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C.R.Y.S.

2026

FE DE VIDA, TESTIMONIO DE FE

 

SÉPTIMA PARTE.

LA CUESTIÓN DE LA LEY. DOGMÁTICA

 

 

Se suele decir que los perdedores pierden el derecho a escribir la verdadera historia, tal cual la historia fue vivida en sus orígenes y su desarrollo. Esta teoría es aplicable al caso de la Cuestión de las Investiduras, allá por el siglo XI de nuestra Era. No que el perdedor hubiese sido la Iglesia Católica gobernada por Gregorio VIII; la Iglesia impuso su Ley al Imperio. Mas cuando el Imperio Católico perdió su influencia intelectual en la Civilización Europea Protestante las escuelas nacidas de la Reforma se lanzaron contra Gregorio VII con tal virulencia anticristiana que llegaron a llamarle San Satanás.

¿Por qué?

Por haber sido precisamente un santo.

La Santa Madre Iglesia Católica ha traído al mundo muchos santos. Es el único Cuerpo en el mundo que ha traído santos al mundo. Las otras religiones llaman santos a algunos de sus hijos en razón de sus leyes internas. Cuando el asesinato hace al santo, el santo hace del Crimen una apología de la santidad. Únicamente quien desconoce la Verdadera Personalidad Divina admite el asesinato como moneda de cambio para entrar en el Paraíso.

Hablamos del caso de los Sembradores del Protestantismo y su ley de asesinato colectivo contra los Herejes Católicos.

Cuando los vencedores de algún movimiento escriben su historia suelen ocultar un hecho capital: ellos comenzaron la guerra. Y la comenzaron porque acogieron entre sus manos la ley del asesinato como deber divino hacia el género humano, al que ellos van a salvar, precisamente, matando.

Las palabras del “Gran” Lutero contra Campesinos y Judíos, que, en resumen, dicen:

“Matadlos a todos, son todos unos perros, uno por uno todos son hijos de Satán”, nos descubren el verdadero rostro de su “dios oculto”.

¡Cómo conciliaron los Protestantes el sueño adorando a la vez a Satanás y a Jesucristo es un misterio que se resuelve estudiando la Segunda Guerra Mundial, cuando el espíritu de Hitler se levantó de la tumba para enfrentarse a muerte con el Fantasma del Comunismo, por el dominio del mundo.

Pero esta forma de “Santidad Protestante”, forjada a la imagen y semejanza de la Santidad Islámica, cuyas leyes contra el enemigo cristiano adoptó el Imperio Británico contra el enemigo católico, de donde se descubre el origen de ambos imperios, creó escuela. La reinterpretación de la Historia y la falsificación de sus causas, por las universidades al servicio de los Crímenes de su dios nacional, Enrique VIII y su hija Isabel I, produjo una versión, aun vigente en el mundo protestante, sobre la lucha entre el Imperio y la Iglesia, a la que nos referimos en el Siglo XI, por lacual Enrique VII devino un santo y Gregorio VII un demonio, San Satanás.

Las nuevas generaciones tendrán que preguntarse si ese Criminal Protestante es el Prototipo de Hombre que Dios creó, y explicar cuándo Jesucristo dejó de ser ese Hijo de Dios a cuya Imagen y Semejanza nos ha creado su Padre.

Entremos pues en la Historia por la puerta grande, la Puerta de la Verdad.

 

NO MATARÁS.

 

Un absurdo ¿verdad? Al menos no para el emperador Enrique IV de Alemania.

¿Jesucristo vino a abolir la Ley? Quien mata ¿no es un criminal?

La respuesta vino del infierno de la mano del otro Sembrador del Odio de la ley maligna contra la Iglesia Católica, Juan Calvino, para quien la Muerte del Católico no era únicamente un servicio a la Humanidad sino una glorificación de Dios, y dado que Dios crea al criminal y a la víctima, matar al enemigo católico era superar a Jesucristo, ya desfasado tras quince siglos convirtiendo a las gentes a su DIOS Es AMOR.

Enrique IV de Alemania cayó en la trampa en la que se hundió el mundo de Adán: creerse un dios.

Enrique IV quiso hacer de la Esposa del Señor su concubina imperial, siguiendo así los pasos del emperador de la Iglesia de Constantinopla. Todos sabemos lo que el emperador de Bizancio esperaba del Patriarca de la Segunda Roma: La Bendición para todos sus crímenes. Es lo que quiso Enrique IV obtener del Obispo de Roma, Gregorio VII, poner a la Iglesia Católica de rodillas ante el Sacro Imperio Germánico.

Entremos en la mente dogmática de Gregorio.

Dios engendró la Iglesia como muro de contención contra el Pecado de Adán. Ningún hombre está más allá de la Ley. Nadie, ni en el Cielo ni en la Tierra, está más allá de la Justicia. No existe Inmunidad de ninguna clase ante el Delito. La Invocación al Padre ante el Juez no tiene curso de ningún tipo. Toda criatura está sujeta a la Ley.

La Inmunidad deviene la madre de la Corrupción y su fruto es toda suerte de delitos.

Desde el hombre más grande al más pequeño, desde el Primogénito hasta el hijo más pequeño de Dios, todo Ser está sujeto a la Ley. Cuando decimos el Verbo es Dios, y el Verbo es la Palabra de Dios, decimos que la Palabra de Dios es Ley. Por esto dice Dios en el Libro de su Hijo: “Al Principio era el Verbo”; y comienza el Suyo diciendo: “Dios dijo, y así se hizo”. Y:

“No comas, porque morirás”, y así fue.

