los periódicos y pronunciado hoy en esta Cámara, refiriéndose a manifestaciones de personas importantes, y a eso tengo yo que manifestar, al Parlamento que nosotros no podemos desafiar a nadie, pero que eso que hemos oído en esta tarde, y eso que se está escribiendo, es absolutamente intolerable e incompatible con el decoro del Poder público...

(Aplausos en la mayoría.)

...y que contra la voluntad del Gobierno no se celebrará esa manifestación, y que si alguien intenta nuevamente, con amenazas, perturbar el orden público, en nuestro puesto nos encontrará, y ya verá el que lo intente lo que sucede.

(Grandes y prolongados aplausos en la mayoría.)”

He ahí al hombre que, después tantos años, quiso ser el mismo aquel 14 de abril.

Permítasenos opinar y decir: aquel 20 de octubre de 1909, se reveló el único gobernante y político auténtico de toda la Restauración.

Moret se descompuso. No acertó a rebatir un argumento; insultó al ministro y se dolió con aspavientos del ataque, porque hubo en él justísimas alusiones a sus pasadas y tremendas responsabilidades.

Recordar al rey, a quien Moret pedía el poder para librarlo del “rayo”, que era él presidente del Consejo cuando el rayo de bomba de Morral estalló sobre su cabeza y la de su esposa, era frustrar su maniobra, si el Monarca tenía instinto de conservación.

Sean muestra de lo dicho por Moret estas palabras suyas: .

“Me levanto a hablar cuando más bien debería callar. Si yo creyera que había para mi Patria circunstancias que exigían el ponerme del lado de un Gobierno, cualquiera que fuese, y más de un Gobierno que el señor Maura presidiera, yo pondría como condición que no formara parte de ese Gabinete una persona que no viene aquí más que a desunir y a provocar.

(Muy bien, en las minorías.)

En cuanto a la pregunta, está bien; yo soy así, yo soy un hombre poco menos que criminal, más que criminal por la posición que tengo: ya lo sabéis. ¿Lo era hace algunos meses? Entonces no me insultaba su señoría.

Yo he creído ver en las palabras del señor Ministro de la Gobernación la huella de algo que ha pasado hace pocos días, a modo de reptil que culebrea para aparecer en algún periódico, igualándome al desgraciado Ferrer; diciendo que de Ferrer a mi no había más que un paso. ¿Quién ha pensado esa infamia? Porque nada menos que de regicida ha querido acusarme su señoría.

(Aplausos en la izquierda.)

Por lo demás, señores Diputados, yo no acepto convertir al Parlamento en plaza de la Cebada disfrazada...

(Muy bien, en la izquierda)

...yo no voy por ese camino. Ayer he discutido con el señor Presidente del Consejo de Ministros noblemente. En cuanto a mis palabras por lo que se refieren al interés del país y a la defensa de la monarquía, ¿me va a enseñar el señor Ministro de la Gobernación?

Para eso hace falta alguna explicación: el señor Presidente del Consejo de Ministros se servirá pedírmela. Si no, yo no tengo nada más que decir. Y lo que os ruego a todos es que no hagáis la causa del señor Ministro de la Gobernación...

El señor Canalejas: “No caeremos en el lazo”.

...y no toméis en cuenta sus palabras para provocar aquí escenas de las que no puede resultar nada bueno, ni para la paz pública, ni para las relaciones de los partidos.

(Grandes aplausos de las minorías.)”

Rectifica La Cierva, negando haber pretendido ofender personalmente lo más mínimo al señor Moret, lo reitera una y otra vez.

Pero Moret que, ya hemos citado sus palabras, había prometido derribar al Gobierno por todos los medios, no replicó. La izquierda entera, viendo perdido el debate, se lanzó al tumulto. Sus palabras recogidas por los periódicos y por el ayudante militar del Rey, conde del Serrallo, fueron muy graves.

Los periódicos dieron cuenta de la escena de la siguiente manera:

“Suspendido el debate en medio de un tumulto espantoso, quiso el señor Dato que continuara la sesión; pero fue imposible, porque el vocerío era atronador. Las minorías, de pie, seguían protestando ruidosamente contra el ministro de la Gobernación. Los liberales, agrupados alrededor del señor Moret, mostraban su irritación dirigiendo denuestos muy expresivos contra La Cierva y Maura. El conde de Romanones gritaba dirigiéndose al señor Moret:

—Yo hablaré mañana, porque no hay más remedio que hablar, y ya veré si es el último discurso que hago como monárquico.

Y decían otros “monárquicos”:

—Si se quiere que no gobiernen más que La Cierva y Maura, habrá que irse a otra parte.

—¡Esto es intolerable! ¿Es que desean que nos vayamos a la República?

Los ex ministros señores García Prieto, Gasset y Aguilera protestaban indignadísimo contra las insidias de La Cierva y el apretón de manos que pará subrayarlas, le dio teatralmente el señor Maura. Los señores Canalejas y Melquíades Alvarez se agitaban nerviosos, rodeados de multitud de sus enemigos. Terminada la sesión, la efervescencia en los pasillos y en el salón de conferencias era enorme. El asombro producido por el discurso de La Cierva y por el apretón de manos de Maura, sucedió una ola de protestas y de indignación que formaba una verdadera tempestad. Ni los más antiguos parlamentarios recordaban cosa parecida. En corros nutridísimos, que hacían imposible el tránsito por la Cámara se discutía con vehemencia inusitada el atrevimiento y la perfidia del ministro de la Gobernación, que excede los límites de lo tolerable. Hasta los más templados reconocían que las manifestaciones de La Cierva, ratificadas muy significativamente por el señor Maura, expulsan a los liberales de la monarquía. El ex ministro señor Aguilera, en un corro del que formaban parte varios diputados de todos los matices y el general Weyler, declaraba que él, monárquico por antecedentes, por convicción y hasta por reconocimiento y afecto personal a las reales personas, se consideraba ofendido en sus sentimientos de adhesión al régimen por la actitud y los desplantes, las verdaderas infamias de que había sido víctima esta tarde el señor Moret, y con él todo el partido. Si los conservadores creen que ellos son la única garantía del trono, que lo digan, y sabremos a que atenernos los liberales. Varios diputados republicanos que oyeron las importantes declaraciones del señor Aguilera, exclamaron, dirigiéndose al señor Weyler:

—Usted, general, podría solucionarlo todo en minutos. Usted es el hombre que daría satisfacción a la opinión pública. ¡Ahora!

Y el general, sin asentir ni rehusar la invitación de los republi­canos se retiró del corro, con gesto de coraje, replicando:

—No puedo hablar. No me hagan hablar ustedes.

Y después contestando a otros diputados republicanos, que repetían las excitaciones de sus correligionarios, añadió:

—Ya lo creo que lo resolvería en un minuto.