Luego la Iglesia fue engendrada para recordarnos a todos los hombres que todos vivimos por la Ley. Y ni rey ni emperador, ni patriarca ni obispo, nadie, absolutamente nadie, está por encima de la Doctrina del Hijo Unigénito de Dios, quien doblando sus rodillas ante la Ley, no ante Satanás, dejó claro, por la Eternidad, ante el Cielo y la Tierra, que la Ley es Dios. “El que mata, muere”.

NO hay Invocación a Dios, en cuanto Padre, ante el Juez, en tanto que Creador.

La Responsabilidad del Creador extiende su Deber sobre todos los Pueblos de la Creación. La Responsabilidad de su Hijo, en cuanto Rey, se sienta en su Corona para la Paz y la Salud de todos los Ciudadanos de su Reino. El Creador y el Rey, Padre e Hijo, Proclaman esta Responsabilidad desde la Cruz de Cristo.

Esta Doctrina de Igualdad Universal de todos los Ciudadanos delmundo ante la Justicia es recibida por la Iglesia, y transmitida a todos los Cristianos.

Jesucristo no vino a abolir la Ley, vino a atacar las causas que provocan el Delito.

Lo que le pidió Enrique IV a Gregorio VII fue abolir la Ley, firmar un Decreto Especial por el que su corona no podía ser juzgada por hombre, ni por el mismo Dios una vez todos sus crímenes de antemano absueltos por el Poder de Cristo.

La Ley es Dogma. “NO MATARÁS, NO ROBARÁS, NO TESTIFICARÁS EN FALSO...” no son un Consejo, es Ley cuya Desobediencia provoca Delito, y el Delito es causa de Sentencia.

Cuando la Ley no absolvió al propio DIOS HIJO UNIGÉNITO, según la Ley, quien se alzase contra el Templo de Dios en Jerusalén debía ser “colgado del madero”, ¡como podía pedirle Enrique IV al Siervo de Dios que pusiese su corona, a la manera que Satanás quiso poner la de Adán, sobre la Ley!

La Iglesia Católica es Santa porque su Cabeza es Santa. La Santidad del Sacerdocio Católico, imagen y semejanza del Sacerdocio de Cristo, su Señor, únicamente puede ser discutida por los siervos del Sembrador Maligno.

El Sacerdote Católico es la Carne y la Sangre de Cristo en medio de todos los Pueblos de la Creación. En su Doctrina vive la Paz y la Salud de todos los Ciudadanos del Reino de Dios, su Esposo.

Por una parte, basta la lógica de una persona inteligente : para descubrir la Raíz de la Ley de la Igualdad Universal de todos los Ciudadanos, del Cielo como de la Tierra, ante la Justicia y su Ley.

Por la otra: para entender que la Inmunidad sobre las consecuencias del Delito, abierta a una asociación específica, implica la Multiplicación de los Delitos en razón del crecimiento de la Corrupción que engendra en la Sociedad semejante Anomalía.

Una Justicia que absuelve del mismo Delito a una persona en orden a su posición social, y condena a otra, por el mismo Delito, por no pertenecer a esa asociación, es una Justicia Criminal cuyo crecimiento conduce a la nación así contaminada a su ruina. Esto hablando a lo humano.

Desde el Conocimiento Perfecto de Dios y su Hijo, semejante Anomalía conduce a la Destrucción de todo pueblo y nación en respuesta del Creador a dicha Corrupción.

Sabemos, porque lo vemos en la Vida de la Santa Madre Iglesia Católica, que nada ni nadie puede destruir lo que Dios creó. Excepto el propio Creador. De aquí el horizonte buscado por el Sembrador Maligno: Dividir la Casa de Dios para atraer sobre ella el Poder de la Ley.

Conociendo el Decreto Divino: “Todo reino en SÍ dividido será destruido, toda casa en SÍ dividida ni subsistirá”, el Sembrador Maligno sembró la Cizaña de la División de las iglesias buscando la Destrucción de lo que Dios creó por su propio Creador.

La Respuesta de las iglesias nacidas de aquella Siembra decidirán el SÍ, permaneciendo en la División, o el NO, obedeciendo la Voluntad Unificadora de Dios. En el SÍ y por ese SÍ todas ellas serán arrancadas del Árbol de la Vida, que es la Fe; por el NO, la Misericordia de quien Redimió a Adán en base a su Ignorancia sobre la identidad del “dios” que le engañó, abre sus brazos a quienes, engañadas por la misma Serpiente, despiertan a la Obediencia Eterna en la Unidad por su Hijo pedida durante la Fundación de la Santa Misa.

Luego vemos que la Historia escrita por quienes se creyeron vencedores, no siendo sino los perdedores, dio origen a un Delito Abominable: Un rey creyéndose un dios, cabeza de una iglesia, cuyos crímenes quedan absueltos, porque ¡quien podrá condenar a un dios!

Lo que Enrique IV, no pudo conseguir: estar sobre la Justicia Divina, lo consiguió Enrique VIII fundando una iglesia hecha a medida de sus crímenes.

El Prototipo Universal de Santidad dejó de ser Jesucristo. Un hijo de Satanás quitó a Jesucristo, y se erigió él en el Santo de los santos.

La Cuestión es: Siendo la cabeza es inmunda, ¿qué será su cuerpo?