Otro general, que ha sido ministro de Guerra, decía:

—Yo no tengo de monárquico ni el canto de un duro, y a poco que me aprieten, tiro también el duro.

Entre los liberales se oían estas exclamaciones:

—Es imposible que el rey quiera echarnos de la monarquía, como lo intentan La Cierva y Maura.

—Lo que nos está pasando es intolerable. Seremos un partido sin decoro y merecedor del desprecio de todo el mundo, si seguimos consintiéndolo.

—De ese modo paga el régimen los sacrificios que por salvarle ha hecho siempre el partido liberal.

—Ya no se acuerdan de cómo Sagasta lo sacrificó todo cuando los desastres coloniales. Ya no se acuerdan de los sacrificios de Moret.

Otros gritaban:

—¿Pero es que en España hay que ser forzosamente fraile o anarquista? ¿Es qué no se puede ser liberal y hombre de orden? ¿Es que quien no pertenece a esa “jarka” maurista de reaccionarios y neocatólicos ha de ser precisamente ferrerista e incendiario? ¿Hay paciencia para oír tales infamias?”

Todas estas y otras cosas mucho más graves tuvieron ocasión de oír el general Echagüe y el marqués de la Mina que, como en las tardes anteriores, asistieron también ayer a la sesión del Congreso.

El general Echagüe, conde del Serrallo, era el ayudante militar del Rey; el marqués de la Mina era un elevado palatino. El Monarca los había enviado aquella tarde al Congreso para recibir de ellos un informe imparcial de cuanto sucediera. Ya veremos cómo lo impresionaron sus dos enviados con lo que presenciaron y oyeron.

Cuanto se inserta en el presente capítulo propio y extraño merece un análisis a fondo. No en vano los acontecimientos políticos y militares de 1909, y sus ulteriores consecuencias gravitarán nefastamente sobre los restantes años del reinado hasta que acaban con la Monarquía..

DON ANTONIO MAURA, ABOGADO, POLÍTICO Y ACADÉMICO

Por JOSÉ F. ACEDO CASTILLA

 

Don Antonio Maura y Montaner -como escribió Pabón- fue el más sincero de los liberales de su época, la mayor figura parlamentaria de su tiempo en el sentir de Mella, un eminente jurisconsulto que, como dijo el insigne don Felipe Clemente de Diego, no sólo era intérprete de la Ley, sino que también era intérprete de la justicia e intérprete y expresión de los principios éticos que él concebía y aplicaba con la mayor pureza.

Nacido en Palma de Mallorca el 2 de Mayo de 1853, en el perfil que le hizo Ortega y Rubio, decía que "no poseía la sólida cultura de Cánovas; ni la ilustración general y vasta de Moret; su palabra premiosa a veces en la exposición de hechos o doctrinas, es menos fluida y elegante que la de Canalejas; su oratoria no es majestuosa en el grado que la de Salmerón, ni rica en espléndidas imágenes como la de Castelar, ni clásicamente impecable como la de Martos. Para Maura, la cultura general está sustituida y en parte suplida por la poderosa fuerza analítica de un entendimiento perspicaz, acostumbrado a dominar los detalles y callejuelas de los informes forenses". Sus adversarios dijeron de él que era hombre del "Alcubilla". Y es que Maura, abogado ante todo y enamorado férvido del Derecho, encontraba en sus conocimientos jurídicos, panacea y recursos para todo.

Su tierra ejerció sobre él poderosa influencia, al punto que -como dijo su primogénito , Mallorca fue la que formó, tanto al hombre privado como al hombre público.

"Yo soy isleño -exclamaba don Antonio en uno de sus discursos- . He nacido en una tierra que tiene su historia peculiar y su dialecto. Yo me he arrodillado para rezar mis primeras oraciones de niño junto a la tumba de un Rey, que era Rey de Mallorca. Mi tierra tiene por frontera el mar, el mar, por el cual se comunica con cualquier parte del mundo; el mar azul, que no sé si es azul porque en él se miran los cielos o porque está mezclada con sus aguas la sangre noble de los héroes y de los semidioses, desde los tiempos de Homero. ¿Quién nació en una tierra con más títulos para ser amada, ni quién me aventajará en amor a mi tierra ·nativa? Pero cuanto más amo a Mallorca, más amo a España, a mi Patria."

Terminado el bachillerato en Palma, en Septiembre de 1868 - a raíz de la Septembrina- marcha a Madrid, donde cursará la carrera de Derecho. En la Universidad un episodio estudiantil va a influir decisivamente en el curso de su vida. Los compañeros se rieron un día en clase, del acento mallorquín del estudiante isleño. Honorio y Trifino Gamazo consolaron a Maura de su insignificante contratiempo. A partir de este momento comenzó una entrañable amistad entre Maura y los Gamazo, merced a la cual, al concluir la carrera, pudo entrar coma pasante en el bufete del mayor de los hermanos, don Germán -gran abogado y político influyente-, a cuyo lado Maura aprendería la dura tarea del foro y la rígida disciplina profesional.

Cuando al cabo de unos años de pasantía Maura se fue dando a conocer como abogado - lo que le permitió contraer matrimonio con Constanza Gamazo, hermana menor de sus amigosunos clientes del despacho paisanos suyos le pidieron que se presentase candidato a diputado por Palma de Mallorca. Convencido por las razones que le dieron, acudió a los comicios saliendo diputado por primera vez en el año 1881. Desde entonces y durante toda su vida política siempre representará a aquel distrito.

Maura llegó al Congreso sin haber sentido jamás, en los trece años que llevaba en Madrid, interés alguno por la política. Su entrega a la abogacía era tal, que apenas se ocupaba de otros asuntos que no fueran los del bufete. Esto explica que en los primeros tiempos de parlamentario, adscrito al partido fusionista de Sagasta, se sintiera extraño sin sitio en el salón de sesiones del Congreso. Su primera intervención como diputado, fue la defensa de una enmienda a un Proyecto de Ley del Ministro de Hacienda - Juan Francisco Camacho-, sobre el impuesto de consumo. La enmienda de Maura no prosperó, pero su nombre comenzó a sonar, como lo prueba el que fuese nombrado miembro de diversas comisiones, entre ellas la relativa al "Proyecto de Inamovilidad Judicial", y que se le confiara la Presidencia de la Comisión dictaminadora del "Proyecto de Ley del Jurado", que presentó Alonso Martínez en Noviembre de 1886. El dictamen de la Comisión fue impugnado por la oposción conservadora. Pero como Maura pensaba que el Jurado era una institución básica en la vida democrática, ya que -a su entender- merece tanta consideración y respeto el ciudadano resolviendo en un jurado cuestiones de hecho, como el Magistrado del Tribunal Supremo de Justicia fallando sobre la aplicación de los preceptos legales, explica que en el Pleno defendiese el Proyecto con un discurso de un brío y una enjundia doctrinal de tal calado, como que Luis Morote, periodista de gran autoridad en esta época, le presentase en un artículo, como "el más grande orador de la juventud gobernante de la Restauración."

Este aldabonazo de periodista tan influyente, no cayó en el vacío y prueba de ello es que cuando Sagasta volvió al poder en 1892, lo nombró Ministro de Ultramar. La situación de Cuba, cuando el nuevo Ministro se asomó a examinarla vestido de blanco -según sus palabras-, era delicadísima. Incumplidas las promesas de la paz de Zanjón y la corrupción administrativa en aumento, la juventud cubana educada en Estados Unidos sentía odio y menosprecio por la metrópoli. Ante ello Maura, dirigió sus primeros pasos a dar a Cuba una impresión de austeridad en su conducta y de simpatía a sus aspiraciones autonomistas. A este fin renunció a nombrar subalternos; suprimió casi todas las direcciones del Ministerio que gravaban inútilmente el presupuesto insular; amplió el sufragio político a los que pagaban diez pesos de contribución y envió a las Cortes un "Proyecto de Reforma para el Gobierno y Administración de Cuba y Puerto Rico", que realmente constituía un paso franco hacia la autonomía y en el que en todo momento quedaba a salvo el interés de España.

El Proyecto de Reforma de Maura, desde el primer momento tuvo la oposición sistemática del partido españolista de la Isla, llamado "Unión constitucional", cuyo Presidente, el marqués de Cienfuegos llegó a decir en un discurso en la Habana, que la actitud del ministro de Ultramar era indigna, no ya de un ministro de la Corona, sino de una persona decente. Y en España con igual ardor las combatió Romero Robledo, quien acusó a Maura de no actuar como Ministro en las cuestiones de Ultramar, sino como abogado, y con más ímpetu aún Rodríguez San Pedro, quien le imputó ser responsable de la situación caótica en que se encontraba la Isla a causa de su política. Por el contrario, autonomistas como Amblard y Montero ensalzaban la conducta del ministro.

Más recientemente con la serenidad que da el paso del tiempo, los ex ministros don Antonio Goicoechea y don José Yanguas sostuvieron que "las reformas para Ultramar, fue el proyecto quizás más serio, motivado y trascendental, en cuyo examen se ocuparon las Cortes de la Regencia". Pero Sagasta, hombre de carácter débil y enemigo de las complicaciones, máxime ahora ya viejo y cansado ante la oposición que el proyecto suscitaba, pidió a Maura que transigiera. Mas éste se mantuvo impertérrito, porque tenía fe en sus reformas. Ante ello al ver que le faltaba el apoyo del Presidente, presentó la dimisión y abandonó la cartera. Con él salió también del Gobierno don Germán Gamazo, el cual poco tiempo después se separaría de Sagasta, arrastrando en la disidencia a un buen número de Diputados y Senadores, entre ellos don Antonio, quien a la muerte del ilustre Hacendista el 21 de diciembre de 1901, quedaría capitaneando al grupo.

Fue en este tiempo cuando al consumir frente a Sagasta un turno, en la discusión del mensaje de la Corona, pronunció su famoso discurso de la Revolución desde arriba, cuya síntesis era que: "hay que atraer a los indiferentes al ejercicio de la política, llamarlos con obras vibrantes para despertarlos y conmoverlos. España, dijo, necesita una revolución desde arriba, si no se hace desde el Gobierno un trastorno formidable, la hará desde abajo"

A raíz de este debate, se produjo el primer acercamiento entre Maura y don Francisco Silvela, cuyo entendimiento se acrecentaría en el decurso de los años. Y es que a Maura y Silvela, como escribió Silio, "les unía idéntico designio e iguald deinterés. Les unía hasta el mismo contraste de sus temperamentos. El calor y el fuego que eran caraterísticos en Maura, supliría lo que a Silvela le faltaba". Silvela dudó del pulso de España, Maura en cambio tuvo fe, en que el aletargado despertaría.

Al alcanzar Alfonso XIII, en 17 de Mayo de 1902, la mayoría de edad constitucional, fue proclamado Rey de España. Y tras la solemne ceremonia de la jura, Sagasta fue ratificado como Presidente, quien casi con un pie en el sepulcro, todavía tuvo fuerzas para componer un Gobierno que sólo vivió veintitrés días (de 15 de Noviembre a 3 de Diciembre siguiente).

El Rey atento a las divisiones que se estaban produciendo en el partido liberal, entendió que esta solución estaba agotada, por lo que encargó formar Gobierno a Silvela, hombre culto, gran abogado, magnífico orador, literato, historiador, periodista, de unas dotes intelectuales extraordinarias, y con todas las cualidades de un político perfecto. pero con los inconvenientes de su salud a expensas de su hígado anormal, su poco carácter y su escepticismo fruto de tantos desengaños de los ardides políticos.

El Gabinete que constituyó Silvela, rayaba en verdadera altura, y en él entró Maura como Ministro de la Gobernación, quien al día siguiente de jurar el cargo, dejó nombrados a los gobernadores de las provincias, con lo que -a juicio de Comellas- se adelantó a las presiones de los oligarcas y los caciques provinciales y locales, que no hubieran tardado en llover. Y no más tarde de veinticuatro horas los recibió en el Ministerio, recordándoles como los "gobernadores son, según sus cualidades, el pregón más eficaz y el anuncio más cierto de lo que el gobierno va a practicar; forman su blasón o difunden su descrédito".

También una de sus primeras determinaciones consistió en cerrar la llave del llamado "fondo de reptiles", acabando con el régimen de mutuo favor y aun de complicidad que durante muchos años había existido entre cierta parte de la Prensa y los representantes de los poderes públicos, lo que había de acarrearle -como dice García Venero- un poderoso enemigo: la Prensa.

La labor de Maura al frente de Gobernación -como destaca Martínez Bedoya-, fue verdaderamente admirable. Muestra de ella, es por ejemplo la creación del Instituto de Reformas Sociales; su Proyecto de Reforma de Administración Local, conocido por el de "Descuaje del Caciquismo"; el Patronato de Médicos Titulares para dignificar la función de éstos en los pueblos, etc., etc. Pero frente a estos éxitos en la rama de la Administración, en el terreno político sufrió un grave contratiempo en las elecciones de abril de 1903 que presidió por primera vez como Ministro de la Gobernación, ya que en capitales como Madrid, Barcelona y Valencia, triunfó íntegramente la candidatura de Unión Republicana. Había declarado Maura, con asombro de extraños y consternación de sus amigos, que él "no haría nada, absolutamente nada que pudiera traducirse como acción o atropello de la ley. Las listas de candidatos no rezan conmigo ... Yo no redactaré ni admitiré encasillados de ninguna clase ... Las elecciones se ganan en los colegios electorales con los votos de los ciudadanos y no en los despachos con los pucherazos. Y si se pierden que se pierdan".

Pero en las alturas no se opinó del mismo modo, donde se juzgó insólito y reprobable el estoicismo de Maura, máxime cuando unos meses después, en noviembre, habrían de celebrarse elecciones municipales. Ante ello, se presionó a Silvela para que convenciese a Maura de la necesidad de rectificar, por lo que este no tuvo más remedio que dimitir.

El 24 de Abril de 1902 y para cubrir la vacante producida en la Real Academia Española, por fallecimiento del numerario don Isidoro Femández Flores, los Académicos don Juan Valera, don Francisco Silvela y don Mariano Catalina presentaron la candidatura de don Antonio Maura, "insigne abogado, orador fácil, correcto y elegante" como en la propuesta se decía. Transcunido el plazo y llegado el día señalado para la elección (5 de Junio de 1902) -como recuerda González de Amezúa-, ocurrió un hecho muy raro en los anales de la Academia y que fue sorprendente para todos: don Antonio no era el único candidato, tenía un contrincante que aspiraba así mismo al vacío sillón, el Sr. Femández Grilo, un pedestre y áulico poeta. No le presentaba nadie, sino él mismo quien en uso del derecho que los Estatutos conceden en toda vacante a quien quiera que se juzgue con méritos bastantes para ser académico, había suscrito la oportuna instancia, solicitándolo también. Naturalmente, Maura triunfó con veintitrés votos contra dos que obtuvo Grilo. Su discurso de ingreso leído en la sesión pública y solemne celebrada por la Academia el veintinueve de noviembre de 1903, versó sobre "La Oratoria", cuya naturaleza, principios y normas expuso con admirable doctrina, como resaltó al contestarle, don Francisco Silvela.

Con anterioridad y concretamente desde 1870, fue miembro numerario de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, en cuya corporación fue cuatro veces Presidente, en los períodos de 1897 a 1898, de 1898 a 1899, de 1899 a 1900, de 1916 a 1917, y posteriormente, académico de mérito.

El 4 de diciembre de 1903, el Rey encargó a Maura, la formación del Gobierno, el que desde el primer momento va a estar combatido no sólo por la oposición de los liberales, sino también, dentro de su propio partido por los contrarios a su modo de actuar. Entre las campañas que en aquel entonces se le hicieron, merece señalar por la gran resonancia que alcanzó, la que se produjo a raíz del nombramiento del arzobispo de Manila, Fray Bernardino Nozaleda, para la sede de Valencia.

El dominico Padre Nozaleda era arzobispo de Manila en 1898. Ocupaba la sede desde 1888. Permaneció en Filipinas cuando se arrió la bandera española, y fue según dijo Maura en el Parlamento, el hombre de confianza, el punto de apoyo del Gobierno, para tratar del rescate de millones de españoles. Tras su vuelta a España, Maura, por indicación de su Ministro de Gracia y Justicia, don Joaquín Sánchez Toca, decidió proponer al Padre Nozaleda para la sede arzobispal de Valencia, que a la sazón se hallaba vacante. Esta propuesta desencadenó la tempestad en el Parlamento, en el que se lanzó el eslogan de que "la pérdida del archipiélago había tenido su causa determinante en la rapacidad y barbarie de los frailes españoles que, como en los días de la primitiva colonización, continuaban siendo árbitros de la sociedad hispanofilipina". Se encargó de llevar la voz de esa opinión el Conde de Romanones, secundado por sus correligionarios, Canalejas, el marqués de la Vega de Armijo, y Burell, y por los republicanos Morayta, Moya, Salmerón, Soriano. Los periódicos liberales, los neutros, y los de izquierda, secundaron la protesta y,como dice Ruiz Castillo, hasta los artistas más populares cantaban todas las noches cuplés alusivos al Padre Nozaleda, del que es muestra el que decía: Antes eran los obispos españoles, por lo menos; ahora se guardan las mitras para los filibusteros.

El debate en el Congreso duró nueve días, durante el cual Maura se mantuvo firme, pues como decía: "La autoridad de Gobierno tiene que defender a la razón y a la justicia cueste lo que cueste ... y todo lo que no sea eso, no es cumplir con sus deberes, todo lo que no sea eso, es alojar la anarquía en el Alcázar del poder".

Pero el Arzobispo electo de Valencia no llegó a tomar posesión por haber renunciado varios meses después del debate parlamentario. Fue éste el "arrangement" que se dispuso, según García Venero, sin que mediara en modo alguno, la voluntad de Maura.

Estimaba el Presidente que era conveniente que el Rey efectuase un viaje de varios días a Barcelona, que desde hacía tiempo estaba desmandada y dominada por un partido republicano ejercitado en la bullanga y una masa catalanista en la que se hablaba de "cortar amarras'', por lo que era necesario poner a prueba la resistencia de aquel "reducto". Pero el proyecto nada más anunciarse, mostró las dificultades que entrañaba. Así Lerroux, un cordobés de La Rambla, que como periodista ruidoso aparece por Barcelona a finales de siglo, sin más bagaje cultural que dos años de bachillerato, pero que con su anticlericarismo, sus ideas republicanas de izquierda, y su eslogan la propiedad es un robo, se había hecho dueño absoluto de la ciudad, teatralmente se opuso a aquel viaje al que calificó de "reto", por lo que alentó a sus huestes para que se dispusieran a contestar a la "provocación".

La prensa de Madrid y la de Barcelona, ponderó "lo peligroso y difícil del empeño". Véase como el diario España, periódico monárquico liberal, afirmaba que Maura daba un salto en las tinieblas:

"Si triunfa, podrá rehacer su ideal de reconstruir una nacionalidad que ve caer en pedazos, pero si no triunfa debe irse a su casa definitivamente".

Y El Correo Catalán, diario carlista, vaticinaba la entrada del Rey en Barcelona, "entre las bayonetas del ejército, los mausers de la guardia civil, los palos de la policía y la indiferencia del pueblo".

El Ayuntamiento, que era de mayoría republicana, acordó no recibir al Monarca en Corporación, y en la Lliga, tras deliberar ampliamente, las opiniones aparecían divididas. Hubo partidarios de una protesta pública y ruidosa ante la presencia del Rey en las calles de Barcelona. Hubo partidarios de aprovechar la estancia del Jefe del Estado para hacerle conocer de manera expresa y puntualizada, las quejas y aspiraciones del catalanismo. Ante esta dualidad de posturas, la Junta de la Lliga acordó como transacción, recomendar al pueblo de Cataluña la indiferencia ante el viaje del Monarca, aclarándose en el manifiesto en que dicha resolución se hizo pública, que "no se ha tomado este acuerdo por hostilidad de carácter dinástico o personal, ni porque sienta oposición alguna a la forma monárquica de Gobierno, ni preferencia alguna por la republicana. Bajo la bandera de la Lliga -decía-, caben monárquicos y republicanos".

Atentos a cuanto antecede resulta evidente, que al Rey aguardaba en Barcelona, o la hostilidad agresiva de los republicanos lerrouxistas, o la indiferencia, oficialmente propugnada por la Lliga. Pero ninguno de estos dos augurios se cumplieron. En efecto, el 6 de Abril de 1904 a las diez y treinta de la mañana llegó don Alfonso a Barcelona y el recibimiento que le hizo el pueblo catalán, en frases de Ruiz Castillo, fue "extraordinario, entusiasta y magnífico", y así lo tuvieron que constatar aquellos ilustres cronistas que cubrieron el viaje. Esa súbita mudanza de la.multitud barcelonesa, la explica Maragall de la siguiente manera: "Estudiábamos: no teníamos aún veinte años, y nuestras convicciones eran republicanas. Acudimos a la parada militar que se daba al Rey, bien penetrados de que íbamos a ver un hombre como los demás, de que asistíamos a un simple espectáculo. Un estudiante de veinte años no se deja engañar fácilmente, lo tiene juzgado todo, todo. Pero he aquí que se oye un agudo toque de cometa, se inicia un gran movimiento de atención en la multitud, las tropas presentan armas, las músicas rompen a tocar la marcha real; y al trote de su caballo, seguido de brillante cabalgata, avanza un joven ... que no es un hombre como los demás: es el Rey. Y el estudiante de arraigadas convicciones republicanas, siente un hormigueo en todo el cuerpo, una oleada de emoción, y descubre su cabeza, y de su pecho arranca un grito, un ¡viva! tan involuntario como sincero. El estudiante se siente monárquico sin haber perdido una sola convicción republicana. Pero quien pasaba ¡era el Rey!..."

Entre las visitas que efectuó Don Alfonso en aquel viaje, merece recordarse la del Instituto Catalán de San Isidro donde el Presidente, le habló en la lengua de Verdaguer. El Rey en la contestación, entre otras cosas dijo: "Mucho me ha complacido que vuestro Presidente haya hablado en catalán. Pues que ¿acaso la lengua catalana no es una lengua española?. El idioma catalán ¿no es el de una región de España?. Será uno de mis primeros cuidados el aprenderlo, a fin de que cuando vuelva pueda entenderos tal como habláis"

La promesa del Rey de aprender catalán no se vio cumplida. Cuando Alfonso XIII vuelve a Barcelona, no pudo contestar los discursos de los que le saludaron en esta lengua. De aquí que Cambó, años más tarde, dolorido y decepcionado, en el salón de sesiones del Congreso pudiera decir: "Esperábamos nosotros señores Diputados, la visita del Rey a Barcelona, no solamente entendiendo el catalán sino hablándolo como lo hablaba Felipe II".

Este exitoso viaje, sólo se vio turbado por el atentado contra el Presidente Maura, perpetrado por el anarquista Joaquín Miguel Artal, el que afortunadamente no trajo consecuencias. Cuéntase que cuando Silvela tuvo conocimiento del atentado exclamó: ¡Sólo envidio a ese hombre tan envidiable, ese atentado! Es la consagración de su vida. Cuando el Gobierno se consideraba más fuerte y se entregaba a la ingente labor que tenía programada, un incidente inesperado lo derrumbó.

Se había creado el Estado Mayor Central y el Ministro de la Guerra General Linde llevó a la firma del Rey, el decreto por el que se nombraba para dicho cargo al General Laño. Pero el Rey, en uso de su perfectísimo derecho, pues, no en balde -según la Constitución- era el Jefe Supremo del Ejército, propuso en su lugar al General don Camilo G. Polavieja, un fervoroso católico, que partiendo de la condición de soldado raso, llegó a ser Capitán General de Cuba y más tarde, de Filipinas.Ante ello, el Ministro considerándose desautorizado dimitió, y Maura solidarizándose con él, presentó la dimisión del Gabinete.

Tras la caída de Maura, los liberales vuelven al poder durante el bienio 1905-1907. Este período, como dice el Profesor de la Cierva, está marcado -tanto a nivel Nacional como Regional- por la pugna entre el poder civil y el militar, pugna que toma forma definitiva con el pleito de las "Jurisdicciones".

En efecto, en Barcelona el 24 de Noviembre de 1905, como consecuencia de una serie de dardos y caricaturas insultantes contra el Rey y el Ejército que se venían publicando en la revista satírica "Cu-cut'', y en "La veu de Catalunya", semanario afín a la Lliga, un grupo de unos doscientos militares de la guarnición, vestidos de paisano, al grito de ¡Viva España!, asaltaron la imprenta y la redacción de dichos periódicos, sacando los muebles a la calle, prendiéndoles fuego. El Ejército aplaudió el acto en sí, ya que, como dijo en su editorial una revista militar, no era posible tolerar por más tiempo la actitud de aquella gente, el lenguaje de sus periódicos y libelos, ante la pasividad criminal de las autoridades, que debiendo poner coto a la vergonzosa propaganda no lo hacían, terminando la editorial con la advertencia a los separatistas de que "de hoy en adelante no se podrá gritar ¡muera España!, sin que el que lo grite no sepa que es peligrosísimo gritarlo".

Y a los gobernantes les advierte que "ha pasado la época en que puedan mostrarse debilidades, pues, es preciso arrancar de raíz la semilla separatista, cueste lo que cueste".

En base a los hechos que anteceden, los militares, pese a ser Presidente del Gobierno don Segismundo Moret, liberal radical y Ministro de la Guerra el General Luque -conspirador y semirepublicano-, consiguieron sacar adelante la llamada "Ley de Jurisdicciones" de 16 de Marzo de 1906, en cuyo artículo tercero se estableció que "sería de la competencia de la Jurisdicción militar el conocimiento de los delitos contra la Patria, el Ejército y sus símbolos". Aunque el contenido de esta Ley no fue ni mucho menos el texto draconiano que se decía, la reacción contra la misma fue tal como que determinó el nacimiento de "Solidaridad Catalana", que abarcaba desde los republicanos a los tradicionalistas, pasando por los regionalistas catalanes de la Lliga, constituida en 1901 con elementos predominantemente conservadores.

Esta extraña colaboración entre republicanos de Salmerón, el Duque de Solferino, Jefe de la Comunión y nacionalistas de Ruiseñor, la justificaba Mella en su intervención en el Congreso el 18 de Junio de 1907, en la que dijo: "Nosotros (los carlistas) somos eminentemente regionalistas". Y en justificación de su postura, añadía: "Este movimiento de la solidaridad ha nacido de diversas causas; una de ellas es la de ser un movimiento de poderosa reacción, contra el centralismo del Estado ... ".

A este grupo Lerroux no se adhirió, pero estando en el cenit de su demagogia, lanzó a sus huestes la proclama revolucionaria ¡Rebeldes, rebeldes!, y en la que entre otros particulares les dice: "Jóvenes bárbaros de hoy, entrad a saco en la civilización decadente y miserable de este país sin ventura, destruid sus templos, acabad con sus dioses, alzad el velo de las novicias y elevadlas a la categoría de madres para virilizar la especie, penetrad en los Registros de la propiedad y haced hogueras con sus papeles para que el fuego purifique la infame organización social, entrad en los hogares humildes y levantad legiones de proletarios, para que el mundo tiemble ante sus jueces despiertos."

En Abril de 1907 se celebraron elecciones generales en las que los solidarios obtuvieron una lucida representación de cuarenta y un diputados, los que aprovechando el mensaje de contestación al discurso de la Corona presentaron una enmienda en la que se decía: "Es preciso organizar la vida local y restaurar las energías regionales reconociendo en las leyes la personalidad de la región y atribuyendo a los organismos que la representen muchas de las funciones sociales de enseñanza, beneficencia y obras públicas que indebidamente han pasado a ser funciones administrativas directas o delegadas del Estado".

En su turno de contestación, Maura pronunció un memorable discurso en el que hace una apasionada defensa de sus ideas sobre las autonomías, y en lo tocante al tema planteado de la "personalidad de las regiones" dijo: "Yo no sé lo que queréis decir con eso de la personalidad. Es más: creo que no lo sabéis vosotros. Y yo tengo que averiguarlo. ¿Lo queréis para materia propiamente local?. Sin tasa se os reconoce. ¿Queréis personalidad para hacer jirones la inconsútil soberanía de la Patria?. Nunca, nada. Mientras yo aliente y pueda, jamás logrará un gobierno sacar una Ley que mutile eso. Si yo tengo la fortuna de tener a mis hijos al lado de mi lecho de muerte, yo les diré que sirvan más a su Patria combatiendo eso, que derramando su sangre en la frontera".

En la misma legislatura los diputados de la Esquerra presentaron "una proposición", para que se derogase la Ley de Jurisdicciones inmediatamente. Cambó, que asumió la defensa de la enmienda, pronunció un discurso primoroso tanto de forma como de contenido jurídico, de tal suerte que Maura, rendido a sus razonamientos se mostró propicio a recoger dicha enmienda si se suprimía la conminación que suponía la palabra "inmediatamente". Pero la Esquerra se negó a transigir, retirándose del Parlamento ante la negativa de la Cámara a acoger sus pretensiones.

Como dice al respecto el Profesor Camellas, aquella discusión esperada por Maura, escindió a los catalanes en dos grupos contrapuestos y la Solidaridad se disolvió corno la espuma. De ella sólo quedó como fuerza actuante, el grupo más conservador, capitaneado por Cambó, catalanista no separatista, que hizo famoso el lema de una Cataluña grande en una España grande.

En Enero de 1907 formó Maura Gobierno por segunda vez, el "Gobierno largo" (1907-1909), así llamado por su duración de treinta y tres meses, cosa infrecuente en aquella época, el cual quedará en la memoria ciudadana, como un oasis de excelente administración, hacienda próspera y reconstrucción nacional palpable. Los tres proyectos importantes que este Gobierno desde el primer momento puso a discusión fueron el de Organizaciones marítimas y Armamentos navales, por el que se reorganizaba la escuadra y se estimulaba el desarrollo de la marina mercante, el que fue aprobado con la expresa conformidad de todos, en la llamada "Sesión patriótica"; la Ley del Terrorismo, contra la que se levantaron en bloque las izquierdas y la prensa del Trust, en cuanto penaba severamente estos crímenes, autorizaba el extrañamiento de los propagandistas de la anarquía y la suspensión de los periódicos incitadores de dicha ideología; y junto a los anteriores, su gran proyecto: el de la Administración Local, un viejo empeño de Maura por considerarlo, según dijo en su conferencia en el Círculo de la Unión Mercantil de Madrid en 1902 , el problema palpitante de la política.

Para Maura el municipio necesitaba una gran reforma, y sobre todo, que se le dotase de autonomía, ya que como está establecido, tiene al Estado alojado en su casa de tal modo, que es él, quien ha tenido que ausentarse de la vivienda; es la casa alquilada del delegado de Hacienda, es la posada del Gobierno Civil, es el servidor de todos los menesteres de la Administración Pública.

Punto muy discutido del Proyecto de Administración Local, fue el del voto corporativo en la Ley Municipal por el que Maura lucharía desde entonces denodadamente, y la elección de segundo grado en la Ley Provincial. Conforme a la primera, podían tener en los Ayuntamientos representación corporativa, los Concejales que representasen a las asociaciones legalmente establecidas -con exclusión de las religiosas, las políticas y las recreativas-. Conforme a la segunda, se introducía en la designación de Diputados provinciales, una elección de segundo grado en la que los únicos electores serían los concejales de los Ayuntamientos de la provincia.

El debate en torno a la Ley de Administración Local compuesto de 24 bases, distribuidas en 400 artículos, consumió en el Congreso 250 sesiones; se presentaron 2.813 enmiendas y se pronunciaron en orden a las mismas 5.511 discursos. Por fin -al cabo de dos años-, fue aprobada en el Congreso, y en el Senado -donde no fue muy bien recibida-, sólo se aprobó la parte municipal, merced a la colaboración de los liberales de Moret, la que fue prestada -según don Juan de la Cierva-, a la sazón Ministro de la Gobernación a condición de que se retirase el "Proyecto contra el Terrorismo", de forma que resultara "un triunfo de la izquierda". De esta suerte el proyecto quedó paralizado, y con ello la prensa del "Trust" cantó el gran triunfo alcanzado por la oposición.

Mientras en el Congreso se discutían los proyectos antes expresados, junto con otros, también muy importantes, el Ministro de la Gobernación, don Juan de la Cierva y Peñafiel -eminente abogado, Doctor en Derecho por el Colegio de San Clemente de Bolonia y Director General que fue de Registros y Notariado-, al tiempo que desarrollaba el programa social del Gobierno, mantuvo con pulso firme el principio de autoridad. Véase por ejemplo, cómo logró erradicar definitivamente el bandolerismo que había rebrotado en Sevilla, Córdoba, Málaga y Jaén, y amenazaba a invadir otras provincias. Y, a más del bandolerismo, tuvo que enfrentarse con el anarquismo que comenzó a actuar en Andalucía mediante su sistema predilecto de la huelga general, alguna tan sorprendente como aquella de Córdoba, que recuerda el Profesor Camellas, en la que se pedía una "reducción de siete horas y media a la jornada de trabajo que ya era por entones de ocho horas", es decir, que querían trabajar sólo media hora.

Reclamaciones como aquellas -añade Camellas- no podían obedecer a otros objetivos que el provocar conflictos.

En Valencia también hubo de imponer el imperio de la ley. La ciudad estaba dominada por las huestes de Blasco y Soriano - Capuletos y Montescos del arroyo como les llaman el Duque de Maura y Femández Almagro- quienes, manejados por los periódicos "El Pueblo" (de Blasco) y "El Radical" (de Soriano), llegaron a arrojar de la ciudad al Arzobispo Monseñor Guisasola con motivo de una pastoral sobre matrimonio puramente civil entre católicos al que calificó de concubinato con arreglo a la doctrina de la Iglesia y que por lo visto no había sido del agrado de sus dirigentes.

En Barcelona, pese a la reorganización de la policía que en el resto de España estaba dando sus frutos, la situación era delicada. El terrorismo no había podido extirparse y con frecuencia el orden público era perturbado con los atentados y la explosión de bombas en las calles. En tal situación, el 26 de Julio de 1909, se inició en la Hispanosuiza de la ciudad condal, la huelga general, como manifestación y protesta contra el envío de tropas para la campaña de Melilla. Dicha huelga se extendió rápidamente a las cuatro provincias catalanas con los consiguientes tumultos, en los que se cortaban las vías férreas, las líneas telefónicas y telegráficas, se proclamaba la República en algunos pueblos y como no podía faltar, por ser su objetivo primordial, la quema de los edificios religiosos - Iglesias, Conventos, Centros benéficos y de enseñanza- que ardieron total o parcialmente en número superior a setenta, y en cuyos saqueos e incendios no faltaron los disparos contra los frailes en huida -San Felipe Neri- ni la profanación de cadáveres de monjas -Jerónimas y Dominicas-.

Ante el cariz de los sucesos con los que se inició lo que se conocería por la semana sangrienta, el Gobernador Civil de Barcelona, Sr. Osorio Gallardo, resignó el mando de la provincia en la Autoridad militar. El Capitán General don Luis de Santiago, publicó inmediatamente el bando declarando el estado de guerra; dispuso el acuartelamiento de las Fuerzas y ordenó la venida de los regimientos de Infantería de Almansa y el de Caballería de Treviño. De esta suerte, con apoyo del ejército volvió la normalidad a Barcelona el treinta y uno de Julio, y el uno de Agosto, el orden en Cataluña se había restablecido por completo.

A partir de este momento los Tribunales militares, únicos competentes legalmente para conocer de los sucesos acaecidos, en virtud de la declaración del estado de guerra, comenzaron a actuar con toda clase de garantías, tramitando setecientos treinta y nueve causas en las que impusieron cinco penas de muerte que fueron aplicadas a José Miguel Baró, jefe de la rebelión en San Andrés del Palomar; Antonio Malet, que dirigió a las masas revolucionarios de San Adrián de Besós; Eugenio del Hoyo, guardia de seguridad que agredió a la Fuerza militar en Barcelona; Ramón Clemente, incendiario del convento de las Jerónimas y acusado de bailar con una de las momias sacadas de las tumbas, y Francisco Ferrer Guardia, un producto patológico de la anarquía ibérica, autor de "Viva la dinamita", escrito en 1892, y fundador de la "Escuela Moderna" -creada, según su propaganda, para "hacer reflexionar a los niños sobre las injusticias sociales; sobre las mentiras religiosas, gubernamentales, patrióticas, de justicia, de política y de militarismo, y para hacer sus cerebros aptos para ejecutar la revolución social, a quien se condenó como autor mediato de la sedición e instigador de palabra y por escrito de la revuelta llevada a cabo con consecuencia de muertes, incendios y profanaciones.

La ejecución de la sentencia de Ferrer contra la cual en España, ni una sola voz se alzó para pedir el indulto, levantó un inmenso clamor en Europa, con manifestaciones, tumultos e incluso muertos y heridos. En Bruselas se llegó incluso a levantarle una estatua en el año siguiente. La izquierda internacional presentó a Ferrer como un mártir intelectual, como un "pedagogo genial" víctima del "clericalismo asesino y de sus aliados militaristas". En medio de aquel delirio de exaltación a Ferrer, Unamuno en su carta a Jiménez Ilundain le dice que "se fusiló con perfecta justicia al mamarracho de Ferrer, mezcla de loco, tonto y criminal cobarde ... y se armó una campaña indecente de mentiras, embustes y calumnias"; y en carta a Gómez Trilla de 12 de noviembre de 1909, la "España ha fusilado a Ferrer, y ha hecho muy bien en fusilarle. Ferrer era un imbécil y malvado... Sus escuelas un horror. .. Sus enseñanzas ... de una mala fe notorias".

Y Cambó -según escribe Pio Moa- llegó a decir del personaje: "Aquel hombre inculto, grosero, cuyos méritos consistían en haberse apoderado de la fortuna de una pobre vieja para consagrarla a darse una vida de holgorio y a abrir una escuela anarquista, apareció como el símbolo de la virtud y de la cultura. La España que lo había fusilado en cumplimiento de la Ley, aparecía como la España de la Inquisición. No hay que olvidar - añade- que Ferrer Guardia ocupaba uno de los lugares prominentes en la Masonería, y que la Masonería internacional tomó el affaire Ferrer con el más grande entusiasmo.

En España, mientras los embates de la izquierda de una parte y la guerra implacable de la prensa del "Trust" de otra, convergían en su política del veto al grito de ¡Maura no!, el 18 de octubre de 1909 don Antonio al frente de su Gobierno se presentó en las Cortes. El ataque de la oposición fue durísimo. Moret, el principal motor de la izquierda dinástica, en un furibundo discurso acusó al Jefe de Gobierno de dictador y arbitrario, le criticó la dureza de la represión y le anunció que negaría al Gabinete toda clase de medios para seguir gobernando, e incluso los créditos para la campaña del Rif.

Dice don Juan de la Cierva csz¡ que "terminada la última sesión de las tres que duró el debate, el 19 de octubre, Maura citó a los Ministros en su casa a las siete de la mañana del día siguiente, ya que teníamos Consejo en Palacio con su Majestad, el mismo día a las 10. Reunidos a la hora mencionada nos leyó nota que se proponía entregar al Rey, explicando la dimisión del Gabinete por la negativa de los liberales a votar los créditos para las operaciones militares''.

El Presidente, que estaba también presente ya que era subsecretario de Instrucción Pública, en coche de caballos fue a Palacio y quedaron los Ministros reunidos, esperando su vuelta en la casa de la calle Lealtad nº 18. Había apenas transcurrido media hora y ya estaba de vuelta. Y con palidez en el semblante, el rostro desencajado y dando muestras de gran emoción, se desplomó en un sillón y tras serenarse les dijo: "Cuando entré en el despacho del Rey, se adelantó a recibirme y abrazándome con especial afecto, me dijo sin darme tiempo a desplegar los labios: ¿Viene usted solo?. Ya sabía que iba usted a prestar un gran servicio a la Patria y a la Monarquía. ¿Qué le parece a usted Moret como sucesor?''.

Maura salió de aquel trance dolorido, hundido moralmente. Prueba de ello es cómo no perdonó nunca a la Corona la solución dada a la crisis. "Se me ha roto el muelle real", solía comentar en privado, lo que como dice el profesor Seco, estaba en contradicción con un recto entendimiento de las facultades del Monarca para decidir un cambio de Gobierno, lo que él, en otra ocasión, había defendido como medida constitucional, "ortodoxamente constitucional".

Moret se apresuró a jurar el cargo de Presidente del Gobierno y asumió también el Ministerio de la Gobernación desde el cual autorizó la manifestación de las izquierdas, realizada al grito ¡Maura, no! y presidida por Pablo Iglesias, Rodrigo Soriano y Juan Sol y Ortega. Poco después, como subraya Ricardo de la Cierva, el Bloque de izquierdas procreado por Moret con un extenso discurso pronunciado el 18 de Noviembre de 1908 en el Círculo liberal de Zaragoza, cumplida la misión puramente destructora para la que se coaligó, se disuelve por su propio peso, estableciéndose en su lugar la conjunción republicano-socialista, como grupo de oposición dinástica, rabioso por parte republicana e indiferente todavía desde la vertiente socialista.

Al día siguiente de la mentada manifestación, Maura reunió a los diputados y senadores del partido conservador en uno de los salones del Senado donde pronunció un célebre discurso que se recuerda por el de la implacable hostilidad , en el que, en nombre de los conservadores, declaró la hostilidad al Gobieno que acababa de escalar el poder. En ese discurso, Maura acusó a los liberales de haber puesto "la turbina en la cloaca de las maledicencias más monstruosas". En su virtud, consideró rota la solidaridad de los partidos gobernantes, y evaporadas "las esencias constitucionales" que les eran comunes.

Como puede colegirse, efectivamente hubo veto de las izuierdas a Maura; pero también hubo veto de Maura a la izquierda y a él mismo, como señala García Escudero. Desde ahora Maura va a quedar en el ostracismo político al que voluntaria o involuntariamente se condena. Decepcionado del mundo de los hombres, vuelve las espaldas y busca su refugio en sus dos Academias, la de Jurisprudencia y Legislación y la Española de la Lengua, que convirtió en su "segundo hogar", sobre todo, desde que en octubre de 1913, a la muerte de su director don Alejandro Pidal, sus compañeros le eligieron por unanimidad para sustituirle.

Aunque apartado desde estas fechas de las funciones de Gobierno, el mes de Marzo de 1918 es tal la cerrazón y tan visible el riesgo de naufragio, que se hace preciso movilizarlo de nuevo y encargarle de presidir el llamado Gobierno Nacional. Cuenta el Duque de Maura, que cuando su padre llegó a su casa después de su designación, y penetra en el despacho, le dice como confesándose en voz alta: "Me han tenido clavado ahí durante casi diez años, que hubieran podido ser los más aprovechables de mi vida, sin dejarme hacer nada útil y me requisan ahora para que los presida a todos. Vamos a ver cuánto dura esta monserga".

Aquella monserga -como le llamó Maura- aunque fue acogida con jubilo por una gran mayoría de la nación, duró poco. El intento fracasó porque -como con razón dice Comellas- no era posible que hombres tan distintos -aunque cada uno de ellos tan valiosos- gobernasen juntos, y se entendieran entre sí. Pruébalo, como con ocho meses de cooperación, algún Ministro estimara pasado el peligro, y a casi todos ellos se les hacía tarde para recobrar su libertad, ante lo cual el 6 de noviembre, Maura hubo de presentar su dimisión, con lo que se vino a tierra el Gobierno Nacional.

Esta crisis como subraya el Profesor Seco, "entrañaba en realidad la crisis definitiva del sistema canovista íntegro". Cinco meses después, tras dos ministerios liberales, presididos por García Prieto y Romanones, se hizo ya necesario llamar a Maura nuevamente, el que aceptó, porque -como escribió Silió- "Maura y sus huestes, desde 1909 fueron el cuerpo de Bomberos de la Monarquía. Se les llamaba en los grandes incendios. Sofocado el fuego y medio arreglado el inmueble, los bomberos ya no eran necesarios y volvían a su parque".

Todavía, en el mes de Julio de 1921 y para hacer frente a las consecuencias del desastre de Anual, se requisa a don Antonio por quinta y última vez, para presidir un Gobierno de concentración en el que tuvieron representación todos los partidos monárquicos menos los tradicionalistas, ya que Vázquez Mella, a quien se le ofreció una cartera la rechazó, como lo había hecho en 1895 con Cánovas, fundado en el mismo motivo: "que siendo antiliberal y antiparlamentario, no podía gobernar con un sistema al que consideraba funesto".

El último gabinete presidido por Maura fue un buen gobierno. Pero ya daba igual, al no haber nada que hacer. Agotado el canovismo y no habiendo prendido el regeneracionismo, el problema de España no era un problema de Gobierno, sino de régimen, y buena prueba de ello es có mo al cabo de dos años, cayó por sí solo, sin precisar tan quisiera de un levantamiento, de un golpe de Estado. Bastó para ello un simple "telegrama".

El domingo trece de diciembre de 1925, la muerte le sorprendió, cuando desde la terraza de la finca del Conde de las Almenas en Torrelodones, pintaba una acuarela. Sintió frío en las manos y entró en la casa para calentarse. Poco después cayó muerto al suelo. En el gabinete de trabajo, tras como quedó después de su muerte, junto al sillón de cuero había un atril, y sobre el atril, "El silencio del Derecho" de don Felipe Clemente de Diego, abierto por las páginas en cuyos márgenes hiciera días antes señales y acotaciones de su puño y letra .

 

CAPÍTULO SEXTO.

LA REVOLUCIÓN EN EL PODER